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Primer post: 4 feb 2012Último post: 4 feb 2012
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Redes sociales. Experimento de Stanley Milgram
Redes sociales. Experimento de Stanley Milgram
Ciencia EducacionporAnónimo2/4/2012

El experimento de Stanley Milgram y la regla de los tres grados de separación El célebre experimento del psicólogo Stanley Milgram realizado en una acera ilustra la importancia del refuerzo de múltiples personas. En 1968 en Nueva York, en dos frías tardes de invierno, Milgram observó el comportamiento de 1.424 viandantes mientras caminaban por un tramo de acera de quince metros. Situó «grupos de estímulo» formados por desde uno hasta quince de sus ayudantes. Siguiendo sus indicaciones, estos grupos artificiales se paraban y miraban hacia una ventana del sexto piso de un edificio cercano durante un minuto exactamente. En la ventana no había nada interesante, tan sólo estaba otro de los ayudantes de Milgram. El psicólogo grabó el experimento y, a continuación, sus ayudantes contaron el número de personas que se paraban y miraban adonde miraban los grupos de estímulo. Si el 4 por ciento de los viandantes se detenía cuando ese «grupo» estaba compuesto por una persona, hasta el 40 por ciento lo hacía cuando el grupo estaba compuesto por quince. Evidentemente, que los viandantes se detuvieran o no a imitar un comportamiento tenía mucho que ver con el tamaño del grupo con que se encontraban. link: http://www.youtube.com/watch?v=7JFIP98ASxU Un porcentaje aún mayor de peatones imitó la acción del grupo de forma incompleta: miraron adonde estaba mirando el grupo de estímulo, pero no se detuvieron. Si la mirada de una sola persona modificó la del 42 por ciento de los viandantes, la mirada de quince personas modificó la del 86 por ciento. Más interesante que esta diferencia, sin embargo, es que el grupo de estímulo compuesto por cinco personas influyera casi tanto en el comportamiento de los viandantes como el grupo de quince. Es decir, en este escenario, los grupos compuestos por más de cinco personas casi no causaban ningún efecto nuevo en la conducta de los peatones. El dato más interesante es que los grupos de estímulo de sólo 5 personas estimulaban tanto a los viandantes como el grupo de 15. Es decir, a partir de 5 personas podemos crear un estímulo suficientemente poderoso en la gente. Un estímulo que probablemente esté detrás de muchos comportamientos colectivos, la histeria de masas o hasta la identificación positiva de ovnis y otros fenómenos sobrenaturales. Stanley Milgram ideó otro experimento mucho más famoso que demostró que todas las personas del mundo estamos conectadas por una media de «seis grados de separación» (tu amigo está a un grado de ti, el amigo de tu amigo está a dos grados, y así sucesivamente). Este experimento, que Milgram llevó a cabo en la década de 1960, consistió en entregar a cien personas de Nebraska una carta dirigida a un hombre de negocios de Boston que vivía a casi dos mil kilómetros. Milgram pidió a los ciudadanos de Nebraska que enviasen la carta a la persona que, entre todos sus conocidos, más posibilidades tuviera de conocer al hombre de negocios de Boston y contó el número de destinatarios que tuvo la carta hasta llegar a ese hombre. De media, hicieron falta seis destinatarios, incluido el bostoniano. Este hecho asombroso dio pie a diversas investigaciones sobre la idea de que «el mundo es un pañuelo», y caló en la cultura popular. En el año 2002, el físico devenido en sociólogo Duncan Watts y sus colegas Peter Dodds y Roby Muhamad decidieron reproducir el experimento de Milgram a escala global, sólo que esta vez emplearon el correo electrónico en lugar del postal. Reclutaron a más de noventa y ocho mil personas (estadounidenses en su mayoría) y les pidieron que enviasen un mensaje a diversos «objetivos» repartidos por todo el planeta con la condición de que se lo enviasen a aquel de sus conocidos que en su opinión más posibilidades tuviera de conocer a la persona-objetivo. A todas las personas del numeroso grupo inicial se les asignó al azar un objetivo de una lista de dieciocho objetivos posibles de trece países distintos. Entre los objetivos se encontraban un profesor de una importante universidad estadounidense, un inspector de bibliotecas de Estonia, un consultor tecnológico de la India, un policía de Australia y un veterinario del Ejército noruego; es decir, un conjunto variopinto. De nuevo y para pasmo de todos, de media sólo hicieron falta seis pasos para que el mensaje de correo original llegara a cada destinatario final, con lo cual quedaba refrendado el experimento de Milgram sobre la «pequeñez» del mundo. link: http://www.youtube.com/watch?v=JQJZMyOipgc&feature=related Sin embargo, que todos estemos conectados con todos los demás por seis grados de separación no significa que tengamos alguna influencia sobre todas esas personas que se encuentran a determinada distancia social de nosotros. El grado de influencia de las redes sociales obedece a lo que llamamos Regla de los Tres Grados de Influencia. Todo lo que hacemos o decimos tiende a difundirse —como las olas— por nuestra red y tiene cierto impacto en nuestros amigos (un grado), en los amigos de nuestros amigos (dos grados) e incluso en los amigos de los amigos de nuestros amigos (tres grados). Nuestra influencia se disipa gradualmente y deja de tener un efecto perceptible en las personas que se encuentran más allá de tres grados de separación. Estamos influidos por amigos que se encuentran a tres grados de separación de nosotros pero, en general, no por quienes están más lejos. La Regla de los Tres Grados se puede aplicar a un amplio abanico de actitudes, sentimientos y conductas y a fenómenos tan diversos como las opiniones políticas, la obesidad y la felicidad. Los consejos boca a boca para los asuntos cotidianos (encontrar un buen profesor de piano o un hogar para regalar a un cachorro) también suelen difundirse tres grados. Al igual que las ondas que forma una piedra al caer en un estanque, la influencia que podemos ejercer en los demás acaba por agotarse. Cuando tiramos la piedra, desplazamos cierto volumen de agua, pero la energía de la ola se va disipando a medida que se expande. Así que, tanto si dejamos de fumar como si votamos a este o a aquel candidato, cuando ambos hechos llegan al conocimiento de los amigos de los amigos de nuestros amigos, es muy posible que esas personas no reciban ya información fiable sobre lo que en realidad hicimos. Llamamos a esto explicación de la decadencia intrínseca. En segundo lugar, la influencia puede disminuir porque, a causa de su inevitable evolución, la red misma contribuye a que los vínculos que quedan más allá de los tres grados sean inalcanzables. Los vínculos de las redes no duran siempre: los amigos dejan de ser amigos, los vecinos se mudan, los esposos se divorcian, las personas. Algunos campos y ejemplos prácticos en los que la influencia de nuestras redes sociales está demostrado: -Comportamiento ético. -Felicidad -Atracción. -Elección de pareja. -Obesidad.

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