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infernosix

Usuario (Argentina)

Primer post: 27 feb 2012Último post: 1 mar 2012
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El aullido de las sombras
ParanormalporAnónimo2/28/2012

Hola gente de T, hoy vengo a dejarles una interesante historia un tanto corta, espero que la disfruten: Era un pueblo bastante alejado, muy alejado. Estaba ubicado al linde de un bosque, un gran y ya no tan hermoso bosque. Este bosque era temido, pues desde hacía algunos años se habian venido escuchando sonidos extraños, muy, muy extraños. La gente estaba deacuerdo en que estos sonidos no eran de este mundo, decian que podrian ser fantasmas, brujas, duendes, hasta llegaron a hablar de seres de otros planetas. Los habitantes no se atrevían a hablar mucho del tema por temor a que los fantasmas o brujas, o lo que fuera, los estuvieran escuchando sin darse cuenta. La gente estaba empezando a irse de aquel pueblo, por miedo y por la imposibilidad de dormir, pues lo gritos, risas, alaridos, en fin, todos los sonidos que provenian del bosque se escuchaban toda la noche, ademas los niños se mantenian muertos del miedo, lloraban toda la noche. La gente del pueblo estaba enojadisima y cada ves estaban mas enfurecidos con el alcalde, pues nunca hacía nada; el tambien estaba muerto de miedo, asi que a los propios pueblerinos les tocó tomar rienedas en el asunto, despues de años de molestias paranormales. Los pueblerinos hicieron una especie de reunión y de esta salieron siete hombres valientes para entrar de una ves por todas en el bosque y averiguar que era lo que los habia estado atormentando todo ese tiempo, y tal vez, exterminarlo. Al dia siguiente los siete valientes entraron en el bosque dispuestos a acabar con lo que sea que fuera lo que los estaba molestando, y, llenos de miedo. Estuvieron casi todo el dia en el bosque sin nada diferente que arboles y hierba, hasta antes del anochecer, cuando al final de la cola, el mas joven, pegó un grito desesperado. Sus amigos le preguntaron que habia pasado y el dijo que habia visto algo blanco, resplandeciente, mejor dicho un tipico fantasma de "manta" hacer zig zag entre los arboles y desaparecer en la nada. Todos los otros se quedaron paralizados, se habian encontrado con algo que no sabian manejar, ademas de noche. No pasó mucho tiempo para que el fantasma volviera a aparecer y esta vez todos lo habian visto; quedaron paralizados, no podian moverse, ante ellos habia algo que jamas habian visto, una figura humana, reslandeciente, su cara estaba deformada y al verlo de cerca se dieron cuenta de que no era nada parecido a la descripción de su amigo, pero no se iban a quedarselo viendo detenidamente, asi que salieron corriendo. Uno se habia golpeado contra el tronco de un arbol y se había caido, pero no podian perder tiempo, lo dejaron ahi. Siguieron corriendo por un buen tiempo hasta que llegaron a un claro, era un claro extraño, había una especie de laguna, estaba iluminado por el palido azul de la luna y ademas de ello, habian tres tumbas, blancas y silenciosas. Los exploradores se quedaron quietos ante esto, no querian avanzar y tampoco lo hicieron cuando el mismo fantasma que habian visto hacía un rato apareció detras de ellos. se dirigía hacia ellos, pero los hombres no se movian, estaban presas del pánico. Cada vez estaba mas cerca, mas y mas, pero cuando al fin llegó hacia ellos, siguió derecho. Los hombres se quedarón mirando. De cada tumba salió un fantasma. Un niño y una mujer, que abrazaron al fantasma ausente, y al hacerlo desaparecieron, con un aullido agudo.

