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jose235689

Usuario (Argentina)

Primer post: 9 dic 2015Último post: 9 dic 2015
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historias de fantasmas...
ParanormalporAnónimo12/9/2015

LAS PRESENCIAS DEL TABLERO: Todo comenzó hace ya unos cuantos años, soy la mas pequeña de 4 hermanos no recuerdo muy bien yo tendría unos 5 años , cuando mis hermanos decidieron hacer el vaso querían contactar con mi abuelo. Yo no entendía nada pero sabia que no era bueno porque lo hacían a escondidas de mis padres. A mi me mandaban a la cama pero no les quedaba otra que dejarme en la sala con ellos, o papa se enteraría de todo. Estuvieron semanas, todas las noches colocaban las letras, los números, 4 cruces, el si y el no, el vaso y colocaban el dedo en la orilla del vaso imaginaros, yo estaba flipando no entendía aquello el vaso se deslizaba de un lado a otro y mis hermanos diciendo, "lo moviste tu" la otra contestaba, "yo no" aquello parecía un circo, hasta que una noche de repente vimos como se iluminaba toda la sala y una ráfaga de aire nos atravesaba el cuerpo, mis hermanos chillaron y yo me deje orinar encima, luego quisieron dar una explicación ha lo que pasó en la sala pero no la había... y nos acostamos. Al día siguiente no hablaron de aquello solo oí decir a mis hermanos que ya no lo harían mas pero ya era tarde, estaba en casa. A los pocos días por la noche cuando ya dormíamos empezamos a oír pasos que se acercaban a las habitaciones, una respiración agonizante, nos tapábamos con las sabanas y sabíamos que estaba ahí a nuestro lado, otras veces las puertas se habrían de golpe de forma violenta imaginaos los 4 hermanos chillando a las tantas de la mañana y metiéndonos en la habitación de mis padres noche tras noche. Mi padre se entero de todo se lo contaron, pero no nos creía nos decía que estábamos soñando, ¡que casualidad los 4 soñábamos lo mismo!. A si estuvimos meses, a veces cuando nos levantábamos las sillas del comedor estaban todas descolocadas, eran fechas navideñas y solíamos decorar todo el techo con guirnaldas y demás adornos, al día siguiente los adornos estaban encima de la mesa, unos encima de otro bien apilados y como siempre mi padre nos decía "eso fueron ustedes" ,le decíamos "que no" y nos mandaba a callar; no nos creía. Una vez recuerdo que mi padre me mando a su habitación a por sus gafas y cuando entre vi a un hombre gordo con barba en la cama, no chille no pude me quede paralizada salí corriendo y se lo dije a mi hermana.... Bueno aquí la primera parte de esta apasionante historia, en cuanto tengamos la segunda parte la pondremos, y recuerden que nos pueden seguir mandando vuestras historias paranormales, las estamos esperando. Muchas gracias a Ester Castro por colaborar con nosotros con esta gran historia. Otra historia para Historias de Ultratumba HDU Bueno el pasado Sábado os pusimos una entrevista que le habíamos hecho a una enfermera de un Hospital de Santa Cruz de Tenerife, donde ella declaraba haber vivido sucesos paranormales en ese Hospital. Pues ya que esa historia nos pareció de lo más original hemos decidido hacer una historia de esos sucesos y aquí están....los suceso narrados en primera persona... Historia de Terror En Un Hospital D Tenerife Era un caluroso día de primavera cuando de repente suena el teléfono de mi casa: -¿Diga, quién es? -Hola soy una enfermera de aquí de Tenerife...y necesitaba contar un suceso que me ocurrió...y vi por Internet que ustedes investigarían los sucesos... -Emm...si claro ¿puedes venir hoy en la tarde a eso de las...8?, ¿te parece buena hora? -Si claro estaré allí a esa hora. Yo muy extrañado enseguida llamé a los de mi equipo para ponerles al tanto de lo ocurrido, mis compañeros llegaron ante de que la supuesta enfermera llegará para contar sus sucesos y yo les conté muy brevemente lo que me había dicho. -Buen pero entonces...¿que fue lo que realmente le ocurrió? - dijo Aram uno de los integrante del equipo. -Pues a eso es lo que viene digo yo... - respondí yo cuando en ese momento sonó el timbre. -Tienen que ser ella - respondí al oír el timbre. Acto seguid abrí la puerta y allí estaba...una señora de unos 30 años con una cara totalmente desencajada...asustada...se podía ver su miedo en sus ojos marrones.... -Hola pasa, estas en tu casa. -Gracias, encantada. -Bueno pues estos son mis compañeros, Aram, Atalía y yo Jose. En fin cuenta nos que fue lo que te ocurrió aquel día. -A ver lo primero que quiero que hagan es que no desvelen mi nombre i digan el nombre del Hospital...para sentirme yo más tranquila...¿es eso posible? -Si, claro no hay problema - respondí yo con firmeza. -Todo empezó una noche que estaba de guardia en el hospital - nos empezó a contar la enfermera. - yo como todos los Martes estaba de guardia en el Hospital...pero ese día no era como los demás días, ese era un día un poco extraño...no me sentía muy bien que digamos. Yo como todos los días cada vez que estoy de guardia, voy a por mi café para poder estar un poco más alerta de lo que suceda. Cuando llegué a la maquina de café pude ver que la habitación 14A estaba abierta de para en par...y claro yo muy intrigada fui a ver quien había entrado...por que en esa planta no había absolutamente nadie sino yo. Cuando entré en dicha habitación la note fría...y no había ninguna ventana abierta...lo cual me extrañó muchísimo. Busqué por todos los rincones de esa habitación y no vi nada ni nadie que pudiera haber entrado en la habitación, visto que no había nadie me dispuse a salir y cerrar la puerta. Cuando llegué a la puerta para cerrarla, antes de hacerlo, pude ver como una silueta pasaba hacia la habitación... Yo muy deprisa abrí la puerta y dije en voz muy alta: -¡¿Quién anda ahí!? - pero no obtuve ninguna respuesta de nadie...al ver que nadie me contestaba cerré la puerta inmediata mente. Al cabo de los días una compañera me pidió por favor que le cambiase su turno que ella no lo podía hacer por no se que cosa...al final terminé cediendo y le hice el favor y le cambié su turno con el mio. Lo que si me resultó muy extraño es que la notaba muy preocupada...como si le hubiese pasado algo...pero no le presté demasiada atención al detalle, ya que le tenía que decir a mi marido que me tenía que quedar hoy en el Hospital. Esa misma noche hice lo de todos los Martes, fui a por el café y revise habitación por habitación para asegurarme de que todo estaba en orden. Cuando llegaba a la habitación 14 A la volví a ver abierta de par en par...muy intrigada fui a ver lo que pasaba...cuando quise darme cuanta...ya estaba dentro de la habitación...y pude ver claramente una silueta de un hombre mayor en la ventana, en ese momento no me asusté...pensé que era un paciente que se había desvelado y se puso en aquella ventana... Me acerque al hombre y le dije con un tono amable: -Señor oiga, no puede estar aquí, le ayudaré a ir a su habitación dígame cual es.... - en ese momento me di la vuelta para apartar una mesilla para que él pudiera pasar...y...ya no estaba....asustada llamé a los de seguridad...ellos respondieron enseguida y se dispusieron a buscar a ese señor. Yo me quedé en la sala de seguridad para ver si lo podía ver antes que los vigilantes, para poder buscarlos más deprisa...cuando de repente lo pude ver en la habitación 14 A de nuevo...¡era imposible! acababa de estar allí hace unos minutos... Cuando fui a buscarle...al llegar escuche una voz de un hombre mayor que me decía: -No vallas....lo lamentaras.... Al escuchar tales palabras me quedé petrificada...sin saber que hacer...por que si lo contaba me tomaría por loca y me podían despedir por dejar que alguien estuviera por fuera del Hospital. Yo muy decidida fui a esa habitación...y lo pude ver...¡DIOS! allí estaba...mirando me...fijamente...Cuando fui a entrar en un segundo se puso delante de mi y me dijo: ¡NI SE TE OCURRA ENTRAR! - y acto seguido la puerta se cerró muy fuerte y sola.... Desde entonces todas las noches me han dicho las enfermeras que se pueden escuchar pasos en la habitación y que no hay nadie allí...pueden escuchar a un hombre mayor hablando en la habitación...y no hay nade allí... Y esa es mi historia...no se la cuento a más nadie por si me toman por loca...pero se que ustedes se dedican a eso...¿ podrían investigar el Hospital para ver que es lo que quiere en realidad ese hombre? -Si claro que lo haremos...tenemos que preparar lo todo..en cuanto este te lo haremos saber.... Lo que nos sucedió aquel día fue indescriptible....y desde entonces han sucedido cosas en nuestra oficina...

