m3quieroir
Usuario (Vanuatu)
El médico Nemer Hassan trabajó como cirujano en el hospital militar de Damasco y desde el comienzo de las protestas contra el dictador sirio en 2011 fue forzado a atender a los opositores torturados y falsificar sus certificados de fallecimiento. “Era como una escena del infierno”, reveló. Imágenes perturbadoras (no se publican las fotos por ser demasiado fuertes, se pueden ver en la fuente) http://www.infobae.com/america/mundo/2017/02/12/las-fotos-que-prueban-el-genocidio-de-bashar-al-assad-y-sus-complices-iran-y-hezbollah/ La semana pasada Amnistía Internacional publicó un extenso reporte multimedia sobre la cárcel Saydnay del régimen de Bashar al Assad, en Siria, donde al menos 13.000 personas ha muerto en una "política de exterminio" comenzada en 2011 tras las primeras revueltas que llevaron a la guerra civil. Torturas inimaginables, privaciones de todo tipo y ejecuciones sumarias se realizaron en silencio durante casi seis años en ésta y otras cárceles y hospitales contra personas consideradas opositoras al brutal gobierno en Damasco, con la connivencia de los aliados regionales de la dictadura: Irán y el grupo terrorista Hezbollah. El periódico británico The Daily Mail pudo hablar con un médico sirio obligado a participar de la masacre firmando certificados de muerte falsos o atendiendo a víctimas de tortura que eran luego vueltas a torturar. Los cadáveres desnutridos, golpeados y mutilados que pueden verse en fotos filtradas que describen lo vivido por este doctor provocaron comparaciones con el Holocausto perpetrado por el régimen nazi en la Segunda Guerra Mundial contra judíos, gitanos, homosexuales y cualquier persona considerada opositora. "Era como una escena del infierno. Ni siquiera teníamos el tiempo para chequear si estaban muertos", dijo Nemer Hassan, un doctor obligado a participar de la masacre y que logró escapar a Alemania, donde aceptó la entrevista del Daily Mail. "He visto cosas tan terribles", agregó. Así como sucedió hace más de 70 años en Europa, la tortura y el asesinato se realizaron en Siria a escala industrial y la burocracia estatal se ocupó de ocultarlos, según comparó un informe de las Naciones Unidas que revisó la evidencia fotográfica. Esta semana, Al Assad volvió a negar las acusaciones. Para Sir Desmond de Silva, co autor de ese reporte, las fotografías son "reminiscentes de imágenes de las personas que salían de Belsen y Auschwitz", en referencia a dos campos de concentración que los nazis operaban en Alemania y Polonia. En tanto la antropóloga Sue Black, quien también revisó la evidencia, dijo que "en estos días y en esta época uno no espera ser testigo de esas cosas a esta escala". El régimen de al Assad, quien posee un título en medicina, utilizó los hospitales para llevar curar a los torturados y ocultar la matanza y Hassan fue uno de los doctores forzados a participar. "El sueño de todo sirio es ser doctor, porque es una posición respetada, segura y bien paga. Y me gustaba la idea de ayudar a la gente", contó el hombre de unos 30 años que en 2011 se encontraba formándose como cirujano en el hospital militar en Tishreen, en las afueras de Damasco. Un día Hassan vio llegar cuatro vehículos cargados de personas que habían sufrido heridas en la represión del régimen a las protestas del 2011. "Fue horrible verlos, tenían heridas de bala en las piernas y espaldas pero lo militares los golpeaban", recordó Hassan. Los soldados, miembros de la secta gobernante alauita, creían que los opositores, en su mayoría sunitas, estaban "contaminados" y desconectaban sus respiradores, echaban agua sucia en sus heridas o apagan los cigarrillos en su piel. "Hubo veces en las que operaba a alguien usando anestesia, cubría sus heridas, le daba antibióticos y atornillaba un brazo o una pierna rota a un fijación metálica para mantener el hueso unido. Pero luego llegaba un oficial de