javibravo98
Usuario (Argentina)

Actualmente el país lleva adelante en forma paralela tres proyectos en materia de cohetería; El Programa de Inyector Satelital para Cargas Útiles Livianas (ISCUL), El proyecto Grandes Dimensiones Propulsante Compuesto (GRADICOM), y el Programa de Acceso al Espacio para la Defensa. Veamos entonces cuales son las características principales de cada uno de ellos. 18Proyecto GRADICOM El proyecto Grandes Dimensiones Propulsante Compuesto (GRADICOM) es de carácter dual (civil y militar), y se desarrolla bajo la órbita del Ministerio de Defensa (MINDEF). La institución encargada de liderarlo es el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF). El programa tiene como objetivo principal el desarrollo de motores cohete de combustible sólido, con miras a su utilización en cohetes sonda, lanzadores satelitales, cohetes de artillería, y misiles. Argentina alcanzó un importante grado de avance en el desarrollo de motores de combustible sólido hacia fines de los 80, el cual se vio forzado a abandonar como consecuencia de las fuertes presiones políticas y económicas ejercidas por parte de Estados Unidos, que actuando en complicidad con el gobierno de Carlos Menem –este último oficiando de entreguista-, logró la cancelación del proyecto y la imposición al país de abandonar las actividades en materia de cohetería. El país abandonó de esta manera durante más de veinte años el desarrollo tecnológico en materia de vectores, y en cierta manera, podría decirse que el proyecto GRADICOM surge como un intento de recuperar el terreno perdido en la materia. El proyecto busca recuperar y desarrollar conocimientos y capacidades en materia de cohetería, como ser diseño estructural, electrónica, química de propulsantes, aerodinámica, hidráulica, energía térmica y rampas de lanzamiento, de manera que puedan ser transferidas luego al ámbito civil -cohetes sonda e inyectores satelitales-, y al militar -misiles y cohetes de artillería-. Junto a CITEDEF participan en este proyecto otras instituciones del sector científico y tecnológico nacional, como El Instituto Universitario Aeronáutico (IUA) y el Centro de Investigaciones Aplicadas de la Fuerza Aérea Argentina. Es en el marco de este proyecto que se efectúa en el año 2009 el lanzamiento del cohete sonda GRADICOM I, un vector de una sola etapa cuya finalidad era la homologación del motor Gradicom, y con el cual se esperaba alcanzar una altura máxima -apogeo- de entre 40 y 60 km. Posteriormente en 2011, en un intento de lograr un mayor alcance -un apogeo de entre 90 y 100 km- se llevó a cabo el lanzamiento del cohete GRADICOM II, un vector de mayor complejidad que su antecesor que constaba de dos etapas y módulo de carga útil conteniendo un GPS y diversos sensores encargados de medir parámetros de vuelo, temperatura, presión, etc. Actualmente se encuentra en desarrollo el GRADICOM III, vector de dos etapas, mayor diámetro, y que incluirá además la recuperación de carga útil. Con el GRADICOM III se espera alcanzar los 350 km de altura. El lanzamiento del mismo fue anunciado por el MIDEF para ocurrir durante el año 2014, pero finalmente el año transcurrió sin que hubiera novedades al respecto. De momento, se desconoce cuál sería la fecha tentativa para el lanzamiento, aunque se especula que podría acontecer durante el primer semestre del año en curso. Programa de Acceso al Espacio para la Defensa Este proyecto se desarrolla en el ámbito militar, bajo la órbita del Ministerio de Defensa (MINDEF), y es liderado por la Dirección General de Investigación y Desarrollo (DGID) de la Fuerza Aérea Argentina con participación del CITEDEF y Fabricaciones Militares (FM). El proyecto persigue el objetivo de poder realizar en el espacio ultraterrestre acciones tendientes a garantizar la defensa nacional; Observación terrestre, comunicaciones, control de fronteras y del Área Económica Exclusiva del Mar Argentino. En dicho marco se realiza en el año 2013 -haciendo uso de algunas tecnologías desarrolladas a través del Proyecto Gradicom-, el lanzamiento del vector Centenario, un cohete de una sola etapa, módulo de carga útil, propulsado por un motor de combustible sólido. Este lanzamiento incluyó además la recuperación del módulo de carga útil que llevaba a bordo diversos experimentos, por ejemplo, para efectuar análisis meteorológicos y de vibraciones. Diversas instituciones participaron con sus experimentos en el módulo de carga útil; El Instituto Universitario (IUA), La Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), la Universidad Nacional del Comahue (UNCOMA), y la Asociación Argentina de Tecnología Espacial (AATE). La próxima etapa del proyecto contempla el lanzamiento de un vector de dos etapas denominado FAS 1500, cuyo lanzamiento fue anunciado por el MINDEF para ocurrir durante el año en curso. Uno de los objetivos del Programa de Acceso al Espacio para la Defensa es el desarrollo de una familia de cohetes sonda que puedan, a través del tiempo, escalar en tamaño y capacidad, finalizando posiblemente en el desarrollo de un inyector satelital de nano y microsatélites. Programa de Inyector Satelital para Cargas Útiles Livianas.. ste proyecto se desarrolla en el ámbito civil, bajo la órbita del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (MINPLAN). La institución encargada de liderarlo es la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). El ISCUL tiene como finalidad la elaboración de todas las etapas necesarias para que el país disponga de un lanzador satelital -denominado Tronador- con capacidad de poner en órbita polar a una altura de 600 km, satélites de hasta 250 kg de peso -serie SARE-, dentro de una estrategia de desarrollo satelital conocida como arquitectura segmentada. De esta manera el país busca poder efectuar varios lanzamientos de la serie SARE por año, y realizar además el lanzamiento de pequeños satélites pertenecientes a otros países de la región. Participan asimismo del proyecto ISCUL un importante número de instituciones del sistema científico y tecnológico nacional; el Centro de Investigaciones Ópticas (CIOp), el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), el Instituto Universitario Aeronáutico (IUA), y el Departamento de Electrotecnia y el Grupo de Ensayos Mecánicos Aplicados (GEMA) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Grupo de Procesamiento de Señales, Identificación y Control (GPSIC) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Diversas empresas del sector público y privado tienen también participación en el proyecto, ya sea en el desarrollo de componentes para el lanzador o de aquellos destinados a la construcción de las facilidades auxiliares del mismo -área de ensayos de motores, área de integración final del lanzador con el satélite, plataforma de lanzamiento, planta de producción de propelentes-. Una etapa posterior del proyecto ISCUL contempla el desarrollo de un inyector satelital de mayor porte y mayor capacidad de carga -hasta 1000 kg en órbita LEO-, denominado Tronador III. Si bien la información oficial al respecto es muy escasa –por no decir nula-, se especula que se trataría de un vector híbrido con aceleradores –conocidos como “boosters”- de combustible sólido en la primera etapa, mientras que utilizaría combustible líquido en las etapas superiores. En este punto -boosters de combustible sólido- es donde el proyecto ISCUL se estaría beneficiando de una capacidad desarrollada mediante el proyecto GRADICOM. En el marco del proyecto ISCUL se realizaron diversos lanzamientos de vectores que han ido escalando en tamaño y capacidad. En el año 2007 se lanza el Tronador I, un pequeño cohete que apenas superaba los 3 metros de longitud con motor e combustible líquido, que si bien no fue el primer motor cohete de este tipo desarrollado en el país, si fue el primero en ser utilizado para impulsar un cohete sonda. Con diferentes grados de éxito –lanzamientos exitosos y fallidos- se llevaron a cabo luego diversos lanzamientos; Tronador 1b, T4000, Vex-1A y Vex-1B, estimándose el próximo -Vex-5A- para acontecer durante el primer semestre de este año. El Tronador ha alcanzado en la actualidad un importante grado de madurez mediante el cual el país ha logrado desarrollar y dominar tecnologías que resultan fundamentales para el éxito del proyecto ISCUL. De no mediar una decisión política en sentido contrario, el proyecto ISCUL debiera poder colocar su primera carga en órbita en el mediano plazo.

