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Usuario (Reino Unido)

SOBRE CÓMO LOS ADOLESCENTES PERCIBEN LAS REDES SOCIALES Y SUS USOS Un estudio demuestra que los adolescentes han perdido la pasión por la red social y buscan alternativas más personales, privadas y menos dramáticas. Las redes sociales se han vuelto una parte esencial de la vida actual y nos han presentado una increíble oportunidad para mantenernos en contacto con nuestros seres queridos. Lamentablemente, esta misma habilidad de abrir las puertas al mundo significa que en muchos casos estamos abriendo las puertas de nuestra vida personal al mundo también, y no todos en él tienen buenas intenciones. Es posible que los más vulnerables a esta sobre-exposición global a través del internet son los niños y adolescentes que usan estas redes constantemente, sin embargo un estudio reciente ha demostrado que los adolescentes aprecian su privacidad, por lo que se han vuelto más críticos en cuanto al uso de redes sociales. El estudio realizado por el Pew Research Center señala que aunque los adolescentes siguen usando Facebook, realmente están hartos de la red social porque la consideran demasiado dramática y menos interesante que Twitter o Instagram. El estudio aplicó una encuesta a 802 adolescentes (edades de 12 a 17) para analizar sus hábitos en las redes sociales y encontró que aunque los adolescentes usan la red social para mantenerse al tanto de todos los chismes, muchos sienten que es más una obligación social que un placer usar la página. Esto se debe a dos razones principales: 1. Sus padres tienen Facebook, lo que significa que no es tan privado por lo que ha dejado de ser una plataforma que los adolescentes sienten es exclusiva y absolutamente suya, según una adolescente de 19 años “Por eso uso Twitter e Instagram [en vez de Facebook], mi mamá no los tiene.” 2. Es demasiado dramático. Según una adolescente de 14 años ya que “Facebook puede ser divertido, pero también es un núcleo de drama… las personas implican cosas y dicen cosas, hasta con darle ‘like’ a algo, cosas que no dirían en la vida real”. El descontento de los adolescentes con la red social se ve reflejado en los siguientes hábitos: Borran, mienten y bloquean: alrededor del 75% de usuarios de Facebook (no sólo adolescentes) ha purgado su página de Facebook de personas indeseables, un 58% ha editado o borrado contenido que han compartido y el 26% ha mentido para tratar de proteger su privacidad. De los adolescentes que usan Facebook un 39% ha mentido sobre su edad y de acuerdo con el estudio “los niñas tienden a borrar más amigos que los niños (82% vs. 66%), y también bloquear a personas (67% vs. 48%)”. Usuarios súper activos en Facebook también lo son en otros sitios: Adolescentes con grandes cantidades de “amigos” en Facebook tienden a tener más perfiles en otros sitios en comparación con sus compañeros: el 46% de chicos con más de 600 amigos en Facebook tienen Twitter, y el 12% de los mismos tienen una cuenta en Instagram. En contraste, tan sólo el 21% de adolescentes con menos de 300 amigos tiene Twitter y, solo el 21% de estos tiene Instagram. Los adolescentes tienen cientos de amigos, pero no los conocen a todos: el adolescente promedio tiene 300 amigos, (las niñas tienen en promedio 350 y los niños 300). El 70% de los adolescentes son amigos con sus padres (y de estos sólo el 5% cambia su privacidad para que no puedan tener acceso completo a su información), el 30% con maestros o entrenadores, y el 33% con personas que nunca han conocido en persona. Buscan cuidar su privacidad: el 60% de los adolescentes en Facebook dicen que han checado los ajustes de privacidad de su cuenta en el último mes —un tercio de estos en la última semana. La mayoría de ellos (el 60%) tiene su perfil en privado, mientras que el 14% lo tiene completamente abierto. Sin embargo, comparten información personal: Aquellos adolescentes con más amigos tienden a compartir más detalles de su vida personal. El 21% de ellos comparten su número de celular, el 63% comparte su estatus de relación y el 54% comparte su correo electrónico. El 17% de ellos comparte su locación cuando postea algo y el 18% admite haber compartido algo de lo cual se arrepintieron después. Lo disfrutan pero también han sido contactados por pervertidos: el 17% de adolescentes contactados por Pew dicen que han sido contactados por desconocidos en una manera que los hace sentirse incomodos o con miedo. Sin embargo, por otro lado el 57% de ellos dice que han tenido una experiencia en línea que los hace sentirse bien consigo mismos y el 37% se ha sentido más conectado con alguien más en línea. Mientras que es admirable que adolescentes puedan decidir, tras un análisis crítico, usar las redes sociales que más se adaptan a sus necesidades, muchos de ellos las perciben como una obligación. Todos (no sólo los adolescentes) debemos de recordar que una red social no es una obligación, nosotros decidimos qué tan importante es en nuestras vidas, y tenemos la libertad de decidir cuando los riesgos a los que no exponemos ya no valen la pena.

