lapanteradematadero
Usuario (España)

Nos despertamos con una noticia que nuevamente nos recuerda lo importante de la seguridad de nuestros passwords. Durante la pasada semana Twitter ha detectado actividad inusual en muchas cuentas, y esta madrugada ha podido detectar el ataque en el momento en el que se estaba produciendo y afortunadamente lo ha podido parar. Pero se han visto comprometidas 250.000 cuentas de Twitter, que la compañía como medida cautelar ha decidido resetear la contraseña y enviarles un email avisando de la situación a los usuarios afectados. Si eres uno de ellos, incluso si no, es recomendable cambiar el password y establecer uno lo más seguro posible. Siempre lo decimos, pero es muy importante que nunca uses la misma combinación de correo electrónico y password en distintos servicios web. El ataque ha sorprendido a los ingenieros de Twitter, que en sus propias palabras describen el ataque así: “Este ataque no ha sido el trabajo de amateurs, y no creemos que se trate de un caso aislado. Los atacantes fueron extremadamente sofisticados y creemos que otras compañías y organizaciones han sido atacados de forma similar”. Esto se refiere tanto al Wall Street Journal como al New York Times, que esta semana también han sufrido ataques en sus respectivos servicios web. Twitter recomienda deshabilitar Java en los navegadores, ya que toda precaución es poca. Nuevamente recomendamos encarecidamente que nunca uses la misma contraseña para todo. Si tu cuenta se viera comprometida estarías dando acceso a muchos más servicios. Cambiar la contraseña no cuesta nada y puede ahorrarnos más de un disgusto. Para tranquilidad nuestra Twitter sigue usando el algoritmo de cifrado bcrypt para proteger nuestras contraseñas. Un algoritmo que requiere que para descifrar la contraseña se necesite gran potencia de hardware y mucho tiempo. No obstante, mantener nuestras cuentas seguras depende en gran medida de nosotros mismos, así que es vital escoger una combinación de password fuerte y segura. Más vale prevenir que lamentar. Para cambiar la contraseña acceder a este enlace Guía paso a paso: Cómo deshabilitar Java en Chrome, Firefox, Internet Explorer, Opera y Safari Seguro que la mayoría de vosotros conocéis Java, uno de los plugins más utilizados en los navegadores web. Este software, aunque es muy popular para todo tipo de aplicaciones, también puede resultar peligroso. Durante las últimas semanas, no han sido pocos los fallos de seguridad que ha tenido, muchos de ellos con una etiqueta de grave, que puede llegar a poner en serio peligro nuestro sistema, exponiéndolo a atacantes que aprovechen las vulnerabilidades para entrar en nuestros equipos. Java ha tenido 3 fallos de seguridad en los últimos 4 meses. Unos errores que se han caracterizado cómo muy graves, y que permitían el acceso a casi cualquier equipo informático que tuviera el programa instalado. El último error encontrado llamaba especialmente la atención. El fallo se encontraba el pasado 10 de Enero, cuando se publicaba una vulnerabilidad que afectaba, al parecer, a 850 millones de ordenadores. El problema residía en que, utilizando código especialmente modificado, se podían ejecutar comandos en el equipo atacado. Algunos, incluso, llegaban a recomendar la desinstalación de Java. Para desactivar el complemento sólo tenemos que seguir unos sencillos pasos que nos ayudarán a deshabilitar Java en los navegadores web más populares del mercado. Google Chrome Aunque el propio navegador nos informará de las veces en las que se utilizará el plugin, lo cierto es que también podemos desinstalarlo para que no se ejecute. Para hacerlo, seguiremos estos pasos: Accedemos a la dirección about:plugins. Desactivamos la entrada JavaTM. Firefox Para desactivar Java en Firefox, lo haremos siguiendo estos pasos: Seguimos la ruta Firefox – Complementos. En la nueva ventana, en el apartado de Plugins, podremos desactivar el complemento Java(TM) Platform. Internet Explorer En el caso del navegador web de Microsoft, nos gustaría centrarnos en las versiones 8, 9 y 10. Para desactivar el plugin seguiremos estos pasos: En el navegador, hacemos click en el icono del engranaje, el cual podemos encontrar en la parte superior derecha de la pantalla. Hacemos click en Complementos. En la nueva ventana, en la barra de la izquierda, encontraremos una cajita en la parte inferior que nos mostrará todos los complementos cuando hagamos click en ella. Finalmente, seleccionamos todos los complementos que tengan el nombre Java(tm) y hacemos click en el botón de desactivar. No obstante, en la página web de Microsoft tenéis más instrucciones para las demás versiones de su navegador web. Opera Para desactivar Java en Opera, podemos hacerlo siguiendo estos sencillos pasos: Accedemos a la dirección opera:plugins. Seleccionamos Java(TM) y hacemos click en Desactivar. Safari Podemos desactivar el plugin siguiendo estos pasos: Seguimos la ruta Safari – Preferencias. Hacemos click en Seguridad. Desmarcamos la casilla Habilitar Java. Cerramos la ventana de preferencias. Por último, debéis tener en cuenta que los navegadores web de Android y iOS, al menos los que vienen instalados por defecto, no tienen integrado el plugin Java. Tampoco podemos olvidar que ya se encuentra disponible Java 7 Update 11, una nueva versión que consigue corregir el fallo que habíamos comentado con anterioridad, evitando así la vulnerabilidad. Podéis descargarlo desde la página web oficial de Java.