El Hércules TC-64 de la Fuerza Aérea Argentina, encargado de los relevos antárticos, quedó en Río Gallegos tratando de volar al continente blanco. Intentó llevar a las máximas autoridades de la Fuerza que iban a cerrar la Campaña Antártica, pero se declaró en emergencia 45 minutos después de decolar. Desperfectos mecánicos impiden completar la misión que había sido suspendida hasta nueva orden. Asimismo, con motivo del Cierre de la Campaña Antártica 2014/2015, quedo varada en Río Gallegos una comitiva de 60 personas que tiene como objetivo volar a la Base Marambio para realizar el acto oficial que anualmente encabezan autoridades argentinas, quienes viajan a bordo de las máquinas antárticas, los multifuncionales Hércules C-130 que posee Fuerza Aérea Argentina, de los cuales hay tres: dos de ellos están parados, sin poder volar, en el aeropuerto de esta ciudad y solo uno permanece operativo, el TC-70. En la comitiva oficial, se encuentran dos las más altas autoridades de la Fuerza Aérea Argentina, el Brigadier Mayor Mario Miguel Callejo, Jefe del Estado Mayor General y el Brigadier Mario Fernando Roca Comandante de adiestramiento y alistamiento. El avión permaneció parado, a la espera de los mecánicos que llegaron desde Buenos Aires. Rápidamente se alistó el otro Hércules con matrícula T-64 y en el día de ayer, dando cumplimiento al cronograma establecido, con tripulación completa y los 60 integrantes de la comitiva oficial, despegó del Aeropuerto Internacional de Río Gallegos a las 07:30hs, con destino a la Base Marambio. Asimismo, estarían pensando en regresar a Buenos Aires, a bordo de un Foker 28 de FFAA que arribaría a esta ciudad. Por este motivo, quedaría suspendido, momentáneamente, el acto anual de cierre de campaña antártica 2014. El material aeronáutico se encuentra al límite de su operatividad, debido a la falta de presupuesto, de repuestos y a problemas logísticos, que impiden en estos últimos años que las máquinas y los equipos de trabajo antártico, puedan cumplir los objetivos que anualmente tienen asignado reglamentariamente. (Luis Piñeiro, corresponsal en Argentina)
iEn el curso “Ocean Color” en el Centro Espacial de la CONAE, profesionales de las áreas de segmento terreno, operación, aplicaciones y ciencia, se capacitan para la próxima misión satelital argentino-brasilera SABIAMAR La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) del Ministerio de Planificación Federal e Inversión Pública organizó el Curso “Ocean Color” sobre aplicaciones de los sensores remotos a la observación del color del océano, brindado por expertos de la NASA, provenientes del Centro de Vuelo Espacial Goddard y de la Universidad de Cornell, de los Estados Unidos. Esta vinculación se da en el marco de la cooperación vigente entre ambas agencias espaciales, y en particular con la fructífera experiencia de trabajo conjunto entre CONAE y NASA en la Misión SAC-D Aquarius, actualmente en órbita. El curso se desarrolla en el Centro Espacial Teófilo Tabanera de la CONAE en la provincia de Córdoba, desde el 23 de Febrero al 6 de Marzo de Tiene el objetivo de capacitar y entrenar a profesionales y técnicos de las áreas de segmento terreno, operación, aplicaciones y ciencia que se desempeñarán en distintas instancias de la próxima misión satelital argentino-brasilera SABIAMar, la cual está actualmente en desarrollo. Durante dos semanas los instructores Bruce Monger, de Cornell University, Sean Bailey, Jeremy Werdell y Liang Hong, del Centro Goddard de la NASA, comparten experiencias y brindan entrenamiento en temas relacionados a calibración, validación, procesamiento, desarrollo de algoritmos, generación de productos y aplicaciones oceanográficas de datos provenientes de misiones satelitales para estudio de mares y océanos. Este curso se orienta a la capacitación del equipo que trabajará en la nueva misión satelital SABIAMar actualmente en desarrollo, en cooperación entre la CONAE y la Agencia Espacial Brasilera (AEB) y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE). La misión, integrada por dos satélites, SABIAMAR 1 y SABIAMAR 2, estará dedicada a observar costas, mares y océanos, con especial atención sobre América del Sur; para estimar la concentración de clorofila y otras variables como el contenido de sedimentos y materia orgánica. Los datos obtenidos mediante estos satélites desde el espacio, permitirán mejorar el conocimiento de los procesos y dinámica costeros, marinos y oceánicos, los cuales tienen un aporte directo sobre la estimación de la producción primaria en el mar, aportes para el manejo racional de la actividad pesquera, de gran importancia para nuestro país, como así también contribución a la determinación de biomasa, estudios sobre biodiversidad y cambio climático.- SOY NUEVO EN ESTO DE TARINGA Y LE GRADECERIA MUCHO SI ME DEJAN ALGUNOS PUNTILLOS,Y SI TE AGRADAN LAS NOTICIAS DEL AMBITO ESPACIAL ARGENTINO TE INVITO A DAR UNA VUELTA POR MIS OTROS POST..

Nacido como un plan de defensa durante la última dictadura militar, el Cóndor fue el primer proyecto espacial argentino. Se trataba de un cohete MRBM (misil balístico de alcance medio) propulsado por combustible sólido, capaz de llevar una carga útil de 500 kilos hasta unos 1000 kilómetros de altura. Más allá de su potencialidad bélica, el proyecto surgió de la idea de poner en órbita baja ciertos tipos de satélites, y un desarrollo posterior hubiera permitido, en teoría, dar como resultado un vector adecuado para elevar cargas más grandes a mayor altura. Lamentablemente, a principios de la década del 90, el cohete quedó reducido a bloques de chatarra, en un acto de destrucción que se llevó a cabo en una base norteamericana, a miles de kilómetros de los técnicos, científicos y militares que le habían dado vida. La historia de Cóndor (o mejor dicho, de su destrucción) sigue aún hoy siendo un misterio. En ella se entremezclan vendedores de armas, traficantes de tecnología, financistas, agentes secretos, militares y científicos, que participaron en lo que –hasta hace pocos años- constituía el punto más alto del esfuerzo que hizo la Argentina por estar presente en un emprendimiento de defensa con amplias proyecciones civiles. Argentina en los inicios de la carrera espacial Desde que Rusia logró poner en órbita al Sputnik en 1957, todos los países poseedores de tecnología (ya sean solos o asociándose) intentaron ingresar a la carrera espacial. Nuestro país no fue la excepción y asumió el desafío de conquistar la nueva frontera: el espacio. En 1979, La Fuerza Aérea Argentina y la empresa del estado alemán Consen (subsidiaria de la firma Messerschmitt-Bölkow-Blohm) acordaron comenzar a trabajar en la construcción de un cohete en Argentina, con aplicaciones tanto en el campo militar, como -potencialmente- en la puesta en órbita de satélites. A fines de ese año comenzó la construcción del artefacto en la fábrica militar de Falda del Carmen, en la provincia de Córdoba. Esta planta fue hecha cumpliendo con los estándares más altos de calidad y seguridad, y hasta su desmantelamiento (en el año 1992) fue una de las instalaciones militares más secretas de la Argentina. El mayor impulso del proyecto se produjo en 1982, durante la Guerra de Malvinas: el conflicto bélico con los ingleses le dio un empuje decisivo al objetivo de lograr una posición independiente en materia de tecnología misilística, ya que le demostró a los militares de la última dictadura argentina los riesgos de depender de terceros países en la provisión de tecnología. Para cuando la guerra terminó, el proyecto ya llevaba tres años de avances y ensayos sobre la base de la propuesta alemana, que estaba en sintonía con las necesidades de los militares argentinos. Pero también obedecía a una necesidad de los europeos de avanzar con un contrato previo que tenían con Egipto para la construcción de misiles. Otras versiones indican que la empresa Consen consiguió que los egipcios financiaran el proyecto con posterioridad, cuando a la Fuerza Aérea se le habían acabado los fondos a fines de 1984 y principios de 1985. Aún hoy, habiendo pasado muchos años y diversas investigaciones periodísticas, no se sabe cuál de las dos versiones es cierta. Sin embargo, el hecho concreto es que, en un momento determinado, el proyecto de construcción del Cóndor continuó con la financiación egipcia, y con la empresa Consen haciendo de intermediaria entre las dos puntas. Pero ¿Por qué Egipto accedería a financiar un proyecto misilístico argentino? La razón sería que, desde el fin de la Guerra de los Seis Días la nación africana había buscado (con suerte diversa) proveerse de misiles, afrontando el mismo problema que la Argentina había tenido luego de Malvinas, la que lo convertía en un socio ideal para el país. Otras fuentes, sin embargo, sostienen que la verdadera fuente de financiación detrás de Egipto era Arabia Saudita. Años más tarde, Estados Unidos comenzó a presionar por la terminación del proyecto, al señalar a Irak. Esta es la versión que, en el año 2000, sostuvo Robert Walpole, oficial de la CIA, en su declaración ante el Subcomité de Seguridad Internacional del Senado de Estados Unidos. Walpole fue uno de los agentes que fueron presentados como “científicos” por el gobierno norteamericano a efectos de