jorgeortega
Usuario (Argentina)
Homenaje al Perro Fernando y a mi abuelo, QEPD. ..Amigos de Taringa, les paso a contar de qué se trata ésto, mi nombre es Jorge Ortega, soy de Resistencia, Chaco; en mi ciudad es muy conocido el Perro Fernando, por sus anécdotas, por sus vivencias y más que nada por su actitud humana. Les cuento que se llamaba Fernando porque quien lo encontró era mi abuelo, Fernando Ortega o como era su nombre artístico, Fernando Ortíz, él era en aquellos tiempos un joven cantante de boleros, bossa nova, tangos que llegó a Resistencia proveniente de Bs. As. como parte de su gira por el país y que terminaba en Paraguay, al terminar una función una noche de navidad, estando descansando afuera del mítico Bar Los Bancos, alguien le pregunta qué le había traido de regalo el niño Dios y él contestó que nada, a lo que la otra persona le dice "cómo que nada, mirá lo que tenés abajo tuyo", parecía un capullo de algodón, pero era un perrito muy pequeño que nunca más se despegó de él. Como lo seguía a todos lados, lo bautizaron Fernando, como se llamaba su dueño. Entre las anécdotas más recordadas están éstas: en una función de teatro, de "Nazareno Cruz y El Lobo", atacaban a la protagonista, y el perro, que estaba observando la obra, subió al escenario y quiso defenderla..., también concurria a recitales varios, y aunque parezca mentira, si le gustaba se quedaba escuchando y sino, maullaba y se retiraba, a lo que mucha gente lo seguía; el perro por las mañanas desayunaba con el gerente del Banco Nación, sentado, tomaba café con medias lunas, como si fuera una persona. Cuando Fernando ya era un poco viejo, sin querer un cocinero le tiró agua hirviendo, el perro muy mal herido, desapareció, hasta que lo encontraron muerto. La ciudad se conmocionó, y aquel día todos acudieron a su encuentro. Siempre que mi abuelo me contaba de aquel día la voz le temblaba y quería llorar, me decía que para él era como si se le hubiese muerto un hijo y que no pudo asistir al entierro por lo mal que se puso. Tengo muchas anécdotas que siempre, él relataba, viajó a muchos lugares de donde lo llamaban para que cuente sobre la vida de aquél famosisímo perro que era un humano más en la ciudad. Hoy, cada vez que alguien me pregunta si soy su nieto, me pongo muy orgulloso ya que todos me hablan muy bien de él y recuerdan su generosidad para quien lo necesite, sea un familiar, un allegado o simplemente una persona indigente que encontraba en la calle. Ojalá yo pudiese ser como él en ése aspecto, lo admiro y le voy a estar agradecido por todo lo que me dió mientras estuvo acá. Se que algún dia lo volveré a ver, pero mientras tanto lo voy a extrañar . Gracias a Dios tuve dos abuelos que ya no están conmigo pero me dejaron el mejor ejemplo y mucho amor. Gracias por leer y les dejo material que pude encontrar. Saludos!! Fernando fue un conocido perro que vivió en la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco, Argentina, en la década de 1950 y principios de 1960. Se hizo conocido entre los habitantes de la ciudad por frecuentar bares y conciertos a los que concurrían músicos, artistas y políticos de la capital. Murió el 28 de mayo de 1963, y sus restos fueron enterrados en la vereda del Fogón de los arrieros, un museo de la ciudad. Allí puede leerse un epitafio que dice «A Fernando, un perrito blanco que, errando por las calles de la ciudad, despertó en infinidad de corazones un hermoso sentimiento» FERNANDO (De un reportaje a Fernando Ortiz, su descubridor) Conocí a Fernando, en 1951 en el bar “Los Bancos”, frente a la plaza. Era un perrito blanco, chiquito, y cuando los mozos me preguntaron si molestaba y respondí que no. Permaneció al lado mío, y cuando salí me siguió hasta el hotel Colón, donde vivía. A la mañana siguiente, lo encontré bajo la cama, lo bañé y me siguió. Así nació nuestra relación. Fernando Ortiz, su "descubridor". Yo cantaba en una