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Richard Bona se presenta el Viernes 30 de noviembre en el Teatro Coliseo World Music de Francia y Camerún. Richard Bona se presenta el Jueves 30 de noviembre en el Teatro Coliseo. + info, videos & musica: mateway.com.ar/contemporanea El apodado "Sting africano" nacido en 1967 creció en el seno de una familia en la que la musica reinaba. Richard Bona quiere valorizar lo que aprendió en sus viajes, y lo que redescubre de sus raices africanas como cuando era chico en el pueblo de Minda en el corazón de Camerún. Paul Simon, Harry Belafonte, Queen Latifah, Harry Connick Jr, Manu Di Bango, Pat Metheny, Joe Zawinul, Herbie Hancock, Chick Corea, Jacky Terrason, Bobby McFerrin, Randy Brecker, George Benson, Mike Stern, Sadao Watanabe, son solo algunos de los artistas que han apelado al talento del bajista. A los 22 años deja Africa para vivir en Paris, donde pemaneció siete años en una escuela de música y aprendió de la música de artistas como Miles Davis, Chet Baker y Ben Webster. En una visita a Senegal con su grupo Point Cardinale, para una actuación en un Festival de Jazz, la flautista americana Colette Michaan invitó a Richard a Nueva York para una visita de cuatro días que se convirtieron en dos semanas. Bona no hablaba inglés, pero Colette le ayudó e introdujo. Los artistas le acogieron con gran interés y Richard se dio cuenta que ése era el mundo al que pertenecía. Bona se trasladó a Nueva York a finales de 1995. Contactó a Joe Zawinul, que ya conocía, y tocó con él en París. También se unió a él para la grabación de My People y a una gira mundial. De regreso a Nueva York, Bona realizó numerosas actuaciones en los clubs de la ciudad. Jake Holmes, compositor de Harry Belafonte, le escuchó en uno de esos clubs. A partir de ahí, Richard se convirtió en el director musical de Belafonte durante año y medio. Pronto Richard se puso a trabajar con músicos tan ilustres como Larry Coryell, Michael y Randy Brecker, o Steve Gadd. Conoció a Branford Marsalis en 1998, asesor creativo del departamento de Jazz de Columbia. A finales de ese mismo año, la compañía le contrató para grabar su primer álbum, Scenes from My Life. Este álbum considerado unánimente una joya y que vendio mas de 30000 sin ningun tipo de publicidad, incluye al tecladista de Bona, Jean-Michel Pilc y artistas invitados como Michael Brecker y Omar Hakim, en el se aprecia ademas del poder y conocimiento de Bona sobre el instrumento la riqueza y expresividad de su voz y sus cualidades como compositor. Richard Bona se ha establecido en Manhattan, donde vive con su hijo Leo. Se le puede escuchar en clubs como Izzy Bar y Zinc Bar. En definitiva, Bona ofrece la fuerza de sus propias raíces africanas, su jazzística y sus impactantes reflexiones líricas. Ernesto Simpson: bateria John Caban: guitarra Samuel Torres: percusion Etienne Stadwijk: teclado Taylor Haskins: trompeta Fuente Ticketek

Palpitando la primera visita del gran maestro Richard Bona a la Argentina el día 30 de Noviembre en el Teatro Coliseo, acá les dejo la nota en Español, y la original en Ingles, de la Bass Player de Agosto del 2006. Richard Bona: Estoy en mi sueño Con el bajo en sus manos, Richard Bona habla muchos lenguajes, pero al captarlo a la mitad de una frase emotiva, pareciera como si sus notas hayan sido escogido justo para tus oídos. Sumale su embrujador falsete vocal, y ahora estás escuchando la más identificable y emotiva voz en el bajo eléctrico desde Jaco Pastorius. No es asombroso que desde su llegada a los Estados Unidos en 1995, este músico nacido en Camerún de 40 años de edad ha llegado a ser uno de los más requeridos acompañantes para un notable rango de artistas. Por supuesto, eso es sólo parte de la fotografía. Mientras la fluida navegación por el diapasón, la compleja aproximación rítmica, y su lirismo lo han llevado al status de “héroe del bajo”, él añade su singular voz, su único estilo en la guitarra, y sonoras canciones apoyadas en cuentos tradicionales africanos, en una carrera globalmente exitosa como artista solista, vendiendo decenas de miles de discos alrededor del mundo. El último esfuerzo de Bona, “Tiki”, (Tesoro) es otro paso adelante en su expresión personal. Las 15 canciones del disco (que incluye los socios habituales de Bona, el tecladista ATN Stadwijk, el baterista Vinnie Colaiuta, más potentes invitados como John Legend y Djavan) son una alegre interpretación de música brasileña. A pesar de las influencias sudamericanas, “Tiki”, más que los tres discos anteriores de Richard Bona, borra las líneas entre los híbridos de “world music” y los sonidos simples como... bueno, Bona. Como siempre, los devotos del bajo eléctrico necesitarán escuchar entremedio de las capas de sonido para captar las brillantes líneas, y la voz de Bona en su idioma nativo (Douala) requiere un diferente conocimiento de la mente y de los oídos. Pero la recompensa es tan grande como una