inspeccionar, en 1991, la fábrica cordobesa de Falda del Carmen. Si bien estas versiones difieren en cómo fueron los hechos, existen varios puntos en las que todas concuerdan: en el Proyecto Cóndor los argentinos pusieron mano de obra técnica, los europeos la tecnología y los egipcios el dinero. De esta manera, la Argentina se quedaría con el conocimiento a través de la transferencia de tecnología, los egipcios tendrían finalmente sus misiles, y los europeos enormes ganancias. La trama secreta detrás del Cóndor Conociendo estos datos, la pregunta obligada que debemos hacernos cómo logró la firma Consen llevar adelante el negocio de proveer a los egipcios y conseguir los materiales necesarios –sobre los que pesaban estrictas vigilancias internacionales- para la fabricación del cohete en la Argentina. Y la respuesta es: creando una red de empresas subsidiarias para que consiguieran todo lo necesario. Distintos reportes de la época mencionan a SNIA-BPD, una subsidiaria de FIAT que aportó la tecnología del combustible sólido. Por su parte, la compañía francesa Sagem aportó el guiado del misil. Otras empresas que participaron son: Transtechnica, subsidiaria de MBB, la alemana MAN, Delta Consul, Ifat, Desintec, entre otras. Con esta red de proveedores, el proyecto se dividía en dos etapas. La primera de ellas apuntaba a desarrollar la tecnología del combustible sólido y a construir un modelo de pruebas, que se denominó Cóndor I. En la segunda etapa se esperaba alcanzar un vehículo de dos etapas, dotados de mecanismos automatizados de control de navegación, con capacidad de llevar 500 kilos más allá de los 1000 kilómetros de altura. El Cóndor en democracia La planta de fabricación estaba casi terminada y el proyecto del cohete argentino se encontraba en un punto crucial para cuando llegó nuevamente la democracia. A comienzos de 1984, la Fuerza Aérea le informó al gobierno radical de la existencia del Cóndor y, sobre todo, de la necesidad de apoyarlo para poder seguir adelante. Formalmente, los radicales conocieron el proyecto cuando Raúl Tomás, el entonces subsecretario para la Producción de la Defensa del gobierno, se reunió con el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Teodoro Waldner. En un primer momento, los radicales decidieron apoyar el proyecto principalmente porque era una forma de mantener “ocupados” a los aviadores y alejarlos de la entonces conflictividad política del Ejército y La Armada. Por otro lado, la continuidad del proyecto abría la posibilidad de exportar la tecnología, con lo cual se presentaba como una nueva forma de obtener fondos para el flaco presupuesto militar. Sin embargo, curiosamente, el Brigadier Waldner no consideraba que el Cóndor fuera un tema prioritario para la fuerza que conducía. Como muchos otros integrantes de esa fuerza, él prefería que los fondos oficiales se destinaran a reponer y modernizar la flota de aviones de combate raleada tras la Guerra de Malvinas. Ellos hubieran preferido dar prioridad al proyecto de construcción del entrenador AI-63 Pampa. Finalmente, los radicales dieron luz verde al Cóndor con fondos egipcios y el entonces presidente Raúl Alfonsín firmó en abril de 1985 el decreto secreto 604/85, mediante el cual Argentina acordaba entregar 44 motores Egipto. De esta manera, Consen y Argentina continuaron buscando y obteniendo la tecnología que necesitaban para la construcción del Cóndor. Las restricciones post-Malvinas impuestas al país se sortearon con ingenio: las compras se concretaban a través de la red de empresas, o bien eran realizadas por entidades de investigación “insospechadas”. Se consiguieron así componentes para los sistemas de guiado, elementos para la fabricación del combustible sólido, las partes para la cola basculante del misil…todo llegaba y el Cóndor avanzaba a paso firme. En 1987, el sucesor de Waldner, el Brigadier Crespo, con motivo de su discurso por el 75° aniversario de la Fuerza Aérea, planteó al poder político que la Argentina debía decidirse si iba a convertirse o no en exportador de material bélico. Esto exacerbó los ánimos internacionales, ya que desde 1986, sobre todo Inglaterra e Israel habían comenzado a seguir de cerca lo que aquí se hacía. A los ingleses les preocupaba que Argentina obtuviera un misil de largo alcance con el que podría alcanzar las islas Malvinas, e iniciar nuevamente un conflicto bélico. Por su parte, la preocupación de Israel era que, a través de Egipto, el misil llegara a manos de sus enemigos en Medio Oriente. Ambos países le transmitieron sus preocupaciones y lograron acaparar la atención de Estados Unidos. Mientras los científicos y técnicos seguían trabajando en el Cóndor, los socios egipcios decidieron montar una jugada audaz y adquirieron componentes en Estados Unidos. En 1988, Fuad Algamal, un brigadier de la Fuerza Aérea de Egipto, llegó al país del norte con pasaporte diplomático para comprar todas las partes necesarias. Estos movimientos fueron monitoreados por agentes estadounidenses y, en el mes de junio, hubo una formal acusación a las empresas norteamericanas por transferencia ilegal de tecnología. Este traspié egipcio cambió radicalmente el panorama e hizo que se desplomara la red de empresas subsidiarias italianas que abastecían a la Argentina. De hecho, en septiembre, FIAT debió emitir un comunicado negando haber tenido participación alguna en el proyecto Cóndor. El advenimiento del final En ese contexto, la presión ejercida por Estados Unidos siguió aumentando mientras que la firma alemana MBB decidió retirarse del negocio, según algunas fuentes, para evitar poner en riesgo su lucrativo papel en varios proyectos multilaterales que mantenía con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Sumado esto, los Estados Unidos a través de distintos contactos oficiales (especialmente a través del entonces embajador Terence Todman) le hicieron saber a la Argentina que la existencia del proyecto Cóndor era un obstáculo para las buenas relaciones entre ambos países. Del lado argentino, este argumento y las presiones estadounidenses no pasaron desapercibidos por los ministros Domingo Cavallo y Guido Di Tella, ambos funcionarios del gobierno menemista, quienes fueron los que más presionaron para abortar el proyecto. En tanto, el Ministro de Defensa de la Nación, Erman González, repetía incansablemente en declaraciones públicas que el proyecto había sido paralizado por orden del presidente Menem. Pese a la paralización del proyecto, los norteamericanos desconfiaban de la capacidad de los políticos locales de controlar lo que hacía la Fuerza Aérea, y siguieron aportando al doble juego: presionar por un lado y prometer ventajas económicas por el otro. Para 1991, los norteamericanos consiguieron una autorización para enviar a un grupo de “científicos” a ls planta de Falda del Carmen y otras instalaciones militares argentinas. Tras la recorrida, la comitiva de expertos se retiró convencida que había más de lo que se les había mostrado y elaboraron un informe para el embajador Todman en el que se confirmaba la existencia en la fábrica de elementos para construir misiles de combustible sólido. El contexto de la política de alineamiento incondicional del menemismo favoreció los sucesivos intentos de los estadounidenses de desarticular el proyecto. Incluso, más allá del anuncio argentino de adherir al Régimen de Control de Tecnología Misilística, Todman solicitó la voladura de la planta de Falda del Carmen. Crónica de una muerte anunciada Finalmente, se fijó la fecha de defunción del Cóndor el 28 de mayo de 1991. Ese día, el Ministro Erman González anunció públicamente el desmantelamiento del proyecto y el pase de todas las instalaciones y el personal a la flamante y recientemente creada Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Con la muerte del Cóndor anunciada, aun hubo otra pelea más por sus despojos: los norteamericanos presionaban para que el misil y sus componentes fueran destruidos en Estados Unidos. Esto era algo inaceptable para los científicos, técnicos y aviadores argentinos que habían participado en el proyecto. Finalmente, se debió llegar a un acuerdo: las partes serían destruidas en España, donde sería el destino definitivo del cohete argentino. Pero tampoco fue así. En una extraña operación, los restos del misil fueron llevados de España a Estados Unidos, donde realmente ocurrió su desmantelamiento. Más allá de los motivos que le dieron vida, el Proyecto Cóndor fue un desarrollo argentino que aspiró a lograr independencia tecnológica en áreas clave para los intereses nacionales, como lo son la investigación, la defensa y la soberanía. También fue un proyecto que nos hubiera permitido incorporarnos temporalmente al pequeño conjunto de países con lanzadores espaciales. Su continuidad, quizás, podría haberse logrado con ofrecer garantías de su uso pacífico, como ocurre en muchas otras áreas del desarrollo tecnológico argentino como son la energía nuclear y el enriquecimiento de Uranio. Quizás hubiese sido cuestión de inteligencia y también, por supuesto, de voluntad. Lo cierto es que el Cóndor murió porque lo dejamos morir. soy nuevo en esto de taringa y le agradeceria mucho si me dejan algunos puntillos...ya de antemano le agradesco que allan visto el post..