inteligencia y arrancaba todo. ¿Puedes imaginar el dolor que causaba?", contó. Además de atender a víctimas de tortura y heridos graves, que luego eran maltratados por los militares, Hassan debía también firmar certificados de fallecimiento por causas naturales sin constatar señales evidentes de tortura y desnutrición severa. Cuando se negó, le apuntaron un AK-47 en la cabeza y ese fue el fin de la discusión. Desde ese momento trató de debilitar al régimen a su manera y desde su posición, falsificando reportes de enfermedad para numerosos soldados que utilizaban el pretexto para salirse de las filas del ejército sirio y escapar del país. Algunos estaban tan desesperados que llegaban a Hassan con heridas autoinflingidas. [https://yallasouriya.files.wordpress.com/2014/01/syria-prisons-saydnaya-prison-arabic.jpg?w=776] prisión Sadnaya donde se llevan a cabo las torturas Pero un amigo le advirtió que la inteligencia de al Assad estaba a punto de arrestarlo por estas actividades y entonces escapó a fuerza de sobornos hasta un sector de Damasco controlado por rebeldes. Desde allí pudo llegar a Turquía y finalmente a Alemania, desde donde ofreció su testimonio sobre la brutalidad del régimen sirio. En tanto la vasta colección de fotografías sobre el terror que presenciaron Hassan y muchos otros doctores fueron filtradas en 2015 por un fotógrafo de la policía siria conocido como "César". En total son más de 53.000 imágenes, en su mayoría no develadas aún al público, que fueron analizadas por ONGs dedicadas a la defensa de los Derechos Humanos y por la ONU. Fuente: http://www.infobae.com/america/mundo/2017/02/12/las-fotos-que-prueban-el-genocidio-de-bashar-al-assad-y-sus-complices-iran-y-hezbollah/

La guerra de Siria es escenario de sangrientas matanzas que en ocasiones son provocadas por la utilización de armamento prohibido, según denuncias de organizaciones de derechos humanos confirmadas posteriormente por informes de organismos internacionales. El Ejército de Bashar al Asad ha empleado gases venenosos en sus ataques a las zonas dominadas por los rebeldes; pero lo que viene ocurriendo a lo largo de estos seis años de conflicto en las zonas controladas por la dictadura baazista no difiere en exceso, en términos de crueldad, de lo que sucede en los campos de batalla. En un informe de Amnistía Internacional (AI) hecho público esta semana se acusa al régimen de Asad de convertir las cárceles en verdaderos centros de exterminio, en los que se estaría ahorcando a miles de prisioneros sin la menor garantía legal. El documento, titulado “El matadero humano: ahorcamientos masivos y exterminio en la prisión de Saydnaya”, recoge datos y testimonios referidos precisamente a ese centro de internamiento, situado al norte de la capital siria, donde se habrían llevado a cabo miles de ejecuciones extrajudiciales y se practicaría cotidianamente todo tipo de torturas, a cuál más inhumana. https://saydnaya.amnesty.org/ La información recopilada por AI se basa en una investigación iniciada a finales de 2015, en el transcurso de la cual se ha entrevistado a 84 personas. Entre ellas había reclusos que consiguieron salir con vida de Saydnaya, pero también exguardias y funcionarios de la prisión, así como jueces y abogados, conocedores de primera mano de lo que ocurre en esa penitenciaría. Según los cálculos de AI, desde el inicio de la guerra y hasta 2015 se habrían producido 13.000 ejecuciones de opositores sólo en esa prisión. Las ejecuciones han venido siendo una práctica habitual en Saydnaya: Todas las semanas –y a menudo dos veces a la semana– se ahorcaba a las víctimas en grupos de 50, de madrugada y en total secreto. Hay razones de peso para creer que esta rutina sigue produciéndose. Por otra parte, un gran número de reclusos ha muerto como consecuencia de las políticas de exterminio de las autoridades, que incluyen las torturas reiteradas y la privación