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mariae0501

Usuario (Venezuela)

Primer post: 26 may 2016Último post: 3 jun 2016
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Memoria: ¿en qué parte del cerebro está?
InfoporAnónimo6/3/2016

El cerebro humano es asombroso. Sus funciones son complejas e importantes, nos permite hacer prácticamente todo. Es increíble cómo en él se guarda tanta información, lo que lleva a preguntarnos: ¿dónde se guarda la memoria? ¿En qué parte del cerebro está? En Supercurioso tenemos la respuesta a esas interrogantes. La memoria es la capacidad que tiene nuestro cerebro de almacenar y recuperar información, además se relaciona con los pensamientos. Esto se debe a las repetitivas conexiones intercelulares entre las neuronas, permitiendo la retención de experiencias pasadas que, se clasifican en memoria a corto plazo y largo plazo, según el alcance del significado que tenga para nosotros dichas experiencias. Los recuerdos no los guardamos en una parte del cerebro en específico, están en varios lugares. Para saber dónde localizarlos, es necesario determinar a cuál de las dos memorias –de allí se desprenden las demás– nos referimos. La memoria a corto plazo es la que mantiene la mente activa y nos permite recordar cosas durante poco tiempo, está ubicada en la corteza prefrontal. Para los recuerdos a largo plazo, que son guardados incluso por décadas, el hipocampo –en los lóbulos temporales– es donde se almacenan. Tiene un rol fundamental en el sistema límbico, el que controla las emociones, memoria, hambre e instintos sexuales, esparcidos en el hipotálamo, tálamo y la amígdala cerebral. Desde nuestro nacimiento, se van formando los recuerdos a medida que crecemos y aprendemos cosas nuevas, por este motivo, además del corto y largo plazo, también hay memoria relacionada con los sentidos, la lógica y lingüística. Cabe destacar que hay otros tipos de memoria y por ende, están en varias zonas del cerebro. Por ejemplo, la episódica está relacionada a nuestra autobiografía, la responsable de trasportarnos a lugares donde ya estuvimos. Está también la semántica, encargada de almacenar el entendimiento y conocimientos conceptuales. Ambas dentro de la memoria declarativa. Todos nuestros recuerdos se conectan entre sí por las redes neuronales que actúan en varias partes del motor del sistema nervioso. Tenerla nos ayuda a establecer relación con los elementos que nos rodea y son conocidos, incluso si no los vemos, ya sabemos cómo son. Nuestro estilo de vida tiene mucho que ver en cuanto a la capacidad que tengamos para recordar las cosas, sobre todo si se trata de la inmediatez. Lo mejor que podemos hacer para mantenerla es siendo más activos, comiendo saludable y ejercitando esta capacidad tan esencial para el ser humano.

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¿En verdad las amazonas se cortaban un pecho?
InfoporAnónimo5/26/2016

Las “amazonas” han hecho volar nuestra imaginación, recreando a ese pueblo de aguerridas mujeres que lucharon contra los griegos. Durante siglos se pensó que no eran más que otro mito heleno y que nunca existieron. Actualmente, los arqueólogos coinciden en que esas tribus de belicosas féminas eran reales, aunque no exactamente como pensamos. Entorno a ellas existen muchas incógnitas que los historiadores intentan resolver; entre ellas una pregunta sobresale ¿en verdad las amazonas se cortaban un pecho? ¿En verdad las amazonas se cortaban un pecho? La historiadora de la ciencia de la Universidad de Stanford, Adrienne Mayor, en su libro “The Amazons” nos acerca a esas mujeres y destruye muchos de los mitos que durante siglos se les han atribuido. El primero de ellos es el de la pregunta que encabeza el artículo y al que hemos de responder, según Adrienne y otros historiadores, que NO. Las amazonas no se cortaban o quemaban un pecho para disparar mejor el arco. Es una leyenda sin fundamento y que, al parecer, procede de una errónea interpretación de la palabra “amazonas”. El historiador Helánico de Lesbos, en el siglo V a. C., es el que difundió esta idea basándose en que A es un prefijo griego que significa SIN y pensó que MAZON se parecía a la palabra en griego para mama (masto), traduciendo libremente por SIN PECHO. Aunque sus contemporáneos no lo secundaron, a la gente le gustó la idea y ha llegado, trasmitida en escritos de varias épocas, hasta nuestros días. Parece que en realidad el término “amazona” proviene del iraní “ha-mazan” que significa guerrero. En realidad, no existe evidencia alguna de que fuera un pueblo exclusivamente formado por mujeres. Según los indicios parece que las amazonas eran mujeres escitas que, a diferencia de las griegas, luchaban junto a los hombres y eran educadas para defenderse y atacar igual que ellos. Montaban a caballo, disparaban arcos o utilizaban lanzas igual que los varones. Mayor explica que los arqueólogos han encontrado en la zona de Eurasia varias tumbas que en un principio se pensó que eran de varones por contener lanzas, puñales, carcajes y flechas o huesos de caballos. Se hicieron análisis de ADN de los esqueletos y se ha descubierto que eran mujeres. Entre las tumbas de mujeres escitas encontradas, 1/3 contenían útiles de guerra y los cuerpos hallados presentaban heridas posiblemente sufridas luchando. Adrienne Mayor acaba con otros mitos sobre las amazonas, como el hecho de que fueran lesbianas. Considera que esta es una idea moderna que en ningún momento fue mencionada por los griegos que hablaban libremente de la homosexualidad. Éstos se encontraban a la vez fascinados y horrorizados por las amazonas, las admiraban y las temían y en sus vasijas decoradas siempre las representaban como jóvenes aguerridas, fuertes y valerosas.