orquesta, en los “Los Bancos” y el perro dormía siempre atrás del piano. No se separaba nunca de mi. En una oportunidad, hubo una reunión de artistas. El perro, que por entonces tendría un año, se sentó junto a mi, en la punta de la mesa. Los músicos y mozos decidieron ponerle mi nombre, por esa identificación con mi persona. Escultura de Fernando frente al Fogón de los Arrieros A Fernando le gustaba mucho los picantes y el azúcar. Creo que es eso lo que aceleró su muerte. En la amistad, era como los humanos. Tenía amigos por todos lados, pero los elegía. Dormía en la entrada del hotel Colón, de allí se iba al Banco de la Nación, donde había un gerente que lo quería muchísimo. A la hora de la entrada, el perro iba directamente al despacho del gerente, y se pedía un café con leche con medialunas para Fernando. En el horario atención bancaria, dormía frente al Sorocabana. El movimiento de gente era intenso, pero nadie lo molestaba mientras tomaba un poco de sol. Después iba a comer al “Madrileño”, al lado del Sorocabana. La siesta la dormía en la casa del Dr. Reggiardo, que lo cuidó mucho. A veces optaba por el Club Progreso. Pero lo fundamental para él era la noche. Recorría “Los Bancos”, el Sorocabana, el Club Social, y si se oía música, fuera donde fuese, el perro se acercaba. A mí me parecía un ser humano vestido de perro. La música le encantaba. Si no le gustaba la actuación de un artista, se iba, y la gente lo seguía. De vez en cuando, visitábamos en su atelier a un gran pintor y amigo, René Brusseau, sobre el Cine Argentino. Fernando se hizo amigo de René y me acompañaba a verlo. Otro de sus amigos, fue el escultor Víctor Marchese autor de la escultura de Fernando. Con Juan de Dios Mena, iba al Fogón. Fernando tenía un gran sentido de la amistad. Algunas anécdotas Tenía afición por lo artístico. En una oportunidad en que el Coro Polifónico de Resistencia ofrecía un recital, entró a la sala por el acceso de los artistas, precisamente en el momento en que la Directora Sra. de Elizondo, marcaba el inicio de la actuación: El perro dio una vuelta por el escenario, y se acurrucó a un costado para escuchar el coro. Otra vez irrumpió en escena para lamer la cara de una actriz, Delma Ricci, en una escena en que la amenazaba un hombre- lobo. Allí acabó la función. Fue grande. Cuando lo invitaban a una mesa y le acercaban una silla, el seguía la conversación mirando a una u otra de las personas que hablaban. Una noche hacía mucho frío y se me ocurrió darle azúcar con grappa. Al principio no le gustó mucho, pero al rato empezó a pedir más. Cuando terminó, no podía bajar de la silla, y caminaba, borracho, de costado. Una vez, en el Bar Japonés, lo hirieron con un cuchillo, y le tiraron agua caliente. Se le infectó la herida, y tuvimos que llevarlo al Dr. Reggiardo, que lo intervino. Lo llevamos luego al Club Progreso, allí le acondicionaron un lugarcito para su recuperación. Estuvo bien atendido, y allí se vio cuánto lo quería la gente de Resistencia, ya que el Club tuvo que poner dos teléfonos a disposición para atender la cantidad de llamados de la gente que quería saber como seguía Fernando. Para esa solidaridad con el perro, no había horarios, y el teléfono sonaba mañana, tarde y noche. En otra oportunidad, pese a tener chapa Nº1 de vacunación antirrábica, fue llevado por la perrera, lo metieron medio dormido en el camión. Tatalo Domínguez , boxeador chaqueño y titulo Argentino, recriminó, junto a otras personas, a los perreros que lo apresaron. Discutieron, y finalmente rescataron a Fernando junto a los restantes perros, que se metieron todos en el Sorocabana. Yo no me preocupaba por bañarlo, y a él mucho no le gustaba. Por la mañana andaba sucio, pero por la tarde aparecía blanco. Hasta que se despejó la incógnita, una mujer que nunca dio su nombre, lo atendía y lucía bien, elegante y arrogante como un hombre de la noche. Era un bohemio blanco. ¿Que