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joselojacquier

Usuario (Argentina)

Primer post: 10 may 2007Último post: 28 may 2011
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El sentido de la existencia (reflexión filosófica)
InfoporAnónimo5/17/2007

“El limite de mi existencia es la existencia” ¿Cuál es el sentido de la existencia? (Joselo Jacquier) La pregunta por la existencia es la más profunda, la más determinante, la cual el hombre, en algún momento de su vida, no puede evadir. ¿Por qué ser un humano y no un animal?, ¿Por qué haber nacido acá y no en Rusia? ¿Por que ser tan distinto al resto de la naturaleza?, ¿Por qué haber nacido y no haber “fallado” en un cigoto que no se desarrolló? ¿Por qué decidir por una profesión, amigos, pareja, caminos, proyectos y no, en cambio, nada? Podríamos pensar que lo que nos hace ser humanos está dentro de nosotros y es como una fuente de la que emana nuestro ser y el sentido de nuestra existencia. Podríamos pensar también, que nuestra existencia está totalmente realizada o, tal vez, que somos como una arcilla informe que se va modelando, como lo haría un artesano, con cada una de nuestras decisiones. Primero, quiero plantear la posición “negativa”, la del sin sentido de la existencia. Si la existencia carece de sentido, cabría preguntarnos: ¿por qué existimos? Si la respuesta es simplemente porque sí, toda nuestra vida sería un caminar hacia la nada, sería un construir inútil, un hacer y deshacer al mejor estilo Penélope. En esta posición negativa no me quiero detener, lo expuesto es sólo una afirmación, para fundamentarlo creo que se volvería un texto mucho más largo y, de ser así, la pregunta debería ser “¿cuál es el no sentido de la existencia?”. Si la existencia tiene un sentido habría que comenzar a buscarlo en alguna de éstas direcciones o, de ser posible, en las dos. (Y el dos es realmente significativo, es un “número casi existencial”, en todo hay dos opciones: o se es bueno o malo, es verdad o mentira, es izquierda o derecha, se vive o se muere). La primera dirección es poner el sentido de la existencia en el interior del hombre, es verdad que no es un ser limitado, sino abierto: puede conocer, amar, soñar, temer, odiar, esperar o desesperar y lo más fundamental reflexionar. Desde esta perspectiva, buscando el sentido de la existencia en el interior del hombre, podríamos decir que su razón de ser y su fin es el autoconocimiento. El sentido de la existencia sería el reconocerse como distinto, autónomo y autárquico. Surgen así las siguientes preguntas: • ¿Distinto a qué? Por sus capacidades (físicas) y facultades (mentales), el hombre es claramente distinto al resto de la naturaleza. Sin embargo existe un punto común donde el hombre no puede sentirse ajeno al reino animal. Comparte las mismas funciones biológicas generales: nace, crece, se reproduce y muere. Y aquí encontramos nuevas semejanzas y diferencias: el hombre, al igual que los animales, no elige nacer. Sin embargo puede saber que se desarrolla, puede optar por reproducirse o no y puede pensar, reflexionar, temer, esperar o buscar; la muerte. • ¿Cómo crea sus propias normas? Crea sus normas como una forma de preservar la libertad. Puede optar por hacer el bien o el mal, en la medida de lo que considere bueno o malo. En si, las normas que el hombre cree para regir su vida son aquellas que él considera le permitirán alcanzar sus máximas aspiraciones. • ¿En qué consiste su propio gobierno? En la capacidad de obrar sin determinación de “el otro”, sin que sus elecciones estén forzadas por nada externo a su voluntad. La segunda dirección es plantear el sentido de la existencia desde una esfera exterior al hombre. Siguiendo con las semejanzas y diferencias entre el hombre y los animales, encontramos aquí otra similitud: el hombre aislado del hombre se deshumaniza. El hombre fuera de todo contacto con “lo humano” se animaliza. Pierde todo lo que lo distingue del resto de los animales. Desde el comienzo mismo de la existencia, sea considerado en el momento de la concepción o de la primera sinapsis o en el que fuere, el hombre necesita de “el otro”. Precisa de un hombre y una mujer, o más preciso, de un esperma y un óvulo (en definitiva de un hombre y una mujer) para constituirse en un individuo. Durante nueve meses (o cuarenta semanas) precisa de una mujer que lo alimente. Durante más de veinte años precisa de personas que: lo alimenten, lo eduquen, lo cobijen… lo introduzcan en el mundo de “lo humano”, desde el habla hasta las reglas de conductas aceptadas por la sociedad. El hombre se encuentra determinado, en un sentido positivo: como constituido, conformado, por “el otro”. Aquí ya es más que clara la importancia de las relaciones interpersonales. Sin relación no hay existencia que sea posible. Podría establecer entonces, que el primer sentido de la existencia es la relación. Provenimos de ella, nos formamos por ella y vivimos en ella. Ahora bien, surge una pregunta que es fundamental: ¿es la simple relación lo que da sentido a nuestra existencia? o, mejor expresado, ¿cualquier relación da sentido a nuestra existencia? Al hablar de relación viene implícita la otra posibilidad (nuevamente nos encontramos acá con el “dos existencial”), la de una “no-relación”. Entonces se puede hablar de una relación en sentido positivo y negativo. Todo lo que permite que la relación se de en un sentido positivo, podría recibir, como idea general (no significa que todas las relaciones estén signadas por esto) el nombre de “amor”. Para que haya relación es indispensable que, al menos, existan dos seres para relacionarse, un yo y un “el otro”. Y el modo en que nos relacionamos se podría comparar a un juego de frontón, según la forma en que yo arroje le palota la pared me la devolverá con la misma intensidad con la que yo la envié. En una relación, como en el frontón, la pared pasa a ser “el otro” que me devuelve lo que yo doy. “El otro” pasa a ser un espejo, que me muestra lo que doy y eso que doy es lo que soy. Pero, aún más, en la relación yo soy jugador y pared a la vez, es decir, doy y recibo, entonces soy yo y soy espejo para el otro. Donde él me dice hasta dónde puedo ir y yo le digo hasta donde puede llegar. Esta limitación es en ningún sentido negativa. Pretender una libertad absoluta es una “ilusión existencial”, porque estamos insertos en el mundo de “el otro”, que cuando pretendemos ser un árbol no reprende a gritos: “¡Sos humano!”, cuando pretendemos ser un león nos vuelve a gritar: “¡Sos humano!” Lo que permite que la relación pueda darse y, así, el hombre ir constituyendo su existencia es “el amor”. Que es la amalgama entre los seres humanos, lo que mantiene estable esa relación en la cual soy yo y espejo a la vez. La que permite ver en el otro al “yo”. Si en la relación no hay “amor”, en primer lugar, difícilmente la relación se mantenga; y, en segundo lugar, de no haber “amor” no me reconocería en el otro. Por ejemplo: reconocemos, por nuestra autonomía (acá se entiende autonomía en el sentido más estricto) y por las normas, que se crean para reglar la relación con “el otro”, que un ser humano no puede, arbitrariamente, matar a otro. Al cumplimiento de estar norma llamo “amor”. El “amor” hace que no matemos, robemos, violemos, mintamos o corrompamos a los demás. En cambio el “odio”, llamo odio a todo aquello que impide la relación con “el otro”, surge de la “ilusión existencial”. Dicha ilusión no nos permite ser concientes de “la autorreflexión” ni de “las relaciones interpersonales” (que son los dos sentidos de la existencia). En primer lugar, esa fantasía nos genera una visión distorsionada de la existencia. Ya que la libertad se manifiesta en un poder: hacer, pensar, creer, etc. Entonces pensamos que podemos actuar como consideramos mejor y no como consideremos bien; manifestamos ser lo que anhelamos y no lo que en verdad somos; consideramos bien lo que se ajusta a lo que deseamos. En segundo lugar, la “quimera existencial” afecta a las relaciones interpersonales, porque consideramos que nuestra libertad (nuestro poder hacer) tiene un alcance ilimitado, infinito. Si la libertad fuese de dicha forma, chocaría contra “el otro”, que posee su libertad, que también sería infinita y la existencia se movería en el mundo de lo caótico. Por ejemplo: yo podría matar a otro, por el simple hecho de tener la real posibilidad de hacerlo y la libertad como para ejecutar esa posibilidad. Todos mis actos estarían “redimidos” por mi libertad. Por eso todo movimiento de la existencia debe tener en cuenta a “el otro”, ya que este me muestra cuáles son mis límites. El límite de mi existencia es la existencia. Así como el enlace entre las ideas y el mundo son las palabra, el enlace entre los sentimientos y el mundo es la poesía. Por eso quiero terminar esta reflexión con un poema en el cuál expreso el sentido de la existencia: las relaciones interpersonales y el amor. Este poema lo escribí en el año 2001 y plantea la necesidad de la relación con “el otro” y cómo desde la conciencia existencial hay una unidad entre “el otro” y “yo”. Miren al hombre que esta sobre la roca, con los cabellos blancos, las manos hecha surcos y la sonrisa como un llanto. Miren a ese hombre que una vez fue niño, abierto de par a un mundo del que aprendió tanto. Miren a ese hombre, que una vez fue joven, escuchen su canto, ¡qué hermosa melodía! Es la que también nosotros cantamos. Miren a ese hombre, que hoy ya es viejo, que está abierto a la nada o al encuentro del todo. Miren a ese hombre que clava su mirada en la nuestra, miren a ese hombre, que nos mira como lo miramos… miren a ese hombre que al mirarnos se encuentra…

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La virtud (Filosofía)
InfoporAnónimo12/7/2008