En su nuevo libro, los periodistas Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio entregan una exhaustiva investigación sobre la formación rocosa que se espera modifique el panorama energético, aunque los interrogantes todavía son muchos. Infobae publica un adelanto Crédito: AFP Kent Bowker respiró hondo. Sabía que estaba frente a una oportunidad única. Quería mostrarle al mundo que Estados Unidos podía volver a autoabastecerse de energía. Todo gracias al gas y al petróleo escondidos en las burbujas microscópicas de la roca Barnett, hundida 2.300 metros bajo el suelo del norte de Texas. Bowker no había transitado nunca los pasillos del Capitolio, donde el presidente Bill Clinton acababa de zafar de la destitución por el escándalo Lewinsky. Tampoco estaba demasiado al tanto de la invasión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a los Balcanes, que mantenía ocupado a mediados de 1999 al establishment político estadounidense. Era un geólogo texano simplón, campechano y con sobrepeso, que acababa de renunciar a Chevron desencantado por el desmantelamiento de su equipo de «gas no convencional», al que algunos de sus ejecutivos se referían con sorna como «gas no comercial». Faltaba apenas una década y media para que la misma multinacional desembarcara en Argentina como la principal socia de YPF (51% estatal) en Vaca Muerta, el mayor reservorio de hidrocarburos no convencionales en explotación fuera de Norteamérica. La empresa a la cual Bowker recién entraba a trabajar, Mitchell Energy, había apostado sin éxito desde principios de los 80 a extraer gas de formaciones shale como la Barnett. Aunque acababa de conseguir resultados sorprendentes en un par de pozos experimentales gracias a un cambio accidental en el fluido que usaba para fracturar la roca, sus acciones caían en picada en Wall Street. Los inversores empezaban a impacientarse ante sus masivas adquisiciones de campos que permanecían improductivos porque costaba perforar tan profundo, destruir las miniburbujas y extraer el gas que tanto necesitaba la superpotencia, al borde de otra crisis. El barril de crudo tomaba carrera para su salto más pronunciado de la era de los combustibles fósiles, mayor incluso que el posterior a la crisis del petróleo de 1973. Pero todavía cotizaba por debajo de los 20 dólares. Ninguneados durante décadas, los especialistas que advertían sobre el inminente agotamiento de la savia del capitalismo empezaban a aparecer en los diarios y la televisión. Bowker, un rubio alto y simpático, de vestir tradicional y lentes redondos sin marco, cumplidor con el trabajo pero amante del descanso, no tenía mucho margen de error. Sabía que para convencer al país y al mundo de que ahí había un tesoro, antes tenía que persuadir a la plana mayor de Mitchell de doblar su apuesta por esa roca. Si no, lo iban a congelar como en Chevron. La mayoría del directorio no compartía el entusiasmo del viejo George Mitchell, un magnate obsesionado con volver a sacar de las entrañas de Texas la energía que el Tío Sam ahora tenía que ir a buscar a tierras lejanas y hostiles como las de Medio Oriente. Kent ya se había ganado enemigos poderosos en el directorio, incluido al nuevo CEO de la compañía, por haberles dicho que estaban equivocados, que la Barnett tenía más gas de lo que ellos mismos creían, y que él podía contarles lo que había aprendido en Chevron. El geólogo rememora el momento más importante de su vida unos 15 años después, en su modesta oficina en The Woodlands, una ciudad en miniatura, arbolada como Cariló pero con asfalto y edificios modernos bajos, una urbe que desarrolló el mismo Mitchell en las afueras de Houston en la década del 70. Es el mismo lugar donde tenía su sede Mitchell Energy, la empresa que encabezó la revolución del shale. —Aquí hay cientos de años de gas. Ya nunca más el gas va a ser caro. Si baja mucho el precio, bajará la perforación, pero después volverá a subir el precio por esa eventual baja. El autoabastecimiento de petróleo es más difícil, pero el de gas está garantizado —se jacta sin exagerar este geólogo pionero del shale de 59 años. Sabe que Estados Unidos se reinventó en el último lustro y se siente en parte responsable del giro, con esa mezcla de orgullo y prepotencia tan propia de muchos petroleros. Aquel día de la primavera boreal de 1999, tras un año de cuentas y mediciones, Bowker subió al salón de conferencias del quinto piso del cuartel general de la compañía para enfrentar al directorio, encabezado por el propio Mitchell y su hijo Todd. Sintió la mirada hostil del CEO, Bill Stevens, que venía de ExxonMobil y pasaba sus horas buscando la forma de sacar a Mitchell de su obstinación por las profundidades de Texas y convencerlo de ir a perforar a África, como hacían las majors. Empezó a exponer sus cálculos en lenguaje técnico hasta que Mitchell lo interrumpió para preguntarle cuánto gas realmente había debajo de los miles de acres que había alquilado durante años y que se había comprometido a alquilar por muchos más. Entonces el geólogo pidió una calculadora y tras un minuto que duró una eternidad dijo: —185.000 millones de metros cúbicos de gas en cada milla cuadrada del área. Era más de cuatro veces lo calculado hasta entonces por la empresa. El veterano Mitchell le respondió con una gran sonrisa y ordenó que alquilaran más acres —medida usada en la industria petrolera equivalente a 0,4 hectáreas— en Barnett. El mapeo de Bowker fue la chispa que encendió la revolución del shale en Texas. El mismo efecto tendría para Vaca Muerta, 12 años después, en 2011, el informe de la Administración de Información sobre Energía (EIA, según sus siglas en inglés) de Estados Unidos que estimó que Argentina era el tercer país con más recursos de gas no convencional del mundo, solo por detrás de China y la superpotencia. Vaca Muerta es una roca hundida entre 1.000 y 3.000 metros debajo de la superficie de la provincia de Neuquén, y parte de Mendoza y Río Negro. En algunas zonas llega a aflorar en el suelo neuquino. Tiene una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados, similar a la de Bélgica. En 2013, la EIA recalculó y determinó que Argentina superaba a Estados Unidos y que además tenía el cuarto reservorio de recursos de petróleo no convencional del planeta (...). Estados Unidos inició su revolución del shale que lo convirtió en 2014 en el primer productor mundial de todos los hidrocarburos, por encima de Rusia, y que le ha permitido conseguir el autoabastecimiento de gas y soñar con el de petróleo, porque transformó esos recursos conocidos desde hace décadas en reservas Por un lado, bajó los costos para extraer el crudo y el gas de esquistos bituminosos, que son esas rocas arcillosas como las que exhibe Bowker, el geólogo que mensuró Barnett. Básicamente se combinaron dos técnicas ya conocidas en la industria: el fracking y los pozos horizontales, que se diferencian de los tradicionales que se perforan en forma vertical.Por otra parte, el precio interno del gas en Estados Unidos y la cotización internacional