Sugata Mitra, a partir del trabajo que ha realizado en India, explora algunas razones del buen o mal desempeño escolar y cómo se relaciona con el trabajo docente, para terminar cuestionando algunas de nuestras ideas acerca de cómo se aprende la tecnología recordándonos que, por naturaleza, estamos ‘cableados’ para tratar de entender nuestro entorno. Proyecto "Agujero en la pared". En este proyecto, niños pequeños descubren por su cuenta cómo usar un PC, y luego le enseñan a otros niños. Él pregunta, ¿qué más pueden enseñarse los niños a sí mismos? Tras casi nueve años de experimentos y trabajo de campo en zonas pobres y rurales de su país natal, el científico indio Sugata Mitra, actualmente profesor de tecnología de la educación en la Universidad de Newcastle, llegó a una atrevida hipótesis: en el siglo XXI, y dada la limitación de recursos pedagógicos en ciertas zonas del mundo, grupos de niños podrán saltarse todo el ciclo escolar con el uso de ordenadores e Internet. Mitra nos explica también su punto de vista sobre cómo Internet está cuestionando los principios educativos en los países en vías de desarrollo y cómo esto afectará al futuro de las economías desarrolladas. En 1999, Sugata Mitra puso un ordenador de alta velocidad en un muro, lo conectó a Internet y se sentó a observar quién lo usaba, si es que alguien lo hacía. Ese muro separaba el moderno distrito de TI de Delhi, con sus oficinas del siglo XXI, de una barriada. Los primeros que se sintieron atraídos por la máquina fueron los niños de ese barrio pobre. Cuando preguntaron: «¿Lo podemos tocar», el científico les respondió: «¡Claro! ¡Está en vuestro lado del muro!». Así empezó el proyecto Hole in the Wall (agujero en el muro), como un simple experimento que intentaba responder a una pregunta muy sencilla: ¿pueden los niños aprender a usar un ordenador por sí mismos? El científico educacional dejó Delhi para irse a la remota India rural a fin de comprobar si niños entre 6 y 12 años que nunca habían visto un ordenador también serían capaces de aprender a usarlo. El primer problema fue dónde colocar el ordenador para que los niños lo usasen. «Ponerlo en la sede del gobierno local habría sido casi como ponerlo en la comisaría; si lo hubiésemos puesto en el colegio, el director lo habría cerrado bajo llave diciendo "Es demasiado caro para jugar con él», señala. Finalmente se decidió empotrar las máquinas en un muro a modo de quiosco y dejarlo al alcance de todos en un espacio público. La primera sorpresa que se llevó el científico fue ver con qué rapidez niños que nunca habían visto un ordenador empezaban a navegar, en cuestión de pocos minutos. Cuando Mitra les preguntó cómo habían aprendido tantas cosas sobre ordenadores, uno de los chicos le soltó: «¿Y qué es un ordenador?». La segunda sorpresa importante fue que, para los niños, el hecho de que los contenidos estuviesen en inglés no representó ningún problema; aprendieron el idioma muy rápido, por lo que el profesor Mitra aumentó la dificultad del experimento. «Dejé enlaces de Internet en el escritorio y durante el primer mes los niños fueron clicando en ellos. Entonces descubrieron Google y ¡a partir de ahí todo empezó a cambiar!», explica con una carcajada. Los chicos empezaron a sacar mejores notas en el colegio, especialmente en matemáticas, inglés y ciencias. «De repente, sabían más que sus profesores sobre temas concretos porque buscaban en Google todas las cosas de las que oían hablar», y prosigue: «Así que hará unos meses, en un pequeño pueblo de Tamil Nadu, me propuse llevar el experimento hasta el límite. Dejé en el escritorio material biotecnológico para demostrar la imposibilidad de que niños de 6 a 12 años hablantes de tamil pudiesen aprender algo sobre el ADN. Cuando volví tres meses más tarde y los examiné, sacaron una nota media del 30%, ¡habiendo aprendido las bases de la genética en un idioma extranjero!». Seguidamente, el científico indio pensó que había llegado el momento de arriesgarse de verdad, y planteó la siguiente hipótesis: en el siglo XXI, y dada la extrema limitación de recursos educativos en la mayoría de las áreas rurales del mundo en vías de desarrollo, grupos de niños -independientemente de su estatus social, económico, étnico o incluso lingüístico- podrán saltarse todo el ciclo escolar. «Me di cuenta de que en muchas zonas rurales remotas del mundo simplemente no podemos aportar suficientes colegios, y mucho menos buenos profesores. Y soy consciente de que esto no va a gustar a mucha gente; de hecho, una crítica habitual al método The Hole in the Wall es que una máquina nunca podrá reemplazar a un profesor. Mi respuesta es ésta: Un profesor que pueda ser reemplazado por una máquina, ¡debería ser reemplazado! Así pues, en vez de proporcionarles malos profesores, ¡creo que es mejor que les demos máquinas!», asevera. Sugata Mitra y su