israelson06
Usuario (Irán)

Desde el México precolombino y la región del Yucatán hasta las cumbres andinas, America atesora un patrimonio histórico de una riqueza sólo comparable a la del Antiguo Egipto. Al otro lado del Atlántico, ocultas tras el velo de un temido e insalvable océano, una miríada de civilizaciones seguía un camino a la vez paralelo e independiente a las del Viejo Mundo. Y es que mientras Europa se debatía en los vaivenes de la Edad Media, los pueblos indígenas del continente americano llevaban siglos conformando culturas muy avanzadas y distintas entre si. Entre aquellos pueblos, recién nacidos a los ojos de los conquistadores, algunos habían alcanzado un impresionante desarrollo técnico y social. Eran, por derecho propio, maestros del urbanismo, la arquitectura, la astronomía, las matemáticas o la ingeniería agricola. Sin embargo, en muchos casos, ni los restos de sus ciudades, ni de su escultura, ni de su simbología, nos han servido para entender las causas por las que se desvanecieron. Anasazi - La Cultura Perdida - Principios de la Era Cristiana - 1300 aproximadamente El pueblo anasazi se hizo fuerte en la región del Four Corners, un agreste cruce de caminos donde confluyen Arizona, Nuevo México, Colorado y Utah, durante 1.300 años. Pero entre los siglos XII y XIII, en apenas unas generaciones, esta civilización, que vivía su momento de mayor esplendor, se esfumó. De ella sólo nos han llegado los restos de sus impresionantes edificios de piedra, la certeza de que sus gentes fueron hàbiles confeccionadores de canastos y luego esforzados agricultores; pero tambien numerosas incógnitas. Y es que, a pesar de décadas de excavaciones, hay más sombras que luces alrededor de los anasazi. De hecho, desconocemos incluso cómo se llamaban a sí mismos. Porque anasazi es un nombre prestado; es el tèrmino con el que la tribu de los navajos los nombraban, una palabra que algunos traducen como "ancestros" y otros como "antiguos enemigos". Adosada a las paredes de los cañones del Parque Nacional Mesa Verde (EE UU) se conservan más de 600 viviendas alzadas por los anasazi. Estas, que fueron construidas con roca y lodo, mantienen una estructura semejante a los modernos bloques de apartamentos. Aunque los anasazi no dejaron documentos escritos, las ruinas de sus construcciones sugíeren que supieron apañàrselas bastante bien en un territorio hostil, al menos hasta bien entrado el silo XII. Los investigadores sospechan que un brusco cambio en las condiciones ambientales, seguido por fuertes sequìas y heladas, acabó con los cultivos y llevó el hambre a la región. El caos social que siguió a esta situación debió de ser terrible. El doctor Brian R. Billman, de la Universidad de Carolina del Norte, ha identificado 18 episodios de canibalismo ocurridos entre 1150 y 1200. Aunque es dudoso que todo el pueblo anasazi se viera obligada a esta práctica, en un estudio publicado en Nature, Billman indica que el analisis de las heces halladas en el interior de algunas construcciones reveló la presencia de mioglobina, una proteina humana procedente de los musculos de las victimas. El descubrimiento de unas marcas muy caracteristicas en diversos huesos - incluidos craneos - y de herramientas con restos de sangre humana parece confirmar esta suposición. Según Billman, al menos en un caso toda una comunidad debió de extinguirse en un único episodio de violencia. Pero aunque la hipótesis del canibalismo aún es estudiada con cierta cautela, lo cierto es que aquel convulso periodo los recursos se agotaron por completo y los anasazi, o la sombra de ellos, abandonaron aquellas tierras. “Hay indicios bastante claros, como el brillo en el fondo de las vasijas; las fracturas y los huesos totalmente rotos: la médula separada de los huesos, los cuerpos desarticulados, la ausencia de cráneos, de vértebras, de manos, de pies…” (Los huesos de dos varones jóvenes se hallaron en una hoguera y en los bancos de alrededor) El centro de toda la cultura anasazi es Cañon chaco y, los estudios de Dendocrinologia (la ciencia que data la madera estudiando sus anillos) efectuados en los troncos conservados de algunas viviendas, sugieren el fuerte impacto de una sequía allá por el año 1100. ¡Pero también hubo sequías anteriormente!, sin embargo “algo” especial sucedió en ésta. El Dr. John Kantner junto a su equipo de la