planicie africana. Richard Bona nació en Minta, una aldea de chozas de barro en Camerún, el 28 de octubre de 1967. Su madre era cantante y su abuelo era percusionista, así que siempre hubo música en el hogar. Richard recuerda, “Mi abuelo supo que yo era músico cuando yo tenía tres años porque hasta ese punto todo lo que yo hacía era llorar y comer todo el día. Entonces, una tarde escuché un balafón (un instrumento de madera del tipo de la marimba que se golpea con dos macetas y se amplifica con calabazas debajo de las teclas) durante el ensayo del coro de la iglesia en mi casa, y quedé encantado; dejé de llorar y de comer, y me quedé escuchandolo por horas! Mi abuelo me construyó un balafón y empecé a practicar 12 horas por día” Después de algunos años de cantar y tocar en la iglesia, Richard se aventuró a la gran ciudad portuaria de Douala a los 11 años y se dio cuenta de que necesitaba aprender un instrumento más moderno. Hurtando cables de freno de bicicleta de una tienda local, pronto construyó su primera guitarra casera. Con su reputación de virtuoso intacta, Bona eventualmente aterrizó como guitarrista de una banda bailable en Douala. Él recuerda: “Mi héroe era George Benson; me aprendí todos sus solos en “Breezin’” nota por nota, y llegué a cantar las canciones fonéticamente, sin tener idea de lo que significaban las palabras”. No mucho después, en 1980, el dueño francés de un bar local le preguntó a Richard si podría formar una banda de jazz estable para el local, y lo convenció dándole acceso ilimitado a su gran colección de discos de jazz. Dice la leyenda que el primer disco que Bona tomó resultó ser de Jaco Pastorius (su homónimo de 1976, debut en Epic) y Bona inmediatamente se cambió al bajo eléctrico. “Jaco me tocó profundamente” , explica. Luego de la muerte de su padre, Bona deja África por París en 1989. Su rápido ascenso a ser un solicitado bajista para muchos destacados músicos franceses e inmigrantes africanos lo llevó a una aparición en el disco de Joe Zawinul “My People” (1992). Esto también lo llevó a solicitar a las autoridades francesas renovar su permiso de trabajo, recibiendo una negativa como respuesta, justificada en que “hay 1.602 bajistas cesantes en Francia”. Tomando esta situación como signo de una autoridad mayor, Bona siguió el consejo del guitarrista Mike Stern y se mudó a Nueva York a fines de 1995. Una vez llegó, Richard impactó a la escena local de clubes de jazz, se reconectó con Zawinul para una gira, y se incorpora como músico estable con Harry Belafonte. Su fama se extendió rápidamente a través de varias tribus musicales, llevándolo a trabajar con Mike Stern, Randy y Michael Brecker, así como colaborador con Bob James, Chaka Khan, Paul Simon y Branford Marsalis. La conexión con Marsalis resultó en la firma de Bona con Sony, para su disco debut de 1998, “Scenes From My Life”. Los siguientes años, Richard se alentó a seguir acrecentando su currículum de grabaciones, grabando y en gira con Pat Metheny, y lanzando dos nuevos discos. Desde 2004, está principalmente enfocado en su propia música y viajando con su sexteto, haciendo periódicas giras como acompañante con Mike Stern, Steps Ahead, y la Big band “Jaco Pastorius”, más presentaciones esporádicas en Nueva York en el bar “Zinc” con su propia banda, o en el bar “55” con Stern. ¿Cómo te ves a ti mismo como artista y dónde entra el bajo eléctrico en esa ecuación? Me veo a mí mismo simplemente como músico. Ha sido así desde que era un niño pequeño, tocando un montón de instrumentos. Por supuesto que soy un bajista, pero también canto, toco guitarra y escribo todos los días, entonces principalmente soy un músico. Escribo canciones acerca de mi percepción de la vida, lo que también me hace en cierto modo un contador de historias. No tengo problema en ser conocido y celebrado como bajista (de hecho, volví recientemente deI campamento de bajistas organizado por Víctor Wooten, donde he pasado un tiempo fantástico). Pero la gente me pregunta todo el tiempo acerca de hacer una grabación de bajo solo y debo admitir que no lo tengo ni siquiera en mi radar. Ese tipo de proyectos son interesantes, paro para mí el bajo está hecho para mantener la casa en pie. No podemos hacer un “solo” que dure toda la noche (y sé que tampoco podríamos escucharlo). ¿Cómo puedes describir tu música?Bien... esto es mi música: Una combinación de la música tradicional africana que aprendí mientras crecía, combinada con las influencias externas que recibí viviendo en grandes ciudades como París y Nueva York. Como a la mayoría de los músicos, me molestan las etiquetas. Cuando la música de cualquier tipo me toca internamente, la abrazo y la aprendo; esta es la única distinción que hago. Los Estados Unidos son el país más grande del mundo, pero infortunadamente no es musicalmente abierto. Aquí la música está muy formateada. Esto ha tomado la forma de “contaminación acústica”, con estridentes tambores sampleados