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locodelaruta

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Vida de cartoneros
InfoporAnónimo8/12/2009

La realidad Argentina con otra mirada Por Sergio Elguezabal Conocé como un grupo de cartoneros se unió para recuperar algo que ellos creían perdido Desde las 7:00 de la mañana, los operarios de una fábrica estiran sus brazos, se inclinan levemente, sus dedos pinzan y se vuelven a aflojar. Las piernas entreabiertas, los ojos bien atentos. Y cantan o silban a tono con una grabación que escuchan a un volumen mesurado. Trabajan debajo de un galpón de 1.400 metros cuadrados perfectamente equipado con baños y salón comedor. Los obreros seleccionan materiales que los vecinos de la ciudad de Buenos Aires descartan y mandan a la basura. Los separan, los prensan y los enfardan para que puedan ser reciclados y utilizados nuevamente. Son hombres y mujeres que hasta hace poco trabajaban a cielo abierto en basurales de González Catán, Villa Fiorito o San Martín, en los alrededores del conurbano bonaerense. Eran cirujas. Así se les llama popularmente a los que revuelven en la basura y deambulan por las calles en busca de materiales que venden para sobrevivir. Durante unos meses paró en una casa tomada y de noche salía con un carrito, tapada hasta la cabeza, por el frío y la vergüenza. Lo recuerda y se ríe bajito. María Cristina Lescano es una de ellos. Por pudor no le pregunto la edad; debe tener unos cincuenta largos. Es la coordinadora de la Cooperativa El Ceibo, formada por cartoneros que decidieron salir de la informalidad para organizarse y tener un trabajo que les garantice mejores condiciones laborales, ingresos seguros, cobertura de salud y un ámbito de contención. En 1989, la mujer perdió su trabajo como empleada administrativa; en menos de un mes se quedó en la calle y se transformó en una más entre los miles que recorren la ciudad revolviendo en las bolsas de basura. Tenía que mantener a tres hijos y buscarles un lugar donde vivir. Durante unos meses paró en una casa tomada y de noche salía con un carrito, tapada hasta la cabeza, por el frío y la vergüenza. Lo recuerda y se ríe bajito. La orfandad de aquellos días hermanó a unos cuantos en su misma condición. Y los llevó a juntarse para fundar más tarde la cooperativa que hoy los tiene como dueños del principal centro de recuperación en la metrópoli. En la ciudad de Buenos Aires viven más de tres millones de habitantes. Cada uno genera dos kilos de residuos por día, lo que equivale a unas 6.000 toneladas sin contar lo que producen los dos millones de personas que vienen del Gran Buenos Aires a trabajar o estudiar. “A los vecinos les cuesta aceptarnos”, dice al lado mío con algo de timidez uno de ellos mientras separa las botellas de plástico bajo el galpón. Hay una parte de la sociedad que los ve sucios, feos y malos; probables enemigos que algo les robarán. Cuando la mirada desdeñosa les resultó insoportable decidieron que no podían esperar más. Y nació El Ceibo, en honor a la Flor Nacional del país. “Nos dimos cuenta de que la basura no es del Estado ni de las empresas que la juntan, es de quien la genera —apunta María Cristina—. Debíamos restablecer el vínculo con los vecinos para poder convencerlos de que era necesaria la separación en origen. Tomamos 100 manzanas del barrio de Palermo y les enseñamos a separar los residuos sólidos de los líquidos, el cartón del plástico o el vidrio, y logramos que muchos de ellos saquen bolsas diferenciadas y perfectamente identificadas para que nosotros las podamos retirar más fácilmente”. La estrategia les permitió una mejor relación con los vecinos, una óptima calidad de materiales (ya no se mezclan con líquidos u otras sustancias que los puedan desvalorizar) y un mayor volumen para comercializar. La planta recuperadora está ubicada cerca de la estación ferroviaria Saldías, en el barrio de Retiro. Trabajan desde las 7:00 a las 16:00 y paran una hora para comer. Procesan 250 toneladas de materiales por mes. Ahora que están asociados venden el plástico o el cartón a precios que duplican los valores que lograban cuando comercializaban con los mayoristas individualmente. Jackie Flores, un poco más joven, es la coordinadora de las descargas. Cuando llegan los camiones a la planta recuperadora les controla el peso y lo que traen. Es muy respetada a pesar de que arrancar le resultó difícil por su condición de mujer en un ámbito propio de varones. “Primero fue muy raro que me esté mandando una mujer —dice José—, nunca antes había tenido a una patrona pero ahora siento que es lo mismo que un hombre y a veces terminamos más rápido porque Jackie siempre nos está ayudando”. La mujer cuenta que vivió muchos años “cirujeando” y que hoy valora tener un trabajo fijo. Se siente abrigada por sus compañeros, reconfortada con