del petróleo subieron tanto en los años 2000 que se justificaron las inversiones en hidrocarburos no convencionales, que son de dos a cinco veces mayores a las requeridas en pozos convencionales En plena discusión sobre la conveniencia o no del acuerdo de YPF con Chevron para explotar la principal formación shale de Argentina, un ex economista jefe de la petrolera argentina durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) comparó recursos con reservas y llegó a decir que «lo que hay en Vaca Muerta equivale en barriles de petróleo a la mitad de las reservas de hidrocarburos de Arabia Saudita». El autor de la frase fue el diputado de Propuesta Republicana (PRO) Federico Sturzenegger, secretario de Política Económica en el gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001) y uno de los principales asesores de la candidatura presidencial de Mauricio Macri en 2015. Sturzenegger la publicó en un artículo del diario La Nación en junio de 2013. Más de un año después de aquel artículo, el 22 de septiembre de 2014, quedó claro que no solo el conservadurismo criollo se ilusionaba con la utopía saudita. La presidenta Cristina Kirchner se reunió ese día en Nueva York con el estadounidense de origen húngaro George Soros, quien por su patrimonio de 24.000 millones de dólares es el 20º hombre más rico del mundo, y compró en la bolsa el 3,5% de YPF entre 2013 y 2014. Horas después, en un encuentro con líderes sindicales de todo el mundo, la jefa de Estado se entusiasmó con Vaca Muerta: «Se habla ya de Argentina como la nueva Arabia Saudita», dijo. La Presidenta, que había viajado por la asamblea anual de la ONU y había aprovechado para concretar otras reuniones, les comentó a los gremialistas que la comparación con el país de Medio Oriente poseedor de un quinto de las reservas probadas de petróleo, solo superadas por Venezuela, había sido formulada por un funcionario norteamericano a un par argentino. Cristina Fernández de Kirchner aclaró que había una diferencia con Arabia: «No estamos en medio de guerras, no hay enfrentamiento religioso ni diferencias étnicas». Aquellas declaraciones ocurrieron antes de que los sauditas emprendieran una ofensiva en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para sobreabastecer el mercado y bajar el precio del barril, lo que numerosos analistas internacionales interpretaron como un intento de dejar fuera de combate a nuevos competidores, como los frackers de Estados Unidos. Este cartel clave para la definición del precio del barril está integrado por 12 países. Además de Arabia Saudita, lo forman Argelia, Angola, el Ecuador de Rafael Correa, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, los Emiratos Árabes donde trabaja Diego Maradona como embajador deportivo y la Venezuela de Nicolás Maduro. También hay quienes sostienen que la propia superpotencia estuvo detrás de esa rebaja del 46% en 2014, desde los 98 dólares por barril a los 53. Era un bajón dañino para su revival petrolero, pero aún más para países que la enfrentan en la arena diplomática, como Rusia o Venezuela. Dentro de la OPEP, los intentos venezolanos por concertar un recorte de la producción para sostener la cotización resultaron vanos frente al poder de Arabia Saudita, aliada de Estados Unidos (aunque también acusada de ser fuente de financiamiento del terrorismo islámico fuera de sus fronteras). Si el shale de Estados Unidos quedaba herido por el abaratamiento del petróleo, ¿qué sería de Vaca Muerta? Por un lado, el gobierno de Cristina Kirchner impuso un precio interno del barril que a principios de 2015 costaba 77 dólares en Neuquén, casi un 60% más que en el mercado internacional, con el fin de incentivar la inversión. Solo aceptó una rebaja del 5% para aliviar el precio de los combustibles en medio de una inflación anual del 37,3% en 2014, según las agencias provinciales de estadística. Por otro lado, el precio del gas, que no fluctúa como el del petróleo pero compite con él en el mercado de combustibles, también fue fijado por el gobierno argentino a un valor considerado alto por las petroleras. Esa cotización está además subsidiada por el Estado. Pero todos estos estímulos de precios enfrentan dos problemas. Por un lado, en el mundo, las multinacionales de los hidrocarburos están llenando menos sus billeteras que antes por la rebaja del crudo y, por lo tanto, tienen menos dinero para invertir en Vaca Muerta o en cualquier otro lado. Por otra parte, la exportación de crudo excedente de Argentina se retribuye al precio internacional, y no con el precio interno sostén, aunque el Gobierno anunció en enero de 2015 que subsidiará con 2 o 3 dólares por barril a cada empresa que la mantenga o aumente respecto de 2014. También subvencionará con 3 dólares el sostenimiento de la producción. En la industria petrolera prefieren evitar las comparaciones con Arabia Saudita. En la campaña argentina a favor del fracking que las empresas encargaron al Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), el presidente de esta entidad integrada por empresas públicas y privadas y sus proveedoras, el ingeniero Ernesto López Anadón, descartó una y otra vez en charlas con periodistas en los últimos 2 años que los recursos de gas de Vaca Muerta fueran a transformarse todos en reservas o que pudieran equivaler a la mitad de los del reino autoritario de Salmán bin Abdelaziz. No es técnica ni económicamente fácil hacer esos recursos explotables comercialmente. En la sede del IAPG en pleno centro porteño, en la calle Maipú, con la presentación de Power Point que repite y actualiza para mostrar también a políticos de diversas ideologías, López Anadón prefiere comparar Vaca Muerta con Loma La Lata, el yacimiento de gas convencional de la provincia de Neuquén que llegó a contar con la mitad de las reservas de Argentina. A partir de su desarrollo en los 70, Loma La Lata permitió una mayor oferta de gas en la matriz energética argentina, con la que se reemplazaron combustibles líquidos como insumo para centrales eléctricas, se expandió el polo petroquímico de Bahía Blanca —donde están las plantas de la belga Solvay Indupa, de la norteamericana Dow, Mega (de YPF, Dow y la estatal brasileña Petrobras) y Profertil (de YPF y la canadiense Agrium)— y se creó uno de los mayores parques automotores a gas natural comprimido (GNC) del mundo. Aún hoy, y aunque el gas ya no abunde como hasta fines de los 90, dos de los trece millones de vehículos que circulan en el país lo hacen a GNC. Vaca Muerta tiene recursos por 308 billones de pies cúbicos (TCF, por sus siglas en inglés) en una superficie 100 veces mayor a Loma La Lata. López Anadón especula con que si un décimo de esos recursos se transforma en reservas, significará que Argentina contará con el triple del gas que le proveyó Loma La Lata, cuya producción está en declive. Tres veces Loma La Lata sería mucho, suficiente para recuperar el autoabastecimiento y hasta para volver a exportar —si así lo decidieran los gobernantes de turno— pero no llegaría a la mitad de Arabia Saudita.