sistemática de alimentos, agua, medicinas y atención médica. Además, los presos de Saydnaya deben obedecer una serie de normas sádicas y deshumanizadoras. El único trámite judicial previo a la ejecución de los detenidos es, según el informe, una comparecencia de un par de minutos ante un oscuro Tribunal Militar de Campaña que se limita a ordenar la muerte del recluso sin atender a sus declaraciones y, por supuesto, sin que éste reciba asistencia jurídica para poder esbozar siquiera algo parecido a una defensa. Antes de ser ahorcados, los prisioneros de Saydnaya son sometidos, según AI, a todo tipo de cruentas torturas: Muchos de los presos declararon que habían sido violados y, en algunos casos, obligados a violar a otros reclusos. La tortura y las palizas se emplean habitualmente como forma de castigo y degradación, y a menudo causan lesiones permanentes, incapacidad e incluso la muerte. El suelo de las celdas está cubierto de sangre y pus de las heridas de los presos. Los guardias de la prisión recogen los cuerpos de los reclusos muertos cada mañana, hacia las 9. Según Nader, ex preso de Saydnaya, son muchos los que mueren antes de que se dicte su orden de ejecución: Todos los días había uno o dos muertos en nuestro pabellón (…) Recuerdo que el guardia nos preguntaba cuántos teníamos. Decía: ‘Sala número 1, ¿cuántos? Sala número 2, ¿cuántos?’, y así sucesivamente (…) En una ocasión (…) llegaron los guardias, sala por sala, y nos pegaron en la cabeza, el pecho y el cuello. Ese día murieron 13 personas en nuestro pabellón. Lynn Maaluf, directora adjunta del informe, cree que los hallazgos recogidos en este documento han de tener consecuencias en la manera de abordar el conflicto sirio por parte de las principales instituciones internacionales: Las conversaciones de paz sobre Siria que se celebrarán próximamente en Ginebra no pueden ignorar estos hallazgos. Hay que incluir en el orden del día el que se acabe con estas atrocidades en las prisiones del Gobierno sirio. La ONU debe realizar inmediatamente una investigación independiente sobre los crímenes que se están cometiendo en Saydnaya y exigir el acceso de observadores independientes a todos los centros de reclusión. Antes de ser ahorcados, los prisioneros de Saydnaya son sometidos, según AI, a todo tipo de cruentas torturas: Muchos de los presos declararon que habían sido violados y, en algunos casos, obligados a violar a otros reclusos. La tortura y las palizas se emplean habitualmente como forma de castigo y degradación, y a menudo causan lesiones permanentes, incapacidad e incluso la muerte. El suelo de las celdas está cubierto de sangre y pus de las heridas de los presos. Los guardias de la prisión recogen los cuerpos de los reclusos muertos cada mañana, hacia las 9. Según Nader, ex preso de Saydnaya, son muchos los que mueren antes de que se dicte su orden de ejecución: Todos los días había uno o dos muertos en nuestro pabellón (…) Recuerdo que el guardia nos preguntaba cuántos teníamos. Decía: ‘Sala número 1, ¿cuántos? Sala número 2, ¿cuántos?’, y así sucesivamente (…) En una ocasión (…) llegaron los guardias, sala por sala, y nos pegaron en la cabeza, el pecho y el cuello. Ese día murieron 13 personas en nuestro pabellón. Lynn Maaluf, directora adjunta del informe, cree que los hallazgos recogidos en este documento han de tener consecuencias en la manera de abordar el conflicto sirio por parte de las principales instituciones internacionales: Las conversaciones de paz sobre Siria que se celebrarán próximamente en Ginebra no pueden ignorar estos hallazgos. Hay que incluir en el orden del día el que se acabe con estas atrocidades en las prisiones del Gobierno sirio. La ONU debe realizar inmediatamente una investigación independiente sobre los crímenes que se están cometiendo en Saydnaya y exigir el acceso de observadores independientes a todos los centros de reclusión.

