luisafernandaami
Usuario (Colombia)
Qué sería de un thriller o película de miedo sin que algún psicópata o poseído demoníacamente aparezca con los ojos desorbitados o de otro color. Pero como suele decirse, la realidad siempre supera la ficción y son varios los relatos que se acumulan en Internet desde la década de 1990 sobre la aparición de jóvenes de entre nueve y 17 años con los ojos negros, algunas veces llamados ‘Bek’. El más elocuente de ellos corresponde a lo vivido por el periodista estadounidense Brian Bethel el 16 de enero de 1998. A continuación, una versión acortada en primera persona de lo que experimentó: “Era de noche, recordé que adeudaba la cuota mensual de Internet y para evitar un indeseado corte, decidí ir al centro comercial donde la empresa tenía un buzón para pagos fuera del horario comercial. Al lado de la antigua sede de Camalott Communications, en Abiline, se hallaba un cine, que en ese momento proyecta Mortal Kombat, así que estacioné frente a la marquesina para aprovechar la luz y escribir el cheque, cuando de repente alguien golpeó la ventana del acompañante. Volteé la cabeza y vi que había dos niños observándome. Era difícil determinar su edad exacta, pero tendrían entre 10 y 14 años. Pensé que me iban a pedir unas monedas e inesperadamente sentí pánico. (…) Fue algo indescriptible que nació desde lo más interno y primitivo de mi ser. El chico más alto sonrió y eso me heló aún más la sangre. Sabía que algo no estaba bien, pero no sabía qué era. Por inercia bajé el cristal y pregunté qué necesitaban. Él chico sonrió aún más y pude ver que sus dientes era muy, muy blancos. ‘Hola, señor, tenemos un problema’, respondió, mientras el otro chico permanecía mirándome fijo, en silencio. La voz era la de un joven, pero su dicción era calma, tal vez muy aplomada para su edad. Sentí ganas de irme, pero no puede evitar seguir oyéndolo. ‘Verá, mi amigo y yo queríamos ver la película, pero olvidamos nuestro dinero’, continuó. ‘Necesitamos ir a nuestra casa por él. ¿Nos llevaría?’ ‘…Uh, bueno…’, fue lo mejor que pude decir. Aquí es donde la historia se vuelve más rara porque su compañero silencioso lo miró con una mezcla de confusión y culpa en el rostro. Parecía algo sorprendido porque no abrí la puerta de inmediato. El hablante me miró algo perturbado, como si supiera que estaba buscándoles algo raro. ‘Vamos, señor…’, dijo de nuevo, suave como la seda. ‘(…)¿Qué película quieren ver?’ pregunté finalmente. ‘Mortal Kombat, por supuesto’, contestó. ‘Claro’, respondí y miré rápidamente la marquesina y el reloj en mi auto. La película había empezado una hora atrás y era la última función de la noche. Me interrumpió y dijo: ‘Vamos, señor… déjenos entrar. No podemos entrar hasta que nos deje (…). Solo déjenos entrar y nos iremos antes de que lo sepa. Iremos a la casa de nuestra madre’. Me di cuenta de que mi mano estaba en la manija de la puerta, casi por abrirla, cuando la retiré de manera violenta por algo, por algo que me obligó a no mirar a los niños. Y cuando los miré nuevamente, cuando mi mente volvió en sí, vi por primera vez sus ojos. Eran negros como el carbón. Sin pupila. Sin iris. Sólo dos orbes negros que reflejaban la luz roja y blanca de la marquesina. El joven silencioso tenía una expresión de horror que parecía indicar dos cosas: ocurrió lo imposible y se dio cuenta. El mayor aparentó furia y reiteró: ‘Vamos, señor. No lo lastimaremos. Tiene que dejarnos entrar. No tenemos armas…’. Esto me asustó a más no poder. Con ese tono prácticamente estaba diciéndome ¿No necesitamos un arma’. Elevó la voz y con palabras que mezclaban enojo y pánico dijo por última vez: ‘¡No podemos entrar si no nos… da… permiso!’. Ya tenía la mano sobre la palanca de cambio y arranqué en reversa a toda velocidad. Cuando volteé para verlos bien. Habían desaparecido. En todos los años venideros, Bethel no volvió a vivir un hecho así y es al día de hoy que sostiene esta historia. ¿Qué le pasó esa noche? ¿Qué hubiera pasado si dejaba subir a esos niños a su coche? Una de las cosas que más atemoriza al periodista es que relatos como el suyo hay muchos. Lo cierto es que no nadie sabe con exactitud quiénes son estos espeluznantes seres ni la razón del color de sus ojos. Las múltiples teorías apuntan a lo paranormal y hablan de fantasmas, demonios y vampiros. Incluso, algunos se aventuran a afirmar que se trata de alienígenas. Pero en lo que todos los testigos coinciden es en que se trata de jóvenes que de alguna manera buscan ingresar a espacios privados -una casa, un vehículo-, incapaces de hacerlo si las personas que se encuentran en ellos les niegan el permiso para hacerlo. Qué ha ocurrido con los que accedieron al pedido, nunca lo sabremos… ¿Habías escuchado hablar de los niños de ojos negro? ¿Qué te parece su misteriosa leyenda?

Sócrates (470 -399 aC), maestro de Platón, fue condenado a muerte, acusado de pervertir con sus ideas a los jóvenes. Antes de beber la cicuta, leemos en el Fedón (de Platón) que dice: “La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto no es nada ni tiene sensación de nada, o bien, según dice, la muerte es precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de aquí a otro lugar. Si es una ausencia de sensación y un sueño, como cuando se duerme sin soñar, la muerte sería una ganancia maravillosa…pero ya es hora de marcharnos, yo a morir, vosotros a vivir. Quién de nosotros se dirige a una situación mejor es algo oculto para todos, excepto para el dios”. François Mauriac (1905-1970) Escritor francés. La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente Epicuro (341-270 aC), decía: “La muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya. A persa de ello, la mayoría de la gente unas veces rehuye a la muerte viéndola como el mayor de los males, y otros la invocan para remedio de las desgracias de la vida. El sabio por su parte, ni desea la vida, ni rehuye el dejarla, porque para él vivir no es un mal, ni considera que lo sea la muerte. y así como entre los alimentos no escoge los más abundantes, sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso en placer” Que el alma humana fue creada junto con su cuerpo con un principio especifico en el tiempo y en que , por lo tanto , era inmortal , no conocía fin , su destino es eterno quedaba establecido de acuerdo a sus creencias y comportamientos ,ese destino representa una consignación con el cielo o el infierno.. Podemos reconocer a esas almas, porque destacan, impactan, y no nos dejan indiferentes. Puede que sólo se crucen un instante en nuestra vida o permanezcan en ella para siempre. El ser-para-la-muerte: Un día en la vida de la muerte: