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halliwell45

Usuario (Venezuela)

Primer post: 5 abr 2015Último post: 11 abr 2015
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Niña asesina
InfoporAnónimo4/11/2015

Hola taringueros. ¿pues que les cuento? Me encanta hacer post de asesinos famosos y hace dias decidi investigar sobre asesinos infantiles (bisarro, lo sé) y me encontre con una mexicanita que llamó muhola atencion: Ana Carolina Lopez Enriquez. Ana Carolina López Enriquez nació en el Distrito Federal (México) en 1996. Su madre biológica, era infectada de VIH (SIDA) la dio en adopción siendo ella una niña apenas. Adoptada en el DIF (Desarrollo Integral de la Familia) del Distrito Federal, en el año de 1997, por una sobrina del héroe revolucionario mexicano Abraham González de nombre María Albertina Enriquez Artegón y Efrén López Tarango. De infancia consentida, fue causa de burla en secundaria y preparatoria, “Anita la Huerfanita” le decían, ya que era evidente que no era hija natural de Albertina y Efrén. Albertina de 68 años y Efrén de 88 años. Su padre biólogico murió muchos años antes, su madre apenas en el 2008. y tiene una hermana mayor que ella. Fotos de su perfil de facebook Todo comenzó el día 4 de mayo cuando elementos de la policía ministerial de Chihuahua encontraron dos cadáveres carbonizados de personas mayores en un paraje de la calle Faisán de la colonia México, al sur de la ciudad. Comenzaron las indagatorias y el primer paso fue establecer la identidad e investigar con los familiares. Ese mismo día, la autoridad ministerial, recibió el reporte de la desaparición de María Albertina Enríquez Artegón y Efrén López Tarango, de 69 y 88 años respectivamente, con domicilio en la Calle 25 y Bustamante número 2505 de la Colonia Altavista. La menor se mostró incrédula en los interrogatorios; dijo que jueves y viernes había estado con sus padres, fue hasta el sábado 4 que los perdió de vista, por lo que decidió reportarlos como desaparecidos. Los investigadores detectaron algunas irregularidades y decidieron cuestionar al novio de la joven. Su novio José Alberto Grajeda Batista, al ser interrogado, cayó en contradicciones y comenzó a decir la verdad. “¡Ya no puedo más, necesito un psicólogo!”, pidió a investigadores de la fiscalía, según consta en actas judiciales. Le estaban haciendo preguntas de rutina sobre la desaparición del empresario Efrén y su esposa Albertina, dueños de una decena de bares y expendios de licor en la ciudad, además de distintas propiedades en Chihuahua y Texas. Eran padres adoptivos de su novia, Ana Carolina. Narró a las autoridades, que ellos los habían asesinado en complicidad con un amigo de nombre Mauricio Alexis Domínguez Zamarrón. “La labor de investigación, establece que la menor, primero le comentó a su novio, José Alberto Grajeda Batista, que ella tenía problemas con sus padres, luego lo platicaron con un amigo de nombre, Mauricio Alexis Domínguez Zamarrón, quien ideo la forma de privar de la vida a la pareja, e incluso de cómo borrar las huellas y todo tipo de evidencia que los incriminara. Novio de Ana Asimismo, la FGE asegura, que las entrevistas fueron video grabadas en presencia de un Defensor Público, donde Ana Carolina López Enríquez., de 17 años, hija adoptiva de la pareja, al igual que su novio, José Alberto Grajeda Batista y Mauricio Alexis Domínguez Zamarrón, expresaron a detalle como cometieron el crimen y en las indagatorias hay indicios que establecen que la menor lo planeo para beneficiarse económicamente. Para quienes trataron a Ana, la describen como tranquila, reservada, inteligente, no muy sociable y aunque se llevaba muy bien con sus cuatro amigos compañeros de escuela, no obstante, señalan que en ocasiones se aislaba y era inexpresiva. De acuerdo a su última evaluación psicológica, Ana