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ilgattopunx

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Primer post: 24 oct 2008Último post: 1 dic 2008
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El Retorcido humor de podeti
El Retorcido humor de podeti
HumorporAnónimo11/19/2008

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Pánico y Asco en Buenos Aires
ArteporAnónimo10/24/2008

Había tenido una tarde de mierda. Promediando un ya de por sí aburrido día, tuve que quedarme en el medio de dos seres humanos deleznables, un pendejito alcahuete y una vieja avara, que hasta último momento no pararon de tirarme mierda. Como ya lo venía planeando desde antes de salir, fui directo hacia lo del transa, porque ésa noche tocaba una banda, y ya estaba llegando tarde. De camino a la parada del bondi, decido que no era prudente enfrentar una noche de ejercicio y metanfetaminas sin un poco de nutrientes. Paro en un kiosco, y tras examinar todos los precios a lo Lita de Lázzari, decido comprar una leche, la cual tomo en 5 sorbos camino a la parada. Llego a la esquina indicada, y tras una breve espera, arriba este jóven emprendedor, que al darme el caramelito me advierte que es una mitsubishi verde, que tiene pepa y que me puedo llegar a dar vuelta. Ya en el colectivo, lejos de cualquier paranoia callejera, saco el pequeño paquete casero, y examino la pastillita: efectivamente, tenía el logo de mitsubishi y era verde. Afuera la lluvia empezaba a cambiar la noche. Llego a la parte donde se supone que era el recital, y tras una pequeña pesquisa de plano, mail e indagaciones a personas del lugar, me di cuenta que había confundido el nombre del partido con el nombre de un barrio, y que en realidad me encontraba mas o menos a 25 km de distancia. Sin dejarme amilanar, me compré un jugo y un sánguche, como para ahogar las penas, y me acordé que una amiga mía me había invitado a una fiesta de música balcánica, que de casualidad estaba bastante cerca. Con lo que estaba lloviendo, me convenían los caminos cortos. Ya dentro del lugar, tras un llamado que tomó veinte intentos y una incómoda espera bajo la lluvia, el ambiente de la noche parecía de lo más afable. Como para sacarme el frío del exterior, me dediqué a charlar con la gente del lugar, a moverme un poco. 12:30, ya se iba haciendo hora de calentar motores. Mirándome desde el otro lado del espejo me pregunto cuanto tomaré. Si bien el chico que me la vendió me dijo que tuviera cuidado debido a que era verde, decidí tomarla entera. Tal vez este dato no es muy relevantes para muchos de los que están leyendo, pero unos cuantos pocos entendidos ya saben que lo que consumí fue cuatro veces la dosis normal de este compuesto, apenas puedo imaginar su composición, sólo he escuchado de boca instruída que este comprimido contenía mdma y 2C-B, produciendo el exceso de este último particulares efectos no deseados. Como cualquier fiesta en la que me subo al lomo del elefante rosa de los alteradores de consciencia, no me privé de ninguna experiencia gratificante, desde bailar descalzo, hasta charlar con una chica sueca sobre los problemas de machismo que sufrimos acá en el cono sur, que a ella la incomodaba tremendamente la manera de ser de los hombres argentinos. Viendome cada vez mas incapacitado de hablar, la saludo de la manera mas amable posible, y me dirijo a la barra para poder comprar una botella, que venía llena de agua. Apoyado contra la valla, puesto que estaba por tocar la orquesta, bebo como desenfrenado el contenido de la botellita de plástico, y dado a que estaba teniendo un terrible episodio de fijación oral, empiezo a mascar la botellita frenéticamente. Mientras tanto, en el escenario, la orquesta hacía vibrar a todo el edificio al ritmo del dos por cuatro, música incidentalmente acorde con la tormenta que arreciaba afuera. Lo que no pudo lograr la parte instrumental de la noche, lo logró el cantor, porque tras un rato de lírica tanguera, tuve que salir aterrado hacia el puente que rodeaba a la araña en el primer piso, y sentarme. Con la mirada fija en los cristales colgando de la