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La visita médica
ParanormalporAnónimo2/27/2012

Acontinuacion les vengo a presentar una historia que nos deja una moraleja "lo barato no siempre es lo mas conveniente" Buddy salió de la consulta de su cardiólogo cabizbajo. Cerró delicadamente la puerta y se dirigió, desarbolado, hacia la salida del hospital. Caminaba como un zombie entre los demás pacientes. Una vez en la calle los suaves rayos de sol le acariciaban el rostro y la suave brisa mesia sus cabellos grises Tomó una fuerte inspiración pero no se sintió mejor. Ni mucho menos. Se encaminó a su coche y se quedó meditando unos instantes antes de arrancar. En su cabeza resonaban, lúgubres, las palabras que le dirigió el Dr. Izaac. Buddy, tengo malas noticias para usted. Debe operarse urgentemente. Tiene una cardiopatía que puede dar problemas a corto plazo. Buddy se asustó. ¿Qué significa a corto plazo Doctor? ¿Qué tengo realmente? El Doctor Izaac se puso las gafitas de rata de laboratorio, sacó un expediente de tapa marrón que correspondía a Buddy y ojeó la información que contenía. Tras unos instantes que le parecieron interminables por fin habló de nuevo Izaac. Verá Buddy. Lo de corto plazo podría significar tanto una hora como un mes. No hay manera de saberlo. Lo que está seguro es que necesita un transplante de corazón. Sino… Buddy dejó caer los hombros a la vez que una oleada de pánico le subía desde el estómago hasta la boca. De repente un sabor amargo saturó sus papilas gustativas. Iba a vomitar. ¿Un…un transplante? Eso es Buddy. Tenemos que ponerle en la lista de espera. En cuánto haya una posibilidad le llamaremos. El paciente se removía, incómodo sobre la silla. Temía hacer la pregunta que le rondaba por la cabeza pero no le quedó más remedio. Dígame Doctor…¿Cuánto va a costar la operación? Izaac tuvo varios espasmos musculares en la cara haciendo que sus gafitas ridículas dieran saltitos sobre una nariz puntiaguda. Pues verá. Entre la operación, el órgano, gastos de gestión, etc…Costará unos cincuenta mil dólares. Buddy tuvo que preguntar otra vez la cantidad para cerciorarse que había escuchado bien. Cuando obtuvo la repuesta hundió su rostro en las manos y empezó a sollozar. Izaac se levantó entonces, inseguro, y acudió a consolarle. Buddy. Tranquilo, estoy seguro que si tiene problemas financieros el hospital podrá ayudarle a pagar a plazos. Entonces Buddy levantó el rostro. Sus ojos habían enrojecido y largas hileras de lágrimas saladas acudían sin contemplación a inundar su boca jadeante. He perdido mi empleo. Tengo cincuenta años y a punto de ser desahuciado. ¿Dígame Doctor, el hospital me financiará la operación de todos modos? El Doctor permaneció en silencio. Se dirigió nuevamente a su escritorio, inclinó su cabeza hacia Buddy, apuntándole con la nariz afilada mientras removía inquieto sus dedos. Sólo dos palabras. Dos palabras inocentes que sellaban el destino de Buddy. Lo siento. Y ahí permanecía Buddy, sentado en su Chevrolet de cuarta mano destartalado, llorando nuevamente en silencio. No sabía adonde ir ni a quien acudir. Lo único que sabía a ciencia cierta es que si no hacía algo podría quedarse tirado en cualquier lado, la cara púrpura y los labios azulados. Le daba auténtico pavor aparecer en cualquier rincón de la ciudad o en un mugriento motel de mala muerte hinchado por los gases de su propia putrefacción. No quería pensar en los agentes que fueran a buscarle, los de la funeraria removiendo su cuerpo exánime y los chistes de los agentes sobre su rigor mortis. No podía aceptarlo. Tenía que moverse y hacer algo. Finalmente arrancó el coche y callejeó sin sentido por las avenidas de la ciudad. Era verano y todos estaban disfrutando de una temperatura agradable. Muchos estaban sentados en terrazas, tomando cerveza. Otros salían sonrientes de comercios, cargados de