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Vampiros!!
ParanormalporAnónimo12/9/2015

Vlad Tepes, “el empalador” Como no podía ser de otro modo, Vlad Tepes, “el empalador”, es una parte más que fundamental en la formulación del mito del vampiro y en la característica figura del “chupasangre”, especialmente tras la ficcionalización que Bram Stoker hizo de él en el año 1897 con su Drácula. Por otro lado, si bien ello lo colocó en ese extraño lugar mítico entre la ficción y la realidad, es necesario mencionar que la propia novela de Stoker también despertó un profundo interés científico en la figura histórica del hombre real, Vlad Drăculea. Vlad III, más conocido como Vlad Tepes y mejor aún como “Vlad el empalador”, fue un príncipe de la región de Valaquia (Rumania), entre los años 1456 y 1462. De un enorme valor histórico y cultural para Rumania, éste hombre de guerra fue un estratega como ninguno, además de un desequilibrado y brutal asesino. Si bien se convirtió al catolicismo, Vlad fue un ferviente ortodoxo perteneciente a la llamada Orden del Dragón que defendió su tierra de la inmensa y sangrienta expansión otomana que luchó por liberar Rumania del poderío alemán, húngaro y turco. Pero su historia fue realmente dura. Vlad se convirtió en una figura muy llamativa debido a su inmensa crueldad, sobre todo al momento de castigar a todo aquel que se opusiera a sus mandatos o, peor aún, le traicionara. El castigo que le dio su nombre consistía en colocar un palo en el recto de sus enemigos, que luego, agonizaba a una altura de unos 3,5 metros durante días. Esto resultó en una de las primeras formas de guerra psicológica que se conocen, ya que cuando las líneas enemigas llegaban a los sombríos bosques y montañas de Valaquia, se encontraban con centenares de hombres desnudos y ensangrentados agonizando de esta manera. Claro que eso no fue todo. Durante su apogeo, Tepes se encargó de empalar, incinerar, diseccionar, desmembrar y desangrar a un sin número de enemigos que desperdigó por la región. Estos siempre eran utilizados para provocar el miedo de los invasores, que frente a semejantes paisajes, dejaban las montañas tan pronto como podían. Con semejante panorama, la figura de Vlad Tepes no tardó en ocupar un lugar supremo dentro del mito de los vampiros, mencionado en numerosos relatos germánicos como un ser abominable que, entre otras cosas, chupaba la sangre de sus enemigos. Si te interesa conocer más acerca de este verdadero vampiro, no dejes de ver este interesante documental sobre la figura del brutal Vlad Tepes. Realmente de lo más interesante, ¿no lo crees? ¿Qué otras cosas sabes acerca de estos personajes históricos? ¿Cómo crees que todos estos extraordinarios aspectos en sus personalidades influyeron en la creación del mito vampírico y sus representaciones ficticias? Sin dudas es un tema del cual hablar un buen rato...¡cuéntame tu opinión en la sección de comentarios!

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historias de terror!!!
ParanormalporAnónimo12/9/2015

Historia de terror la mujer que empeño su alma al diablo Isabel Mendiola, una mujer en exceso vanidosa, era de las más hermosas de un pueblo cercano a Celaya Guanajuato, la lista de personas que la cortejaban, era inmensa, pero todo esto era parte de una de las Historias de terror de ultratumba más espeluznantes que se tiene conocimiento en dicha localidad. Cortázar se llamaba el pueblo, era de esos olvidados de dios, en los años 20´s, en el cual, los habitantes, eran los típicos provincianos que se veían en las películas de antes, pero esta dama, era la discordia del lugar, más de uno se había batido en duelo y no lo había contado más, y la mujer nunca acepto los cortejos de ninguna persona, se sabía bonita y siempre el interés lo antepuso al amor. Debido al desinterés de la mujer ante todas las personas, la empezaron a dejar de lado, olvidando que era la mujer más bella del lugar, sabiendo que a nadie le hacía caso, ella se empezó a marchitar, se cuenta que Isabel hizo pacto con el diablo, para tener a todos los prospectos a sus pies, algo que paso y que nadie sabía el porqué. Pero como siempre pasa, existe un alma pura, en este caso era Enrique Linares, uno de los más acaudalados charros del lugar, pero que estaba comprometido por mucho tiempo y a punto de llegar al altar, ella que no podía ver que alguien no la quisiera, se buscó la forma de llamar la atención, pero contra el amor, el diablo no tenía poder y la mujer empezó a envejecer. Todo lo bonita que era, se le empezó a quitar, muriendo en soledad, para que nadie notara lo demacrada que estaba, así se supo que Isabel Mendiola, había muerto sola, vieja y fea, y que su alma, había empeñado, por su vanidad. DEBAJO DE LA CAMA: Me encontraba con mis dos hermanos en mi habitación jugando mientras mis padres habían salido a cenar y volverían muy tarde, es por ello que aprovechamos ese tiempo en el que nunca nos dejaban quedarnos despiertos hasta tan tarde para poder divertirnos lo máximo posible. Yo y mi hermano del medio nos encontrábamos jugando a la computadora, mientras que el más chico estaba jugando con una pelota dentro de la habitación, lo cual era bastante molesto debido al ruido que hacía y que frecuentemente tiraba ciertas cosas, es por ello que muchas veces le dije que utilice otra cosa para jugar, pero no me hizo caso, incluso le advertí que le iba a contar un cuento de miedo corto para que de esa manera se atemorice, pero no me hizo caso. En un momento se le cayó la pelota debajo de la cama, y nos pidió que la saquemos porque tenía miedo, pero nosotros no le hicimos caso e incluso le dijimos que la busque él mismo si quería. Luego de pasar mucho tiempo jugando a unos juegos que tenía en mi computadora, le pregunté a mi hermano dónde se encontraba el más pequeño de todos, debido que hace tiempo que no lo escuchaba, y no supo responderme ya que tampoco sabía. Le dije a mi hermano que lo vaya a buscar en la cocina y yo lo iba a buscar afuera de la casa, pero al bajar de la silla en donde me encontraba subido pensé que quizás estaba escondido en algún lugar, por lo que me acerque a la cama en donde se le había caído la pelota y sentí un ruido, por lo que supe que era él. Incluso al pararme al lado de la cama él me espesó a tocar el tobillo del pie con su mano, pensando que me iba a asustar, ya que siempre lo hacía asustar con mis cuentos de terror. Algo que no le presté atención, hasta el momento en que escuché a mi otro hermano que me gritó: “Aquí está viendo televisión en la cocina”. Cuando rápidamente me di cuenta que no había nadie más en la casa, y no supe quién me estaba tocando el pie. Debajo de la cama

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leyendas urbanas
ParanormalporAnónimo12/9/2015

