leonardosebastian
Usuario (Argentina)

Encontre esto dando vueltas por la web y me parecio interesante, jeje aunque tambien gracioso... (no creo que funcione lo de exel 95, me parece mas una gastada pero bue... NOTICIAS ESPELUZNANTES SOBRE BILL GATES & MICROSOFT ( ) Si utilizas productos MICROSOFT, debes saber estos hechos... Sabes que el VERDADERO nombre de Bill Gates es William Henry Gates III? Hoy en día se le conoce como Bill Gates (III) donde "III" significa "tercero". Entonces, que es lo espeluznante de este nombre? Si tomas todas las letras del nombre Bill Gates III y obtienes el código equivalente en ASCII (American standard code for information interchange) de cada una y los sumas todos obtendrás el numero 666, que es el numero de la bestia !!! B = 66 I = 73 L = 76 L = 76 G = 71 A = 65 T = 84 E = 69 S = 83 I = 1 I = 1 I = 1 ____________ = 666 !!!! EL NUMERO DEL DIABLO ........ jaja Coincidencia? quizás, pero toma WINDOWS 95 y haz lo mismo, y obtendrás 666 también !!! Y lo mismo vale para MS-DOS 6.21 !!! Estas seguro de que esto es una coincidencia? Tu decides ... MS-DOS 6.21 ** 77+83+45+68+79+83+32+54+46+50+49 = 666 WINDOWS 95 ** 87+73+78+68+79+87+83+57+53+1= 666 Prepárate porque ahora viene lo bueno!!!!! Para aquellos de vosotros que tengáis Excel 95 (no el Excel de Office >> 97) probad esto: 1. Abre un nuevo fichero. 2. Posicionate en la fila 95. 3. Haz click en el botón con numero 95, así la línea entera queda seleccionada. 4. Pulsa el tabulador, para moverte a la segunda columna. 5. Ahora, con el ratón selecciona en el menú Ayuda(?) la entrada "Acerca de Microsoft Excel ..." 6. Pulsa las teclas ctrl-alt-shift a la vez y con el ratón oprime el botón "Soporte técnico" 7. APARECERA UNA VENTANA, CON TITULO: THE HALL OF TORTURED SOULS. Esto es realmente espeluznante, de acuerdo. Es un programa similar al juego Doom, y se puede recorrer con los cursores. En las paredes aparecen los nombres en movimiento de las almas torturadas. 8. AHORA DIRÍGETE HACIA LAS ESCALERAS Y DATE LA VUELTA HACIA LA PARED QUE ESTARIA EN TU ESPALDA AL COMENZAR EL JUEGO. Es blanca y cuadriculada. Teclea EXCELKFA. Esto abre la pared y revela otro pasaje secreto. Introdúcete en el y procura no caerte del camino elevado (esto es muy difícil!!), cuando llegues al final, veras algo realmente espeluznante. Hasta este punto, innumerables testigos en todo el mundo han verificado que esto es una verdadera revelación que te abre los ojos. Podría ser una broma de los programadores de Microsoft, o no? No seria sorprendente que Bill Gates fuera "El Anticristo", después de todo ya lo dice en la Biblia que alguien poderoso vendrá, y guiara al mundo a la destrucción. Y Bill Gates sin lugar a dudas tiene ese tipo de poder en sus manos. Mas del 80% de los ordenadores del mundo tienen Windows y DOS (incluidos los del Pentágono!). Si todos esos productos tienen algún tipo de pequeño programa embebido (como este de "Hall of Tortured Souls" esto puede darle el control de configurar los arsenales nucleares, haciendo estragos en los sistemas de seguridad, y en los sistemas financieros del mundo, etc... Todo esto se puede hacer desde su sede y no esta lejos de la realidad! Solo usando Internet Explorer podemos permitirle espiar lo que tenemos en el ordenador bit a Bit cada vez que nos conectamos. Quizás el fin del mundo esta cerca y esto es solo la punta del iceberg!? Cita de la Biblia: "Y el obligo a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, a recibir una marca en su mano derecha o en su frente, de tal modo que nadie pudo comprar o vender sin la marca, que es el nombre de la bestia o el numero de su nombre. [...] Este numero es 666." Apocalipsis 13:16-18. Mira ... Es algo sobre lo que debes pensar ... Si la Biblia, en el libro del Apocalipsis dice que sin El signo de la bestia uno no podría ser capaz de comprar, vender, hacer transacciones comerciales, etc ... entonces ... Mi pregunta es: Es Internet hoy día una necesidad para hacer negocios? Hay que notar que Internet también se conoce como la World Wide Web (Tela de Araña Mundial) o WWW ... Otra forma en que podemos escribir W es V/ (VI) así: W W W = VI VI VI 6 6 6 Esto me da que pensar ... No va todo encaminado a introducirse en Internet? (p.e., comprar/vender bienes, transacciones comerciales). Y no esta Microsoft intentando siempre tener el monopolio de la tecnología software que toca, y ahora de Internet? El Apocalipsis también dice que la marca de la bestia se portara en la mano y en la frente de cada uno . Si Internet fuera en realidad el signo de la bestia, no estamos empezando a llevarlo en nuestras manos (usando el ratón) y en nuestras frentes (pantalla)? Finalmente, todo encaja o estamos dejándonos llevar por la imaginación?? Recuerda, el demonio viene a estafar, robar y destruir ... así que estate VIGILANTE respecto a Bill Gates y Microsoft. "Estar o no estar de acuerdo con la WWW o la Bestia", esa no es la cuestión. Y si WWW es el 666? O Bill Gates es la Bestia? Que harás? Cancelar tu subscripción a Internet? Renegar de Microsoft? Organizar una campana contra Bill Gate en Internet? Desconectar todos los Windows 95 para siempre? Eso no te haría ningún bien ... piensa en ello y reza, reza en serio o bien Nunca Dejes de Creer ... The truth is out there ...