bolsas de la compra. Todo aquello contrastaba con las tétricas imágenes de muerte y descomposición que rondaban por la maltrecha mente de Buddy. Tenía que alejarse rápidamente de todos estos. Si no lo hacía era capaz de atropellarlos, riendo al viento como un ser endemoniado. Pero se aguantó. Aguantó y se dirigió hasta su casa. Al menos aún era suya y no de estos hijos de puta trajeados del banco. Ojalá se murieran todos. Aparcó el Chevrolet entre dos cubos de basura repletos de restos orgánicos, arrugó la nariz al pasar entre ellos y entró en su vivienda. Era una casa antigua, a ladrillo vista y ventanas color hueso. Luchó unos instantes con la cerradura de la puerta hasta que pudo finalmente entrar. Quedaban ya pocos muebles en la casa. Tuvo que empeñarlos todos para retrasar lo que iba a ser inevitable a no ser que ocurriera un milagro. En las paredes había rectángulos blancos inmaculados que indicaban que no hacía mucho pendían cuadros. Era como una sombra blanca para un futuro más que negro. En su salón sólo había un sillón. En la cocina, un microondas y en su cuarto, un colchón deshilachado yacía en el suelo. Se tumbó boca arriba, desesperado. En la pared colgaba una bombilla desnuda allí donde antes había una lámpara de araña. Había sido durante más de treinta años técnico en una fábrica de hornos. Había empezado como auxiliar, limpiando los talleres. Luego se hizo aprendiz. Y empezó a subir dentro de la empresa hasta ser responsable de diseño de los nuevos modelos de horno. Sin embargo la cagó. Su equipo trabajó sobre un modelo que iba a revolucionar los hornos domésticos. Pero se equivocaron. La presentación del modelo fue un éxito. Lo que no sabían los periodistas y clientes es que la empresa recortó gastos comprando materiales de mala calidad. Ganaron millones. Pero murieron decenas de clientes a causa de las explosiones de los hornos. Lo que siguió fue sencillo. La empresa se lavó las manos y cargó las culpas sobre el ingeniero jefe de diseño. Osea, Buddy. Tuvo que enfrentarse a un juicio, le quitaron casi todas sus propiedades. La empresa lo dejó tirado, sólo. Su mujer e hijos lo abandonaron y renegaron de él. Sólo quedaba él pero, al oír lo que le dijo el Doctor Izaac, incluso él se iba a apagar pronto si no lo impedía. Cerró los ojos. La cabeza le dolía y una molestia incipiente se iniciaba en su estómago. Hacía tiempo había escuchado testimonios de enfermos que tenían el mismo problema que él. Ya no tenía seguro médico y los gastos de hospital superaban con creces sus exiguos ingresos. Muchos murieron abandonados debajo de un puente. Pero otros habían podido salvarse. Hasta lo que sabía, aquellos que se salvaron inmigraron. Se fueron a otro país a operarse. Eso le recordó un artículo que había leído hacía tiempo en alguna revista. Ya no se acordaba de cual pero daba igual. Lo importante era que recordaba el contenido. Según el artículo los países latinoamericanos tenían buena fama en cuestión de intervenciones cardiacas. Y los precios eran accesibles. Unos dos mil dólares la operación. Al recordar aquello se animó débilmente. Se levantó del colchón y se asomó a la ventana. La tarde menguaba lentamente dando paso a la noche. Los colores de la calle perdían saturación. Se volvían tan grises como los ánimos de Buddy. El ruido iba desapareciendo hasta quedar únicamente jirones de sonido flotando entre los muros de las casas vecinas. Había tomado una decisión. Se largaría. Sonrió débilmente y se echó nuevamente sobre el colchón hasta quedarse dormido. El día siguiente fue frenético. Acudió a varias casas de empeño para vender su Chevrolet. Le dieron unos escasos seiscientos dólares. Vendió su reloj y alguna ropa que le quedaba, así como el microondas y el sofá del comedor. Ya no le quedaba nada y aún le faltaba aproximadamente quinientos dólares para lograr su objetivo. Pero iba a intentarlo de