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Un fenómeno natural convirtió la costa de Shenzhen en una escena aterradora, en la provincia de Guangdong de China. Algunos residentes creían que un nadador había sido asesinado por un tiburón ya que el mar se convirtió en color rojo como la sangre. La extraña escena era un fenómeno natural causada por la proliferación de algas, que cambian de color a un color marrón oscuro o rojo oscuro cuando se reproducen en un área en gran número. Además de la prohibición de la natación, también se detuvieron las actividades de pesca. El observatorio de Shenzhen para el Medio Ambiente Marino y otros expertos dijeron que se espera que las algas desaparezcan una vez que la temperatura del agua baje.
¿Has escuchado hablar de la pareidolia? Se trata de un fenómeno muy curioso que nos permite identificar formas cotidianas en los objetos. Uno de los ejemplos más claros son las formaciones rocosas en Marte que asemejan rostros humanos. Otro, más reciente, y del que se habló mucho la semana pasada fue la forma de corazón que pudo apreciarse en Plutón. Lo que sucede, en resumen, es que para comprender el mundo de forma más rápida nuestro cerebro acostumbra a realizar asociaciones muy veloces con formas y cosas que acostumbramos a ver en nuestra vida cotidiana. El cerebro toma una “atajo” y por eso nos es posible identificar formas que nos parecen muy familiares. Ahora, los investigadores están relacionando este fenómeno con la inestabilidad emocional o neuroticismo. En un nuevo estudio, realizado en el Laboratorio de Ciencias de la Comunicación NTT, en Tokio, los científicos mostraron a un grupo de voluntarios una hoja de papel llena de puntos esparcidos aleatoriamente. Los participantes debían informar a los científicos si, entre esos puntos, podían distinguir alguna figura. Una vez concluido este proceso los investigadores cruzaron los datos con los rasgos de personalidad de los participantes – y los más neuróticos presentaban una tendencia superior a encontrar rostros en los puntos, de forma invariable. Para los investigadores este tiene mucho sentido: las personas más neuróticas, que suelen estar más tensas y emocionalmente inestables, tienen una mayor predisposición a la pareidolia resultado de un mecanismo evolutivo. Básicamente, estas personas siempre se mantienen alerta ante las amenazas, lo que significa que pueden percibir peligro donde no existe. Y el peligro puede tener forma de un rostro.

Imagina que estás pasando por una serie de síntomas que apuntan a la depresión y, en lugar de solicitar una sesión con un psicólogo, simplemente defecas en un bote de muestras para laboratorio para descubrir si la enfermedad te está aquejando. Parece algo enfermo, pero el avance en los estudios sobre los vínculos entre las bacterias de nuestro intestino y nuestro estado de ánimo apuntan exactamente hacía este camino. En el organismo humano existen miles de millones de bacterias y virus poblando diversas partes del cuerpo. Estas bacterias producen vitaminas y rompen la energía de los alimentos que se consumen. Pero no solo eso, también se encargan de producir varias sustancias químicas – incluso neuroquímicas –, y algunos científicos creen que algunas de estas son responsables por la comunicación entre las neuronas y la regulación del humor, como la dopamina y la serotonina. Y no es casualidad, pues estas sustancias también están relacionadas a las enfermedades intestinales, que muchas veces coinciden con enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad. Es decir, por más extraño que parezca, la microbiología y la neurociencia tienen mucho en común. Las causas más comunes de la depresión están en una predisposición genética, desequilibrio hormonal o de neurotransmisores, traumas infantiles o acontecimientos en la vida. En el futuro, las bacterias podrían hacerse con un lugar de esta lista. La científica Mark Lyte y su grupo de especialistas de la Universidad Tecnológica de Texas han venido realizando experimentos para demostrar la forma en que algunos microbios intestinales influencian el cerebro imitando fármacos psiquiátricos. El grupo estudia los compuestos psicoactivos encontrados en las heces de monos, para después transferir los microbios de una primate recién nacido a otro intestino y ver el desarrollo neurológico del segundo animal. La hipótesis es que una variedad de trastornos neurológicos, entre ellos el autismo y la hiperactividad, pueden estar relacionados con los problemas gastrointestinales. Y alterar las bacterias en el organismo de una persona es mucho más fácil que cambiar sus genes. Aparentemente los científicos habían estado enfocados en el lugar incorrecto hasta ahora.