Pablo Milanés Yo pisaré las calles nuevamente Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes. Yo vendré del desierto calcinante y saldré de los bosques y los lagos, y evocaré en un cerro de Santiago a mis hermanos que murieron antes. Yo unido al que hizo mucho y poco al que quiere la patria liberada dispararé las primeras balas más temprano que tarde, sin reposo. Retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas. Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores. Un niño jugará en una alameda y cantará con sus amigos nuevos, y ese canto será el canto del suelo a una vida segada en La Moneda. Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes

Julio Cortázar RAYUELA(capitulo 7) Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. Descarga "Rayuela" de Julio Cortázar Aqui capítulo 7 recitado por Julio Cortázar Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=UvQOzyVW5JQ Espero lo hayan disfrutado.

La maza Silvio Rodríguez Mercedes Sosa Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura. Si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza. Si no creyera en lo que agencio si no creyera en mi camino si no creyera en mi sonido si no creyera en mi silencio. Que cosa fuera Que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores que lucecitas montadas para escena que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso jubilo hervido con trapo y lentejuela que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera. Si no creyera en lo mas duro si no creyera en el deseo si no creyera en lo que creo si no creyera en algo puro. Si no creyera en cada herida si no creyera en la que ronde si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida. Si no creyera en quien me escucha si no creyera en lo que duele si no creyera en lo que queda si no creyera en lo que lucha. Que cosa fuera Que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores que lucecitas montadas para escena que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un eternizador de dioses del ocaso jubilo hervido con trapo y lentejuela que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera. Silvio Rodríguez.
Continuidad de los parques Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela. Julio Cortázar de "final del juego" Espero les haya gustado.

Miguel Hernández LA BOCA Boca que arrastra mi boca: boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos fúlgidos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astro que tiene tu boca enmudecido y cerrado hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados. Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡Cuánta boca enterrada, sin boca, desenterramos! Beso en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos, besos distantes y amargos. Hundo en tu boca mi vida, oigo rumores de espacios, y el infinito parece que sobre mí se ha volcado. He de volverte a besar, he de volver, hundo, caigo, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos y enamorados. Boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, tres fuegos has heredado: vida, muerte, amor. Ahí quedan escritos sobre tus labios. Tristes guerras Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes, tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes, tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, tristes. .Miguel Hernández. Antes del odio, Miguel Hrnandéz link: Miguel Hernandez- Elegia / J.M. Serrat link: Espero lo hayan disfrutado.