Anonymous ha hecho perder millones de dólares a compañías como Sony y sus subsidiarias, pero hay aspectos de su involucramiento en causas sociales que nos hacen meditar sobre los verdaderos motivos de esta organización sin organización aparente. El grupo de activistas electrónicos Anonymous, tal vez a través de la insignia de Guy Fawkes, es uno de los referentes icónicos más importantes para entender el actual estado de la participación política de los jóvenes en los estados democráticos y en las plataformas sociales de Internet. Vaya, todos saben quienes son Anonymous, y el 2011 y 2012 no podrían entenderse sin sus apariciones tanto con comunicados en videos, apariciones en protestas públicas y sobre todo ataques DDoS, inhabilitando páginas web de gobiernos o empresas con las que están peleados. A medio camino entre héroes y delincuentes (pues cabe recordar cómo han hecho perder fortunas a empresas como Sony a través de la desconexión de su red de juego en línea, además de divulgar bases de datos de esta y otras compañías que favorecían la ley ACTA, etc.), Anonymous ha sido impulsado por una clara conciencia social desde el principio. A pesar de todos los lulz que queramos, hay una línea de temas que el grupo (sin grupo) ha atacado férreamente, como la pornografía infantil y la xenofobia, para lo cual la participación de los anons ha sido determinante en muchas ocasiones. Veamos algunos casos: 8. En diciembre del 2006, Anonymous atacó el sitio del supremacista blanco Hal Turner, quien tiene un programa radiofónico. El ataque implicó el pago de cuentas de ancho de banda nada baratas y algunas demandas al año después. 7. En enero del 2008 Anonymous lanzó ataques DDoS a diversas páginas de la iglesia de la Scientología, un culto-religión que presuntamente encarcela a sus miembros disidentes. En lo que fue conocido como “Project Chanology”, Anonymous tiró muchas páginas web de dicho culto, entró en el buscador Digg para que mostrara en sus resultados de búsqueda más páginas anti-Scientología que a favor y protestaron físicamente fuera de las instalaciones de dicha iglesia. 6. En febrero del 2011, Anonymous publicó información de usuarios de uno de los foros de hackers más grandes del mundo. La empresa de seguridad informática Mandiant fue capaz de seguir esos datos hasta relacionar a la inteligencia militar China con ciberataques contra Estados Unidos en lo que va de este año. 5. La Escuela Bautista de Westboro es especialmente intolerante y hace uso de lenguaje de odio de manera sostenida. Anonymous tiró el sitio web de dicha iglesia en febrero del 2011 en protesta. 4. La operación DarkNet, en octubre de 2011, fue una campaña de Anonymous en contra de la pornografía infantil. Los fanáticos de esta clase de material utilizaban efectivamente la tecnología para ocultarse a sí mismos y a sus terribles pasatiempos, por lo que Anonymous pudo usar la misma tecnología para sacarlos del juego. 3. El 13 de agosto del 2012, las tensiones étnicas y legales en Uganda se mostraron especialmente intolerantes contra los grupos LGBT. Anonymous bajó un par de sitios web del gobierno en protesta. Este mismo móvil ha sido utilizado en el caso de otras operaciones en América Latina, en países como Chile, Brasil y México. 2. A principios de este año, un grupo de preparatoria violó a una chica y diseminó imágenes del acto en redes sociales. La chica terminó cometiendo suicidio. En lo que se conoció como “el caso de la violación de Steubenville”, Anonymous publicó en línea videos, tweets y otra información que llevara a exponer a los implicados en la violación, todos miembros del equipo de futbol escolar. 1. Este mes Anonymous comenzó la “Operation Free Korea”. El objetivo de la operación es nada menos que hacer que el líder Kim Jong-un renuncie a su cargo, instale la democracia libre, abandone sus ambiciones nucleares y garantice el acceso irrestricto a Internet a todos sus ciudadanos. El 3 de abril pasado, Anonymous publicó 15 mil nicks y passwords de los servicios informáticos del gobierno, amenazando además con borrar la información del gobierno.
