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Usuario (Argentina)

Médicos brasileros preparan cirugía de niño con 50 agujas en cuerpo. Un niño de dos años internado en el hospital con hasta 50 agujas -de hasta cinco centímetros- repartidas por su cuerpo será operado próximamente cuando mejore su función respiratoria, en vista de que varias de las piezas penetraron sus pulmones, informó el miércoles el director del hospital donde está internado. "Estamos esperando que la condición se estabilice y mejore su función pulmonar'', dijo el médico Luiz Cesar Soltoski, director del Hospital do Oeste, donde está internado el niño. El centro médico está en la ciudad brasileña de Barreiras, estado nororiental de Bahia. Destacó que el hospital integró un equipo de pediatras, cirujanos, ortopedistas y radiologistas para determinar cuáles de las 50 agujas repartidas por el cuerpo del menor podrán ser retiradas y cuáles no. "Hay algunas agujas, como la que está en el hígado del niño, que si se retira va a causar una lesión más grave que si permanece'', explicó el galeno, quien dijo que las piezas miden entre cuatro y cinco centímetros. Comentó que hay una situación similar en los pulmones del niño, donde hay varias agujas y algunas no podrán ser retiradas sin ponerlo en un riesgo mayor. Los cirujanos de un hospital en la localidad de Barreriras en el estado de Bahía decidieron no intentar el retiro de la mayoría de las agujas, sobre todo al descubrir que dos de ellas estaban alojadas muy cerca del corazón del menor, dijo una funcionaria del Hospital do Oeste. El menor, cuya identidad se mantiene reservada, fue trasladado tres días atrás al hospital, procedente de una localidad vecina, y durante estos días su cuadro clínico evolucionó positivamente, aunque se mantiene en la unidad de tratamiento intensivo, según Soltoski. El niño es hijo de una empleada doméstica quien dijo a las autoridades que no tiene idea cómo las agujas entraron al cuerpo de su pequeño. Explicó que cuando sale a trabajar deja al menor con su madre, pero nunca tuvo indicios de que sufriera malos tratos. La policía de la localidad de Ibotirama, cercana a Barreiras, abrió una investigación para determinar cómo fueron introducidas las agujas en el cuerpo del niño. Soltoski dijo creer que fue por penetración. "Creemos que solo pudo ser por penetración porque encontramos agujas en el pulmón, en la pierna izquierda y en diferentes partes del tórax. No pudo ser por ingestión'', dijo Soltoski. Un elemento policial dijo que el padrastro del menor fue arrestado luego de que confesara que él mismo le habría encajado las agujas al niño con la ayuda de otra mujer y las autoridades investigaban si se trata de un trabajo de magia negra. "Está arrestado y confesó'', dijo el funcionario que solicitó permanecer anónimo porque no está autorizado a discutir el caso con la prensa. FURNTE: WWW.EL-NACIONAL.COM link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=P_trrt669eY QUE OPINAN USTEDES...

El verano de 1971, Philip Zimbardo, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, se dispuso a llevar a cabo un sencillo experimento en el que quería demostrar la frágil y delgada línea que separa el bien del mal. Para ponerlo en marcha, recibió una beca de la Oficina de Investigación Naval (ONR) del gobierno de los Estados Unidos y cuyo dinero debía servir para financiar todos los gastos que se generarían en las dos semanas que estaría funcionando dicho proyecto. Se conoció como “el experimento de la cárcel de Stanford” y lo que debía ser una prueba de conducta y resistencia humana acabó convirtiéndose en un perverso experimento, lleno de actos sádicos y crueles. Los acontecimientos sucedieron del siguiente modo… Funcionario de prisiones Philip Zimbardo planteó las siguientes cuestiones: ¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en un sitio malo? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa? Para poder dar con la solución buscó un buen número de estudiantes que estuviesen dispuestos a participar en este extraño a la vez que emocionante experimento. Publicó un anunció en la prensa en el que ofrecía una gratificación de 15 dólares diarios a aquellos estudiantes que quisieran formar parte del estudio. Se presentaron setenta aspirantes de varias poblaciones cercanas y que nada tenían que ver con la Universidad de Stanford. Se les realizó una serie de tets y finalmente se seleccionaron a los 24 candidatos elegidos, a los que se dividió en dos grupos de 9, quedando 6 como reservas: unos serían los policías y los otros debían ser los reclusos. El profesor Zimbardo y su equipo contó con la inestimable colaboración del cuerpo de policía para el primer día del experimento. Agentes de policía El 14 de agosto, agentes reales de la policía se desplazaron a detener a aquellos voluntarios a los que se les había asignado el rol de delincuentes. El operativo estaba perfectamente coordinado para que todo pareciese real. La policía se presentó en las casas de los delincuentes y estos fueron detenidos, se les leyeron sus derechos y se les trasladó a la comisaría. Una vez allí se les fichó y se les tapó los ojos, subiéndoles a unos coches para llevarlos al sótano del edificio del Departamento de Psicología de la universidad, lugar donde se habían habilitado unas celdas, como si de una verdadera cárcel se tratase, hecho que desconocían los detenidos. La “cárcel de Stanford” estaba custodiada por un grupo de voluntarios a los que se les había uniformado, provisto de porras y gafas oscuras, con la intención de que no se les viera los ojos. La mayoría de estos “policías” habían sido escogidos por sus tendencias pacifistas. Muchos de ellos pertenecían a movimientos hippies que por aquellos tiempos tenían como consigna y modo de vida el “haz el amor y no la guerra”. Se les dio una serie de consignas de cómo debían tratar a los presos y la autoridad que debían ejercer sobre estos. Entre ellas estaba la de desnudarlos, burlarse de ellos, hacerlos sentir vejados… y se lo tomaron tan al pie de la letra que muchos llegaron a practicar una autentica y desproporcionada violencia psicológica. A los reclusos se les roció con un espray antiparásitos, se les cortó el pelo y se les vistió con sacos, desprovistos de ropa interior. También se les obligó a llevar como gorro una media de mujer y sus tobillos arrastraban una pesada cadena. Con todo esto querían acelerar el proceso de hacerlos sentir humillados y que verdaderamente eran presos. Las celdas estaban provistas de una serie de micrófonos y cámaras ocultas por las que espiaban todo lo que los encarcelados hacían y decían entre ellos. Zimbardo, con su experimento se proponía demostrar que cualquier persona a la que se le da una serie de instrucciones y se le expone a una situación límite es capaz de traspasar la línea que separa el bien del mal. El segundo día se originaron los primeros problemas importantes. Algunos reclusos se quitaron los gorros y arrancaron los números identificativos que llevaban cosidos en el saco que utilizaban como vestido. Se sentían humillados y vejados por el trato desproporcionado que estaban recibiendo por parte de los carceleros. Estos por su parte, cada vez se tomaban más en serio el papel que les había tocado representar, olvidándose de que se trataba de eso… de una representación. Un grupo de presos organizaron un motín y fueron reprimidos de forma contundente, aislando a aquellos que encabezaron la rebelión y ofreciéndoles al resto pequeñas “recompensas” si obedecían a las autoridades y no se sumaban a la insumisión. Los días iban pasando y algunos prisioneros empezaron a mostrar desórdenes emocionales agudos. El profesor Zimbardo en plena faena El experimento no pudo ser acabado. El 20 de agosto, seis días después de ponerse en marcha, tuvo que ser interrumpido después de que Christina Maslach, una doctora de la universidad y no familiarizada con el estudio que se estaba llevando a cabo, accedió a la “cárcel de Stanford” para realizar unas entrevistas tanto a los guardias como a los presos y dio cuenta de las pésimas condiciones en las que se hallaban. Escandalizada pidió que se diese por concluido el experimento. La cincuentena de personas que habían estado observando todo el estudio desde fuera, a lo largo de aquellos días, se habían vuelto inmunes a todas las imágenes y comportamientos que se desarrollaban en el interior, viendo como “normal” lo que allí había estado sucediendo. La única que puso la voz de alarma fue la doctora Maslach. En ese momento, el profesor Zimbardo decidió dar por finalizado uno de los estudios que más controversia ha levantado: “el experimento de la cárcel de Stanford”
La familia churro esta en vivo haciendo jodas telefónicas en este momento.acá les dejo el canal para que nos puedan escuchar . link: http://www.ustream.tv/flash/live/1/5795297 COMUNIDAD CHURRO LLAMADOS¡¡¡