luis960701
Usuario (Perú)

Habia una vez un gatito llamado Tomas que se convirtio en terrorista Lo primero que hizo fue matar a una gata que le fue infiel GATA: No me mates¡¡¡ NOOOOO¡¡¡¡ xD GATO: Muere por serme infiel: Despues de matar a la gatita, fue buscado por la policia Luego de varias semanas fue encontrado y arrestado Al pasar los meses, fue liberado, pero juro vengarse de sus dueños por eso practico con el francotirador se volvio un experto con el francotirador Le disparo a su dueña y miren como quedo. Y al gato le encantaban las costillas humanas: Y tambien que la dueña era mala que no le daba de comer asi que se no le caeria mal unas costillitas Despues de eso vinieron los policias y lo arrestaron cuando trataba de escapar Mas tarde todos los gatos del barrio salieron a defenderlo e hicieron una huelga en frente de la comisaria pidiendo libertad del gato Tomas Despues de 3 años el gato Tomas salio en libertad por falta de pruebas. Pero el gato juro nunca mas matar a una persona Luego el gato Tomas celebro con una cerveza, con otra, con otra y se volvio adicto Tomaba y tomaba el pobre Tomas Luego sin dinero dejaría un poco la cerveza pero estaría jodido Al dia siguiente, una camioneta atropello a Tomas Por milagro solo resulto fracturado Pero terminara siendo contratado por Shrek 1, 2, 3, 4 por tener ojos tan grandes Terminara enamorandose de una gatita Pero el amor no le sonreira y quiso meterse en vicios pero el queria saber como era la marihuana y entonces la probo Al gastarse todo el dinero en marihuana,dejo el vicio y decidió ir a vivir a un basurero En ese basurero encontro un 50 cajetillas de cigarrillos, y entonces paso lo mismo que antes. Y como ustedes saben el dicho: " La Curiosidad mato al Gato"
Stranger: Que tengas un buen día... Seguramente todos habréis oído acerca de Omegle: Talk to Strangers. Esa página en donde te conectan aleatoriamente con alguien del mundo y, sin saber nada de él o ella, comienzas una conversación. El caso es que llevo mucho tiempo en dicha página, encontrándome con lo típico: el que viene y pone «asl» (Age, Sex, Location, la página es en inglés). Como ya estoy harto de contestar a eso, simplemente los trolleo un poco y me desconecto. Hasta que un día pasó algo distinto. MUY distinto. Se conectó un Strange y yo ya estaba esperando el asl, cuando coge y pone (la conversación estaba en inglés, pero os la traduzco al español): Stranger: Hola (3) Yo pensé, «¿Un 3? ¿Por qué un 3?», pero el tío o tía no había soltado el infame asl, así que le respondí. Luego la cosa fue más o menos así: You (éste soy yo): Hola Stranger: Cómo estás? (3) You: Por qué pones el (3)? Stranger: Cómo estás? (2) You: No vas a responderme? Stranger: Cómo estás? (1) Ahí ya entendí que era una cuenta regresiva, así que para seguirle el juego, le contesté. La pregunta no volvió a repetirse, simplemente me preguntó por el clima, con el «(3)» detrás de la pregunta, como siempre. La conversación fue avanzando y al final parecía algo más normal. Seguía poniendo «(3)» detrás de las preguntas y bajaba a «(2)» si no contestaba a la primera, pero al final no me importó. Tras un buen rato conversando, le dije que me tenía que ir, y que había sido un placer hablar con él o ella (sí, para un@ que encuentro sin el asl, se agradece). Su respuesta fue lo que me pareció raro: Stranger: Que tengas un buen día. Puedes mirar detrás de ti. Y se desconectó. Al día siguiente se lo conté a un amigo, al cual le fascinan estas cosas raras, y se puso todo emocionado por querer probar lo que pasaría si se quedaba sin números en la cuenta regresiva. Yo sabía que las probabilidades de volver a ver a esa persona serían muy pocas, pero