equipo llegaron a la firme conclusión de que los niños son capaces de organizar su propio aprendizaje en torno a un ordenador, además de aprender cómo compartir y enseñarse los unos a los otros. «En la senda de la sociedad industrial hacia la del conocimiento, el papel y los procedimientos de la amistad toman más fuerza que el papel de la violencia o la agresión. Los niños ya han entendido que la colaboración es la manera de avanzar». Pero las posibilidades de la educación mínimamente invasiva tiene consecuencias más allá de la cuestión de cómo mejorar la educación primaria en las zonas rurales de los países en desarrollo. En una época en que las economías desarrolladas deben esforzarse para cubrir las vacantes de alta cualificación, el profesor Mitra ha detectado el gran reto que se presenta a las economías occidentales. Por un lado, la transferencia de puestos poco cualificados o mal pagados a India y China resulta en un incremento del nivel de vida en esos países. Por otro lado, si las condiciones en sus países de origen mejoran, los actuales trabajadores altamente cualificados, entre ellos muchos indios que trabajan en el sector IT estadounidense o británico, volverán a sus casas. «Muchos de mis estudiantes de doctorado dicen: "¿Por qué debería trabajar en Inglaterra, donde todo es más caro, si puedo cobrar lo mismo en Bangalore?". Viendo cómo progresa India, quieren volver a vivir ahí», concluye. En el futuro, ya no se podrá conseguir que la población urbana con una buena formación emigre por un trabajo, así que será necesario ir a pequeñas facultades de pueblos diminutos, donde la calidad de la educación por lo general es terrible, a fin de encontrar a gente cualificada para las economías desarrolladas. «Como pedagogo, creo que ésta es una situación irónica: al mundo desarrollado le toca ahora mejorar la educación en la India y la China rurales no porque sea una buena causa, sino porque resulta vital para su propia supervivencia».
Que el paso de la vida marina a la terrestre fue clave en la evolución no hace falta que nadie nos lo explique: aquí estamos los seres humanos, que salvo gente de la talla Michael Torpe en corto o David Meca en largo, como el chapuzón se prolongue nos defendemos fatal. Y que el cambio de aleta a pata necesita una mutación (o varias) es elemental en genética. Es aquí donde encaja un trabajo del CSIC, que ha descubierto que si se coge un pez cebra y se sobreexpresa un gen del grupo de los Hox, la aleta empieza a osificar como si fuera una extremidad. Pez cebra al microscopio Los genes Hox son una de las claves en la evolución animal, y, también en que la mayoría de las especies tengan una estructura similar: cabeza, un cuerpo más o menos complejo y una parte anal terminal. Tienen un papel tan importante, que son intercambiables entre especies: están ahí, listos para expresarse. “El ancestro común de los peces y los tetrápodos tenía un genoma preparado para adquirir progresivamente nuevos elementos reguladores que fueron aumentando los niveles de los genes Hox que permitieron el desarrollo de las manos y los pies”, explica Fernando Casares, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (un centro mixto del CSIC y la Universidad Pablo Olavide), uno de los autores del trabajo. En concreto, el gen implicado se denomina hoxd13. “Nuestros experimentos demuestran por primera vez que, si aumentamos los niveles del gen hoxd13 en aletas de peces cebra, se incrementa la aparición de tejido óseo de carácter distal similar al que genera los dedos en animales con patas como nosotros”, explica el investigador del CSIC José Luis Gómez‐Skarmeta. El trabajo se ha publicado en Developmental Cell, y lo firma como primera autora Renata Freitas.33 El misterio de los genes Hox A pesar de todo lo que se diga, la genética siempre fue enemiga del darwinismo en particular y de la teoría de la evolución en general. En contra de lo que pensaba Darwin, las mutaciones que observaba Mendel eran capaces de convertir un guisante liso en rugoso sin ningún tipo gradaciones intermedias. Los cambios uniformes y graduales del darwinismo eran desmentidos por las mutaciones bruscas y repentinas de la genética. No obstante, fue el genetista ruso, Theodosius Dobzhansky, quien en 1937 convenció al mundo científico de que la genética y el darwinismo podían llevarse bastante bien. Propuso que aunque el efecto de varias mutaciones podía ser mínimo, la selección natural era capaz de jugar con ellas y favorecerlas o eliminarlas a su antojo, provocando así la evolución de las especies. Tales ideas se conocen como la teoría sintética o neodarwinismo. Pues bien, en la actualidad vuelve a ser otra vez la genética quien viene a rechazar los argumentos de Dobzhansky, a propósito del descubrimiento de los llamados genes Hox. Las mutaciones provocadas en la mosca del vinagre, la famosa Drosophila, se conocen casi desde principios del siglo XX. En 1915 se encontró una mutación que transformaba el cuerpo de la mosca. Cambiaba la parte anterior del tercer segmento del tórax (que suele poseer unos pequeños órganos capaces de estabilizar el vuelo, llamados halterios) por una copia del segundo segmento, que es donde van las alas. El genetista que descubrió esta mutación, Calvin Bridges, la llamó bithorax. Cuatro años más tarde encontró otra mutación, la bithoraxoid, que hacía lo mismo pero con la parte posterior de dichos segmentos. Pues bien, la combinación de ambas mutaciones daba lugar a una mosca con cuatro alas en vez de dos y ocho patas como las arañas. Una verdadera pesadilla para los neodarwinistas. Los genes del tipo bithorax donde se producen tales mutaciones reciben el nombre de genes Hox y actualmente se conocen ya docenas de ellos. Se ha descubierto que su función principal es regular a otros genes y que están dispuestos en el cromosoma en fila y en el mismo orden que las partes del cuerpo sobre las que actúa cada uno de ellos. Pero lo más extraordinario y que ha dejado perplejos a los investigadores es que tales genes no son exclusivos de la mosca Drosophila sino que existen en todos los animales y en el ser humano. El orden de estos genes es siempre el mismo en todas las especies, a la izquierda los que especifican la cabeza, después los del tronco y a la derecha los del abdomen. Además se ha comprobado que son intercambiables entre especies. Un gen Hox llamado Deformed especifica la cabeza de la mosca, pero también la de un sapo, un ratón y un hombre. Esto significa que un gen Hox humano puede curar a una mosca que tenga el suyo mutado, pero no le producirá una pequeña cabecita humana sino una de mosca. Estos genes no crean estructuras, sólo seleccionan aquellas que tiene disponible cada especie animal. Este descubrimiento constituye la mayor sorpresa para los biólogos en los últimos cien años. Desde Darwin se había creído que todas las estructuras de los seres vivos, incluidos los genes, evolucionaban desde lo simple a lo complejo. Los animales primitivos debían tener genes primitivos. Según tal criterio, era de esperar que una mosca tuviera genes mucho más simples que un ser humano ya que su cuerpo es también mucho más sencillo. Además lo lógico sería esperar profundas diferencias entre los genes de seres tan alejados entre sí en la escala evolutiva. Cientos de millones de años de mutaciones y selección natural habrían impedido que genes de mosca y de hombre pudieran siquiera parecerse lo más mínimo. Sin embargo, los genes Hox vienen a decir que todo esto era erróneo y que el darwinismo es incapaz de explicar el genoma de las especies vivas. El biólogo evolucionista, Javier Sampedro, lo expresa así: “Se trata en mi opinión, del conjunto de hechos más sorprendente y enigmático que la genética ha descubierto en toda su historia, porque revela que toda la deslumbrante diversidad animal de este planeta, desde los ácaros de la moqueta hasta los ministros de cultura pasando por los berberechos y los gusanos que les parasitan, no son más que ajustes menores de un meticuloso plan de diseño que la evolución inventó una sola vez, hace unos 600 millones de años. Y que, sin embargo, es tan eficaz y versátil que sirve para construir casi cualquier cosa que uno quiera imaginar, nade corra vuele o resuelva ecuaciones diferenciales. Nadie, absolutamente nadie, se hubiera imaginado una cosa semejante hace 20 años, no digamos ya en tiempos de Darwin.” (Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, 2002: 98) Si se sustituye en este párrafo “la evolución” por “el Creador” se entiende mucho mejor la sorpresa que se ha llevado el estamento científico. Los genes Hox no se han ido gestando lentamente a lo largo de 600 millones de años de evolución gradual, ni se han producido por macromutaciones o según el equilibrio puntuado: estaban ahí desde el principio de la creación. Si uno de estos genes Hox procedente de un hombre es capaz de curar a su equivalente en la mosca, es evidente que los genes Hox han conservado muy bien su función y no han cambiado a lo largo de las eras. Las alteraciones en dichos genes producen cambios importantes en los animales que en vez de mejorarlos les perjudican notablemente. Las moscas con cuatro alas y cuatro pares de patas son organismos deficientes incapaces de dejar descendientes fértiles que mejoren la raza. Quien se empecine en no ver la mano de una inteligencia superior detrás de los genes Hox y quiera seguir apelando a la imposible evolución ciega de la materia, allá él con su conciencia. Pero que no pretenda acusar de fanatismo religioso a quienes concluyen que la lógica y la sensatez de los hechos observados imponen el diseño y no el azar. También hay fanatismo en el seno de la ciencia. Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.

A los 40 años, los médicos diagnosticaron a Jan Scheuermann, una mujer de 53 años, una enfermedad degenerativa que afectaba a las neuronas del cerebelo (el lugar del cerebro desde donde se controla la coordinación muscular y el equilibrio). Jan ya ha perdido totalmente la movilidad de su cuerpo por debajo del cuello. Pero con ayuda de un brazo robótico, que controla con el pensamiento, ha vuelto a mover objetos a voluntad como refleja un artículo publicado este lunes en el Lancet Medical Journal. No es la primera vez que se presenta un equipo de estas características. Sin embargo, los responsables de este nuevo brazo destacan que nunca hasta ahora se había conseguido un control tan preciso y tan natural. Ello se ha logrado gracias a “un enfoque completamente diferente” debido al desarrollo de un algoritmo informático que imita fielmente la forma en la que un cerebro sano controla los movimientos de los miembros, como indica Andrew Schwartz, profesor de neurobiología de la Universidad de Pittsburg (Pensilvania, Estados Unidos) y primer firmante del artículo. La paciente tiene dos sensores de cuatro por cuatro milímetros implantados en el córtex cerebral. Estos pequeños dispositivos contienen microelectrodos encargados de recoger la actividad cerebral de la corteza motora, la zona responsable de la planificación, control y ejecución de los movimientos voluntarios y de enviarla a un procesador que interpreta las señales y las traslada a un brazo mecánico, encargado de ejecutar las acciones que se generan en el córtex. A los dos días del implante, Jan ya era capaz de mover el miembro robótico, y, después de un proceso de entrenamiento de 14 semanas, desarrolló un elevado control del brazo, hasta el punto de que, de acuerdo con el artículo, ha sido capaz de desarrollar una “coordinación, habilidad y rapidez de movimientos casi similar” a la de cualquier persona normal con su brazo. Jan puede coger objetos, moverlos y depositarlos en distintos lugares a voluntad. “Los movimientos son fluidos y mejores que cualquier otro trabajo similar”, ha inistido Andrew Schwartz a la BBC. “Creo que esta tecnología tendrá uso terapéutico para personas afectadas por lesiones de médula espinal, permite realizar tareas que ayudarán a estos pacientes en sus tareas cotidianas”. En la publicación, Grégoire Courtine, un colega de Schwartz de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, centro de referencia europeo en este tipo de tecnología, califica de "auténtico éxito" este nuevo interfaz cerebro-máquina. A pesar de los problemas que aún quedan por resolver en este tipo de equipos -entre otros aspectos, son muy voluminosos lo que limita su uso por parte del usuario-, Courtine sostiene que el uso clínico de las prótesis robóticas se acerca a grandes pasos.
Más de uno quedó espantado el día que supo que Julia Roberts no utilizaba desodorantes. Por razones ecológicas, la actriz prefiere refrescar sus axilas de una forma más natural: con lavados frecuentes de agua y jabón. No ha trascendido si esto le resulta realmente eficaz para combatir el mal olor, pero lo que si es cierto es que hay personas que podrían prescindir de este producto porque, por razones genéticas, el sobaco nunca les «canta». De acuerdo a un estudio de la Universidad de Bristol, publicado por la revista Journal of Investigative Dermatology los portadores de una versión poco común del gen ABCC11 tienen la suerte de no producir ningún tipo de olor bajo el brazo. Sin embargo, la mayoría de estas personas sigue usando desodorante sin necesidad. El estudio se basó en una muestra de 6.495 mujeres. Los investigadores hallaron que aproximadamente el 2% de ellas contaban con este gen. Mientras que el 5% de las participantes que producían olor no usaban desodorante, en el caso de las que estaban a salvo del olor, esta cifra ascendía hasta el 22%. Sin embargo, un 78% de aquellas que nunca olían mal, seguían utilizando el desodorante todos o la mayoría de los días. «Un importante descubrimiento de este estudio se refiere a las personas que, de acuerdo a su genotipo, no producen nunca olor en la axila. Una cuarta parte de estas personas son conscientes de que no producen olor y no usan desodorante, pero la mayoría sigue utilizándolo. Creemos que estas personas simplemente siguen las normas socioculturales. Esto contrasta con la situación en el noreste de Asia, donde la mayoría de la gente no necesita usar desodorante y no lo hace», señala el profesor Ian Day, autor principal del estudio. «Estos hallazgos pueden potenciar la aplicación de la genética para la elección de los productos de higiene personal. Un simple test genético puede suponer un ahorro en compras innecesarias y exposiciones químicas para las personas que no producen olor», añade el doctor Santiago Rodríguez, coautor del estudio. Los autores apuntan a que otra de las pistas para saber si somos portadores de esta extraña variante genética, y por tanto estamos libres del olor corporal, es que estas personas suelen tener la cera del oído más seca y menos pegajosa.