Las estimaciones varían entre 20.000 y 40.000 muertos en una orgía de sangre que hizo clímax durante tres días con sus noches pero que se prolongó durante casi un mes. Por el solo hecho de pensar diferente y oponerse a la dictadura socialista, hombres, mujeres y niños fueron ejecutados durante interminables horas y hasta sacados de sus camas en la madrugada para ser asesinados en las calles de Hama en febrero de 1982, por el ejército sirio, compuesto por hombres nuevos al servicio del dictador idealista antiimperialista del Partido Socialista Árabe (Baath), Hafez Al Assad, padre del Carnicero de Damasco y Fumigador de Siria, Bashar Al Assad; en una operación depravada comandada por su hermano, otro idealista socialista, Rifaat Al Assad. Militar de carrera, Hafez no era particularmente destacado en su profesión. Como Comandante de la Fuerza Aérea Siria, fue responsable de la virtual desaparición de este componente en la Guerra de los Seis Días contra Israel. Casi todas las aeronaves de combate sirias de fabricación rusa fueron destruidas por la Fuerza Aérea Israelita, que simultáneamente enfrentaba a las Fuerzas Aéreas de Siria, Egipto, Líbano, Irak y Jordania. Pero esta no fue la más grave pérdida siria atribuible a Al Assad, pues Siria también sufrió pérdida territorial al capturar Israel los Altos del Golán. El pésimo desempeño de Hafez –quien de joven prudentemente cambió su más apropiado apellido original “Hahash”, que significa “hombre salvaje” por Assad, que significa “león”- como militar no fue obstáculo para que consolidara su poder y fuera llevado a la presidencia en 1971 por medio de un golpe de Estado. Con la excusa de recuperar para su país los Altos del Golán, el incapaz militar, cuya única habilidad probada por la historia fue el genocidio contra inocentes desarmados, decidió aventurarse aliado con Egipto en una nueva empresa bélica que el mundo conoció como la Guerra de Yom Kipur. Esta operación fue particularmente traicionera pues se llevó a cabo durante la fiesta de guardar judía de Yom Kippur que ese año coincidía con otra fiesta de guardar musulmana, Ramadán. Entre estos países existía el acuerdo no escrito de respetar festividades religiosas recíprocamente, dada la importancia que el culto tiene para ambas sociedades. Siria y Egipto esperaron para atacar el momento de la oración en el que aun los militares judíos se despojaron del uniforme para vestir el atavío propio para la ocasión. Entonces atacaron. Esta maniobra no fue óbice para que resultara en un fracaso para los agresores una vez que las Fuerzas Israelíes lograron reaccionar al ataque sorpresa. Además de la Masacre de Hama https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Hama_de_febrero_de_1982 , se estima que unos 10.000 disidentes fueron asesinados entre 1982 y 1992. Ya en 1984, como lo volvió a hacer en 2012, Amnistía Internacional denunció diversos medios de tortura usados por los Al Assad que incluyen la amputación traumática de dedos, extracción de uñas, aplicación de electricidad inclusive en genitales, y el llamado “Esclavo Negro”, o introducción de un metal incandescente por vía anal. Múltiples son los videos en YouTube de las distintas torturas por parte de las autoridades sirias. Antes de que la matanza en Siria fuera llamada “guerra civil”, distintos organismos, incluyendo la ONU denunciaron el asesinato diario de un centenar de opositores sirios a manos de las fuerzas del gobierno. Las fotos de hombres, mujeres y niños colmaron Internet. Hasta el momento se han escrutado unos 110.000 muertos, no menos de 40.000 civiles; 5.883 niños; unos 3.000.000 de refugiados y más de 250.000 desaparecidos. Particular mención merece la matanza en la ciudad de Homs, lugar emblemático de la resistencia, en donde los criminales ataques de la Fuerza Aérea y la Artillería del régimen han dejado una cifra superior a los 12.000 muertos. Bashar Al Assad, un oftalmólogo que seguramente piensa que su Juramento Hipocrático solo tiene efectos en el consultorio y el quirófano, y que por su aspecto atávico hubiera hecho el disfrute de Cesare Lombroso, sustituyó a su padre Hafez cuando este falleció en 2000. Los militares jurásicos que realmente detentan el poder en el país del Medio Oriente, decidieron buscarlo en su clínica de Londres al morir el dictador, improvisarle un uniforme de Coronel del Ejército Sirio y sentarlo en la silla presidencial. Bashar no es más que un títere de la cúpula militar, por lo demás, dentro de la tradición familiar, un títere muy sanguinario. Siguiendo los pasos de otros luchadores idealistas antiimperialistas socialistas árabes como Saddam Hussein, también del partido Baath, quien usó gas sarín en la guerra contra Irán y aun en su propia población, como lo hizo contra sus hermanos kurdos en la Masacre de Halabja, en marzo de 1988, en donde 5.000 murieron de inmediato, miles en los años siguientes y 10.000 quedaron lesionados; donde hasta los perros y vacas fueron exterminados; el hermano Bashar atacó con armas químicas a opositores en las afueras de Damasco, con el resultado de casi 1.600 fallecidos, incluyendo 549 niños. https://es.wikipedia.org/wiki/Ataque_qu%C3%ADmico_de_Guta Hoy los servicios de inteligencia de EEUU, Francia y Alemania, que se sepa, afirman estar en posesión de evidencia de este ataque con el gas nervioso conocido como Sarín. Los venezolanos gozamos del honor de ser subyugados por los cómplices en esta gesta de Bashar contra el imperialismo gracias al apoyo irrestricto de la revolución bolivariana –antes de Chávez, ahora de sus herederos- a la noble causa de Bashar, y que tantas violaciones de Derechos Humanos ha requerido. Con las donaciones de diésel para los heroicos ejércitos sirios, y el respaldo político y económico en otras vertientes, cada jerarca revolucionario y cada simpatizante de la revolución tiene su alícuota de muerte en cada cadáver de infante, mujer, anciano y hombre caído ante las armas propulsadas por nuestro petróleo. Los humanitarios lanzallamas sirios con combustible venezolano que a tantos niñitos opositores han achicharrado vivos, son algunas de estas armas. Esto –no tengo la menor duda- colma con orgullo el pecho de todo hombre nuevo idealista y antiimperialista venezolano; ya que la contribución de la muerte de inocentes y la salvación de Bashar, son indispensables para la derrota del Imperialismo Yankee. Llámese Bashar, Hafez, Saddam, Osama, Khadafy, El Chacal, Fidel, Mao o Pol Pot, basta con que un genocida se proclame luchador idealista socialista antiimperialista antiyankee, para disfrutar del respaldo incondicional de todo izquierdista que se respete y de licencia para continuar su genocidio. ¡Viva Bashar!