aun así mi amigo insistió en venir a mi casa e intentarlo. Una vez frente al ordenador, mi amigo se puso al mando del teclado. Entramos en Omegle y comenzó a ir comprobando a la gente, estilo «si preguntan asl, fuera, si dicen hola y nada más, fuera». Pasaron muchos conectarse y desconectarse, y al final comencé a aburrirme, hasta que finalmente, y para mi sorpresa, apareció. Stranger: Hola (3) Mi amigo, eufórico, comenzó a hablar con él. No dejaba que el número decayera, por alguna razón lo ponía a prueba, hasta que se cansó, y en una pregunta no respondió. Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (3) Mi amigo no contestó, esperó pacientemente. Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (2) Nada. Comenzaba a ponerme nervioso. Yo no había dejado que la cuenta regresiva llegara a cero y había recibido aquel mensaje final. A saber qué recibiría mi amigo. Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (1) Estuve a punto de escribirle para responderle, pero mi amigo me cogió de las manos y, medio arrastrándome, me dejó sobre la cama, diciendo que me quedase quieto, que sólo era una chorrada de internet y que me estaba afectando demasiado. Me quedé en el sitio en donde él me dejó, sin saber por qué sentía tanta ansiedad. Aunque estaba en mi cama, aún podía ver perfectamente la conversación. El extraño habló de nuevo, su última frase: Stranger: …que tengas…un buen…día…No mires…detrás de ti… Y acto seguido se desconectó. Mi amigo se rió ahí mismo, y me miró. Me puso cara de «¿Y por esta tontería estás asustado?». Iba a replicarle, cuando algo tocó mi cabeza, algo como una mano fría y grande. No miré hacia atrás, más que nada porque la mano sujetaba firmemente mi cabeza; pero pude ver en la expresión de mi amigo una pista de lo que sucedía. Mi amigo había volteado hacia atrás para verme, y fuera lo que fuese que estaba viendo, no me dejaba mirarle. Lo siguiente que sentí fue como si me adormilara, y caí dormido. Lo siguiente que vi fue el techo blanco de mi habitación en el hospital. Al parecer mi madre nos estuvo llamando tras aquello, y como no respondíamos, fue a vernos y nos encontró a ambos inconscientes… bueno, al menos yo estaba inconsciente. No quieren decirme qué le ha pasado a mi amigo, simplemente me dicen que no puedo ir a verle. Pero por alguna extraña razón, no me importa. Como me toca quedarme un par de días por si acaso, le he pedido a mi madre mi portátil. Me la ha traído hoy mismo, y en el hospital hay internet inalámbrico. Entro en Omegle y me encuentro con un extraño. No sé por qué, hacer esto está muy bien. En realidad, noto que hay algo distinto en mí. Stranger: Asl? Sonrío. Mis dedos escriben solos. You: Hola (3) Asegúrate de responderme a tiempo… Que tengas un buen día… El CLuB DeL TorSO No saben cuánto me cuesta relatar esta historia, es sencillamente aterrador para mí revivir esas memorias llenas de obscuridad, al saber que estuve tan cerca de la locura. Solía ser una de esas personas a las que nada le asusta, tal vez porque siempre me fascinó todo lo relacionado a las cosas paranormales y demás. Entonces, como un medicamento que se usa en exceso, con el tiempo empezó a perder su eficacia, de allí que al final estaba tan acostumbrado a las clásicas historias de terror que dejé de sentir el escalofrío habitual que recorre mil y una veces tu columna cada vez que sientes miedo. Una de mis mayores aficiones en aquel tiempo era leer relatos como éste, ansiando hallar algo que verdaderamente me pusiera, como se diría, «los pelos de punta». Recuerdo que indagué por montones de páginas web diferentes que prometían tener grandes cosas, y aunque la mayoría de esos relatos eran espeluznantes, como