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Primer post: 19 ago 2008Último post: 19 ago 2008
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La Argentinidad Cromañona al Palo
InfoporAnónimo8/19/2008

Registrate y eliminá la publicidad! Una nota sacada de un viejo archivo, que a mi juicio deja muchas cosas para reflexionar. No estoy ni a favor ni en contra del contenido, asiento algunas cosas, disiento en otras. Espero que se haga justicia, sea lo que fuera que eso signifique en el marco de esta tragedia. LA ARGENTINIDAD CROMAÑONA AL PALO Por Fernando A. Iglesias Nací a menos de un kilómetro de República Cromagnon, así que de lo que voy a escribir es de mi mismo. Los cromagnones somos solidarios, macanudos, buena gente. Acaso nuestro único defecto sea nuestra completa incapacidad para la autocrítica. Los cromagnones somos valientes. Tenemos el culto del coraje y la tradición del cuchillo en las esquinas rosadas. Cuando ardieron las Torres de la “consumista y corrupta” ciudad de Nueva York, en el “cobarde y egoísta” Imperio, más del 10% de las víctimas fueron bomberos y policías que acudieron a ayudar a los que estaban atrapados entre las llamas. En cambio, en la organizadisima República Cromagnon, todos los muertos fueron niños y adolescentes cromagnones. Los cromagnones somos inocentes. Si el techo de los locales administrados por la famosa burguesía nacional cromagnona se incendia día por medio, aumentamos la cuota semanal del inspector cromagnon que nos ha tocado en suerte y le rezamos a Dios, que como todos saben es cromagnon y patriota y hace goles con la mano en los mundiales de fútbol para entusiasmo de la afición cromagnona. Después, nos lamentamos por la “desnacionalización de la economía cromagnona”, esa desgracia abrumadora. Los cromagnones somos metafísicamente inocentes. El jefe de gobierno de la capital cromagnona, uno de los dirigentes principales de una alianza política que causó uno de los mayores incendios de la historia nacional, se presentó a la campaña para su reelección diciendo: “Mientras yo era alcalde de la capital de Cromagnonia ocurrió uno de los mayores desastres de la historia del país, cuyas peores consecuencias superamos gracias a nuestra labor tan esforzada”. Coherentemente, cuando una discoteca de la ciudad Buenos Aires Tóxicos se le incendia, el alcalde cromagnon declara a la prensa internacional, lleno de orgullo: “Nuestros sistemas de emergencia se desempeñaron brillantemente”. Así, de amianto, es el progresismo en la República Cromagnon. Los de abajo también somos cromagnones. Si los padres de un adolescente cromagnon de trece años lo dejan ir solo a un lugar lleno de peligros, en el que “meten” tres veces la capacidad autorizada y en el que el alcohol, la droga y el descontrol no son la excepción sino la regla, ante su muerte acusarán al alcalde cromagnon de asesino. Y las madres cromagnonas que dejaron a sus bebes en la guardería del baño por el médico precio de un peso declararán indignadas ante las cámaras de Cromagnon-TV que toda la culpa es de Omar Chabán, otro gran PYME de la República Cromagnon. Después, todos juntos organizaremos un santuario y una marcha en la que sostendremos que los que murieron viven y están entre nosotros, porque en la República Cromagnon todo se arregla con magia y protestando contra los poderes establecidos. Paleolítica realidad Los cromagnones somos víctimas. No importa cuánto hagamos para empeorar nuestra paleolítica realidad, los cromagnones somos víctimas ontológicas de un poder ajeno y alienante que nos impide tomar en nuestras manos el curso de nuestras vidas. Por eso, en la República Cromagnon la culpa es, por definición, de otro. Cuando acusar a los extranjeros no es posible siempre queda el recurso al pasado. Así, Méndez culpará a Don Alfonso, De la Garúa a Méndez, Del Balde a De la Garúa, y los que están ahora a todos los anteriores, empezando por sus ex aliados de su propio partido. Por las calles, los cromagnones gritamos “¡Que se vayan todos!”, y después votamos a los que tenían que irse, que es eso lo que se entiende por democracia representativa en la República Cromagnon. Los cromagnones somos, afortunadamente, inmortales. Obsérvese el comportamiento de los adolescentes rockeros cromagnones o de cualquier peatón o conductor cromagnon y se verá que está convencido de la indudable inmortalidad propia y ajena. Las estadísticas muestran que cada año en la República Cromagnon mueren en accidentes de tránsito tres veces más cromagnones que personas en cualquier otro país vecino, cinco veces más que en los aburridos países anglosajones, diez