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Memoria espacial: ¿sabes dónde estás situado?
InfoporAnónimo6/3/2016

¿Eres de esas personas que saben al llegar a un sitio nuevo dónde queda el norte, o qué pasillo tomar para llegar a las salidas de emergencia, o por el contrario, eres de aquellos que se pierde en la ciudad donde han vivido toda la vida, y son incapaces de entender hasta los mapas más sencillos? En ambos casos hay una parte del cerebro que juega un papel fundamental, pues nos ayuda a reconocer nuestro lugar en el mundo, y es donde reposa la memoria espacial: el hipocampo. Desde hace décadas se sabe que la respuesta a cómo sabemos dónde estamos se encuentra en el hipocampo, un lugar entre los hemisferios cerebrales bautizado de este modo en el siglo XVI por el anatomista Giulio Cesare Aranzio, por su parecido con la figura de los caballitos de mar. Pero sólo en años recientes se ha comenzado a entender realmente cómo funciona nuestro “GPS mental”. En 2014 el premio Nobel de medicina fue compartido por el angloamericano John O’Keefe y el matrimonio noruego conformado por May-Britt y Edvard Moses, por los extraordinarios avances y descubrimientos en el campo de la memoria espacial, de cómo funciona nuestro GPS cerebral. Ha sido un reconocimiento a un largo proceso de investigación que se inició en 1971, cuando O’Keefe descubrió un tipo de células nerviosas en el hipocampo de las ratas de laboratorio que se activaban cuando el roedor pasaba por ciertos lugares; marcándolas con reactivos observó que éstas cambiaban cuando se colocaban en un sitio distinto, y volvían a activarse las mismas cuando los ratones hacían rutas que ya conocían. La conclusión del investigador fue que estas células de “lugar” eran parte de un mapa mental. Posteriormente, utilizando resonancias magnéticas, se pudieron identificar células similares en el hipocampo del cerebro humano. Tres décadas más tarde, May-Britt y Edvard Moses identificaron otro tipo de células nerviosas, que bautizaron como células “grid” (cuadro o cuadrícula), que funcionan como un sistema de coordenadas y nos dicen dónde estamos, y hacia dónde vamos. La pareja de investigadores descubrió también que las células del hipocampo interactúan con otras células de la corteza entorrinal, creando una especie de circuito que actuaría como un GPS interno. En el acto de entrega del Nobel se señaló que O’Keefe y los Moser han respondido en gran parte a una pregunta que venían haciéndose filósofos y científicos desde hace varios siglos: cómo hacen los humanos y los animales para ubicarse en el espacio. Por otra parte, al profundizar nuestro conocimiento de la memoria espacial podríamos plantearnos nuevas maneras de abordar el tratamiento de enfermedades neurológicas como el Alzheimer. Tal vez estos descubrimientos sirvan también para mejorar la capacidad de orientación de más de una desubicada, como la que escribe este artículo. Y tú, ¿sabes dónde estás parado?

