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lujilera

Usuario (Argentina)

Primer post: 16 mar 2011Último post: 16 mar 2011
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Sigmund Freud: una biografía bastante curiosa.
Ciencia EducacionporAnónimo3/16/2011

link: http://www.youtube.com/watch?v=Sigmund Freud - Biografia 1/5 link: http://www.youtube.com/watch?v=http://www.youtube.com/watch?v=gSkOQqNlYHA&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=http://www.youtube.com/watch?v=vkKrDjZEThk&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=http://www.youtube.com/watch?v=myE2aMXk2gM&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=http://www.youtube.com/watch?v=GRHo41Q8D4s&feature=related En 1938, a los 81 años de edad, Sigmund Freud, el padre de la psiquiatría moderna, hacía esta grabación acerca de su vida y de su carrera. La única grabación que hizo en toda su vida. “Comencé mi vida profesional intentando aliviar a los enfermos neuróticos. Descubrí datos muy importantes acerca del inconciente.” Encontró unas zonas reprimidas de la mente, lo que había desaparecido del pensamiento conciente: fantasías de incesto, fantasías de asesinato, odios reprimidos. Tuvo un concepto de sexualidad en una etapa en la que todo el mundo pensaba que los niños eran inocentes, y revoluciona por completo el significado de lo sexual. Tenía reputación de libertino, de que escribía pornografía y de que era una persona sucia, asquerosa y desagradable. “La gente no creía en mis teorías y pensaban que mis ideas eran infamantes. Al final triunfé, pero la lucha no ha terminado.” SIGMUND FREUD: Análisis de la mente. Sigismund Schlomo Freud nació el 6 de mayo de 1856 en el pequeño pueblo moravio de Frieberg, a unos 160 kilómetros al norte de Viena, la capital del imperio astrohúngaro. Su padre Jacob era un comerciante judío de lana, que apenas sacaba lo justo para vivir en un ambiente anti-judío hostil y en ocasiones peligroso. Jacob tenía 42 años cuando Sigmund nació, 20 años mayor que su tercera esposa Amalia. Aquella familia que vivía en una sola habitación con dos hermanastros adultos, era un lugar desconcertante para crecer. Tiene dos hermanastros que parecen lo suficientemente mayores para ser sus padres o los maridos de su madre. Tiene un padre que es suficientemente mayor para ser su abuelo. Debe haber sido todo un problema para Freud llegar a situar cada pieza en su sitio. El rompecabezas se complica aun más cuando a los dos años, su madre tiene un segundo hijo Julius, que muere 6 meses después. La experiencia del nacimiento y de la muerte en circunstancias tan próximas tuvo que ser algo no sólo perturbador sino estimulante, incluso un sobre-estímulo para el niño. Al joven Sigmund le pusieron el nombre de un legendario emperador moravio. Nació con una recia cabellera oscura, y una vieja campesina le vaticinó que estaba destinado a vivir un futuro de grandeza. Su madre le llamaba “mi niñito dorado” En 1860, los Freud se trasladan a Viena, una gran capital europea con un gran gheto judío. La familia crecía. Con 10 años, Sigmund ya tenía 5 hermanas y 1 hermano, pero el niñito dorado aun recibía un tratamiento especial.Freud era el único miembro de la familia que tenía su propia habitación en la que podía estudiar y leer. Cuando una de sus hermanas comenzaba a tocar el piano, decía que el ruido le molestaba. Como resultado de sus quejas, el piano fue retirado. Lo que nos da una idea de su posición tan especial. Freud justificaba esta posición sacando las mejores notas en la escuela judía y estudiando idiomas por su cuenta. A los 12 años leía Shakespeare en inglés y hablaba seis idiomas con fluidez. Estudiaba obsesivamente, comía en su habitación para ahorrar tiempo. Al mismo tiempo había desarrollado una afición poco habitual. Guardaba una descripción detallada de los