todos modos. No perdía ya nada. La noche siguiente acudió a un locutorio. Se conectó a Internet y buscó clínicas en América del sur. Ante sus ojos se sucedían las clínicas, hospitales y presuntos especialistas que vendían sus servicios online. Los había realmente caros. “esos eran buenos” pensaba lastimosamente Buddy, y otros verdaderamente baratos. Pero tantos unos como otros eran demasiado para la maltrecha economía de Buddy. Antes de entrar en el locutorio tenía en el bolsillo ochocientos cuarenta y dos dólares. Y una vez entró había que rectar otros dos dólares por las consultas en Internet. Cuando se iba a dar por vencido vio un pequeño anuncio en la vigésima quinta página de Google. Era una pequeña referencia pero el precio le sorprendía. Cuando leyó el anuncio se animó. Por lo visto era una clínica de un tal Doctor Herbert. Había estudiado Medicina en Frankfurt y Cardiología en Rumanía. Llevaba unos quince años en Guatemala, en un pequeño poblado recóndito en la selva. Lo mejor, el precio. Ochocientos dólares la operación. El Doctor Herbert explicaba los médicos occidentales habían perdido de vista el juramento hipocrático. Sus acciones venían supeditadas por el dinero y la vida de sus pacientes valía lo que contenía sus carteras. Si no podían pagar, que se murieran. Buddy se entusiasmó. Observó que había un número de contacto en una apartado de la web, lo copió en un trozo de papel y se metió en una cabina del locutorio. Alguien descolgó al segundo timbre. Era la voz de un hombre de la edad de Buddy. Habló en español y un ligero acento alemán asomaba en algunas consonantes. Sí, Doctor Herbert al aparato. Hola Doctor Herbert. Me llamo Buddy y vivo en Estados Unidos. explicó buddy. Dígame Buddy. ¿En qué puedo ayudarle? La voz era servicial y amable. Aquello reconfortaba a Buddy. Le explicó todo lo que le había pasado. Su despido, su mujer, la noticia que le dio hacía dos días su cardiólogo así como el presupuesto con el que contaba. El doctor Herbert escuchaba en silencio, salpicando únicamente de afirmaciones algunos extremos del relato de Buddy. Una vez pudo desahogarse Buddy el Doctor Herbert empezó a hablar. Verá Buddy. No hay problema. Puedo operarle pero deberá llegar hasta el lugar en el que practico. Tome un papel, que le doy las señas para llegar sin perderse. Buddy apuntó y se despidió efusivamente del Doctor. Volvió a su pantalla de Internet y vio el lugar donde estaba situada la clínica. Era un lugar remoto, dejado de la mano de Dios. Pero le daba igual. Aquel ángel le iba a dar una segunda oportunidad por unos pocos cientos de dólares. Merecía la pena. La preparación del viaje tardó bien poco. Acudió a la estación de autobús y tomó el primer autobús hacia el sur. El viaje tardó más de lo debido. No tenía fondos suficientes y era difícil llegar hasta el poblado. A veces tenía que quedarse durante largas horas haciendo autostop al borde de alguna carretera. Pero siempre le cogía alguien. Incluso algunas personas le daban unos pabos al oír su relato. Era una forma de viaje lento pero había conocido gente interesante. Desde profesores de universidad hasta obreros y peones. Chicas jóvenes estudiantes y taciturnos encargados. Pero de todos ellos aprendió algo. El valor del altruismo. Tras dos semanas de viaje llegó al fin al inicio del camino que le llevaría hacia el Doctor Herbert. Su guía le señaló velozmente con un dedo deforme el camino por el cual debía de adentrarse. Cuando quiso darle las gracias ya había desaparecido tras un recoveco del camino. Buddy alzó los hombros y caminó. La jungla era magnífica. Grandes lianas pendían de árboles enormes. Las hojas creaban el efecto de una bóveda compacta de color verde por la que se filtraba débilmente la luz solar. A su alrededor el sonido de la fauna le inquietaba a la vez que le estimulaba. Nunca habría pensado hacía escasas dos semanas