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5 Cosas que no quieras saber al donar tu cuerpo ala ciencia
5 Cosas que no quieras saber al donar tu cuerpo ala ciencia
Ciencia EducacionporAnónimo5/28/2016

1. Científicos usaron manos de hombres muertos para comprobar una teoría Con nueve manos de hombres fallecidos, el científico David Carrier, profesor de biología en la Universidad de Utah, junto a otros especialistas, dieron marcha a un ciclo de pruebas -fuera de serie- para comprobar esta teoría evolutiva: de acuerdo a Carrier, los seres humanos desarrollamos nuestros pulgares gracias a los primeros homínidos que, en pro de la supervivencia, estaban estimulados a golpear y dar puñetazos. El equipo de investigación sólo podía usar manos muertas para el experimento, pues la posibilidad de provocar fracturas o daños severos en los huesos de personas vivas, con todo el festín de puñetazos, era una realidad latente. Y la verdad es que no les hizo falta probar con vivos. Los científicos inventaron un sistema descomunal para darle “vida” a estas extremidades, conectando tendones a hilos de pescar e instalando sensores en los huesos para simular distintos golpes y medir el impacto mientras provocaban uno que otro derechazo. Con todas estas singularidades destacaron que al dar golpes con el puño cerrado, la misma forma que toma la mano protege a los huesos metacarpianos. Además, los pulgares ayudan a compensar el impacto transfiriendo parte de la carga a la muñeca. 2. Los cirujanos plásticos practican con cabezas decapitadas ¿Le confiarías tu rostro a un estudiante de medicina (aka novato) para que realice prácticas médicas con ella? En la medicina, cualquier cosa puede pasar, más si eres apenas un aprendiz. Remotamente, alguien, con sus cabales bien puestos, quiera arriesgarse a quedar con la nariz torcida a favor de la ciencia. Y ellos lo tienen claro ¡desde luego! así que usan cabezas decapitadas para su adiestramiento. Varios cursos permiten que aspirantes a médicos realicen procedimientos estéticos con la parte superior de la anatomía humana…extraída de un muerto. Si nos hacemos imágenes mentales sobre cómo sería practicar una rinoplastia en tales condiciones, la simple idea provoca pánico. ¿Pero por qué decapitan a los fallecidos? Se debe a que los médicos desprenden las cabezas para conservar en perfecto estado el resto de los órganos y extremidades con el fin de destinarlos a otros ensayos. Cuando se dona el cuerpo a la ciencia, ninguna porción es desperdicio. 3. A los muertos les hacen guiñar los ojos Los médicos han desarrollado técnicas para crear músculos de los párpados de manera artificial, lo cual resulta beneficioso para quienes no pueden parpadear a causa de parálisis faciales. Estos avances de la medicina no podían llevarse a cabo sin antes efectuarse en muertos, naturalmente. La operación básicamente consiste en atornillar una eslinga en la esquina del órgano ocultar y fijar un dispositivo similar a un marcapasos en el interior del párpado del occiso. Con esta intervención, una persona viva puede lograr mover el párpado dañado en sincronía con el párpado saludable. Caso contrario a lo que ocurre con un cadáver que, por razones obvias, sólo es capaz de guiñar un ojo. 4. Donar el cuerpo a la ciencia para ser disparado De vuelta en 1899, Louis La Garde, miembro del cuerpo médico de la Armada Americana, y el coronel John T. Thompson, colgaron una cantidad indefinida de cadáveres para dispararles cientos de veces con revólveres de calibres 38 y 45. Ni creas que esta era la versión macabra del famoso juego Duck Hunt de aquella época. El fin de toda esta carnicería era calcular la potencia relativa de las pistolas, basados en cómo oscilaban los cuerpos con cada impacto de bala. Los resultados influyeron en las políticas militares, específicamente en la norma que establece que las armas de servicio deben ser no menos de calibre 45. Sin embargo, esa clase de experimentos dejaron de realizarse en 1920, por ser considerados como “carentes de rigor científico”. 5. En resumen, los científicos prueban absolutamente todo con cadáveres Desde probar bolsas de aires en automóviles y ver qué tan seguro puedes estar dentro de ellos si sufres un accidente, hasta averiguar posibles maneras en las que los atletas tengan roturas en los ligamentos de las piernas durante la actividad física. Estas situaciones, preferiblemente, son testadas con cadáveres, aunque a los científicos también les sea viable usar algún muñeco para tales casos y muchos otros más de los que puedas imaginar porque… ¿qué mejor conejillo de india que los seres humanos para estudiar incidentes que les ocurren ciertamente a los seres humanos?

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