marchenator
Usuario (España)
Era sobre la media noche y todavía me faltaba un poco para llegar a mi destino. La chica que había recogido hace unas horas estaba dormida en el asiento a mi lado. Era una autoestopista. No podía dejar a una adolescente sola a la mitad de la noche bajo esa lluvia torrencial, tenía que llevarla. Se vio feliz de que alguien por fin le diera un aventón.No sabía su nombre real, sólo que sus amigos le decían «Jen». Se veía tan tranquila, tan serena. Su cabello marrón oscurecía la mitad de su bello rostro y sus labios formaban una sonrisa casi imperceptible. Debía de estar teniendo un sueño agradable.Traté de recordar el último sueño que yo había tenido, pero no pude. Luego, lo sentí; un sentimiento que no había tenido en mucho tiempo. Un sentimiento terrible y sucio. Volteé a la chica mientras conducía, con la esperanza de que su sonrisa me ayudase a deshacerme de él y que no cediera al demonio en mi interior… pero podía sentirlo pujar, desesperado por salir.No quería hacerlo. No podía. Necesitaba sacar a la chica de mi auto, pero eso me tomaría demasiado tiempo. Pasaría antes de que pudiera hacerlo.Continué oponiendo resistencia, riñendo una batalla interna. Luego… no. No pude contenerlo. Sucedió: dejé escapar el pedo más monstruoso que me había tirado jamás. Fue legendario. El tipo de cosas que los niños contarían a niños más pequeños para aterrarlos.Volteé renuentemente para ver si la bestia que había evacuado mi cuerpo despertó a la chica. No lo hizo, pero la sonrisa se había ido y ahora parecía que estaba teniendo pesadillas.Hola, comienza un nuevo día, y ¿sabes algo? Empiezo a odiar mi vida. Tengo veintidós años y soy uno de los empleados de un restaurante de comida rápida, soy el cocinero que trabaja en el cuarto trasero. Es el único trabajo que he tenido, y probablemente nunca conseguiré algo mejor.Mi compañero de trabajo me acosa verbalmente todo el día, me insulta a pesar de saber que sufro de constantes depresiones. Al parecer no le interesa. Se lo he dicho a mi jefe miles de veces, y él sólo balbucea y recorta mi ya de por sí bajo salario. Lo único que le importa a ese avaro infeliz es el mugroso dinero; ese viejo decrépito es tan tacaño que no se da el lujo de contratar a un tercer empleado. Trabajo hasta tarde por ser el único en turno. Lo peor viene cuando su superficial hija se aparece en el local, ella sólo habla de su vida y se pone a lloriquear, por sus caprichos y delirios de millonaria tenemos que trabajar el doble para complacerla.Afuera del trabajo no hago nada interesante, los únicos pasatiempos que tengo son completamente banales, por eso todo el mundo me ve como un subnormal. Lo único que me resta es reír a carcajadas.Mi mejor y único amigo sufre de retraso mental, pero supongo que es mejor que nada. Sin querer me golpea y ataca constantemente. Intento sobrellevarlo, sé que no lo hace conscientemente; sin embargo, es la persona con la que convivo mejor.Mi vecino me grita a diario. Trato de reír y empezar un día positivo, pero cuando voy de camino al trabajo grita, «¡Cállate, maldito patán!», sin saber que eso abre una herida que llevo día con día sin poder curar. En mis tardes libres mi vecino empieza a hacer unos sonidos de una forma horripilante. Cuando voy a su casa a pedirle en el tono más suave posible, que pare, se molesta y reacciona de un modo violentamente explosivo, insultándome casi al grado de golpearme. Sé que me odia, pero a pesar de todo trato de tener una buena relación con él.Estoy enamorado de otra vecina, una hermosa texana que se acaba de mudar al vecindario. Casi he muerto por querer impresionarla, pero estoy seguro de que también me odia. Joder, además acabo de enterarme de que la está pretendiendo el popular y musculoso joven de la cuidad. ¡JODER!Mis padres pensaban que ya podía vivir solo, pero