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juanapier

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Primer post: 29 dic 2015Último post: 29 dic 2015
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El Arte de Vivir y El Modo de Vida Según El Estoicismo.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/29/2015

El estilo de vida según el Estoicismo remite en efecto a un arte de vivir, ya que versa sobre la conducta humana, la cual recoge diferentes acciones que determinan la orientación de la vida misma tales como: el estado de ánimo, el impulso, el deseo, la aversión y el juicio (Epicteto), así pues, es necesario determinar qué cosas dependen de nosotros y cuáles no, para así guiar nuestro comportamiento de forma adecuada. La forma de conducirse depende del individuo, esto implica que las acciones que se realicen sea pasionales o racionales están dadas por el individuo mismo, quien es el que determina que postura tomar ante la vida y el camino a seguir, ya que él es responsable de su existencia moral, la cual se ve permeada constantemente por impulsos que afectan el estado de ánimo, ya sea internamente (deseo) o externamente (placer), lo importante es intelectualizar estos impulsos para así tomar posturas equilibradas y sólidas en el proceder alejándose del actuar por mero apetito. Para que el hombre tenga una clara postura en la vida, es necesario que cuente con libertad, de tal manera que pueda autodeterminar su posición y su actuar en el mundo sin estar sujeto a instituciones que subyuguen sus decisiones, ya que lo que depende del individuo es libre en la medida en que no está sujeto a impedimentos externos. Esto se traduce en un tipo de actitud que contribuye a la vida misma en la medida en que permite vivir con relativa seguridad y reserva, aun cuando el panorama no es claro, ya que el hombre al valorar su existencia, se respeta a si mismo, lo cual se refleja en la forma de conducirse y en la concordancia de sus acciones. Así pues, el hombre se concibe como el único responsable de sus actos y opiniones, de tal forma que se compromete con lo que se piensa, lo que se dice y lo que se actúa mostrando un desinterés por las cosas materiales para poder llegar a conocerse y alcanzar la sabiduría en su vida cotidiana, asumiendo una actitud activa en dicho proceso, aceptando tal y como proceden los acontecimientos del mundo. Esto indica que el filósofo para los estoicos no debe acomodar los sucesos a su voluntad, sino vivir los sucesos y configurarlos a la vida practica, de tal forma que el hombre auto eduque su carácter intelectual para así procurar la imperturbabilidad (ataraxia) que en últimas remite a la calma del espíritu. El filosofo piensa y vive una vida a través de una praxis filosófica basada en la virtud, esto demuestra que mediante la reflexión estoica el hombre puede convertirse en amo y maestro de sí mismo, ya que se educa en un libre ejercicio práctico que involucra el estilo de vida que elige tener (filosofía como elección fundamental de vida) como bien lo señala Pierre Hadot. De lo anterior, podemos ver como la vida se va configurando como obra de arte, ya que se vincula con el quehacer del hombre promoviendo una vida filosófica en la cual el individuo es dueño de su cuerpo y de su reflexión, lo cual implica fuerza, constancia y ejercitación a lo largo de su existencia. Asi pues, el hombre amante de la sabiduría (filósofo) se distingue por su actitud y no porque adopte determinado factor que lo caracterice como tal. El filósofo se reconoce en su estilo de vida, la cual sigue como regla una conducta recta, cargada de un profundo sentido vitalista, donde se busca el bien de la vida misma, evitando y alejándose de todo aquello que pueda ser perjudicial para su estilo de vida, esto es el êthos o carácter que se fija a sí mismo todo individuo deseoso de construir un ideal de conducta que se refleje en el comportamiento cotidiano del hombre. El estilo de vida, como obra de arte, como actitud (êthos), consiste en vivir la filosofía a partir del dominio de sí mismo en concordancia con el modo de pensar (actitud filosófica) construyendo una actitud que esté basada en armonía con la sabiduría y de la cual dependa la autorregulación y examen de las acciones, ya sean públicas o privadas. El êthos en el estoicismo se manifiesta como actitud filosófica, fuente de vida y dominio de sí mismo que incita al hombre a tener una fuerte postura filosófica necesaria para la vida y sus acontecimientos. En consecuencia, la filosofía se destaca por dar cuenta de la aplicabilidad de los principios morales en la vida, por medio de un ejercicio espiritual que descubre hasta dónde somos libres, dueños o virtuosos de nuestras vidas, de tal forma que el hombre se descubre tal cual es al determinar su grado de libertad, ya que esta se supedita al modo de vivir, el cual debe efectuarse bajo un principio de sabiduría práctica. De esta forma, tenemos a un tipo de hombre que se mira a sí mismo al igual que su modo de ser, carácter y dedicación en el modelaje de su existencia, el cual se caracteriza por procurar dedicarse a un solo tipo de acción y no a múltiples cosas, sólo construye y reconstruye su existencia, sin preocuparse por fin alguno, a diferencia de aquellos interesados exclusivamente por frivolidades que opacan la naturaleza del ser, es decir, no hay una verdadera preocupación por sí mismo, ya que algunos se impacientan por cuidar su cuerpo tercamente y otros por vigilar a cada momento su salud, su alimentación, sus riquezas, creyendo que con estos recursos se libran de la muerte y olvidan su espíritu, su vida. La preocupación estoica por un modo de vida equilibrado involucra factores primordiales tales como la felicidad y la libertad, los cuales mediante la ética se constituyen como arte para la vida, ya que como lo indica Seneca el vivir felizmente todo el mundo lo