Pablo Neruda Puedo escribir los versos mas tristes esta noche Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos». El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. Miguel Hernández Ausencia en todo veo: tus ojos la reflejan. Ausencia en todo escucho: tu voz a tiempo suena. Ausencia en todo aspiro: tu aliento huele a hierba. Ausencia en todo toco: tu cuerpo se despuebla. Ausencia en todo pruebo: tu boca me destierra. Ausencia en todo siento: ausencia, ausencia, ausencia. Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío... Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío: claridad absoluta, transparencia redonda, limpidez cuya entraña, como el fondo del río, con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda. ¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho, corazón de alborada, carnación matutina? Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho. Tu sangre es la mañana que jamás se termina. No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente. La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso. Tu insondable mirada nunca gira al poniente. Claridad sin posible declinar. Suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia acercando los astros más lejanos de lumbre. Claro cuerpo moreno de calor fecundante. Hierba negra el origen; hierba negra las sienes. Trago negro los ojos, la mirada distante. Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes. Yo no quiero más luz que tu sombra dorada donde brotan anillos de una hierba sombría. En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, para siempre es de noche: para siempre es el día. Mario Benedetti Amor de tarde Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cuatro y acabo la planilla y pienso diez minutos y estiro las piernas como todas las tardes y hago así con los hombros para aflojar la espalda y me doblo los dedos y les saco mentiras. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cinco y soy una manija que calcula intereses o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas o un oído que escucha como ladra el teléfono o un tipo que hace números y les saca verdades. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos yo con la mancha roja de tus labios tú con el tizne azul de mi carbónico. En ciertos oasis el desierto es sólo un espejismo... Mario Benedetti.
Silvio Rodríguez Que hago ahora contigo?/donde pongo lo hallado? ¿Donde pongo lo hallado? En las calles Los libros, las noches, los rostros En que te e buscado ¿Donde pongo lo hallado? En la tierra, En tu nombre, en la biblia En el dia que al fin te eh encontrado ¿Que le digo a la muerte? Tantas veces llamada a mi lado que al cabo, se ha vuelto mi hermana ¿Que le digo a la gloria? Vacia de estar solo haciendome el triste Haciendome el loco ¿Que le digo a los perros? Que se iban conmigo En noches perdidas de estar sin amigos ¿Que le digo a la luna? Que crei compañera de noches y noches Sin ser verdadera ¿Que hago ahora contigo? Las palomas q van a dormir a los parques Ya no hablan conmigo ¿Que hago ahora contigo? Ahora q eres Las lunas, los perros, las noches Todos los abrigos... Pablo Neruda Soneto XXI Oh que todo el amor propague en mí su boca, que no sufra un momento más sin primavera, yo no vendí sino mis manos al dolor, ahora, bienamada, déjame con tus besos. Cubre la luz del mes abierto con tu aroma, cierra las puertas con tu cabellera, y en cuanto a mí no olvides que si despierto y lloro es porque en sueños sólo soy un niño perdido que busca entre las hojas de la noche tus manos, el contacto del trigo que tú me comunicas, un rapto centelleante de sombra y energía. Oh, bienamada, y nada más que sombra por donde me acompañes en tus sueños y me digas la hora de la luz. Espero les guste..