Las cucarachas biónicas no son un juguete, sino una nueva ayuda en tareas de rescate... y quién sabe qué más ( a mi me dan asco) A la mayoría de nosotros, las cucarachas nos parecen unos insectos bastante desagradables. Muchos no dudan en aplastarlas en cuanto las ven, otros simplemente las evitan, pero a nadie se le había ocurrido conectarle un circuito a la cucaracha para controlar sus movimientos, hasta ahora.Y es que investigadores de… la universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, han hallado el modo de alterar el comportamiento de una cucaracha (concretamente, utilizan la cucaracha silbadora de Madagascar) mediante el uso de pequeños estímulos eléctricos de muy baja intensidad en determinados sensores del insecto. Así, han conectado una pequeña placa de circuito, ligera y muy barata, a la parte superior de la cucaracha-cyborg. Desde dicha placa, que incorpora un receptor inalámbrico, estimulan mediante cables las antenas y el abdomen de la cucaracha, controlando las sensaciones que ésta percibe. ¿Cómo funciona la cucaracha biónica? Cuando se estimulan los receptores que la cucaracha tiene en el abdomen, la indefensa criatura cree que lo que está sintiendo es en realidad una leve corriente de aire, causada por algún posible depredador que se encuentre cerca. Debido a esto, la cucaracha avanza hacia delante. Por otra parte, estimulando las antenas, la cucaracha cree que hay un obstáculo en el lado de la antena que ha sido estimulada, por lo que gira en la dirección contraria. Así, estas bridas virtuales permiten guiar a la cucaracha e incluso hacerla seguir líneas como si se tratara de un coche de radiocontrol (un coche algo repugnante, todo hay que decirlo). link: http://www.youtube.com/watch?v=gmbEX7zDzog&feature=player_embedded El equipo que ha ingeniado el dispositivo afirma que gracias a él será posible utilizar las cucarachas biónicas teledirigidas en tareas de rescate, para encontrar cuerpos después de un terremoto por ejemplo, ya que es posible introducirlas por espacios muy pequeños, y además resulta barato y relativamente sencillo de implementar, sobre todo comparado con la dificultad y coste de desarrollar todo un robot en miniatura que realizara las mismas tareas. Esclavizadas, pero cuidadas Los investigadores afirman que monitorizan el estado del insecto para evitar daños neuronales al mismo. A pesar de eso, seguramente haya personas que estén en contra de este tipo de experimentos, y otras que los apoyen por lo beneficioso que puede ser para el hombre el sacrificio de las cucarachas si con ello se consiguen salvar vidas. El debate está abierto, pero sea como fuere, no deja de resultar curioso hasta dónde llega el ingenio humano para unir tecnología y naturaleza en su propio beneficio.
Un estudio realizado por el grupo de Medicina Regenerativa del Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre de Madrid ha evidenciado que células madre de plancenta adultas pueden transformarse en células del hígados y permitir así la regeneración de este órgano si está lesionado. El trabajo, publicado en la revista Cytotherapy, de la Sociedad Internacional de Terapia Celular, evidencia que las células madre mesenquimales -que dan lugar a diferentes tipos de tejido- de placenta pueden llegar a transformarse en hepatocitos -células del hígado- en determinadas condiciones. El cultivo in vitro de estas células madre en un medio con proteínas presentes de forma natural en el hígado -explica la Consejería de Sanidad en un comunicado- permite que puedan convertirse en hepatocitos y formar una estructura, conocida como hepatosfera y semejante a un pequeño hígado de apenas medio centímetro de grosor. Esta hepatosfera tiene la actividad propia del hígado, ya que produce albúmina, una proteína que permite la distribución correcta de los líquidos corporales en el organismo. La investigación también resalta la capacidad de las células madre mesenquimales de placenta de convertirse en hepatocitos si se cultivan con elementos presentes en un hígado dañado, por lo que podrían ser útiles en un futuro para su uso en lesiones hepáticas. La investigación permitirá en un futuro mejorar las condiciones de pacientes ya trasplantados como aquellos que permanecen en lista de espera hasta que reciben el órgano de un donante compatible. Así, el trasplante de hepatosferas mejorará la adherencia y permanencia del injerto una vez trasplantado, así como la regeneración del hígado. Ana Isabel Flores, investigadora principal del grupo de medicina regenerativa del área 5 del Instituto de Investigación del hospital, ha explicado que su equipo aísla y estudia este tipo de células madre adultas, que tienen un gran "potencial de diferenciación a distintos tejidos", tras recoger placentas de recién nacidos "inmediatamente después del parto". El equipo procesa en el laboratorio las placentas con proteínas, aísla las células, las coloca en cultivos y estudia "cómo se transforman en otros tipos celulares". Flores considera que esta es una "herramienta" muy importante para "futuras terapias celulares y terapias géneticas" y que en algunos estudios están "muy cerca" del "salto" del laboratorio "a la clínica". El grupo del Hospital 12 de Octubre ha demostrado además, en otro artículo publicado en la revista 'Cancer Gene Therapy', que el uso de estas células mesenquimales de placenta ralentizan el crecimiento de los tumores de mama y retrasa la aparición de tumores secundarios. Según Flores, estas células pueden "servir como agentes terapéuticos en cáncer de mama", ya que "disminuyen la aparición de metástasis y la progresión de los tumores primarios en los animales con cáncer de mama", lo que han comprobado en laboratorio y ahora están estudiando "en vivo"en animales.

