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Registrate y eliminá la publicidad! Pedro Opeka Argentino (varias veces candidato al Premio Nobel de la Paz, propuesto por Eslovenia, Francia y el principado de Mónaco) Madagascar es una isla entre Asia y África, cuya población se encuentra en su mayoría en una situación de pobreza crónica. Hasta allí llegó el padre Pedro Opeka desde la Agentina, y, en sintonía con la parábola del grano de mostaza, plantó un sueño de esperanza para quienes parecían condenados a una vida de marginación, delincuencia, explotación y miseria, y lo llamó Cité Akamasoa, ‘Ciudad de los Buenos Amigos’. El misionero de la Congregación de San Vicente de Paúl, Pedro Pablo Opeka, en 1970, con sólo 22 años de edad, llegó por primera vez a la isla. Hijo de eslovenos que emigraron a la Argentina tras la II Guerra Mundial, inició una historia de vida consagrada a los pobres y desposeídos que se extendería por más de 30 años en Madagascar. Fue ordenado sacerdote en 1975 y retornó a la isla africana para hacerse cargo de la parroquia de la Misión de Vagaindrano en la selva oriental del sur de la isla. Durante 15 años se dedicó a la formación de cientos de jóvenes. Acostumbrado a vivir entre la gente humilde y necesitada, y debido al carácter inhóspito del lugar, contrajo diversas enfermedades estomacales incluso el paludismo. En 1989 tuvo que dirigirse a Antananarivo, la capital de Madagascar, para hacerse cargo del seminario de los lazaristas. Ante la miseria que vio, el Padre se dijo: "tengo que hacer algo, esta gente no puede vivir así, Dios no lo quiere, son los hombres los que lo permiten, sobre todo los políticos que no cumplen lo que prometen. Una mañana, a mediados de 1989, Pedro se subió a su moto y partió hacia las colinas de Ambohimahitsy, donde la gente vivía en casas de cartón próximos al basurero municipal, en un estado que describiría como de un verdadero 'infierno'. Violencia, prostitución, consumo de drogas y alcoholismo, eran moneda corriente para aquella gente que repartía su vida entre los vicios, la mendicidad y el cirujeo en los basurales. Un hombre lo hizo pasar a su casucha de cartón de 1,20 m. de altura. Allí dentro, frente a un pequeño grupo, el padre Pedro les dijo: 'Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar'. Palabras que marcaron desde el comienzo la filosofía de su obra, centrada en el trabajo y la educación. Y la gente aceptó la propuesta, dando comienzo a 'una historia de amor o aventura divina', como la define el padre Opeka. Con la colaboración de jóvenes universitarios, muchos de los cuales él mismo había formado en su parroquia del sur de la isla, nació la Asociación Humanitaria Akamasoa; que significa en malgache "Los buenos amigos", con el objetivo de servir a los marginados y excluidos. Luego de 16 años de intenso esfuerzo, unas 17 mil personas viven en los cinco pueblos de la Asociación; 8 mil 500 niños asisten a las escuelas; 3 mil 500 personas trabajan en distintas actividades de Akamasoa, desde la explotación de canteras, fabricación de muebles y artesanías, hasta la prestación de los servicios comunitarios: educación, salud y mantenimiento. Cada pueblo cuenta con su dispensario y hace poco tiempo inauguraron un hospital. Más de 200.000 personas (el 1,5 por ciento de la población del país) pasó por su Centro de Acogida, donde reciben ayuda temporal y son encaminados a reorientar sus vidas. El día 18 de noviembre de 2008 el Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, Cardenal Renato Martino, anunció los premios de la Fundación San Mateo a personas que se han destacado por su solidaridad y justicia social. Una de ellas es el sacerdote lazarista argentino Pedro Opeka. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=kJjf4lY7lbY Se han escrito varios libros sobre el Padre Opeka, uno de ellos titulado con el nombre ¨Un viaje a la esperanza¨ por Jesús María Silveyra de la editorial Lumen. Acontinuación se muestran algunos videos que muestran en imagenes su increíble obra. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=oyeWwgtohH4 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=w7ynqPKBrPg&feature NOTAS DE PAGINA 12 20 de julio de 2003 “Lo que hago no es neutro” “El mundo no se puede lavar las manos de Africa. Africa es un continente que necesita del mundo. Y si algo queda de Africa es por la acción de la Iglesia Católica y las iglesias protestantes.” Opeka se exalta cuando habla del abandono y el olvido hacia ese continente. Con ese mismo ímpetu, Opeka jugó un papel clave en la caída de Didier Ratsiraka, el anterior presidente de Madagascar. “Era un régimen de inspiración norcoreana, un dictador que no había aceptado el resultado adverso de las elecciones de diciembre de 2001. Entonces, a partir del 16 de ese mes hubo marchas de más de un millón de personas para exigir que se fuera”, cuenta el misionero. –Es el mismo momento del estallido en la Argentina. –Sí, y yo decía “tomen el ejemplo de Argentina y renuncien”. Pero allí no hubo helicóptero y Ratsiraka mantuvo el poder. Entonces, Opeka viajó a Francia –Madagascar es ex colonia de ese país– y llevó adelante una campaña de dos meses “a favor de la justicia y la libertad” en el país. Habló en el Senado, frente a los diputados y le exigió a Chirac que se involucrara en el problema malgache para evitar la guerra civil. Finalmente, fue Estados Unidos quien reconoció primero al gobierno electo, en julio de 2002. Dos días después lo hizo Francia. Y recién ahora lo acaba de hacer la Unión Africana. Opeka está satisfecho. “Lo que yo hago no es neutro –aclara–. La lucha contra la pobreza no es neutra.” De Africa a la Argentina En el 2003 dijo lo siguiente: Hace más de cinco años que Pedro Opeka no venía a la Argentina. Y la crisis con la que se encontró lo conmocionó. “Me sorprende muchísimo esta crisis que casi destruye el alma argentina. Yo estoy acostumbrado a las calles con vida y alegría, y aquí veo una ciudad fantasma, veo la falta de respeto del uno al otro. No sé cómo se ha llegado a esto, tal vez todos nos hemos quedado un poco dormidos”, confiesa. “Las villas se fueron creando solas, fueron creciendo sin contención, sin Estado ni una organización seria y sistemática. La gente fue abandonada. Y ahora se toma su revancha”, explica Opeka. “–Pero yo quiero rescatar y homenajear a mucha gente que sí se esfuerza día a día trabajando con los pobres. Sé que eso también existe aquí y es muy importante rescatarlo” destaca. Y confiesa su experiencia: “Cuando se lucha con los pobres, se lucha casi solo. Pero se lucha con la gente. Eso es lo más importante”. COMO SE ORGANIZO LA VIDA COMUNITARIA DEL BASURAL Creando Estado en la anarquía Además de cura, Opeka se convirtió en comisario, médico, educador. Hubo que llenar el vacío de Estado. “Una vez un hombre le partió la cabeza con una pala a su mujer –cuenta–. Me la trajeron a mí. Después de curarla, mandé a buscar al hombre. Los más violentos lo trajeron. Y terminó pidiendo perdón a todo el pueblo.” El “centro de acogida” era el lugar donde se recibía a la gente de la calle para ser incorporada al proyecto. –Se trataba de marginados absolutos, entre los que reinaba la anarquía, con una total ausencia de Estado. Para ser recibidos en el centro, les preguntábamos tres cosas: si estaban dispuestos a trabajar, si estaban dispuestos a escolarizar a sus chicos, si aceptaban las reglas de la disciplina. –El mínimo orden social. –Sí, después fuimos creando reglas comunitarias entre todos, leyes que establecían ellos mismos, con votación en asambleas. –¿Qué tipo de leyes? –Que no había que robar, que no había que pegarle a la mujer, no robar la mujer del vecino, no emborracharse, no volver después de las diez de la noche, no introducir clandestinos en el lugar. –¿Lo aceptaban? –Eran sus propias leyes. Aunque en algunos casos había que interponerse por la fuerza. No fueron muchas, pero alguna vez me tocó. Sobre todo con los que vendían drogas y se negaban a dejar de hacerlo. Teníamos que hacer algo para que no nos mataran a los chicos. –¿Y que hacían? –Los que no cambiaban tenían que irse. Pero no los devolvíamos a la calle, les dábamos los medios para que fueran al campo o a otra ciudad. La ley popular también era (es) contemplativa. Una vez un hombre robaba adoquines en la cantera: las piedras ya vendidas las volvía a su lugar de origen para venderlas de nuevo. Fue descubierto y al serle reprochada su