dije antes, habían perdido su magia. La segunda fase de mi obsesión por los creepypastas fue llevada un poco más lejos, y luego de lo que me ocurrió, creo que fui un estúpido por haber tentado a las fuerzas desconocidas tantas veces sin el más mínimo recato ni consciencia de lo que hacía en realidad. Si han oído hablar, como espero que así sea, de algunas leyendas urbanas como Blindmaiden.com, de espíritus que te persiguen tras ver ciertos videos, juegos malditos, las canciones con contenido subliminal, entre otras, entenderán a lo que quiero llegar. Probé cada una de esas leyendas, y de una u otra manera me sentí aliviado y satisfecho de saber que al menos para mí nada fue real, y que tras tantas experiencias que para otros serian inconcebibles e inimaginables, nada sobrenatural me había ocurrido. Duré algún tiempo alejado de todo esto, sencillamente me había aburrido o decepcionado, yo qué sé. El hecho es que al pasar las semanas sentí cierta intriga por saber sobre nuevas cosas, entradas y demás similares; fue así como empezó mi martirio que si bien no duró demasiado, por poco logra matarme. Lo recuerdo claramente, todo inició la noche del 14 de septiembre hace dos años, alrededor de las 10:20 p.m. Andaba navegando por la web profunda, arriesgándome a que cualquier cosa llegara de momento y arruinara mi ordenador, pues sabrán que las páginas que se encuentran allí no son del todo bien intencionadas; sin embargo, eso no me molestaba, había oído de algunos amigos que en esa clase de páginas se encontraba a la gente más desquiciada, depravada y mórbida que pudieras conocer, la respuesta a mi necesidad. En un principio sólo veía contenido del tipo gore, cosas excesivamente sangrientas y que aunque te daban algo de dolor de cabeza, no me aterrorizaban, eran sólo imágenes de accidentes y cosas por el estilo, nada que debiera ser explicado con argumentos muy complejos; la muerte es el fin de un ciclo vital, nada más. Lo que buscaba era algo que no perteneciera a este mundo, cosas o acciones que no hubieran sido realizadas por manos del hombre. ¿Buscaba al Demonio? Tal vez. Como dije, fue justo a las diez de la noche con veinte minutos que hallé lo que buscaba, era lo único que en verdad valía la pena para mí. Una web de satanistas para satanistas, y aunque yo no me consideraba como tal, no me faltaba mucho para serlo. En dicha web encontrabas cualquier tipo de contenido que existiera, imágenes, videos, historias, incluso disponía de chat, algo así como Facebook, pero la única diferencia era que no tenías que ser un miembro registrado, sólo entrabas y ya podías empezar a platicar con quien quisieras. Es probable que se pregunten cómo llegué a la deducción de que toda esa gente eran adoradores del Demonio; pues bueno, nunca antes había visto tanta blasfemia junta en mi vida, empezando por cosas como el diseño de la página en cuyo proceso de carga se mostraba una imagen de Cristo cortada a la mitad con los intestinos colgando, brazos amputados y sin ojos, mientras algunas criaturas aladas consumían las partes faltantes. El fondo de la página era una enorme cruz invertida con un Cristo, como diríamos en mi país, «apachurrado», carcomido por pestes y envuelto hasta la gangrena en sábanas teñidas de rojo. En verdad me sentía bien allí. Al principio empecé a hablar en el chat con tres o cuatro personas simultáneamente. Para mi sorpresa eran gente muy sociable, al menos por medio de un computador. Hablamos de cosas como la música y algunos toques de bandas de black metal a los cuales todos queríamos asistir, y me incluyo porque amo esa música. Sinceramente parecía un sitio para charlar de cosas mundanas, más que una web dedicada