laramitos
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Hoy les alcanzo una pequeña porción del trabajo de un original escritor español. Espero les sea de agrado. ¿Quién es Juan José Millás? Valenciano de humildes orígenes, fue una persona que se dedicó de tiempo completo a la literatura. Se trasladó aún niño con su numerosa familia a Madrid (1952), ciudad donde ha vivido la mayor parte de su vida. Fue un mal aunque curioso estudiante y cursó la mayoría de sus estudios como nocturno mientras trabajaba en una caja de ahorros. En la universidad franquista, por entonces en poder de profesores del régimen, empezó Filosofía y Letras, que abandonó al tercer año. Su dedicacíon a la literatura fue debido a que era un incompetente en todo lo demás, al haber reprobado ocho veces inglés. Obtuvo un trabajo como administrativo en Iberia y se consagró a la lectura y la escritura. Su primera novela estaba influida por Julio Cortázar y posee las lacras acumuladas del experimentalismo de esa época; con la segunda, Cerbero son las sombras (1975), obtuvo el prémio Sésamo y le abrió las puertas de la crítica. Gracias a un entusiasta miembro del jurado, Juan García Hortelano, pudo publicar después Visión del ahogado (1977) y El jardín vacío (1981) en la prestigiosa editorial Alfaguara. Pero su novela más popular, y también la más trascendente para su obra gracias a escribirla con la libertad de no pensar en la crítica, fue Papel mojado (1983), un encargo para una editorial de literatura juvenil que se vendió y sigue vendiendo mucho. Divorciado de su primera mujer, Carmen Laforet (de la cual se divorció debido a que le confesó su homosexualidad en su noche de bodas, se casó con Sándor Márai en una boda sin muchos lujos en una playa en las Islas Canarias. Una de sus obras mas aclamdas por la crítica, al haber ganado un premio Nadal, es "La Soledad era Esto", en donde la protagonista, Elena, es vista como la otra mitad de Marika, personaje de "La Mujer Justa", obra de Márai. En su numerosa obra, de introspección psicológica en su mayoría, cualquier hecho cotidiano se puede convertir en un suceso fantástico. Para ello creó un género literario personal, el articuento, en el que una historia cotidiana se transforma por obra de la fantasía en un punto de vista para mirar la realidad de forma crítica. Sus columnas de los viernes en El País han alcanzado un gran número de seguidores por la sutileza y originalidad de su punto de vista para tratar los temas de la actualidad, así como por su gran compromiso social y la calidad de su estilo. Ha ganado varios premios de periodismo muy prestigiosos, como el Francisco Cerecedo 2005. En el programa La Ventana de la cadena Ser dispone de un espacio en el que anima a los oyentes a enviar pequeños relatos sobre palabras del diccionario. En la actualidad, está construyendo un glosario con estos relatos logrando una numerosa participación. En el mes de mayo de 2006 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Turín. Sus obras han sido traducidas a quince idiomas, entre ellos, inglés, francés, alemán, portugués, italiano, sueco, danés, noruego y holandés. En su última novela, titulada Laura y Julio encontramos plasmadas sus principales obsesiones: el problema de la identidad, la simetría, los otros espacios habitables dentro de nuestro espacio, el amor, la fidelidad y los celos. Dejo dos de los cuentos que más me gustaron: Lo real Una chica estadounidense se tomó por juego una Viagra y tuvo una erección fantasmal. Pese a que los médicos han advertido que cuando el miembro permanece en tensión más de cuatro horas seguidas hay que acudir a un servicio de urgencias para evitar daños irreparables en el tejido de la uretra, la joven no fue al hospital hasta el tercer día, presa ya de unos dolores insoportable en el pene hipotético aparecido tras la ingestión de la pastilla eréctil. Dado que los facultativos no sabían cómo detener aquella erección inexistente, pasaron todavía unas horas preciosas antes de que al jefe de urología se le ocurriera proponer a la chica una eyaculación fantasmal para acabar con aquel caso de priapismo extravagante. Los padres, que eran mormones, se opusieron a que la joven se masturbara, pues además de no estar de acuerdo con el onanismo en general, les parecía que éste podría ser más condenable si se practicaba con un miembro ilusorio. Un médico muy culto que había ese día de guardia intentó explicarles que el miembro masculino