significó su muerte? Yo no fui al sepelio, lo choferes de los taxis de la Plaza, vinieron a buscarme, extrañados por mi ausencia. Muchas veces, esos choferes aproximaban a Fernando a los lugares en los que yo actuaba, y a los que no podía llegar ó no me encontraba. Pero no pude ir al sepelio. Después de su muerte, ha recibido muchos homenajes por parte de músicos y artistas, como por ejemplo la canción Callejero, que le dedicó Alberto Cortez (más tarde versionada por Attaque 77), tres esculturas dispersas por la ciudad: una en la avenida Ávalos, otra sobre su tumba y una última de bronce frente a la Casa de Gobierno provincial. Finalmente, en uno de los accesos a la ciudad, puede leerse en un cartel un saludo al viajero que reza: «Bienvenido a Resistencia, ciudad de Fernando». CALLEJERO "Era callejero por derecho propio; su filosofía de la libertad fue ganar la suya, sin atar a otros y sobre los otros no pasar jamás. Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser. Libre como el viento era nuestro perro, nuestro y de la calle que lo vio nacer. Era un callejero con el sol a cuestas, fiel a su destino y a su parecer; sin tener horario para hacer la siesta ni rendirle cuentas al amanecer. Era nuestro perro y era la ternura, esa que perdemos cada día más y era una metáfora de la aventura que en el diccionario no se puede hallar. Digo ""nuestro perro"" porque lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad y era de los niños y del viejo Pablo a quien rescataba de su soledad. Era un callejero y era el personaje de la puerta abierta en cualquier hogar y era en nuestro barrio como del paisaje, el sereno, el cura y todos los demás. Era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó; se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó. Nos dejó el espacio como testamento, lleno de nostalgia, lleno de emoción. Vaga su recuerdo por los sentimientos para derramarlos en esta canción". Letra: Alberto Cortez Música: Alberto Cortez (Gracias "circo_marruen" ) Un cuento de Navidad: El Perro Fernando Por Mempo Giardinelli escritor y periodista, nació en Resistencia, Chaco en 1947. Cualquiera que haya visitado esta ciudad sabe que uno de los iconos de Resistencia es el Perro Fernando. Un cuzquito blanco que vivió en los años 50, tuvo un oído musical perfecto y es todavía, junto con las casi 500 esculturas de sus veredas arboladas, algo así como la representación simbólica de la capital del Chaco. Dicen que su dueño fue un cantante de boleros que un día recaló en la ciudad y se llamaba Fernando Ortiz, aunque otra versión atribuye el nombre al patrono departamental: San Fernando, venerado por los primeros inmigrantes friulanos con el aditamento “de la Resistencia”. La leyenda dice que este alegre perrito se ganó la admiración y el amor de todo un pueblo por su excepcional oído musical. No había fiesta de casamiento, cumpleaños, carnaval o concierto al que Fernando no entrara para sentarse junto a las orquestas, o a los solistas, y darles su aprobación meneando la cola o, tras parar las orejas ante el más mínimo furcio, soltar gruñidos y hasta aullidos desaprobatorios. Y en las Navidades su presencia en una casa era siempre buena señal. Era fama que jamás se equivocaba, y los mismos músicos solían aceptar que, en el momento señalado por Fernando, en efecto habían pifiado una nota. Lo que los oídos humanos no advertían, el perrito, implacable, lo denunciaba. Y no había músico que se atreviera a impedir su entrada ni a expulsarlo, porque toda la ciudad confiaba ciegamente en su oído. Fernando fue como un gorrión de cuatro patas, popular y amado, y acaso por eso mi madre decía que de no haber sido Resistencia una ciudad de morondanga, otra que Edith Piaf. Los fines de semana, inexorablemente, Fernando recorría fiestas a su antojo y obviamente sin invitación. Nadie disponía de su agenda, y su presencia era imprevisible. Pero era tal honor que llegara a un festejo que después, seguro, los organizadores o dueños de casa fanfarroneaban por la visita. Yo era chico y casi todas las tardes acompañaba a mi papá al Bar La Estrella, donde los hombres charlaban y jugaban al truco o al tute, y todo el tiempo se escuchaban tangos y conciertos en la enorme radio que los japoneses ponían sobre el estaño. Y ahí estaba, digno y sereno, escuchando atentamente mientras comía maníes bajo alguna mesa, o echadito al sol en las veredas amplias, el perrito que todos decían que habría merecido más que ninguno ser el icono de la RCA Victor. Cuando llegaba el verano, los preparativos navideños se hacían en esas mesas deliciosamente organizadas: aquí los peronistas con Don Chacho Bittel y sus eternos ministros, algunos de los cuales fueron campeones de tute cabrero y otros en el arte de hacerse ricos a costa de todos. Allá los radicales del Bicho León, mirando al poder como algo siempre lejano. Y junto a aquella ventana los socialistas, encabezados por el prócer chaqueño Guido Miranda, historiador y periodista. También se sentaban, a otras mesas, empresarios, contrabandistas, médicos distinguidos, abogados charlatanes y buscas de todo pelaje. El Bar La Estrella era como un mercado persa y allí Fernando, el cuzquito melómano, recibía raciones que completaba en su diario vagar por otros bares como el Sorocabana, frente a la plaza, que era el más lindo y hoy es un patético edificio que en cualquier momento puede ser demolido. Creo que fue la Navidad del ‘57, o el ‘58, cuando visitó Resistencia un famosísimo pianista polaco, de apellido Paderewsky. Ofreció un concierto único en el Cine Teatro Sep, el más importante de la ciudad, y por supuesto mis papás me llevaron. La sala estaba repleta y Fernando se acomodó bajo el piano de cola (los organizadores siempre explicaban a los músicos visitantes la ineludible presencia del cuzquito) y a la vista de más de mil personas se diría que Paderewsky y él comenzaron el concierto. Nunca olvidaré la impresión de aquel público cuando, en medio de una sonata de Beethoven, de pronto Fernando se puso de pie alzando las orejas y soltó un gruñido. Pareció que el mundo se detenía, pero Paderewsky, todo un profesional, siguió como si nada. Sin embargo, hacia el final del concierto, nuevamente el perrito sacudió las orejas y miró fijo al pianista como diciéndole oiga, la está pifiando. Entonces Paderewsky, con europea elegancia, detuvo sus manos, miró al perrito y le dijo, en duro castellano: “Tiene razón, equivoqué dos veces”. E hizo un dacapo y repitió la sonata, que le salió perfecta. El concierto acabó con una ovación, un par de bises y el discreto mutis de Fernando, que, se dijo después, tenía esa noche dos casamientos y un cumple de quince. Cuando Fernando murió, toda la ciudad lo lloró desgarrada. Creo que fue en el ‘59, apenas iniciado el gobierno de Frondizi. Lo que recuerdo perfectamente fue el solemne entierro del animalito en la calle Brown al 350, en la puerta del entonces flamante edificio de una institución cultural llamada “El Fogón de los Arrieros”. Miles de personas cubrieron la calle, las veredas y los balcones hasta más allá de las dos esquinas. Toda la ciudad estaba allí, despidiendo a su perrito. Después la vida siguió, como siempre sigue, pero esa Navidad ya no fue igual porque a la hora de los tangos no estaba el perrito de la ciudad para aprobar música y danza. Y para mí fue la primera Navidad en la que me faltó alguien que amaba. Hoy en Resistencia hay tres esculturas que evocan a Fernando. La que se supone mausoleo oficial está todavía sobre la calle Brown. Otra está como escondida bajo un manto de chibatos en la avenida Avalos, cerca del Club de Regatas. Y la tercera, que es la más grande y pretenciosa, y que creo que inauguraron los milicos durante la dictadura, está en una esquina de la Casa de Gobierno y frente a la Plaza. Curiosamente –así