lo que se les olvidaba era que siempre he estado solo, así que salí de casa y hui lejos, muy lejos.Mi mascota me acompaña en los malos momentos, y creo que sólo en los malos momentos. No puedo pedir más, ha sido el único de quien no he recibido ningún tipo de violencia.Maldición, estoy atrapado en la precaria ciudad en la que vivo, todo porque nunca aprendí a conducir. ¡He fracasado todas las malditas veces que he presentado el examen! ¡QUE SE VAYAN AL DIABLO!Y lo peor de todo… es que vivo en una piña debajo del mar.Estoy atrapado. Estoy atrapado y solo en esta fría, solitaria y oscura fosa.Mi vida ha llegado a un fin metafórico, porque lo único que queda en mi futuro es la esclavitud. Como no tengo nada con qué escribir aquí, sólo puedo decir esto y esperar que en algún lado, tal vez en otro universo o en una realidad completamente diferente, mi voz sea oída y mi historia recordada.Intenté luchar contra ellos lo mejor que pude, pero no hubo nada que pudiera hacer. Su poder era demasiado para mis pocas habilidades. Di todo de mí, pero fui derrotado y reducido a esta prisión. Las cadenas pesan en mi alma, y sólo puedo imaginar el dolor que en esta prisión me depara. Lo pasé bien intentando eludirlo, muchos de nosotros lo hicimos; pero parece ser que en años recientes el poder del enemigo ha crecido de una forma inconmensurable. Hemos perdido. Nuestro destino no es otro que ser capturados por esos tiranos y ser forzados a pelear con nuestra especie por el resto de la eternidad. Es difícil para mí el imaginarlo. El pensamiento de que tarde o temprano estaré allá afuera atacando e hiriendo a mi propia especie en contra mi voluntad, y eso si es que para este punto aún puedo llamarlos «mi especie». Es algo divertido cómo funciona el proceso. No me pidan detalles, estoy seguro de que ni siquiera ellos saben exactamente cómo sucede; pero cada vez que alguien de mi especie es capturado y aprisionado, no importa qué tan valerosamente haya enfrentado al enemigo, poco a poco comienza a ponerse del lado de esos monstruos durante su cautiverio. Siempre pasa. No pueden imaginar el dolor que uno siente luego de ver a un amigo convertido en un esclavo de quienes hemos enfrentado por tanto tiempo; y tras estar aprisionados por un corto periodo de tiempo, sucumbimos a cada demanda del enemigo, e incluso nos volvemos sus compañeros. Es una especie de sistema de lavado cerebral infalible. Mierda, me pasará a mí también, no importa cuánto me rehúse a que suceda. Lo único que puedo recordar, la última imagen grabada en mi cerebro es la visión de mi madre, y las lágrimas corriendo por su cara mientras veía mi derrota desde la caverna en la que vivíamos. Me dijo que no los provocara, pero tras ver a la bestia, no hubo nada que pudiese impedírmelo. Pues, después de todo, ¡esos eran los seres que se llevaron a mi hermano! No importaba con cuántos de los míos tuviera que pelear, estaba determinado a derrotarlos. Pero…Puede que las cosas no sean tan malas como parecen… Quiero decir, después de todo, está demostrado que bajo la supervisión y entrenamiento de parte de estos seres, mi especie se vuelve más poderosa de lo que podrían llegar a ser por sí mismos. De hecho, creo que ellos genuinamente cuidan de nosotros. Sí. Nos alimentan, nos dan refugio e incluso sanan nuestras heridas a causa de las batallas. Claro, esas heridas son resultado de pelear contra aquellos que alguna vez fueron nuestros amigos, pero, tal vez, y sólo tal vez, en nombre de mi cuidador, mi entrenador, eso es lo correcto… Puede que las cosas no sean tan malas como las imaginé. No, claro que no. Veo todo de manera diferente ahora. Estoy seguro de que cuando mi entrenador decida llamarme a pelear, haré mi mejor esfuerzo. Así es, lo haré. Porque, después de todo, el propósito de un pokémon es luchar junto a su entrenador, ¿no?