Registrate y eliminá la publicidad! Sé bien que muchas veces la filosofía de los grandes clásicos es menospreciada por ser antigua, o por parecer que no se adapta a los problemas contemporáneos. Sin embargo, para mí, sigue constituyendo una fuente inagotable para la reflexion y, sobre todo, para construir una postura ante la vida. Por eso, quiero compartir con ustedes este texto de Aristóteles, que realmente me inspira. Virtud "Hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquella por la cual decidiría el hombre prudente." Para Aristóteles la virtud es una "excelencia añadida a algo como perfección" EXPLICACIÓN PREVIA AL TEXTO Cuando una entidad realiza su función propia, pero no de cualquier manera sino de un modo perfecto, entonces de dicha entidad decimos que es virtuosa o buena. Es importante observar que según este punto de vista cabe hablar de virtud en un sentido muy amplio (a diferencia del modo actual de hablar que restringe la virtud al ámbito de las costumbres y la práctica moral). Nosotros utilizamos la palabra virtud y bondad en ciertos contextos de un modo parecido al griego, como cuando hablamos de un buen cuchillo para designar el cuchillo que corta ―es decir que es capaz de realizar su finalidad―, pero no de cualquier manera sino bien. En la noción aristotélica de virtud son importantes los conceptos de naturaleza y de finalidad: la virtud de un objeto tiene que ver con su naturaleza y aparece cuando la finalidad que está determinada por dicha naturaleza se cumple en el objeto en cuestión. Aristóteles muestra en “Ética a Nicómaco”, que la virtud humana no puede ser ni una facultad ni una pasión sino un hábito. Que sea un hábito quiere decir que aparece no por naturaleza sino como consecuencia del aprendizaje, y más exactamente de la práctica o repetición. La práctica o repetición de una acción genera en nosotros una disposición permanente o hábito ―de ahí que la tradición aristotélica hable de una segunda naturaleza para referirse a los hábitos― que nos permite de forma casi natural la realización de una tarea. Los hábitos pueden ser buenos o malos; son hábitos malos aquellos que nos alejan del cumplimiento de nuestra naturaleza y reciben el nombre de vicios, y son hábitos buenos aquellos por los que un sujeto cumple bien su función propia y reciben el nombre de virtudes. Aristóteles, ETICA NICOMAQUEA, Libro Segundo, V "Una vez fijados todos estos puntos, indicaremos lo que es la virtud. Como en el alma no hay más que tres elementos: las pasiones o afecciones, las facultades y las cualidades adquiridas o hábitos, es preciso que la virtud sea una de estas tres cosas. Llamo pasiones o afecciones, al deseo, a la cólera, al temor, al atrevimiento, a la envidia, a la alegría, a la amistad, al odio, al pesar, a los celos, a la compasión; en una palabra, a todos los sentimientos que llevan consigo dolor o placer. Llamo facultades a las potencias que hacen que se diga de nosotros, que somos capaces de experimentar estas pasiones; por ejemplo, de encolerizarnos, de afligirnos, de apiadarnos. En fin, entiendo por cualidad adquirida o hábito la disposición moral, buena o mala, en que estamos para sentir todas estas pasiones. Así, por ejemplo, en la pasión de la cólera, si la sentimos demasiado viva o demasiado muerta, es una disposición mala; si la sentimos en una debida proporción, es una disposición que se tiene por buena. La misma observación se puede hacer respecto a todas las demás pasiones. De aquí se sigue, que ni las virtudes ni los vicios, hablando propiamente, son pasiones. Por el pronto y en realidad no se nos llama buenos o malos en vista de nuestras pasiones, sino teniendo en cuenta nuestras virtudes y nuestros vicios. En segundo lugar, al hombre no se le alaba ni se le censura a causa de las pasiones que tiene; así que no se alaba ni se censura al que en general tiene miedo o se encoleriza, sino que sólo es censurado el que experimenta estos sentimientos de cierta manera; y, por el contrario, en razón de los vicios y virtudes que descubrimos, somos directamente alabados o censurados. Además, los sentimientos de cólera y de temor no dependen de nuestra elección y de nuestra voluntad, mientras que las virtudes son voliciones muy reflexivas, o por lo menos, no existen sin la acción de nuestra voluntad y siendo objeto de nuestra preferencia. Añadamos también, que respecto de las pasiones debe decirse que somos por ellas conmovidos, mientras que respecto de las virtudes y de los vicios no se dice que experimentamos emoción alguna; y sí sólo que tenemos una cierta disposición moral. Por estas mismas razones las virtudes no son tampoco simples facultades; porque no se dice de nosotros que seamos virtuosos o malos sólo porque tengamos la facultad de experimentar afecciones, así como no es este motivo suficiente para que se nos alabe o se nos censure. Además, la naturaleza es la que nos da la facultad, la posibilidad de ser buenos o viciosos; pero no es ella la causa de que nos hagamos lo uno o lo otro, como acabamos de ver. Concluyamos, pues, diciendo, que si las virtudes no son pasiones, ni facultades, no pueden ser sino hábitos o cualidades; y todo esto nos prueba claramente lo que es la virtud, generalmente hablando." Espero que les resulte provechoso, o al menos interesante. http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiagriega/Aristoteles/Virtud.htm

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Lo que querías saber sobre: Armas no letales
Lo que querías saber sobre: Armas no letales
InfoporAnónimo12/6/2008

Estaba estudiando para un exámen que tengo el martes, y me puse a pensar en las armas no letales -debido a que a una línea de colectivos que uso con mucha frecuencia la están asaltando muy de seguido, pensaba: qué haría yo si le suben a asaltar cuando estoy viajando-, entonces busqué en google y no encontré ningún post sobre armas no letales, así que acá va!. Arrancamos con el GAS PIMIENTA Con un alcance efectivo de aproximadamente 3 a 4 mts. el Gas Pimienta es uno de los elementos mas comunes de defensa, brindando una mejor posibilidad de "escapar" de un atacante, para lo cual se apunta a la cara del mismo pues aquí es donde la mayoría de las membranas mucosas afectadas por Gas Pimienta se encuentran. El porcentaje de ingredientes activos en el Gas Pimienta determina su potencia. Cuanto mayor sea el porcentaje de CRC, mayor es la capacidad inflamatoria del Aerosol de Pimienta. Se ha probado que el nivel adecuado de CRC para el uso de los aerosoles disuasivos es de 1% y el Aerosol de Pimienta es 2%. Fabricado bajo los estándares de ISO - 9001, la energía de la pimienta realmente detiene al agresor dilatando los tubos capilares de los ojos causando ceguera temporal, inflamando las membranas mucosas provocando tos y nauseas. Todos los Aerosoles de Pimienta deben tener un código con la fecha de vencimiento impresa en una etiqueta pegada en el fondo de la lata o estampado directamente en el. Para salvaguardar su vida y para asegurar la eficacia del rociador, generalmente la duración efectiva es de tres años en la mayoría de los Aerosoles de Pimienta. Efectos El aerosol de pimienta es un agente inflamatorio opuesto a un irritante como la maza. Causa el inmediato cierre de los ojos, dificultad de respiración, picor de nariz y tos. La duración de sus efectos dependen de la fuerza del aerosol pero el efecto completo medio dura alrededor de 30 a 45 minutos, con efectos disminuidos durando horas. La Revista de Oftalmología Investigatica y Ciencias Visuales publicó un estudio que concluía que la simple exposición del ojo al OC es inocua, pero la exposición repetida puede provocar cambios a largo plazo en la sensibilidad de la córnea. El equipo de investigación no encontró un decremento duradero en la agudeza visual La Comisión de Opciones Tecnológicas y Científicas del Parlamento Europeo (STOA) publicó en 1998 “Una Evaluación de las Tecnologías de Control Político una extensa información del aerosol de pimienta y el gas lacrimógeno. Escribieron: "Los efectos del aerosol de pimienta son bastante más severos, incluyendo ceguera temporal con duraciones de 15-30 minutos, una sensación ardiente de la piel que dura de 45 a 60 minutos, espasmos de la parte superior del cuerpo que fuerzan a la persona a doblarse hacia delante y provoca una tos incontrolable dificultando la respiración y el habla de 3 a 15 minutos." Para las personas que tienen asma, que están tomando otros medicamentos o son objeto de técnicas restrictivas que restringen la cantidad de aire al respirar, hay riesgos de muerte. El Los Angeles Times informó que almenos hay 61 muertes asociadas con el uso policial de aerosol de pimienta desde 1990 en [[EEUU El Ejército de Estados Unidos concluyó en un estudio del Aberdeen Proving Ground de 1993 que el aerosol de pimienta podía producir "Efectos mutagénicos, carcinogénicos, de sensibilidad, cardiovasculares y toxicidad pulmonar, neurotoxicidad, así como otras posibles fatalidades humanas. Hay un riesgo al utilizar este producto en una gran variedad de población. Sin embargo, el spray de pimienta fue aprobado a pesar de las reservas de los científicos militares de EE. UU. después de que pasara los test del FBI. El jefe del programa de armas no letales del FBI en el momento, el Agente Especial Thomas W. W. Ward, fue convencido supuestamente para adquirir un soborno de 57000 dólares de un fabricante de gas de pimienta a cambio de aprobar el producto Zarc de Capstun.Antiguo Agente del F.B.I. Es Sentenciado a Prison" Un videito (aunque dudo que se haya tirado posta) link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=qTFfxVhwPok FN 303 Arriba Podemos Ver un Lanzador de Municiones No Letales Multipropósito FN 303, Manufacturado por FN Herstal de Bélgica, y Sus Correspondientes Municiones, La Fluorescente Rosada está Pigmentada y es para Marcar con Base de 100% de Glycol, La Transparente es de Impacto, con Base de 100% de Glycol, La Amarilla Fluorescente Esta Compuesta de Pintura Látex de Polímero y También se Utiliza para Marcar, La Anaranjada es de Pimienta Cayena con Base de Glycol, y se Utiliza para Disparar una Carga de Pimienta a Distancia y Enceguecer al Atacante, Estas Municiones Están Diseñadas para Quebrarse al Impacto Liberando su Contenido y Produciendo el Mínimo daño Posible, y Tienen una Distancia Efectiva de Hasta 50 Mts.. El Lanzador es de Calibre .68", Tiene un Funcionamiento Semiautomático por Aire Comprimido, Una Velocidad de 85 a 90 M/S a Boca de Jarro Según el Tipo de Proyectil, Una Longitud Total de 74 cm., Una Longitud de Cañón de 25 cm., Una Capacidad de 110 Disparos en el Depósito, Una Capacidad de 15 Disparos por Cargador, Tiene Miras Ajustables en Alza y Deriva y está Construido Íntegramente en Polímero y Acero. El FN 303 es un Excelente Desarrollo para Fuerzas Policiales y del Orden, Cuando es Necesaria Una Fuerza no Letal, con Múltiples Opciones, Desde Derribar al Atacante, Marcarlo para su Posterior Identificación Dentro de un Tumulto, Marcar Vehículos para su Posterior Localización, Enceguecer a un Atacante Solo con el Uso de Pimienta Cayena, Evitando el Uso de Fuerza Letal. Munición pigmentada Munición de impacto Pintura látex (utilizada para golpear) Munición de pimienta El flaco es el sniper de FN303 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=YB0cuRKThe0 Granadas Flash Bang Son Muy Similares en Su Aspecto a las Granadas de Humo, Fueron Diseñadas para Su Uso por Fuerzas de Seguridad, Principalmente en Lugares Cerrados Donde Hay Rehenes y No Se Recomienda el Uso de Armas Convencionales, Al Quitar la Espoleta, las Granadas Flash Bang, Tienen Un Retardo de Entre 1.5 a 2 Segundos Según el Modelo, y Estallan Generando un Sonido que Puede Alcanzar los 180 Db. y Un Resplandor de Hasta Unas 8.000.000 de Candelas Según el Modelo, Aturdiendo a los Agresores (y Víctimas También), Permitiendo Ingresar a las Fuerzas de Seguridad al Sitio Sin Tener Que Utilizar Fuerza Letal. Estas Granadas no Explotan, Solo Generan Una Intensa Luz y Ruido, y Están Diseñadas para No Producir Daños Permanentes. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=4xK8KVXpHi0 TALON El " Talon " utiliza una nueva tecnología de "Phase Induction", distorsiona la señal que va del cerebro a los músculos, causando que el asaltante caiga tratando de recordar como mover sus brazos y piernas. Todos los modelos tienen un interruptor de seguridad, y un clip de cinturón removible. Utilizan dos baterías con lo que generan de 200,000 a 250,000 voltios, Como se Verá el " Talon" es Realmente Potente en sus Descargas. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Zv3TNg75fNs PISTOLA TASER Las armas conductoras de energía utilizan la energía eléctrica para afectar los mecanismos que son usados por el cuerpo humano para controlar sus funciones. Esta salida eléctrica "sobrecarga" el sistema de comunicación del cuerpo. Las armas de descarga de energía TASER envían una serie de pulsos similares a los usados por el cerebro para comunicarse con el cuerpo. El blanco humano pierde control muscular de su cuerpo y no puede realizar ninguna acción controlada, cayendo a tierra. Las puntas de prueba del TASER no penetran la carne ,por lo cual no se produce daño corporal. Utilizan nitrógeno comprimido para disparar dos puntas pequeñas hasta 5 mts. Estas puntas estan conectadas con el arma por un alambre aislado para alto voltaje. Cuando las puntas hacen el contacto con el blanco, el TASER transmite los pulsos eléctricos de gran potencia a traves de los alambres y en el cuerpo del blanco con hasta 5 cm. de ropa, transmitiendo la energía para al atacante. Asimismo no presenta peligro para el operador tocar al agresor, ya que la energía eléctrica del TASER busaca el camino mas corto dentro del cuerpo del agresor para cerrar el circuito. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=erddueha6aA En mercadolibre.com.ar venden algunas de las armas aquí tratadas. Toda la info en: www.gentedearmas.com.ar Esto fue todo y espero que les haya gustado!!!

