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Usuario (Argentina)

Una aplicación llega para derribar el mito de la permanencia eterna en las redes sociales: se trata de Suicide Machine, una web que en tan sólo un paso permite borrar para siempre los rastros de la vida online. Conocé la máquina en funcionamiento "Liberá tus amigos con un suicidio 2.0" promociona desde su web Suicide Machine.org. La iniciativa se propone "ayudar a aquellos que buscan desaparecer para siempre de la faz de la web en pos de la vida real." Dicho servicio permite al usuario online remover las fotos, posts, amigos y todo tipo de huella digital existente en las redes sociales, y "desaparecer" para siempre. El proyecto, gestado por un laboratorio multimedia holandés llamado moddr_, surgió en 2009 y desde entonces no dejó de desatar controversias. La última fue el 3 de enero de este año, cuando facebook bloqueó el acceso del sitio a sus perfiles, y una semana después ratificó la medida enviando una carta de cese y desista. La misma obligaba a SuicideMachine a suspender todo servicio relativo a facebook y quitar cualquier referencia del sitio. Pero, pese a las intimidaciones, la máquina continúa funcionando y ya tiene en su haber 891 usuarios del servicio, 54.401 amigos borrados y 230.922 tweets removidos de la esfera online. VIDEO:http://www.infobae.com/notas/573509-Como-alejarse-de-las-redes-sociales.html hOME:http://suicidemachine.org/ http://www.neoteo.com/suicide-machine-asesinado-por-facebook
Tras conocerse la terrible noticia del asesinato de Tomás Santillán, de 9 años, Guillermo, uno de sus tíos maternos, habló sobre Adalberto Cuello, la ex pareja de su mamá. Aseguró que "tiene dos personalidades" y que la relación que mantenía con Susana “era un infierno” y que le había advertido: “Te voy a pegar donde más te duele”. ¿Qué hace que las mujeres que sufren este tipo de violencia no puedan salir de este círculo, incluso a riesgo de perder lo que más quieren? El análisis de una experta.Patricia Faur El personaje mitológico de Medea es el arquetipo de la sinrazón y la crueldad llevada hasta las últimas consecuencias. Furiosa, arrebatada por la ira, Medea echa mano de la venganza hacia Jasón, por quien se siente traicionada y abandonada. No le alcanza con matarlo, desea que sufra, que muera en vida, que se transforme en un alma en pena. Su maldad sin límites la lleva entonces a cometer el más terrible de los crímenes: matar a sus propios hijos para vengarse de su marido.Es imprescindible detectar la violencia desde sus trazas más imperceptibles. Nadie llega a matar, a castigar, a humillar y a torturar sin haber dado signos previamente. El psicópata es un gran simulador, no obstante, su violencia se manifiesta en sus miradas de desprecio, en su frialdad, en su intento de posesión y sometimiento, en su incapacidad por hacerse responsable, en su sentimiento de culpa inexistente.Los femicidios vinculados son aquellos en los que la violencia ejercida contra la víctima se vehiculiza a través de alguno de sus seres más queridos. El torturador se ensaña entonces con aquel que su víctima más ama porque sabe que el dolor por el ser querido es infinitamente mayor que sufrir el dolor en carne propia. La mafia conoce bien estos códigos cuando compra el silencio de sus víctimas con la amenaza de matar a un familiar en caso de delación.Los ataques contra las mujeres crecen en nuestro país y en el mundo de manera alarmante. ¿Cuál es la razón por la que una mujer soporta y naturaliza el maltrato psicológico que, más tarde, terminará trágicamente? Existen razones que atraviesan lo cultural y también las creencias psicológicas individuales y familiares. Sin embargo, no podemos dejar de lado a una sociedad que convalida la denigración de género y “naturaliza” los pequeños actos de violencia cotidiana. A la mujer se le pide que aguante, que tolere, que sea paciente. Sin caer en gastadas consignas feministas, sabemos que al hombre no se le pide lo mismo. Y esto no quiere decir que no existan mujeres perversas o crueles como Medea.Los hijos son los rehenes inocentes de una guerra en la que no eligieron participar y quedan en la línea de fuego.Para desactivar una amenaza hay que desactivar el miedo. Y las amenazas son violentas aunque no se