Poema Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz, voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia. No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada, encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro. Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa. Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío. Julio Cortázar de "Último round" MÁSCARAS Según cuentan algunos, el corso de la avenida La Plata, en Santos Lugares, era utilizado frecuentemente por ángeles y demonios cuando tenían que cumplir alguna misión terrestre. Solía decirse también que entre todas las máscaras del corso, una era el diablo. Los hechiceros de Lourdes y Villa Lynch aprovechaban aquellas jornadas para suscribir convenios de toda clase con los poderes de las tinieblas. Tras las caretas espeluznantes se ocultaba el verdadero horror de las caras del mal. Los hombres sensibles de Flores solían pasearse por allí tratando de reconocer el sello de las Legiones, o bien gritando frases ingeniosas en el oído de las muchachas. Cada vez que sospechaban el carácter sobrenatural de algún enmascarado, comenzaban a acosarlo tratando de provocar alguna reacción reveladora. Nunca tuvieron suerte. Las mascaritas eran muy diestras en la ocultación de investiduras infernales o eran, lisa y llanamente, sifoneros o ferroviarios disfrazados de mandinga. Una noche, un mozo alto, vestido de Arlequín, les pareció el finado Antúnez, un pintor de la calle Morón que llevaba diez años muerto. Indagada a fondo, aquella máscara negó terminantemente la identidad que se le atribuía. El ruso Salzman, a quien Antúnez le debía sesenta pesos, exigió al hombre la exhibición plena de su rostro y la devolución de la suma precitada. El finado Antúnez huyó a la carrera y se perdió entre los vagones de los talleres del ferrocarril. En la última jornada de aquellos mismos carnavales, una figura cubierta con una capa negra se acercó a Manuel Mandeb, que había llegado solo hasta el extremo del corso. —Soy la Muerte —dijo. Mandeb señaló su mediocre indumentaria de pirata y declaró que era el Capitán Morgan. La figura insistió. —Disculpe. No ha sido mi intención dar título a mi disfraz. Soy la Muerte, más allá de cualquier metáfora. Y si me permite la franqueza, vengo a llevármelo. Manuel Mandeb entornó los ojos y levantó el índice, como quien se apresta a una refutación. Después dio media vuelta y salió corriendo por avenida La Plata en dirección a Rodríguez Peña. Al cabo de una cuadra y media de persecución, la figura lo alcanzó. —Déjese de payasadas —dijo jadeando—, venga conmigo. Lo único que falta es que me haga un escándalo en plena calle. —Me va a tener que arrastrar —gritó Mandeb, muerto de miedo— Además, me parece que usted no es más que un sifonero, o quizás un ferroviario disfrazado. La Muerte alzó un brazo y Mandeb quedó helado. Quiso moverse, pero no pudo. Tal como suele ocurrir en estos casos, pasaron por su mente los episodios principales de toda una vida. Mandeb advirtió, sin embargo, que esa vida no era la suya. Se atrevió a una objeción desesperada. —Me parece que usted está buscando a otra persona. —Yo busco al que encuentro. Nadie es otra persona. —¿No podría ir a morirme a un lugar más discreto? Aquí está lleno de gente y si hay algo que no soporto es estar muerto en medio del corso de avenida La Plata, frente a una muchedumbre de curiosos. —¡Basta! No trate de ganar tiempo. En ese momento apareció una muchacha deslumbrante vestida de ángel. Era Beatriz Velarde, el amor imposible de Mandeb, la novia ausente, la mujer que lo había amado sólo por un rato. Lucía unas alas de color celeste y un antifaz de plata ocultaba sus ojos. Mandeb la reconoció por las tetas. —¿Qué es lo que pasa? —dijo el ángel. —Soy la Muerte y vengo a llevarme a este caballero. El ángel se acercó a Mandeb y lo besó en la boca. —Muy bien. Ahora no te lo podrás llevar. Si un ángel besa a un moribundo, la Parca debe retroceder. La Muerte miró largamente a Beatriz Velarde. Era difícil no confundirla con un ángel. Sin decir una palabra, dio media vuelta y desapareció detrás de una murga. Mandeb quiso tomar la mano de Beatriz, pero ella le tiró una serpentina y salió corriendo. Durante el resto de la noche, el pensador de Flores buscó infructuosamente al ángel por todo el corso. Se asomó a la pizzería "Los ases", revisó los palcos, entró en la heladería "Pololo", preguntó a sus amigos. Ya era de día cuando llegó a su casa. Después, durante toda su vida, siguió buscando a Beatriz. Pero ella no volvió a besarlo nunca más. Alejandro Dolina de “Bar del infierno” Soneto XVII No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma. Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra. Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo porque no sé amar de otra manera, sino así de este modo en que no soy ni eres, tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño. Pablo Neruda de "Cien sonetos de amor" y para dar cierre.. ] "No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta." Eduardo Galeano De "El libro de los abrazos" Espero les guste.