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Para reflexionar: Critón o del deber
InfoporAnónimo12/6/2008

Siguiendo con esto que parece ser mi regreso a los post, puesto que abandoné la actividad posteadora porque me cansé de la ininteligencia colectiva de T!, ahora he vuelto. Quiero compartir con ustedes un texto muy ameno de un filósofo griego llamado Platón, y el texto en cuestión se llama "CRITON O DEL DEBER" En este diálogo Sócrates analiza con su discípulo Critón la posibilidad de huir de la cárcel y las consecuencias que ello tendría. Como en todos los diálogos de Platón, por supuesto la oportunidad es también propicia para que se traten otros temas de mayor profundidad. Y, no en última instancia, resulta interesante analizar la evaluación que Sócrates hace de las mayorías y de la opinión mayoritaria. PERSONAJES: SÓCRATES Y CRITÓN El despertar SÓCRATES.- ¿Por qué vienes a esta hora, Critón? ¿ No es pronto todavía? CRITÓN.- En efecto, es muy pronto. SÓC.- ¿Qué hora es exactamente? CRIT.- Comienza a amanecer. SÓC.-Me extraña que el guardián de la prisión haya querido atenderte. CRIT.-Es ya amigo mío, Sócrates, de tanto venir aquí; además ha recibido de mí alguna gratificación. SÓC.- ¿Has venido ahora o hace tiempo? CRIT.- Hace ya bastante tiempo. SÓC.- ¿Y cómo no me has despertado en seguida y te has quedado sentado ahí al lado, en silencio? CRIT.- No, por Zeus, Sócrates, en esta situación tampoco habría querido yo mismo estar en tal desvelo y sufrimiento, pero hace rato que me admiro viendo qué suavemente duermes, y a intención no te desperté para que pasaras el tiempo lo más agradablemente. Muchas veces, ya antes durante toda tu vida, te consideré feliz por tu carácter, pero mucho más en la presente desgracia, al ver qué fácil y apaciblemente la llevas. SÓC.- Ciertamente, Critón, no sería oportuno irritarme a mi edad, si debo ya morir. CRIT.-También otros de tus años, Sócrates, se encuentran metidos en estas circunstancias, pero su edad no les libra en nada de irritarse con su suerte presente. SÓC.-Así es. Pero, ¿por qué has venido tan temprano? El sueño CRIT.-Para traerte, Sócrates, una noticia dolorosa y agobiante, no para ti, según veo, pero ciertamente dolorosa y agobiante para mí y para todos tus amigos, y que para mí, según veo, va a ser muy difícil de soportar. SÓC.- ¿Cuál es la noticia? ¿Acaso ha llegado ya desde Delos el barco a cuya llegada debo yo morir? CRIT.-No ha llegado aún, pero me parece que estará aquí hoy, por lo que anuncian personas venidas de Sunio que han dejado el barco allí. Según estos mensajeros, es seguro que estará aquí hoy, y será necesario, Sócrates, que mañana acabes tu vida. SÓC.-Pues, ¡buena suerte!, Critón. Sea así, si así es agradable a los dioses. Sin embargo, no creo que el barco esté aquí hoy. CRIT.-¿De dónde conjeturas eso? SÓC.- Voy a decírtelo. Yo debo morir al día siguiente de que el barco llegue. CRIT.-Así dicen los encargados de estos asuntos. SÓC.- Entonces, no creo que llegue el día que está empezando sino el siguiente. Me fundo en cierto sueño que he tenido hace poco, esta noche. Probablemente ha sido muy oportuno que no me despertaras. CRIT.- ¿Cuál era el sueño? SÓC.-Me pareció que una mujer bella, de buen aspecto, que llevaba blancos vestidos se acercó a mí, me llamó y me dijo: "Sócrates, al tercer día llegarás a la fértil Ptía" CRIT.- Extraño es el sueño, Sócrates. SÓC.-En todo caso, muy claro, según yo creo, Critón. CRIT.- Demasiado claro, según parece. Pero, querido Sócrates, todavía en este momento hazme caso y sálvate. Para mí, si tú mueres, no será una sola desgracia, sino que, aparte de verme privado de un amigo como jamás encontraré otro, muchos que no nos conocen bien a ti y a mí creerán que, habiendo podido yo salvarte, si hubiera querido gastar dinero, te he abandonado. Y, en verdad, ¿hay reputación más vergonzosa que la de parecer que se tiene en más al dinero que a los amigos? Porque la mayoría no llegará a convencerse de que tú mismo no quisiste salir de aquí, aunque nosotros nos esforzábamos en ello. Las mayorías SÓC.-Pero ¿por qué damos tanta importancia, mi buen Critón, a la opinión de la mayoría? Pues los más capaces, de los que sí vale la pena preocuparse, considerarán que esto ha sucedido como en realidad suceda. CRIT.- Pero ves, Sócrates, que es necesario también tener en cuenta la opinión de la mayoría. Esto mismo que ahora está sucediendo deja ver, claramente, que la mayoría es capaz de producir no los males más pequeños, sino precisamente los mayores, si alguien ha incurrido en su odio. SÓC.- ¡Ojalá, Critón, que los más fueran capaces de hacer los males mayores para que fueran también capaces de hacer los mayores bienes! Eso sería bueno. La realidad es que no son capaces ni de lo uno ni de lo otro; pues, no siendo tampoco capaces de hacer a alguien sensato ni insensato, hacen lo que la casualidad les ofrece. La oferta de una huida CRIT.- Bien, aceptemos que es así. ¿Acaso no te estás tú preocupando de que a mí y a los otros amigos, si tú sales de aquí, no nos creen dificultades los sicofantes al decir que te hemos sacado de la cárcel, y nos veamos obligados a perder toda nuestra fortuna o mucho dinero o, incluso, a sufrir algún otro daño además de éstos? Si, en efecto, temes algo así, déjalo en paz. Pues es justo que nosotros corramos este riesgo para salvarte y, si es preciso, otro aún mayor. Pero hazme caso y no obres de otro modo. SÓC.- Me preocupa eso, Critón, y otras muchas cosas. CRIT.- Pues bien, no temas por ésta. Ciertamente, tampoco es mucho el dinero que quieren recibir algunos para salvarte y sacarte de aquí. Además, ¿no ves qué baratos están estos sicofantes y que no sería necesario gastar en ellos mucho dinero? Está a tu disposici6n mi fortuna que será suficiente, según creo. Además, si te preocupas por mí y crees que no debes gastar lo mío, están aquí algunos extranjeros dispuestos a gastar su dinero. Uno ha traído, incluso, el suficiente para ello, Simias de Tebas. Están dispuestos también Cebes y otros muchos . De manera que, como digo, por temor a esto no vaciles en salvarte; y que tampoco sea para ti dificultad lo que dijiste en el tribunal, que si salías de Atenas, no sabrías cómo valerte. En muchas partes, adonde quiera que tú llegues, te acogerán con cariño. Si quieres ir a Tesalia, tengo allí huéspedes que te tendrán en gran estimación y que te ofrecerán seguridad, de manera que nadie te moleste en Tesalia. Además, Sócrates, tampoco me parece justo que intentes traicionarte a ti mismo, cuando te es posible salvarte. Te esfuerzas porque te suceda aquello por lo que trabajarían con afán y, de hecho, han trabajado tus enemigos deseando destruirte. Además, me parece a mí que traicionas también a tus hijos; cuando te es posible criarlos y educarlos, los abandonas y te vas, y, por tu parte, tendrán la suerte que el destino les depare, que será, como es probable, la habitual de los huérfanos durante la orfandad. Pues, o no se debe tener hijos, o hay que fatigarse para criarlos y educarlos. Me parece que tú eliges lo más cómodo. Se debe elegir lo que elegiría un hombre bueno y decidido, sobre todo cuando se ha dicho durante toda la vida que se ocupa uno de la virtud. Así que yo siento vergüenza, por ti y por nosotros tus amigos, de que parezca que todo este asunto tuyo se ha producido por cierta cobardía nuestra: la instrucción del proceso para el tribunal, siendo posible evitar el proceso, el mismo desarrollo del juicio tal como sucedió, y finalmente esto, como desenlace ridículo del asunto, y que parezca que nosotros nos hemos quedado al margen de la cuestión por incapacidad y cobardía, así como que no te hemos salvado ni tú te has salvado a ti mismo, cuando era realizable y posible, por pequeña que fuera nuestra ayuda. Pero toma una decisión; por más que ni siquiera es ésta la hora de decidir, sino la de tenerlo decidido. No hay más que una decisión; en efecto, la próxima noche tiene que estar todo realizado. Si esperamos más, ya no es posible ni realizable. En todo caso, déjate persuadir y no obres de otro modo. SÓC.- Querido Critón, tu buena voluntad sería muy de estimar, si le acompañara algo de rectitud; si no, cuanto más intensa, tanto más penosa. Así pues, es necesario que reflexionemos si esto debe hacerse o no. Porque yo, no sólo ahora sino siempre, soy de condición de no prestar atención a ninguna otra cosa que al razonamiento que, al reflexionar, me parece el mejor. Los argumentos que yo he dicho en tiempo anterior no los puedo desmentir ahora porque me ha tocado esta suerte, más bien me parecen ahora, en conjunto, de igual valor y respeto, y doy mucha importancia a los mismos argumentos de antes. Si no somos capaces de decir nada mejor en el momento presente, sabe bien que no voy a estar de acuerdo contigo, ni aunque la fuerza de la mayoría nos asuste como a niños con más espantajos que los de ahora en que nos envía prisiones, muertes y privaciones de bienes. ¿Cómo podríamos examinar eso más adecuadamente? Veamos, por lo pronto, si recogemos la idea que tú expresabas acerca de las opiniones de los hombres, a saber, si hemos tenido razón o no al decir siempre que deben tenerse en cuenta unas opiniones y otras no. ¿O es que antes de que yo debiera morir estaba bien dicho, y en cambio ahora es evidente que lo decíamos sin fundamento, por necesidad de la expresión, pero sólo era un juego infantil y pura charlatanería? Yo deseo, Critón, examinar contigo si esta idea me parece diferente en algo, cuando me encuentro en esta situación, o me parece la misma, y, según el caso, si la vamos a abandonar o la vamos a seguir. Según creo, los hombres cuyo juicio tiene interés dicen siempre, como yo decía ahora, que entre las opiniones que los hombres manifiestan deben estimarse mucho algunas y otras no. Por los dioses, Critón, ¿no te parece que esto está bien dicho? En efecto, tú, en la medida de la previsión humana, estás libre de ir a morir mañana, y la presente desgracia no va a extraviar tu juicio. Examínalo. ¿No te parece que está bien decir que no se deben estimar todas las opiniones de los hombres, sino unas sí y otras no, y las de unos hombres sí y las de otros no? ¿Qué dices tú? ¿No está bien decir esto? CRIT.