jltr03
Usuario (Italia)
Lo primero decir que esto es humor, y no estoy buscando herir la sencibilidad de nadie que haya sido afectado directa o indirectamente con los problemas que han ocurrido recientemente. MUY IMPORTANTE ¿ Que hacer en caso de temblores fuertes ? Y, ¿qué se puede hacer? ... ni mierda, lo más que puede hacer es poner cara de ´ay carajo otro temblor´, después observe si es conveniente salir, dependiendo de la magnitud del temblor y si está en un primer piso. Calle a los perros (si los tiene) pues es más el nerviosismo que le transmiten a uno. Avise a los amigos (si los tiene) para que estén listos y sáquelos corriendo. Cuando termine el temblor diga lo de siempre: ¿sintieron el temblor? y hágase el cojudo y valiente. ¿QUÉ HACER SI EL TEMBLOR LO AGARRÓ EN EL BAÑO? Cuando oiga a los perros haciendo una gran ´bulla´, mejor corte de una vez su tira de papel higiénico y téngala lista por si acaso, pues cuando los perros se ponen bulliciosos va a haber uno bueno. Si se está bañando y lo agarra uno de 7.3 grados, corra con los ´huevos al aire´ directo a la puerta de salida, y de verdad corra como nunca más vale que los vecinos hablen todo el año por haberlo visto corriendo calato, a que pasen todo el año diciendo, ´tan bueno que era´.... ¿QUÉ HAGO SI ESTOY EN UN 9no. PISO.? Primero cálmese, después diga: ´Dios mío, en tus manos encomiendo mi alma´ y muérase en paz. Créame, no le va a dar tiempo ni de rezar el Padre Nuestro. ¿SI ESTÁ EN UN CENTRO COMERCIAL? Si el almacén es de ropa, agarre un juego completo de su talla y corra a los vestidores, le aseguro que en ese momento, nadie se dará cuenta que salió estrenando ropa. Si es una tienda de zapatos, ídem. Si estaba a punto de hacer un pago cuando empezó el remezón, haga como que ya le había dado a la cajera los S/. 100.00 y pida su vuelto. Todas estas recomendaciones son para los más audaces, pero no se puede negar que se puede tratar de sacar el lado positivo de una situación ´difícil´ ¿QUÉ HACER SI LE AGARRA UNO FUERTE EN UN SÓTANO? Ni se preocupe por salir corriendo a las gradas o al ascensor ya se jodió, total ¿para qué mierda va a subir, si ya todo el edificio viene para abajo? Mejor serénese, tiéndase en el piso en posición horizontal viendo hacia arriba y cruce las manos encima del pecho. Por lo menos cuando lo encuentren pensaran: ´éste murió en paz, y era un valiente, no corrió...´ ¿QUÉ HAGO SI EL REMEZÓN ME AGARRA EN CASA DE MI NOVIA? Antes que nada recuerde que debe demostrar que usted será el hombre de la casa algún día y sus suegros deben ver en usted a alguien sereno (calmaaaado. .. calmaaaado) Levántese y organice una salida ordenada por nada del mundo vaya a olvidarse de la abuela, agarre al cuñadito de 5 años que no soporta y finja preocupación por él, aproveche esta situación para meterle su buen ´sopapo´ a la suegra (ése que siempre le quería dar) alegando demencia y dígale después que era por salvarle la vida. Si su suegro le debe alguna, también haga lo mismo y ya sabe la excusa. ¿QUÉ HAGO SI LA RÉPLICA ME AGARRÓ A MEDIA PELÍCULA EN EL CINE? Para empezar, ¿quién mierda lo manda ir al cine en estos momentos de temblores? ¡Pero bueno! asumamos que fue lo suficientemente valiente y está en el cine en medio de aquél gentío y en la oscuridad total... si se va la luz no vaya a perder el tiempo gritando ´devuélvanme la plata!´ o puteando a la madre de todo el mundo... ¡Corra huevón! salte sobre los asientos si es necesario, pise cabezas, empuje a la gente con todas sus fuerzas, grite, y agarre todos los culos y tetas que pueda. OTRAS RECOMENDACIONES ADICIONALES: Si está en un edificio o casa, ande siempre con una bolsa plástica negra de su tamaño y cuando comience a temblar, métase en ella, ahórrele el trabajo a los tipos del rescate. Siempre lleve una medio kilo de Pedigree, Purina u otra comida para perros, para que los perros de rescate lo localicen más rápido en medio de los escombros. La información contenida en esta comunicación representa las opiniones y puntos de vista del autor .