sueños de su niñez, describiendo y clasificando sus propios sueños cuando sólo era un niño. Está claro que este interés por los sueños y la vida fantástica es algo que desarrolló muy temprano. Los sueños de Freud eran inusualmente heroicos. A los 10 años llamó Alejandro a su hermano pequeño en honor de Alejandro Magno. Se identificaba con Napoleón, y le indignaba el humillante antisemitismo de Viena que daría a su ambición un talante combativo. Siendo Freud un adolescente su padre le explica cómo una vez su padre iba caminando por la calle y alguien se le aproxima y le dice: “Judío, bájate de la acera y quítate el sombrero”. Y Freud le pregunta a su padre: “¿Y tu qué hiciste?”. Y su padre le dice: “Me limité a bajar de la acera, quitarme el sombrero y seguir caminando”. A Freud le pareció que la postura de su padre era terriblemente humillante. Juró que él se comportaría de una manera diferente si alguna vez era agredido físicamente o de cualquier otra forma. Siendo un adolescente, escribió a un compañero de juego para que guardara aquellas cartas. “Nunca se puede llegar a saber lo importante que pueden ser, nunca se sabe”, dijo. En 1873, Freud ingresa en la escuela de medicina de la universidad de Viena. Siendo aun un estudiante llevó a cabo una importante investigación sobre los órganos sexuales de las anguilas, diseccionó más de 400 además de los sistemas nerviosos de los peces con los que ilustraba en una carta a un amigo. Freud quería llegar a ser un investigador científico pero había un cupo muy limitado para los judíos en tan prestigioso campo. En contra de su voluntad, pero necesitado de ganarse la vida, decidió convertirse en médico. Estaba desesperado por tener una posición porque se había enamorado de Martha Bernays, una amiga de su hermana que tenía 20 años. Freud que tenía 25, era a la vez apasionado y tímido. Aquel romance fue intensamente victoriano. Es el clásico romance victoriano que en su mayor parte se desarrolla por correspondencia. El joven Freud no tenía experiencias con las mujeres. El compromiso duró cuatro años. Una prueba de abstinencia durante la cual Freud vió a Martha, que vivía en Alemania con su madre, sólo seis veces. Le escribió más de 900 cartas intensas de amor dirigiéndose a ella como “mi adorada princesa” y “mi más preciado tesoro”. El largo compromiso hizo que Freud se impacientara por conseguir éxito profesional, y en 1884 comenzó a investigar una nueva droga que pensó que podría hacerle conseguir la fama. Esa droga era la cocaína. Él busca un golpe de fuerte. Él había oído hablar sobre los efectos terapéuticos de la cocaína con los soldados austríacos, y decidió experimentarla con sí mismo y con un colega suyo, y muy precipitadamente comenzó a recomendar públicamente el uso de la cocaína como un remedio terapéutico. Ignoraba que tenía propiedades adictivas. Realmente Freud estaba tomando generosas dosis de cocaína e incluso enviando un ocasional medio gramo a Martha para ser dividido en cinco grandes dosis u ocho pequeñas, tal y como Freud le explicaba. En cuanto a él mismo, Freud le prometió que la próxima vez que ella le diera sería un gran hombre libre, con cocaína en su cuerpo. Freud asumió realmente la defensa de la cocaína porque ante todo ejercía un maravilloso efecto en él mismo. Él era un tipo de persona depresiva, taciturna, y ciertamente las cualidades eufóricas de cocaína levantaban su espíritu. Desafortunadamente los experimentos de Freud con la cocaína acabaron en desastre. Ingenuamente entusiasta, impaciente por su propio éxito, prescribió la droga a un amigo íntimo Ernst von Fleischl-Marxow, con la esperanza de desengancharle de una angustiante adicción a la morfina. Pero en lugar de eso, Fleischl-Marxow desarrolló una fatal adicción a la cocaína. Para empeorar las cosas, otro amigo y compañero científico Carl Koller, siguiendo la línea marcada por Freud, descubrió que la cocaína podía ser usada como un anestésico en cirugía ocular. Él, y no Freud, se hizo famoso de la noche a la mañana. A pesar de estas experiencias y de la mala fama que le supuso en los círculos profesionales, Freud continuó usando cocaína como reconstituyente hasta 1895. Una de las cosas que no le permitieron darse cuenta de las propiedades negativas de la cocaína fue el hecho de que él la utilizara solo intermitentemente y nunca se convirtió en adicto. A lo que era realmente adicto era al trabajo. En 1885, Sigmund Freud era un interno desconocido en el hospital general de Viena. Su especialidad eran las enfermedades nerviosas, un campo que incluía la histeria y otros trastornos excéntricos. Pero Freud en realidad eligió esta especialidad por razones prácticas. Estaba impaciente por casarse y había muy pocos médicos en ese campo. La enfermedad mental era la asignatura pendiente de la medicina del siglo XIX, tanto en lo que se refería al conocimiento como al tratamiento. Antes de Freud, a la gente se le hacía girar en sillas con lo que acababan mareados. Les mojaban con agua fría, se les obligaba a llevar cadenas. Los médicos más ilustrados de aquél entonces, asumían que la histeria y los malestares relacionados con ella tenían una causa física, tal como un daño nervioso o una lesión en el cerebro. Freud compartía esa visión cuando fue a París en 1885 para estudiar con una de las autoridades mundiales en trastornos nerviosos, un carismático francés Jean Martin Charcot. Charcot dirigía extraños pero fascinantes experimentos sumiendo a pacientes histéricos en un estado de hipnosis, experimentos que hicieron a Freud reconsiderar totalmente sus ideas y le impulsaron hacia una larga vida de exploración de la psique. Las enfermedades pueden ser causadas por ideas. Esto es lo que tomó de las ideas de Charcot. Charcot hipnotizaba a la gente y probó que se podían introducir ideas en alguien en el estado hipnótico y producir un síntoma físico. La idea clave de Charcot era que podía haber algo en alguna parte de la mente que tuviera que relación directa con el tipo de síntoma que mostraban los histéricos en aquel tiempo. En otras palabras, no estaba sólo en el cuerpo sino también en la mente. Mas específicamente en alguna parte oculta de la mente, lo que Charcot denominaba “la segunda mente” y que Freud con el tiempo acabaría llamando “el inconciente”, uno de los conceptos claves del siglo XX. El 5 de abril de 1886, pocas semanas después de volver de París, Freud abrió su propio consultorio. Alquiló un estudio de una sola habitación en la zona entonces de moda en Viena, y apenas conseguía sacar lo justo para llegar a fin de mes. Comenzó su trayectoria en la medicina practicando la hipnosis. El famoso diván freudiano proviene de entonces. Resultaba más fácil poner a alguien en trance cuando estaba acostado. Inspirado por Charcot, Freud esperaba llegar a la segunda mente de sus pacientes y acabar con la histeria mediante la sugestión hipnótica. En realidad no funcionaba, pero no era menos efectivo que cualquier terapia de la época, algunas de las cuales Freud también utilizó. Utilizaba los remedios terapéuticos habituales, las aguas minerales, la electroterapia, la hidroterapia, incluso el magnetismo. A Freud se le llamaba el “magnetizador” ya que practicaba con pacientes a los que transfería síntomas de una parte del cuerpo a otra. Nada de eso funcionaba, y Freud cada vez se iba fascinando más por el por qué de dicho fracaso. Un colega, el doctor Josef Breuer le proporcionaría una pista crucial. Breuer le habló a Freud sobre una peculiar paciente conocida en la historia psicoanalítica como Anna O., e incluso sobre un tratamiento aun más peculiar: el procedimiento de la cura de charlas (talking cure) o limpieza de chimeneas. Anna O. es una histérica muy grave. Padecía contracturas, tenía parálisis, tenía deteriorada la visión y el habla. Breuer comienza a verla diariamente y mientras describe sus síntomas se da cuenta del hecho de que cuando ella le habla sobre el origen del síntoma, éste tiende a aparecer. Esta es la paciente que acuña el término de “talking cure”, que se convierte en la base de toda psicoterapia. Usando todavía la hipnosis, Freud adoptó este insólito y novedoso tratamiento, hablando con sus pacientes sobre sus síntomas, intentando descubrir dónde y cómo empezaron. Lo que descubrió resuena todavía a través de la cultura occidental, paciente tras paciente remontó su histeria hasta las experiencias traumáticas de la infancia referentes al sexo. Parecía que el sexo estaba en la raíz de la enfermedad neurótica. Durante un tiempo, Freud creyó que toda histeria se derivaba de un abuso sexual en la infancia. Con el tiempo, arguyó que podía provenir tanto de un abuso real como el de una fantasía sexual reprimida y culpable de la infancia. En ambos casos, el sexo estaba en el fondo del problema. De hecho, el sexo afloraba en todas partes, incluso en el consultorio de Freud. Todas sus pacientes femeninas, una tras otra, experimentaban sentimientos románticos hacia su médico. Al finalizar una de estas sesiones, una mujer abrazó a Freud y le dio un beso apasionado. Freud estaba más interesado en el aspecto científico y reflexionó sobre este nuevo enigma. Con el tiempo, Freud se daría cuenta que sus pacientes le estaban transfiriendo sentimientos pasionales que tenían hacia sus padres. El concepto de transferencia se convirtió en un instrumento crucial en psicoterapia. Irónicamente mientras la vida laboral de Freud estaba saturada de cuestiones sexuales, su vida sexual en ese momento iba disminuyendo y amenazaba con volverle neurótico. Se casó con Martha a los 30 años y la pareja tuvo seis niños en ocho años. Freud no quería más descendencia pero detestaba el control de natalidad, especialmente el entonces prevalente método de la retirada (coito interruptus). Sus numerosos pacientes masculinos le convencieron que esa era la causa fundamental de la ansiedad neurótica en los hombres. En la década de 1890 afirmó que la única manera de que un hombre no se volviera neurótico era mantener un contacto sexual, libre y sin barreras con su cónyuge. Lo que significaba la no utilización de condones, del coitos interruptus ni de la masturbación, si terminaban practicando haciendo una de esas cosas, podían terminar siendo un neurótico. Después del nacimiento de Anna en 1895, Freud, el hombre que hizo de la libido una palabra corriente, y distinguió al sexo como una fuerza fundamental en la psique humana renunció al sexo durante varios años. El trabajo era para Freud cada vez más su pasión. El ambicioso niño de oro se dejó atrapar por el encanto científico de una vida dedicada al trabajo. Puso en orden las revolucionarias ideas sobre los sueños, el inconciente y la sexualidad en una nueva y radical concepción de la mente. Hacia 1890, Sigmund Freud había conseguido el suficiente éxito con su peculiar método de asociación libre como para abrir nuevas oficinas en un distrito de moda en Viena. Freud vivió y trabajó ahí durante 47 años. El 23 de octubre de 1896 murió Jacob, el padre de Freud. Desbordado por los sentimientos de dolor y de desconcierto, Freud a la edad de cuarenta años, decidió autoanalizarse. El análisis del propio Freud, el viaje dentro de su propio inconciente, constituye un momento legendario, casi mítico, en la historia de la psiquiatría. Freud fue la primera persona que fue capaz de levantar sus propias defensas, vencer su propia resistencia e interpretar su propio inconciente. Freud había descubierto recientemente lo que él llamaba “el camino real hacia el inconciente”: los sueños, y había desarrollado