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Registrate y eliminá la publicidad! Es un poquito largo, pero si viajas como yo en la línea D y estás cansado de Metrovías, ésto te puede ayudar a entender un poco lo que esta pasando. Demoras, interrupciones y evacuaciones en línea D. Más postergaciones para Puan y Carabobo en línea A. Todo apunta a un sólo culpable: el sistema de señales ATP. ¿Chivo expiatorio o fracaso tecnológico? La historia y hechos concretos de los últimos meses. La historia con el ATP se remonta a los inicios de Metrovías al frente de la operación de los Subterráneos de Buenos Aires. Como parte de las obligaciones contractuales asumidas como concesionaria, la empresa estaba obligada a encarar la renovación completa de los sistemas de señales de todas las líneas de la red. En 1994, cuando Metrovías toma posesión de la administración, el subte contaba con 5 líneas cuyos sistemas de señales estaban intactos desde mediados del siglo pasado. Algunos, incluso, eran originales desde la apertura de las líneas. Los sistemas anteriores, idénticos en las líneas C, D y E y de características similares en las A y B, trabajaban todos de forma análoga. Esto quiere decir que todo el funcionamiento se basaba en contactores y palancas que accionaban sistemas mecánicos ubicados en distintos puntos de la red. A estos sistemas se los denominó ATS -Automatic Train Stop, por sus siglas en inglés-. Sistema ATS aún en funcionamiento en enero del 2007 Estos sistemas mecánicos daban vía libre a los trenes a través de los semáforos, de igual forma que ocurre actualmente con el ATP. Ante una imprudencia del conductor o motorman -como se lo denomina oficialmente- el ATS frenaba el tren mediante una estructura mecánica que también se instalaba en los trenes. Cuando éstos realizaban contacto con los dispositivos ubicados en el suelo de los túneles, los trenes se frenaban. Estos sistemas analógicos no permiten el monitoreo de los trenes en la red, y por consecuencia impiden una prestación ordenada del servicio. Si bien la frecuencia máxima que el ATS porteño puede ofrecer es de casi 3 minutos -no muy distinta a la máxima ofrecida por el ATP, de 120 segundos- las diferencias en cuanto a estándares de seguridad entre ambos sistemas son sustancialmente favorables al ATP. Señales lumínicas del ATS. Los coches Nagoya (hoy en línea C) también estaban equipados con ATS. Asimismo, el ATS también carece de control de velocidad máxima de los trenes y mucho menos pueden ser integradas en un mismo sistema de monitoreo las demás líneas, objetivo que Metrovías desea lograr desde el PCO -Puesto Central de Operaciones- donde el control total de la red será posible sólo cuando el ATS sea erradicado de la red en reemplazo de sistemas digitales. La instalación del ATP en todas las líneas para cumplir el objetivo de Metrovías está cada día más cerca de ser un hecho: el sistema ya fue instalado en las líneas B y E en los años 2001 y 2002 respectivamente, mientras que en las líneas A y D fue colocado en estos últimos 3 años en forma simultánea, siendo ésta la última línea en la que se puso en funcionamiento. Anuncio de Metrovías advirtiendo sobre el cambio al ATP Existen planes, también, de instalar el ATP en la línea C, donde la iniciativa aún está en proyecto. En la línea H, en tanto, el sistema se encuentra instalado aunque a la espera de trenes que puedan operar en esa norma, ya que los actuales Siemens O&K trabajan en ATS en la línea más nueva de la red. ATP en la línea D El proceso de instalación de este sistema de señales comenzó hace 3 años en la línea D mediante el cableado y colocación de dispositivos electrónicos inalámbricos tanto en túneles como estaciones. Asimismo, se procedió tiempo más tarde a la ubicación de los nuevos semáforos. El sistema también incluye la sectorización de tramos de vía en lo que se llama secciones. Mediante las secciones, los trenes serán monitoreados a medida que vayan haciendo contacto en cada sección nueva de los rieles. Una vez que el sistema estaba totalmente colocado se procedió a su puesta en marcha de forma aislada. Esto quiere decir que aún no se integraba con el Puesto Central de Operaciones, y la prestación del sistema no estaba en su máximo rendimiento. Esta puesta en marcha implicó la interrupción programada de la línea D durante todo el 13 de enero de 2007. La misma prestó servicio con algunas demoras por los siguientes días, aunque no se registraron mayores inconvenientes. El sistema ATS ya apagado en enero de 2007 Fue ese día en el que el antiguo sistema ATS, proporcionado por la empresa Siemens en 1937 -año de inauguración de la línea D-, brilló por última vez tras funcionar durante casi 70 años de forma impecable. Desde ese día los semáforos del viejo sistema se encuentran apagados. Algunos aún quedan colocados. Otros fueron arrojados a los costados de las vías, destino que también sufrieron diversos dispositivos del ATS. Dispositivos del ATS, ya en desuso, arrojados a los costados de las vías ATP línea D, Segunda Etapa La fase final de la puesta en marcha de este sistema consiste en lo que se denomina vuelco. Es decir, la integración de las señales con el PCO y el resto de la red, entre otras cualidades que permiten exprimir al máximo las ventajas de la tecnología digital. Este proceso es el más delicado, ya que no tiene vuelta atrás y su calibración completa -trenes, secciones de vías, PCO- demanda mucho tiempo y una exhaustiva labor de los profesionales a cargo del emprendimiento. En un principio, el vuelco se iba a realizar en enero de este año, para minimizar los inconvenientes en la prestación del servicio aprovechando las frecuencias de verano. Sin embargo, debido a inconvenientes en las tareas previas a la realización, el proceso debió ser postergado. Recién en julio pasado la empresa consideró que estaban dadas las condiciones para la implementación de la etapa final, algo que no estaba en coincidencia con los técnicos e ingenieros consultados por enelSubte.com, quienes advertían que aún faltaban ajustes. Otras fuentes aseguraban que las demoras iban a ser sustanciales, y que han insistido reiteradas oportunidades a la empresa para realizar el vuelco en enero del 2009. Finalmente el día elegido para digitalizar al 100% la línea D fue el sábado 26 de julio pasado, día en el que comenzaron las demoras y, hasta hoy, la línea verde aún no supo encontrar la calibración completa del