concreten. Amenazar, intimidar, aterrar, hostigar al otro con sus seres más amados es una conducta de maltrato psicológico destinada a confundir, paralizar y someter.Lamentablemente, en las relaciones de pareja se llega demasiado lejos antes de frenar. “El que amenaza mucho no hace nada”, se dice popularmente. Gran error. El que amenaza ya está cometiendo un crimen: inyectar el terror. Y hemos aprendido con dolor que se puede secuestrar y volar un avión con un cuchillo de cocina. El terror paraliza. La palabra, las redes vinculares, las instituciones, la familia, los grupos ayudan a aliviar el miedo.Y no olvidemos que para litigar, pelear por alimentos, tenencias y visitas están los abogados. No es posible hacerle frente a un psicópata sin estar protegido porque él va a pensar estrategias que, para el común de los mortales, son inimaginables.Lo más importante es salir del aislamiento, contar lo que pasa, buscar ayuda, comprender que nadie tiene que quedarse donde no quiere y donde no es bien tratado. La violencia empieza el día en que una mujer o un hombre pierden el derecho a decir que no.http://www.patriciafaur.com.ar/ http://www.entremujeres.com/genero/Violencia-pegar-duele_0_593340808.html
Una mujer descalificada, desvalorizada y no tenida en cuenta por su pareja. Una mujer que tiene mucho miedo a ser abandonada. Trata de hablar, pero no es escuchada. Grita, llora y… Después de un tiempo, se “acostumbra”, se “adapta”. No reclama más y se resigna a un desamor que la va carcomiendo lentamente. Las mujeres somos más vulnerables a sufrir las consecuencias de una mala relación de pareja. El amor se vive, se siente, no se padece. Cuando se habla de estrés, todas las personas parecen sentirse identificadas. Es habitual escuchar que, cuando alguien está cansado o “no da más”, diga “estoy estresado”. El estrés se asocia habitualmente con algo negativo cuando, en realidad, es una respuesta del organismo que nos protege frente a los cambios tanto externos como internos. Si existe una amenaza o un desafío, el cuerpo y la mente ponen en marcha una serie de mecanismos que lo ayudan a adaptarse a estas situaciones. Pero el organismo no está preparado para recibir amenazas constantes ni desafíos permanentes. Cuando esto ocurre el sistema fracasa y comienza a funcionar mal: es allí cuando la respuesta de estrés comienza a ser patológica. Ahora pensemos en una pareja. No importa si conviven o no, si están casadas o si se conocen hace dos años. Todas las parejas pueden tener desacuerdos, enojos, problemas, incluso discusiones subidas de tono en las que alguno de los integrantes pudo haber tenido una expresión poco feliz. Luego se calman, alguno pide perdón por el exabrupto y continúa la vida. También ocurre en muchas parejas que el desgaste del tiempo y la rutina los hayan llevado a comunicarse muy poco, a que la sexualidad sea pobre, al aburrimiento o a la falta de proyectos comunes. Nada de esto es lo que causa el estrés crónico que lleva a enfermar. Ahora pensemos en una mujer que tiene una gran sensación de soledad y vacío, que no está satisfecha consigo misma, que vive una situación de pareja en la que es descalificada, desvalorizada y no tenida en cuenta. Cuando quiere hablar de estas cosas, su pareja la ignora, la rechaza o le grita y se enoja, la ofende con palabra desagradables, la castiga con el silencio y hace de cuenta que ella no existe. Esta mujer, que necesita imperiosamente del otro y tiene mucho miedo a ser abandonada, reprime su enojo y su malestar y aguanta el maltrato emocional. Pasan las semanas y es una caldera a punto de estallar. Cuando no puede más vuelve a reclamar, él vuelve a descalificar ese reclamo y ella no aguanta más: grita, llora, se descontrola. El la descalifica entonces aún más, le dice que está “loca”, que es “insoportable”, que en cuento pueda “se va y no la va a ver nunca más”. Ella, aterrorizada, vuelve a callar y así sucesivamente hasta que “se adapta” a la situación. No habla más, no reclama más y se resigna a un desamor que la va carcomiendo lentamente. La violencia emocional tiene muchos rostros, pero todos ellos son difusos y difíciles de contar. La amenaza, en este caso, no es el golpe: es el abandono real o el desamor. El miedo a no ser querida, a que el otro se vaya, a no ser suficiente para complacerlo