exclusivamente a satánicos. Qué gran error fue haber subestimado su locura. Estábamos chateando de manera muy fluida, serían las once o doce de la noche, cuando de pronto apareció un extraño mensaje que no venía de ninguno de mis nuevos «amigos». El usuario se hacía llamar Belcebú, y decía: «Prepárense amigos míos, la función de hoy comienza en tres horas. Corten cuanto deban, pero no permitan que el sueño los venza». Capté dos cosas de eso. Primero, ¿qué demonios era la tal función de la que hablaba? Y segundo, ¿«corten cuanto deban»? ¿Los invitaba a automutilarse? Eso sí me pareció fuerte, pero bueno, eran sólo conjeturas. De allí en adelante los mensajes siguieron apareciendo en lapsos de veinte minutos exactos; no cambiaba mucho el objetivo, sin embargo, algo de su contenido empezó a asustarme, por primera vez en mucho tiempo sentí ese escalofrió de nuevo. «¿Aún conservan los dedos? Que el sueño no los venza, esta noche vale la pena». No sabía cómo sentirme sobre eso, probablemente sólo jugaba o bromeaba con lo que había escrito antes, pero ¿y si no era así? De pronto me llegó otro mensaje, esta vez de uno de mis interlocutores: «Vuelvo en dos horas, estoy sangrando mucho». Seguía sin saber si bromeaban o en efecto ese demente se había autoflagelado. Aparecieron más mensajes. «Pareces una vieja, mi pantalla está roja y no estoy llorando». Otro era: «Cuidado, la última vez que tu maldita pantalla se puso roja terminaste en un hospital». «Afortunadamente no necesito todos los dedos para escribir». «He estado pensando, si sólo me comunico con ustedes en este chat, ¿para qué necesito la lengua?». Uno más escribió: «Para ver no necesito mis oídos, ¿verdad?». Era algo demencial. Decidí dejar de escribir, mas no cerré la página porque quería saber de qué trataba su «función». Eran las 2:35 de la mañana, los grotescos mensajes no dejaban de aparecer, afortunadamente estaban tan metidos en su charla que no notaron cuando dejé de escribirles. Lo último que quería en ese instante era ganármelos de enemigos. 2:40 a.m., me llegó un mensaje. «¿Aún estás ahí?». No sabía si debía responder o no, pero tampoco quería que me preguntaran si acaso ya me había mutilado las manos y por eso no escribía, así que opté por responder. «Sí, sigo aquí, pero no sé si llegue a las tres». La chica me respondió: «Tienes que; eres la estrella». ¿Estrella? ¿Qué quería decir con eso? Le pregunte qué significaba. «Quien ingresa a esta página debe cumplir con un ritual de iniciación, novato». «¿Iniciación a qué?». Allí Belcebú intervino. «Es suficiente», escribió. «No amedrantes al chico, si se larga tendremos muchas personas decepcionadas esta noche. ¿Eso es lo que quieres?». «NO», respondió ella, «pero aun así, si quisiera irse no puede, ¿verdad? Él ya está aquí, la hora se acerca». «Detente de una maldita vez». El tipo estaba harto de ella, y yo estaba sudando frío. Luego recibí un mensaje privado de Belcebú: «Disculpa a los muchachos, están algo trastornados. Hacía tiempo ya que no presenciábamos una ceremonia, y nadie se la quiere perder». Volví a indagar sobre qué era la ceremonia, tal vez él era más serio que esos otros desquiciados y me daba una respuesta concreta; pero lo que me dijo no me alivió en lo absoluto. «No seas impaciente, pronto lo sabrás; es más, lo sentirás en carne propia como todos aquí alguna vez». De pronto, el reloj de mi ordenador marcó las tres de la madrugada. Jamás había sentido tanto frío antes, era como estar enterrado bajo metros de nieve. La presión en el pecho me impedía respirar el aire que se había vuelto tan denso como el humo, y tan apestoso como un cadáver en estado de descomposición. El olor era nauseabundo, recuerdo