un método peculiar pero fascinante, para investigar ese camino: asociación libre, que consistía en relacionar todo lo que le venía a la mente sin límite alguno. Cada noche, después de atender a sus pacientes, Freud se tumbaba en el diván y practicaba la asociación libre con sus propios sueños. Uno de aquellos sueños le inspiraba una imagen intensa y sugerente. Freud examinándose a sí mismo, tumbado en el diván. Estaba claro que Freud tenía muchas neurosis para examinar, entre otras cosas, tenía fobia a viajar. Deseaba ir a Roma, y en una ocasión llegó a alejarse unos 80 km de la ciudad pero se dio la vuelta y volvió a casa. También tenía tendencia a desmayarse en presencia de otros hombres importantes, y además sufría una severa adicción al tabaco. Al principio, durante un año, el proceso de autoanálisis hizo que empeoraran sus síntomas porque estaba mirando en lo que él llamaba el montón de estiércol, que son todos aquellos sentimientos que le producían vergüenza o ansiedad y que habían acabo en el inconciente: fantasías de incesto, fantasías de asesinato, formas inaceptables de rivalidad, odios reprimidos. El hecho de que cuando todavía era un niño deseara la muerte de su hermano, o se sintiera atraído por su madre, afrontar el hecho de que un niño pudiera tener apetitos sexuales por alguno de sus padres era algo demasiado radical para aquél tiempo. Deseo sexual hacia su madre, odio del niño hacia su padre, sentimientos increíbles, imposibles de reconocer en uno mismo, especialmente en 1896; pero Freud observaba estos recuerdos con la mentalidad de un científico sin juicios morales, y entonces se preguntó “¿Qué pasaría si todos los niños, en todas partes, experimentaran sentimientos de amor y odio hacia sus padres? ¿Qué ocurriría si esos sentimientos fueran parte del proceso de desarrollo del ser humano?”. “Complejo de Edipo”, fue el nombre que finalmente dio Freud a este amasijo de pasiones infantiles. El nombre proviene de una obra de Sófocles: “Edipo Rey”, en la que Edipo rey de los ladrones, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. “Es un destino que nos mueve porque pudo haber sido el nuestro. Quizás sea algo inevitable que dirijamos nuestro primer estímulo sexual hacia nuestra madre, y nuestro primer odio e impulso asesino contra nuestro padre. Nuestros sueños nos convencen de que es así”. (Sigmund Freud) No es sorprendente que las ideas de Freud fueran recibidas con burlas. Tenía reputación de libertino, de que escribía pornografía y de que era una persona sucia, asquerosa y desagradable. Había mucha envidia y resentimiento contra sus teorías. Tenía que decirle a la gente que su hijo quería casarse con su madre, y esto no sentaba muy bien a muchos padres. El autoanálisis de Freud duró cuatro años. No consiguió curarse de todas sus neurosis, pero pudo superar su fobia a viajar. En 1901 hizo el primero de sus viajes a Roma, y aun más importante, Freud recogiendo sus propios sueños y recuerdos, escribió lo que él mismo consideraba su mejor trabajo, “La interpretación de los sueños”. Aquello era un diario de su propio autoanálisis. El libro se publicó en 1899, pero Freud puso la fecha de su publicación en 1900, debía hacerlo entrar en el siglo XX, nadie se dio cuenta. El libro de los sueños con ideas que convulsionarían nuestra época vendió sólo 300 ejemplares en seis años. Hacia 1900, aquella serie de ideas sorprendentes tomaban forma en lo que sería nada menos que una nueva ciencia, la ciencia del Psicoanálisis. El objetivo de Freud era extender el Psicoanálisis por el mundo, darle forma de movimiento internacional; pero su mayor temor era que el antisemitismo pudiera cruzarse en el camino, de hecho fue tachada de ciencia judía, y ciertamente sólo los judíos mostraron algún interés por Freud a principio de siglo. Hacia 1902 había conseguido reunir a un