siendo disparados en cualquier lugar público. Y la gente se ha acostumbrado a eso; cuando los jóvenes ven a un baterista tocando en vivo su batería, el sonido les extraña, ellos esperan una pesada y retumbante máquina de ritmos. Por lo que hacer giras en los Estados Unidos con mi música es difícil. Hice sólo nueve conciertos aquí el año pasado (2005). Paso la mayor parte de mi tiempo tocando afuera. ¿Cómo afloran tus canciones y se juntan en una grabación? Yo escribo casi todo en “esto” [muestra su guitarra acústica Taylor, con cuerdas de nylon], y ocasionalmente en el teclado. Mi concepto es que todo está en la parte de la guitarra: La batería, la parte del teclado y el bajo. La parte del bajo también está ahí, yo sólo debo pulirla y hacerla mejor. Luego de que tomo el tono con la guitarra, hago un “demo” en mi estudio en casa, toco la guitarra, teclados, bajo, y programo las baterías. Entonces llevo a los músicos a interpretarlo y grabarlo en un estudio de grabación profesional. ¿Cuál fue tu concepto para “Tiki”? Hacer un disco acerca de cuán próximos están Brasil y África en su música, su cultura, y de muchas más formas. Cuando tocas música brasileña en África, la gente empieza inmediatamente a bailar, sin hacer ninguna pregunta por la grabación. Hay la misma conexión en nuestra comida. Quiero cantar acerca de esta relación: Las cosas que olemos, tocamos, saboreamos y escuchamos en nuestras vidas de todos los días y nos unen. He hecho amigos en Brasil en mi reciente visita y quise grabar al menos una parte del álbum allá. También grabé en París, Los Ángeles (California) y Nueva York, e intenté grabar en la India. Es mi característica “preocupación global”. Discutamos acerca de tu lado vocal: Usualmente cantas en tu dialecto nativo (Douala) y eres conocido por tu falsete. He intentado cantar en inglés y francés, pero me he dado cuenta de que la música habla siempre mejor en tu lengua nativa. Cantar en falsete me viene de manera natural. No lo separo conscientemente de mi voz natural. No tengo entrenamiento vocal formal y realmente nunca practico. Mi madre era cantante y he estado cantando desde que tengo memoria. Donde yo crecí, tú no eras músico si no eras cantante. Y fue muy extraño para mí que en Francia y los Estados Unidos la gente sólo tocara sus instrumentos. Has dicho que cantar te ha ayudado a tocar bajo. Cuando empecé a tocar bajo eléctrico después de escuchar a Jaco, me vi envuelto en el desafío de aprenderme las notas, lo que me llevó a permanecer un poquito más callado. Entonces desperté un día a los 23 años y pensé: ¿Dónde se fue mi canto? Siempre he sido capaz de cantar mientras toco cualquier instrumento. Me tomó un minuto retomar el canto, y ahora estoy en el punto en el que más toco bajo y canto que sólo tocar bajo. Cantar me ha ayudado en mi manera de tocar bajo haciéndome más calmo y expresivo. Me encanta cuando Marcus Miller dice que intenta sonar como Stevie Wonder o Chaka Khan, con todos sus manierismos y apoyaturas. Cantar te pone en un lugar más emocional que te llevará a desarrollar una diferente y más dinámica aproximación al tono y al ataque de las notas. Siempre aconsejo a los bajistas cantar y tocar melodías en el bajo. Cuando un bajista está cantando, puedes escucharlo. Puedes olerlo, eso suena realmente funky! ¿Cómo se relaciona eso con tu manera de interpretar los solos? Siempre canto mis solos, se escuche o no. Intento “solear” desde mi corazón. Nunca pienso en escalas o cambios modales. Una canción o un solo es creado por la tensión. Mi abuelo siempre me decía: Haz tu propio acorde en la música. Tú tienes que sonar como tú quieras. Significa tocar cada nota y hacer que el público recuerde esa nota hasta la muerte. Hablemos de tu técnica. Has dicho que el balafón tuvo un impacto en tu manera de tocar el bajo. El balafón me impactó más en mi manera de tocar la guitarra, pero ciertamente también en el bajo. Llamamos al estilo de ejecución de balafón que aprendí “medio-solo”. Esto es una suerte de parte rítmica-melódica entremedio del bajista y la persona que toca la melodía. Tú puedes al mismo tiempo hacer la base y las partes de bajo y melodía. El balafón me ayudó a desarrollar mi habilidad de tocar líneas independientes con cada una de mis manos. En la guitarra y el bajo, he recreado esto tocando melodías independientes (o una línea de bajo y acordes al mismo tiempo) usando una técnica de digitación con mis dedos pulgar, índice, medio y anular. [Esta técnica se puede escuchar en los temas “Konda Djanea y “Eyando”, en el primer disco solista de Bona, “Escenas de mi vida”] El resto de mi técnica de bajo eléctrico es bastante estándar: “Slaps” con el pulgar y “popping” con el índice, y mutear con la palma mientras tocan el pulgar y el índice. Desde que te mudaste a los Estados Unidos, has hecho un montón de grabaciones y giras como músico de sesión. ¿Cómo surgen habitualmente las líneas de bajo en ese contexto? Mis líneas