La capacidad de las células madre para generar otros materiales biológicos ha dado otra muestra. Pero esta vez, tan cerca de la vida que el término madre (en inglés se llaman stem o raíz, relacionado pero menos poético) queda plenamente justificado: se trata de su modificación para fabricar óvulos. Aunque de ratona, la similitud con la biología de los humanos abre la puerta a un uso para combatir algunos casos de infertilidad. El trabajo, que publica Science, lo han realizado investigadores japoneses. Entre sus peculiaridades está que han utilizado las dos fuentes de células madre más frecuentes: las embrionarias (o totipotenciales porque pueden generar cualquier tejido) y las pluripotenciales inducidas (iPS, las obtenidas por al manipulación de células adultas). Luego, se implantaron en tejido ovárico, y estas precursoras generaron óvulos viables. Tanto, que cuando se fecundaron in vitro y se implantaron los embriones obtenidos en ratonas, las roedoras tuvieron crías, que, a su vez, se han demostrado viables. El artículo completa el ciclo de la reproducción, después de que se hubiera conseguido derivar células madre en espermatozoides. La diferencia es que en este caso las características son más complejas, ya que en el óvulo radican las propiedades que aseguran una gestación. “Nuestro sistema de cultivo es una consistente base de la investigación de las células germinales femeninas [la fase previa al óvulo maduro, que es el estado en que estas células están en los ovarios hasta que se desprenden y pasan al ciclo reproductivo]. Incluyendo la adquisición de la totipotencia, y el desarrollo de la reconstitución de todo el sistema de desarrollo de las células germinales”, dicen los autores en el trabajo. El ensayo también ha permitido identificar los genes clave que, compartidos por las células madre de ambos tipos, han permitido iniciar el proceso hasta la obtención de óvulos (inmaduros primero, maduros después). Esto es un hallazgo importante para el estudio de problemas de fertilidad. Pocas son ya las células que no se han podido derivar de las madre, sean estas embrionarias o no. En la lista hay neuronas, espermatozoides, cardiocitos, hepatocitos, osteocitos y algunas muy especializadas, como componentes del ojo. Pero también son pocos los casos en que su utilidad haya sido tan manifiesta y se haya podido aplicar tan a las claras: el hecho de que las ratonas hayan quedado preñadas y hayan tenido una camada son la prueba inequívoca de que la manipulación ha conseguido un resultado muy cercano –o casi idéntico- al de la naturaleza.

El tratamiento fue probado en 228 pacientes que sufrían úlceras de pierna. Esta es la forma más común de una lesión abierta y dolorosa que puede tardar meses en curar El estudio realizado, publicado en la revista The Lancet, mostró que las úlceras tratadas con el espray lograron sanar más rápido y mejor que las heridas curadas con el tratamiento convencional, el vendaje de compresión. A pesar de que el spray tiene un costo elevado, los expertos afirman que a largo plazo podría ser un tratamiento costo efectivo. Las úlceras venosas de pierna son muy difíciles de tratar. Los vendajes de compresión logran curar sólo 70% de estas lesiones después de seis meses de tratamiento. Otras opciones incluyen llevar a cabo injertos sobre la herida con piel donada. El spray, hecho a base de células de la piel donadas y proteínas anticoagulantes, crea una capa que cubre la úlcera. En el estudio, realizado por investigadores de Canadá y Estados Unidos, los pacientes que recibieron una dosis de spray cada 14 días mostraron la mayor mejora. Según los científicos, el tamaño de la herida “comenzó a reducirse rápidamente” en cuanto comenzó el tratamiento. Entre los pacientes que recibieron el espray, 70% resultaron curados después de tres meses de tratamiento. Entre los que recibieron otras terapias sólo 46% sanaron. Difícil de tratar El spray fue desarrollado por la empresa estadounidense Healthpoint Biotherapeutics, que también financió el estudio. Uno de los científicos involucrados, el doctor Herbert Slade, afirma que “el tratamiento que probamos en este estudio tiene el potencial de mejorar enormemente el tiempo de recuperación y la recuperación general de las úlceras de pierna, sin necesidad de llevar a cabo un injerto de piel”. “Esto no sólo significa que el paciente no desarrollará una nueva herida donde le fue extraído el injerto sino también que la solución en espray puede estar disponible cuando se le requiera. Los injertos de piel necesitan prepararse con cierta antelación, lo cual expone al paciente a un mayor malestar y riesgo de infección”, señaló el investigador. El estudio analizó principalmente la seguridad del tratamiento y la dosis más indicada, y ahora futuros estudios decidirán si es un tratamiento práctico para las úlceras de pierna. Estas heridas son causadas principalmente por hipertensión en las venas de las piernas las cuales dañan la piel provocando el desarrollo de la herida abierta. Tal como explica Irene Anderson, experta en úlceras de pierna en la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra, “un vendaje u otra aplicación pueden tener un efecto positivo en la herida durante un período de tiempo. Pero eventualmente si el trastorno subyacente no se maneja adecuadamente la pierna volverá a desarrollar la lesión”. “Sabemos que las úlceras de pierna se vuelven cada vez más difíciles de tratar y cuando usamos los tratamientos disponibles necesitamos tener evidencia clara de que tendrán un efecto beneficioso para asegurar que son costo efectivos y que el paciente no tiene falsas expectativas de una cura”.