funciona el humor involuntario– tiene la cola alzada y apunta el culo hacia las ventanas de la gobernación. Sólo ahora advierto que han pasado más de cuarenta años y este texto me parece triste. Debe ser la Navidad, que siempre lo llena a uno de nostalgias. Títere del Perro Fernando: ALGUNAS DE LAS ANÉCDOTAS QUE LO LLEVARON AL BRONCE En 1954 (y en un momento de alarma social, pues habíanse producido muertes de niños por mordeduras de perros), la vacuna antirrábica llegó al Chaco. Se estableció la obligatoriedad de vacunar a todos los canes. En la Municipalidad se llevó a cabo el cometido, y a la Municipalidad acudió Fernando sin que nadie lo llevara. Por propia voluntad dejó que el doctor Andreu lo inmunizara. Tal actitud, impropia en un animal, obtuvo su justo premio: le concedieron la patente número uno, y lo nombraron "Primer perro civilizado de Resistencia". Sin embargo, la patente número uno ni el título de "Perro civilizado", lo libraron de un aciago incidente. Una mañana, los hombres de la perrera lo cazaron, y medio dormido lo introdujeron en la jaula del camión. Mas, la providencial intervención de Tatalo Dominguez (campeón chaqueño y argentino de boxeo) y de Moisés Zaín (promotor de espectáculos artísticos y deportivos) trastocó las cosas, porque además de reprender a los perreros, instaron a otras personas a unirse a la protesta. Se armó un alboroto. Hasta que una mano anónima abrió la puerta de la jaula. Entre los aplausos y las risas de la gente, Fernando, como un balazo se metió en el Sorocabana seguido por el resto de perros capturados. Una mañana muy temprano, la Plaza 25 de Mayo tembló con los ladridos de Fernando. Los taxistas que estaban en la parada acudieron a ver qué ocurría, y encontraron un señor mayor tirado en el suelo. Uno de los taxistas, hábil en primeros auxilios, le practicó ejercicios de reanimación. Luego, en uno de los taxis llevaron al anciano al Hospital Perrando. A Fernando le impidieron el paso, mas él quedó merodeando. Los taxistas regresaron contentos; el señor, que había sufrido un infarto, se salvó. Éste es un video hecho por corresponsales italianas para Green Line: En Homenaje A Fernando Ortiz, Una Placa Lleva Su Nombre En La Av. Vélez Sársfield Primera Línea Online - Viernes 15 de septiembre de 2006. La figura de Fernando Ortiz fue homenajeada este jueves por la Municipalidad de Resistencia en el cantero central de avenida Vélez Sársfield, entre calles Brown y Don Bosco, denotando a uno de los exponentes de la cultura y la bohemia resistenciana, quien cobijó y convirtió en fiel acompañante al legendario perro Fernando, uno de los emblemas de la capital chaqueña. Con la colocación de una plaqueta recordatoria en el Paseo de los Poetas, ubicada justamente frente a su domicilio particular, el “Brujo” Ortiz recibió este merecido homenaje de parte de las autoridades comunales, con el acompañamiento de familiares y amigos. Espero que les guste, ya que para mí es muy importante compartir ésto con ustedes. Si tienen tiempo, por favor lean todo ya que es muy lindo. Gracias por el tiempo y que sigan bien.

Este post va dedicado a mi R19 Rt 1.8i, el cual me dió muchísimas satisfacciones y al cual ya casi lo vendo y decidí sacarle unas fotos para compartir R19 RTi 1.8 edición limitada, nafta, el mío con 112.000 kms. nunca me dió problemas, modelo 97, 113cv. 4 Puertas. Ésta versión venía con mucho equipamiento para su momento: Levanta cristales delanteros, llantas de aleación, alerón, regulación del volante, regulación de altura de butaca, butaca con regulador lumbar, regulador electrónico de faros, faros auxiliares, comando satelital para el estéreo, cierre centralizado, apertura a distancia, espejos exteriores eléctricos con desempañador, A/A, dirección asistida, todo todo original de fábrica. Aclaro que hice el post para compartir las fotos y no para venderlo... Gracias Espero que les guste el post, Saludos!!!