de bajo siempre vienen de mi canto. Escucho la grabación y algo siempre viene a mi mente. A veces el artista me da una maqueta, quizá con algún bajo secuenciado, y sobre eso hago el mío. Me gusta darle a la gente un montón de opciones porque yo vengo de un amplio rango de influencias. En términos de “groove”, pienso en James Jamerson o Stevie Wonder. También en Paul Jackson con Herbie Hancock y los Headhunters, la gente olvida cuán gigante fue. ¿Has explorado en el contrabajo en algún momento? Lo toqué por cuatro años en Francia. Estaba haciendo conciertos, pero tuve problemas con mi espalda. Los taxis en París no se llevan todos los equipos, así que tenía que acarrear el contrabajo, el ampli y el parlante en el metro, escaleras arriba y abajo. Tocaba y quedaba muerto de cansancio. ¡Y luego tenía que irme a mi casa! Entonces me rendí. Mis influencias principales en esa época fueron Ray Brown y Sam Jones, otro gigante subvalorado. Nunca he vuelto realmente al contrabajo desde entonces. Eres miembro regular de la Jaco Pastorius Big Band. Hombre, esa banda es grande! (El director) Peter Graves es maravilloso, la banda es increíble y tengo la oportunidad de ser Jaco por un ratito, con todo ese sonido de big band detrás mío. Me sé todas esas canciones desde el corazón, y las partes de bajo están casi intactas porque esa era la música de Jaco. Pero sólo le pregunto a Peter si hay algún cambio mayor en los arreglos y voy por ellos. Cuando tenía 19, alguna gente se refería a mí como un clon de Jaco. Tenía un bajo fretless Jazz Bass, un gorrito, y la misma ropa! Sonaba casi como Jaco, lo que no era una cosa mala en ese momento, pero crecí y pasó. Nunca estuve con él ni lo vi en persona, pero su impacto en mí es inconmensurable. ¿Cuales son tus bajistas favoritos? Amo a Marcus Miller, Víctor Wooten, Christian McBride, y todos los grandes bajistas africanos, como Étienne Mbappé de la banda de Joe Zawinul. También me gustan mis colegas bajistas de Brooklyn como Víctor Bailey, Matt Garrison, y James Genus. John Benitez es “pesado”, Oteil Burbridge es asombroso, y Gary Willis es “malo”. Y por supuesto, Anthony Jackson. Lo que hace a esos bajistas grandes es que todos suenan diferente. Estamos en una buena época para el bajo eléctrico. Es un “ciclo alto”. Recientemente, empezaste a dar clases en la Universidad de Nueva York. Yo le hice una llamada al Dr. David Schroeder, Director de estudios de Jazz de la NYU, acerca de enseñar ahí. Al principio, pensé: ¡No es posible! Nunca había enseñado antes y no soy paciente. Además, la cosa académica es demasiado rígida, y no creo que cualquiera que estudie música llegue a ser músico. Entonces entré y me reuní con bajistas jóvenes y ellos fueron muy entisiastas. Estuve en un grupo de jazz para una clase de armonía e improvisación. No tenía currículum. Sólo quería enseñarle a los alumnos cómo ser una banda. Habíamos estudiado canciones como “Eternal Triangle” (de la grabación de Dizzy Gillespie de 1957, “Sonny Side Up”, con Sonny Stitt y Sonny Rollins, Verve), y entonces les mostré algunos ritmos tradicionales africanos. Lo disfruté mucho. La ruta de tu carrera ha sido bastante positiva hasta este momento. Un escritor me preguntó recientemente acerca de cuál era mi sueño. Le dije, “hombre, estoy en mi sueño!” He estado viviendo en mi sueño por años. Estoy creando música, criando a mis hijos, y viviendo una vida muy bendecida. He sido lo suficientemente afortunado para haber tocado con la mayoría de los músicos vivos con los que he querido tocar. Soy feliz. Mucha más gente necesita probablemente realizar esos sueños por sí misma. Mi abuelo solía decir: ¡No seas como el hombre que tiene un pie hundido en el lago, pero se muere de sed! Tomado de: gatoarrieta.blogspot.com La entrevista completa: www.bassplayer.com/story.asp?sectioncode=21&storycode=15576 Info para la gente de Uruguay Richard Bona Group En una presentación de la Embajada de Francia en Uruguay, Bureau Export de la Música Francesa y el Jazz Tour 2007. El carismático multi-instrumentista, bajista, cantante y compositor camerunés nos visitará con sus músicos: Ernesto Simpson (batería), John Caban (guitarra), Samuel Torres (percusión), Etienne Stadwijk (teclados), Taylor Haskins (trompeta). 