¿Acabas de ser papá y te sientes infeliz? Un nuevo estudio llevado a cabo en Alemania concluyó que traer al mundo a un hijo puede ser peor para el bienestar mental de una persona que el divorcio o la muerte de un ser querido. Son palabras horribles, ¿verdad? ¿Cómo es que tener un hijo puede convertirse en algo tan miserable? Bueno, es un poco pronto para sacar conclusiones del estudio, que requiere replicarse para que sea corroborado. Pero los resultados son intrigantes y pueden ser el punto de partida para una reflexión sobre el fenómeno de formación de las familias en el mundo actual. Uno de los objetivos principales del estudio publicando en la revista Demography, era analizar por qué los índices de natalidad en muchos países desarrollados habían caído y se mantenían bajos. Además de esto, la investigación pretendía revelar por qué muchas veces existe una disparidad entre el número de hijos que las personas dicen querer tener, y los que realmente tienen. El grupo de investigación dio seguimiento a 2,016 parejas alemanas sin hijos, y registraron información desde el nacimiento del primogénito hasta aproximadamente dos años después. Los participantes tenían que responder periódicamente preguntas como “¿Qué tan satisfecho estás con tu vida, tomando en consideración todas las cosas?”, en donde las respuestas iban de 0 (totalmente insatisfechos) a 10 (totalmente satisfechos). De forma general las parejas se mostraban satisfechas antes del nacimiento de su primer hijo, con una felicidad en constante crecimiento en anticipación al embarazo. Sin embargo, tras el nacimiento del primer hijo, solo el 30% de los padres mostraron los mismos o mayores niveles de satisfacción. El 70% restante informó una disminución en su felicidad. Entre ese grupo de nuevos padres y madres que se hicieron menos felices, 37% reportaron caídas de una unidad, el 19% un descenso de dos unidades y el 17% un descenso de tres unidades. Esto se considera bastante grave. ¿Por qué un recién nacido trae tanta infelicidad? Probablemente por qué esos dos años son los más difíciles, donde abundan las noches sin dormir y desafíos que previamente parecían impensables. Además, otro estudio publicado en el Population and Development Review en 2011 reveló que tener hijos viene acompañado con una caída de la felicidad durante los primeros años, pero con un aumento en la felicidad general un poco más tarde, cuando ya no dependen tanto de los padres (y dejan de chupar toda la alegría del alma). En este nuevo estudio alemán, los desafíos que representa la paternidad se dividieron en tres categorías que afectaron el deseo de reproducirse nuevamente: primero se tomaron en cuenta los problemas de salud en el embarazo (percibidos por ambas partes), y después las complicaciones durante el parto. El tercero fue el desafío continuo que representa educar a los hijos. Los padres informaron cansancio debido al acto de tener que amamantar, privación del sueño, depresión, aislamiento doméstico y problemas en la relación conyugal. Otro descubrimiento sorprendente de esta nueva investigación es que la caída en los índices de felicidad fue extrema si se compara con otros estudios que emplearon las mismas medidas. El divorcio fue medido con una caída de 0.6 en la felicidad, por ejemplo, mientras que la muerte de un cónyuge o pareja en 1.0 Mientras que tener un bebé llevó a un descenso promedio de 1.4 unidades en la felicidad de las personas, y muchos padres que indicaron el deseo de tener más hijos se detuvieron con el primero. La asociación de negatividad resultó particularmente elevada para los padres más viejos y aquellos con niveles más elevados de educación. La conclusión de la investigación es que las parejas deben considerar el cambio que sufrirá su vida antes de tomar la decisión de tener un hijo. Las expectativas más apegadas a la realidad pueden evitar un descenso tan evidente en la felicidad. Los autores de esta investigación, Rachel Margolis y Mikko Myrskylä, están afiliados al Departamento de Sociología de Western Ontario, en Canadá, con el Laboratorio de Felicidad y Bienestar del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica, en Alemania, con el Departamento de Política Social de la London School of Economics and Political Science, en el Reino Unido, y con el Departamento de Investigación Social de la Universidad de Helsinki, en Finlandia.