Universidad de Georgia sigue estudiando por qué los anasazi construyeron a 80 km de Cañón Chaco, en medio de la nada, una kiva ceremonial. ¿Cuál era la religión de los anasazi? ¿Tenía un lado oscuro que explicase los actos de canibalismo? Kantner sugiere que, a causa de la gran sequía, los profesionales de la religión tomaron el mando por el vacío de poder que desembocó en luchas internas y caos, y todo ello obligaría a las huidas y creación de refugios más alejados como Mesa Verde. Pero, sin duda, la hipótesis más llamativa es la que se refiere a una incursión azteca desde México que explicaría ciertos comportamientos. Los arqueólogos siguen buscando pistas sobre uno de los grandes enigmas de Norteamérica. Los dibujos en las rocas podrán ayudar a desvelarlo... Los Olmecas - Palabras de Piedra - 1500 a. de C. - 300 Decía el antropólogo francés Jacques Soustelle que "los olmecas son a América lo que los sumerios al Viejo Mundo: durante largo tiempo fueron desconocidos, como ellos; precursores como ellos; permanecieron hundidos bajo los escombros de los milenios, como ellos; y se mantuvieron ocultos a nuestros ojos por los vestigios de los pueblos que les sucedieron". El rastro de la civilización olmeca nos lleva al sur del golfo de México, a las espesuras próximas a la sierra de San Martín, entre los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. En aquella región, que mucho después los aztecas llamarían Olmán o País del Hule, se asentó hace unos 3.500 años un pueblo que forjó la que hasta hoy es considerada la cultura más añeja de Mesoamérica. Los Olmecas fueron los más antiguos escultores de Mesoamérica trabajaron no sólo las piedras volcánicas para sus grandes monumentos, sino también las piedras duras, compactadas y semipreciosas para sus tallas pequeñas, principalmente algunas jadeítas translúcidas de color verde esmeralda, azul verdoso y grisáceo; y en menor escala, la serpentina, la hematita y hasta cuantas de amatista de cristal y roca. No se sabe con certeza los procedimientos que utilizaban para lograr tales piezas de talla exquisita y excepcional, sin equivalente en la calidad de su pulimiento; se cree que por desgaste, a base de frotar con un instrumento duro que quizá fuera del mismo material. Algunas de estas piezas han sido encontradas por toda la vasta zona de Mesoamérica; hay algunas que proceden de Oaxaca, del occidente de México, de Honduras y de Costa Rica. La palabra "olmeca" significa "habitantes de la región del hule" y fue utilizada por los mexicas para nombrar a varios pueblos, étnica y lingüísticamente diversos, que ocuparon la región de Veracruz y Tabasco a través de los siglos. El nombre que se daban a sí mismos a quienes llamamos olmecas se desconoce. Esta cultura duró siete siglos y medio y pertenece al horizonte preclásico (2 500 a. de N.E. a 200 d. de N.E.) del pasado mesoamericano. El pueblo Olmeca fué el primer pueblo de Mesoamérica en alcanzar el grado de civilización, declinó hace unos 2100 años, y los impresionantes avances de los "habitantes del país de hule" fueron recogidos por otros grupos, para edificar civilizaciones posteriores. Los olmecas construyeron en la jungla grandes ciudades en las que se celebraban ceremonias políticas y religiosas. En estos centros, como San Lorenzo, La Venta o Tres Zapotes, los olmecas levantaron algunas de las primeras pirámides de América, así como gigantescas esculturas pétreas. Entre los monumentos más notables de los Olmecas se encuentran las enormes cabezas esculpidas en basalto, con un peso de 25 toneladas o más, que representan a los gobernantes olmecas. También esculpieron tronos en piedra en los que grabaron la genealogía de los caudillos. Los Olmecas poseían un conocimiento riguroso de la Astrología, vital para la dirección de la agricultura, y que también practicaban la escritura jeroglífica. En el año1939, el investigador Stirling, encontró en Tres Zapotes algunas estelas Olmecas del mismo sistema del calendario Maya de la cuenta larga, pero de tres siglos anteriores. El año civil duraba 365 días y el religioso 260 días. Estas estelas partían de una fecha mítica, permite contar el tiempo con exactitud astronómica sorprendente y el número cero, dan una idea de la ciencia alcanzada por este pueblo. Los hombres usaban taparrabo y las mujeres una falda ajustada por un cinturón. Los turbantes y