las coloca en una situación de sometimiento que permite el abuso psicológico por parte del otro. Es así que comienzan a enfermar. Y soportan aquellas cosas que son incompatibles con la dignidad y con su propia autoestima: mentiras, estafas, tratos hostiles y descalificadores, sarcasmos y burlas ofensivas, ausencias sin explicación, miradas y gestos de desprecio, silencios prolongados cargados de mensajes nefastos, amenazas de separación, amenazas de violencia, insultos, control con el dinero o la sexualidad, desautorización y burlas permanentes frente a los hijos. Construyen un modelo de relación y de comunicación disfuncional y se acostumbran a vivir en el pantano. Como vemos, las situaciones que llevan a enfermar como consecuencia del estrés crónico no tienen que ver con los desajustes cotidianos, sino con la forma en que se resuelven y se comunican esas diferencias. Las mujeres son más vulnerables que los hombres a sufrir las consecuencias de una mala relación de pareja. Desde cuestiones hormonales hasta cuestiones culturales hacen que el conflicto permanente en sus vínculos las lleve a la ansiedad y a la depresión. Como el organismo es un conjunto indisociable este malestar se refleja en su sistema gastrointestinal, cardiovascular, migrañas, infecciones a repetición, alteraciones endócrinas, entre otras muchas en las que el estrés crónico juega un papel preponderante. Los hombres son más vulnerables luego de la separación porque sufren la pérdida de la casa, la cotidianeidad con sus hijos, el reordenamiento del patrimonio y la falta de una persona con quien compartan las confidencias y se ocupe del cuidado. Por otra parte, les cuesta más hablar de lo que les ocurre con su entorno y son pocos los que buscan la ayuda profesional, de modo que en el plano emocional quedan muy desprotegidos. Hasta hace un tiempo se consideraba que las personas que estaban en pareja tenían mejor calidad de vida que las que no lo estaban porque se considera al aislamiento como un factor de riesgo. No obstante, la calidad del vínculo conyugal es fundamental para saber si su función es protectora o dañina. Lo primero es tomar conciencia y no naturalizar el maltrato. El amor se vive, se siente, no se padece. No tiene que ser una tortura cotidiana. Y no nos referimos a la idealización del amor romántico ni a una pareja inmaculada donde no pasan cosas. Nos referimos a tener un compañero en el que se pueda confiar y que se detenga frente al dolor que le puede causar al otro. Si el desprecio llegó para quedarse será el momento de pensar si se quiere vivir con ese inquilino. El desamor enferma, destruye la dignidad y la capacidad de las personas, les mutila la esperanza y progresivamente las transforma en seres insignificantes. Hay parejas que pueden sentarse a trabajar sobre el lugar al que llegaron y juntas podrán salir del abismo. Muchas cosas se podrán solucionar si hay respeto, confianza y ternura. Sin estos ingredientes será muy difícil cocinar una buena relación. Porque cuando faltan otras cosas como el deseo sexual, proyectos o intereses comunes, una pareja puede terminar sin lastimarse. El fin de un amor no es sinónimo de desamor. En este caso habrá que atravesar el duelo y la tristeza de lo que se terminó. En otros casos habrá que replantearse si vale la pena sostener un vínculo que solo lastima y no es más que una máscara de unión. “No es bueno que el hombre esté solo”. A veces, sí. Por Patricia Faur, licenciada en Psicología, docente en la Universidad Favaloro y autora de los libros “Amores que matan”, “Amores fugaces” y “Estrés conyugal” (Ediciones B), entre otros. En este último libro, “Estrés conyugal” -editado recientemente-, Patricia cuenta algunas historias de relaciones emblemáticas de desamor, aquellos vínculos que lastiman y se agotan en el dolor y la desesperanza. Mujeres engañadas, postergadas, estafadas, violentadas emocionalmente, abandonadas, que sueñan con un proyecto, pero viven en otro. Mujeres que quedan arrinconadas esperando un lugar de legitimidad que no llega. Hombres sometidos a los caprichos de mujeres que juegan con ellos. Hombres que mueren de celos y humillación frente a mujeres que los hacen tambalear en la ambigüedad. Fuente:http://www.entremujeres.com/genero/Estres-conyugal-heridas-desamor_0_528547240.html