que se encontraría ahora ahí, de pie y caminando hacia su salvación. El trayecto fue largo pero merecía la pena. El paisaje era magnífico. Finalmente llegó al poblado. Más que un poblado era una especie de hacienda. Había tres construcciones de piedras diseminadas irregularmente alrededor del camino de tierra. Las construcciones iban siendo engullidas por la propia jungla. Quedaba pocos centímetros de piedra a la vista. Caminó entre ellas, asomando tímidamente la cabeza por el marco de las puertas. El interior estaba abandonado y sólo el eco de su propia voz le daba la bienvenida. Le daba miedo haberse confundido en algún lugar. Había recorrido casi siete mil kilómetros con unos pocos dólares y cabía la posibilidad de haberse desviado de su destino. Pero escuchó una voz que gritaba su nombre. Señor Buddy, por aquí. Miró en la dirección de la voz y vio a un hombre alto y atlético. Iba vestido con un pantalón vaquero descolorido y una camisa a cuadros arremangada. Su rostro era anguloso, sobresaliendo una nariz aguileña por encima de un bigotito elegante como en las películas de los años cincuenta. Buddy respiró aliviado, encaminándose hacia el hombre que le llamaba. Entró en una construcción de madera y observó al hombre que le llamaba escasos momentos antes que le señalaba una silla de cáñamo. Siéntese señor Buddy. Le estaba esperando. El hombre se sentó igualmente. Encima de su cabeza colgaban varios títulos universitarios. Algunos provenían de centros tan prestigiosos como Harvard, Yale u Oxford. Hola hola hola señor Buddy. Soy el Doctor Herbert. El médico hablaba en un perfecto inglés. Sus manos parecían manicuraza y una sensación de limpieza y pulcritud provenía de aquel cuerpo atlético. Hola Doctor. Me alegro de verle. He tardado más de lo esperado… Pero ya está aquí – cortó Herbert, encantado con la visita – podremos empezar pronto. No hay tiempo que perder. El doctor se levantó y acercó un vaso de agua a Buddy que lo aceptó, agradecido. Supongo que querrá ver las instalaciones Buddy. Asintió mientras dada un sorbo al agua y siguió al médico que se adentraba en los meandros de su clínica. Las paredes estaban pintadas de blanco impoluto. De los techos colgaban tubos de neón y de las paredes cuadros sobre la anatomía humana. Había varias habitaciones vacías, atestadas de materiales de acero inoxidable. Otra de las habitaciones estaba ocupada por camas mecánicas y armarios de madera. Ahí es donde va a recuperarse Buddy. Tiene suerte, no hay más pacientes en la clínica – sonrió visiblemente feliz Herbert – venga, le voy a mostrar ahora la sala de operaciones. Al final del pasillo se encontraba dos puertas batientes que separaba el resto de la clínica con la zona de intervención. Buddy estaba abrumado por la cantidad de material quirúrgico que había dentro. Todo estaba resplandeciente y las paredes brillaban con todo esplendor. Las pupilas de Buddy brillaban, feliz. Iba a salvarse al fin y al cabo. Una vez examinó todo aquello bajo las explicaciones profesionales de Herbert éste le guió hasta la sala de camas. Sacó de un armario una túnica azul de hospital. Venga Buddy, póngase esto. Vamos a empezar en breve. A Buddy le sorprendió la prisa. Acababa de llegar, sólo había tomado un vaso de agua y no vio tampoco su nuevo corazón. Disculpe doctor Herbert, pero ¿dónde está mi corazón nuevo? ¿No tiene que hacerme más pruebas? El doctor río, divertido. Pero hombre Buddy. No esperaba que estuviera trabajando sólo aquí. Mis ayudantes han ido a la capital a recoger el órgano. He hablado con ellos hace una hora y ya venían de camino en helicóptero. Y respecto a las pruebas descuide, he hablado con el Doctor Izaac y me ha mandado todo su historial. – explicó dócilmente Herbert – ahora descuide, cámbiese y espere aquí mientras preparo la anestesia. Buddy empezó a quitarse la ropa en cuanto salió del cuarto el Doctor