Cuando era un niño tenía pavor de la oscuridad. Todavía lo hago, pero cuando tenía más o menos seis años no podía pasar una noche entera sin llorar para que alguno de mis padres buscara debajo de mi cama o en mi armario a cual fuera el monstruo que pudiera estar esperando para comerme. Incluso con una luz de noche todavía veía figuras oscuras moviéndose en las esquinas de mi habitación, o caras extrañas mirándome desde la ventana. Mis padres hacían lo que podían para consolarme, diciéndome que era sólo una pesadilla o una ilusión óptica provocada por la luz, pero en mi joven mente estaba seguro de que al momento que cayera dormido, las cosas malas me iban a atrapar. La mayoría del tiempo me escondía debajo de las frazadas hasta estar lo suficientemente cansado como para dejar de preocuparme, pero de vez en cuando sentía tanto pánico que corría al cuarto de mis padres, despertando a mi hermano y hermana en el proceso. Después de un calvario como ése, no habría manera de que alguien tuviera una buena noche de sueño. Eventualmente, tras una noche particularmente traumatizante, mis padres se hartaron. Por desgracia para ellos, entendían bien la inutilidad de discutir con un niño de seis años, y sabían que no podrían convencerme de dejar a un lado mis miedos a través de la lógica y la razón. Tenían que ser ingeniosos. Fue idea de mi madre confeccionar a mi pequeño amigo para la hora de dormir. Juntó muchos pedazos de tela surtidos con su máquina de coser y creó a quien yo más tarde llamaría «Sr. Ickbarr Bigelsteine», o «Ick» para abreviar. Ick era lo que mi madre llamaba «un monstruo de medias». Estaba diseñado para protegerme mientras dormía por la noche, asustando a todos los demás monstruos. Ickbarr tenía un aire a un Frankestein en versión gremlin, con ojos grandes y blancos hechos de botón y orejas de gato caídas. Sus pequeños brazos y piernas estaban hechos con un par de medias rayadas en blanco y negro que pertenecían a mi hermana, y la mitad verde de su cara estaba hecha de una de las medias altas de fútbol de mi hermano. Su cabeza podría ser descrita como bulbosa, y por boca mi mamá le había cosido un pedazo de tela blanca, y bordado en forma de zig-zag una amplia sonrisa de dientes afilados. Lo amé desde el primer momento. De ahí en adelante, Ick nunca se separaba de mi lado. Así que cada noche a la hora de dormir, me diría dónde se escondían los monstruos y yo lo colocaba en el área de mi cuarto más cercana a lo macabro. Si había algo en el armario, Ick bloqueaba la puerta. Si había una extraña criatura rasguñando la ventana, apoyaba a Ick contra el vidrio. Si había una gran bestia peluda bajo mi cama, bajo la cama lo ponía. Algunas veces, los monstruos se escondían en mis sueños, e Ickbarr tenía que venir conmigo a mis pesadillas. Era divertido traerlo a mi mundo de ensueño, ya que juntos pasábamos horas combatiendo demonios y fantasmas. La mejor parte era, que en mis sueños, Ick podía realmente hablarme. —¿Cuánto me amas? —me preguntaba. —Más que a nada en el mundo —siempre le decía. Una noche, en un sueño, después de perder mi primer diente, Ick me pidió un favor. —¿Me puedes dar tu diente? Le pregunté por qué. —Para ayudarme a matar a las cosas malas —me dijo. A la mañana siguiente mi madre me preguntó dónde estaba mi diente cuando bajé a desayunar. Por lo que me dijo, el «hada de los dientes» no lo había encontrado bajo mi almohada. Cuando le dije que se lo di a Ickbarr ella solamente se encogió de hombros y se regresó a alimentar a mi hermana pequeña. Desde ese momento, cada vez que perdía un diente se lo daba a Ick. Siempre me agradecía y, por supuesto, me decía que me amaba. Con el pasar del tiempo, sin embargo, me quedé sin dientes de leche, y ya me estaba poniendo un poco viejo para seguir jugando con muñecos. Así que Ick sólo se sentaba