que vomité encima de todo cuanto hubo a mi alrededor; pero no, no era nada natural, había vomitado gusanos blancos, de esos que se comen a los muertos y fue allí cuando supe que quien apestaba a muerte, era yo. Me había empezado a pudrir por dentro. Mis ojos sangraban, sentía miradas expectantes en cada centímetro de mi cuarto; eran ellos, lo sabía, mis «amigos» me veían desde alguna parte, allí todo se me aclaró. No eran más que una manada de enfermos que en un principio aparentaron ser normales sólo para retenerme y cautivarme lo suficiente como para darle tiempo a «eso» para que llegara hasta mí. Y es que «eso» era algo que hubiera preferido morir sin ver, era como una pesadilla, pero mi dolor era demasiado real como para estar soñando. No sé cómo ni por qué, pero oía voces a mi alrededor, risas depravadas de seres que se excitaban con mi sufrimiento. Eran ellos, debían de ser ellos. Recuerdo haber sentido mi cabeza como si algo allí adentro estuviera creciendo y fuera a romperme el cráneo; mis oídos también sangraban, así como mi nariz y mi boca. Estaba desesperado. En medio de mi tortura logré mirar hacia la pantalla del ordenador, vaya espanto. Lo que vi me dejó congelado. Por un segundo el terror fue mucho más grande que el dolor. La web que antes estaba plagada de mensajes, era ahora un video, se observaba a un chico sentado enfrente de una computadora, retorciéndose de dolor mientras algo o alguien a sus espaldas lo observaba. No cabía la menor duda, ese sujeto era yo, pero ¿qué era eso que estaba detras de mí? Volví la mirada; por poco me desmayo. Si alguien ha visto alguna vez Ju-On sabrá cómo era su rostro, pálido con y sin sangre en él; digo sin porque su extrema blancura no era natural, y también digo con porque sus labios y ojos expulsaban sangre a cántaros, salía de allí con desespero. Era el rostro deforme de una mujer, sus ojos eran sumamente grandes e hinchados como cuando alguien es golpeado salvajemente, tenía unos pocos cabellos en su cabeza lo que permitía ver tantas cicatrices como arena en el desierto. Recuerdo que de su cuerpo emanaba tanta pero tanta sangre, no entendía cómo alguien podía contener tanto de ese líquido vital; pero era una sangre espesa y podrida, pestilente, que caía al suelo como si fuera alquitrán. La bestia no tenía brazos, apenas se notaba lo redondo de sus hombros. Tampoco tenía piernas; bueno, no piernas humanas, porque vi que se movía sobre dos patas flacas llenas de pelo y con pezuña bífida, como las de una cabra. Lo único humano, si es que algo dentro de esa abominación era humano, era su torso, igualmente lacerado con cortaduras, muchas de ellas abiertas y sangrantes. Yo no podía dejar de vomitar, de hecho, estaba trasbocando más de lo que había comido ese día; pero como ya dije sólo devolvía gusanos blancos, y si no supe cómo llegaron allí tampoco sabía cuántos habría. Estaba debilitándome, me dolía el pecho y la garganta. Luego esa maldita cosa, «eso» me tocó. Acercó su rostro al mío tanto que mis ojos se juntaron a los grandes butagones que «eso» exhibía por los suyos. Vi algo así como un álbum de mórbidas fotografías guardadas en su memoria. Muchas personas desnudas y al igual que «eso», todas sin brazos, algunos sin piernas, otros con las dos o al menos con una, cortadas por donde se les viera. Sabía que cada miembro había sido amputado o cortado a voluntad, sabía que «eso» los había cortado. Por Dios, no paraba de vomitar, pero esta vez de asco y repulsión. «Eso» trató de bajar, directo a mis piernas. Escupió sobre mí un espeso líquido que no era su repugnante sangre, era otra cosa, pero el hecho es que quemaba como ácido. Veía cómo se tragaba mi pantalón y