Sigue a continuación una nota de divulgación científica publicada hoy en Nex, portal de divulgación científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, destacando el trabajo que lleva adelante un grupo de investigadores del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), en el campo de la Geología Planetaria, una rama de la ciencia muy extendida en la naciones centrales pero incipiente en nuestro país. LA TIERRA FUERA DE LA TIERRA Por Patricia Olivella La Geología Planetaria o Astrogeología, es una ciencia interdisciplinaria que estudia los cuerpos celestes con una visión geológica. Para eso investigan, por ejemplo, si en Marte existieron ríos, cómo son los volcanes de Venus o la existencia de agua en la Luna.[/size Actualmente, los científicos están analizando imágenes de radar de una de las lunas de Saturno, Titán, tratando de inferir las propiedades de su superficie. Mauro Spagnuolo es geólogo y, como tal, trabaja como docente en el departamento de Geología y también es investigador asistente en el IDEAN (Instituto de Estudios Andinos Don Pablo Groeber). Sin embargo, su objeto de estudio se encuentra bastante más lejos. Es que Spagnuolo se dedica a la Geología Planetaria o Astrogeología. Si bien aún no ha conformado un grupo de investigación en el sentido estricto y formal, su trabajo va creciendo y el incipiente grupo va tomando forma. La Geología Planetaria o Astrogeología, es una ciencia interdisciplinaria que, como le gusta decir al investigador “estudia los cuerpos celestes (planetas, asteroides, lunas, etcétera) con una visión geológica”. Es un área de la geología que, como la geología misma, tiene infinidad de ramificaciones. “Así como la geología estudia desde los granos minerales más pequeños hasta la dinámica del manto o núcleo de la Tierra, la geología planetaria intenta conocer el origen y evolución de otros cuerpos celestes”, resume Spagnuolo. Para eso estudian, por ejemplo, si en Marte existieron ríos, cómo son los volcanes de Venus, la existencia de agua en la Luna, cómo se deformó Mercurio y por qué. “Es una ciencia en la que se comparan todo el tiempo todos los planetas. Se pregunta, por ejemplo, si un volcán funciona igual aquí en la Tierra que en Venus o en Io, una de las lunas de Júpiter”, agrega. Actualmente, junto con sus directores Víctor Ramos y Francisco Grings, el computador científico Pablo Perna y el estudiante de geología Federico Carballo (estos últimos integrantes el grupo de teledetección del Instituto de Astrofísica y Física del Espacio, IAFE) los científicos están analizando imágenes de radar de una de las lunas de Saturno, Titán, tratando de inferir las propiedades de su superficie. Otra línea de trabajo se centra en el planeta Marte. Se trata del estudio de estructuras subsuperficiales, es decir, de las fallas geológicas de Marte mediante el uso de radar. “También estamos comenzando a hacer modelos de arena junto con Jeremías Likerman del laboratorio de Modelado Geológico (LAMOGE) y Diego Winocur”, acota Spagnuolo. “Previamente, aunque esta investigación sigue, me sumé a un grupo de Estados Unidos con quienes estudiamos estructuras eólicas de la Puna Catamarqueña para comparar con estructuras eólicas observadas en Marte. Además de trabajo de campo se realizaron simulaciones en un túnel de viento para tratar de inferir qué velocidades de viento son necesarias para formar dichas estructuras, aquí, en la Tierra y en Marte”, explica el investigador. Aunque por el momento el trabajo realizado por Spagnuolo y sus compañeros es una investigación básica, podría tener implicancias futuras. “Si bien suena a ciencia ficción, es inminente (en lo que a tiempos geológicos significa) la colonización de la Luna y/o Marte y para ello, por ejemplo, es importante conocer si en el lugar de poner la base se pueden generar sismos o si está cerca de una fuente de agua”, sostiene. Para llevar a cabo su trabajo, los investigadores utilizan sensores remotos. Los datos son enviados por las sondas espaciales que han visitado varias regiones de nuestro sistema solar. Esta información puede llegar en forma de fotos, imágenes, datos químicos, datos de topografía, gravedad, etcétera. Con estos datos los investigadores trabajan analizándolos según las diferentes hipótesis de trabajo. “También hacemos trabajos de campo a ambientes similares -o por lo menos extrapolables- a los que podrían existir en Marte, por ejemplo, y se realizan estudios que luego se llevan a escala de las condiciones del cuerpo a estudiar. Es imprescindible, por ahora y dado que no tenemos acceso físico a terrenos extraterrestres, el uso de la computadora, ya sea en el análisis de la imágenes o en modelados numéricos”, dice el investigador. Actualmente el acceso a estos datos es libre, aunque los participantes de las diferentes misiones tienen prioridad sobre los mismos. “Nosotros accedemos a esos datos y los explotamos de manera creativa (o por lo menos lo intentamos). Muchas veces tuvimos muy buena acogida por parte de miembros de las misiones para facilitarnos algunos datos y terminamos trabajando en conjunto con ellos”, comenta Spagnuolo. La importancia del trabajo llevado a cabo por los científicos radica, en última instancia, en tratar de entender por qué la Tierra es como es. “Si bien, en general, se aplica a otros cuerpos, el conocimiento adquirido de la Geología Terrestre (valga la redundancia), lo más maravilloso para mí es cuando se puede entender un mecanismo terrestre gracias a una investigación en otro cuerpo celeste”, afirma Spagnuolo. “Además, como mencioné antes, es inminente la colonización espacial y por lo tanto será necesario conocer más a fondo los distintos cuerpos a los que se quiera llegar. También existe una rama económica, que hoy en día ya es una realidad: la explotación minera espacial y si bien por ahora no se ha concretado, hay empresas privadas que están invirtiendo en futuros proyectos de explotación de asteroides como recurso”, remata.
La Guerra de las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur fue un conflicto armado entre la República Argentina y el Reino Unido que tuvo lugar en las islas Malvinas en 1982, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La guerra se desarrolló entre el 2 de abril, día del desembarco argentino en las islas, y el 14 de junio de 1982, fecha del cese de hostilidades entre la Argentina y el Reino Unido de la Gran Bretaña. 2 de Abril: El desembarco de Las Fuerzas conjuntas argentinas ponen pie en las islas Malvinas. La recuperación de la islas se hace sin ocasionar bajas a los británicos ni a los Kelpers (Isleños no autóctonos). llevo a cabo LA OPERACIÓN ROSARIO. Con el objetivo de recuperar las Islas y así poder acelerar las negociaciones diplomáticas con el Reino Unido, y con ello romper la hegemonía Británica, antes que se cumplieran los 150 años de gobierno ininterrumpido, de lo contrario luego de eso ya no existiría derecho a reclamo. En los enfrentamientos se produce la primera baja de las fuerzas conjuntas, cae abatido por fuego enemigo el infante de marina Capitán de Corbeta Pedro E. Giachino. Gran Bretaña alerta a su Flota y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decide tratar la cuestión. En la Plaza de Mayo se realiza un acto popular de adhesión a la recuperación de las Malvinas, el presidente argentino Galtieri da un mensaje al país Algunas armas utilizadas en la guerra de Malvinas. Subfusil Sterling L34A1 calibre 9mm Foto: El comando anfibio cabo principal Jacinto Eliseo Batista conduce a los prisioneros británicos a entregar sus armas . Guerra de Malvinas, 1982 Subfusil Sterling L34A1 calibre 9mm con silenciador incorporado, usados por los