sistema. Los inconvenientes Desde el 26 de julio que los usuarios acumulan bronca producto del pésimo funcionamiento de la línea D. A toda hora se presentan inconvenientes en su servicio, desde interrupciones breves hasta demoras constantes. enelSubte.com monitorea permanentemente la situación de la línea más conflictiva de la actualidad. Hasta el momento hemos registrado numerosos casos de tensión, denunciados tanto por pasajeros como por empleados de Metrovías. Los usuarios, ante las incesantes interrupciones o demoras, han agredido a conductores o guardas, golpeado trenes y arrojado objetos a las cabinas del conductor. Estas denuncias se han incrementado especialmente en las últimas semanas de septiembre. Advertencia de Metrovías por posibles demoras producto de la última etapa de la instalación del ATP En algunos momentos de tensión fue inevitable la intervención de efectivos policiales, aunque en algunos casos no se encontraban en las estaciones, con lo cual los empleados debieron refugiarse en las cabinas de los trenes. El Cuerpo de Delegados del Subterráneo emitió un comunicado de prensa donde se les advertía a los usuarios que los inconvenientes en la línea no eran consecuencia de reclamos sindicales sino de la implementación del nuevo sistema de señales, buscando así calmar a los pasajeros. Un equipo técnico de la filial brasilera de la empresa Alstom -la responsable de la instalación del sistema- viajó a la Argentina en reiteradas oportunidades, trabajando junto a especialistas de Metrovías para resolver la situación. Si bien en las últimas semanas la situación ha mejorado sustancialmente en comparación a los primeros días de agosto, aún se registran demoras de hasta 15 minutos en horarios pico. Los nuevos coches Alstom, fabricados en Brasil y ensamblados en Argentina, ya poseen el ATP de fábrica En Metrovías no se supo hasta recién 5 días antes de la realización del vuelco cuándo sería la fecha exacta de su implementación. La decisión se tomó el 22 de julio, día en el que se consideró la posibilidad de liberar los molinetes los primeros dos días posteriores al vuelco, temiendo que la situación sería complicada. Esta medida finalmente no prosperó. enelSubte.com dialogó con responsables del área encargada del vuelco, quienes explicaron a este medio sobre las múltiples fallas que aquejan a la línea: desde pérdidas de códigos digitales entre las secciones de los rieles y los trenes hasta fallas en los equipos ATP montados en las formaciones Fiat Materfer. Estas fallas, originadas principalmente en los equipos ubicados tanto en las vías como en los trenes, generan la pérdida momentánea del monitoreo de los trenes en la red. Los mismos pierden conexión con el ATP de la línea, y por política de seguridad automática del sistema, el mismo acciona la emergencia, frenando al tren en cualquier parte. Esto es lo que los usuarios perciben constantemente durante los últimos 3 meses. En algunas oportunidades los trenes llegaron a ser evacuados, situación que ya ha sido registrada al menos 3 veces dentro del túnel, mientras que son incontables las oportunidades en las que los trenes debieron ser evacuados en las estaciones por desperfectos técnicos. Nuevos semáforos del ATP en funcionamiento desde el enero de 2007 El hecho más grave se registró el 2 de octubre a las 17:35 en la estación Callao, donde una formación de coches Fiat Materfer presentó desperfectos desde que partió de Catedral. El motorman decidió quitar del servicio al tren, acción que obligó a los pasajeros a descender en Callao. La formación continuó el trayecto, vacía, con destino a la cochera Congreso de Tucumán. Una vez que partió desde Callao, se volvió a detener a unos 30 metros por el mismo desperfecto. Sin haber arrancado, ni mucho menos haber llegado a Facultad de Medicina, la formación en servicio que venía detrás logró estacionar en Callao sin ningún inconveniente. La situación termina presentando dos formaciones en la misma vía con destino a Congreso de Tucumán a una distancia no mayor a 30 metros, algo terminantemente imposible según el funcionamiento del ATP, el cual establece que dos formaciones no pueden acercarse a más de 2 minutos de distancia; es decir, aproximadamente una distancia de una estación por formación por vía. Puan y Carabobo, ¿postergadas por el ATP? Por iniciativa y obra del Estado nacional, a través del programa PTUBA -Proyecto de Transporte Urbano de Buenos Aires-, el cual es costeado con un crédito otorgado a la Nación por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), las tareas de renovación integral de la línea A en su traza actual de Plaza de Mayo a Primera Junta incluyen, entre otras, la instalación de un nuevo sistema de señales, también de la tecnología ATP. El mismo será utilizado, además, en las cuatro nuevas estaciones, obra de extensión encarada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a través de Subterráneos de Buenos Aires S.E. (SBASE). Allí también está siendo instalado este sistema en concordancia con el del resto de la línea y la red en general. La estación Puan, casi lista, a mediados de 2007. El cuerpo técnico que trabaja en la instalación y calibración es el mismo equipo que llevó acabo las tareas de colocación del ATP en las restantes líneas, menos en la H. Ellos nos han informado sobre el estado de avance de las obras, las cuales se encuentran casi finalizadas, aguardando el vuelco teórico -o minivuelcos- del sistema. El vuelco no será práctico dado que los históricos coches Brugeoise de la línea A, casi centenarios y flota de trenes más antigua del mundo al servicio de pasajeros no podrán ser equipados con este sistema debido al importante atraso tecnológico que presentan. Es por ello que la línea A deberá aguardar a la provisión de nuevo material rodante; en este caso los trenes Fiat Materfer, los mismos que circulan en la línea D junto a los nuevos Alstom Metropolis en la actualidad. Semáforos del ATP recientemente instalados en junio de 2006. Delante, el ATS aún vigente. La migración de material rodante no se completará hasta 2011, año en que se prevé la inauguración de la segunda etapa de extensión con las estaciones Flores y San Pedrito, al final de la línea A. Hasta entonces el sistema ATP no podrá ser puesto en marcha, al menos de forma integral. De ello se desprende, entonces, la siguiente incógnita: ¿por qué le adjudican al atraso de las pruebas del sistema ATP la nueva postergación de la apertura de las estaciones Puan y Carabobo? Además, ¿Cuánto tiempo más se requiere para calibrar el ATP en la línea D y optimizar la frecuencia? Fuente: http://www.enelsubte.com/informes/1225227016.html