tocados son majestuosos y eran usados en las ceremonias, festividades e incluso en los sacrificios (donde las víctimas eran de preferencia niños o enanos). Los cueros de animales, las telas, la cestería, los utensilios de hueso desaparecieron. La cerámica fue relativamente pobre, sin asas, los motivos de decoración, sencillos y su uso doméstico. El sistema de racionalización numeral que surgió en la civilización olmeca, en América central, fue con la estructura vigesimal.”Con números de valor de posición y la aplicación del cero, durante un periodo que queda situado varios siglos antes de nuestra era”. Respecto al cero: “Su mera concepción y su uso, caso único en el Nuevo Mundo, resulta un portentoso adelanto del orden abstracto”. Donde está plasmado este mecanismo de los números y el cero es en una estatuilla de apenas 18 centímetros de alto por 20 centímetros de circunferencia. Es la extraña representación de un hombre-pájaro, de material de jadeita. Se le conoce como la “Estatuilla de los Tuxtlas “en Hueyapan, sur de Veracruz, con una serie de puntos y barras: “La inscripción es excepcionalmente importante por su extensión y por provenir de la zona metropolitana olmeca…La pieza fue traslada al Museo de la Universidad de Pensilvania y estudiada por Holmes en 1907 y en 1916…” Entre sus ritos mas crueles destaca el sacrificio de niños, a los que les eran amputados las manos o brazos, o sencillamente decapitados, para enterrar esos miembros mutilados junto con algún hombre importante a quien los brujos quisiesen favorecer en sus viaje al más allá. Los cadáveres eran enterrados envueltos en telas de algodón o petates atados con cuerdas, aunque también existían enterramientos secundarios, o sea, que el muerto era enterrado en compañía de perros, para que realizasen su viaje al más allá acompañados de su fiel amigo. Además, el difunto era enterrado, como otras culturas, rodeado de objetos personales y ofrendas. Los Olmecas fueron personas muy artísticas y usaron mucho simbolismo en su arte. Es necesario para hablar sobre su arte en un contexto religioso porque mucho de la arte tuvo significado religioso. Los Olmecas creyeron que el jaguar se asoció con el mismo espíritu de una persona ya que si de decía que si este felino sucumbía jaguar en el caso de la persona fallecía también. Otros hechos importantes sobre su religión incluyen los muchos dioses que los Olmecas tuvieron. Sus dioses populares fueron el Dios del sol, el Dios del agua, el Dios de la tierra, el Dios del fuego y el Dios de la fertilidad. En cuanto a la religión, a partir de los monumentos sabemos que giraba alrededor de deidades sobrenaturales que en ocasiones tienen atributos de animales, sobre todo del jaguar, cuyo culto está bien definido, pero como también existían representaciones de cocodrilos, serpientes, insectos, tiburones y peces. Uno de los temas de la cosmovisión Olmeca es el concepto de transformación humana en seres con cualidades de jaguar. Pero entre los Olmecas no se conocen divinidades ya que ninguno de los monolitos o de las figuras representaba un reconocimiento sobre una deidad religiosa. Estudios recientes sobre la iconografía tienden a demostrar la presencia de una serie de dioses que serían los antecesores de los ya conocidos en Mesoamérica. El ocaso Maya - Un imperio sediento - Siglos IV - X Cuando en 1517 los españoles llegaron al país de los mayas, hacía siglos que su civilización había entrado en decadencia. El florecimiento de esta cultura había tenido lugar en la segunda mitad del siglo VII, cuando sus impresionantes construcciones, su escultura y su refinada cerámica se extendían por el actual sur de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Aunque cada región conservaba sus instituciones y costumbres, en todo el territorio existía una cierta unidad religiosa, linguistica e incluso política. Hacia el siglo X, sin embargo, la cultura maya fue presa de un vertiginoso declive que puso punto final a su particular "periodo clásico". Los expertos han barajado varias causas que expliquen este deterioro que paralizó, casi de subito las construcción de los grandes edificios publicos y de sus magníficas estelas de piedra, desde el agotamiento de las tierras, hasta una devastadora pandemia o incluso una revolución. Los mayas crearon en el sudoeste de México la civilización más deslumbrante