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malvado99

Usuario (Argentina)

Primer post: 25 jul 2010Último post: 25 jul 2010
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Travesía Laguna Negra - Cerro López
TurismoporAnónimo7/25/2010

Cuenta la leyenda que hace un año atrás, un grupo de intrépidos aventureros (por no decir un par de idiotas) emprendieron su épica lucha contra el ventoso cerro Bailey Willis… y así les fue… Se despertaron al alba para volverse a dormir y terminar partiendo casi al mediodía. Desayunaron opíparamente bajo la celosa mirada de la refugiera, quien esperaba a que su cocina no terminara volando por los aires, y se echaron al ruedo tras una larga y efusiva despedida. De movida las cosas no parecían ir bien: el viento había derribado algunos árboles, las olas del lago llegaban a dos metros, los pájaros ya no tenían plumas y de vez en cuando alguna roca pasaba volando sobre la cabeza de nuestros héroes. Pero siguieron adelante, como consecuencia de su inconsciencia. Al cabo de tiempo, aproximadamente cinco minutos, pararon para recargar energías. Tomaron agua y charlaron acerca de la travesía que habían iniciado. Luego continuaron otros 5 o 6 metros, momento en el cual volvieron a detenerse para renovar fuerzas. El rodeo a la laguna y el ascenso hasta la base del cerro Negro fueron duros. Quien sabe si en los anales del andinismo se inscribe una travesía de tal magnitud… por lo pequeña, quiero decir. Una vez en el filo, apenas pudieron contemplar una laguna allá abajo, que nunca supieron nombrar, ya que no tenían idea de dónde estaban. Comenzó el duro ascenso a uno de los picos del Bailey Willis. El viento sacudía a nuestros héroes mientras maldecían a la chica de Informes del Club Andino. Ya en la cima, el viento no los dejaba respirar. Pero aún así continuaron… Es obvio de que no tenían idea de lo que les esperaba. A través de la caminata sobre el filo, nuestros héroes establecieron tal comunión con la montaña que casi pegan la vuelta. Las marcas se hacían cada vez más débiles hasta el momento en que alcanzaron el segundo pico, donde directamente desaparecieron. Tras media hora de insultos a todas las criaturas vivientes (y también las inertes) que se encontraban en el lugar, decidieron regresar. Después de todo habían dejado varias chicas lindas atrás. Quizá fue la suerte o el destino que en su retorno se toparan con PAtric y Antonella, otros dos que habían tenido la misma ridícula idea de ligar los refugios de Laguna Negra y cerro López. Tras intercambiar opiniones decidieron proseguir juntos. Así continuaron durante un largo trecho, hasta que metros más adelante tuvieron oportunidad de cruzarse con un par de extranjeros que, haciendo uso de la razón, veían en sentido contrario. El diálogo con los foráneos montañistas no dejó lugar a dudas: faltaba un pedazo. Y un pedazo bien grande. Pero aún así, envueltos en su amor propio, continuaron adelante. Terrible fue la sorpresa al divisar el pedredo del López, aproximadamente un millón de kilómetros más adelante. Sin embargo, ya habían cruzado el punto de no retorno. La idea de morir en la montaña ya estaba asumida, así que almenos querían tener la chance de elegir un buen sitio. En el punto más bajo del valle pararon a comer. Hubieran preferido unos buenos fideos calientes, tal vez una sabrosa polenta (imaginen el hambre, para decir “sabrosa”), o incluso un apetitoso plato de arroz. De hecho, todo esta dispuesto: el calentador, la comida, la garrafa..tan solo faltaba…el encendedor. O en el peor de los casos, los fósforos. Pero, ¡oh crueldad del destino!, ninguno de los presentes acarreaba vicios ligados a la nicotina… o cualquier otra yerba de dudosa procedencia o cuestionable legalidad. En vista de las circunstancias hubo que conformarse con algunas rodajas de queso y salame que PAtric y Antonella, en su inmensa sabiduría (por no decir que les habían sobrado de una poicadita) supieron colocar en sus mochilas. Luego del “suculento” banquete comenzó el terrible ascenso del pedrero del cerro López. Aquì, el lema “Todo se sube” comenzaba a tambalear. Más oportuno sería: “Lo que no sube baja rodando”, dadas las características geográficas de un cerro que se las traía. En el ascenso, nuetros héroes discutían acaloradamente sobre el mejor sitio para el descanso eterno en el Comenterio del Montañes. Laas piedras lajas bailaban bajo sus pies y más de una vez sconsiguieron arrancar serias exclamaciones de sus bocas. Tan irrepetibles fueron aquellas exclamaciones que hasta el mismísimo López se arrepentió, desde su lugar en el cielo, de poner sus pies alguna vez en Bariloche. El esfuerzo por alcanzar la cumbre fue desproporcionado. Al alcanzarla y observar hacia el Tronador desde tan soberana vista, uno de ellos vociferó: “¡Cerro López…. La p…que te parió”. Y dándole la espalda al pico Turista comenzaron a bajar, porque se les venía la noche. E próximo objetivo era “la Hoya”, y nuestros héroes confiaban en llegar pronto. Definitivamente se confiaron. Llegaron casi media hora después, asegurando que la última vez les había costado menos. Allí volvieron a cargar agua y empezaron el descenso hasta el refugio, el cual alcanzaron cerca de las 20:30. Ahora todo parecía más claro: quedaba una hora de descenso por la picada, y dos horas para el último colectivo. El dúo convertido en cuarteto se encontraba alegre y despreocupado, aunque bastante hecho pelota. Sin embargo, nada los había preparado para el desastre que se avecinaba. Aparentemente, los refugieros del cerro López no son muy asiduos al uso de la picada y descuidaron su marcación, provocando la pérdida del rastro de nuestros héroes. Luego de un tramo sólo había una vía posible de descenso: el camino de autos. Tomada la decisión, los cuatro comenzaron su descenso por el zigzagueante camino, sin tener idea de que la noche los atraparía en medio de la nada. Luego de dos horas de marcha y en medio de una penumbra total nuestros héroes estaban desconsolados. No había vuelta atrás y habían perdido el último colectivo. Y lo que era peor: nadie sabía cuando diablos terminaba el camino. Decidieron una última jugada: invocar a Débora, una comprometida amiga capaz de sacarlos de cualquier situación. Tras una llamada telefónica, nuestros protagonistas recibieron una desoncertante respuesta: “Ni loca los voy a buscar”. Ofuscados ante la situación decidieron continuar, aunque en verdad no les quedaba otra. Casi una hora más tarde alcanzaron la ruta, donde un coro de grillos los recibió con los brazos abiertos. Allí, y gracias al conocimiento geográfico de uno de los miembros del grupo (y al mapa rutero, que siempre es de ayuda) consiguieron identificar el tramos que los llevaría hasta Colonia Suiza. En medio de la noche y tras el ocasional paso de un auto que por nada del mundo iba a detenerse, los cuatro llegaron al punto de destino tras 12 horas y 50 minutos de caminata. Gracias a la nobleca de Patric y los consejos de Antonella que evitaron dos choques y un conejo atropellado (este chiste sólo lo entenderán ellos) nuestros héroes llegaron a casa cerca de las 2 de la mañana, jurando que al menos durane cien años no volverían a realizar ese trayecto. Año de expedición: 2009 Nombre del cerro, montaña o lugar: Ref. Laguna Negra – Cerro López Localidad, Provincia: Bariloche – Río Negro Altura del cerro o montaña: 1600 mts Grupo: Masculino Ascensión en solitario o grupal: Grupal Epoca del año: Verano

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