pequeño círculo de seguidores, todos ellos judíos. Empezaron a reunirse todos los miércoles en la sala de espera de Freud, en lo que acabaría por conocerse como “la sociedad de los miércoles”. El tema de su primera reunión tenía mucho que ver con Freud: el sentido de fumar tabaco. En aquél momento, Freud fumaba de 20 a 25 cigarros diarios. Otro tema interesante podrían haber sido los garabatos, en concreto, los garabatos de Freud. Imágenes inconcientes y signos que le gustaba hacer durante las reuniones de la sociedad. Freud continuó escribiendo durante aquellos años y alcanzó un éxito sorprendente con un libro que ilustraba el inconciente con ejemplos de la vida cotidiana, y que introducía una de sus más famosas ideas: el error freudiano: sueños, deslices y bromas. Alguien a quien Freud estaba deseando conocer era a Carl Jung, jo-judío integrante del círculo, un brillante psiquiatra suizo, que seguía las ideas de Freud y a quien Freud veía como su más notable discípulo. Sin embargo, lo que realmente hacía especial a Jung no tenía que ver con sus ideas. Un punto de inflexión en el reconocimiento de Freud llegaría en 1909 cuando le invitaron a ir a América para dar una serie de conferencias en la universidad Clark, en la que recibió el doctorado honoris causa. Sin embargo, el futuro del Psicoanálisis estaba aun lejos del reconocimiento. Los discípulos más famosos de Freud, incluido Jung, empezaron a diferir en algunos puntos. Freud, el patriarca del movimiento, no toleraría este tipo de rebelión. Exigía una lealtad absoluta, y si no era así entonces cortaba la relación. La relación de Freud con Jung, a quien llamaría su hijo amado, se volvió especialmente tensa. Por tres veces, Freud se desmayó en frente de Jung, en respuesta de lo que Freud presentía el deseo de Jung de verlo muerto. Rompieron su relación en 1914 y ya no volverían a dirigirse la palabra. Para librarse de traiciones futuras Freud creó un comité secreto de discípulos incondicionales, defendían las ideas fundamentales de Freud y le juraban lealtad llevando unos anillos que él mismo había hecho a partir de una gema griega. La I Guerra Mundial fue un momento decisivo para Freud, no menos que para el mundo. La masacre confirmó sus peores ideas sobre el lado oscuro del inconciente y la psicología de los seres humanos. La I Guerra Mundial asustó mucho a Freud. En primer lugar hay que recordar que sus tres hijos fueron alistados en el ejército austríaco. Entre tanto, le llegaban noticias de cientos de miles de muertos, y el impacto que le produjo esa fuerza tan negativa hizo que mirara con escepticismo el potencial aversivo del hombre, porque ante sus propios ojos vio que se hacía realidad. La guerra golpeó duramente a Freud tanto en el plano personal como en el filosófico. Pasó los inviernos tiritando de frío en su estudio intentando trabajar. Las cosas le iban tan mal, que Freud pidió que le pagaran en patatas por un trabajo escrito. Los malos tiempos continuaron después de la guerra. Sophie, la hija favorita de Freud, murió por desnutrición y neumonía en 1920. Seis semanas después de su muerte, publicó uno de sus más oscuros y controvertidos trabajos: “Más allá del principio del placer”. En él, Freud argumentaba que hay un instinto en los humanos más allá de la libido, un instinto agresivo, un instinto mortal. Desarrolló su doble teoría de Eros y Tánatos. Tánatos era el impulso agresivo, destructivo, que definió tan propio e instintivo en el ser humano como Eros, que era el impulso amoroso y constructivo. Después de la I Guerra Mundial es cuando empieza a formularse el impulso agresivo. El hombre tiene una necesidad primaria de destruirse a sí mismo cuando se le deja libre. En 1923, le sobrevino otro duro golpe cuando desarrolló un tumor cancerígeno en la boca, y le tuvieron que quitar una gran parte de la