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Usuario (México)
Proyecto Personal, Fotografía, Cortometraje y Literatura Este proyecto ya abarcara casi medio año desde que empezó, estudio Diseño Grafico en México, y uno de mis pasatiempos son la fotografía, leer, escribir, y tocar guitarra. El proyecto se llama visión de un perro andaluz. Si, como el cortometraje surrealista de Dalí y Buñuel. Para lograr que el proyecto siga creciendo y expandiéndose, hoy traigo algunos de los trabajos: Fotos: Videos: link: http://www.youtube.com/watch?v=FRGkhDFLeyc link: http://www.youtube.com/watch?v=7gRdF3yxww8&feature=plcp Literatura: Primer cuento surrealista “El pececito bastardo” En una clínica del Seguro Popular Mexicano, una anciana dama pregonaba: - ¿Rodrigo Galván y Luisa Hernández? - ¿Rodrigo Galván y Luisa Hernández? - ¿No, se encuentran en la sala Rodrigo Galván y Luisa Hernández? Nadie contestaba a la pregunta de la pregonera; y ante esta situación la anciana continuo. - Esta bien, el que sigue… a ver…Inés Rodríguez, Inés Rodríguez. - ¡Yo! – Contesto una joven mujer - aquí estoy señora. Y la pregonera con esa amabilidad que caracteriza a algunos empleados que trabajan para el gobierno le dijo: - Órale mija, rápido que el Dr. Gonzales ya mero se va a comer. - Si señora – se paró de su asiento y entro al consultorio. - buen día doctor – le saludo ella. - Si, si, siéntate ahí. Veamos me dices ¿qué vienes a un chequeo sobre algún embarazo no deseado? vamos a revisarte pues. - Así es doctor, no creo estarlo pero…bueno la duda me tiene con miedo. El doctor la ve y con una mirada le dice muy claramente. –Pues deja de estar coge y coge. - Veamos, veamos hace cuanto ¿que no te ha llegado tu menstruación? - Cuatro meses. - Hmmm, y lógico has tenido relaciones sexuales ¿no? – le dijo el doctor sarcásticamente -por eso vienes claro está. - No – contesto ella un poco indignada- es lo más curioso, no he tenido relaciones desde hace ya más de medio año. - Me parece –contesto el doctor un poco apresurado- que yo no soy el indicado en estos casos...Ten –saca una nota de su bata- con esta nota ve mañana al hospital civil y te atenderá un especialista, yo ya me tengo que ir. La joven Inés, regreso a su casa, y escondió la nota para que no la fueran a descubrir algún familiar. En veinte minutos, ya estaba dormida profundamente. 11:00am del siguiente día y en la sala de espera del hospital civil se encontraba la joven mujer; y por muy extraño que sea, a las 11:15am ya se encontraba en el consultorio con el especialista. - Veamos hija, vienes a checar si estas embarazada o no; me dices que llevas más de cuatro meses sin menstruar, pese a que no se trate de un infección o desorden hormonal, me parece tienes un embarazo y por lo visto lo que más te importa a ti es, saberlo lo más pronto posible; - el doctor observa muy detenidamente a Inés y continua diciéndole -mira me saltare algunos pasos del protocolo que se le tiene a los pacientes e iremos directo a un ultrasonido para dejarnos de titubeos - el doctor, se quita sus anteojos, se le acerca a Inés y con voz baja le dice- pero esto que hago será un secreto entre tú y yo; y la verdad lo hago solo porque yo también tengo una hija y me recuerdas mucho a ella, donde quiera que este. Inés, muy consternada le responde- claro doctor, muchísimas gracias, ahora si podre salir de mi duda de una buena vez. En cuestión de minutos se preparo todo; y el doctor e Inés se encontraban ahora frente al monitor viendo el resultado. - ¡¿Qué?!-grito el doctor asustadamente frente a la pantalla- ¿que es eso?, me parece es un pez…si, un pez; ¿Qué demonios hace un pez ahí? Inés, casi a punto del desmayo, no podía dejar de observar el monitor y asombrarse tanto. - Pero, pero doctor, ¿qué es eso?, ¿en verdad es un pez? - Me parece que si – dijo el doctor- es realmente extraño, en verdad estas embarazada y eso que vemos es un pez, en vez de un feto desarrollándose; Inés esto es demasiado extraño, es decir ni siquiera puedo describirlo con palabras, y aseguro que si alguien tratase de escribir una historia de esto, sería igual de difícil de explicar o relatar. - Doctor y ¿qué es lo que haré? – pregunto la futura madre- no puede ser esto posible, es decir puede ser algún feto mal desarrollado o algún tipo de parasito pero no un pez, es ilógico. - Concuerdo contigo Inés, y lo que debemos hacer es extraerlo de una vez de tu cuerpo. Ven mañana a primera hora; yo llego aquí a las diez de la mañana, y créeme no atenderé a nadie antes que a ti. Inés, que ahora se encontraba muy atemorizada, como pudo se levanto, se arreglo y se dirigió a su casa para tratar de descansar de tan bizarra noticia. 10:25am del siguiente día, Inés ya se encontraba en quirófano con el doctor, y dos enfermeras. - Inés – le dijo el doctor- de este quirófano no saldrá ni una sola palabra, ya hable con mis asistentes y son de suma confianza y silencio ético, por eso fue que requerí de ellas para esta intervención. Se realizo toda la operación con sumo éxito y al cabo de una hora transcurrida en el quirófano, el doctor tenía el pez, o mejor dicho pececito, fuera del cuerpo de Inés. - Pues bueno hija, me parece que ya paso todo, ¿qué quieres que hagamos con tu…pez, o producto? ¿Lo tiramos? Inés, volteando a ver el pececito, observo cómo este saltaba y saltaba desesperado en la charola plateada del doctor, veía como abría la boca y le daba la lógica impresión de que el pez se ahogaba. - Póngalo en agua para que respire – dijo Inés al doctor. - ¿En verdad Inés? – contesto el doctor un poco enojado- enserio ¿quieres conservar esta cosa de la cual estábamos tan asustados ayer? - Si doctor, quiero conservarlo, es mío aunque parezca extraño. - Enfermera, - contesto el doctor- coloque el producto en un recipiente limpio y entrégueselo a su madre.Y habiendo dicho esto se retiro del quirófano un poco enfadado. Inés, a las dos horas se encontraba en su casa con el pez en el recipiente. El pez era plateado, las dos aletas frontales de un color azulado; y se encontraba en un recipiente de vidrio aproximadamente de dos litros de capacidad, con una tapa amarilla con unos agujeros y una etiqueta colgada de la tapa; era una etiqueta de nacimiento. A Inés le pareció de mal gusto que le pusieran esa etiqueta, pero al mismo tiempo sabía que era real, ella era la madre. Entonces tomo una pluma y escribió en la etiqueta de nacimiento en el espacio donde dice: Nombre de la madre: Inés Rodríguez. Y el nombre del padre lo dejo en blanco; fue en ese momento que se dio cuenta que el pez, su pececito, no tenia padre. Era un bastardo. A no más de media hora, el pececito bastardo falleció; ya que el recipiente lo habían llenado con “agua de la llave” y no soportó el cloro que esta contiene. Fin. Historia corta ”El vagabundo” Transmitía tristeza y un sentimiento taciturno al verlo, era como el reflejo que se tiene en un charco sucio de agua posado en la banqueta o calle de una gran ciudad. Se le consideraba, o mejor dicho se le catalogaba como un loco más de la calle, o alguien que es un vagabundo; y sinceramente vagabundo le sienta bien ya que su propósito era ese, vagar y vagar desde que se levantaba; pero había algo más, algo muy oculto en su ser, en su alma. No se sabía cómo, ni del porque recolectaba dinero para abordar siempre un mismo transporte público (bueno hablemos mas relajadamente) un bus o un micro; era como si el propósito de vagar con sus propias fuerzas físicas no le bastaran y tenía que tomar un bus para así recorrer una mayor distancia y más rápido; como si su vida dependiera en recorrer más y más las calles de Tampico. Muy pobremente voy dando a conocer el hábito de este singular protagonista, e iré resumiendo la rutina que este tenía, llegando así a la manía que lo poseía. No era un loco del todo, ya que sus facultades psicológicas no estaban desgastadas o retorcidas como se suele creer, ya que este hombre, muy inteligentemente tenía en su memoria el horario exacto de cuando tomar su maravilloso autobús, o como él le hacía llamar, “la balsa”, aquella balsa que lo llevaba hacia su reino, y su deleite cotidiano. Temprano, muy temprano tomaba el autobús a la altura de la avenida Hidalgo, rumbo hacia el centro de Tampico, y el camión rotulado se hacía nombrar C. Orta. ¡Oh! Cómo adoraba el olor a combustible que emanaba los camiones antes dichos, se regocijaba y se empapaba de sentimientos al olerlos, ya que sabía que al estarlos olfateando, se encontraba en camino hacia su destino. Se subía al transporte, decía un saludo amable al chofer, pagaba y se iba a sentar siempre a la parte trasera del transporte; y si estos lugares estaban ya ocupados por alguien más; él con paciencia esperaba parado hasta que se desocuparan para poder sentarse y una vez ya en su lugar, se llenaba de una densa corriente de sentimientos en su interior, y alegraba su cara con una sonrisa tan hermosa para él, pero que si tu, yo o alguien más lo veía sonreír así, simplemente transmitía una locura estremecedora. El autobús, se llenaba poco a poco de los “ángeles de la juventud”, en algunos casos “ninfas” y por su puesto también de “teseos”, todas estas nomenclaturas eran prescritas por nuestro protagonista, pero traduciéndolas, se refería a la juventud del Bachiller por donde este transporte público pasaba, y que regularmente se les otorga el sobrenombre de “cebetianos” y “cebetianas”, era aquí donde regia toda la euforia de la manía de el vagabundo. Lo sé, es tajante en como lo describo, pero es así. La manía era esta; ir sentado en la parte trasera del autobús y observar detenidamente a la juventud de “cebetianos y cebetianas” que abordaba el mismo transporte; y era tanta su manía que sabía a qué hora tomar el autobús para así poder ver la mayor cantidad de jóvenes, sabia