¿Hasta qué punto la ingeniería neuronal podría hacer del nuestro un mundo más sano y seguro, y cuánta de nuestra libertad individual estaríamos dispuestos a perder para alcanzarla? La neuróloga Kathleen Taylor de la Universidad de Oxford sorprendió a los asistentes al Festival Literario de Hay, en Gales, cuando anticipó que durante los próximos sesenta años la ciencia del cerebro tratará los fanatismos religiosos como hoy en día trata las enfermedades mentales. La doctora Taylor igualó las creencias “nocivas” de las personas con enfermedades psíquicas, refiriéndose específicamente a la radicalización de los cultos religiosos y las ideologías que promueven comportamientos o soluciones violentas a conflictos. “No hablo sólo de los candidatos obvios, como el Islam radical o cultos más extremos”, dice la investigadora, “hablo sobre cosas como la creencia de que está bien golpear a tus hijos. Estas creencias son muy dañinas y no son categorizadas normalmente como enfermedad mental.” En su libro The Brain Supremacy (“La supremacía del cerebro”), Taylor afirma que los neurólogos de las próximas décadas no pueden evadir el tomar una posición moral respecto a la manipulación del cerebro humano. “Las tecnologías que cambian profundamente nuestra relación con el mundo a nuestro alrededor no pueden ser simplemente herramientas para el bien o el mal si alteran nuestra percepción mágica de lo que es el bien y el mal.” ¿Será que lo único que la ciencia podrá ofrecer para mejorar –o sin ir tan lejos, para comprender– el comportamiento humano serán nuevos diagnósticos para nuevas enfermedades? Debemos pensar que hace poco el médico Leon Eisenberg, quien describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) por primera vez durante los años 60, confesó que se trataba de una “enfermedad ficticia”; la película Hysteria (estelarizada por Maggie Gyllenhall) sugiere que el tratamiento prescrito a finales del siglo XIX, a saber, la masturbación del sexo femenino en condiciones clínicas, también se encaminaba a patologizar el deseo sexual femenino, un tema tabú en la sociedad victoriana. Por otra parte, ¿hasta qué punto el interés por interpretar de manera transparente la conducta y las intenciones de los seres humanos obedece a una neurosis generalizada de seguridad, tal vez una ola más del tsunami que pasó sobre la historia moderna desde el 9/11? ¿Qué criterio determinará qué prácticas sociales pueden ser calificadas de extremistas o radicales y cuáles pueden ser admitidas, de modo que los derechos civiles sean respetados, pero también las libertades de culto y expresión? La pregunta que debemos tener en mente es por los alcances últimos de la ingeniería de la conducta y sus peligros, que han sido abordados más ampliamente por la ciencia ficción que por la ciencia “como tal” (que muchas veces se disfraza a sí misma de ficción.)
10 experimentos que de algún modo revelan la existencia de esas potencias que al menor descuido se apoderan de la frágil mente humana, ese juguete de fuerzas que nunca creeríamos que también nos habitan y forman parte de nosotros. La mente humana —que de algún modo experimentamos como un teatro— se compone de elementos que fácilmente podemos manipular, sea con variaciones de la propia percepción o con agentes externos que, como los químicos, intervienen directamente en las estructuras del cerebro. Sin embargo, como con todo experimento, la posibilidad de fracaso se encuentra siempre presente. Hay ocasiones en que las cosas no se resuelven como la hipótesis inicial lo planteaba y las variables salen del control de los experimentadores. A continuación presentamos 10 experimentos que desbordaron todas las previsiones planteadas, demostrando de algún modo que la mente es, como querían los antiguos griegos, el juguete predilecto de potencias que se manifiestan solo cuando el precario dominio que ejercemos sobre ella afloja por un instante la rienda. El experimento de la prisión de Stanford En 1971, Philip Zimbardo, psicólogo en la universidad de Stanford, convocó a un grupo de estudiantes para estudiar la manera en que se asumen ciertos roles —y, secretamente, para explorar la noción del mal en el alma humana. Simulando una cárcel, algunos tomaron el papel de guardias y otros el de prisioneros, aunque sin avisarles previamente. Una mañana kafkiana los primeros fueron a los hogares de los segundos y los arrestaron, llevándolos a celdas donde los vigilaban y incluso más que eso: pasados algunos días, el poder obtenido súbitamente trastornó tanto a los guardias que pronto incurrieron en prácticas sádicas como la tortura. Apenas 6 días después de iniciado, Zimbardo se vio forzado a suspender el experimento. Wendell Johnson y los huérfanos tartamudos Tomando como sujetos de experimento a 22 niños huérfanos, 10 de ellos tartamudos, Wendell Johnson, de la universidad de Iowa, los dividió en dos grupos que recibieron, cada uno por su cuenta, terapia del lenguaje, solo que el primero con un terapista que reconocía sus progresos y el otro con uno que castigaba sus errores. Con el tiempo, los niños pertenecientes a este último grupo mostraron serias afectaciones en su salud mental e incluso algunos desarrollaron trastornos que antes no tenían. Todo