Obdulio, era una persona especial, fuera de lo común, fuera de serie. No tenía ninguna virtud particular, ningún valor extraordinario que sirviera para diferenciarlo del concepto de “hombre común” siendo generosos o del de “pobre tipo” siendo realistas. No era un paria, por la sencilla razón que no vivía en la India, sino en un oscuro y pequeño departamento de la calle Austria, frente al Hospital Rivadavia. Obdulio era un ser impersonal y obsesionado por la medicina. Ciencia a la que abrazó con mucha pasión y poca inteligencia, habiendo reprobado seis veces el examen de ingreso a la facultad de medicina. Tenía gran facilidad para el diagnóstico, de cualquier enfermedad; lo que no tenía era certeza. Una vez había escuchado la frase “no hay enfermedad sino enfermos” y de su mala interpretación surgió su pasión por encontrar pacientes a los que diagnosticar enfermedades. Se lo podría definir como un “hipocondríaco social”. ¿Te sentís bien?, ¿No estás un poco amarillo?, ¿Qué te está pasando?, ¿Te vacunaste? ¿Te noto un poco raro? ; eran frases que Obdulio utilizaba entre sus conocidos. Aprovechaba el más mínimo indicio, el síntoma más pequeño para poner en marcha acciones asistenciales. ¡Todo era grave! Obdulio tenía dos costumbres; visitaba con frecuencia las guardias de hospitales y las farmacias; con el objeto de conocer gente. En una de sus habituales recorridas ingresó a la céntrica “Farmacia y Perfumería Social Lavalle”, tomó un número y observo que delante de él, esperaba para ser atendida Judith, una simpática pelirroja que no tenía ni una sola peca en su piel. Obdulio la miró con detenimiento. No hay dudas; se dijo: Hay un severo problema de pigmentación. Se le ocurrió inmediatamente que: o bien podría tratarse de cáncer de piel o de medula. Más la miraba, más se convencía. Tenía que intervenir, ¿pero cómo? El único camino era forzar la conversación con una frase inteligente. Obdulio no dudo en utilizar la clásica pregunta: -¿Porqué número va?, dijo. -Por el setenta y cinco, respondió Judith. Confiado por la respuesta positiva, repreguntó. -¿Y vos que número tenés? -El 76, respondió la joven. Se dio cuenta que la conversación podía prosperar, por lo que arremetió. -¡Mirá, yo tengo el 77! ¿Qué coincidencia verdad? Judith lo miró con cierta sospecha diciéndole, -Lógico, si somos los dos únicos clientes que estamos esperando para ser atendidos. -A eso quería llegar, el farmacéutico debe estar aplicando una inyección intramuscular. ¿Vos que obra social tenés? -Yo; por el trabajo tengo Dhortos Platino. Obdulio respiró aliviado. Sabía que ese plan tenía cobertura oncológica total. Por lo que no tendría problema en avanzar en el caso. Pensaba que con unas sesiones de radioterapia o bien con un trasplante de médula, la cosa podría arreglarse. -¡Ah!, Dhortos tiene buenos planes, espero poder trabajar para ellos cuando me reciba, sentenció Obdulio. -Qué ¿estudias medicina?, replicó con vos de incrédula Judith. -¡Sí!. Hace seis años y debo algunos finales. -No tenés pinta de médico. (En esto fue generosa, él no tenía pinta de nada.) Obdulio confiado en la necesidad que la conversación prosperaría y finalmente tendría oportunidad de expresar su diagnóstico, afirmó en forma complaciente. -En eso tenés razón, porque nada es lo que aparenta. O acaso, las peores enfermedades no se esconden en cuerpos sanos. -No sé, puede ser que tengas razón, lo que ocurre es que cuando uno está sano, no piensa en las enfermedades; afirmó despreocupada Judith. -Sabés que pienso dedicarme a la prevención de patologías. -Te felicito, que interesante. ¿Cómo tarda el farmacéutico? Obdulio sintió que con este abrupto giro de la conversación, se alejaba la posibilidad de expresarle que diagnosticaba cáncer de piel o de médula. Tenía que acelerar a fondo. -¿De qué signo sos?, preguntó Obdulio sin mas trámite. -¡De libra!, contestó Judith poniendo mala cara. Él, pensó que era el momento de quemar las naves y con vos firme dijo. -Hubiera jurado que eras de cáncer. ¡Sí de cáncer! Judith, ya estaba molesta y se sonrojo. Para Obdulio ese inexplicable rubor, tendía a confirmar el cáncer de piel, pero sin descartar el de médula. -¡Nó, soy de libra! Menos mal que estudias para médico y no para adivino. Obdulio, sintió que podría recuperar el diálogo. -En eso tenés razón, puedo errar adivinando pero no diagnosticando. Tenés síntomas evidentes, es más indicios inequívocos de sufrir una patología oncológica severa, en dermis o médula. Intenté otros caminos para no ser tan duro, pero debo anteponer mi juramento hipocrático. Creo que ya mismo hay que iniciar un tratamiento, no hay tiempo que perder. No te preocupes, tu plan médico lo cubre. Estoy dispuesto a acompañarte ahora; prescribió Obdulio. Judith lo miró con asombro, duda y finalmente desprecio; diciéndole con suficiente grado de irritación. -Mirá hasta ahora pesé que eras un estúpido, pero indudablemente estás loco; por favor no me molestes más. -Entendeme, tu vida está en peligro. Pero el problema es reversible, si lo atacas a tiempo. Con radioterapia, o un transplante de médula; se arregla, se arregla. Quedas como nueva, insistió con obstinado convencimiento Obdulio. Judith, no volvió a mirarlo, ni a dirigirle la palabra. En ese momento un dependiente de la farmacia se acercó a mostrador y dijo: -Setenta y seis. Judith malhumorada y con voz entrecortada expresó; -Hola, me das un pomo de Kolestón 34, pelirrojo sensual. Obdulio, al escuchar esto quedó espantado. Giro sobre su cuerpo, dando una media vuelta y enfiló hacia la puerta. Mientras pensaba: era tintura, era tintura. Por eso no tenía pecas en la piel. Pero inmediatamente para darse ánimo, machacaba la idea “Cáncer de piel evidentemente no, pero ese hígado no está sano”. Obdulio, caminó por Av. Callao rápido. Era flaco y desgarbado, su andar habitual era ligero, y cuando estaba nervioso corría sin correr; al punto que a su sombra le costaba mucho seguirlo. Con el pasar de los minutos fue olvidando el incidente con Judith, y para darse ánimo pensaba: Maldita tintura, maldita tintura. Y luego elucubró una teoría que relacionaba las ventajas de la calvicie en pacientes oncológicos tratados con quimioterapia. Concluyendo para sí: Ahí está, por eso son