- Está bien. Sobre las opiniones de la mayoría SÓC.- ¿Se deben estimar las valiosas y no estimar las malas? CRIT.- Sí. SÓC.- ¿Son valiosas las opiniones de los hombres juiciosos, y malas las de los hombres de poco juicio? CRIT.- ¿Cómo no? SÓC.- Veamos en qué sentido decíamos tales cosas. Un hombre que se dedica a la gimnasia, al ejercitarla ¿tiene en cuenta la alabanza, la censura y la opinión de cualquier persona, o la de una sola persona, la del médico o el entrenador? CRIT.-La de una sola persona. SÓC.- Luego debe temer las censuras y recibir con agrado los elogios de aquella sola persona, no los de la mayoría. CRIT.- Es evidente. SÓC.-Así pues, ha de obrar, ejercitarse, comer y beber según la opinión de ése solo, del que está a su cargo y entiende, y no según la de todas los otros juntos. CRIT.- Así es. SÓC.- Bien. Pero si no hace caso a ese solo hombre y desprecia su opinión y sus elogios, y, en cambio, estima las palabras de la mayoría, que nada entiende, ¿es que no sufrirá algún daño? CRIT.- ¿Cómo no? SÓC.- ¿Qué daño es este, hacia dónde tiende y a qué parte del que no hace caso? CRIT.- Es evidente que al cuerpo; en efecto, lo arruina. SÓC.- Está bien. Lo mismo pasa con las otras cosas, Critón, a fin de no repasarlas todas. También respecto a lo justo y lo injusto, lo feo y lo bello, lo bueno y lo malo, sobre lo que ahora trata nuestra deliberación, ¿acaso debemos nosotros seguir la opinión de la mayoría y temerla, o la de uno solo que entienda, si lo hay, al cual hay que respetar y temer más que a todos los otros juntos? Si no seguimos a éste, dañaremos y maltrataremos aquello que se mejora con lo justo y se destruye con lo injusto. ¿No es así esto? CRIT.-Así lo pienso, Sócrates. SÓC.-Bien, si lo que se hace mejor por medio de lo sano y se daña por medio de lo enfermo, lo arruinamos por hacer caso a la opinión de los que no entienden, ¿acaso podríamos vivir al estar eso arruinado? Se trata del cuerpo, ¿no es así? CRIT.- Sí. SÓC.- ¿Acaso podemos vivir con un cuerpo miserable y arruinado? CRIT.-De ningún modo. SÓC.- Pero ¿podemos vivir, acaso, estando dañado aquello con lo que se arruina lo injusto y se ayuda a lo justo? ¿Consideramos que es de menos valor que el cuerpo la parte de nosotros, sea la que fuere, en cuyo entorno están la injusticia y la justicia? CRIT.-De ningún modo. SÓC.- ¿Ciertamente es más estimable? CRIT.-Mucho más. SÓC.- Luego, querido amigo, no debemos preocuparnos mucho de lo que nos vaya a decir la mayoría, sino de lo que diga el que entiende sobre las cosas justas e injustas, aunque sea uno sólo, y de lo que la verdad misma diga. Así que, en primer término, no fue acertada tu propuesta de que debemos preocuparnos de la opinión de la mayoría acerca de lo justo, lo bello y lo bueno y sus contrarios. Pero podría decir alguien que los más son capaces de condenarnos a muerte. CRIT.- Es evidente que podría decirlo, Sócrates. SÓC.- Tienes razón. Pero, mi buen amigo, este razonamiento que hemos recorrido de cabo a cabo me parece a mí que es aún el mismo de siempre. Examina además, si también permanece firme aún, para nosotros, o no permanece el razonamiento de que no hay que considerar lo más importante el vivir, sino el vivir bien. CRIT.- Sí permanece. Vivir o vivir bien SÓC.-¿La idea de que vivir bien, vivir honradamente y vivir justamente son el mismo concepto, permanece, o no permanece? CRIT.- Permanece. SÓC.-Entonces, a partir de lo acordado hay que examinar si es justo, o no lo es, el que yo intente salir de aquí sin soltarme los atenienses. Y si nos parece justo, intentémoslo, pero si no, dejémoslo. En cuanto a las consideraciones de que hablas sobre el gasto de dinero, la reputación y la crianza de los hijos, es de temer, Critón, que éstas, en realidad, sean reflexiones adecuadas a éstos que condenan a muerte y harían resucitar, si pudieran, sin el menor sentido, es decir, a la mayoría. Puesto que el razonamiento lo exige así, nosotros no tenemos otra cosa que hacer, sino examinar, como antes decía, si nosotros, unos sacando de la cárcel y otro saliendo, vamos a actuar justamente pagando dinero y favores a los que me saquen, o bien vamos a obrar injustamente haciendo todas estas cosas. Y si resulta que vamos a realizar actos injustos, no es necesario considerar si, al quedarnos aquí sin emprender acción alguna, tenemos que morir o sufrir cualquier otro daño, antes que obrar injustamente. CRIT.-Me parece acertado lo que dices, Sócrates, mira qué debemos hacer. SÓC.- Examinémoslo en común, amigo, y si tienes algo que objetar mientras yo hablo, objétalo y yo te haré caso. Pero si no, mi buen Critón, deja ya de decirme una y otra vez la misma frase, que tengo que salir de aquí contra la voluntad de los atenienses, porque yo doy mucha importancia a tomar esta decisión tras haberte persuadido y no contra tu voluntad; mira si te parece que está bien planteada la base del razonamiento e intenta responder, a lo que yo pregunte, lo que tú creas más exactamente. CRIT.- Lo intentaré. Justicia e injusticia SÓC.- ¿Afirmamos que en ningún caso hay que hacer el mal voluntariamente, o que en unos casos sí y en otros no, o bien que de ningún modo es bueno y honrado hacer el mal, tal como hemos convenido muchas veces anteriormente? Eso es también lo que acabamos de decir. ¿Acaso todas nuestras ideas comunes de antes se han desvanecido en estos pocos días y, desde hace tiempo, Critón, hombres ya viejos, dialogamos uno con otro, seriamente sin darnos cuenta de que en nada nos distinguimos de los niños? O, más bien, es totalmente como nosotros decíamos entonces, lo afirme o lo niegue la mayoría; y, aunque tengamos que sufrir cosas aún más penosas que las presentes, o bien más agradables, ¿cometer injusticia no es, en todo caso, malo y vergonzoso para el que la comete? ¿Lo afirmamos o no? CRIT.-Lo afirmamos. SÓC.-Luego de ningún modo se debe cometer injusticia. CRIT.-Sin duda. SÓC.-Por tanto, tampoco si se recibe injusticia se debe responder con la injusticia, como cree la mayoría, puesto que de ningún modo se debe cometer injusticia. CRIT.- Es evidente. SÓC.- ¿Se debe hacer mal, Critón, o no? CRIT.- De ningún modo se debe, Sócrates. SÓC.- ¿Y responder con el mal cuando se recibe mal es justo, como afirma la mayoría, o es injusto? CRIT.- De ningún modo es justo. SÓC.- Luego no se debe responder con la injusticia ni hacer mal a ningún hombre, cualquiera que sea el daño que se reciba de él. Procura, Critón, no aceptar esto contra tu opinión, si lo aceptas; yo sé, ciertamente, que esto lo admiten y lo admitirán unas pocas personas. No es posible una determinación común para los que han formado su opinión de esta manera y para los que mantienen lo contrario, sino que es necesario que se desprecien unos a otros, cuando ven la determinación de la otra parte. Examina muy bien, pues, también tú si estás de acuerdo y te parece bien, y si debemos iniciar nuestra deliberación a partir de este principio, de que jamás es bueno ni cometer injusticia, ni responder a la injusticia con la injusticia, ni responder haciendo mal cuando se recibe el mal. ¿O bien te apartas y no participas de este principio? En cuanto a mí, así me parecía antes y me lo sigue pareciendo ahora, pero si a ti te parece de otro modo, dilo y explícalo. Pero si te mantienes en lo anterior, escucha lo que sigue. CRIT.-Me mantengo y también me parece a mí. Continúa. SÓC.-Digo lo siguiente, más bien pregunto: ¿las cosas que se ha convenido con alguien que son justas hay que hacerlas o hay que darles una salida falsa? CRIT.-Hay que hacerlas. SÓC.-A partir de esto, reflexiona. Si nosotros nos vamos de aquí sin haber persuadido a la ciudad, ¿hacemos daño a alguien y, precisamente, a quien menos se debe, o no? ¿Nos mantenemos en lo que hemos acordado que es justo, o no? CRIT.- No puedo responder a lo que preguntas, Sócrates; no lo entiendo., Las leyes SÓC.- Considéralo de este modo. Si cuando nosotros estemos a punto de escapar de aquí, o como haya que llamar a esto, vinieran las leyes y el común de la ciudad y, colocándose delante, nos dijeran: "Dime, Sócrates, ¿qué tienes intención de hacer? ¿No es cierto que, por medio de esta acción que intentas, tienes el propósito, en lo que de ti depende, de destruirnos a nosotras y a toda la ciudad? ¿Te parece a ti que puede aún existir sin arruinarse la ciudad en la que los juicios que se producen no tienen efecto alguno, sino que son invalidados por particulares y quedan anulados?" ¿Qué vamos a responder, Critón, a estas preguntas y a otras semejantes? Cualquiera, especialmente un orador, podría dar muchas razones en defensa de la ley, que intentamos destruir, que ordena que los juicios que han sido sentenciados sean firmes. ¿Acaso les diremos: "La ciudad ha obrado injustamente con nosotros y no ha llevado el juicio rectamente"? ¿Les vamos a decir eso? CRIT.- Sí, por Zeus, Sócrates. SÓC.