Hay una frase que dice "Nadia sabe lo que tiene hasta que lo pierde" y todos en algun momento hemos despreciado en alguna manera lo que tenemos, pensamos que no queremos tener a esas personas importantes en nuestra vida. Sin mas los dejo con esta bonita reflexion, que aunque un poco larga, merece leerla, no te tardaras mas de 5 minutos. El Cuaderno Azul El cartero extendió el telegrama. José Roberto le agradeció, y mientras lo abría, una profunda arruga surcó su frente. Una expresión de sorpresa mas que de dolor. Palabras breves y precisas: - Tu padre falleció. Entierro 18 horas. Mamá. José Roberto continuó parado, mirando al vacío. Ninguna lágrima, ningún dolor. Nada! Era como si hubiera muerto un extraño. Por qué no sentía nada por la muerte del viejo? Como un torbellino de pensamientos confusos, avisó a la esposa, tomó el micro y se fue, venciendo los silenciosos kilómetros de ruta mientras la cabeza giraba a mil. En su interior, no quería ir al funeral y, si estaba en camino era solo para que la madre no estuviera más triste. Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien. La cuestión había llegado al final el día que, después de una lluvia de acusaciones, José Roberto había hecho las valijas y partió prometiendo nunca más poner los pies en aquella casa. Un empleo razonable, casamiento, llamadas a la madre para Navidad, Año Nuevo o Pascua… Se había desligado de la familia, no pensaba en el padre y la última cosa en la vida que deseaba era ser parecido a él. En el velorio: pocas personas. La madre pálida, helada, llorona. Cuando vio al hijo, las lágrimas corrieron silenciosas, fue un abrazo de desesperado silencio. Después, vio el cuerpo sereno envuelto por una manta de rosas rojas, como las que al padre le gustaba cultivar. José Roberto no vertió una sola lágrima, el corazón no podía. Era como estar delante de un desconocido, un extraño … Se quedó en casa con la madre hasta la noche, la besó y le prometió que volvería trayendo a los nietos y a la esposa para conocerla. Ahora, podría volver a casa, porque aquél que no lo amaba, no estaba mas para darle consejos ácidos ni para criticarlo. En el momento de la despedida la madre le colocó algo pequeño y rectangular en la mano - Hace mucho tiempo podrías haberlo recibido - dijo. Pero, infelizmente solo después que él se fue lo encontré entre las cosas más importantes… Fue un gesto mecánico, minutos después de comenzar el viaje, metió la mano en el bolsillo y sintió el regalo. La luz mortecina del micro, le mostró un pequeño cuaderno de tapa azul. Lo abrió curioso. Páginas amarillentas. En la primera, arriba, reconoció la caligrafía firme del padre: “Nació hoy José Roberto. Casi cuatro kilos! Es mi primer hijo, un muchachote! Estoy orgulloso de ser el padre de aquel que será mi continuación en la Tierra!”. A medida que hojeaba, devorando cada anotación, sentía un dolor en la boca del estómago, mezcla de dolor y perplejidad, pues las imágenes del pasado resurgieron firmes y atrevidas como si terminaran de pasar! “Hoy, mi hijo fue a la escuela. Es un hombrecito! Cuando lo vi de uniforme, me emocioné Y le deseé un futuro lleno de sabiduría. La vida de él será diferente de la mía, que no pude estudiar por haber sido obligado a ayudar a mi padre. Para mi hijo deseo lo mejor. No permitiré que la vida lo castigue”. Otra página “Roberto me pidió una bicicleta, mi salario no dá, pero él la merece porque es estudioso y dedicado. Pedí un préstamo que espero pagar con horas extras”. José Roberto se mordió los labios. Recordaba su intolerancia, De las peleas para tener la soñada bicicleta. Si todos los amigos ricos tenían una, por qué no podía tener la suya? “Es duro para un padre castigar a un hijo Y se que él me podrá odiar por