ladypepper
Usuario (Argentina)

Hola, acá les dejo algo de lo último que anduve escribiendo, espero que les guste. Saludos Fondo blanco. Entré al lugar sin llamar mucho la atención. Llevaba un sobretodo marrón con gafas y sombrero. Quizás ese atuendo estúpido iba a lograr el efecto adverso al que buscaba. En fin, entré observando a travéz del cristal oscuro a cada chica que estaba allí. Ninguna era indicada. Fuí directo a la mesa junto a la ventana, la de siempre, bah. El moso se acercó y con voz secante le pedí que me trajera el trago mas fuerte que tuviese. El hombre asintió torpemente y desapareció entre la multitud de mesas. Me quité el sombrero y el sobre todo, pero no las gafas. Habia algo en llevarlas puestas que me fascinaba; esa manera de parecer interesante, o mejor dicho, intrigante. Toda persona con gafas oscuras era, para mi, una persona misteriosa, alguien que intentaba ocultar algo. La mayoría de las veces suele ser mi imaginación, ya que cualquier persona corriente usa gafas oscuras sin la necesidad de ocultar nada. Pero es bueno fantasear de vez en cuando. Estaba hundido en mis pensamientos cuando el mozo se acercó con una bandeja. Era un vaso largo y ancho, parecia un porrón de cerveza. El hombre lo apoyó suavemente en la mesa y se fué sin decir nada, nisiquiera lo que era. Levante el vaso con cuidado y lo olí. El olor era fuertísimo, y el color del líquido era algo turbio, una mezcla de azul con verde, pero transparente. Andá a saber que carajo le puso. Pensé. Y sin pensarlo mas, bajé medio vaso de un trago. Tuve que aguantar las ganas de vomitar. Un asco. Por poco olvidaba por lo que había entrado a ese bar. Volvi a mirar a cada chica en cada mesa. Ninguna era ella. Agarré de nuevo el vaso, le dí hasta el final y lo apoyé de golpe en la mesa. Me levante algo mareado, traté de llegar a la barra. Cuando me acerqué le tiré un billete de 100 pesos al que atendía. El hombre me dió el vuelto pero no quería que me lo devuelva. Me miró atontado, y haciendose el boludo guardó el billete. Me saqué las gafas y lo miré a los ojos, él me miró también. "Cuándo no encontras calor en los brazos de ningun amante, es porque el frio de tu corazón está helando tu sangre. Cuando ya se heló la sangre, y no podés hacer nada para cambiarlo, nada mejor que llenar ese hueco de amor, con mucho alcohol." El hombre me miró confundido, pero era obvio, ¿quién hace caso a los delirios de un borracho? Me puse el sombrero y salí, observando de nuevo cada chica. Pero esta vez sin buscar nada.