Herbert. Su vestimenta ya apestaba tras dos semanas de viaje. Antes de ponerse le pijama de operación se metió en la ducha del cuarto. El agua salía límpida y caliente. Se olvidó de si mismo bajo la ducha. Cuando por fin salió de la ducha se encontraba mucho mejor. Se puso el pijama y se sentó en la cama, esperando a que acudiera a verle el Doctor Herbert. Esperó una media hora aproximadamente pero nadie acudía a verle. Nervioso decidió ir a ver qué pasaba. “igual no ha llegado aún mi nuevo corazón…no he escuchado ningún helicóptero…igual ha aterrizado cuando me estaba duchando”. Salió al pasillo. No había nadie. Volvió al despacho del Doctor Herbert, tocó a la puerta y esperó. Pero nadie le daba paso. Abrió la puerta inseguro mientras preguntaba por el Doctor. Nadie. Tan solitario como el pasillo. Cruzó la estancia y miró afuera de la clínica. No había cambiado nada. Salvo por un Jeep pintado de camuflaje que se encontraba aparcado delante del edificio médico. Buddy frunció el ceño. “Me dijo que venían en helicóptero, y no en Jeep…A lo mejor son otros ayudantes” trató de razonar Buddy. Pero el hecho es que el miedo comenzaba a crecer en su interior. Se acercó lentamente al Jeep y vio en su interior varias cajas herméticas cerradas. Intentó abrir la puerta del acompañante. Nada, estaba cerrado. Rodeó el coche y trató de abrir el maletero. Esta vez la puerta cedió. Abrió las cajas. Estaban vacías. Un humo salía de su interior debido al contraste entre el frío interno del calor sofocante de la jungla. Eran cajas para transporte de órganos. Pero estaban limpios y vacíos. Cuando caminaba de vuelta a la clínica reflexionando sobre lo que significaba todo esto sintió una punzada en el cuello. Era como si un bate de béisbol con clavos al rojo vivo en su extremo le golpease. Sintió un enorme calor que le invadía casi instantáneamente todo el cuerpo. Sus párpados caían y sus piernas flaqueaban. Se derrumbó en la arena. Antes que se cerrasen sus ojos vio al Doctor Herbert con una pistola de dardos en la mano, acompañado por una persona joven de rasgos latinoamericanos vestido con uniforme militar. Corrían hacia él. Los ojos de Herbert lanzaban fuego por las pupilas. Desconocía el tiempo que estuvo inconsciente. Pero habría sido mejor para él no haberse despertado. Cuando ya pudo abrir los ojos y recuperó el tacto de sus miembros percibió como unas cintas de cuero la ataban con fuerza contra la camilla quirúrgica. Miró aterrado a ambos lados y vio al Doctor Herbert de espaldas, atareado. Cuando se giró hacia Buddy tenía la cara iluminada por la locura y los ojos centelleaban odio. Buddy gesticuló desesperadamente para intentar soltarse pero las cintas le apretaban demasiado. Lo único que consiguió fue sangrar por los tobillos y las muñecas. El Doctor Herbert se acercó delicadamente hacia Buddy. Le acarició con un escalpelo la mejilla y empezó a susurrarle al oído. Buddy buddy buddy. Tranquilo. No podías quedarte en el cuarto, no. Debías salir. Iba a operarte mientras que estuvieras anestesiado pero…me has sacado de mis casillas. Lamento decirte que te operaré sin anestesia. El Doctor Herbert se irguió nuevamente y empezó a deslizar suavemente la punta del escalpelo por el cuello de Buddy, su pecho desnudo y su miembro flácido. Buddy gritaba, pedía clemencia. Lloraba y trataba de patalear a su verdugo, pero Herbert no le hacía el menor caso. Cuando acudió dentro de la zona quirúrgica el ayudante latino de Herbert cargado con las cajas herméticas que vio anteriormente en el Jeep, el doctor sonrió, complacido. Bueno Buddy. Vamos a empezar. Descuide hombre. Seguirá viviendo. A trozos claro y en el cuerpo de otras personas. Pero no se preocupe. No usaremos su corazón. Ya sabemos que no vale una mierda. El doctor empezó a cortar y a separar la piel de Buddy mientras éste gritaba, lanzando al viento su último aliento.