2 relatos de leyendas urbanas: Nunca Ayudes a un Desconocido ¿Es aconsejable ayudar a alguien que necesita nuestra ayuda? Nuestro instinto nos dice que debemos ayudarnos los unos a los otros. Pero a veces sin saberlo nos podemos poner en peligro o caer en una trampa… La Segunda Guerra Mundial había acabado, pero el daño que habían causado los alemanes durante la ocupación y sobre todo durante su repliegue tras perder la Batalla de Normandía había dejado al pueblo francés en la más absoluta miseria. Con muchos de sus cultivos incendiados y sin casi ganadería, comer se había convertido en un privilegio al que sólo unos pocos podían aspirar. En medio de este caos acceder a un trozo de carne o un huevo era casi imposible y sólo en el mercado negro se podía conseguir un alimento fresco que llevarse a la boca. Por supuesto sus desmesurados precios eran controlados por un grupo de gente sin escrúpulos que eran capaces de ver morir de hambre a sus compatriotas con tal de aumentar su fortuna. No es por eso extraño que se pagaran relojes de oro, joyas heredadas generación tras generación u obras de arte por un simple mendrugo de pan. Monique, la protagonista de esta historia, no era ajena a la situación. Durante la ocupación se había visto obligada a “ofrecer” sus encantos femeninos a los soldados alemanes para poder comer. Por este motivo entre una multitud de gente casi famélica, por un hambre prolongada durante meses (si no años), Monique destacaba por su lozanía y por tener algún kilito de mas, algo totalmente inusual y que la hacía verse más atractiva que la mayoría de las mujeres de su edad. Monique sabía que esa era su mejor arma para seguir consiguiendo comida, pero la situación se había vuelto tan tensa que ya nadie parecía requerir sus “servicios”, preferían comer, que su compañía. publicidadRemaining time: 12 seconds Un poco angustiada por el hambre, que por primera vez empezaba a sufrir desde que comenzó el conflicto, recorría el mercado buscando alguien a quien poder “convencer” para que le diera una pieza de fruta o un trozo de pan. Algo de carne era algo impensable ya que el único puesto que aún la despachaba tenía unos precios prohibitivos y sus distribuidores parecían inmunes a sus encantos. Mientras miraba con la boca hecha agua como fileteaban un trozo de carne para un señor que había ofrecido como pago un collar de oro un viejecito cayó casi a sus pies. La turba de gente que se agolpaba junto al puesto de carne había empujado al anciano, quien había recibido un fuerte golpe en la cadera y parecía no poder levantarse. Tal vez la moral de Monique no fuera la más adecuada, pero sin duda la chica tenía un gran corazón y como un resorte se agachó a ayudar al señor para ayudarle a levantarse. El viejecito aún dolorido le pidió que le ayudara a salir de allí y le guiara hasta unas escaleras que habían cerca para poder sentarse un rato. – Muchas gracias por tu ayuda jovencita, parece que el hambre le hace olvidar a la gente el respeto por sus mayores. – Esto es un verdadero caos – dijo Monique – no debería acercarse a ese maldito puesto de carne, las personas se vuelven como animales cuando empiezan las pujas. – Pero si no me hubiera acercado ahora no tendría esto – dijo el anciano mostrando un paquete con aproximadamente un kilo de carne. Los ojos de Monique se abrieron como platos, no había visto la carne tan cerca en semanas. – ¿Cómo te llamas jovencita? – dijo el señor que esbozaba una maliciosa sonrisa mientras Monique tenía los ojos clavados en la comida. – Monique – dijo sin apartar su mirada de la carne. – Hagamos un trato Monique – dijo el viejo que sabía que la chica había picado su anzuelo- Si me ayudas a llevar este trozo de carne a mis hijos que viven cerca de aquí, te prometo un filete para ti sola. Al fin y al cabo un favor se paga con otro y yo casi no puedo caminar con el dolor que tengo en la cadera. Monique que no podía salir