mandíbula. Aquella fue la primera de 33 operaciones en dieciséis años. Freud tenía que llevar una prótesis tan grande en la mandíbula que acabaron por llamarle “el monstruo”. Extremadamente doloroso, tenía que quitársela y limpiarla a diario, asi que se habilitó una habitación especial en “vargasa 19”, Viena, destinada a estos menesteres. A pesar del cáncer, Freud no pudo dejar su adicción al tabaco. Un error imperdonable para el terapeuta más famoso del mundo. Hacia 1920 Sigmund Freud ya era un hombre familiar. En 1918, Freud rompió una norma del Psicoanálisis, cuando comenzó secretamente a analizar a su hija. Ella era su enfermera, su secretaria, su hija. Ciertamente era una relación muy cercana entre dos seres humanos. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, los peores temores de Freud acerca de las oscuras fuerzas del inconciente se hicieron realidad. Aquello era una psicosis llevada al extremo y a escala masiva. Como era de esperar, los libros de Freud estuvieron entre los primeros que Hitler ordenó quemar. Freud dijo: “Estamos progresando, en la Edad Media me hubieran quemado a mi, ahora se conforman sólo con quemar mis libros”. Entre aquellos libros estaba el más reciente y aparentemente menos prometedor: “El malestar en la cultura”. En él investigaba el enfrentamiento entre cultura y barbarismo. Cuanto más viejo se hacía Freud, más pesimista se volvía. Porque todo lo que esperaba que podía aportar una sociedad cada vez más civilizada estaba empezando a desmoronarse. En otras palabras, el animal que es el hombre, había organizado en estos partidos políticos extremistas que estaban amenazando con destruir el mundo. A pesar de esta amenaza, Freud se permitía tomarse unas vacaciones en el campo austríaco. Sus aficiones favoritas eran la lectura, jugar con sus perros y recoger flores. El 14 de septiembre de 1936, los Freud celebraron sus bodas de oro. Con ochenta años, Freud era todavía el centro y la cabeza de esta gran familia. El 13 de marzo de 1938 Alemania aleccionó Austria y Hitler entró en Viena. A pesar del peligro, Freud se negó a marcharse. Pensaba que podía vivir su vida en Viena y que todo acabaría calmándose. Tenía muchos amigos poderosos asi que estaba muy protegido. Era el judío más protegido de Austria. Freud necesitaba de toda la protección posible. El 14 de marzo de 1938, grupos de nazis saquearon su consultorio y se hicieron con más de 1500 dólares. “Yo nunca había sacado tanto por una sola visita”, dijo Freud después de que se fueran. Una semana después, la Gestapo visitó a Anna Freud y la retuvo por un interminable día en su cuartel general. Por fin Freud, a pesar de la edad y de la enfermedad, le vio la cara al peligro y aceptó marcharse. El 5 de junio Freud, Martha y Anna salieron de Viena hacia Paris, con destino a Londres. Al hacer la crónica de su salida, los periódicos de Viena se referían al trabajo de Freud como una especialidad pornográfica y judía. Las cuatro hermanas de Freud no pudieron salir, murieron en campos de concentración. En Londres, el propio Freud tenía la mirada de refugiado. Para empeorar las cosas, su cáncer se reprodujo y tuvo que soportar otras dos operaciones en el invierno de 1939. Débil y cercano a la muerte siguió recibiendo pacientes y visitas. Una de aquellas visitas fue la del artista surrealista Salvador Dalí. A mediados de junio de 1939 su cáncer ya era inoperable, y el dolor era inaguantable. El 23 de septiembre de 1989 murió de una dosis letal de morfina. El médico le ayudó a morir en paz. Las cenizas de Freud descansan en una vasija etrusca de su colección de antigüedades. Siempre se había visto a sí mismo como un arqueólogo de la mente, extrayendo los viejos secretos del inconciente. Aquellos secretos ayudaron a dar forma a la conciencia del siglo XX.

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