29 de noviembre, Teatro Solís de Montevideo. Acá está la nota original de la Bass Player en Ingles Music’s Most Fluent New Voice Richard Bona August, 2006 With bass in hand, Richard Bona speaks many languages—but catch him in the middle of a heartfelt phrase, and it’s as if his notes are chosen just for your ears. Add his haunting falsetto vocals, and now you’re listening to arguably the most identifiable, soul-stirring voice on the bass guitar since Jaco Pastorius. It’s no wonder that since his 1995 arrival in the U.S., the 39-year-old native of Cameroon has become one of the most in-demand sidemen for a daunting range of artists. Of course, that’s only part of the picture. While Richard’s fluid fingerboard navigation, multi-layered rhythmic approach, and sheer lyricism have earned him bass hero status, he has parlayed his singular vocals, unique guitar style, and sonorous songs steeped in traditional African tales into a career as a globally successful solo artist, selling tens of thousands of CDs worldwide. Bona’s latest effort, Tiki, is another step forward in his personal expression. The 15-track disc (featuring Bona’s usual cohorts, keyboardist ATN Stadwijk and drummer Vinnie Colaiuta, plus potent guests like John Legend and Djavan) is a joyous interpretation of Brazilian music. South American influences notwithstanding, Tiki, more than Bona’s three previous outings, blurs the lines between his world music hybrids and sounds simply like, well, Bona. As always, bass worshippers will need to listen between the layers to catch the bottom-end brilliance, and Bona’s vocals in his native Douala require a different mind-and-ear awareness. But the payoff is as grand as a sprawling African plain. Richard Bona was born in the mud-hut village of Minta, Cameroon, on October 28, 1967. His mother was a singer and his grandfather was a percussionist, so there was always music around the household. Richard recalls, “My grandfather knew I was a musician when I was three because up to that point all I used to do was cry and eat, all day long. Then one afternoon I heard a balafon [a wooden marimba-type instrument that is struck with two mallets and amplified by gourds under the keys] during a church rehearsal at my house, and I was enchanted; I stopped crying and eating, and just sat there listening for hours! My grandfather built me a balafon, and I began practicing 12 hours a day.” After years of singing and playing in church, Richard ventured over to the large port city of Douala at age 11 and realized he needed to learn a more modern instrument. Swiping brake cables from a local bicycle shop, he soon built his first homemade guitar. With his reputation as a local virtuoso intact, Bona eventually landed a guitar gig with a dance band in Douala. He recalls, “My hero was George Benson; I learned all of his Breezin’ solos note-for-note, and I’d sing his songs phonetically—I had no idea what the words meant.” It was not long after, in 1980, that a French owner of a local club asked Richard to start a house jazz band, and entrusted him with a huge collection of jazz albums to draw from. As the legend goes, the first platter Bona picked up happened to be Jaco’s self-titled 1976 Epic debut, and Bona immediately switched to bass. “Jaco touched me deeply,” he offers. After the death of his father, Bona left Africa for Paris in 1989. His rapid rise to first-call status with top French and transplanted African artists led to an appearance on Joe Zawinul’s 1992 disc, My People. It also led to a letter from frustrated French authorities saying they were not going to renew his work papers because “there are 1,602 unemployed bassists in France.” Taking it as a sign from a greater authority, Bona heeded guitarist Mike Stern’s advice and moved to New York City in late 1995. Upon arriving, Richard hit the club jam scene, reconnected with Zawinul for a tour, and landed his first steady gig with Harry Belafonte. Word spread quickly through various musical tribes, leading to local work with Stern and Randy and Michael Brecker, as well as stints with Bob James, Chaka Khan, Paul Simon, and Branford Marsalis. The Marsalis connection resulted in Sony signing Bona for his 1998 debut, Scenes From My Life. In the ensuing years, Richard went on to bolster his recording resumé, tour with Pat Metheny, and release two more CDs. Since 2004, he has focused mainly on his own music and touring with his sextet, doing periodic sideman gigs overseas with Stern, Steps Ahead, and the Jaco Pastorius Big Band—plus sporadic New York hits at Zinc Bar, with his own band, or at the 55 Bar with Stern. How do you see yourself as an artist, and where is bass in the equation? I just see myself as a musician. It’s been that way since I was a little kid, playing a lot of instruments. Of course I’m a bass player, but I also sing, play guitar, and write every day, so I’m a musician. I write songs about my perception of life, which also makes me a storyteller. I have no problem being celebrated as a bassist—in fact, I recently returned from Victor Wooten’s Bass Nature Camp, where I had the time of my life. But people ask me all the time about making a bass solo record and I have to admit, it’s not even on my radar. Those kinds of projects are cool, but to me bass is made to hold the house up. We can’t solo all night and I know I can’t listen to it all night. How would you describe your music? Well, it’s my music—a combination of the traditional African music I learned growing up, combined with the outside influences I gathered from living in big cities like Paris and New York. As with most musicians, I dislike