-Quizá dijeran las leyes: " ¿Es esto, Sócrates, lo que hemos convenido tú y nosotras, o bien que hay que permanecer fiel a las sentencias que dicte la ciudad?" Si nos extrañáramos de sus palabras, quizá dijeran: "Sócrates no te extrañes de lo que decimos, sino respóndenos, puesto que tienes la costumbre de servirte de preguntas y respuestas. Veamos, ¿qué acusación tienes contra nosotras y contra la ciudad para intentar destruirnos? En primer lugar, ¿no te hemos dado nosotras la vida y, por medio de nosotras, desposó tu padre a tu madre y te engendró? Dinos, entonces, ¿a las leyes referentes al matrimonio les censuras algo que no esté bien?" "No las censuro", diría yo. "Entonces, ¿a las que se refieren a la crianza del nacido y a la educación en la que te has educado? ¿Acaso las que de nosotras estaban establecidas para ello no disponían bien ordenando a tu padre que te educara en la música y en la gimnasia?" "Sí disponían bien", diría yo."Después que hubiste nacido y hubiste sido criado y educado, ¿podrías decir, en principio, que no eras resultado de nosotras y nuestro esclavo, tú y tus ascendientes? Si esto es así, ¿acaso crees que los derechos son los mismos para ti y para nosotras, y es justo para ti responder haciéndonos, a tu vez, lo que nosotras intentemos hacerte? Ciertamente no serían iguales tus derechos respecto a tu padre y respecto a tu dueño, si lo tuvieras, como para que respondieras haciéndoles lo que ellos te hicieran, insultando a tu vez al ser insultado, o golpeando al ser golpeado, y así sucesivamente. ¿Te sería posible, en cambio, hacerlo con la patria y las leyes, de modo que si nos proponemos matarte, porque lo consideramos justo, por tu parte intentes, en la medida de tus fuerzas, destruirnos a nosotras, las leyes, y a la patria, y afirmes que al hacerlo obras justamente, tú, el que en verdad se preocupa de la virtud? ¿Acaso eres tan sabio que te pasa inadvertido que la patria merece más honor que la madre, que el padre y que todos los antepasados, que es más venerable y más santa y que es digna de la mayor estimación entre los dioses y entre los hombres de juicio? ¿Te pasa inadvertido que hay que respetarla y ceder ante la patria y halagarla, si está irritada, más aún que al padre; que hay que convencerla u obedecerla haciendo lo que ella disponga; que hay que padecer sin oponerse a ello, si ordena padecer algo; que si ordena recibir golpes, sufrir prisión, o llevarte a la guerra para ser herido o para morir, hay que hacer esto porque es lo justo, y no hay que ser débil ni retroceder ni abandonar el puesto, sino que en la guerra, en el tribunal y en todas partes hay que hacer lo que la ciudad y la patria ordene, o persuadirla de lo que es justo; y que es impío hacer violencia a la madre y al padre, pero lo es mucho más aún a la patria?" ¿Qué vamos a decir a esto, Critón? ¿Dicen la verdad las leyes o no? CRIT.-Me parece que sí. SÓC.-Tal vez dirían aún las leyes: "Examina, además, Sócrates, si es verdad lo que nosotras decimos, que no es justo que trates de hacernos lo que ahora intentas. En efecto, nosotras te hemos engendrado, criado, educado y te hemos hecho partícipe, como a todos los demás ciudadanos, de todos los bienes de que éramos capaces; a pesar de esto proclamamos la libertad, para el ateniense que lo quiera, una vez que haya hecho la prueba legal para adquirir los derechos ciudadanos y, haya conocido los asuntos públicos y a nosotras, las leyes, de que, si no le parecemos bien, tome lo suyo y se vaya adonde quiera. Ninguna de nosotras, las leyes, lo impide, ni prohíbe que, si alguno de vosotros quiere trasladarse a una colonia, si no le agradamos nosotras y la ciudad, o si quiere ir a otra parte y vivir en el extranjero, que se marche adonde quiera llevándose lo suyo. "El que de vosotros se quede aquí viendo de qué modo celebramos los juicios y administramos la ciudad en los demás aspectos, afirmamos que éste, de hecho, ya está de acuerdo con nosotras en que va a hacer lo que nosotras ordenamos, y decimos que el que no obedezca es tres veces culpable, porque le hemos dado la vida, y no nos obedece, porque lo hemos criado y se ha comprometido a obedecernos, y no nos obedece ni procura persuadirnos si no hacemos bien alguna cosa. Nosotras proponemos hacer lo que ordenamos y no lo imponemos violentamente, sino que permitimos una opción entre dos, persuadirnos u obedecemos; y el que no obedece no cumple ninguna de las dos. Decimos, Sócrates, que tú vas a quedar sujeto a estas inculpaciones y no entre los que menos de los atenienses, sino entre los que más, si haces lo que planeas." Si entonces yo dijera: "¿Por qué, exactamente?", quizá me respondieran con justicia diciendo que precisamente yo he aceptado este compromiso como muy pocos atenienses. Dirían: "Tenemos grandes pruebas, Sócrates, de que nosotras y la ciudad te parecemos bien. En efecto, de ningún modo hubieras permanecido en la ciudad más destacadamente que todos los otros ciudadanos , si ésta no te hubiera agradado especialmente, sin que hayas salido nunca de ella para una fiesta, excepto una vez al Istmo, ni a ningún otro territorio a no ser como soldado; tampoco hiciste nunca, como hacen los demás, ningún viaje al extranjero, ni tuviste deseo de conocer otra ciudad y otras leyes, sino que nosotras y la ciudad éramos satisfactorias para ti. Tan plenamente nos elegiste y acordaste vivir como ciudadano según nuestras normas, que incluso tuviste hijos en esta ciudad, sin duda porque te encontrabas bien en ella. Aún más, te hubiera sido posible, durante el proceso mismo, proponer para ti el destierro, si lo hubieras querido, y hacer entonces, con el consentimiento de la ciudad, lo que ahora intentas hacer contra su voluntad. Entonces tú te jactabas de que no te irritarías, si tenías que morir, y elegías, según decías, la muerte antes que el destierro. En cambio, ahora, ni respetas aquellas palabras ni te cuidas de nosotras, las leyes, intentando destruimos; obras como obraría el más vil esclavo intentando escaparte en contra de los pactos y acuerdos con arreglo a los cuales conviniste con nosotras que vivirías como ciudadano. En primer lugar, respóndenos si decimos verdad al insistir en que tú has convenido vivir como ciudadano según nuestras normas con actos y no con palabras, o bien si no es verdad." ¿Qué vamos a decir a esto, Critón? ¿No es cierto que estamos de acuerdo? CRIT.-Necesariamente, Sócrates. La alternativa del exilio SÓC.- "No es cierto -dirían ellas- que violas los pactos y los acuerdos con nosotras, sin que los hayas convenido bajo coacción o engaño y sin estar obligado a tomar una decisión en poco tiempo, sino durante setenta años , en los que te fue posible ir a otra parte, si no te agradábamos o te parecía que los acuerdos no eran justos. Pero tú no has preferido a Lacedemonia ni a Creta, cuyas leyes afirmas continuamente que son buenas, ni a ninguna otra ciudad griega ni bárbara; al contrario, te has ausentado de Atenas menos que los cojos, los ciegos y otros lisiados. Hasta tal punto a ti más especialmente que a los demás atenienses, te agradaba la ciudad y evidentemente nosotras, las leyes. ¿Pues a quién le agradaría una ciudad sin leyes? ¿Ahora no vas a permanecer fiel a los acuerdos? Sí permanecerás, si nos haces caso, Sócrates, y no caerás en ridículo saliendo de la ciudad. "Si tú violas estos acuerdos y faltas en algo, examina qué beneficio te harás a ti mismo y a tus amigos. Que también tus amigos corren peligro de ser desterrados, de ser privados de los derechos ciudadanos o de perder sus bienes es casi evidente. Tú mismo, en primer lugar, si vas a una de las ciudades próximas, Tebas o Megara, pues ambas tienen buenas leyes, llegarás como enemigo de su sistema político y todos los que se preocupan de sus ciudades te mirarán con suspicacia considerándote destructor de las leyes; confirmarás para tus jueces la opinión de que se ha sentenciado rectamente el proceso. En efecto, el que es destructor de las leyes, parecería fácilmente que es también corruptor de jóvenes y de gentes de poco espíritu. ¿Acaso vas a evitar las ciudades con buenas leyes y los hombres más honrados? ¿Y si haces eso, te valdrá la pena vivir? O bien si te diriges a ellos y tienes la desvergüenza de conversar, ¿con qué pensamientos lo harás, Sócrates? ¿Acaso con los mismos que aquí, a saber, que lo más importante para los hombres es la virtud y la justicia, y también la legalidad y las leyes? ¿No crees que parecerá vergonzoso el comportamiento de Sócrates? Hay que creer que sí. Pero tal vez vas a apartarte de estos lugares; te irás a Tesalia con los huéspedes de Critón. En efecto, allí hay la mayor indisciplina y libertinaje, y quizá les guste oírte de qué manera tan graciosa te escapaste de la cárcel poniéndote un disfraz o echándote encima una piel o usando cualquier otro medio habitual para los fugitivos, desfigurando tu propio aspecto. ¿No habrá nadie que diga que, siendo un hombre al que presumiblemente le queda poco tiempo de vida, tienes el descaro de desear vivir tan afanosamente, violando las leyes más importantes? Quizá no lo haya, si no molestas a nadie; en caso contrario, tendrás que oír muchas cosas indignas. ¿Vas a vivir adulando y sirviendo a todos? ¿Qué vas a hacer en Tesalia sino darte buena vida como si hubieras hecho el viaje allí para ir a un banquete? ¿Dónde se nos habrán ido aquellos discursos sobre la justicia y las otras formas de virtud? ¿Sin duda quieres vivir por tus hijos, para criarlos y educarlos? ¿Pero, cómo? ¿Llevándolos contigo a Tesalia los vas a criar y educar haciéndolos extranjeros para que reciban también de ti ese beneficio? ¿O bien no es esto, sino que educándose aquí se criarán y educarán mejor, si tú estás vivo, aunque tú no estés a su lado? Ciertamente tus amigos se ocuparán de ellos. ¿Es que se cuidarán de ellos, si te vas a Tesalia, y no lo harán, si vas al Hades, si en efecto hay una ayuda de los que afirman ser tus amigos? Hay que pensar que sí se ocuparán. "Más bien, Sócrates, danos crédito a nosotras, que te hemos formado, y no tengas en más ni a tus hijos ni a tu vida ni a ninguna otra cosa que a lo justo, para que, cuando llegues al Hades, expongas en tu favor todas estas razones ante los que gobiernan allí. En efecto, ni aquí te parece a ti, ni a ninguno de los tuyos, que el hacer esto sea mejor ni más justo ni más pío, ni tampoco será mejor cuando llegues allí. Pues bien, si te vas ahora, te vas condenado injustamente no por nosotras, las leyes, sino por los hombres. Pero si te marchas tan torpemente, devolviendo injusticia por injusticia y daño por daño, violando los acuerdos y los pactos con nosotras y haciendo daño a los que menos conviene, a ti mismo, a tus amigos, a la patria y a nosotras, nos irritaremos contigo mientras vivas, y allí, en el Hades, nuestras hermanas las leyes no te recibirán de buen ánimo, sabiendo que, en la medida de tus fuerzas has intentado destruirnos. Procura que Critón no te persuada más que nosotras a hacer lo que dice." Sabe bien, mi querido amigo Critón, que es esto lo que yo creo oír, del mismo modo que los coribantes creen oír las flautas, y el eco mismo de estas palabras retumba en mí y hace que no pueda oír otras. Sabe que esto es lo que yo pienso ahora y que, si hablas en contra de esto, hablarás en vano. Sin embargo, si crees que puedes conseguir algo, habla. CRIT.- No tengo nada que decir, Sócrates. SÓC.- Ea pues, Critón, obremos en ese sentido, puesto que por ahí nos guía el dios.