desea, mas revelar en qué consiste la vida feliz, nadie puede manifestarlo. Saber cómo se constituye la vida en obra de arte para el estoico, supone el conocimiento de un propósito, es decir, saber hacia dónde se va y como se compone, dado que lo importante no es el fin, sino el proceso mismo que se manifiesta en una práctica, que es lo que determina la mentalidad y el modo de ser de cada quien, por lo tanto construir un tipo de vida y transformarla en un estilo, es algo completamente individual, que depende en gran medida de la ética asumida tanto como ejercicio y actitud. Para el estoico, el bien supremo en la vida es la felicidad, y ésta consiste en la tranquilidad del alma, no se trata de una actitud de pasividad estéril e insensible, sino, más bien, es un estado en el que el sabio estoico ha superado las circunstancias que vienen del mundo exterior, y controlado las exaltaciones provocadas por los sentidos. El sabio es dueño de sí, al ser imperturbable no se deja arrebatar por nada, para ello sólo hay un camino el poder de la razón, y así como el universo tiene una inteligencia que pone orden en la naturaleza, también el hombre que quiere alcanzar la sabiduría tiene que conseguir el orden en su vida por medio de su razón, pues ésta es una parte de la razón universal. Así se comprende el por qué de la necesidad de los estoicos de vivir de acuerdo con la naturaleza, es decir, en la totalidad unitaria de la physis en donde todo coopera al funcionamiento del Todo y al ser el alma humana parte del orden natural al que debe acoplarse activamente sin apasionamientos, remite a la idea estoica del arte de vivir bien, es decir un vinculo con la virtud que se manifiesta en llevar una vida ordenada. De tal forma que podemos observar rasgos estéticos en el ideal de vida estoico para los cuales el mundo está impregnado por la razón, la perfección y la belleza, esto es el mundo bello que no tiene deficiencia siendo perfecto en todas sus partes y proporciones, en donde cabe la existencia de la fealdad cuyo papel es resaltar la belleza del mundo. El sabio acepta a la naturaleza tal como es, se amolda enteramente al destino, de tal forma que elige el camino ante los dilemas de la vida; si lo hace siguiendo los dictados de la razón, se ajustara a la naturaleza y alcanzara la felicidad; si por el contrario elige el camino equivocado (necios), la vida terminara cargada de sufrimiento y desdicha. Esto da origen a la antigua división entre seres humanos virtuosos y seres humanos vulgares que resulta para los estoicos de gran importancia, ya que de los primeros se deduce el ser sabio mientras que de los otros la ignorancia. Así pues, es propio del sabio practicar las virtudes y del ignorante practicar los vicios, de tal forma que las cosas que realizan unos al estar en conformidad con la virtud tienden al bien, en cambio los que no la practican resultan mal, de aquí que el sabio resulta ser en gran medida el más apto dado que en él se encuentran reunidas armoniosamente diversas cualidades (recordemos que quien posee una virtud las posee todas) que van desde el cultivo del intelecto hasta el gobierno del propio pensamiento, que implica el conocimiento tanto del bien como del mal (plena excelencia en todos los órdenes) que el ignorante no puede armonizar ya que son esclavos de sus deseos y temores los cuales llevan sin remedio a la necedad y con esto al alejamiento de la virtud. La figura del sabio (sophos) estoico revela la unión entre el ideal ético y la práctica de tal saber, de tal forma que el ser sabio no representa una actividad contemplativa sino una actitud existencial donde teoría (theoria) y practica (praxis) se unen para proporcionar el camino hacia la felicidad. La culminación de la sabiduría otorga al sabio el papel de guía ejemplar dado que esto significa una aproximación a la divinidad y no a la de mero investigador del mundo o de el ser como es el caso del filosofo que dirige su vida mediante la razón para procurar el bien y la serenidad en el ánimo que se ve perturbada ante las angustias y crisis del azar. Así pues la figura del sabio se constituye no como alguien que posee la verdad lo cual implica un develamiento de las apariencias para conocer el ser, sino como maestro de una elección de vida que tiene por objeto la sabiduría, entendida esta como un saber perfecto que involucra tanto información acerca del mundo como de un modo de vida, el cual debe vincularse estrechamente con la excelencia (arete) y las más altas virtudes humanas. Para lograr el acceso a la felicidad, es innegable que se requiere de un dominio de sí mismo, ya que la construcción de un estilo de vida, nos incita a tomar postura y en especial a organizar la vida misma, así se presenten confusiones y conflictos, es por eso que la decisión más prudente para los estoicos es aquella que se basa en la rectitud y la firmeza del juicio. Esto implica la valoración de la existencia, de como somos y como nos desempeñamos, lo cual remite a un saber vivir desde posturas éticas y estéticas dicha existencia, vinculando el uso de la razón para generar una transformación en el ser y su vida, manifestada en el trajinar mundano a partir de la formacion de un vivir que tiene como propósito tomar una actitud que posibilite en el individuo una disposición para la vida, el pensamiento y la filosofía, ya que, dada una posición reflexiva y ética es posible saber qué es lo que desea, hacia dónde nos dirigimos y sobre todo, cómo nos dirigimos, librándonos del actuar por imitación para abogar por el actuar mediado por la razón, la cual mantiene el temple ante las flaquezas del ánimo y las injusticias de orden social, económico y político en donde el hombre de postura firme se encuentra dispuesto para todos los cambios que depara la vida, conservando su manera de ser, su êthos y su sabiduría.

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