labels. When music of any kind touches me I embrace it and learn it; that’s the only distinction I give. The U.S. is the greatest country in the world, but unfortunately it’s not open musically. Music is very formatted here. It has become a form of sound pollution, with loud sampled drums being pumped into every public place. And people get used to it; when kids see a live drummer playing a kit now it sounds weird to them—they expect a big, heavy drum-machine thud. So touring in the U.S. with my music is rough. I did only nine dates here last year. I spend most of my time playing overseas. How do you come up with songs and put your tracks together? I write almost everything on this [holds his Taylor nylon-string acoustic guitar], or occasionally on keyboard. My concept is that everything is in the guitar part: the drums, the keyboard part, and the bass. The bass part is already there; I just have to polish it and make it better. After I get the tune on guitar, I make a demo in my home studio, playing guitar, keyboard, bass, and programmed drums. Then I’ll bring it to the musicians to interpret and record in a real studio. What was your concept for Tiki? To make a CD about how closely Brazil and Africa are related musically, culturally, and in so many other ways. When you play Brazilian music in Africa, people start dancing right away, without asking about the record. There’s the same connection with our food. I wanted to sing about that relationship: the things we smell, touch, taste, and hear in our everyday lives that bring us together. I made friends in Brazil on my recent visits and I wanted to record at least part of the album down there. I also recorded in Paris, L.A., and New York, and I was trying to record in India. It’s my usual global affair. Let’s discuss your vocal side: You usually sing in your native Douala, and you’re known for your falsetto voice. I’ve tried singing in English and French, but I’ve found music always speaks better in your native language. Singing in my falsetto comes naturally. I don’t consciously separate it from my natural voice. I have no formal vocal training and I don’t really practice. My mother was a singer and I’ve been singing as long as I can recall. Where I grew up, you’re not a musician if you don’t sing. It was strange to me that in France and the U.S. people were just playing their instruments. You’ve said singing has helped your bass playing. When I started to play bass after hearing Jaco, I was so wrapped up in the challenge of learning the notes that I became a little bit mute. Then I woke up one day at 23 and thought, Where did my singing go? I’ve always been able to sing along with anything I play. It took me a minute to get it back, and now I’m at the point where I’d rather sing and play bass than just play bass. Singing has helped my bass playing by making me slow down and become more expressive. I love it when Marcus Miller says he tries to sound like Stevie Wonder or Chaka Khan, with all of their mannerisms and slurs. Singing puts you in a more emotional place that will lead you to develop a different and more dynamic approach to tone and attack. I always advise bassists to sing and play melodies on bass. When a bassist is singing, you can hear it. You can smell it, it sounds so funky! How does that correlate to your soloing? I’m always singing with my solo, whether it’s aloud or not. I try to solo from my heart. I never think of scales or changes. A song or a solo is created by tension. My grandfather always told me: Make your own chord in the music. You’ve got to sound like you. Mean every note and make the audience remember that note till they die. Let’s talk about your technique. You’ve said the balafon had an impact on your bass playing. It impacted my guitar playing more, but certainly bass, too. We called the style of balafon playing I learned, “half-solo.” It was a sort of melodic rhythm part that went in-between the bass player and the person playing the melody. You would support and play counter to both. The balafon helped develop my ability to play independent lines with my right and left hands. On guitar and bass, I recreated that by playing independent melodies—or a bass line and chords at the same time—using a fingerstyle technique, with my thumb, index, middle, and ring fingers. [For examples of this approach on bass, check out “Konda Djanea” and “Eyando,” on Bona’s first CD, Scenes From My Life.] The rest of my bass technique is pretty standard: thumb slaps and index pops, and palm mute with thumb and index plucks. Since moving to the U.S., you’ve done a slew of sideman recordings and gigs. How do you typically come up with bass lines in those settings? My bass lines always come from my singing. I’ll listen to the track and something will come to mind. Sometimes the artist will give me a demo, maybe with some sequenced keyboard bass, and I’ll make it my own. I like to give people a lot