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Etimología de la palabra amor
OfftopicporAnónimo5/10/2007

Antes quiero hacer una aclaración previa: Este texto que les presento ahora lo escribió mi viejo el 26 de Julio 1986. Lo encontré hace poco -impreso a máquina de escribir!!! jijijiji- y quería compartirlo con ustedes. -sobre todo porque lei un post tambien sobre ¿qué es el amor?, esto sería una aproximación desde la etimología-. El amor La palabra "amor", debe ser una de las mas devaluadas de nuestro tiempo y a la vez una de las menos comprendidas y por ello tan mal utilizada.- Generalmente se interpreta que el amor es: simplemente un "sentimiento".- Y dicen que es: un sentimiento del alma.- Otros hablan del amor, cuando en realidad se refieren a una actividad puramente genital. "hacer el amor" dicen.- Muchos otros utilizan la palabra amor, por un simple acto de cortesía, de buenas costumbres, de simpatía..."hola mi amor"..."que sigas bien mi amor"..."sos un amor".- Por eso es necesario saber que es el amor...cual es su origen..que es amar.- El amor es como un diamante trabajado, que siendo uno solo, tiene diversas fases La palabra amor tiene varios origenes y significa diversas cosas.- La palabra amor deriva de: Epitimia: Que es un deseo fuerte de alguna clase.- Algunas veces bueno, otras malo.- Epitimia significa "poner el corazon y todo nuestro ser, en algo".- Que puede ser bueno: que es anhelar legitimamente algo y se puede definir como "deseo".- Tambien puede ser malo: y se lo puede traducir como "codicia".- Eros: Una palabra griega muy conocida y muchas veces mal interpretada.- Generalmente se piensa que esta palabra hace referencia exclusivamente a lo carnal.- Eros no se refiere siempre a lo sensual, sino incluye la idea de anhelar unirse con el ser amado y el deseo de poseerlo.- Es romantico, apasionado sentimental.- En el caso de la relacion entre el hombre y la mujer, es lo que sigue a la "epitimia" y generalmente es el punto de comienzo del matrimonio.- Phileo: De esta palabra deriva el termino "filial".- Es el amor que aprecia y tiene tierno afecto por el ser amado, pero siempre espera una respuesta.- Es un amor de relación, de camaraderia, participación, comunión, amistad.- Mientras que el amor erotico hace amantes, el amor filial hace amigos intimos que disfrutan de la cercania y del compañerismo.- El amor filial es el que comparte mutuamente los pensamientos, los sentimientos, las actitudes, los planes y los sueños. - Es el amor en el que comunican las cosas mas íntimas, las que no se comparten con cualquiera. en el amor filial se pasa de lo físico a lo espiritual.- Agape: Y al final viene lo mejor, la faceta cumbre del diamante.- El amor “agape” es el amor desinteresado, es el amor totalmente abnegado que tiene la capacidad de dar o mantenerse dando sin esperar nada a cambio.- Es el amor que comienza a nacer en el matrimonio y con el correr de los años es el que permanece y sustenta la vida de los esposos.- Es el amor que permanece hasta el final de sus vidas.- Si en el matrimonio se vive el amor “agape”, se explican y entienden las partes duras de las “promesas matrimoniales”: en las que prometemos estar unidos: en el dolor, en la enfermedad, en las malas de la vida. Es el amor que hace sostenerse el uno al otro, el que cuida el uno al otro, el que sirve el uno al otro y aunque uno no es servido ni atendido, sigue sirviendo y sigue atendiendo y sigue amando.- Es el amor que se va perfeccionando, se va engrandeciendo y a diferencia del amor “eros” que exige correspondencia, reciprocidad y exclusividad, esta faceta del amor no exige respuesta, devolución, fácilmente supera los límites del matrimonio, de la familia y se amplía, se expande a los demás. Agape es servicio a los otros, fueren quienes fueren.- Comprendiendo, es decir, “prendiendose-con” el amor ágape, recién podremos “entender”, lo que quiere decirnos jesús, al mandarnos “amen a sus enemigos”. No nos pide que amemos como amamos a nuestras esposas, a nuestros hijos, a nuestros familiares, a nuestros amigos, es decir, a aquellos que nos aman. ¿que mérito es ese? Lo que nos dice es: Si una persona, aún siendo la que habla mal de ustedes, la que los denuncia, la que los denigra, la que en definitiva, los odia, en caso de que esa persona esté en dificultades, si está atravezando un momento ingrato, dificil, olvídense de todas las ofenzas , de todos los daños que pudieron haberles cauzado y ámenlo, sirvanles, ayúdenlas. Es que el amor “agape” es un amor de accion, no de emocion, no de sentimientos.- El amor “agape” se concentra en lo que se dice y se hace y no en lo que se siente.- Y aunque hay una distancia abismal, porque el otro es infinito, es lo que mas se acerca al amor de dios.- El amor que impulsó a dios a venir a la tierra y hacerce “hijo de hombre” para que el hombre pueda ser “hijo de dios”. Es lo que mas se acerca al amor con el que dios ama a la humanidad, es el que ama sin importarle nada, no importa cuan indigno de amor sea la otra persona. El amor “agape”, sigue fluyendo porque es el amor incondicional, el que no espera nada a cambio, no busca retorno, y lo que es más, no pide recompensa, nada a cambio. Simplemente fluye y ama. Porque, como nos dice juan en el capitulo cuarto, versículo ocho, de su primera carta: “ dios, es amor”. Espero que les haya gustado -y que mi papá no me venga a estirar la sábana por la noche por haber puesto este escrito de él!-. Saludos.

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Para reflexionar: ¿Qué es la ilustración?
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/22/2008