pelados. No tenía ninguna obligación concreta durante el resto del día y considero bueno ir a Retiro, para conversar un rato con la enfermera que tomaba la presión en el pasillo de la terminal de ómnibus. Era una buena oportunidad para toparse con algún hipertenso y obrar en consecuencia. Este era el mejor lugar a donde ir, después que había iniciado tan mal el día. Mucha gente que viene del interior y de países limítrofes: chagas, cólera, problemas de alimentación. Sabía que no eran pocos los migrantes, que venían a Buenos Aires por problemas de salud. Entendía que a la suerte había que ir a buscarla. Cuando llegó a la Plaza Rodríguez Peña, decidió tomar el colectivo 150. Una vez en el micro, se sentó al lado de Josefa; una señora mas que mayor que tenía un bolso como para irse de viaje. Instintivamente Obdulio, sintió la necesidad de conversar. En la pantalla del servicio de información electrónica, pasaban la propaganda de Hepatalgina y allí encontró la oportunidad. Mirando a Josefa le dijo: -Hepatalgina, excelente hepatoprotector para disfunciones agudas. Sin dudas un excelente preparado farmacológico. Josefa, lo miró sorprendida, pero también se sintió tentada en conversar. -¡Ah, sí!. Yo tomo Hepatalgina, siempre. Más cuando voy de mi cuñado Arturo, el marido de la Anadelma, a comer asado. La molleja me cae muy pesada, pero la hace de rica. Y al chimichurri, le pone el ají de la palabra. Uno sale relleno, al punto de explotar. El Arturo, no sabe que darte; le encantan las comilonas, comentó Josefa. Esas palabras, eran música para los oídos de Obdulio. Todo el aparato digestivo expuesto a su ímpetu diagnosticador. El colectivo ya había cruzado Libertad y en pocos minutos estarían en Retiro. Tenía que brindar toda la información curricular para recibir información cierta sobre alguna patología que sufriera su interlocutora. La vejez es afín a la dolencia, se dijo. -Me faltan algunas materias para recibirme de médico. Pienso especializarme en sistema digestivo. Entiendo muchísimo, afirmó Obdulio. -¡No me diga!. No tiene pinta de médico; dijo Josefa. Esto no le cayó muy bien a él, dos veces en un mismo día tuvo que escuchar ese caprichoso comentario. Pero se sobrepuso rápidamente, y volvió a decir. -En eso tiene razón, porque nada es lo que aparenta. O acaso, las peores enfermedades no se esconden en cuerpos sanos, reflexionó Obdulio. -Hay m’hijo, no me hable de enfermedades, comentó Josefa. Obdulio se desesperaba por escuchar la confesión pluripatológica de su circunstancial compañera. -... yo soy un roble. La última vez que fui al médico fue cuando tuve a las mellizas. Jamás volví y tengo 82 años. Eso sí, desde chica tomo té de yuyos; concluyó así Josefa. Obdulio, no lo podía creer. Una vieja de 82 años, fuerte como un roble; sin ninguna queja, ese no era su día. Teniendo en cuenta el fracaso con Judith, prefirió suspender sus comentarios clínicos y preguntó. -Veo que lleva un bolso, por casualidad se va de viaje. -Sí. No sabe la alegría que tengo. Voy a Los Cocos a conocer a mis dos primeros bisnietos. Porque mi nieta tuvo mellizos como yo. Lamentablemente tengo que ir en micro, porque soy pensionada y no me sobra; dijo Josefa. Obdulio atinó a decir, traicionado por el subconsciente, -Gracias a Dios que tienen el PAMI, con unos médicos excelentes. Espero poder trabajar para el PAMI. El colectivo había llegado al final de recorrido justo en la Terminal de Ómnibus de Retiro, y los pasajeros comenzaban a bajar. Obdulio, dejó que Josefa bajara primero, pero se ofreció a llevarle el bolso que era algo pesado. Al descender Josefa apoyó mal el pié y se dobló levemente el tobillo en el empedrado. -Fractura expuesta, factura expuesta; gritó desesperado Obdulio. No se mueva, permítame que la ayude, proseguía Obdulio mientras que con un rápido y ágil movimiento bajaba del colectivo y tomaba el brazo de Josefa y lo pasaba por sobre su hombro. -Abuela, téngase fuerte, que enseguida le inmovilizo el pié. -Pero m’hijo, me doble, no es nada, a ver si pierdo el micro, repetía Josefa. -¡Se dobló!¡Se doblo!. Le digo que es fractura expuesta y no le duele ahora pero va a ver en unos minutos, no podrá caminar. Claro, la osteoporosis avanza la gente no le da pelota, y la osteoporosis avanza. ¡Ay..., medicina preventiva, medicina preventiva! No se mueva, por favor; repetía casi descontroladamente Obdulio. Puso el bolso en el piso de la explanada y luego acostó a Josefa. Rápidamente sacó su cinturón y con dos pedazos de tabla de cajón de frutas que encontró en el lugar; le entablilló el pié. Al ajustar el cinto, Josefa gritó, mientras él le replicaba. -Vio, ahora le duele, pero gracias a Dios y a la Virgen, pude poner las piezas en su lugar. Aguante mientras pido ayuda. En ese momento había más de diez curiosos, que observaban como Obdulio trabajaba mientras comentaban. -Qué barbaridad, estos colectiveros que no respetan a los viejos. Menos mal, que el joven entiende, dijo que tiene fractura expuesta. Obdulio, comenzó a sentir el protagonismo de la fama. -¡Aire, aire, por favor!, gritaba. Puede hacer una crisis nerviosa, seguida de paro cardíaco, aire, aire; insistía con voz potente. Ya eran veinte los curiosos que se amontonaron, cuando dos voluntarios comenzaron a apantallar a Josefa, que suplicaba. -Pierdo el micro, pierdo el micro. -Abuela hágase a la idea que en cuatro meses podrá viajar. Hay que operar y seguro le pondrán un clavo de titanio. Tenga paciencia, yo la ayudare. -Gracias joven, pero pierdo el micro, suplicó entre llantos Josefa. En ese momento llegó un agente de policía, alertado por el tumulto de gente. Obdulio, ordenó con voz potente, -Agente, pida una ambulancia, fractura expuesta en tobillo, con compromiso de tibia y peroné. El agente al ver la decisión de Obdulio, solicitó una ambulancia por el handy repitiendo el diagnóstico. -Bien, bien -replicó Obdulio, agregando- busquen a la enfermera que está en el hall de la Terminal, necesito tomar la presión. Cuando llegó la enfermera y al ver el cuadro naturalmente ofreció el estetoscopio y el tensiómetro. -Tome doctor, dijo dirigiéndose a Obdulio. Esa palabra doctor, resonó por todos los rincones del cuerpo de Obdulio. -Ocho, doce –dijo- está bien, para el cuadro. Agente la ambulancia tardará mucho, es una emergencia, sostuvo con énfasis. El agente volvió a modular con el Comando, y le informan que en cinco minutos llegaría. -Doctor, llega en cinco minutos, contestó el