comandos anfibios de la Armada, durante la recuperación de las Malvinas en 2 de abril de 1982. Caracteristicas: Sterling L34A1 silenced Pais: Reino Unido. Calibre: 9x19mm Luger/Parabellum/NATO Peso vacio: 3,6kg Rango de fuego: 550 disparos por minuto. Capacidad de Carga: 34 cartuchos . Rngo efectivo: 50 a 100 Mts Largo Total: (culatín, cerrado y abierto) 660 / 864mm. Subfusil FMK-3 Foto: Coronel Mohamed Alí Seineldín portando una Subfusil PA3-DM más conocida como FMK-3 calibre 9mm de origen Argentino, 2 de abril de 1982. Caracteristicas Subfusil FMK-3 Pais: Argentina Calibre: 9x19mm Luger/Para Peso vacio: 3,40 Kg. Cadencia de tiro: 650 disparos por minuto. Capacidad de carga: 25, 32 y 40 cartuchos . Rango efectivo: 100Mts Largo Total ( Culatín, Cerrado y abierto) 523/693mm Subfusil UZI 9mm standar [b Foto: Cabo 2° Mario Hector Paiz (Izquierda), y el Suboficial 2° Ramón López, 2 de abril de 1982, Pto Argentino Caracteristicas: Subfusil Uzi Standar Pais: Israel Calibre: 9×19 Luger/Para Peso vacio: 3,7Kg Largo total: 650mm Cadencia de fuego: 600 disparos por minuto. Capacidad de carga: 25 a 32 cartuchos . Rango efectivo: 200Mts Subfusil Halcón ML63 Foto: 2 de abril de 1982, Infanteria de Marina argentina en el Aéropuerto de las Islas Malvinas, uno de ellos trasporta un subfusil Halcón ML-63.Guerra de Malvinas 1982 Foto: Infante de marina argentino portando un subfusil Halcón ML63 dentro de su refugio. Guerra de Malvinas, 1982. (nuestra ariedad ciempre precente) Caracteristicas Pais: Argentina Calibre: 9mm Parabelum Peso: 3.6Kg Largo Total: 690 a 500 mm Longitud el Cañón: 170mm Sistema de Disparo: Retroceso de masas, Cerrojo cerrado. Cadencia de Tiro: 600 d/m Capacidad de Cargador: 20 a 42 cartuchos Alcance Efectivo: 200m FUSILES FM FAL Foto: Miembro de la FAA con un FALMP III (Fusil Automático Liviano Modelo Para III) mejor conocido como FAL Foto: Infantes de Marina, portado la primera versión argentina del FAL Belga. Puerto Argentino. Islas Malvinas Visores Nocturnos Argentinos Foto: Oficiales y soldados argentinos portando gafas de visión nocturna de origen norteamericano AN/PVS-5 (M-915).Guerra de Malvinas, 1982. Fusiles M-16 A1 Foto: Comandos argentinos, El Mayor Mario Castagneto jefe de la compañia de comandos 601 junto a sus camaradas comandos porta un fusil M-16. Guerra de Malvinas, 1982. Caracteristicas Pais: Estados Unidos Largo total: 986mm Peso: 2,89Kg Alcance efectivo: 450Mts Capacidad de carga: 20 a 30 cartuchos Cadencia de fuego: 650 a 750 disparos por minuto. Velocidad: 975m/s Fusiles de precisión Foto: Miembros de Compañia de Comandos 601 en la Isla Remolinos, uno de ellos porta un fusil Steyr SSG 69 para francotirador, calibre 7.62x51mm OTAN. Caracteristicas Pais: Austria Calibre: 7,62x 51mm NATO. Peso: 4Kg Largo Total: 1.119mm Sistema de disparo: Cerrojo Rango efectivo: 800Mts Rango Maximo: 3700Mts Ametralladora MAG Foto: Dos Infantes de Marina perteneciantes al BIM 5, el cabo Ismael Maciel y el Soldado Juan Ferreira operando una ametralladora MAG con tripode para tirodirecto. Guerra de Malvinas, 1982 Foto: Soldado argentino operando una ametralladora MAG, Puerto Argentino, Guerra de Malvinas, 1982. Caracteristicas Pais: Bélgica Calibre: 7.62 x 51mm Peso: 11.72Kg Cadencia de tiro: 650 a 1000 disparos por minuto. Alcance efectivo: 1800 Mts Longitud total: 1260mm Sistema de disparo: recarga accionada por gas. Cargador: cinta reutilizable o de eslabón desintegradle de 50, 100 o 200 cartuchos. Foto: El artillero de la FAA Carlos Almada dispara su MAG hacia el mar en una practica, dias despues Carlos Almada derribaria un Sea Harrier operando un cañón antiaéreo Rheinmetall 20 mm. Guerra de Malvinas, 1982. Ametralladora pesada M2HB Browning .50 (cal.12.7mm). Foto; Soldados del BIM5 preparando una ametralladora M2HB en Monte Tumbledown[/size Caracteristicas País: Estados Unidos Tipo: Ametralladora Pesada Calibre: 12.7mm Munición: .50 BMG Sistema de disparo: Recarga accionada por retroceso; retroceso corto Cadencia de tiro: 400 a 600 disparos por minuto. Alcance efectivo: 1800Mts Cargador: Cinta de munición (Caja) Velocidad maxima: 930 m/s Ametralladora Browning M1919 Foto: Policia Militar 181 en Puerto Argentino, detras se ve una ametralladora Browning M1919 instalada sobre un vehiculo.Guerra de malvinas 1982
Antes de fin de año se terminará la instalación de cuatro radares primarios que controlarán el espacio aéreo en la frontera norte de la Argentina. Cada uno de ellos tiene una cobertura de 400 kilómetros y son fabricados por la empresa INVAP Agencia TSS - El Radar Primario Argentino (RPA) permite identificar aeronaves y, a diferencia de un radar secundario, no necesita que el avión envíe ninguna información en forma voluntaria. Es un desarrollo que Fabricaciones Militares encargó a la empresa rionegrina INVAP y es la primera vez que se desarrollan este tipo de radares en el país. “Ya hay un radar instalado que se inauguró a finales del año pasado en Formosa (en la localidad de Las Lomitas) y se suma al prototipo que está instalado en Morón. De los seis radares de la primera serie se va a terminar la instalación de los primeros cuatro radares durante este año”, afirma Leandro Navarro, subsecretario de Investigación, Desarrollo y Producción para la Defensa del Ministerio de Defensa. El siguiente RPA se instalará en Ingeniero Juárez, también en la provincia de Formosa. La mayoría de estos radares, que tienen un radio de cobertura de 400 kilómetros, se instalarán en la frontera norte de la Argentina, principalmente en Formosa y Misiones. Cubrir esta frontera es prioritario debido a la necesidad de controlar el vuelo de aeronaves de bajo porte relacionadas con el narcotráfico. Sin embargo, los contratos de otras series siguientes irán cubriendo otros puntos de la Argentina. El RPA tiene un conjunto de contra-contramedidas electrónicas, es decir, que puede defenderse frente a ataques electrónicos desde otros puntos o aeronaves. Además de su rol en el control del espacio aéreo nacional, el RPA también tiene importantes perspectivas comerciales. De hecho, Bolivia presentó interés en adquirir algunos para controlar su espacio aéreo, ya que actualmente no cuenta con radares de este tipo. Los radares van montados sobre una estructura de hormigón. El radar que se montó en Las Lomitas primero fue llevado al lugar y empezó a operar, pero cuando se terminó la obra civil fue montado por encima de la edificación, mejorando así su alcance y rendimiento. El mismo procedimiento se llevará a cabo en Ingeniero Juárez. “El que está en proceso de instalación empezará a operar en breve y los otros ya están en instancias muy avanzadas. Yo digo que serán cuatro este año, pero tal vez sean más”, expresa Navarro.Además, este proyecto tuvo como subproducto al Radar Mediano Experimental (RAME), un radar de mediano alcance que se instaló en Santiago del Estero y es un prototipo operacional. Actualmente, se está trabajando con la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) para usar un transistor como amplificador de señal, que desarrollaron investigadores de la universidad y de la Comisión Nacional de Energía Atómica, y que se espera que en un futuro pueda ser incorporado a otra serie de radares. A finales del año pasado también se había instalado el Radar Meteorológico Argentino 1, desarrollado por INVAP, en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba. Se trata del primero de 12 radares meteorológicos que permitirán prevenir contingencias ambientales como crecidas repentinas de los ríos, caída de granizo o la ocurrencia de tormentas severas. Este conjunto se sumará a los ocho radares meteorológicos de origen extranjero presentes en la Argentina.