actitud, el acusado le tiró al acusador con lo que tenía a mano: qué otra cosa que un adoquín. El acusador salvó la vida de milagro, pero el ladrón puesto al descubierto tuvo que soportar el repudio del pueblo. Cuando Opeka lo intimó a abandonar la ciudad, el hombre pretendió enfrentarlo. El cura no se achicó. Y entonces el que se batió en retirada fue el ladrón, en medio de aplausos generalizados de repudio. –Esa noche volvía a casa en la moto y lo encontré sentando en el umbral, apesadumbrado. Entonces con tono más tranquilo le hablé, le dije Juan, si sos capaz de pedir perdón, el pueblo te va a perdonar. La mujer le decía, “dale, de qué vamos a vivir ahora”. A Juan le costó mucho. Muchísimo. Pero al día siguiente, se enfrentó al padre Pedro y al pueblo entero. Pidió perdón. Y fue aceptado de nuevo, con nuevos aplausos. BUENO GENTE ACÁ LES DEJO EL TESTIMONIO DE UN HOMBRE QUE CUMPLIÓ CON UNA UTOPÍA, REALIZAR SU OBRA EN MEDIO DE LA NADA, SACANDO DE LA POBREZA A PERSONAS, NADA MENOS QUE DEL CONTINENTE AFRICANO, MAS PRECISAMENTE DE MADAGASCAR. ALLÍ CREÓ UNA CIUDAD CON EDUCACIÓN INICIAL, PRIMARIA, SECUNDARIA Y UNIVERSITARIA, REEMPLAZANDO LOS AGUJEROS DE LOS BASUREROS DONDE VIVÍAN POR CHALETS DE LADRILLOS, PERO LO MAS IMPRESIONANTE ES QUE LES ENSEÑÓ A CONSTRUÍRLAS CON SUS PROPIAS MANOS. TENGO LA SUERTE DE CONOCERLO PERSONALMENTE Y LES ASEGURO QUE ES UN HOMBRE SIN IGUAL, HUMILDE, SENCILLO, CLARO EN SUS PENSAMIENTOS Y CON MUCHA FUERZA. HAY MUCHO MAS POR SUPUESTO PERO ME PASARÍA DIAS Y DIAS ESCRIBIENDO ASI QUE SI LES INTERESA AVERIGUEN POR LA RED QUE HAY BASTANTE MATERIAL ESTO NO ES CUESTIÓN DE RELIGIÓN O POLÍTICA SINO DE UN SER HUMANO QUE DEMUESTRA QUE SE PUEDE!!!!!!!!!!! DEBO ADMITIR QUE SIEMPRE PENSÉ QUE ESTE GLOBO ESTABA PODRIDO, TODO COMPRADO, CON INTERESES CREADOS Y NUNCA SE IBA A CAMBIAR NADA, PERO ESTE HOMBRE ME DEMOSTRÓ OTRA COSA. SE QUE A LOS GOBIERNOS Y MULTINACIONALES NO LES INTERESA ESTO, PERO NO IMPORTA ESTE GRANO ES LA SEMILLA QUE DEBEMOS MULTIPLICAR. CUALQUIER COSA QUE QUIERAN SABER PREGUNTEN!! UN SALUDO GRANDE Les dejo unas palabras de él respecto de nuestro lugar. Echar luz Opeka dejó la Argentina en 1968, cuando el índice de pobreza era del 3%. Pensó que era algo que se iba a solucionar. Tenía 25 años, una firme vocación de trabajar por los demás, y la convicción de poder hacerlo en Africa, “el continente más abandonado y olvidado del mundo”. Y lo logró. Cuando se le pregunta por la realidad actual de nuestro país se muestra dolido: “El otro día pasé por Villa Hidalgo –comenta–. Eso es Africa. No puede ser que en este país, con las riquezas materiales y humanas con las que se cuenta, la gente tenga que vivir de esa manera. La mayoría de la gente que vive en las villas es buena, pero también es rehén de los que quieren hacerse pasar por pobres y en realidad son malhechores. A esos el Estado tiene que hacerles frente. Las villas están monopolizadas por mafias. Hace falta abrir calles, llevar el agua, construir viviendas dignas, escuelas y salas de salud. Darle luz a esa gente, no sólo luz eléctrica sino en todo sentido”, por eso considera que es importante que también la Iglesia esté presente en las villas. Para el padre, se puede vencer la pobreza: “En Antananarivo –cuenta– los chicos ya no piden en la calle, están en la escuela. Hubo 1000 reuniones con los pobres del basurero, y recién a la reunión 1001 empezaron a pensar que podía ser posible. Pero nunca bajamos los brazos, aunque veíamos a los chicos sufrir porque sus padres no tomaban conciencia. Pero logramos revertirlo, persistiendo con amor, bondad y solidaridad, y estando con ellos en los momentos más duros de enfermedad, hambre e inundaciones. La gente respondió porque encontró un lugar donde es respetada y valorada”. Opeka invita a quienes trabajan por los demás a seguir adelante: “Hay gente que da su vida por los demás y a esa gente le digo que siga. En todas partes se puede vivir el Evangelio porque es inagotable y siempre puede hablar”. Para él no hay imposibles ni fórmulas mágicas: hace falta voluntad, esfuerzo y dejarse guiar por la providencia. “Si pudimos en Madagascar, aquí también se puede”, es su respuesta. Razón no le falta. Realizado conjuntamente con ULIESE