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La carnicera de los infiernos
ParanormalporAnónimo2/28/2012

Buenas, gente de taringa, en esta ocacion les vengo a presentar esta historia espero que la disfruten...saludos Todo comenzó una tarde de mucho calor, en la que los pájaros se mojaban las alas en las fuentes y los ciudadanos de a pie, se refrescaban en bares y terrazas. Cuando lo que parecía ser una mujer, que se acercaba desde la distancia, tambaleándose de un lado a otro, a un ritmo casi gracioso. Debía de medir unos dos metros y medio por lo menos, era inmensa, tenía una larga melena negra, unos brazos largos y musculosos, fuertes como los de un campeón de culturismo, unas manos tan grandes que podían coger una cabeza y estrujarla como si fuera una simple esponja, unas piernas tan largas, que de una zancada recorría varios metros sin esfuerzo, sus ojos eran grandes y negros, inyectados en sangre, que parecía estar poseídos por el mismo Satanás. Llevaba un hacha en una mano y una cabeza cogida por los pelos en la otra. Corría hacia la gente, asestando hachazos a todo lo que se le ponía por delante, hombres, mujeres, niños, niñas, le daba igual, su matanza no era discriminatoria. A unos les daba hachazos en la cabeza, en el pecho, en la espalda o donde le pillara mejor. A otros los cogía por los brazos, se los arrancaba, los cogía por la cabeza y les partía el cuello con un simple movimiento de muñeca, los pisaba hasta reventarlos, como si fuesen huevos que se caen de una mesa, a los que no alcazaba a darles un hachazo o no podía agarrar porque estaba muy lejos, les lanzaba miembros seccionados de sus víctimas, golpeándoles en partes vitales de su cuerpo, provocándole la muerte al instante. La muchedumbre corría sin rumbo alguno, intentado escapar de la bestia que les perseguía, la gente corría como pollos sin cabeza, en círculos, sin control, corrían gritando, chocándose unos contra otros, corrían para escapar de los ataque mortales, que propinaba el monstruo que les estaba atacando. Un hombre con una escopeta de caza, le disparó un tiro en la cabeza, arrancándole a la mujer del diablo casi toda la cabellera. La melena que llevaba la mujer grande en la cabeza, parecían pelusas tiradas en el suelo. La mujer con la cabeza medio pelada por el disparo, se dirigió hacia el hombre, le cogió la escopeta y se la anudó al cuello, como si la escopeta fuera una corbata. Más personas se unieron en el fusilamiento de la carnicera, hasta diez pude contar, de distinta edades, cada uno armado con una escopeta, apuntándole a la cabeza y el corazón, a la señal de uno de ellos abrieron fuego, y la dama de los infiernos gritando cayó al suelo, mientras los disparos desmembraban su cuerpo. Una vez en el suelo, la loca medio calva, parecía volatilizarse como gas de una botella, cuando su corazón endemoniado dejóo de latir.

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El gato
ParanormalporAnónimo2/27/2012

Hola gente de taringa, ahora vengo con una nueva historia titulada "el gato" es un tanto corta, pero interensante, espero que sea de su agrado...saludos... Marcaban las 0:27 en su reloj despertador, había sido un día largo y necesitaba relajarse tranquilamente frente al ordenador, Xi Ling siempre dejaba a su gatito Lu entre sus piernas mientras pasaba las horas muertas conectado a la red, pero esta vez Lu estaba alterado, Xi quería acariciarle suavemente como siempre hacía pero Lu con un salto inesperado y un maullido aterrador escapó de aquella habitación que cada vez estaba más fria, mas y mas fria, Xi comprobó exhaltado como de su boca salia un espeso vaho, cosa extraña en esa epoca del año en la que los termometros oscilaban a esas horas de la noche los 29 grados... Xi aterrado abandonó la habitación buscando desesperado la compañia de Lu, pero Lu no estaba por ningun lado, Lu no aparecia, Lu! -susurraba Xi suavemente con temor a ser oido por alguien que ni siquiera tenía presencia en este mundo, pero Lu no contestaba a sus llamadas... De repente Xi escucho un ruido extraño, un alarido de la habitacion helada, no sabia si acercarse, estaba temblando, sudando del miedo y el corazon le latia estrepitosamente...pero...¿y si era Lu quien necesitaba ayuda? debia ir, le debia muxo a su mascota, él le habia acompañado en los momentos mas dolorosos de su vida, el estaba alli cuando mas lo habia necesitado... Se acerco sigilosamente, pausadamente y tembloroso hacia la puerta entreabierta de la salita, dudaba si entrar de repente, o abrir la puerta poco a poco por miedo a lo que pudiera encontrarse..pero de repente, auuuuuu, otro maullido salio de alli, Lu, era Lu sin lugar a dudas...iba a entrar.. Lu apareció entre sus piernas, corriendo desesperado y maullando descontrolado, Xi no tuvo tiempo de reaccionar, Lu ya habia escapado pero él todavia no, él estaba alli, de pie, bloqueado por el terror de la noche, sus cabeza la decia que se fuera pero sus cuerpo no reaccionaba... ... a la mañana siguiente Xi fue encontrado muerto en la habitacion del ordenador, con la cabeza apoyada en el teclado, y en la pantalla del ordenador aperecian unas letras que los investigadores del caso no supieron descifirar...decia... Lu xi ta lu xi ta lu xi ta ..... Jamas supo nadie nada mas del gato, hasta esta noche, que alguien desde el ordenador de su casa ha oido maullar a un gato desde su ventana.... se giró sorprendido de los fuertes alaridos, y al volverse a la pantalla encontró escrito lu xi ta, xi ta ki....