la sopa tibia del mediodía y orgullosa frente a la posibilidad de forjar un futuro mejor para sus hijos. Tiene una clara conciencia ambiental y la transmite a su descendencia: “No tengo nada, pero mis hijos saben que hay que generar menos basura y lo poco que se tira en casa lo tienen que separar; siempre habrá alguien que se beneficiará con ello.” La operatoria en el centro de clasificación es dirigida primordialmente por estas dos mujeres, Jackie y María Cristina. “Aprender a trabajar en grupo fue el primer desafío y lo más difícil acostumbrarnos a cumplir horarios”, dice María Cristina. El programa socioambiental de El Ceibo generó la inclusión social de 70 familias de cartoneros. “Cuando empezamos no teníamos nada, ni techo, y de a poco nos ayudaron todos. No sabíamos ni hablar y teníamos problemas de salud por el frío y el contacto con gérmenes de todo tipo”. En la capacitación ayudaron la Universidad de Buenos Aires, diferentes ONGs y personal de los hospitales. Pero lo más importante es que esta cooperativa encargada de recuperar materiales se ha especializado en “recuperar personas”, apunta María Cristina delante de un grupo que asiente. Ella misma logró una reinserción social asombrosa: todos sus hijos pudieron estudiar, el más chico hizo la escuela media en el prestigioso Colegio Nacional y hoy está en la Universidad. La Cooperativa El Ceibo es uno de los pocos ejemplos virtuosos dentro del universo desigual en el cual se mueven miles de personas que buscan el sustento entre los desperdicios generados por otra parte de la sociedad. Así, la fábrica se ha convertido en una caja de ilusiones para todos ellos. El trabajo les devolvió las expectativas, la posibilidad de proyectar y el motivo por el cual levantarse cada mañana con ganas de silbar y cantar. http://www.rdselecciones.com/contenido/a686_La-realidad-Argentina-con-otra-mirada Locodelaruta

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Abuelas Bailando
HumorporAnónimo5/18/2009

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Hablemos de sexo
InfoporAnónimoFecha desconocida

Registrate y eliminá la publicidad! ” Por Douglas Todd Cómo hablar con los hijos de amor y sexo. Es posible hablar, los especialistas dan las siguientes recomendaciones. Cuando Susan Johnson, residente de Ottawa, Canadá, se enteró de que su hija de 15 años se había enamorado de un chico, quiso ayudarla a comprender la intensa atracción que sentía. Pero Johnson sabía que su hija, como la mayoría de los adolescentes, podía reaccionar mal frente a cualquier indicio de crítica. Entonces comenzó su conversación sobre el amor, teniendo en cuenta las emociones que ella misma había sentido cuando era adolescente, como la de morir de amor por el líder del coro. “Solía espiarlo desde la platea —le contaba Johnson a su hija—. Luego volvía a casa, siguiéndolo, con la esperanza de que se diera vuelta y me hablara”. Profesora de Psicología Clínica de la Universidad de Ottawa y una de las terapeutas de pareja más conocidas de Norteamérica, Johnson explica que una de las mejores maneras que tienen los padres para comenzar a dialogar con sus hijos sobre el amor es contar historias de ellos mismos. Esto puede ayudar a los adolescentes a sentirse mejor sobre sus fuertes y confusos sentimientos. Claro que no es sencillo iniciar una conversación con los adolescentes sobre las dificultades del amor. Los especialistas dicen que hay formas de hacerlo y experiencias muy valiosas para trasmitir. Aquí le mencionamos algunas: El amor no es hacer lo que el otro quiera. “Los adolescentes se enamoran fácilmente”, dice Meg Hickling, autora de The New Speaking of Sex (“El nuevo idioma del sexo”). Luego de viajar por el mundo como educadora sexual, Hickling asegura que aprendió que la mayoría de los adolescentes no entiende que el amor lleva tiempo. “Les digo que el amor verdadero es respetarse y que le permite crecer a la otra persona —comenta Hickling—. Muchos adolescentes piensan que el amor significa estar a entera disposición de la pareja”. La profesional está particularmente azorada porque las chicas “creen que amar a un chico es hacer todo lo que ellos les piden”. La periodista Karen Gram estaba preocupada por algo similar cuando su hija de 15 años, Yette —con muy poca experiencia en estas cuestiones— se enamoró de un chico al que conoció en el chat a través de una amiga. Como la computadora está ubicada en la cocina —con el fin de tener mayor control de Internet—, Gram suele ver a su hija, que está en tercer año, escribiéndose con este chico. “Le pregunté a ella qué era lo que le gustaba de él —recuerda Gram—, y respondió: ‘Me hace reír’. Es entendible”. Sin embargo, Gram trata de preparar a su hija para cuando el chico la visite. “Le dije que en el momento en que finalmente se encuentre con él, en persona, posiblemente no se sienta