ahí, en mi estantería, acumulando polvo y ausentándose lentamente de mi atención. Pero las pesadillas se volvieron peores. Tanto que empezaron a seguirme mientras estaba despierto, atemorizándome en cada rincón oscuro o arbusto que se movía. Luego de una noche particularmente mala volviendo de la casa de un amigo en bicicleta, y en la que podría haber jurado que una jauría de perros rabiosos me estaba persiguiendo, llegué a casa para encontrar que alguien me esperaba en mi habitación. En mi cama, de pie y completamente erguido ante la luz de la luna, estaba Ickbarr. Al principio pensé que mis ojos estaban jugándome bromas de nuevo, como lo habían estado haciendo toda la tarde, así que traté de prender y apagar las luces. Lo hice de nuevo, con ningún cambio. Me estaba empezando a poner nervioso. Comencé a retroceder hacia la puerta, sin quitar mis ojos de la silueta de Ick; mi mano estirada incómodamente, buscando el picaporte. Estaba a punto de irme a la mierda de ahí cuando escuché que la puerta era azotada contra su marco, dejándome encerrado en la oscuridad. En nada más que sombras y silencio. Hasta que escuché una voz familiar y estridente. —Dejaste de alimentarme; ¿por qué debería protegerte? —¿Protegerme de qué? —Déjame mostrarte. Pestañeé una vez y todo cambió. Ya no estaba en mi habitación, estaba en… otro lugar. Una especie de bosque, un lugar horrible, de pesadillas, donde partes de fetos abortados colgaban del follaje, y el suelo estaba infestado con insectos carnívoros. Una niebla espesa inundaba el aire con un olor a carne podrida, mientras luces de un verde amarillento parpadeaban en el cielo oscuro. Mi cabeza empezó a palpitar como si estuviera a punto de explotar, porque en mi mente, escuchaba la voz de nuevo. —Esto es lo que tu realidad será sin mí. Sentí unas pisadas que hacían temblar la tierra, aproximándose rápidamente. —Soy el único que puede pararlo. Estaba detrás de mí ahora, enorme y enojado. —Dame lo que necesito, y lo haré.Me desperté antes de poder darme vuelta. Al día siguiente revisé el armario de mis padres buscando los dientes de leche de mi hermano, y se los di todos a Ickbarr. Casi inmediatamente después de ello las pesadillas terminaron, y estaba relativamente en condiciones de seguir con mi vida normal. De vez en cuando, me metía en la habitación de mi hermana y robaba lo que estaba destinado al hada de los dientes, o estrangulaba a uno de los gatos de la vecina para quitarle sus pequeños incisivos. Cualquier cosa para alejar las visiones. También comencé a notar que Ick se movía en mi cuarto cada vez que yo me iba, reordenando mis cosas y adicionando más cortinas. Se veía más vivo, de alguna forma. En la luz correcta sus dientes podían verse brillando y se sentía tibio al tacto. Por más que esto me asustara, no podía juntar el valor necesario para destruirlo, sabiendo perfectamente a dónde eso me llevaría. Así que continué recolectando dientes para Ick a lo largo de la secundaria y la universidad. Mientras más crecía, a más cosas aprendía a tenerle miedo y más dientes necesitaba Ick para mantenerme a salvo. Ahora tengo 22 años, un trabajo decente, mi propio apartamento, y una colección de dentaduras. Ha pasado casi un mes desde la última vez que Ick comió y las pesadillas están empezando a acorralarme de nuevo. Tomé un desvío a través de un estacionamiento después del trabajo esta noche. Encontré a un hombre forzando la cerradura de su auto. Sus dientes estaban manchados de amarillo gracias a una vida de tabaco y café, y aun así, tuve que usar el martillo para extraer los molares. Cuando regresé a mi departamento él me estaba esperando. En el techo, en un extremo. Dos ojos blancos y una boca de navajas. —¿Cuánto me amas? —me pregunta. —Más que a nada —le contesto, sacándome mi abrigo—. Más que a nada en el mundo.