Si ya tuviste el infortunio de recibir un “abrazo” de una medusa (malagua, aguamala, aguaviva, etc.) mientras nadabas en la playa, debes recordar hasta hoy el dolor que sentías. No hay forma de pensar en otra cosa que no sea la sensación de quemazón en la piel, al mismo tiempo que la zona de la lesión se irrita ferozmente. Existen algunas creencias populares que recomiendan aplicarse vinagre y hielo en el área afectada, esto con el fin de cesar el efecto de los nematocistos – unas diminutas células urticantes con forma de aguijón esparcidas por los tentáculos de la medusa, responsables por liberar las toxinas –, y aliviar la sensación de ardor. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que estos remedios no son del todo eficientes, aunque pueden ayudar un poco. Y no, echar orina sobre la herida tampoco resulta un buen remedio, contrario a lo que pudo haberse interpretado de un episodio de Friends. Un estudio realizado en Australia, un lugar famoso por la cantidad de medusas y otros animales igual de terroríficos en sus playas, sugirió la hipótesis de que el vinagre impide que los nematocistos que permanecen intactos en la piel se descarguen, pero en compensación intensifica la acción de aquellos que ya dispararon sus aguijones. Sin embargo, esta teoría no ha sido completamente probada. El tratamiento que se ha probado de forma más eficiente se publicó en junio del año 2012 en una revista médica gracias a Dr. Nicholas T. Ward, un investigador del Departamento de Emergencias Médicas de la Universidad de San Diego, en California. Según el artículo, la solución más eficaz contra una picadura es lavar la zona afectada con agua caliente y después aplicar algún anestésico local, como la lidocaína. Evidentemente, dependiendo de la gravedad de la picadura, se debe llevar a la persona lo más rápido posible a algún sitio para que reciba atención médica de urgencia. Dependiendo de la concentración de toxinas liberadas por ciertas especies de estos animales, la picadura podría resultar letal.

Así es gente, hoy no es mi cumpleaños y de hecho éste post es para ver si puedo recibir algunos saludos de los taringueros que están despiertos a ésta hora.. no se si voy a seguir en T! cuando llegue mi cumpleaños asi que se me ocurrió... Porque no me podrían saludar hoy?? Y ahora si empieza la YAPA Ahora que soy Taringa! Bits espero que me dejes bits en lugar de puntos... no seas rata hijo de puta
Es de conocimiento general que existen cinco sabores fundamentales: dulce, ácido, salado, amargo y umami (sabroso). Pero según una investigación llevada a cabo en los Estados Unidos, ahora podemos agregar el sabor grasa a esa lista, y los científicos tienen esperanza en que este descubrimiento ayude a entender los motivos subyacentes por las que tantas personas alrededor del mundo comen en exceso. Si los investigadores logran confirmar el sabor grasa, esto nos ayudará a entender el atractivo de determinados alimentos. Por sí solo, el sabor grasa no puede ser particularmente agradable, pero podría complementar y mejorar a los otros sabores de la misma forma que sucede con el amargo. Algunos sustitutos de grasa para ingredientes alimenticios ya se encuentran en el mercado, pero están enfocados en la textura en lugar del gusto, por lo que esta nueva investigación podría ofrecer nuevas y eficaces formas de hacer frente a las dietas ricas en grasa. Dicho de otra forma, una alternativa más saludable al sabor grasa podría no solo hacer que la comida sepa igual, sino que se sienta con la misma textura en la lengua. “Nuestros experimentos han proporcionado un elemento faltante en la evidencia de que la grasa tiene un sensación de sabor, y se diferencia de los demás sabores”, dijo Richard Mattes, el director de Ingestive Behaviour Research Centre en Purdue University, a The Independent. “Identificar el sabor de la grasa tendrá una serie de consecuencias importantes para la salud”. Umami, que hace referencia a un sabor carnoso o sabroso, es el sabor más reciente que se ha integrado a la lista, y se utilizó por primera vez en 1908. Los otros cuatro – dulce, ácido, salado y amargo – se establecieron desde hace muchos siglos. El proceso de obtener un nuevo sabor reconocido no sucede de la noche a la mañana, pero Mattes y sus colegas confían en que sus descubrimientos tienen solidez. Los investigadores analizaron la sensación del sabor de los ácidos grasos no esterificados (AGNE) – también conocidos como “ácidos grasos libres” – que son los componentes básicos que constituyen a los bloques de grasas. Solicitaron a los voluntarios que se colocaran unas pinzas en la nariz para después probar una serie de diferentes sustancias como el ácido linoleico, glucosa y cafeína; donde la única diferencia era el gusto. Consistentemente los participantes identificaron a la grasa con un sabor distintivo del resto de las muestras ofrecidas. “Algunas personas lo describen como amargo o irritante y consistentemente desagradable”, dice Mattes. “La investigación resulta difícil por qué no existe una palabra generalizada para describir la sensación”. Esta novedosa investigación fue publicada en la revista Chemical Senses y está respaldada por numerosos estudios científicos previos. Un reportaje a inicios de este año en la revista Flavour reveló “un creciente cúmulo de evidencia de seres humanos y otras especies animales” de que la grasa debería clasificarse como el sexto sabor. Sin embargo, un reconocimiento oficial solo podría tener efecto hasta dentro de varios años.