policía. Obdulio se acercó al agente y en voz baja le confesó: -No soy médico, aún debo algunos finales. -Me parecía. No tiene pinta de médico, afirmó el agente. Obdulio asimiló este nuevo golpe, comentando: -En eso tiene razón, porque nada es lo que aparenta. O acaso, las peores enfermedades no se esconden en cuerpos sanos. Para congraciarse con el agente, le confesó: -Pienso especializarme en cirugía de emergencia. Si Dios me ayuda, haré la residencia en el Complejo Policial Churruca. En eso llegó la ambulancia del SAME, mientras bajaban la camilla, se acercó el médico y Obdulio le dijo: -Mirá, es una fractura expuesta, casi de libro, la típica. Gracias a Dios pude acomodar todo de primera. Tiene presión normal. Pero le daría un tranquilizante, para que llegue bien al quirófano. Tiene ochenta y dos años, pensá en osteoporosis. Es pensionada y su obra social es PAMI. Fue tan completo el parte de Obdulio, que el médico no dudo en hacerle caso y le respondió: -Tenés razón, eso haré. Obdulio no cabía en su cuerpo, un médico coincidía con su diagnóstico. Josefa, ahora tendida en la camilla, pedía por su libertad, cuando le inyectaron el tranquilizante. -Pierdo el micro, dijo antes de dormirse. Rápidamente la subieron a la ambulancia y Obdulio no dudo en acompañarla. No eran pocos los que ponderaban su actitud. La ambulancia iba directo al Fernández, Obdulio estaba emocionado como nunca. El ulular de la sirena, despertaba su instinto de galeno. Al promediar el viaje cuando había comenzado decrecer la tensión, Obdulio le dijo al médico -Que tal si pedís quirófano. El médico lo miró antes de contestarle y con ironía le dijo -Se ve, que ves mucha televisión, con suerte tiene quirófano para dentro de siete horas, total esta dormida, y le dimos para que tenga y guarde. No te preocupes no sufre la vieja. -Esta bien, contestó desanimadamente Obdulio. -Vos sos novato, o estudiaste afuera, inquirió el médico. -No en verdad debo algunos finales, todavía falta. -¡Ah...!. Me parecía, no tenés pinta de médico. Obdulio, no lo podía creer, cinco veces en un día, había escuchado esa inoportuna acotación; pero esta vez permaneció en silencio. La ambulancia ingresó al hospital y Obdulio acompañó a Josefa, por todo el corredor que los separaba de la Sala de Guardia. El ruido metálico, junto con el de las ruedas de goma reseca, era una melodía que él disfrutaba muchísimo. Corría tras el médico, hasta que la puerta vaivén de la guardia se volvió sobre su cara, mientras el médico le indicaba -¡Vos, quedate acá! Que a la señora la entrego en la guardia. Al rato salió el médico y dirigiéndose a Obdulio le recomendó; -¡Bueno flaco, ya está!.La guardia se hizo cargo de la señora, porqué no llamás a un familiar, sino de acá no te vas más. A Obdulio no le importaba quedarse. Disfrutaba estar en ese lugar, pero al rato comprendió que era lo más conveniente, además necesitaba un poco de acción. En ese momento, una enfermera salió de la Guardia y preguntó; -El acompañante de Josefa Miranda. Obdulio se presentó y explicó brevemente la situación pidiendo que buscaran algún número telefónico de un pariente, lo que obviamente consiguió, dirigiéndose a un teléfono público, desde el que llamó: -Buenas tardes, hablo con algún familiar de la señora Josefa Miranda; consultó Obdulio. -Sí, habla la hija; ¿porqué? -Mire, soy Obdulio Ferrite, no se preocupe, yo viajaba junto a su madre en el colectivo 150, no se preocupe, y cuando transitaba por avenida Santa Fe, me puse a conversar con ella, no se preocupe, y me comentó que viajaba a Los Cocos, no se preocupe... -¡Bueno basta por favor!, Dígame de una vez que pasó con mi madre. -Por favor, no se preocupe, al bajar del colectivo se fracturó el tobillo, con compromiso de tibia y peroné, con mi ayuda y asistencia la trajimos al Fernández y ahora está por ingresar al quirófano, pero no se preocupe, esta todo bien. Aún mantiene los signos vitales normales, dijo Obdulio intentando dar una aire doctoral a su conversación. -Ya voy para allá, gritó desesperada la hija. -Por favor, tómese su tiempo, no se preocupe desde un principio la inmovilicé el pie y luego tome la presión, con... . ¡hola, hola, hola!; Obdulio se dio cuenta que no había nadie del otro lado, y prefirió cortar a poner otra moneda. Volvió a la sala de espera de la Guardia, donde aguardaría la llegada de la hija. No sabía como se llamaba, ni como era, ¿cómo la reconocería?. No terminó de pensarlo cuando vio entrar a una mujer hecha una tromba. Obdulio interceptó su marcha, diciendo: -¿Usted es la hija de la señora Josefa? -¡Sí!, Donde está mi madre. -Esperando en el quirófano, yo le puedo explicar... -¿Qué usted es médico? -Nó, pero me faltan unos finales y seguramente usted pensará que no tengo pinta de médico, son varios los ya me lo dijeron. Se defendió Obdulio. -Mire, no estoy de humor para definirlo. Permiso. Obdulio se sintió despreciado, quedó inmóvil. La hija de Josefa ingresó a la Guardia diciendo con vos firme: -Buenas tardes soy la doctora María Villamil, hija de Josefa Miranda, quiero hablar con el Jefe de Guardia. Obdulio no podía creer lo que estaba escuchando. La hija no tenía pinta de doctora, y él deseaba que fuera cualquier cosa menos medica. Se escuchó luego; -Buenas Tardes, soy el doctor Finauri, doctora en que la puedo ayudar. -Mire mi madre fue ingresada por una fractura de tobillo. -Si la señora Miranda, está esperando para entrar al quirófano. -¿Podría ver las radiografías? -No le hemos hecho placas, debido a que ingresó con un diagnostico preciso. -¡Pero que barbaridad! -Usted sabe la crisis del hospital público. Si le sacamos placas pierde el turno de quirófano. Teniendo un diagnóstico previo, abrimos y listo. -Mire doctor comprendo las circunstancias de las que deben desarrollar su labor, pero como hija y traumatóloga, no puedo tolerar esta situación. Envíela a Radiología y luego vemos si la trasladamos o la operan aquí. Obdulio no podía creer lo que estaba escuchando, traumatóloga. Sí, era traumatóloga la hija de Josefa. Nunca hubiera imaginado que la madre de una traumatóloga, podría viajar en colectivo. Pensó en irse, pero era la atracción que sentía era tan profunda, que prefirió quedarse. Imaginaba, que luego de la operación, sobrevendría un reconocimiento, una felicitación de por lo menos dos profesionales médicos. En el fondo lo humillaba mucho no haber podido ingresar a la facultad de medicina. Se decía: “Justo a mí, con lo que