de su asombro por tan gentil oferta sólo acertó a asentir con la cabeza mientras miraba al anciano. Este le extendió el paquete y le pidió que esperara un momento mientras escribía en un papel que metió dentro de un sobre que posteriormente cerró. – Ya de paso aprovecho para que le entregues esta carta a mi hijo Matías – dijo el viejo quitándole importancia – si no, no se va a creer que te he prometido un trozo de carne por el encargo jeje. Tras despedirse del señor, que aún se sujetaba la cadera con la mano en un claro síntoma de dolor, Monique se dirigió hacia la dirección indicada. Quedaba al otro lado de la plaza, cruzando el mercado, pero algo le perturbó cuando había avanzado sólo unos metros. Uno de los vendedores en el puesto de carne parecía esbozarle una sonrisa, pero no una de esas que le regalaban los hombres para ganarse sus favores, había algo perverso o malicioso en ella. Bajó la cabeza un poco asustada y como si su instinto femenino le avisara sintió que algo raro estaba pasando. Se giró para mirar al anciano pero allí ya no había nadie ¿cómo podía haberse ido tan rápido y escasos segundo antes no podía ni levantarse?. Continuó su camino hacía la dirección marcada pero había algo en su interior que le decía que tuviera cuidado, una especie de intuición o sexto sentido que le pedía que saliera corriendo y nunca entregara esa carne. Pero como ya habíamos dicho, Monique era una chica honesta que se veía incapaz de robarle a un anciano y a pesar de su miedo, prosiguió con su encargo. Pero algo la detuvo una vez que llegó al lugar marcado, la dirección exacta estaba en un oscuro y recóndito callejón que quedaba oculto de la mirada indiscreta de todo el que paseara por la calle principal. Ligeramente asustada por la idea de que el viejo hubiese ideado un plan para violarla. Decidió que lo mejor era no arriesgarse, así que ofreció una moneda de pequeño valor a un muchacho de la calle para que terminara el encargo. Le esperaba en la esquina mientras observaba como el chiquillo llamaba a una sucia puerta de madera en la que se abrió una mirilla por la cual un hombre se asomó para ver quien había llamado y comprobar que no hubiera nadie más con él. – ¿Es usted Matías? – dijo el chico- su padre le envía esta carta y este paquete de carne. El hombre no le hizo esperar, abrió la puerta con la intención de recibir el paquete. Pero para sorpresa de Monique, que observaba todo desde la distancia, no agarró el paquete de carne, si no que sujetó fuertemente la muñeca del muchacho y de un tirón lo metió dentro de la casa cerrando la puerta con fuerza. Se comenzaron a escuchar gritos que fueron acallados en pocos segundos… El bullicio ensordecedor de la plaza había silenciado al pequeño. Pero Monique había sido testigo de todo, así que gritando se dirigió a un par de militares que sabía que siempre vigilaban que todo estuviera en orden cuando el mercado se abría. – ¡Por favor ayuda, acaban de secuestrar a un niño! – dijo Monique mientras tiraba del brazo de uno de los soldados guiándole hacia el lugar. En menos de un minuto los militares se encontraban golpeando la puerta del lugar en el que había desaparecido el niño. Un fuerte alboroto se escuchó en el interior del edificio, un par de hombres vociferaban y golpeaban la puerta desde el interior, parecía que estaban colocando muebles y otros objetos pesados para evitar que se abriera con las patadas de los soldados. De repente el ruido cesó y segundos después, por una de las ventanas que habían en el tejado apareció un hombre que velozmente saltó al edificio cercano y desapareció de la vista de Monique, quien gritando avisaba a los militares que estaban escapando por arriba. Un segundo hombre salió y los soldados advertidos por Monique le dispararon, uno de los disparos le acertó en pleno corazón y cayó rodando por el tejado hasta el vacío, golpeando el suelo con un