las horas de entradas y salidas, que era donde la mayor concentración de “ángeles” abordaba el C. Orta. No, no era un degenerado, ni un acosador sexual, se le podría considerar como un catador de vinos o como un crítico de artes plásticas; y admito que estas consideraciones yo se las otorgue superficialmente ya que desconocía la verdad de él; pero, al analizarlo más profundamente, y al darme cuenta de sus intenciones, lo considero o mejor dicho lo considere como un ladrón. Si, un ladrón ya que este vagabundo al estar sólo, atrás del autobús, y con esa sonrisa maquiavélica; lo único que hacía era robar y robar. Robaba la juventud de aquellas presas que sin pensarlo, sonreían, jugaban y gritaban mientras se dirigían a su destino. Nunca, se acerco a ningún joven, y ningún joven se le acerco, era un simple observador. El paroxismo imperaba al momento en que el autobús descargaba toda su bella carga en la esquina del Bachiller, y con tristeza, el vagabundo se despedía de sus “ángeles”, pero al mismo tiempo se sentía feliz ya que por la tarde, volvería, en el mismo autobús, para poder seguir robando y alimentándose de la juventud. Dicho y hecho, por la tarde reanudaba su manía; el autobús al llegar al bachiller se abastecía de los “ángeles”, y nuestro protagonista reposado en el último asiento, se deleitaba con la belleza y juventud que emanaba cada ser que se apoderaba efusivamente de asientos disponibles en el transporte. El robo era en sí, el deleite insaciable al observar la juventud, como un gran glotón, desnudaba a cada joven, veía su alma, sus ojos, su tez, sus expresiones, y nuestro iluso protagonista no paraba de sonreír; pensaba en como una multitud tan ingenua podía impregnar tanto placer a su vil presencia. La juventud y estupidez a flor de piel en cada “ángel”, se desgarraba en su sien, se introducía en su corazón y se reflejaba en sus ojos; ya grises por la vejez. Un día común y llano, nuestro protagonista abarco la “balsa” y como era ya de costumbre, se traslado al último asiento. Todo era igual, los “ángeles” y “teseos” subían y él se alimentaba de su belleza y juventud, como siempre observando y sonriendo. El camión, llego a la esquina donde descargaba cada día la preciosa carga, y el vagabundo se despedía alegremente. Pero, por la tarde casi a punto de tomar el camión para dirigirse a la salida de “los de la mañana”, y entrada de “los de la tarde”; el vagabundo se propuso una idea descabellada y muy atrevida para él, pero que ya hacía tiempo quería realizar. Quería bajarse en el Bachiller y observar más detenidamente a la multitud de jóvenes que derramaba el gran portón donde estaban todos los “ángeles” Descabellada era esta idea ya que, para el vagabundo estar enfrente del Bachiller, era como profana el cielo de sus “ángeles juveniles” Pero se atrevió. El camión, se dirigía muy rápidamente hacia el Bachiller, y nuestro protagonista se bajo enfrente de los portones desgastados de la instalación. La sonrisa más grande que toda su cara podía lograr fue hecha con tanta fuerza que lloraba del dolor que representaba cada musculo de su cara, la felicidad era inigualable. Estaba ahí, con sus “ángeles” todos saliendo y entrando a lo que él denominaba como cielo. Cada cara, cada cuerpo era deleitado por los ojos de nuestro protagonista, insaciable y absorto por su manía, el vagabundo roso sin querer con su mano la tez morena de un brazo de una hermosa joven, y esta al voltear a ver que le había rozado el brazo, soltó un alarido desgarrador hacia el vagabundo. El vagabundo confundido y atemorizado trato de disculparse, pero ya era demasiado tarde; tres de los más grandes y fornidos “teseos” o “cebetianos” venían corriendo en dirección hacia el vagabundo y en “ayuda de la mujer”; uno de ellos le golpeo las piernas, y el vagabundo se desplomo en el suelo, un segundo “ángel” le dio un golpe en la nuca y el tercero lo agarro a patadas en el suelo. Una multitud de “ángeles, ninfas y teseos” se reunieron ante aquel acto, y todos y cada uno de ellos lo golpearon tan frenéticamente, que poco a poco el vital liquido que recorre nuestros cuerpos broto de aquel vagabundo, y al ver este liquido rojizo, un último “teseo” grito que lo dejaran en paz, y que eso le pasaba por tratar de aprovecharse de una indefensa mujer. Nuestro protagonista postrado aun en el suelo y ya moribundo debido a la gran golpiza que había recibido y por su muy avanzada edad, giro su cabeza hacia el cielo, y llorando amargamente veía como cada de sus queridos y amados “ángeles” eran ahora sus verdugos. Entonces, con sus últimos segundos de vida dijo estas últimas palabras: - Ahora entiendo, que hasta el aleteo de los ángeles levantan polvo. Y así, expiro el vagabundo; enfrente del cielo y rodeado de sus ángeles. ------------------------------------ Bueno y con eso termino el post. 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