veces más que en ese antro de la monotonía que son los reinos escandinavos, donde los jóvenes se suicidan. Si mejoráramos sólo un poco, evitaríamos cada mes una masacre del doble de la magnitud de la ocurrida en “República Cromagnon”. Explíquele usted esto a un colectivero cromagnon y será excomulgado por pertenecer a la campaña anticromagnona que orquestan nuestros enemigos. Mueren más cromagnones en accidentes de tránsito que en asesinatos. Sin embargo, salir a las calles con velas a reclamar al Estado cromagnon que actúe en materia de seguridad es ya un hábito social en Cromagnonia, mientras que frenar ante un semáforo amarillo constituye un insulto a la identidad nacional que los demás cromagnones reprochan al infractor haciendo sonar sus bocinas y embistiéndolo por la retaguardia. Los mismos cromagnones que liquidaron el Estado de bienestar, subieron la desocupación a dos dígitos y crearon ayer la mano de obra hoy desocupada se quejan ahora de la falta de seguridad en Cromagnonia. También a la derecha de la República Cromagnon todo se arregla con una buena marcha y un santuario que exprese cuánto queríamos a los que murieron. Los cromagnones sabemos divertirnos. Tirar fuegos artificiales contra el techo de poliuretano de un lugar pequeño, cerrado, superpoblado, inflamable, sin ventilación, en penumbra, sin salidas de emergencia ni sistema antiincendio, nos parece de onda. Viajar colgados en trenes cromagnones o en aviones cuyas alarmas no paran de sonar, depositar nuestro dinero en bancos cromagnones y dejar el destino del país completamente en manos de nuestros cromagnones dirigentes figuran entre nuestros deportes extremos preferidos. Primero les agradecemos por haber fundado, ¡por fin!, la verdadera Cromagnonia, ese país condenado al éxito. Casi inmediatamente después los crucificamos y aseguramos que nunca los hemos votado (si eran cromagnones políticos) o apoyado (si eran militares cromagnones). Después, para consolarnos, escribimos largas parrafadas acerca de la memoria histórica cromagnona. Los cromagnones somos piolas. Esas puertas de seguridad que en todo el mundo se abren desde adentro y garantizan los escapes de emergencia son aquí el mejor recurso para colarse en el recital de nuestro grupo de rock cromagnon preferido. Lamentablemente, los empresarios pymes cromagnones son más piolas aún, y los traban con cadenas y candados para asegurarse sus ganancias en pesos cromagnones, que luego invierten en algún paraíso fiscal al mismo tiempo que piden protección para la eternamente naciente industria cromagnona. ¡Y los funcionarios cromagnones responsables de controlar la cantidad de concurrentes, la inflamabilidad de los techos y el acceso a las salidas de emergencia? Estaban brindando con sus familias por las fiestas, porque los cromagnones somos familieros y fiesteros. Amamos a la familia por sobre todas las cosas, con excepción de las fiestas. Los cromagnones amamos a nuestro país por sobre todas las cosas. A cada éxito deportivo o militar salimos a expresar por las calles nuestro amor por la patria cromagnona. Alentamos a nuestros deportistas cromagnones. Denigramos a sus infames rivales. Nos preparamos para batir muchos récords mundiales: el de corrupción, el de evasión fiscal, el de presidentes en una semana, el de desigualdad social, el de lavado de dinero, el de maxikioscos-lavaderos-locutorios inaugurados en un fin de semana, el de muertos por kilómetro recorrido, el de retroceso veloz hacia el monocultivo. Las estadísticas demuestran cuán cerca estamos de quedarnos con casi todos ellos. El récord mundial de muertos por incendio en discoteca acaba de escapársenos por muy poco. Los chinos mantienen su inmerecida supremacía, derivada simplemente de su superioridad numérica. Pero no está todo dicho. Los cromagnones no nos desmoralizamos fácilmente y tenemos aguante. Seguramente volveremos a intentarlo. El ingenio nacional cromagnon acecha. Por ahora, como primera represalia, debemos rechazar las inversiones chinas, porque los cromagnones no necesitamos nada del mundo. Vivimos con lo nuestro y nos bastamos a nosotros solos, con nuestra original cultura cromagnona y nuestras cromagnonas tradiciones. Después de todo, la República Cromagnon es el único lugar del planeta en el que la palabra “bárbaro” tiene un significado positivo. A los cromañones no nos une el amor, sino el espanto. ¡Será por eso que sufrimos tanto? / La Nación Fuente http://soydondenopienso.wordpress.com/2005/02/02/la-argentinidad-cromanona-al-palo/ <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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