jnmendez1986
Usuario (México)

Una de las tradiciones cristianas más hermosas es la confección de nacimientos o pesebres. En cada lugar del globo toman el sabor de lo propio, de lo cercano, lo que hace más tierna y expresiva su elaboración. El misterio del Dios humanado se encarna en el imaginario religioso y en el entorno ambiental de cada pueblo. Para los pesebres se usan muchos materiales de desecho: pedazos de troncos o ramas secas de árboles, cartones y papeles de diversa contextura, tierra, arena, piedras etc. La identificación con el medio llevó seguramente a nuestra gente a utilizar el musgo, tan corriente en muchos sitios húmedos y en todas las montañas andinas. El crecimiento poblacional, las exigencias del medio y el aumento del número de pesebres que se confeccionan ponen en peligro el equilibrio natural de los suelos, pues estos musguitos cumplen un papel irreemplazable en los ecosistemas: protegen los suelos desnudos, cubren las rocas, brindan condiciones óptimas de humedad y nutrientes para que germinen y se desarrollen otras semillas, impiden la erosión y mantienen la humedad. En tiempos pasados, el uso del musgo en los nacimientos pudo ser insignificante y sin mayor impacto ambiental. Hoy hay otras connotaciones. La imaginación y la creatividad son un reto permanente para buscar elementos alternos en la elaboración de nuestros hermosos pesebres. El uso racional de los recursos naturales renovables es una de las formas de alabar la creación salida de las manos amorosas de Dios, para que los seres humanos las potenciemos, no para que las destruyamos. Cuidemos nuestros bosques y páramos sin arrancar musgos, pues el gran pesebre que nos acoge es el planeta que nos acoge (sic) y nos permite convivir en condiciones favorables.