En un artículo publicado este domingo en Nature, investigadores del Instituto de Investigación Médica Sanford-Burnham y la Universidad Johns Hopkin, ambos en Estados Unidos, presentan la creación de células cardíacas maduras gracias a células de la piel de un paciente conseguidas en el laboratorio en un modelo de la enfermedad de displasia arritmogénica del ventrículo derecho/cardiomiopatía (DVDA/C). Una nueva tecnología creada en 2012 por el Premio Nobel Shinya Yamanaka permite generar células del músculo cardíaco a partir de células de la propia piel de un paciente, aunque las células cardíacas recién formadas son en su mayoría inmaduras, lo que planteaba hasta ahora dudas sobre si se pueden usar para imitar una enfermedad que ocurre en la edad adulta. La mayoría de los pacientes con esta enfermedad cardíaca hereditaria conocida como displasia arritmogénica del ventrículo derecho/cardiomiopatía no saben que tienen un problema hasta que llegan a los 20 años, puesto que la falta de síntomas en edades más jóvenes hace que sea muy difícil para los investigadores estudiar cómo evoluciona DAVD/C para desarrollar tratamientos. El modelo se ha creado usando tecnología de Yamanaka y un nuevo método para imitar la madurez haciendo que el metabolismo de las células sea el mismo que en los corazones adultos. "Es difícil demostrar que un modelo de la enfermedad en un plato es clínicamente relevante para una patología de la edad adulta. Podemos recapitular los defectos de esta enfermedad sólo cuando la inducimos como en un metabolismo de un adulto", explica Huei-Sheng Vincent Chen, profesor asociado en Sanford-Burnham y autor principal del estudio A su juicio, se trata de un avance importante teniendo en cuenta que los síntomas de DAVD/C generalmente no aparecen hasta la edad adulta. "Sin embargo, las células madre con las que estamos trabajando son embriones en la naturaleza", señaló. Para establecer este modelo, Chen trabajó con los cardiólogos Daniel Judge, Joseph Marino y Hugh Calkins, de la Universidad Johns Hopkins University, donde hay uno de los registros más grandes de pacientes con DAVD/C del mundo. "Actualmente no existe tratamiento para prevenir la progresión de la DAVD/C, un raro trastorno que afecta preferentemente a los atletas. Con este nuevo modelo, esperamos que estemos en el camino para desarrollar mejores terapias para esta enfermedad", dijo el profesor asociado y director médico del Centro de cardiopatías hereditarias en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. Para recrear una persona DAVD propia y única en el laboratorio, el equipo primero obtuvo muestras de piel de pacientes con DAVD/C con ciertas mutaciones que se cree que están implicadas en la enfermedad. A continuación se realizó la técnica de Yamanaka: la adición de unas pocas moléculas que vuelvan a marcar el reloj del desarrollo en estas células epiteliales adultas, produciendo similares a las células madre embrionarias pluripotentes inducidas (iPS). Posteriormente, los investigadores lograron que las células iPS produjeran un suministro ilimitado de las células del músculo del corazón de pacientes específicos. Estas células del corazón embrionario se lograron a lo largo de las mutaciones genéticas del paciente original. Sin embargo, desde hace casi un año el equipo no pudo conseguir las células del músculo del corazón para mostrar cualquier signo de la enfermedad. Finalmente, el equipo descubrió que la madurez metabólica es la clave para la inducción de señales de DAVD/C, una enfermedad de adultos, en las células de tipo embrionario, ya que las células del músculo cardiaco fetal utilizan la glucosa (azúcar) como su fuente primaria de energía, en contraste con las células adultas del músculo cardiaco, que prefieren usar grasa para producir energía, por lo que los investigadores aplicaron varios cócteles para desencadenar este cambio a metabolismo de los adultos en su modelo. Después de más pruebas, descubrieron que el mal funcionamiento metabólico está en el centro de la enfermedad DAVD/C. Por otra parte, el equipo de Chen localizó la pieza final del rompecabezas por la que los pacientes específicos de las células musculares del corazón se comportan como enfermos de DAVD/C: la sobreactivación anormal de una proteína llamada PPAR g, lo que presenta nuevos objetivos farmacológicos potenciales para tratar la patología