Carolina es una criminal muy violenta, ya que bajo los estándares del FBI presenta una escala de violencia de 9 sobre 10, la más alta. La adolescente carece de remordimiento por sus crueles actos y se reveló que, desde que sus compañeros la molestaban en la secundaria por ser adoptada, comenzó a desarrollar ‘el llanto como una forma fina de manipulación’. Las conclusiones del reporte indican que Ana Carolina planeó la muerte de sus padres adoptivos por más de un año; tiempo en el cual se hizo a la idea de que podía asesinar a sus padres, que ‘era igual a deshacerse de un objeto’. Con sus 1.48 metros de estatura y un coeficiente intelectual elevado, la joven sabía que no podía llevar a cabo el crimen sola, así que comenzó a buscar quien la ayudara: su novio, José Alberto, y su amigo, Mauro Alexis, fueron los cómplices perfectos; Alberto era sumiso y Mauro era igual de sádico que ella. A pesar de que la Procuraduría de Justicia de Chihuahua asegura que había elementos para resolver el caso, sorprendió a los especialistas que Ana Carolina no se quebró durante los 2 interrogatorios a los que fue sometida durante el inicio de las investigaciones; siendo su novio, quien no soportó y confesó todo. El asesinato Ana, su novio Alberto y el amigo Mauro, eligieron el día viernes para cometer el crimen, puesto que en esa fecha la mujer que acude a realizar la limpieza descansa, según se reveló cuando el Ministerio Publico dio detalles del asesinato durante la audiencia de vinculación de los dos varones. El MP explicó que el día de los hechos, los jóvenes esperaron a que Efrén se fuera a jugar billar, después Ana dejó pasar a su casa a Mauro y Alberto; cuando ya estaban adentro llamó a su madre Albertina para que fuera a la cocina, pero la mujer no quiso salir “porque estaba en fachas”. Con la negativa de la mujer, hicieron ruidos y fingieron que Mauro y Alberto ya se habían retirado. Al creer que ya no estaban, Albertina accedió a ir a la cocina, pero al entrar Mauro la sorprendió por la espalda y con sus manos empezó a estrangularla, después uso cables eléctricos para ahorcarla y finalmente le inyectaron tres jeringas de ácido en el pecho y en la yugular; posteriormente escondieron el cuerpo y esperaron a que llegara Efrén. A las 10, cuando regresó de la que sería su última partida de pool, Ana Carolina repitió la operación. “Papá, ¿no vienes a cortar fruta conmigo?”. Alberto fue quien estranguló al padre y amarró su cuello a una pata de la mesa “para en caso de que despertar no pudiera moverse” expresó el joven en su declaración; a la segunda víctima también le inyectaron en la yugular. Tras consumar el crimen los jóvenes tomaron alrededor de 20 mil pesos que tenían las víctimas en una bodega, después se limpiaron las manos con cloro y se “fueron a comer Hot Dogs a un local de la Avenida Ortíz Mena, donde comentaron cómo se sentían después de matarlos”. Luego de cenar, regresaron a la vivienda donde bebieron las cervezas que había en el refrigerador, conversaron y fueron a dormirse. A la mañana limpiaron la escena, subieron los cuerpos a la camioneta Honda color azul, buscaron tres botes de plástico para ir a la gasolinera a comprar trece litros de gasolina. Mauro manejó la camioneta hasta que llegaron a un terreno baldío a las fueras de la ciudad por el Periférico Lombardo Toledano, cerca de un centro recreativo de nombre Sapo Verde, ahí arrojaron los cuerpos. Al momento de tratar de quemarlos, se percataron de que no tenían con que prender fuego, por lo que subieron de nuevo al vehículo, fueron a una tienda a comprar cerillos, regresaron y finalmente José Alberto, prendió los cuerpos. Posteriormente acudieron a restaurante; después Alberto y Ana acudieron Telcel y por último, a plaza Galerías donde llegaron a una joyería para medirse anillos de compromiso, mientras que su novio