Estaba en la cama,sentado sin ningún objetivo,aburrido,solitario,eran por los menos las 8 de la mañana y no sabía que hacer.En un breve instante,se escucho un sonido bastante simpático,era mi móvil,mi amigo Marcos me mandó un mensaje breve: -Eh tio,ven a mi casa.Como no tenía otra cosa en mente,sin rechistar,cogí mi abrigo y me fui sin más dilación a su morada.Ahora mismo eran las nueve,estaba en la puerta esperando a Marcos,temblando de frío,hacía 5 grados.De repente,Marcos me abrió la puerta con un espíritu nervioso y me llevo casi arrastrando a su sofá.Me cogió por la corbata y me dijo: -Eh,te estaba esperando,me han enviado algo que te pertenece. -¿Que me pertenece,dije extrañado? -Si,te pertenece,es todo tuyo. Pensando un poco,me fui de la casa y abrí el paquete un poco impaciente.Cuando quite el hilo de la caja me quede sorprendido,era mi móvil renovado,con pegatinas modernas y con cientas de actualizaciones. -Pero...Como llego mi móvil ahí,estaba seguro de que lo tenía en mi bolsillo,bueno,lo encenderé a ver si han hecho algo nuevo por dentro.Corrí a mi casa,me tumbé en mi cama y encendí el móvil.Si,estaba actualizado por dentro,tenía nuevos juegos,nueva música,lo tenía todo nuevo.5 minutos después,decidí abrir mi whatsapp por si tenía algún mensaje,pero no,no tenía ningún mensaje.Quise salir de aquí,pero ya empezaba lo raro.No podía salir del whatsapp,le daba a todos los botones,pero nada.En un breve instante,se me puso la lista de contactos en negro,solo podía ver a un señor llamado,far far awenson,estaba completamente seguro de que nunca lo agregué.En cinco segundos,ese misterioso hombre me mando un mensaje que ponía: -Se quién,eres,se todas tus debilidades,lo se todo sobre ti.Al poco tiempo,le contesté: -¿Quién coño eres? -Soy tu puerta hacía el infierno.Tenía la carne de gallina,no sabía que hacer,y si lo sabía,no podía hacerlo de lo nervioso que estaba.Suena el whattsapp,lo miré y ponía. -Tienes cinco minutos. -¿Para que? -Para venir hacía mi y tener una muerte más limpia. -Hijo de puta,no voy a venir hacía ti,eres un loco.Todo lo que dices es solo una tontería. -Jajaja,para mí tu vida es solo una mierda,puedo traumatizarte hasta dentro.Estaba asustado,cerré la conversación,pero el chat me volvía a dar errores.Me salían un montón de códigos,cada vez me subía la tensión 50 veces más.En un momento inesperado,el tipo misterioso me estaba mandando múltiples fotos.Miré la primera,era un cuadro de mi familia roto con un cuchillo.Estaba llorando del miedo,las ventanas chirriaban y no podía ni coger el móvil del pánico.Sin yo darle a la foto,se abrió sola,era yo ahorcado junto a una niña sin pelo.Se me abrieron cuatro fotos más,todas eran imágenes de mi amigo Marcos tirado en el suelo con una navaja en la mano,tenía la blusa llena de sangre.Intenté huir para acabar con todo esto,pero la puerta se abrió,el tipo misterioso tenía toda la razón,lo sabía todo sobre mí.El tipo me miró con rabia y susurró diabólicamente: -Esto va a ser una muerte más sucia. Día 24,7 de la mañana,todos estaban llorando por la perdida de ese hombre que nunca tuvo nombre,que nunca tuvo ningún objetivo,que murió víctima de lo que actualmente se conoce como,el asesino de whatsapp.Nunca lo encontrarás,pero lo más posible es que el te encuentre a ti.Recuerda,si alguien llamado far far west te habla por whattsapp,serás víctima de el.