esto sucedió durante seis meses 1939. En 2007, seis de los niños del grupo “negativo” recibieron una compensación de casi 1 millón de dólares por el daño causado por el experimento. MK-ULTRA El célebre proyecto MK-ULTRA de la CIA, que tenía como propósito fundamental explorar la noción y las aplicaciones del control mental, fue durante la década de los 50 y los 60 un semillero de individuos desequilibrados cuyas vidas terminaron destruidas por esta ambición de reducir a una persona —y eventualmente a cientos o miles— a un objeto sin voluntad propia. Elefantes en LSD El LSD, una de las drogas favoritas de la experimentación en la década de los 60 y los 70, enigmática en sus efectos sobre la mente, conoció también una prueba en que fue administrada a un elefante por Warren Thomas, director del Lincoln Park Zoo situado en Oklahoma. Su prueba, sin embargo, aportó poco o nada al conocimiento científico, pues el animal que recibió la dosis murió a los poco instantes entre convulsiones y estremecimientos. El experimento de Milgram Antecedente directo de Zimbardo, Stanley Milgram estaba obsesionado con el concepto de autoridad y la manera en que cualquiera lo asume casi sin reflexionar, apegándose inmediatamente a los mandatos de otro solo porque, digamos, este viste una bata (y entonces suponemos que es un médico) o se encuentra en una jerarquía social superior (categoría que, cuando se le mira de cerca, también parece bastante endeble). En particular Milgram no entendía el asunto del Holocausto, el hecho de que una persona perdiera toda piedad, compasión y demás emociones humanas y, aparentemente como si realizara una acción mecánica, matara a decenas o cientos de personas. El experimento de Milgram consistió en pedir a una persona que hiciera preguntas a otra, a quien cada respuesta equivocada le costaba un choque eléctrico cuya intensidad aumentaba a la par de los errores, todo esto supervisado por un hombre con la aparente autoridad de un científico que conocía las razones del experimento. Lo que no sabía la primera persona es que su contraparte era un actor que fingía el dolor sentido por las descargas eléctricas, mismas que en realidad no existían. Para sorpresa de Milgram, había personas que siguiendo las órdenes del supervisor seguían aplicando los choques a pesar de que el hombre se retorcía de dolor y suplicaba que su agonía cesara. Esquizofrénicos que dejaron de tomar sus medicinas En los ochentas, un grupo de psicólogos de la Universidad de California diseñó un experimento para saber cómo mejorar el tratamiento de la esquizofrenia, teniendo como fase fundamental que pacientes con esta enfermedad suspendieran los medicamentos que acostumbraban consumir para mantenerla a raya. La medida fue contraproducente y casi todos vieron exacerbados sus síntomas. Incluso uno, Tony LaMadrid, saltó desde la azotea de un edificio seis años después de haber formado parte del estudio. El pozo de la desesperanza Como inspirado en una ficción de Poe o algún otro maestro del terror, el psicólogo Harry Harlow buscó arrancar su secreto al amor aislando monos en un aparato que denominó “el pozo de la desesperación”, una cámara vacía en la que el animal se encontraba privado de todo estímulo y socialización. ¿Los efectos? Ninguno otro más que la locura, manifestándose en comportamientos como que algunos animales comenzaron a comerse a sí mismos. Terapia de aversión a la homosexualidad Si toda enfermedad tiene su cura y la homosexualidad es una enfermedad, entonces esta puede curarse. Víctimas de tan falsa e insostenible lógica, muchas personas en la década de los 60 asistieron a terapias que prometían curarlas de su orientación sexual y devolverlas a la “normalidad”. Técnicas entre las que destacó la “terapia de aversión”: al mismo tiempo que una persona era expuesta a imágenes homosexuales, se le daban electroshocks e inyecciones que provocaban náuseas y vómito. David Reimer Con tan solo 8 meses de edad, en 1966, David Reimer perdió su pene a causa de una circunsición mal realizada. John Money, psicólogo, sugirió entonces a sus padres que la mejor alternativa para el futuro desarrollo del pequeño David era una cirugía de cambio de sexo. Money, sin embargo, tenía intereses propios en el asunto y, sin comunicárselo a los padre, utilizó al recién nacido para probar que la identidad de género no era innata, sino una consecuencia de la educación y la interacción social. David se transformó en Brenda y aunque sus genitales tenían la apariencia de una vagina y desde siempre recibió suplementos hormonales, actuó como un niño durante toda su infancia. Esto provocó que la familia se separara. A los 14 Brenda supo la verdad, y tomó la decisión de volver a ser David, nombre con el cual se dio muerte a los 38 años.
Se ves algo turbio en las imágenes de a continuación, es porque vives pensando en.... you know no, no, no es lo que pensas.. es una lampara tampoco es lo que pensas... es la axila de la que toma la foto son dos talones, enfermo! no no, no es un escote.. es un libro!!! atención a la primera imagen.. no es lo que pensas... explota tu cabeza (? jaja le mete el puño, verdad? no no... nooooo era la mano!!! no, amig@... las asiaticas no lo estan pasando tan bien