No hay empates en una guerra. Y los buenos sentimientos son la máscara del que apostó a rendirse Un camión arremete en Jerusalén contra los viandantes: cuatro de ellos mueren. Nada demasiado distinto de lo que está sucediendo en cualquier punto de Europa. Pero, en Jerusalén, la defensa armada contra el agresor es inmediata. Y el asesino es abatido antes de que llegue a dar pleno curso a su matanza. Eso sí es muy distinto. Combates o mueres. Haces frente al enemigo o el enemigo te mata. Es la palmaria diferencia entre Israel y Europa: entre un joven país democrático que no siente vergüenza de serlo y una vieja tierra que inventó la democracia hace más de dos siglos y que ya ningún deseo parece tener de defenderla; o ninguna fuerza. Cada ciudadano israelí sabe que sigue vivo porque su vida es un combate con las armas en la mano. Cada ciudadano europeo se sabe incapaz de hacer otro uso de las armas que no sea servirles de blanco. Setenta y dos años después de ser salvada del nazismo por los soldados norteamericanos, Europa sigue sin tener ejército. Y sin beneficiarse de ninguna de las redes de protección que un ejército moderno despliega. Los asesinatos masivos de París, de Niza, de Berlín pusieron en primer plano la inexistencia de servicios de inteligencia europeos mínimamente operativos. Los yihadistas que asesinaban en la Redacción de «Charlie Hebdo» o en un concierto de rock and roll en la sala Bataclan, circulaban sin el menor problema entre Bélgica y Francia, cargando con explosivos, munición y armas de guerra, sin ningún riesgo de ser incomodados por «racistas» controles policiales. El asesino de Berlín circuló por media Europa, antes de ser, por venturoso azar, abatido en un enfrentamiento en el norte de Italia. No hay islamista que no sepa hasta qué punto asesinar masivamente en Europa es hoy tarea al alcance de un niño. Europa está perdiendo esta guerra. Sería de una inconsciencia boba no constatarlo. Las fantasías de una sociedad perdida en su ensoñación de haber acabado con los primitivismos bélicos sólo podían conducir a esto. No, la guerra no es una anécdota que pueda ser borrada del comportamiento humano. El mamífero hablante que somos es una variedad particularmente cruel de animal predador. Que sólo ante el riesgo de ser matado se abstiene de matar. Bien contra su gusto. Si en Europa late aún un átomo de deseo de supervivencia, sólo alzando la constancia de un ejército fuerte podrá imponerlo. Los refugees welcome de nuestros neobucólicos son apenas la versión cursi del viejo lamento de la Sybila en Cumas: apothánein thélo, «morir es lo que deseo». En Israel, un asesino al volante de un camión sabe que no llegará lejos antes de que una bala ciudadana le vuele cabeza. En Europa, sabe que jugará a los bolos hasta que se canse, se estrelle o se le agote la gasolina. Tal es la diferencia entre una sociedad que quiere vivir libre y una sociedad que ya no quiere nada. No, no hay empates en esa guerra. http://www.abc.es/opinion/abci-mismo-distinto-201701101654_noticia.html