of options because I come from a wide range of influences. In groove mode, I’ll think about James Jamerson or Stevie Wonder. Also, Paul Jackson with Herbie Hancock and the Headhunters; people forget what a giant he was. Did you dig into the upright at any point? I played it for four years in France. I was doing gigs, but I had problems with my back. Cabs in Paris won’t take all that equipment, so I had to carry the bass, a head, and a speaker on the subway up and down those long fights of stairs. I’d get to the gig and be dead tired. And then I had to get home! So I gave it up. My main influences at the time were Ray Brown and Sam Jones, who’s another underrated giant. I’ve never really gotten back into upright again. You’re a regular with the Jaco Pastorius Big Band. Man, is that gig great! [Bandleader] Peter Graves is wonderful, the band is unbelievable, and I get a chance to be Jaco for a little while, with that big band sound behind me. I know all of those songs by heart, and the bass parts are pretty much intact because it was Jaco’s music—so I just ask Peter if there are any major changes in the arrangements and I go for it. When I was 19, some people referred to me as Jaco’s clone. I had a fretless Jazz Bass, a bandanna, and the same clothing! I sounded just like Jaco, which wasn’t a bad thing at the time, but I grew past it. I never met him or saw him in person, but his impact on me is immeasurable. Who are your current bass favorites? I love Marcus Miller, Victor Wooten, Christian McBride, and all of the great African bassists, like Étienne Mbappé of Joe Zawinul’s band. I also like my fellow Brooklyn bassists like Victor Bailey, Matt Garrison, and James Genus—he’s everywhere these days. John Benitez is heavy, Oteil Burbridge is amazing, and Gary Willis is bad. And of course, Anthony Jackson. What makes these players great is they all sound different. We’re in a good period for bass. It’s a high cycle now. Recently, you began teaching at New York University. I got a call from Dr. David Schroeder, Director of Jazz Studies at NYU, about teaching there. At first, I thought, No way! I’ve never taught before and I’m not patient. Plus, the academic thing is too rigid, and I don’t believe everyone can learn music and be a musician. Then I went in and met the young players and they were very enthusiastic. I took on a jazz ensemble harmony and improvisation class. I didn’t have a curriculum. I just wanted to teach them how to be a band. We studied and played tunes like “Eternal Triangle” [from Dizzy Gillespie’s 1957 Verve classic, Sonny Side Up, with Sonny Stitt and Sonny Rollins], and I showed them some traditional African grooves. I really enjoyed it. In September I’m going to teach a bass class. Your career path has been pretty positive to this point. A writer recently asked me what my dream was. I said, “Man, I’m in my dream!” I’ve been living my dream for years. I’m creating music, raising my kids, and living a very blessed life. I’ve been lucky enough to have played with most of the living musicians I wanted to play with. I’m happy. More people probably need to realize that about themselves. My grandfather used to say, Don’t be like the man who has his feet stuck in the lake, but he dies thirsty! Talkin’ Tiki “Please Don’t Stop” John Legend and I did this track for Puma’s collaborative CD Africa Plays On. I wrote the music, and I told John that my idea for the song was about trying to convince a girl to stay. He came up with the lyrics in an hour and then sang the hell out of it! He’s an amazing musician and artist. “Dipama” A good example of a song I wrote on guitar that all the other parts came from. I’m singing about learning. You learn more by listening to others; most of the time it’s better to be quiet and just listen. “Tiki” This establishes the album’s theme: the connection between Africa and Brazil. Feel-wise it’s sort of a baion groove with a bass line that’s more makossa, and there are elements of Indian music, as well. “O Beta O Siba” The title means “up and down.” It’s a love song for a lady who is running away from a man who loves her. The groove is sort of reggae funk, which Vinnie Colaiuta embellishes with his rhythms. I palm-muted my Fodera 5. “Esoka Bulu (Night Whisper)” What every woman whispers to her lover at night, when it gets quiet. It’s a jazz ballad in three with Ari Hoenig, who is the greatest brush player in the history of drums. He could sweep up all of Brooklyn in an hour! “O Sen Sen Sen” I see music in colors, and I like my records to be in a lot of colors. This track combines salsa, African rhythms, and accordion from Brazil. The song is saying, “You ain’t seen nothing yet!” “Manyaka O Brazil” This is the main song when it comes to telling the story of this record; the groove is very open and can go anywhere. I wrote it thinking of Djavan, and I was so blessed that he came and sang it. “Three Women” I didn’t want to do a