El primer Radar Meteorológico Argentino (RMA1) de serie -diseñado y fabricado por la empresa estatal INVAP-, fue instalado en la Universidad Nacional de Córdoba sobre una torre de 33 metros de altura. Este primer radar de serie forma parte del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (SINARAME), que estará compuesto por una serie de sensores radar conectados de manera centralizada y en tiempo real. La primera etapa del proyecto incluyó el diseño, desarrollo, fabricación, e instalación de un prototipo (RMA0), que fue instalado en 2013 el aeropuerto de la ciudad de San Carlos de Bariloche, más el primer radar de serie en la ciudad de Córdoba. De aquí al 2016 el proyecto continuará con la construcción y puesta en funcionamiento de diez nuevos radares, que distribuidos a lo largo del territorio nacional, conformarán la primera etapa del SINARAME. El RMA utiliza tecnología doppler de doble polarización en la banda C, que le permite conocer con precisión la estructura de la tormenta, estimar su trayectoria y potencial de daños, medir la velocidad de las partículas de la misma, y determinar la geometría del fenómeno. Así, el dispositivo puede diferenciar si se trata de una tormenta de agua, hielo, polvo, o incluso de un enjambre de langostas.

Investigadores de Exactas UBA proponen un modo de medir una magnitud como el trabajo en un sistema cuántico sin que éste pierda durante el proceso sus propiedades cuánticas, es decir, que pueda encontrarse en varios estados al mismo tiempo. Asimismo, desarrollaron un algoritmo que permite calcular eficientemente determinadas cantidades de interés físico en una computadora cuántica. n nuestra vida cotidiana difícilmente nos topemos con fenómenos cuánticos. En el mundo de todos los días gobiernan las leyes de la física clásica. Es que los fenómenos cuánticos se producen sólo en determinadas condiciones y dimensiones, en el submundo de lo muy pequeño. Allí, las partículas se comportan de una manera especial, por ejemplo pueden estar simultáneamente en varias posiciones en el espacio y sólo se puede inferir su posición en forma probabilística. Ahora, un equipo de investigadores de Exactas UBA acaba de encontrar una nueva manera de determinar una cantidad de interés físico, el trabajo, manteniendo las propiedades cuánticas durante este proceso. El trabajo se publicó en Physical Review Letters. El tema se enmarca en la termodinámica que, en su versión clásica, estudia magnitudes como calor y temperatura, y su relación con la energía y el trabajo. La teoría fue desarrollada durante el siglo XIX, con la necesidad de construir máquinas térmicas más eficientes, como el motor de una heladera o de un automóvil. “Actualmente, el desarrollo tecnológico permite ir a escalas pequeñas y manipular átomos de a uno, es así que surge el interés de construir máquinas a partir de estos sistemas cuánticos utilizando por ejemplo, átomos confinados en un determinado lugar a muy bajas temperaturas, donde no sólo son importantes las fluctuaciones térmicas sino también los efectos cuánticos”, comenta el físico Augusto Roncaglia, primer autor del trabajo, publicado junto con Federico Cerisola y Juan Pablo Paz. De este modo, surge la necesidad de definir en forma precisa magnitudes como calor y trabajo en el ámbito cuántico. En un sistema clásico, el trabajo que se entrega en un proceso, por ejemplo para mover un objeto, se define como la fuerza por la distancia, y en general es la fuerza integrada en la trayectoria recorrida por el objeto. “Pero en el mundo cuántico no hay trayectorias, por lo tanto esa definición deja de ser válida. Lo que sí sabemos es que el trabajo se relaciona con un cambio de energía”, define Roncaglia. Medir es perturbar En el mundo cuántico, las partículas no tienen una trayectoria definida, sino sólo una determinada probabilidad de que vayan por diversos caminos. Para conocer su posición en un instante de tiempo es necesario medir, y medir es perturbar. En el caso de que se mida la posición, el sistema colapsa a un estado en particular y así la partícula pierde la posibilidad de encontrarse en más de un estado al mismo tiempo. Desde hace años, diversos grupos de investigación intentaban hallar una forma de medir el trabajo en sistemas cuánticos aislados, y se creía que para ello era necesario determinar el valor de la energía al inicio y al final de un proceso. Pero apenas se mide el sistema por primera vez, éste colapsa a un determinado estado, subraya el investigador, y destaca: “No se podía mantener la coherencia del sistema durante el proceso de medición”. La coherencia es, precisamente, la posibilidad de estar en una superposición de estados. Los investigadores de Exactas UBA propusieron determinar el valor del trabajo mediante una única medición que ocurre al final del proceso. Roncaglia remarca: “Lo que mostramos, es que existe una manera de conocer el trabajo con una sola medición y, así, la coherencia se mantiene hasta el final del proceso. Uno comienza con un sistema cuántico, que puede presentar varios valores de energía a la vez, y eso se conserva hasta que al final se mide”. La clave para lograr mantener el sistema con propiedades cuánticas es entrelazarlo (correlacionarlo) a un segundo sistema cuántico auxiliar que lleva la cuenta del trabajo realizado. La medición finalmente se realiza sobre este último. Un ejemplo típico en que aparece este tipo de correlaciones es al realizar la medición del espín de una partícula. El espín es una propiedad cuántica intrínseca de las partículas, asociada al momento angular, que además interactúa con el campo magnético. Si se hace pasar una partícula por un campo magnético dado, éste la dispersa en distintas direcciones de acuerdo a su valor de espín. “Luego se detecta la dirección en que salió la partícula. Así, el dato de hacia dónde se mueve la partícula está condicionado por el valor de su espín. Si la partícula se encuentra inicialmente en una superposición coherente de valores de espín a la salida, se encontrará además en una superposición de diferentes direcciones”, dice Roncaglia. Así se correlacionan dos magnitudes: la dirección de movimiento y el espín, en este caso. Por otro lado, los investigadores presentaron un algoritmo cuántico –una secuencia de operaciones que se podría realizar en una computadora cuántica– que permite calcular, de manera eficiente, determinadas propiedades termodinámicas del sistema. Algoritmos cuánticos Mediante algoritmos cuánticos es posible realizar determinados cómputos en forma más rápida que con una computadora clásica. Este algoritmo funciona dentro de una computadora cuántica. Claro, actualmente la computación cuántica está en desarrollo, y existen algunos prototipos de muy pequeña capacidad, de unos pocos bits cuánticos (qbits). “En una computadora cuántica –explica Roncaglia–, un bit cuántico puede estar en 0, 1 y en cualquier superposición de 0 y 1, ello genera un recurso extra. Si bien no es fácil encontrar un algoritmo que funcione mejor en una computadora cuántica que en una clásica, los que funcionan son muy útiles”. Una aplicación en la que puede apreciarse el poder de cómputo de estos dispositivos cuánticos se encuentra en el área de la seguridad de las comunicaciones. Cuando se envía un número de tarjeta de crédito por internet, ese número se encripta mediante un determinado algoritmo. La seguridad de este método de encriptación se basa en que es difícil decodificar esos datos en una computadora clásica, ya que requiere descomponer un número grande en el producto de números primos. Para realizar este cálculo en una computadora clásica se tardaría años, mientras que en una cuántica podría hacerse en minutos. El problema es la seguridad. Si alguien logra construir una computadora cuántica, pondría en jaque a la mayoría de las comunicaciones que se realizan por internet. ¿Cómo solucionar el problema? Surgió la idea de la criptografía cuántica, es decir, encriptar información en forma cuántica. Dado que un sistema cuántico se ve alterado cuando uno lo mide, si se codifica información en un sistema cuántico, en el preciso momento en que alguien intercepta esa comunicación y la mide, el sistema se ve afectado y cambiará su estado. En consecuencia, si dos personas utilizan sistemas cuánticos para comunicarse, podrían darse cuenta rápidamente de que la comunicación no es segura. “La computación cuántica presenta el problema de la seguridad de las comunicaciones actuales, pero, al mismo tiempo, da una solución: encriptar de manera cuántica”, resume Roncaglia