sé de medicina, con el ojo clínico que tengo, justo a mí me niegan el ingreso”. Calculaba que la operación duraría un par de horas, y tendría tiempo de recorrer los pasillos, multiplicándose las posibilidades de poder conversar con enfermos, familiares, amigos e incluso de uno que otro deudo. Pero estaba tan ansioso que el tiempo le pasó rápidamente, perdiendo vaya a saber cuantas oportunidades, y sin darse cuenta vio venir a la hija de Josefa. Obdulio se incorporó con mucha humildad, esperando recibir el primer halago y en voz baja y pausada dijo: -¿Cómo está la señora Josefa?, ¿Entró al quirófano?, ¿La han operado?, ¿Recuperó el conocimiento?... -¡Imbécil!, Fue la única palabra que pronunció la hija de Josefa. Obdulio se sintió incómodo, comenzando a sospechar que algo había fallado en su diagnóstico, tratando de poner distancia y buscando una posición más favorable, agregó: -Doctora, no comprendo... -y previendo lo peor agregó-, cuando llegó el SAME... -¡Imbécil!, Sentenció nuevamente la hija de Josefa, sumamente indignada. Obdulio, se dio cuenta que debía preparar la retirada. -Doctora, en fin, bueno, gracias a Dios, menos mal, imagínese lo peor, por suerte... En ese momento estalló la bronca de la hija -¡Mi madre no tiene nada, solo una leve torcedura! ¡Infeliz!. Lo demandaré. Mi madre perdió el micro. ¡Estúpido!. Obdulio, quedó petrificado, ante la amenaza de una demanda judicial. Un juicio por mala praxis, antes de haber ingresado a la facultad, era terrible. Mala praxis o peor ejercicio ilegal de la medicina. Mas pensaba y más se paralizaba. Se decía “Hoy no es mi día, primero la pelirroja y después esta vieja de mierda. Sabía que solamente tenía que ir a conversar con la enfermera en el hall de la Terminal y listo”. Esos instantes resultaron eternos, pero recobró ánimo y sólo atinó a decir. -Doctora, no se enoje, yo sólo quise ayudar y además no firmé nada. Cuando salió del hospital eran las 21 horas, y no eran muchas las cuadras que lo separaban de su casa. Decidió caminar en esa noche de derrota desde el Fernández al Rivadavia; como tantas veces lo había hecho, a pesar que en la mayoría de los casos el recorrido era inverso. Comprendió que lo mejor que podría hacer era irse a dormir. No había comido nada en todo el día y sentía como si le hubiera bajado la presión. Mientras caminaba pensaba en su infortunio. Se decía; “La pelirroja y la vieja..., no cabe duda, debo dedicarme a la psicología o a la psiquiatría. Nunca se sabe el origen de la locura y las contradicciones de personalidad, son infinitas. Un loco es un loco, en cambio una fractura puede ser una fractura. Y porqué un loco es un loco, vaya uno a demostrarlo. Si bien el origen del cáncer es difícil de conocer, la existencia de los tumores y la terapéutica lleva la cuestión a un plano de realidad inobjetable -siguió pensando que- habiendo tantos locos sueltos, lo mejor era la psiquiatría. Un loco es un loco”, se conformaba. La tensión nerviosa lo hizo caminar más rápido que de costumbre y de golpe se encontró frente a la puerta del edificio. Recordaba que tenía un par de salchichas, una rodaja de fiambrín y un poco de pan, de hace unos días. “Un caldo, un sándwich y a la cama”, se dijo. Tenía que olvidar este día y con recurrencia insistía “con los locos va a ser otra historia”. Pensó además que podría subir a los adictos, se auto convencía, para darse ánimo. Entro al departamento y preparó rápidamente la comida. Presurosas las cucarachas fueron a esconderse, él se sorprendió pero prefería comer solo; no estaba de ánimo. Obdulio dio vueltas en la cama, las horas pasaban y no podía dormir. “Los locos, los locos” se repetía, hasta que salto de la cama, mientras pensaba: “¡Cómo no se me ocurrió! A esta hora encontraré mendigos en la puerta de San Agustín. ¡Cómo no me avivé antes! Tantos años delante de mí y no los vi. ¡Sí!, Están enfermos, y no los vi.”. Salió disparado, el corazón le latía fuerte, iba por la revancha. En el mismo instante en el que pisó la calle aceleraba sobre avenida Las Heras una Nissan Pathfinder, junto con otros autos, que conformaban un grupo de bullangueros, que habían dejado medio vestido a Gonzalo Achával Pacheco, totalmente ebrio. Era su despedida de soltero y los amigos le jugaban la broma de dejarlo solo por un rato, mientras iban a buscar una o dos sorpresas en Play Woman, ahí nomás en Recoleta. Obdulio, observó su zigzagueante andar y se acercó rápidamente. -Te puedo ayudar, le dijo -... El día que muera..., cantaba Gonzalo. -Te puedo ayudar, repitió Obdulio buscando una confirmación que convalidara su accionar, evitando ulteriores problemas. -... pero con vino tinto y pan... pero con..., seguía cantando Gonzalo. -Entonces puedo ayudarte, insistió Obdulio. -...si..., pero con vino tinto y pan; continuo cantando Gonzalo. Ese “si” que había escuchado era la expresa autorización que Obdulio requería para iniciar una nueva ayuda asistencial. -¿Cómo te llamás?, preguntó Obdulio. -Diego, Diego..., replicó Gonzalo – con grito futbolero-. -Diego, ¿qué?, inquirió Obdulio, para conocer el nombre y apellido de su paciente. -Diego Maradona, le gritó Gonzalo. Esta era la primera evidencia que confirmaba la locura de este paciente. Ahora trataba de reconfirmarlo; -Sos, Diego Maradona. Como te va, tanto tiempo. No te acordás de mí, soy “El Flaco” Menotti; dijo Obdulio para comprobar el grado de alineación del paciente. -Como te va, dame un faso; dijo Gonzalo. -¡No tengo! -Dejate de joder, Flaco. ¿Tanto llegó la malaria?. Si vos no tenés un faso estamos en la ruina, en este ispa. -Me los olvidé en casa; contestó Obdulio mientras pensaba: “Este será loco, pero no es boludo”. -Se te escapó la tortuga, chabón, agregó Gonzalo. Esta afirmación fue suficiente para que Obdulio se diera cuenta que la sugestión y alineación del paciente era total. Debía actuar ahora en plena crisis, no dudo paró un taxi y lo subió con energía. Obdulio fue categórico -Al Borda, chofer por favor. Si bien Gonzalo, estaba ebrio se dio cuenta que ese taxi no era igual a la Pathfainder, y que ahí dentro no estaban sus amigos. -Flaco, que haces; grito Gonzalo, desesperadamente. -Lo que debo. Estás en una crisis y necesitas un apoyo profesional inmediato; sostuvo Obdulio, con voz firme para que el chofer no tuviera dudas sobre lo que allí ocurría. -Flaco, vos sabés quien soy yo; reclamaba Gonzalo. -A ver ahora, quien decís que sos; contestó Obdulio para contrarrestar cualquier