de las Américas. Según la mitología maya, el dios Kukulkán guiaba al pueblo hacia sus máximas proezas; éste lo veneraba como constructor de ciudades, legislador y maestro del calendario. Kukulkán adoptaba la forma de una serpiente emplumada, tan fantástica y estilizada como el arte maya, en el cual las formas se extienden y entrelazan, en fiel trasunto de la vegetación tropical. Sin embargo, el profesor de Geología de la Universidad de Florida David Hodell sostiene que el ocaso maya coincide sospechosamente con un periodo de gran luminosidad solar que pudo tener un efecto directo sobre el clima de la región. En un estudio publicado en Science, Hodell indica que la sequedad que siguió al fenómeno fue determinante para la supervivencia de esta cultura. Este experto, que ha estudiado a fondo los sedimentos de los lagos de la zona, sugiere que los mayas tuvieron que hacer frente a una devastadora sequía de más de 150 años. Un equipo de investigadores de la Universidad de Amsterdam parece apostar por esta misma hipótesis. El análisis de los granos de polen del área demuestra, en su opinión, que las lluvias descendieron sensiblemente en todo el área entre los siglos X y XI. Pero pese a que las pirámides y templos se perdieron en el corazón de los bosques, el rastro de los mayas pervive hoy en los habitantes de algunos pueblos de Yucatán, Chiapas y Guatemala, cuyos rasgos morfológicos se asemejan a los de los relieves dejados por sus antecesores. Éstos desconocían la rueda, el arado, la bóveda de cañón o las herramientas metálicas, pero forjaron una cultura en algunos aspectos muy avanzada. Así, fueron excelentes astrónomos, midieron los años con más precisión que sus contemporáneos europeos, alzaron construcciones con sillares tan finamente encajados que apenas se distingue el mortero de unión y usaron el cero mucho antes que este concepto fuera introducido en Europa. Machu Picchu. El último hijo del Sol. Siglos XIV – XVI Más de 1.000 personas visitan cada día las ruinas de Machu Picchu, la impresionante ciudad fortificada erigida por los incas en un lugar recóndito del valle de Tampu –a 100 kilómetros de Cuzco (Perú)–, a salvo de la ambición de los conquistadores españoles. El imponente conjunto monumental, que data del siglo XIV, no sólo sirvió como refugio para la aristocracia de este imperio precolombino, sino que es un verdadero homenaje en piedra a la planificación. Sus barrios, organizados en terrazas dispuestas en distintos niveles, están salpicados de escalinatas, canales, palacios y templos. En uno de ellos, llamado de las Tres Ventanas, los sacerdotes observaban las estrellas, la Luna y, sobre todo, a Inti, el Sol, divinidad protectora de la casa real a la que ofrendaban víctimas humanas. En 2002, un equipo del Instituto Nacional peruano de Cultura descubrió el cadáver momificado de una joven aclla, esto es, una doncella consagrada al sacrificio. El hallazgo de “Rosita”, como fue bautizada, parece confirmar que en Machu Picchu, al igual que en otros lugares sagrados incas, también se realizaban estas prácticas. No es, sin embargo, el único resto humano que ha revelado el enclave. En otro sector de la ciudad aparecieron más de 170 enterramientos donde fueron sepultados, en su mayor parte, cuerpos femeninos. Se desconoce qué ocurrió exactamente con los últimos moradores de la ciudad, pero su localización secreta y la impenetrable espesura han mantenido relativamente intactos los grandes bloques de roca que la conforman. Aunque este hecho ha favorecido la investigación, Machu Picchu, la Vieja Montaña en lengua quechua, está hoy amenazada. Desde la UNESCO, que la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1983, se advierte que el exceso de tránsito de personas tiene el mismo efecto sobre ella que un pequeño terremoto. Además, la zona sobre la que se alza, limpia de la vegetación que la protegía cuando fue descubierta en 1911 por el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham, sufre el constante azote de las lluvias. Para complicar las cosas, un estudio del Instituto de Prevención de Desastres de la Universidad japonesa de Kioto publicado en New Scientist ha puesto de manifiesto que la tierra sobre la que se asienta Machu Picchu se desliza un centímetro al mes sobre la pronunciada superficie de la montaña. El peligro de derrumbe, según estos expertos, es real.