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Usuario (Nicaragua)
La reelección viene cobrando fuerza nuevamente en América Latina. Vedada en República Dominicana bajo su modalidad consecutiva en 1994, fue reimplantada por el Congreso a fines de 2002, provocando una seria confrontación al interior del oficialista PRD debido a la intención del ex Presidente Mejía de intentar su reelección para las elecciones de mayo de 2004. A la postre Mejía resultó derrotado por el actual Presidente Leonel Fernández. Prohibida en Costa Rica desde 1969, fue reinstalada vía judicial por la sala Constitucional en el año 2003. Finalmente, el tema se instaló en el centro de la agenda política colombiana desde el año 2003, cuando el Presidente Uribe intentó levantar la prohibición que actualmente existe en materia de reelección. Y si bien es cierto que fracasó en aquella oportunidad, actualmente aprovecha su elevada popularidad (superior al 70%) para continuar impulsando la reforma. De acuerdo a las noticias, la reforma constitucional que haría posible la reelección del presidente Uribe parece estar asegurada, tras ser aprobada el pasado 19 de agosto por una sólida mayoría en el quinto debate. Pese a la tentación (que es grande), no voy a entrar al debate aportando argumentos a favor o en contra de este mecanismo. Mi objetivo es presentar una visión comparada latinoamericana del régimen legal, las tendencias de las reformas y, sobre todo, las experiencias que existen en materia de reelección desde el inicio de la Tercera Ola Democrática (1978) a la fecha. La legislación latinoamericana vigente es claramente favorable a la reelección: más de dos terceras partes de los países de la región (13 de 18) la permiten. Sin embargo, la normativa ofrece variaciones importantes. Mientras en cinco países (Argentina, Brasil, Perú, Venezuela y República Dominicana) la reelección consecutiva está permitida, en los otro ocho (Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Panamá y Uruguay) sólo es posible transcurrido al menos un mandato presidencial. En las cinco naciones restantes (Colombia, Guatemala, Honduras, México y Paraguay) la reelección está totalmente vedada. Sólo en uno de estos cinco países (Colombia) se debate actualmente la posibilidad de reimplantarla. La tendencia regional de las reformas durante los últimos 25 años, es también claramente favorable a la reelección. De diez países que modificaron su normativa sobre el tema, siete lo hicieron a favor y solo tres en sentido contrario a la misma. Argentina, Brasil, Perú, Venezuela y República Dominicana pasaron de la reelección alterna a la inmediata; Ecuador pasó de la prohibición total a permitir la reelección después de un mandato presidencial. En Costa Rica, la decisión de la Sala Constitucional reimplantó la reelección de manera alterna. Por el contrario, en tres países donde la reelección inmediata estaba permitida al inicio de la Tercera Ola, esa posibilidad hoy no existe: en Paraguay está prohibida en todo momento; en Nicaragua sólo se admite la reelección después de transcurrido un periodo; Colombia, por su parte, adoptó un enfoque restrictivo, pasando de permitir la reelección alterna a la prohibición total. Resumiendo, siete de las diez modificaciones favorecieron la reelección presidencial (inmediata en cinco países y alterna en dos), mientras que otras tres reformas la prohibieron (por completo en dos casos y en lo inmediato en uno). Cabe señalar que la totalidad de las últimas reformas en favor de la reelección, especialmente bajo su modalidad consecutiva, tuvieron nombre y apellidos: Menem en Argentina, Cardoso en Brasil, Fujimori en Perú, Chávez en Venezuela, Mejía en República Dominicana y Arias en Costa Rica. Salvo en este último caso (de naturaleza alterna), en todos los demás las reformas se llevaron a cabo durante la presidencia del mandatario que buscaba su reelección inmediata, y que de hecho la logró en los cuatro primeros países. Sólo Mejía, en República Dominicana, fracasó en su intento de lograr la reelección inmediata. Por otra parte, la experiencia comparada latinoamericana del último cuarto de siglo ofrece interpretaciones para todos los gustos. En siete de los trece países que permiten la reelección inmediata o alterna (Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil, Perú, República Dominicana y Venezuela), la medida se ha ejercido en alguna ocasión. Venezuela es el único país en el que dos presidentes tuvieron un segundo mandato (Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera). En otros dos –El Salvador y Chile–, si bien la reelección es permitida, ningún ex presidente ha buscado hasta la fecha su reelección. En Panamá, el ex presidente Balladares intentó aprobar durante su mandato, vía referéndum, una reforma para pasar de la reelección alterna a la consecutiva, pero no lo consiguió. Por su parte, el ex presidente Endara, que gobernó Panamá a inicios de los años noventa, buscó su reelección (alterna) en las pasadas elecciones de mayo de 2004 pero fracasó. Por último cabe señalar los casos de Nicaragua y Ecuador, países en donde, pese a los intentos de varios ex mandatarios –Daniel Ortega en el primer caso; Borja, Febres Cordero y Hurtado, en el segundo–, ninguno la ha conseguido hasta la fecha. Desde el punto de vista de su conveniencia o perjuicio, existe un debate interminable que a menudo adolece de confusiones importantes (no se diferencia entre sistemas presidenciales y parlamentarios), o en el que se hace caso omiso de las diferencias de cultura política (entre el presidencialismo norteamericano y los latinoamericanos), las cuales sin duda juegan un papel crucial en el tema. Los críticos argumentan que la reelección expone al sistema político al riesgo de una “dictadura democrática” y refuerza la tendencia hacia el liderazgo personalista y hegemónico inherente al presidencialismo. Agregan además que los segundos mandatos son por lo general de mala calidad. Desde 1978 a la fecha, siete experiencias parecen confirmar los argumentos acerca de estos peligros y defectos: la de Stroessner en Paraguay (inconclusa debido al golpe de estado de 1989, luego de varias reelecciones sucesivas), la de Balaguer en República Dominicana (acortado su último mandato de cuatro a dos años debido al fraude cometido durante su última reelección en 1994), la de Fujimori en Perú (inconclusa debido a su fuga del país por fraude y corrupción), la de Menem en Argentina (acosado por problemas económicos, desempleo y denuncias de corrupción), los mediocres segundos gobiernos de Carlos Andrés Pérez (inconcluso por destitución) y de Rafael Caldera, y finalmente la renuncia anticipada de Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia durante su segundo mandato. Los defensores de la reelección, por el contrario, sostienen que ésta permite aplicar un enfoque más “democrático”, en la medida en que posibilita a la ciudadanía elegir con mayor libertad a su presidente y responsabilizarlo por su desempeño, premiando o castigando según sea el caso. Si bien son únicos en América Latina durante los últimos 25 años, los ejemplos de Cardoso en Brasil (inmediata) y de Sanguinetti en Uruguay (alterna), constituyen experiencias moderadamente positivas de ambas modalidades de reelección, si bien en ambos casos el primer mandato fue más exitoso que el segundo. Está por verse aún la suerte que correrá el gobierno reelecto (bajo la modalidad alterna) de Leonel Fernández en la República Dominicana, quien acaba de iniciar su mandato. Como puede verse, existen argumentos, legislación, reformas y experiencias para todos los gustos. A diferencia de lo que algunos opinan, la reelección es una cuestión compleja y altamente controversial, que no se presta a una lectura simple ni univoca.