Quiero compartir con todos ustedes este bellísimo texto de Emanuel Kant que nos invita a pensar cómo andamos con las reflexiones personales... Pensé postear una síntesis, pero mejor lo pongo entero, si sos de los que no te gusta leer tal vez no seas digno de tan bello texto. La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración. La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea. Como la mayoría de los hombres (y entre ellos la totalidad del bello sexo) -KANT ERA HIJO DE SU ÉPOCA Y COMO TAL MACHISTA, ASI QUE MUJERES NO SE SIENTAN EXCLUÍDAS DEL TEXTO- tienen por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, fuera de ser penoso, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de tomar sobre sí semejante superintendencia. Después de haber atontado sus reses domesticadas, de modo que estas pacíficas criaturas no osan dar un solo paso fuera de las andaderas en que están metidas, les mostraron el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Lo cierto es que ese riesgo no es tan grande, pues después de algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero los ejemplos de esos accidentes por lo común producen timidez y espanto, y alejan todo ulterior intento de rehacer semejante experiencia. Por tanto, a cada hombre individual le es difícil salir de la minoría de edad, casi convertida en naturaleza suya; inclusive, le ha cobrado afición. Por el momento es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le deja hacer dicho ensayo. Los grillos que atan a la persistente minoría de edad están dados por reglamentos y fórmulas: instrumentos mecánicos de un uso racional, o mejor de un abuso de sus dotes naturales. Por no estar habituado a los movimientos libres, quien se desprenda de esos grillos quizá diera un inseguro salto por encima de alguna estrechísima zanja. Por eso, sólo son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con seguro paso. Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, siempre que se le deje en libertad; incluso, casi es inevitable. En efecto, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí mismos, hasta entre los tutores instituidos por la confusa masa. Ellos, después de haber rechazado el yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo. Notemos en particular que con anterioridad los tutores habían puesto al público bajo ese yugo, estando después obligados a someterse al mismo. Tal cosa ocurre cuando algunos, por sí mismos incapaces de toda ilustración, los incitan a la sublevación: tan dañoso es inculcar prejuicios, ya que ellos terminan por vengarse de los que han sido sus autores o propagadores. Luego, el público puede alcanzar ilustración sólo lentamente. Quizá por una revolución sea posible producir la caída del despotismo personal o de alguna opresión interesada y ambiciosa; pero jamás se logrará por este camino la verdadera reforma del modo de pensar, sino que surgirán nuevos prejuicios que, como los antiguos, servirán de andaderas para la mayor parte de la masa, privada de pensamiento. Sin embargo, para esa ilustración sólo se exige libertad y, por cierto, la más inofensiva de todas las que llevan tal nombre, a saber, la libertad de hacer un uso público de la propia razón, en cualquier dominio. Pero oigo exclamar por doquier: ¡no razones! El oficial dice: ¡no razones, adiéstrate! El financista: ¡no razones y paga! El pastor: ¡no razones, ten fe! (Un único señor dice en el mundo: ¡razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!) Por todos lados, pues, encontramos limitaciones de la libertad. Pero ¿cuál de ellas impide la ilustración y cuáles, por el contrario, la fomentan? He aquí mi respuesta: el uso público de la razón siempre debe ser libre, y es el único que puede producir la ilustración de los hombres. El uso privado, en cambio, ha de ser con frecuencia severamente limitado, sin que se obstaculice de un modo particular el progreso de la ilustración. Entiendo por uso público de la propia razón el que alguien hace de ella, en cuanto docto, y ante la totalidad del público del mundo de lectores. Llamo uso privado al empleo de la razón que se le permite al hombre dentro de un puesto civil o de una función que se le confía. Ahora bien, en muchas ocupaciones concernientes al interés de la comunidad son necesarios ciertos mecanismos, por medio de los cuales algunos de sus miembros se tienen que comportar de modo meramente pasivo, para que, mediante cierta unanimidad artificial, el gobierno los dirija hacia fines públicos, o al menos, para que se limite la destrucción de los mismos. Como es natural, en este caso no es permitido razonar, sino que se necesita obedecer. Pero en cuanto a esta parte de la máquina, se la considera miembro de una comunidad íntegra o, incluso, de la sociedad cosmopolita; en cuanto se la estima en su calidad de docto que, mediante escritos, se dirige a un público en sentido propio, puede razonar sobre todo, sin que por ello padezcan las ocupaciones que en parte le son asignadas en cuanto miembro pasivo. Así, por ejemplo, sería muy peligroso si un oficial, que debe obedecer al superior, se pusiera a argumentar en voz alta, estando de servicio, acerca de la conveniencia o inutilidad de la orden recibida. Tiene que obedecer. Pero no se le puede prohibir con justicia hacer observaciones, en cuanto docto, acerca de los defectos del servicio militar y presentarlas ante el juicio del público. El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados, tanto que una censura impertinente a esa carga, en el momento que deba pagarla, puede ser castigada por escandalosa (pues podría ocasionar resistencias generales). Pero, sin embargo, no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como docto, manifiesta públicamente sus ideas acerca de la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. De la misma manera, un sacerdote está obligado a enseñar a sus catecúmenos y a su comunidad según el símbolo de la Iglesia a que sirve, puesto que ha sido admitido en ella con esa condición. Pero, como docto, tiene plena libertad, y hasta la misión, de comunicar al público sus ideas —cuidadosamente examinadas y bien intencionadas— acerca de los defectos de ese símbolo; es decir, debe exponer al público las proposiciones relativas a un mejoramiento de las instituciones, referidas a la religión y a la Iglesia. En esto no hay nada que pueda provocar en él escrúpulos de conciencia. Presentará lo que enseña en virtud de su función —en tanto conductor de la Iglesia— como algo que no ha de enseñar con arbitraria libertad, y según sus propias opiniones, porque se ha comprometido a predicar de acuerdo con prescripciones y en nombre de una autoridad ajena. Dirá: nuestra Iglesia enseña esto o aquello, para lo cual se sirve de determinados argumentos. En tal ocasión deducirá todo lo que es útil para su comunidad de proposiciones a las que él mismo no se sometería con plena convicción; pero se ha comprometido a exponerlas, porque no es absolutamente imposible que en ellas se oculte cierta verdad que, al menos, no es en todos los casos contraria a la religión íntima. Si no creyese esto último, no podría conservar su función sin sentir los reproches de su conciencia moral, y tendría que renunciar. Luego el uso que un predicador hace de su razón ante la comunidad es meramente privado, puesto que dicha comunidad sólo constituye una reunión familiar, por amplia que sea. Con respecto a la misma, el sacerdote no es libre, ni tampoco debe serlo, puesto que ejecuta una orden que le es extraña. Como docto, en cambio, que habla mediante escritos al público, propiamente dicho, es decir, al mundo, el sacerdote gozará, dentro del uso público de su razón, de una ilimitada libertad para servirse de la misma y, de ese modo, para hablar en nombre propio. En efecto, pretender que los tutores del pueblo (en cuestiones espirituales) sean también menores de edad, constituye un absurdo capaz de desembocar en la eternización de la insensatez. Pero una sociedad eclesiástica tal, un sínodo semejante de la Iglesia, es decir, una classis de reverendos (como la llaman los holandeses) ¿no podría acaso comprometerse y jurar sobre algún símbolo invariable que llevaría así a una incesante y suprema tutela sobre cada uno de sus miembros y, mediante ellos, sobre el pueblo? ¿De ese modo no lograría eternizarse? Digo que es absolutamente imposible. Semejante contrato, que excluiría para siempre toda ulterior ilustración del género humano es, en sí mismo, sin más nulo e inexistente, aunque fuera confirmado por el poder supremo, el congreso y los más solemnes tratados de paz. Una época no se puede obligar ni juramentar para poner a la siguiente en la condición de que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes), purificarlos de errores y, en general, promover la ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya destinación originaria consiste, justamente, en ese progresar. La posteridad está plenamente justificada para rechazar aquellos decretos, aceptados de modo incompetente y criminal. La piedra de toque de todo lo que se puede decidir como ley para un pueblo yace en esta cuestión: ¿un pueblo podría imponerse a sí mismo semejante ley? Eso podría ocurrir si por así decirlo, tuviese la esperanza de alcanzar, en corto y determinado tiempo, una ley mejor, capaz de introducir cierta ordenación. Pero, al mismo tiempo, cada ciudadano, principalmente los sacerdotes, en calidad de doctos, debieran tener libertad de llevar sus observaciones públicamente, es decir, por escrito, acerca de los defectos de la actual institución. Mientras tanto —hasta que la intelección de la cualidad de estos asuntos se hubiese extendido lo suficiente y estuviese confirmada, de tal modo que el acuerdo de su voces (aunque no la de todos) pudiera elevar ante el trono una propuesta para proteger las comunidades que se habían unido en una dirección modificada de la religión, según los conceptos propios de una comprensión más ilustrada, sin impedir que los que quieran permanecer fieles a la antigua lo hagan así— mientras tanto, pues, perduraría el orden establecido. Pero constituye algo absolutamente prohibido unirse por una constitución religiosa inconmovible, que públicamente no debe ser puesta en duda por nadie, aunque más no fuese durante lo que dura la vida de un hombre, y que aniquila y torna infecundo un período del progreso de la humanidad hacia su perfeccionamiento, tornándose, incluso, nociva para la posteridad. Un hombre, con respecto a su propia persona y por cierto tiempo, puede dilatar la adquisición de una ilustración que está obligado a poseer; pero renunciar a ella, con relación a la propia persona, y con mayor razón aún con referencia a la posteridad, significa violar y pisotear los sagrados derechos de la humanidad. Pero lo que un pueblo no puede decidir por sí mismo, menos lo podrá hacer un monarca en nombre del mismo. En efecto, su autoridad legisladora se debe a que reúne en la suya la voluntad de todo el pueblo. Si el monarca se inquieta para que cualquier verdadero o presunto perfeccionamiento se concilie con el orden civil, podrá permitir que los súbditos hagan por sí mismos lo que consideran necesario para la salvación de sus almas. Se trata de algo que no le concierne; en cambio, le importará mucho evitar que unos a los otros se impidan con violencia trabajar, con toda la capacidad de que son capaces, por la determinación y fomento de dicha salvación. Inclusive se agravaría su majestad si se mezclase en estas cosas, sometiendo a inspección gubernamental los escritos con que los súbditos tratan de exponer sus pensamientos con pureza, salvo que lo hiciera convencido del propio y supremo dictamen intelectual —con lo cual se prestaría al reproche Caesar non est supra grammaticos— o que rebajara su poder supremo lo suficiente como para amparar dentro del Estado el despotismo clerical de algunos tiranos, ejercido sobre los restantes súbditos. Luego, si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción. Sin embargo, ahora tienen el campo abierto para trabajar libremente por el logro de esa meta, y los obstáculos para una ilustración general, o para la salida de una culpable minoría de edad, son cada vez menores. Ya tenemos claros indicios de ello. Desde este punto de vista, nuestro tiempo es la época de la ilustración o “el siglo de Federico”. Un príncipe que no encuentra indigno de sí declarar que sostiene como deber no prescribir nada a los hombres en cuestiones de religión, sino que los deja en plena libertad y que, por tanto, rechaza al altivo nombre de tolerancia, es un príncipe ilustrado, y merece que el mundo y la posteridad lo ensalce con agradecimiento. Al menos desde el gobierno, fue el primero en sacar al género humano de la minoría de edad, dejando a cada uno en libertad para que se sirva de la propia razón en todo lo que concierne a cuestiones de conciencia moral. Bajo él, dignísimos clérigos —sin perjuicio de sus deberes profesionales— pueden someter al mundo, en su calidad de doctos, libre y públicamente, los juicios y opiniones que en ciertos puntos se apartan del símbolo aceptado. Tal libertad es aún mayor entre los que no están limitados por algún deber profesional. Este espíritu de libertad se extiende también exteriormente, alcanzando incluso los lugares en que debe luchar contra los obstáculos externos de un gobierno que equivoca sus obligaciones. Tal circunstancia constituye un claro ejemplo para este último, pues tratándose de la libertad, no debe haber la menor preocupación por la paz exterior y la solidaridad de la comunidad. Los hombres salen gradualmente del estado de rusticidad por propio trabajo, siempre que no se trate de mantenerlos artificiosamente en esa condición. He puesto el punto principal de la ilustración —es decir, del hecho por el cual el hombre sale de una minoría de edad de la que es culpable— en la cuestión religiosa, porque para las artes y las ciencias los que dominan no tienen ningún interés en representar el papel de tutores de sus súbditos. Además, la minoría de edad en cuestiones religiosas es la que ofrece mayor peligro: también es la más deshonrosa. Pero el modo de pensar de un jefe de Estado que favorece esa libertad llega todavía más lejos y comprende que, en lo referente a la legislación, no es peligroso permitir que los súbditos hagan un uso público de la propia razón y expongan públicamente al mundo los pensamientos relativos a una concepción más perfecta de esa legislación, la que puede incluir una franca crítica a la existente. También en esto damos un brillante ejemplo, pues ningún monarca se anticipó al que nosotros honramos. Pero sólo alguien que por estar ilustrado no teme las sombras y, al mismo tiempo, dispone de un ejército numeroso y disciplinado, que les garantiza a los ciudadanos una paz interior, sólo él podrá decir algo que no es lícito en un Estado libre: ¡razonad tanto como queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced! Se muestra aquí una extraña y no esperada marcha de las cosas humanas; pero si la contemplamos en la amplitud de su trayectoria, todo es en ella paradójico. Un mayor grado de libertad civil parecería ventajoso para la libertad del espíritu del pueblo y, sin embargo, le fija límites infranqueables. Un grado menor, en cambio, le procura espacio para la extensión de todos sus poderes. Una vez que la Naturaleza, bajo esta dura cáscara, ha desarrollado la semilla que cuida con extrema ternura, es decir, la inclinación y disposición al libre pensamiento, ese hecho repercute gradualmente sobre el modo de sentir del pueblo (con lo cual éste va siendo poco a poco más capaz de una libertad de obrar) y hasta en los principios de gobierno, que encuentra como provechoso tratar al hombre conforme a su dignidad, puesto que es algo más que una máquina.