golpe atronador a unos metros de Monique. Tras un par de minutos, los militares se cercioraron de que nadie mas saliera por la ventana y regresaron a la puerta, que empezaron a golpear con más insistencia hasta que consiguieron abrirla lo suficiente para apartar los muebles con los que los delincuentes habían formado una barricada temporal que impedía acceder al edificio. Cuando consiguieron entrar se quedaron estupefactos, uno de ellos tuvo que salir inmediatamente mientras vomitaba, su estómago no pudo soportar el presenciar tan macabro espectáculo. De un gancho colgaba el niño boca abajo con la garganta degollada, un cubo debajo recogía toda la sangre. A escasos metros había una mesa que parecía usarse para separar la carne del hueso y donde se podían ver restos humanos como pies, manos y una cabeza. Junto a unos cuchillos ensangrentados habían varios montones de carne humana que ya estaba lista para ser empaquetada. Mientras, Monique, ajena al matadero humano que habían visto los militares se acercó al hombre abatido por los disparos, al mirarle más de cerca le reconoció como uno de los hombre que despachaban carne en el mercado. Pero lo que más le llamó la atención fue que de uno de sus bolsillos asomaba el sobre que le había entregado el anciano. La mujer se agachó y tras recogerlo decidió abrirlo, en su interior encontró escrito lo siguiente: “Esta es la última que os envío hoy, las ventas van mejor que nunca” Por supuesto cuando los soldados fueron al puesto de carne ya no quedaba nadie allí, seguramente el hombre huido había conseguido avisarles. La Pulsera Negra Según cuenta la leyenda en algunos hospitales de Estados Unidos utilizan unas pulseras de color negro para marcar la hora a la que falleció una persona y cual fue el motivo de su muerte. Si ves a alguien con una de estas pulseras podrías estar junto a un fantasma… Thomas era un joven médico que trabajaba de interno en un frío hospital de Dakota del Norte. Su vocación y sus ganas de salvar vidas eran el único motivo por el que no caía rendido de cansancio en unas interminables guardias que podían prolongarse hasta 36 horas y que le dejaban exhausto. Aquella noche había sido especialmente dura, el servicio de urgencias no tuvo ni un respiro y Thomas había tenido que encargarse por primera vez de una paciente sin el respaldo de otro doctor. Luchó por la vida de la chica, que no debía tener más de 22 años, durante más de dos horas, pero desde que llegó se había considerado un caso perdido y en el hospital decidieron priorizar a otros pacientes que tenían más posibilidades de sobrevivir. Los daños que había sufrido la joven en ese accidente de tráfico múltiple eran tan graves, que incluso si Thomas hubiese conseguido obrar un milagro y la chica hubiese sobrevivido, las secuelas hubiesen sido tan graves que probablemente habría quedado en estado vegetativo. Los médicos más experimentados del hospital habían acudido en la ayuda de los otros accidentados y decidieron “bautizar” a Thomas con un caso imposible para que un primer “fracaso” le hiciera comprender lo dura que es su profesión y no empezara a creérselo demasiado. Además priorizando a otros de los heridos habían conseguido salvar la vida de tres personas, en lo que había sido el peor accidente de tráfico que habían registrado las carreteras de la región en meses. Thomas era consciente de que la chica probablemente nunca tuvo posibilidades de sobrevivir, pero aún así se sentía destrozado por dentro y tuvo que tragar saliva para contenerse las ganas de llorar cuando le puso una pulsera negra a la fallecida. La pulsera negra era un protocolo de su hospital que servía para marcar a un difunto y señalar la hora y causas de su muerte. Normalmente eran las enfermeras quienes se encargaban de rellenar los datos y ponerle la pulsera antes de mandar a un cadáver a la morgue. Pero Thomas pensó que haciéndolo