gran araña, las contraindicaciones dejan de ser teoría, y me doy cuenta que el viaje que tenía planeado para la noche, iba a ser un mal viaje. Tenía que volver a casa, a como diera lugar. Tal vez podría haberme contenido un rato, calmarme y aunque sea tener a la lluvia como excusa para no lanzarme a la calle, pero la claustrofobia empezaba a hacerse presente, y necesité aire urgentemente. No sabiendo como volver, voy a un kiosco para preguntar, pero me tiento con un pancho y no pregunto nada. Me tiro en el umbral de una farmacia, que convenientemente me protegía de la lluvia. Como para calmarme un poco, saco la copia de The Catcher In the Rye, de Salinger, y empiezo a tratar de distraer mi atención. Ya arriba del colectivo que me dejaba más cerca (noo, ninguno va para San Telmo, lo más cercano es el 168, te deja en Constitución), agradezco a mi suerte por servirme el último asiento libre, al fondo del bondi. Estando sentado tuve más libertad para morderme los brazos, leer moviendo la cabeza como maniático, o simplemente hundir la cabeza en la mochila. Me consolaba un poco que mis dilatadas pupilas hicieran que las luces de afuera estuvieran tan brillantes. Una vez en la terminal, me bajo y voy directo a vomitar afirmándome contra una parada, para darme cuenta que en realidad era un eructo de proporciones exageradas, generado por la reacción entre la leche y la pastilla. Esquivando charcos atravieso la plaza, cruzo la autopista por arriba, y me voy corriendo por San Juan. Me estaba muriendo de sed, así que paré en el primer kiosco y me compré un litro de jugo multifrutal, pastoso y dulce. Como no me paraba ningún taxi, bajé corriendo hasta Defensa. Poco después de la plaza Dorrego, mi estómago me recordó lo poco inteligente que es salir corriendo después de haber tragado mas de medio litro de fruta en mal estado triturada: la vereda se vio decorada de contenido estomacal. Ya con la llave en mano, cruzo corriendo la avenida independencia, para doblar en San Lorenzo, donde un grupo de cuidacoches vitoreaba mi mojado regreso a casa. Meto la llave, giro, entro, y de mis pulmones dejo aflorar un grito salvaje, que venía conteniendo desde el momento en el que salí de la fiesta. Un grito profundo, catártico. Miro a mi derecha y un grupo de caras sobresaltadas había dejado de ver la tele. Cierro la puerta, atravieso el comedor, y pego otro grito antes de abrir de un empujón la puerta al patio. Entro a la habitación casi tambaleando, decidido a escribirle un mail a la chica en la que había estado pensando toda la noche, contándole todo lo que me estaba pasando, que habia tenido un bad bad bad trip, y básicamente que este momento habría sido menos traumático de contar con su compañía. Claro que todo esto era mucho pedir, lo único que logro hacer es sacarme la ropa mojada, enrollarme en una toalla y decirle con voz temblorosa a mi compa de cuarto que estoy teniendo un mal viaje. Su total indolencia me deja en una posición que sólo me permite esperar a que pase un poco mas de tiempo, que los efectos mermen, para poder bañarme, mandar el mail, y por sobre todas las cosas, sacar a Calamaro, que desde los parlantes hacía de mi noche un poco peor. Tras un rato de letargia voluntaria, logro moverme sin desencadenar un desasosiego insoportable, y es así como me dirijo a la compu para sacar la fakin música, y mandar el bendito mail. Mi mente estaba bastante revuelta, y las letras en la pantalla habían perdido en cierta medida su clásica estaticidad, flameando en vientos tornasolados. El susodicho correo electrónico termino teniendo no más de 10 palabras, la necesidad del momento me obligó a sintetizar al máximo. Me acosté después de una ducha relajante, para quedarme dormido entre temblores y una última cucharada de pánico y asco, palabras que hasta ése momento no había terminado de entender. <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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Surrealismo Pop por Dave McDowell
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ArteporAnónimo12/1/2008

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