objeto de la masturbación es siempre imaginario, aun cuando se pueda tocar. Pero no hubo forma de sacar a los padres de sus trece y el hospital tuvo que conseguir una autorización del juez para proceder a la descarga imaginaria, en el caso de que haya alguna que no lo sea, cesando de inmediato los dolores de la joven y desapareciendo al instante el miembro falso, si hay alguno verdadero. La noticia es que han congelado el semen quimérico obtenido de la eyaculación irreal y ahora pretenden fecundar con él un óvulo aparente para obtener un embrión fantasma. Si los fundamentos teóricos no fallan, podrían conseguir un individuo invisible. A mí, personalmente, me parece que eso no tiene ningún mérito. Lo novedoso a estas alturas sería fecundar a alguien real. Viva la ósmosis Durante mucho tiempo ignoré que los pechos de las mujeres estuvieran rematados por un pezón, y no fue un descubrimiento agradable, la verdad. Ahora, sin embargo, no sería capaz de imaginarlos de otro modo. Se acostumbra uno a todo. Cuando le conté a mi psicoanalista esta fantasía infantil sobre la ausencia de pezón me preguntó que de dónde creía entonces que salía la leche con la que las madres amamantaban a sus hijos. -El pezón no lo explica todo -respondí yo-. El asunto de la leche es increíble con pezón o sin él. En cierto modo, me parecería más lógico que los niños se alimentaran por ósmosis. -¿Por ósmosis? -Si las plantas absorben los minerales del suelo por ósmosis, no veo por qué no podríamos nosotros tomar la leche de ese modo. -¿Acaso preferiría haber sido usted un vegetal? -preguntó mi psicoanalista. -No lo sé -respondí yo y cambié de tema. Le conté que durante un tiempo pensé que los niños nacían de las mujeres y las niñas de los hombres. Siempre tuve una percepción muy simétrica de la realidad, de manera que el que todo el mundo, con independencia de su sexo, naciera de las hembras me parecía desproporcionado. Ahora, sin embargo, no soy capaz de imaginar a un hombre pariendo. Se acostumbra uno a todo, a todo. No hay más que ver los documentales de La 2. -¿Le gustaría a usted haber parido a una niña? -preguntó. -No lo sé -respondí, aunque me parecía un deseo incompatible con el de querer ser un vegetal-. Cambiemos de tema. -¿Cree usted que está cambiando de tema en realidad? -No lo sé -insistí-. Cambiemos de tema. Mi psicoanalista se quedó callada y entonces recordé que un compañero de colegio me había contado que las mujeres nacían sin pezón y que les aparecía cuando tenían el primer hijo. En realidad era el bebé el que se lo fabricaba a base de chupar. A veces, chupábamos globos hinchados y veíamos cómo se formaba en seguida un pezón rudimentario, por lo que la explicación me pareció bastante verosímil. Se lo conté a mi psicoanalista y dijo si me habría gustado a mí ser el mayor de los hermanos para hacerle los pezones a mi madre. -No lo sé, creo que hubiera preferido la técnica vegetal, la ósmosis -insistí. -Bueno, es la hora -dijo ella-. Mañana seguimos. Me levanté y me fui. Las cosas eran como eran, desde luego, pero podían haber sido como las imaginaba yo. De hecho, había más lógica en mis propuestas que en las de la naturaleza. Al menos por lo que se refiere a los mamíferos. Los vegetales eran más sutiles, más limpios. Los vegetales están llenos de talento. Y es que como la ósmosis no hay nada, con perdón. Un link para leer más "Articuentos" http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/millas/artimenu.htm Fuente: - Wikipedia (bendita seas) - clubcultura.com (página oficial de Millás) Ah no, no...no fue muy comprometido de mi parte...sólo un pequeñísimo aporte señores. <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Sin recurrir a ningún tipo de extravagancia, me limito a seguir presentando posts (¿será así el plural?) sobrios y autocomplacientes. Esta vez, un minicuento: * Me gusta pensar que cuando nos vamos a dormir es porque nos urge visitar el otro mundo que habitamos. A veces nos sobrepasamos, y al igual que en este, creemos que allí, cualquier cosa es admisible; y gritamos y no se escucha, corremos y no llegamos a ningún lado, nos lastiman, pero nos duele un ratito, hasta que nos despertamos, justo para que todo termine convirtiéndose en el lejano recuerdo de un sueño. *La pintura se titula "Max Ernst montrant à une jeune fille la tête de son père" y es, evidentemente, del gran Max Ernst. No sé las reglas del juego, porque no busco ganar, sino sólo admiradores. Aur revoir