indicio de sospecha. -Soy Gonzalo Federico Achával Pacheco, sobrino del Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Si bien Gonzalo intentó presionar con la figura de su prestigioso tío, para que lo liberaran. Obdulio lo entendió como la confirmación de su demencia. Primero Maradona, ahora el sobrino del Presidente de la Corte. También sabía que en este contexto, el mismísimo chofer se convencería que estaba transportando a un demente. -Sí, está bien, yo soy el hijo del Presidente de la República; está bien, esta bien..., dijo Obdulio mientras le guiñaba el ojo al chofer, haciéndole un gesto de condescendencia. Gonzalo comenzó a ponerse nervioso y a tirar algunos golpes. Jugaba rugby, era pilar en la primera del Club Atlético San Isidro, y lo suficientemente corpulento para pelear con Obdulio y el taxista juntos. -Tranquilízate Gonzalo, que ya llegamos; te van a ayudar; le decía Obdulio para aplacarlo. El taxista comenzó a preocuparse por la integridad del auto, luego que Gonzalo le había pegado dos puñetazos al techo; diciéndole. -Tómalo con carpa, no te aflijas, todo se arreglará, vas a ver, aguantátela. Gonzalo entendió que el chofer con esa palabra “aguantátela”, le estaba pasando una clave que todo esto se trataba de una broma planeada por sus amigotes. A Gonzalo le gustaba mucho la joda, y en especial las bromas. Por un instante recordó varias de las cargadas que en su momento les había hecho a sus amigos. -¡Que hijos de puta!, gritó Gonzalo, en elíptica alusión a sus amigos. -Ves, ya te sentís mejor, dijo Obdulio, mientras entendía que este abrupto cambio de estado de ánimo, alentaba la presunción de demencia. Gonzalo comenzó nuevamente a cantar “El día que muera....” cantando también el taxista y Obdulio el estribillo. Por esos días estaba de moda en Buenos Aires esa canción de Rubén Rada. El taxi se convirtió en un jolgorio y Gonzalo reía despreocupado. Obdulio, profundizaba su convicción respecto de la inestabilidad emocional. Así fue que llegaron al Hospital Neuropsiquiátrico Dr. Borda. Obdulio pagó el viaje y bajo con Gonzalo; quien en ese momento intentaba algún pasito de baile mientras que cantaba. De esta forma llegaron a la Guardia, Obdulio se disponía a entrar nuevamente en acción. -Buenas noches, mi amigo entró en una crisis psicótica y necesita contención, dijo Obdulio. -Está seguro, tiene antecedentes psiquiátricos, se encuentra bajo tratamiento, preguntó el responsable de la Guardia. -Mire; si lo traigo al Hospital, es porque tengo mis razones. No creo que usted ponga mala intención en las preguntas que realiza, pero quien debe diagnosticar finalmente son los psiquiatras y terapeutas. Es evidente su desequilibrio; se cree Maradona y el sobrino del Presidente de la Corte; y además cree que yo soy el hijo del Presidente de la Nación (esto lo afirma, partiendo de la base que no lo desmintió cuando él se lo dijera), ¿qué me dice a todo esto?. Gonzalo continuaba riendo y cantando, a pesar que comenzaba a preocuparse al verse en esa sala. Si bien aún le duraba la borrachera, en instantes de lucidez recordaba a los amigos pensando “¡Qué hijos de puta, estos guachos!. Mirá que haber contratado a este boludo para que me meta en un loquero. Pero a pesar a de todo me la voy a bancar, no les voy a dar el gusto de ponerme nervioso. El tachero tenía razón se decía, seguro que están escondidos espiando desde otra sala.” Finalmente Obdulio consiguió persuadir al enfermero que lo recibió y al rato se hizo presente el psiquiatra de guardia. Ni bien ingresó a la Sala se dirigió a Obdulio, debido a que a su juicio, aparecía como el mas desequilibrado. Al verlo venir, Obdulio se sintió halagado; era la primera vez que un psiquiatra lo reconocía como referente. Se adelantó y estrechándole la mano dijo: -Mucho gusto, soy Obdulio Ferrite, y me acerqué hasta aquí, para pedir contención terapéutica para mi amigo quien sufre un severo desequilibrio mental, que según mis modestos conocimientos puede llegar a ser grave. Sustitución de personalidad, delirios de vinculaciones, en fin un cuadro severo. El psiquiatra, quedó sorprendido con los comentarios de Obdulio, porque no era un lenguaje común. Pero habiendo tantas escuelas de psquiatría, era posible que se tratara de una nueva, o de una poco conocida. Así fue que le preguntó: -¿Sos médico psiquiatra o psicólogo? Obdulio, se sintió reconfortado por esta pregunta, pensó que era un tácito reconocimiento a su capacidad natural de diagnóstico. Estaba orgulloso, pero intento disimularlo. -No, todavía no me recibí; debo algunos finales. Es cierto que no tengo pinta de médico; pero soy un enloquecido por la psquiatría. Seguramente si todo marcha bien podré hacer la residencia aquí; comentó Obdulio siendo muy cuidadoso en aclarar que no tenía pinta de médico. En este caso el psiquiatra no había tenido dudas respecto si se trataba de un médico, dudo respecto de quien era el enfermo. -Está bien, haremos lo siguiente, tengo una primera charla y si veo que es necesario le hacemos el ingreso y si él tiene obra social luego le damos la derivación. Pero quedate tranquilo, que acá lo compensamos; dijo el psiquiatra. El médico llamó a Gonzalo y lo llevó a una sala más chica. Gonzalo no opuso resistencia porque estaba confiado en que podría aguantar la broma que le estaban gastando sus amigos. Mientras tanto, Obdulio se sentó y pensaba; “tenía razón, la cosa era con los locos. Al primero que agarré ya lo estoy internando y tengo el preacuerdo del psiquiatra. Acá no hay dudas, si Dios me ayuda, a este lo dejo guardado. La cosa estaba con los locos, con los locos”, se repetía sin poder evitar que le surgiera una sonrisa reconfortante. Además se sentía cómodo en ese entorno, deprimente para cualquiera. El psiquiatra le consultó a Gonzalo (que estaba más despejado y con disposición para seguir con la humorada) -Hola, soy el doctor Mariano Catellato; vos como te llamás. -Yo, Napoleón Bonaparte; contestó Gonzalo con vos fuerte, casi gritando para que lo escucharan supuestamente sus amigos. -Ah, no me digas, sos Napoleón Bonaparte. -Sí, el mismísimo Napoleón Bonaparte, emperador de Francia e inventor del water closet; siguió bromeando Gonzalo. -¿Dónde vivís? -No, yo estoy muerto. O no estudiaste historia, replicó Gonzalo, largando una fuerte carcajada; intentando que sus amigos salieran de la otra sala y pusieran fin a la broma. -Espera un minuto aquí, dijo el psiquiatra. Gonzalo pensó que iría a traer a sus amigos, pero muy por el contrario salió decididamente, le comentó a Obdulio que efectivamente le daría ingreso; habló con el enfermero, pidió un refuerzo, ordenando la preparación del “chaleco químico”. Era de madrugada y quería terminar la guardia tranquilo. Obdulio, estaba feliz. Ya se había olvidado de la pelirroja y de la vieja. Por fin, había encontrado su vocación. El psiquiatra volvió con ficha de internación en la mano y se sentó frente a Gonzalo; que advirtió que el membrete y la ficha eran originales. Se daba cuenta que no podía seguir con la broma. -Bueno, vamos a tomar nota, dijo el psiquiatra. ¿Te llamabas? -Gonzalo Federico Achával Pacheco, soy el sobrino del Presidente de la Corte Suprema de Justicia. El psiquiatra comprobaba la coincidencia con los dichos de Obdulio, prosiguiendo con el interrogatorio. -¿Qué día naciste? -El 22 de mayo de 1975, contestó Gonzalo agregando, ¿para qué todo este interrogatorio?