José Alberto se compró un reloj. Por la noche, Ana Carolina se arregló para ir a unos XV años en los que José Alberto iba a trabajar como mesero, ahí disfrutó la noche. Al día siguiente, Ana decidió reportar primero con su tía y después a las autoridades a sus padres como desaparecidos. La frialdad que mostró Ana, al hablar y confesar el crimen así como su actitud imperturbable en la audiencia ante el juez llamó poderosamente la atención de personal de la Fiscalía, cómo si se tratara de un pequeño Aleister Crowley; la aparente falta de remordimientos dejó impactado a personal que la atendió. No solo Ana llamó la atención, también el cuadro sicológico de Mauro Alexis, quién al parecer fue el primero en proponer la idea de matar a los padres de Ana; en las declaraciones de Alberto señaló que Mauro les admitió que siempre tuvo la inquietud de cercenarle un seno a su madre, cocinarlo y comérselo pero que nunca lo hizo porque derramaría mucha sangre. Además de que Alberto aseguró que tras asesinar a los padres de Ana, Mauro quería seguir matando. Para despistar a la policía, los presuntos homicidas, se dirigieron al norte por la carretera a Ciudad Juárez, hasta tomar el camino que conduce a Namiquipa donde quemaron el automotor. Ana, así como José Alberto y Mauricio, éste último con quemaduras de primer grado en la cara, mismas que se provocó cuando quemaron la camioneta, fueron detenidos el domingo 5 de mayo del 2013 por caso urgente ordenado por el Ministerio Público a disposición de la Unidad de Investigación de Delitos contra la Vida y de la Unidad Especializada en Justicia para Adolescentes Infractores. No obstante, en el caso de Ana, por ser aún menor de edad, la protege la Ley Especial de Justicia para Adolescentes infractores de Chihuahua, la cual estipula que la pena máxima que podrán imponerle a un menor es de 15 años de prisión, sus cómplices cadena perpetua. Estos casos, que podrían encajar en cuadro psicópata, no se habían visto antes en esta ciudad de Chihuahua. Para quienes la han visto después del homicidio, Ana Carolina no ha mostrado la más mínima señal de arrepentimiento. En las horas iniciales tras su detención, entabló un diálogo absurdo con investigadores de la fiscalía. Testigos la describen como completamente relajada. —¿No te arrepientes? —le preguntó un agente. —Sí y no. Sí, porque ya no me voy a poder casar con mi novio. No, porque ya no aguantaba a mis papás. —Vamos a suponer que no te hubieran atrapado. ¿Cómo te veías? —Yo, feliz. –¡Era una persona normal cien por ciento! –dice Margarita, la nana–. La conocí desde bebé. Todos estos años de estar con ella. Lo que le puedo decir es que no tiene nombre lo que hizo. No lo entiendo. Era muy tierna. Nadie parece encontrar la explicación a la mutación de niña consentida a multihomicida. Quizá nada extremo en sus cambios para una adolescente, pero dejó de comer con sus padres en la casa. Comenzó a pelear a gritos. Pasó más y más tiempo frente a la computadora. Y se volvió cruel con su perro schnauzer. Lo que Ana Carolina solía contarle en los últimos meses a sus compañeros de la escuela ya era un foco rojo. “Un día dijo que le iba a meter un susto a sus papás por no protegerla del bullying”. El reporte psicológico reveló trazas de sadismo sexual, una absoluta falta de remordimiento y un distanciamiento paulatino con sus padres. La ruptura –interna y externa– habría iniciado desde la secundaria, desde los años en que estudiaba en el Instituto América, un estricto colegio de monjas en donde sus compañeras abusaban verbalmente de ella. Las conclusiones del reporte criminalístico precisan que el homicidio se fue madurando durante un año. Fueron meses en los que Ana Carolina llegó a germinar la idea. Y a convencerse de que podía hacerlo. Que asesinar a sus padres era “igual que deshacerse de un objeto”.