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La Ataraxia (Filosofía)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/9/2009

Motivo del post * Dar a conocer una postura filosófica. * Incitar la búsqueda personal. * La reflexión de las situaciones contextuales a partir de propuestas filosóficas. (Si, soy docente jijiji) Resúmen Se denomina ataraxia (Ἀταραξία) a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional, mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad, y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos. Corrientes filosóficas Epicureos Según Epicuro, existen dos clases de deseos: los naturales y necesarios, relacionados con la supervivencia, y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, política y vida social. La satisfacción de los deseos es lo que nos produce placer, que, para los epicureístas es lo que nos lleva a la felicidad, sin embargo, existen placeres que son completamente vanos y que nos producen un dolor mayor que el placer inicial, estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón ya que nos alejan de la "ataraxia". La filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano». Estoicos Para los estoicos, la vía para llegar a la ataraxia es la virtud, que para ellos consiste principalmente en adecuar los deseos propios a la racionalidad de la naturaleza (logos), aprendiendo a diferenciar las cosas que dependen de nosotros de las que no, ya que no tiene ningún sentido preocuparse por las segundas puesto que al hacerlo nos alejamos de la tranquilidad del alma. Para la Stoa también es necesario, en pos de encontrar la ataraxia, eliminar los miedos a Dios y la muerte y no quejarse por las inclemencias del destino. Escépticos En el caso de los escépticos, que promulgan la suspensión de todo juicio a priori (universal y necesario) debido a que, para ellos, no existe ninguna verdad absoluta sino que todo depende del hombre y sus sentidos, se afirma que para alcanzar la felicidad es necesario dudar de todo lo que al parecer se ha conocido hasta el momento, en tanto que no existe conocimiento objetivo, y luego conseguir la ataraxia, como serenidad e imperturbabilidad del ánimo. Ataraxia no es sinónimo de apatía Esta disposición del espíritu es muy parecida a la apatía propuesta por los estoicos e incluso muchos autores no creen necesario distinguirla. Sin embargo se pueden señalar algunas diferencias. Así, la apatía es más típicamente estoica y la ataraxia se encuentra con más frecuencia en las propuestas de los filósofos epicúreos y escépticos. La ataraxia, como la apatía, es el estado anímico que nos permite alcanzar la felicidad. Se consigue mediante la disciplina del apetito para que éste nos presente sólo deseos moderados, y tras aprender a aceptar los males y a renunciar a los deseos cuando sean imposibles de cumplir. El matiz más importante que separa la ataraxia de la apatía es que la apatía promueve la felicidad como consecuencia de la eliminación de las pasiones y deseos; por el contrario, la ataraxia lo hace mediante la creación de la fortaleza espiritual, fortaleza frente al dolor corporal y las circunstancias adversas. Aunque en el fondo los dos estados anímicos llevan a las mismas consecuencias: indiferencia o imperturbabilidad ante todo. Epicuro compara el estado espiritual de la ataraxia con el total reposo del mar cuando ningún viento mueve su superficie. Finalmente, tanto un estado como el otro otorgan al sabio la libertad: libertad frente a las pasiones, afectos y apetitos, libertad ante la coacción de otras personas, libertad ante las cosas y circunstancias que se oponen a nuestros proyectos. FUENTE WIKIPEDIA E-TORREDEBABEL

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¿Academia o Liceo? ¿A cuál te inscribirías?
¿Academia o Liceo? ¿A cuál te inscribirías?
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/2/2009

Les cuento el motivo del post: Soy un amante de la Filosofía que hicieron los antiguos -a partir de ahora y gracias a la lectura de "La invención de la Filosofía", genial obra del Dr. Néstor Luis Cordero, comprendí que no es del todo justo hablar de "Filosofía Antigua" aunque de esta cuestión no voy a precisar porque no es el tema del post-. Y como admirador de dichos filósofos siempre me surge la pregunta de ¿cómo sería estudiar en las dos principales instituciones educativas de la antigüedad -la Academia Platónica y el Liceo Aristotélico-? Quiero compartir con ustedes cómo eran las actividades que se realizaban dichas escuelas. Platón y la Academia ¿Cuándo se formó? Parece ser que Platón fundó la Academia en 388-387 a. de C. en honor al héroe Academo, cuyo santuario quedaba próximo. Esta institución se puede considerar la primera Universidad de Europa, porque no sólo se daban clases de Filosofía sino que también se enseñaba Matemáticas, Ciencias Físicas y Astronomía. ¿Quienes asistían? Asistían residentes de Atenas pero también venían a estudiar de otras ciudades y gozaba de alto prestigio. ¿Cuáles eran los objetivos? En la Academia de Platón reinaba el amor por las ciencias y aunque el objetivo de este filósofo era formar futuros políticos y gobernantes, no ponía el acento en la retórica ni en la práctica, sino en enfatizar la vocación desinteresada por la ciencia. Las matemáticas habían alcanzado un alto nivel en Grecia y eran de suma importancia para la teoría de las ideas de Platón, así como también el estudio de la botánica relacionada con la clasificación lógica. De modo que el político que recibía esa formación podría actuar con plena convicción basada en verdades permanentes y no sería un improvisado oportunista aprovechando la ocasión de acceder al poder para hacer demagogia. La vida en la Academia Platón no sólo dirigía la Academia sino que también daba clases; mientras sus discípulos tomaban notas que nunca fueron publicadas. Sólo nos quedan de Platón sus famosos diálogos de los cuales sólo quedan pocos fragmentos. Los asistentes a las exposiciones de Platón sobre la idea del Bien, se maravillaban al escuchar conceptos matemáticos y astronómicos. Sobre la teoría de las ideas decía que no se podía escribir, ni traducir en palabras como otras ciencias, porque eran temas que sólo se logran abarcar después de haber meditado toda la vida. Se puede inferir que Platón no otorgaba importancia a los libros escritos con fines educativos, aunque esto es sólo una presunción. Platón era muy admirado por sus discípulos, tenía una forma vehemente de hablar y un porte robusto. Algunos sostienen que tenía un defecto en la espalda que lo obligaba a caminar inclinado hacia delante, postura que sus alumnos adoptaron como muestra de admiración. Fascinaba a los que lo escuchaban por su genialidad, era parco, modesto, señalaba que no era conveniente dormir demasiado y desaprobaba la ebriedad y el juego. Diógenes Laercio relata en su trabajo “Vidas de los más ilustres filósofos”, que Platón fue enterrado en La Academia recibiendo honores de ciudadanos y discípulos. Era común en esa época que los filósofos se reunieran en algunos lugares de las afueras para exponer sus ideas a quienes quisieran escuchar. Se sabe que Pitágoras reunía a sus seguidores en una cueva y en Oriente también era habitual esta forma de enseñar. Un sobrino de Platón, Espeusipo, siguió al frente de la Academia al morir Platón; y después de éste difundieron su doctrina grandes filósofos, como Jenócrates, Polimón, Cretes y Crántor. Ultimos años de la Academia Pero en el siglo III la Academia se orientó hacia el escepticismo y el estoicismo, principalmente con la participación de Arcesilao de Pitane. Cuando Atenas fue saqueada por los romanos en el 86 a. de C., la Academia y su biblioteca fueron destruidas, pero Antioco de Escalón logró continuarla recuperando en gran parte el pensamiento de Platón. Fue el inicio del neoplatonismo en el que se destacó Plotino y que continuó hasta la época de Proclo en el siglo V d. de C., pensador que sirvió de conexión entre el Cristianismo y las ideas de la antigua Grecia. El fin de la Academia El emperador Justiniano hizo cerrar las academias atenienses en 529 d. de C. En ese entonces el director de la Academia era Damascio que partió a Persia. Pero la influencia de Platón y su Academia fue determinante para muchas ideas filosóficas y artísticas del Renacimiento y para la cultura europea. Aristóteles y el Liceo El Liceo fue una de las escuelas más importantes dentro de la propia historia de la filosofía grecolatina, fundada por el filósofo Aristóteles. Si bien esto es lo más destacable, es posible que el lector se cuestione acerca de si se conoce algo más con respecto a esta escuela: ¿cuándo fue fundada? ¿dónde? ¿qué “discípulos” trabajaron en él? ¿qué se defendía? ¿qué fue de ésta? Ciertamente, es destacable comentar que, gracias a las fuentes primarias originales del momento que disponemos, es posible conocer de cerca algunos elementos y puntos interesantes de esta escuela que en algunos momentos no han sido tocadas. ¿Cuándo se fundó? Como ya hemos visto, y, obviamente, debemos recordarlo en estos instantes para así poder dar una información mucho más concreta y directa, el Liceo fue una escuela de características filosóficas fundada por Aristóteles, aproximadamente en el año 336 a.C. tras su vuelta a Atenas, debido a que, durante algunos años indeterminados, estuvo ausente de la ciudad para ejercer de preceptor del hijo de Filipo II de Macedonia (rey de Macedonia desde el año 355 a.C., hasta su muerte; padre de Alejandro Magno). Y es que a pesar de que en su anterior escuela, la Academia platónica, echaban de menos sus trabajos y estudios filosóficos, y en la cual, propiamente, había permanecido durante 20 largos años, decidió al fin fundar su propia escuela, en unos terrenos cercanos al templo de Apolo Lýkeion, cuya cercanía es lo que provocó en un momento histórico determinado que mísmamente recibiera el nombre ya indicado de Liceo. ¿Quiénes pasaron por el Liceo? Como también hemos visto con anterioridad, trabajaron en él grandes e importantes filósofos:Teofastro, Alejandro de Afrodisia, Andrónico de Rodas, Galeno, Claudio Ptolomeo, los cuales recibieron el nombre de “peripatéticos”, porque acostumbraban a dar las clases paseando por un pórtico cubierto llamado Perípatos. ¿Cuáles eran los objetivos? La escuela siempre tuvo una orientación claramente empírica; algo que se oponía de forma directa y drástica con la Academia platónica, la cual, como veremos en un futuro, destacaba por ser mucho más especulativa. El fin del Liceo Sin embargo, en algunos momentos esta escuela pasó también por malos momentos. Tras la muerte de Alejandro Magno (recordemos, aquel que Aristóteles preceptó algunos años atrás), la situación política en Atenas se volvió insostenible, peligrosa, y violenta para aquellos que eran considerados como “los amigos de Macedonia”. Se hace preciso añadir que Aristóteles había elaborado un himno en honor del tirano Hermias. Por este hecho fue acusado de impiedad y, en este punto, comenzó a temer por su muerte. Por estos motivos, se trasladó en cuanto pudo a Calcis, donde finalmente murió en el año 322 a.C. ------------- Al menos a mi me resultan sumamente interesante estas dos "altas casas de estudio", donde el pensamiento, la reflexión crítica y el amor por la sabiduría eran los objetivos de la educación, sin contar lo hermoso que sería tener como profesores a gente de la talla de Platón y Aristóteles! Sobre la Academia Sobre el Liceo

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Chocotorta y Filosofía (video propio)
Recetas Y CocinaporAnónimo5/28/2011

Hola a todos, hoy hice una chocotorta y les paso la receta y el procedimiento. link: http://www.youtube.com/watch?v=MO3zlr_SdmM Espero que les sea útil. Saludos.

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