empezaba a tragar mi carne, me estaba desmayando del pánico y el sufrimiento. Hice un movimiento de mi cabeza inclinándola hacia atrás y algo vi escrito en el techo: «Bienvenido al CLuB DeL TorSO». Allí caí. Desperté tres días después, en medio de un ataque de nervios, llorando y arrasando con cuanto hubiera a mi paso. Destrocé todo en mi alcoba, el trauma había sido enorme. Lo único que recordaba antes de caer desmayado, era que ese ácido había carcomido mis piernas y brazos y efectivamente sólo quedaba el torso y la cabeza; sin embargo, para haber arrasado con todo tenía que haber estado en movimiento muy bruscamente con mis brazos apoyado sobre mis piernas. Reaccioné y me di cuenta de que todo estaba normal en mí, no tenía un rasguño, ni un golpe y afortunadamente ya no lloraba sangre. Mas no fue fácil recuperarme, estuve en estado de shock por dos semanas, y me debían alimentar por una sonda porque me negaba a comer, el asco no me dejaba. Con el tiempo me recuperé totalmente, volví a ser quien solía ser; aunque en ciertos aspectos había cambiado demasiado. Me volví más susceptible al espanto, todo lo que yo llamaba valentía se fue al demonio o con ese demonio. Dejé de leer creepypastas y olvidé lo paranormal. Es ahora parte de mi pasado. Nunca traté de explicarle a nadie lo que pasó, quién me creería. Pasado un mes desde la experiencia, me atreví a volver a tocar el ordenador, era la primera vez después de eso. A pesar de no haber hallado nunca una prueba sustancial, no miento cuando les cuento esto. Solamente quien vive las cosas es quien está en derecho de ponerlas en tela de juicio, y yo sé muy claramente qué fue lo que me paso. Desde entonces he aprendido a respetar a las fuerzas ocultas y nunca más he vuelto a jugar con eso, porque ahora sé de qué tanto son capaces ciertas personas, más aún cuando tienen tanta perversión en su interior. Si les gustó mi relato lo agradezco, y si no, pues tampoco me molesto, pero sí quiero dejarles una lección: sean prudentes con lo que hacen en la web, y si en algún momento de sus vidas sienten el olor del Infierno y ven un torso reflejado en la pantalla de su ordenador, prepárense, porque el infierno en vida les espera. Mi nuevo amigo Es muy común que los chicos de ahora lleven vidas muy agitadas y estresantes a causa de sus padres, quienes tienen que mudarse constantemente porque consiguieron un mejor trabajo, porque ya no les gustó la casa… etcétera. Andy llevaba ese estilo de vida. Ser un chico que vivía bajo la tutela de padres itinerantes había provocado en él ciertos rasgos antisociales, por el hecho de no poder llevar la vida de un adolescente normal. Era muy común verlo encerrado en su cuarto y pasando horas frente al ordenador, navegando en sitios de videochat de ruleta como Chatroulette u Omegle, ya que ésa era la única forma en que podía hacer alguna amistad estable, sin el temor de que mamá y papá decidieran que el día de mañana tenían que mudarse de nuevo. Una noche nada especial, cuando sus padres ya se encontraban en cama y todas las luces de su casa estaban apagadas, Andy, como muchas de sus noches, se encontraba pasando el rato en el chat de ruleta tratando de hacer nuevos amigos a quienes agregar a su corta lista de Facebook; pero como muchas de sus noches, se encontró nuevamente cara a cara con la desilusión de no haber podido hacer ninguna nueva amistad. Navegó por el sitio durante horas. Sus ojos se encontraban fatigados y una espesa niebla nublaba su vista, víctima de mirar fijamente a la pantalla brillante del ordenador, así que se rindió. «Ya probaré suerte mañana», se decía. Pero no fue hasta el preciso momento en que decidió apagar el ordenador cuando