eso pero, debo educarlo para su propio bien. Fue así como aprendí a ser un hombre honrado y esa es la única forma que se de educarlo”. José Roberto cerró los ojos y vio la escena cuando por causa de una borrachera, hubiera ido a la cárcel aquella noche, si el padre no hubiera aparecido para impedirle ir al baile con los amigos… Recordaba el auto retorcido y manchado de sangre que había chocado contra un árbol… Parecía oír sirenas, el llanto de toda la ciudad mientras cuatro cajones seguían lúgubremente para el cementerio. Las páginas se sucedían con cortas y largas anotaciones, llenas de respuestas que revelaban, en silencio y tristeza, que el padre lo había amado. El “viejo” escribía de madrugada. Momento de soledad, en un grito de silencio, porque era de esa manera como era él, nadie le había enseñado a llorar y a dividir sus dolores, el mundo esperaba que fuera duro para que no lo juzgaran ni débil ni cobarde. Y, ahora José Roberto estaba teniendo la prueba que, debajo de aquella fachada de fortaleza había un corazón tan tierno y lleno de amor. La última página. Aquella del día en que había partido: - “Dios, que hice mal para que mi hijo me odie tanto? Por qué soy considerado culpable, si no hice nada, sino intentar transformarlo en un hombre de bien? Mi Dios, no permitas que esta injusticia me atormente para siempre. Que un día, él pueda comprenderme y perdonar por no haber sabido ser el padre que él merecía tener.” Después no había más anotaciones y las hojas en blanco daban la idea de que el padre había muerto en ese momento, José Roberto cerró de prisa el cuaderno, el pecho le dolía. El corazón parecía haber crecido tanto, que luchaba para escapar por la boca. No vio el micro entrar en la terminal, se levantó desesperado y salió casi corriendo porque necesitaba aire puro para respirar. La aurora rompía el cielo y un día comenzaba. “Honre a su padre para que los días de su vejez sean tranquilos!” - alguna vez había oído esa frase y jamás había reflexionado la profundidad que ella contenía. En su egocéntrica ceguera de adolescente, jamás había parado para pensar en verdades más profundas. Para él, los padres eran descartables y sin valor como los papeles que son tirados a la basura. Aquellos días de poca reflexión todo era juventud, salud, belleza, música, color, alegría, despreocupación, vanidad. No era él un semidios? Ahora, el tiempo lo había envejecido, fatigado y también vuelto padre, aquel falso heroe. De repente. En el juego de la vida, él era el padre y sus actuales contestaciones. Como no había pensado en eso antes? Seguramente por no tener tiempo, pues estaba muy ocupado con los problemas, la lucha por la supervivencia, la sed de pasar fines de semana lejos de la ciudad, con ganas de profundizar en el silencio sin necesitar dialogar con sus hijos. Jamás tuvo la idea de comprar un cuaderno de tapa azul para anotar una frase sobre sus herederos, jamás le había pasado por la cabeza escribir que sentía orgullo de aquellos que continuan su nombre. Justamente él, que se consideraba el más completo padre de la Tierra? La vergüenza casi lo tiró con una lección de humildad. Quiso gritar, procurando agarrar al viejo para sacudirlo y abrazarlo, encontró solo el vacío. Había una raquítica rosa roja en el jardín de una casa, el sol terminaba de nacer. Entonces, José Roberto acarició los pétalos y recordó la mano del padre podando, y cuidando con amor. Por qué nunca percibió todo esto antes? Una lágrima brotó como el rocío, e irguiendo los ojos para el cielo dorado, de repente, sonrió y se desahogó en una confesión: - “Si Dios me mandara a elegir, juro que no querría haber tenido otro padre que no fueras tú viejo! Gracias por tanto amor, y perdóname por haber sido tan ciego.”