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84 Hs de Nürburgring 1969 (Nota Revista CORSA de aquella epoca)-Primera parte- El dia "D" se avecina Para intervenir en las 84 Horas de Nürburgring ya se encuentran prácticamente terminados los Torino 380 W que van a competir. Los mecánicos designados y la lista de pilotos a designar. El tanque de nafta tendrá una capacidad de 140 litros y los está haciendo Pronello en Villa Maria con material plástico. Los pasarruedas han sido recortados y agregado una aleta (al estilo de las Liebres) que sobresale 5 cm de cada lado para que el neumático no quede totalmente fuera de la línea de la carrocería. Los frenos son de disco, adelante, con ventilación como en los de las Liebre III y atrás, standard. El tren trasero tiene puntos de sujeción como las Liebres. Cuentan con palieres flotantes, diferencial Transax en dos versiones: 3,07 y 2,87. La caja de velocidades es ZF. Los motores fueron preparados en fábrica con la colaboración de Berta. Dos de los autos utilizarán motores de válvulas agrandadas (el reglamento lo permite) y uno con motor chico (con válvulas standard). Los carburadores serán Weber de 40 mm de venturi, las bielas son las largas del motor de 181 pulgadas y los pistones más cortos. Embrague Wobron. El torque del motor esta en el orden de las 4.200 / 4.300 vueltas y la velocidad máxima es de aproximadamente 230 Km/h. El Ingeniero Leeper prefiere que los motores no pasen de las 5.000 rpm. El consumo del auto está calculado en 35 litros por hora y la nafta a utilizarse por reglamento debe ser de surtidor o sea 100 octanos; por lo tanto, la compresión es de 10:1. Tres son los autos que serán embarcados la semana próxima con rumbo a Nürburgring. Dos para correr las 84 Horas y el otro de muletto, que en caso de estar en condiciones también será de la partida. Los pilotos a nombrarse serán doce. Nueve titulares y tres suplentes. Así se presentan las cosas. Pero Fangio sigue en Europa y hay que esperar su regreso. Los autos son de color blanco con pintura reflectante de otro color en la trompa, para su identificación. Nótese el ancho de las llantas. La semana pasada, por primera vez, fueron fotografiados los Torino 380 W que correrán en Nürburgring y como no podíamos faltar a la cita. Además, nos enteramos de muchas otras cosas interesantes. Por ejemplo, que Oreste Berta ya tiene confeccionada una lista de 15 pilotos que le será entregada a Fangio cuando regrese de su viaje por Europa. Podríamos dar algunos nombres, pero preferimos mantenernos callados hasta que se de la definitiva. También la lista de mecánicos -cuyo nombre será entre 12 y 16- y donde ya se cuentan los nombres de Macagno, Zurita, Antelo, uno de los hermanos Batelli, Sagaglia (mecánico de Copello), Juan A. Diez (mano derecha de Berta), un técnico de Transax por los diferenciales, uno de Fric Rot Gabriel (posiblemente el Ingeniero Gomez) y otros de Wobron completan los nombres que se saben. Los autos están pintados de color blanco y se identifican con pintura reflectante en la trompa. Uno naranja, otro amarillo y el restante blanco, todos con la bandera argentina sobre el capo y dos luces identificatorias en el techo. Sobre la puerta derecha se han puesto dos luces que iluminarán el numero, tal como lo indica el reglamento. Además se han pintado círculos celestes en puertas y uno muy grande en el techo (¡?!). Los faros son los originales de fábrica, aunque en Alemania le serán adosados dos faros rompenieblas. Las llantas son de 8 pulgadas adelante y 10 atrás. La consola que va en el medio de los asientos delanteros fue sacada y las contrapuertas reemplazadas por otras mas livianas. El instrumental es el de fábrica con el agregado del amperímetro y las butacas ocupan el lugar de los pesados asientos de fábrica. Es decir, de los 1407 Kilos que pesa, el Torino 380 W se llegó a 1.365 Kilos. Gracias por los comentarias y si van con puntines mejor!!