él, el recuerdo de su primer “fracaso” le serviría para aprender y avanzar en la que puede llegar a ser una de las profesiones más duras. Memorizó cada una de las facciones de la chica y la cubrió con una sábana para que uno de los celadores se la llevara en una camilla por un interminable pasillo que conducía al depósito de cadáveres. Al finalizar su turno, Thomas parecía un zombi, su cara demacrada por el cansancio y el fuerte impacto emocional de perder a su primer paciente le habían dejado destrozado. No era la primera vez que alguien se moría en una mesa de operaciones frente a él, pero esta era la primera vez que él era el doctor al mando y el “único responsable”. En su mente repasaba todos y cada uno de sus movimientos y trataba de buscar cual fue su error o si había algo más que pudiera haber hecho. Pero incluso él mismo, sabía que su proceder había sido impecable y que cuando a alguien le llega la hora es imposible luchar contra el destino. Cabizbajo y caminando casi dormido entró en el ascensor. Se dirigía a la séptima planta donde tenía su ropa, lo único que quería era cambiarse e irse a dormir a la residencia que estaba a pocas calles del edificio del hospital. Eran las cuatro de la mañana y el hospital parecía vacío, tan absorto estaba en sus pensamientos que casi ni se dio cuenta de que había alguien dentro del ascensor cuando entró. Una mujer le saludó: -Uff y yo que creía que tenía mala cara, ¿chico pero que te ha pasado? Thomas se giró y vio a una mujer de unos cuarenta años que le sonreía, estaba casi tan pálida como él y aunque no tenía muchas ganas de conversar la contestó. -Hoy ha sido un día muy duro, no se ni como estoy todavía de pie. Además he perdido a mi primer paciente – le dijo mientras ponía un gesto que denotaba que estaba a punto de echarse a llorar. -Pues por la cara que pones estoy seguro que has hecho todo lo que podías, no seas tan duro contigo mismo. -Muchas gracias, probablemente mañana pueda verlo de otra forma – dijo Thomas mientras se giraba a ver porque se había abierto la puerta del ascensor en una planta que ninguno de los dos había marcado. Al mirar fuera vio la silueta de una joven en mitad del pasillo, al terminar de abrirse la puerta del ascensor comenzó a girarse lentamente hacia ellos. Thomas al ver la cara de la chica dio un salto hacia atrás y pegó la espalda a la pared del ascensor mientras señalaba a la chica que había fuera y trataba de decir algo sin conseguir articular palabra. De repente pareció recuperar el control de su cuerpo y se abalanzó hacia el panel del ascensor presionando repetidamente el botón que cerraba las puertas. La mujer que había en el interior del ascensor se quedó mirándole perpleja cuando la puerta se cerró cuando faltaba menos de un metro para que la joven que había fuera entrara en el ascensor. -E… e… esa chica – dijo tartamudeando del susto – yo mismo la vi morir, no pude hacer nada para salvarla y le puse esa pulsera negra. La mujer que se había mantenido pegada a la pared sonrió y mientras levantaba el brazo le preguntó: – ¿Una pulsera cómo esta? Thomas se giró a mirarla y vió como en su muñeca había una pulsera de color negro, idéntica a las que usan en el hospital. El joven médico se desmayó del susto y en su caída agarró fugazmente el brazo que le mostraba la mujer con la que había compartido la charla en el ascensor. Minutos después encontraron a Thomas aún desfallecido en el suelo del ascensor. Todos atribuyeron su desmayo al cansancio. Pero él sabía que lo que había pasado era real, en su mano tenía una pulsera negra que había arrancado sin querer del brazo de la mujer que había en el ascensor mientras caía desmayado. Al revisar la pulsera pudo comprobar que la mujer había fallecido dos años antes en un accidente de tráfico muy similar al de la chica que quiso salvar.

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