¿Para qué la ficha? -Mirá, Gonzalo, estás en la Guardia del Hospital Neuropsiquiátrico Borda, tenés un problema y mañana lo comenzaremos a tratar.... Gonzalo saltó de la silla, enfurecido, tiró varios puñetazos y patadas; mientras gritaba; Yo me voy. Paren con la joda, hijos de puta, yo me voy. Los enfermeros tuvieron bastante trabajo antes de lograr reducir a Gonzalo, a pesar que tenían mucha experiencia “amansando locos”. Finalmente lograron ponerle el “chaleco químico”. Como no llevaba documentos en su poder, fue ingresado como N.N., que dice llamarse Gonzalo Federico Achával Pacheco. Se tuvo que hacer responsable de la internación Obdulio, quedando registrado en la ficha como N.N. que dice llamarse Obdulio Narciso Ferrite; porque no pudo acreditar tampoco su identidad debido a no tenía documentos. Obdulio, había comenzado a jugar con una tapita de Sprite, que había encontrado en el piso de la Sala de Espera, haciendo tiros cortos –casi milimétricos-, intentando realizar imaginarios goles de tiro libre; era una forma de descargar su emoción, en esa madrugada de victoria, no podía sacarse la idea de la cabeza: “Con los locos, es otra cosa. Uno encontrado, uno guardado”. En esa circunstancia lo encontró el psiquiatra, que venía a comunicarle el último parte. -Mirá, lo tuvimos que medicar. Está sedado y dormirá hasta mañana, le dijo. Obdulio lo miró con algo de sorpresa preguntándole: -¿Con qué diagnóstico? ; buscaba la ratificación expresa, quería escuchar de boca del médico que estaba bien internado. -No tengo diagnóstico, porque al iniciar el interrogatorio se puso muy violento y hubo que reducirlo, mañana estará más tranquilo y podrá hablar. Obdulio estaba conforme con la respuesta y le consultó al médico; si podía retirarse. El psiquiatra le indicó que no podía hacerlo, que en estos casos convenía que el acompañante permaneciera en el lugar hasta que el paciente volviera en sí. Le ofreció que si quería recostarse podía usar la camilla que se encontraba en la sala contigua. Obdulio, aceptó con gusto, casi con placer; y no dudó en hacer caso; tratando de conciliar el sueño. Los amigos de Gonzalo, habían comenzado a buscarlo de inmediato. Obviamente tuvieron que esperar a recomponerse (hay que recordar que estaban todos en mal estado), para comunicar la novedad a la familia. La madre de Gonzalo, no dudó en llamar a su hermano que en realidad era el Presidente de la Corte Suprema de Justicia; y este, no dudó en ponerse en contacto con el Jefe de Policía, este a su vez con el Jefe del SAME. Esta breve llamada fue interceptada por periodistas de Crónica TV y Radio 10; que no dudaron en ver la primicia. “Último momento, desapareció el joven Gonzalo Achával Pacheco, sobrino de un importante integrante del Poder Judicial de la Nación, especulándose que el parentesco podría llegar a ser con el Presidente de dicho órgano de la República. El joven, próximo a contraer matrimonio con la hija de un acaudalado empresario de la industria automotriz, que regentea un importante consorcio de capitales de origen italiano, fue dejado por un grupo de amigos en las inmediaciones de la Iglesia de San Agustín, sobre avenida Las Heras, los jóvenes se movilizaban en un varios vehículos importados de diversas marcas, en circunstancias que regresaban de una cena, en un tradicional restaurante de Puerto Madero y según afirman las fuentes se dirigían a un conocido centro nocturno de entretenimiento masculino en Recoleta, para continuar con la juerga. Las fuentes agregaron que el grupo de farristas había consumido una importante cantidad de bebidas alcohólicas de diverso tipo y graduación, que al igual que los automóviles eran de origen importado. No se habría descartado, además el consumo de alguna otra substancia ilegal. El joven es buscado por todas las policías del país, habiéndose dispuesto un importante operativo cerrojo”, el taxista no podía creer lo que estaba escuchando por radio. Él no dudó en llamar a la radio y avisar que lo había llevado hasta el Hospital Borda. Mayor fue la sorpresa cuando no habiendo aún terminado la conversación con la emisora, escucha: “Ultimo momento, un equipo de Radio 10 encontró al joven desaparecido Gonzalo Achával Pacheco, internado en el Hospital Neuropsiquiátrico Dr. Borda, fuentes oficiosas habrían señalado que el nombrado habría entrado en una profunda crisis pre-nupcial, de insospechadas consecuencias emocionales. Ampliaremos”. En fin, en menos de media hora se encontraban en la Guardia del Hospital, el Jefe de Policía, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, un enviado del Ministerio del Interior, el Jefe del SAME y 5 movileros de otros tantos medios radiales y televisivos. Se tuvo que hacer presente el Director del Hospital, y luego de varios trámites Gonzalo, fue entregado a su familia, a pesar que aún estaba dormido. Probablemente tardaría mas de un día en recuperar plenamente su conciencia. Obviamente se debió posponer el matrimonio. En cuanto a Obdulio, no volvió a salir del lugar, habiéndosele dado el ingreso como N.N. que dice llamarse Obdulio Narciso Ferrite, por no poder acreditar su identidad. Si bien no se pudo confirmar, se comenta que Obdulio, asumió con entereza su internación y se muestra muy predispuesto a colaborar con la recuperación de otros internos, a los que además diagnostica otras dolencias, con el tradicional grado de desacierto que siempre lo caracterizó. AUTOR: Néstor Nudo
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