famous Jaco song—I wanted a surprise. Gil Goldstein found this for me; it was just a tape of Jaco playing the tune on piano. We came up with a feel and a string arrangement. Gil brought in the Flux Quartet and I played my fretless New York Bass Works 4. “Ba Senge” The song addresses learning about differences in order to understand others. It’s pretty much a funk groove. I’m not a great slapper, but I enjoy it. I used my ’66 Jazz Bass. “Akwa Samba Yaya” This song celebrates black heritage in Brazil. It’s a Salvadorian samba mixed with African guitar and percussion. “Calcabao de Copacabana” I call this a samba cancon groove. It’s what I feel inside while staying in Rio de Janeiro and walking along the beach. “Samaouma” Samaouma is a tree in the Amazonia jungle that Indians used for many purposes. They used to communicate by hitting the tree. Musically, everything is in here: Argentinean tango, Colombian cumbia, a bit of Pat Metheny, African guitar, and even classical music. Richard’s Realm Richard Bona’s musical voice may be singular, but his bass choices are varied. Chief in his rotation are his Fodera Imperial 5-string, fretless New York Bass Works 4-string, ’66 Fender Jazz Bass, fretless Pensa-Suhr J-Bass, and fretless Fodera Beez Elite 5. His strings are DR Sunbeams (.040, .060, .080, .100, .125). Live, Richard always plays in stereo because it makes the bass easier to hear when he sings. His Epifani rig consists of a custom stereo UL-502 head and two T-112 NYC cabinets. Effects include an MXR M-134 Stereo Chorus, Boss LMB-3 Bass Limiter Enhancer pedal, Boss DD-6 Digital Delay pedal, Boss FV-50H Volume pedal (used for dynamics), Roland GR-20 bass synth (for string sounds), Roland V-Bass, E-Pro UK Bassic Stomp Box (for EQ brightness when slapping), and a Boss TU-2 Chormatic Tuner pedal. Richard’s vocal mic is a Shure Beta 87. Selected Discography Solo albums Tiki, Decca; Munia: The Tale, Verve; Reverence, Sony; Scenes From My Life, Sony. With Mike Stern Who Let the Cats Out?, Heads Up; These Times, ESC; Voices, Atlantic. With the Jaco Pastorius Big Band (both on Heads Up) The Word Is Out!; Word of Mouth Revisited. With Joe Zawinul Faces & Places, ESC; World Tour, JVC Victor, My People, Escapade. With Pat Metheny The Way Up, Nonesuch; Speaking of Now, Warner Bros. With Bob James Joy Ride, Warner Bros. With Randy Brecker Hangin’ in the City, ESC. With George Benson Irreplaceable, GRP. With Larry Coryell Spaces Revisited, Shanachie. With Toto Bona Lokua Toto Bona Lokua, Sunnyside. With Frank McComb Love Stories, Sony. With Les Nubians One Step Forward, Omtown. With Jonathan Elias Prayer Cycle, Sony Classical. On DVD Mike Stern Live—The Paris Concert, Music Video Distributors; African Tale, Universal; With Pat Metheny: Speak of Now: Live in Concert, Eagle Vision. Web site www.bonatology.com Ultimo momento 01/11/07 El show de apertura va a estar a cargo de Guille Vadalá!!
Esta es una nota que le hizo la revista Guitar Player al Maestro en el año 1986

Estuve con el buscador de T! viendo si encontraba ayuda para este menester, pero el resultado fue negativo Así que Google me ofreció varias opciones de las cuales les voy a dejar la que más me gustó, espero que les sirva como me sirvió a mi. ¿ Como curar un mate ? Hay que separar primero los curables de los incurables. Dentro de los curables están los de calabaza y los de madera. Comencemos con los curables: Hay que colocar un tercio de yerba y llenar el mate hasta el tope con agua en estado de ebullición. Después de dejarlo reposar durante media hora, se observará que ha bajado un tercio, por lo que nuevamente debe ser llenado hasta arriba con agua hirviendo, dejándolo así hasta el día siguiente cuando debe ser vaciado. Luego, con una cucharita, se raspa en el interior para quitar el hollejo que es la sustancia amarga del mate, y tras lavarlo con agua hirviendo queda listo para ser utilizado. En el caso de ser un mate de madera, conviene antes de este proceso untarlo con una capa de aceite o manteca para lograr un mejor resultado. Solo en el caso de los mates de palo santo, se debe dejar la yerba húmeda de la ultima mateada o llenarlo con agua para evitar que se reseque y se quiebre. Los mates de asta o de hueso deben dejarse en detergente 24 horas antes de curarlo con yerba para sacar la primera grasitud que produce un sabor desagradable. En ambos casos luego se continúa con el proceso de curación igual que en el caso de los mates de calabaza. Y hay algo sobre los incurables también Todos los demás tipos de mates (aluminio u otro metal, plástico, vidrio, loza u otros) son incurables. Con un simple lavado ya están listos para la primera cebada.
Atención Músicos! Acá les dejo unos links muy interesantes y útiles para ajustar el tiempo http://www.metronomeonline.com/ estar afinados http://www.tunemybass.com/ y de yapa entrenar nuestros oídos http://www.ossmann.com/bigears/index.html todo on line y sin instalar nada.