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La casa donde el diablo estuvo
ParanormalporAnónimo3/1/2012

Hola taringeros, hoy les traigo una historia "real" supuestamente, yo no se si es real o fake, pero, la queria compartir con ustedes, la saque de una pagina de internet, asi que sin mas vueltas aca le dejo la historia Esta historia que relataré realmente existió, no la podré contar tal y como fue aunque la realidad es mucho más fuerte e intensa que lo que yo te pueda contar de ello, bueno pues resulta que mi madre tiene una amiga, la cual vivía con su hermano y su pequeñita sobrina recién nacida, bueno, la cosa es que en la casa que ellos tenían pasaban cosas horrendas, todo empezó cuando nació la niña, por ejemplo, en las mañanas cerca de la puerta de entrada y en la del cuarto del bebé se encontraba una especie de baba amarillenta y fétida, ellos se cansaban de limpiar eso todos los días, sin embargo ahí estaba, luego en las noches no los dejaba dormir ciertos aletazos arriba de la casa, una vez el señor salió a ver que era y no halló nada, igual siempre pasaba eso, pero después las cosas empeoraron, la niña sufría de fuertes fiebres que la hacían terminar en el hospital, siempre estaba enferma, súper delgadita, y nadie se explicaba que pasaba. Cierta vecina una vez les dijo que en su casa estaba el diablo por que en las noches se escuchaban gritos desgarradores, rasguños, así como risas espantosas, o sombras tétricas en las paredes, en fin, ellos no hicieron mucho caso hasta que la niña empezó a manifestar otra faceta, le daban convulsiones, se empezaba a retorcer o algo así, volteaba los ojos, sacaba espuma de su boquita, ahora sí la llevaron con un sacerdote por que en el hospital no sabían que tenía, el sacerdote dijo que la niña debía ser bautizada inmediatamente, ya que no se había hecho debido a sus continuas enfermedades, así se hizo, para lo cual mi mamá fue su madrina. Bueno, sin embargo no terminó ahí, la niña cada vez se ponía peor, y en la casa ésa era insoportable vivir. Para acabar pronto, se cimbraba todo el piso cuando la niña empezaba a retorcerse, las carcajadas se escuchaban a pleno día, y muy fuertes, la atmósfera que embargaba la casa era tétrica, aterradora, no se… una señora que era algo así como bruja dijo que en esa casa había mucho mal, sobre todo en las condiciones del matrimonio que favoreció la presencia del mal y se quería llevar a toda costa a la niña. El señor, era sacerdote antes de conocer a su esposa, hasta que la conoció se enamoró perdidamente de ella y renunció a todo y se casó, y según eso propició el ambiente adecuado para tales manifestaciones. A la casa se le hicieron, no se como 5 bendiciones y nada, hasta que por último, el sacerdote pidió testimonios de familiares y vecinos, y ordenó un exorcismo a la niña, el día había llegado, yo no lo vi pero mi madre me cuenta que fue intenso, fueron varios curas, cuando se hacía el ritual a puerta cerrada, se oían intensos rechinidos, blasfemias que salían de todas partes, un olor a podrido que inundó la sala, y ese miedo infinito que los embargaba, ese terror a lo desconocido, la situación estuvo muy fuerte, duró como 7 horas, por fin cuando salieron pidieron inmediatamente una ambulancia para la niña que estaba horrible, tenía mucha sangre en su cuerpo y ya casi no se movía, afortunadamente se salvó. El sacerdote les recomendó que se cambiaran de casa, y a esa la vendieron, lo extraño es que hasta la fecha está inhabitable, de hecho con solo verla nadie se le ocurre vivir en ella pero ni regalada. Ahora la niña tiene como 19 años, esta bien, es una ch ica sana en cuerpo y alma.

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