Conocidísima reflexión, pero vale la pena refrescarla en los tiempos que corren... Al año de nacido aprendí lo importante que es un juguete,sobre todo si sabe rico. A los 2 años, aprendí que caerse duele. A los 3 años, aprendí que duele más una palabra que un golpe. A los 4 años aprendí lo interesante que puede ser un rompecabezas. A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina... A los 6 años, aprendí que bañar a las tortugas con agua caliente las mata aunque huelan feo. A los 7 años, aprendí lo confortante que se siente un abrazo de papá o mamá cuando me sentía miedo o simplemente cuando sentía que necesitaba sentirme amado. A los 8 años, aprendí que no todo se puede arreglar con un berrinche. A los 9 años, aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta. A los 10 años, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo. A los 12 años, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenía más grandes en casa A los 13 años, aprendí que, cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería mi madre me mandaba a ordenarlo A los 15 años, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano, porque mi padre tenía frustraciones mayores... y la mano más pesada. A los 16 años, aprendí que mi hermana no era mi mayor enemiga. y que podía ser mi mejor confidente. A los 17 años, aprendí que emborracharte no siempre es el mejor sentimiento, (menos al otro día) y que no es la mejor forma de solucionar los problemas. A los 18 años, aprendí que no valía la pena discutir con mi madre. A los 19 años aprendí lo que duele dejar a alguien que amas. A los 20 años, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños. A los 21 años, aprendí que un libro puede llegar a ser una buena compañía. A los 22 años, aprendí que si encuentras a la mujer adecuada te puede enseñar a amar. A los 23 años, aprendí lo que es extrañar a alguien y lo grato que es volverlo a encontrar. A los 24 años, aprendí que con el tiempo las cosas se miran de una forma diferente. A los 25 años, aprendí que aunque me quería comer el mundo aun me faltaba mucha experiencia. A los 26 años, aprendí que no importa lo lejos que viajes cuando quieras huir de algo, tus problemas siempre te acompañaran a lo largo de toda la travesía. A los 27 años, aprendí que él titulo obtenido no era la meta soñada. A los 28 años, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la cabeza la vida entera. A los 30 años, aprendí que se necesita mucho amor, paciencia y inteligencia para vivir con alguien. A los 31 años, aprendí lo que es ser padre y me empecé a dar cuenta de lo que eso significa. A los 32 años, me di cuenta lo que me faltó hablar y convivir con mi padre y lo mucho que me faltó aprender de él. A los 33 años, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo. A los 34 años, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada. A los 35 años, aprendí que puedes deprimirte como cuando tenías 17 años y eso no esta mal, solo significa que estás empezando a pensar en tí mismo. A los 36 años, entendí que mi madre no va cambiar y sigue siendo inútil discutir con ella. A los 37 años, comprendí lo lejos que estaba de saber quien era. A los 38 años, aprendí que a veces la vida se repite y duele igual que la primera vez. A los 39 años, aprendí que ser buen amigo no se trata solo de recibir. A los 40 años, aprendí que, si estás llevando una vida sin fracasos, no estás corriendo los suficientes riesgos. Luego, al pasar de los años aprendí. Que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo con un pequeño detalle que casi siempre no cuesta nada. Que niños y abuelos son aliados naturales. Que ver una buena película puede darme una tarde agradable. Que aprender a aceptarme como soy me puede ayudar a no sentirme tan solo. Que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos. Que no puedo cambiar lo que pasó pero puedo dejarlo atrás. Que las cosas que te pasan y que te duelen siempre te dejan una enseñanza y esté en tí aprender de ella. Que nunca es tarde para decir lo siento y perdón. Que puede doler pero sé que después me voy a sentir mejor. Que nunca es tarde para decir la verdad (por mas dura que esta sea) y que tampoco es tarde para enfrentar a quien le hice daño si aquélla persona te quiere te sabrá entender y perdonar. Que pedir ayuda puede dar mucha vergüenza y miedo, pero que a veces es necesario y hay que sacar fuerzas y valor para hacerlo. Que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca suceden. Que esperar a los hijos despierto cuando salen de noche no va a hacer que lleguen más temprano. Que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo. Que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea. Que me hubiera gustado tener la experiencia que tengo ahora cuando era mas joven, seguramente no habría dejado pasar muchas oportunidades. Y que ahora entiendo que eso es imposible y que solo me queda aplicar mis experiencias y no perder la oportunidad de encontrar a un amigo. Que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas. Aprendí que envejecer es importante. Aprendí que amé menos de lo que hubiera debido. Y hoy... me doy cuenta que todavía tengo mucho para aprender . No importa la edad que tengas, aun estás a tiempo de cambiar las cosas y ser feliz.
Hace muchos años, un voluntario en un Hospital, conocio a una niñita, quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperación aparentemente era una transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatirla. El médico explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. El niño se detubo unos segundos, un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: -Si, lo haré, si eso salva a mi hermana-. Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonreía mientras los doctoes asistían a ambos, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Pero al rato la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al médico y le preguntó con voz temblorosa -¿A qué hora empezaré a morirme?- Siendo solo un niño, no había comprendido al médico, pensaba que le daría toda su sangre a su hermana... ¡Y aún así se la daba! Da todo por quien ames. Actitud, después de todo, es todo.
La pregunta más importante Durante el segundo semestre en la Escuela de Enfermería, mi profesor tomó un examen sorpresa. Yo era una estudiante conciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero... ¿Cómo iba yo a saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la ultima pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. -Absolutamente-, dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: -¡Hola!- Yo nunca olvidé esa lección. ¡Ah!, y también aprendí su nombre... Anonimo. Respeta a cada ser humano que conozcas, todos somos únicos e importantes.