la siguiente persona aleatoria que encontró resultó ser «una niñita de tan sólo quince años», de nombre «Jenny», según sus datos de presentación. Dany dudó en saludarla, porque pensaba que sería como las demás chicas que lo ven y sólo pasan de él. Pero le sorprendió que la supuesta «niña» no lo hiciera, y más le sorprendió que antes de siquiera poder reaccionar para saludarla, la chica comenzó a escribir mensaje tras mensaje en la pantalla. Partner: Holaa! Partner: ay alguien ahi?! Partner: por favor! estas ahi? La primera reacción de Dany fue la de dudar si en realidad se trataba de una chica, porque el recuadro en donde se suponía que debía aparecer la webcam de aquella persona estaba totalmente en negro. «Tal vez tiene su cámara tapada o cubierta con algo», pensó. Dany, apresuradamente, le contestó con un cordial saludo, esperanzado de hacer una nueva amiguita… pero lo siguiente que la niña le respondió no fue precisamente la respuesta que él esperaba. Partner: olaa, por favor… necesito ayuda!! Partner: por favor, no pases de mi Partner: ayudame!! Como cualquier otro niño de su edad, comenzó a sentir algo de miedo. Y es que era sobrenatural la forma en que la chica escribía mensaje tras mensaje, como si sus respuestas ya las tuviera preparadas para sólo copiar y pegar. Dany se consoló con la idea de que tal vez se trataba de una broma, porque no era la primera ocasión en que trataban de jugarle una. Así que se calmó, y tranquilamente preguntó a la chica si le estaba hablando en serio o si sólo se trataba de una mala broma. Pero en cuanto su dedo índice apretó la tecla Enter, juraría que la chica tardó medio segundo, tal vez menos, en escribir mensaje tras mensaje en la pantalla: Partner: NOO!! Partner: por favor… Partner: noo es ninguna broma!! Partner: por favor ayudame, estoy en problemas!! El suspenso en Dany comenzó a acrecentarse, comenzó a sentir esa espina de no saber qué hacer; dudaba que se tratara de una broma pero también dudaba que le estuviera hablando en serio. Sabía que debía apagar el ordenador e irse a dormir, pero era la curiosidad y el sentimiento de culpa lo que lo retenía en el ordenador. Se detuvo para pensar un momento, se apretujó y sacudió las manos para tratar de calmar los espasmos que comenzaron a agravarse en ambas manos. Y sin muchas esperanzas insistió nuevamente. You: Dime la verdad… es esto una broma?? Dany esperaba que el siguiente mensaje de la chica fuera el de reconocer que le estaba tratando de jugar una broma. Pero… la respuesta de la joven no fue muy distinta a sus mensajes anteriores. Partner: creeme!! Partner: esto no es una broma Partner: tienes que ayudarme Partner: porfavor!! Partner: AYUDAME!! Comenzó a creer más en sus palabras, ya que no sonaba como alguien que estuviera tratando de jugarle una broma; y eso lo asustaba más de lo que ya estaba, el hecho de que en realidad se tratara de una chica en peligro. Dudaba demasiado que pudiera hacer algo encontrándose tan lejos el uno del otro… o al menos eso fue lo que pensó. Aunque inseguro, escribió a la joven que creía en sus palabras y le preguntó qué era lo que podía hacer, en qué quería que la ayudara. Y como era de esperarse, la chica respondió en cuestión de milésimas. Partner: AYUDAMEE!! Partner: porfavor.. Partner: aqui esta muy oscuro Partner: ayudame a encontrar la salida Partner: PORFAVOR! Partner: SACAME DE AQUI!! You: Pero que hago!? Que hago!? Dime como te ayudo?