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Elizabeth Bathory
Elizabeth Bathory
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/5/2015

Hola amigo. Soy Diego Halliwell y este es mi primer post. Decidí hacerlo sobre uno de mis personajes históricos favoritos: Elizabeth Bathory. Espero que les guste y de alguna manera les sirva. Bien. Aqui voy Seguramente conoces a su primo Vlad Tepes, mejor conocido como el conde Dracula. Pues Elizbet (segun se dice) era peor que èl XD. Esta desquiciada condesa tiene su nombre en el libro guinness de record mundiales, por asesinar a mas de 650 personas. Origen: Elizabeth Bathory o en hungaro Erzsébet Báthory Nació en Nyírbátor, Hungría el 7 de agosto de 1560. En el seno de una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania: los Erdély. Sus padres, los condes Ana y Jorge Báthory, eran primos. Su abuelo materno fue Esteban Báthory de Somlyó. Su tío materno fue Esteban I Báthory, príncipe de Transilvania y rey polaco entre 1575 y 1586. Entre el resto de familiares se encuentran un cardenal y varios príncipes. Su infancia transcurrió en el castillo de Csejte y antes de cumplir los seis años sufría ataques de lo que se puede considerar epilepsia. A los once años fue prometida con su primo Ferenc Nádasdy, conde (anteriormente barón), de dieciséis. A los doce pasó a residir en el castillo de su prometido y nunca tuvo buena relación con su suegra, Úrsula. A diferencia de lo que era propio en la época, recibió una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional, "hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir [...] hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto". A los quince años, el 8 de mayo de 1575, se casó con Ferenc, que entonces contaba 20 años de edad. Como correspondía al alto status de los contrayentes, La ceremonia tuvo lugar con gran lujo en el castillo de Varannó (su nombre eslovaco es Vranov nad Toplou) y acudieron más de 4500 invitados, incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Ferenc quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al castillo de Čachtice, en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros de la casa. El joven conde no pasaba mucho tiempo por allí: la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona (empalando a sus enemigos), lo que le mereció el apodo de "Caballero Negro de Hungría". Existe un registro epistolar de cómo Ferenc e Isabel intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco. Ferenc e Isabel apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero, así que no fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Catalina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo varón, Pablo. En 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de Hungría, como se conocía a Ferenc por su fiereza a la hora de combatir, murió de súbita enfermedad durante una de sus batallas y dejó viuda a Isabel, que contaba con 44 años. Es aquí cuando comienzan, según sus acusadores, sus crímenes. Para empezar, despidió a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy; las muchachas a las que ésta protegía en esos momentos fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron por fin los castigos que, en opinión de Isabel, se merecían. Esto dejó a Erzsébet en una situación peculiar. Señora feudal de un importante condado de Transilvania, metida en todas las intrigas políticas de aquellos tiempos convulsos, pero sin ejército con que proteger su poderío. Por la misma época, su primo Gábor I Báthory se convirtió en Príncipe de Transilvania, con el apoyo económico de la riquísima Erzsébet. Gábor (Gabriel) se metió pronto en una guerra contra los alemanes por complejas razones políticas. Esto la ponía en peligro de ser acusada de traición por el Rey Matías II de Hungría. Viuda como era, se vio más vulnerable y aislada que nunca. Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la condesa practica la brujería (explícitamente, la magia roja) y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes -una típica acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban contra los judíos y disidentes-. Matías ordena a un primo de Isabel, el conde palatino Jorge Thurzó -enemistado con ella-, que tome el lugar con sus soldados y realice una investigación. Dado que la señora de Báthory carecía de fuerza militar propia, no hubo resistencia. Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse (Bytča en eslovaco). Erzsébet se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Juan Ujváry, el mayordomo (conocido como Ficzkó),3 testificó que en su presencia se habían asesinado como mínimo a 37 "mujeres solteras" de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, algunos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación. Todos los seguidores de Isabel, excepto las brujas, fueron decapitados y sus cadáveres quemados; éste fue el destino de su colaborador Ficzkó. A las brujas Dorotea, Helena y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo "por haberlos empapado en sangre de cristianos" y las quemaron vivas. Erzsi Majorova, una burguesa de la zona acusada de cooperación, también fue ejecutada. Katryna, que con catorce años era la más joven de las ayudantes de Erzsébet, salvó la vida por petición expresa de una superviviente, aunque recibió cien latigazos en el cuerpo. Pero la ley impedía que Isabel, una noble, fuese procesada. Fue encerrada en su castillo. Tras introducirla en su mazmorra, los albañiles sellaron puertas y ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente, el rey Matías II pidió su cabeza por las jóvenes aristócratas que supuestamente habían muerto a sus manos, pero su primo el Gran Príncipe de Transilvania, le convenció para que retrasara el cumplimiento de la sentencia de por vida. Así es que la condenaron a cadena perpetua en confinamiento solitario. Esta pena implicaba también la confiscación de todas sus propiedades, lo que Matías venía ambicionando desde tiempo atrás. El 31 de julio de 1614, Erzsébet, de 54 años, dictó testamento y últimas voluntades a dos sacerdotes de la catedral del arzobispado de Esztergom. Ordenó que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre sus hijos. El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio caída en el suelo, boca abajo. La Condesa Isabel Báthory estaba muerta después de haber pasado cuatro largos años emparedada, sin ni siquiera ver la luz del sol. Pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los habitantes locales decidieron que era una aberración que la "Señora Infame" fuera enterrada en el pueblo, y además en tierra sagrada. Finalmente, y como era "uno de los últimos descendientes de la línea Ecsed de la familia Báthory" la llevaron a enterrar al pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el lugar de procedencia de la poderosa familia. Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país. Dos años después, las hijas y el hijo de Isabel fueron finalmente acusados de traición por el apoyo de su madre a la guerra contra los alemanes; Anna Báthory, una prima de la condesa, llegó a sufrir tortura por este motivo en 1618, cuando contaba 24 años, pero sobrevivió. Finalmente la mayor parte de la familia Báthory-Nádasdy huyó a Polonia; algunos retornaron después de 1640. Un nieto sería ejecutado en 1671 por oponerse al emperador alemán. Los Archivos Nacionales de Hungría conservan abundante documentación sobre ella, particularmente cartas personales y actas del juicio. Sin embargo, sus míticos diarios, al igual que su retrato original, se hallan en paradero desconocido. El mito: egún la leyenda, Erzsébet Báthory fue una cruel asesina en serie obsesionada por la belleza, que utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse joven en una época en que una mujer de 44 años se acercaba peligrosamente a la ancianidad. La leyenda cuenta que Erzsébet vio a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se burló de ella. La anciana ante su burla la maldijo diciéndole que ella también estaría como una vieja en poco tiempo. Según el testimonio del conde palatino Jorge Thurzó (primo y enemigo de Erzsébet, nombrado investigador general por el Rey), cuando su hueste llegó al castillo el 30 de diciembre de 1610 no halló oposición, ni a nadie para recibirles. Lo primero que vieron fue a una sirviente en el cepo del patio, en estado agónico debido a una paliza que le había fracturado todos los huesos de la cadera. Esto era práctica corriente y no les llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas. De debajo del castillo exhumaron los cuerpos de 50 muchachas más. Y el diario de Erzsébet contaba día por día sus víctimas, con todo lujo de detalles, hasta sumar un total de 612 jóvenes torturadas y asesinadas. Por todas partes había toneles de ceniza y serrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a putrefacción. Se decía que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoreaba que cuando tenía sexo con chicas no era raro que las mordiese salvajemente. Todo empezó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la nariz de un fuerte bofetón (cuando lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos). Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzsébet, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez, y que siempre podría conservarse bella y joven. Todas las leyendas sobre canibalismo aseguran igualmente que la sangre humana prolonga la juventud. Tras consultar a sus brujas y alquimistas, y con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya, desnudaron a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un barreño con su sangre. Erzsébet se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo, y probablemente la bebió, para recuperar la juventud. Entre 1604 y 1610, los agentes de Erzsébet se dedicaron a proveerla de jóvenes entre 9 y 16 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por "causas misteriosas y desconocidas". Así es que ella le amenazó para que callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados. Ésta es, al menos, la versión de este pastor, que fue quien la denunció "oficialmente" al Rey Mátyás a través de la curia clerical. Más adelante, en la época en la que los errores de Gábor la pusieron en una delicada situación política, tomó la costumbre de quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros por pura diversión. También generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para estas cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de Dorottya Szentes, que aunque ya mayor, seguía siendo muy capaz de inmovilizar a cualquier joven en la posición requerida. Esto ocurrió mientras estuvo en Viena. En 1609 Erzsébet, por la falta de sirvientas en la zona como consecuencia de tantos crímenes, cometió el error que acabaría con ella: utilizando sus contactos, comenzó a tomar a niñas y adolescentes de buena familia para educarlas. Algunas de ellas comenzaron a morirse pronto por las mismas "causas misteriosas y desconocidas". Esto no era raro en aquella época, con sus elevadísimas tasas de mortalidad infantil y juvenil, pero en el "internado" de Čachtice el número de fallecimientos era demasiado alto. Ahora las víctimas eran hijas de la aristocracia menor, por lo que sus muertes eran consideradas importantes. La bruja Darvulia le habría prevenido que nunca tomara nobles, pero esta anciana había fallecido algún tiempo atrás. Fue su amiga Erszi Majorova, viuda de un rico granjero que vivía en la cercana localidad de Milova, quien convenció a la condesa de que no pasaría nada. Hacia el final, muchos cuerpos se ocultaron en lugares peligrosamente insensatos, como campos cercanos, silos de grano, el río que corría bajo el castillo, el jardín de verduras de la cocina... Finalmente, una de las víctimas logró escapar antes de que la matasen e informó a las autoridades religiosas. Esto era algo que había ocurrido varias veces en el pasado, con sirvientas; por ejemplo, en el otoño de 1609... «...una joven de doce años llamada Pola logró escapar del castillo de algún modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena Jo se enteraron de dónde estaba por los alguaciles, y tomándola por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevaron de vuelta al Castillo de Cachtice por la fuerza, escondida en un carro de harina. Vestida sólo con una larga túnica blanca, la condesa Erzsébet le dio la bienvenida de vuelta al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia salían de sus ojos; la pobre ni se imaginaba lo que le esperaba. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena Jo, arrancó las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula. Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado estrecha para sentarse y demasiado baja para estar de pie. Por su interior, estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una vez que la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con la ayuda de una polea. Pola intentó evitar cortarse con las cuchillas, pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo que la jaula se balancease de lado a lado, mientras que desde abajo Piroska la punzaba con un largo pincho para que se retorciera de dolor. Un testigo afirmó que Piroska y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche, acostados sobre las cuerdas, para obtener un malsano placer del tormento que con cada movimiento padecía la desdichada. El tormento terminó al día siguiente, cuando las carnes de Pola estuvieron despedazadas por el suelo.» Esta descripción tiene su parecido con otro artilugio de tortura utilizado por Báthory, llamado «doncella de hierro», el cual era una especie de sarcófago que reflejaba la silueta de una mujer y que por dentro tenía afilados pinchos. Este artilugio se abría para introducir a la víctima y luego encerrarla para que los pinchos se le incrustaran en su cuerpo. Es imposible saber, hoy en día, qué sucedió realmente. Desde el punto de vista psiquiátrico, Erzsébet Báthory sería una anomalía que se sale del patrón común de todos los asesinos en serie conocidos. En la época era común castigar cruelmente a siervos y pupilos, y ejecutar incluso a pequeños delincuentes de las maneras más espantosas. Quizás fuera sádica, y en consecuencia se aplicara especialmente a la hora de imponer disciplina, o incluso obligara a sus sirvientas a tomar parte en prácticas sadomasoquistas más o menos extremas, ninguna novedad para la nobleza de su tiempo, cuya impunidad y poder legal les permitía tratar a la servidumbre como quisieran. O quizás fue realmente una torturadora y asesina en serie amparada en su estatus, que sólo se perdió cuando por falta de nuevas víctimas entre la plebe recurrió a las hijas que formaban parte de la nobleza menor.

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