atraída. Y que lo tenga presente como una posibilidad. Le expliqué: ‘A veces me gustan las personas porque yo les gusto, pero ésta no es razón suficiente para comenzar una relación’. También le mencioné que recuerde esto para que ella sea la que controla su vida. Trataba de ayudarla para que se sintiera segura en poner límites antes de conocer a este chico.” El amor es difícil y puede lastimar. Los adolescentes merecen respeto cuando comienzan a experimentar en el excitante y difícil mundo de las relaciones. “Cada padre trata de brindarles experiencias y conocimientos pero, por supuesto, estos consejos generalmente son inútiles”, dice Johnson riéndose. “No tiene sentido preguntarle a mi hija, de la forma más amable posible, ‘¿no crees que este chico es un poco manipulador?’ No servirá de nada porque ella está totalmente enamorada de él”. Entonces, Johnson trata de acercarse a su hija de la forma en que lo hace con sus pacientes en la terapia de pareja. “Lo que intento decir es: ‘¿Qué es lo que sientes cuando estás cerca de este chico que te gusta? ¿Qué te hace sentir bien de la relación? ¿Qué es lo que no te gusta de la relación?’”. A esas preguntas, Johnson comenta que su hija respondió que cuando otros chicos la molestan, se siente segura si su novio está cerca. Johnson le explicó a su hija que la seguridad es algo que uno siente cuando está enamorado. “Luego podría haberle preguntado: ‘¿No te molesta nada de este chico?’ Y ella podría haberme respondido: ‘Bueno, en realidad me da muchos celos porque creo que le gusta más otra chica que yo’. Entonces podríamos haber empezado a hablar sobre cómo el amor se puede convertir en algo desagradable cuando hay algo riesgoso”. El Amor es amistad. Ben Klassen recuerda haber tenido largas charlas sobre amor y sexo cuando con su papá, Brian, iban en el auto a los partidos de fútbol del fin de semana. “Es un poco incómodo hablar con tus padres sobre tus temas íntimos”, menciona. Pero pese a que los amigos de este chico de 16 años le sugirieron que no perdiera tiempo con la chica que le gustaba porque ellos consideraban que no era suficientemente atractiva, a Ben y a su papá nos les llevó demasiado tiempo darse cuenta de que la inteligencia de esa chica era lo que la convertía en una compañía agradable —una muy buena amiga para noches de película y de largas conversaciones. ¿Quién se imagina lo que puede surgir de una relación así? “Ése es el problema con la televisión y las películas —comenta Ben—. Muestran las relaciones como un gran juego; todo tiene que ver con el espectáculo, y todos tienen que ser lindos”. Hoy en día el compromiso no es una prioridad. “Es como en la secundaria —dije—, donde las relaciones duraban una semana”. Hickling está de acuerdo. “Sólo una cuarta parte de los adolescentes piensa que la idea de estar comprometidos para toda la vida es increíble. El resto ni siquiera ve factible un compromiso para toda la vida”. Pero Adina Bogert-O’Brien, cuyos padres están casados desde hace muchos años, está junto a su pareja desde que eran adolescentes. “Algunos en segundo año salían con personas que casi no conocían porque les resultaba divertido”, menciona esta chica de 23 años. “Mi pareja fue primero mi mejor amigo, y luego descubrí cómo la amistad puede ser una parte positiva del amor”. El amor implica equivocarse. “El amor significa nunca tener que pedir perdón”. Esa es una tontería que piensan los adolescentes y que escuchan a través de los medios de comunicación, explica Johnson. Cuando ella quiere enseñarles a los adolescentes sobre el amor, siempre expone los errores que ella misma cometió. Luego de haber intentado hablar con su hija adolescente sobre lo que algunos chicos pretenden de las chicas, Johnson sabía que iba a terminar en una discusión. “Lo arruiné. Fui totalmente irracional —dice—. Pero luego me dirigí a ella y le dije: ‘Tienes razón en estar enojada conmigo. Perdí la calma. Te pido perdón’”. Según Johnson cuando hace algo así como padre, les está enseñando a los chicos el significado del amor: “El amor no es ser amable todo el tiempo. El amor consiste en cometer errores y admitirlos, para poder acercarte nuevamente a la persona. La conexión es más importante que el orgullo de querer tener siempre la razón”. El amor es confianza. Brian Klassen sabe que puede reaccionar de manera exagerada cuando su hija Jacqueline, de 18 años, llega más allá de las once de la noche, luego de haber pasado fuera de su casa una noche de fin de semana con su novio. “Iba a decirle todo lo que pensaba —cuenta—. Estaba por comenzar a hacerle un montón de preguntas: ‘¿Qué hicieron? ¿Qué clase de límites te estás poniendo a ti misma?’ Iba a ser muy duro”. Klassen, terapeuta, sabe que cuando el padre tiene un impacto emocional no es mejor momento para que entable una conversación con su hija adolescente sobre el amor. Jacqueline dice que prefiere hablar con sus padres sobre temas relacionados con el amor, las relaciones y la sexualidad en situaciones más informales. Por su parte, Klassen piensa que esas charlas resultan mucho mejor cuando salen a tomar un café con su hija o cuando viajan con su hijo en el auto. El terapeuta dice que no es bueno atosigar a los adolescentes con preguntas incómodas. Los padres deberían comenzar a hablar sobre otros temas, como los deportes o la escuela, antes de profundizar en temas sensibles como las relaciones. Compartir sus gustos sobre programas de televisión, películas y canciones también puede brindarles momentos de aprendizaje. Se trata de esos momentos en donde los padres e hijos tienen la oportunidad de conversar sobre las diferencias, entre lo que Jacqueline define como “falsa forma de amar” promovida por la industria del entretenimiento saturada de sexo, y las relaciones auténticas y desafiantes que los adolescentes aprenden a través de sus familias y el resto de la sociedad. El amor es mostrar cómo se hace. Al final, las acciones tienen mayor peso que las palabras. Las mejoras charlas son aquellas en las que padres e hijos hablan francamente. Por ejemplo, cuando la madre de Jacqueline le preguntó si mantuvo relaciones sexuales con su novio, ella respondió directamente. A pesar de cómo su hija responde preguntas íntimas como ésta, Klassen procura no alterarse. Solo trata de no ser agresivo porque cree que una de las claves de hablar con los adolescentes sobre el amor es mostrarles hechos. “Sabemos que tenemos poco poder sobre nuestros hijos adolescentes —sostiene—. Jacqueline se encuentra en quinto año. Ya toma sus propias decisiones. Queremos que ella sepa que la aceptamos y la queremos a pesar de que no coincidamos con las decisiones que tome. Para mí, ésta es una clara demostración del significado del amor”. Educación sexual: siga estos consejos Hablar de sexo con los hijos es una tarea difícil para los padres. Pero es importante afrontar la situación a tiempo: “La educación sexual es la estra- tegia que ha probado tener más éxito para postergar el inicio de las relaciones sexuales de los adolescentes y para promover conductas más responsables respecto al sexo”, asegura Alicia Figueroa, ginecóloga del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam). “En Chile, un estudio demostró que los colegios en los que se impartía educación sexual y los jóvenes tenían acceso a la atención médica relacionada a estos temas, el inicio de las relaciones sexuales se postergaba por lo menos un año, disminuyeron los embarazos no planificados y las enfermedades de transmisión sexual”, agregó Figueroa. La carencia de diálogo entre padres e hijos es un problema actual. Según una investigación financiada por el Ministerio de Salud de la Argentina, apenas cuatro de cada diez adolescentes hablan de sexo con sus padres. Esa “soledad” puede costarles caro. Teniendo en cuenta que, de acuerdo con un estudio del Celsam, el 51 por ciento de las argentinas tuvo su primera relación sexual entre los 16 y 19 años (un 11 por ciento la tuvo antes de cumplir los 16), que sólo el 20 por ciento de las adolescentes utiliza un método anticonceptivo en la primera relación sexual, y que una de cada cinco adolescentes queda embarazada en el primer mes de iniciadas las relaciones, una charla con sus hijos no puede pasar para otro día. Pero ¿qué pueden hacer los padres para proteger a sus hijos? ¿Cómo se brinda educación sexual desde casa? Siga estos consejos de los especialistas: • “No postergue la charla hasta la adolescencia. Se educa y enseña todos los días y en cada etapa de la vida. Desde que los niños comienzan a hablar con claridad, hacen preguntas sobre la sexualidad. ¿Cómo nací? ¿Cómo fue que mamá quedó embarazada? Son las más comunes que hay que responder siempre con la verdad, sin utilizar palabras difíciles”, afirma la psicóloga y sexóloga Andrea Gómez, miembro del Celsam. • Aproveche los disparadores cotidianos para abordar el tema. La televisión muchas veces da la oportunidad de enunciar nuestros valores y conceptos respecto al sexo. • Responda siempre las preguntas que los chicos formulen sin eludir el tema argumentando que “todavía sos chico para preguntar eso”. Si el chico pregunta es porque tiene la inquietud de saber, y hay que responder en forma concreta. • Llame a las partes del cuerpo por sus nombres correctos. • Brinde información sobre el sexo y permita que otras personas de confianza también la den (maestros, médicos, etc.). • Si en la escuela dan clases de educación sexual, participe activamente en esa educación pero no vuelque toda la responsabilidad en los docentes. • No cree un ambiente artificial para comenzar una charla ya que puede dar una sensación de “clandestinidad”

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