… Partner: ayudame a salir de aqui.. Partner: no se donde estoy… Partner: por favor haz algo!! Dany sintió la impotencia de no saber qué hacer, se sintió como un niño pequeño esperando que mamá y papá se encargaran del asunto. No tenía un hermano mayor al cual pedirle su ayuda y sabía que si acudía a sus padres, antes que ayudarlo, lo regañarían por haberlos despertado tan tarde. Mareos y dolores de cabeza comenzaron a acecharlo en su desesperación. Pasó alrededor de un minuto y Dany logró calmarse. Colocó nuevamente sus dedos en el teclado y, sin muchas esperanzas, cuestionó de nuevo a la joven. You: Por favor, dame más detalles. Dime qué hacer… Quieres que llame a la policía o a alguien? Dame más detalles… dime cómo te ayudo! Con eso último escrito, tal parece que dejó pensando a la chica, ya que esta vez no le contestó tan apresuradamente como en veces anteriores. Cinco minutos después Dany aún estaba en suspenso, se había quedado inmóvil esperando el mensaje de la chica, pero no sucedía nada, hasta que la barra al margen de la página que indica que el usuario está escribiendo comenzó a parpadear, y así estuvo parpadeando por alrededor de dos minutos. Partner: Si de verdad me quieres ayudar, necesito que enciendas las luces de tu cuarto. Dany sintió un terror premonitorio, como cuando caminas por un callejón en la oscuridad de la noche y sientes que alguien te va a tratar de hacer daño; ese mismo sentimiento se clavó en la espina dorsal del chico. «Pero para que?», «En que te puede ayudar eso?», preguntó, y con justa razón. Pero la chica sólo le decía que lo hiciera y que no preguntara, que necesitaba ver mejor su habitación. Y tras varios mensajes de súplica por parte de la chica, Dany cedió a la petición, a pesar de que todo su ser le decía que apagara el ordenador y se fuera a la cama. El sentimiento de culpa pudo más que su propio juicio. Se levantó de su silla y con la poca luz que emitía la pantalla de su ordenador, se acercó lentamente hacia el interruptor de su cuarto. Era la primera en su vida que sentía temor de encender las luces; a cierta edad a uno le daría miedo apagarlas, así que no lo pensó dos veces y simplemente las encendió. Pero no había nada, no había un solo cambio en su habitación. No fue hasta que se acercó a la pantalla del ordenador cuando el verdadero horror se hizo presente, y era que… la cámara web de la niña ya no estaba totalmente en negro, ahora estaba transmitiendo, pero no era una imagen de la supuesta niña, era una imagen de Dany, él se estaba viendo dos veces en el monitor. Aunque había algo extraño en la segunda cámara: la pared que estaba detrás de él era completamente distinta a la de su cuarto, en ella había un puerta negra, ya muy desgastada, como si alguien la hubiese martillado varias veces. Dany se congeló frente al monitor, quería llorar, gritar, salir corriendo y no saber más nada; pero su cuerpo no reaccionaba, y no fue hasta el siguiente mensaje de la chica cuando no pudo resistirlo más. Partner: Por favor… abre la puerta, ayúdame. Estoy atrapada aquí. Dany volteó la cabeza y no había nada. Pasó su mirada de nuevo a la pantalla y la puerta seguía ahí, y la chica seguía insistiendo en que la abriera y la dejara libre. No aguantó más, cerró su ordenador de un portazo y como un niño pequeño corrió a la habitación de sus padres y se metió en la cama con ellos. Extrañados, estos le preguntaron qué era lo que pasaba, pero Dany sólo se limitó a decirles que había visto algo tenebroso en internet, y que quería dormir ahí. Después de eso nunca volvió a visitar esos sitios, ni siquiera con amigos. De hecho, su uso del ordenador fue cada vez menos frecuente. Con el pasar de los meses sus padres eventualmente tuvieron que mudarse, pero esta vez la idea de irse no incomodó a Dany en lo absoluto. Hasta ahora, es fecha en que Dany se sigue preguntado qué hubiese pasado de haber abierto esa puerta. Y si esa niña sigue ahí dentro, atrapada.