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gustavowolfen

Usuario (Rusia)

Primer post: 28 jun 2014Último post: 30 jun 2014
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Stalingrado: batalla que sello la Segunda Guerra Mundial
OfftopicporAnónimo6/30/2014

Stalingrado: la terrible batalla que decidió el destino de la Segunda Guerra Stalingrado Fue en 1942/43. Hubo 2 millones de muertos. La derrota nazi a manos soviéticas, inició la caída del Tercer Reich. Derrotados. Una larga hilera de prisioneros alemanes apresados por los rusos durante la durísima batalla. En la noche del 13 de julio de 1942, Stalin convocó al Kremlin a Giorgi Zhukov, designado dos meses antes subcomandante del Ejército Rojo, sólo por detrás del Jefe Supremo, y le ordenó que expusiera el plan que había elaborado sobre la situación de Stalingrado y el Frente Sur. Zhukov señaló –con la presencia del General V. Vasilensky, jefe del Estado Mayor General- que era necesario profundizar la retirada de largo alcance que realizaba el Ejército Rojo frente al Grupo de Ejércitos B del Tercer Reich (Kluge), tras su reciente triunfo en Crimea y la captura de Sebastopol (Manstein), y hacerlo a lo largo de 1.200/1.400 kilómetros, hasta llegar al Volga, en la zona de su mayor proximidad con el río Don, a la altura de la ciudad de Stalingrado. Allí, el 62° Ejército (Chuikov) debía dar media vuelta, atrincherarse, y obligar a los alemanes a concentrar la totalidad de las fuerzas de choque del Grupo B, que eran el 6° Ejército (Paulus) y la mitad del 4° Panzer (Hoth), en una batalla de desgaste que debía durar no menos de 45 días. Las fuerzas que debían utilizarse en la defensa de Stalingrado eran “las mínimas indispensables”, y debían actuar con un criterio de enorme simplicidad: “Ni un paso atrás”. Zhukov agregó que en la medida en que el 6° Ejército concentrara sus recursos de choque en Stalingrado, aumentaría la extensión de sus flancos, y en igual medida su vulnerabilidad. Señaló que lo esencial en la batalla que proponía desencadenar no era la defensa de la ciudad, sino la concentración de fuerzas y recursos del Ejército Rojo que debía realizarse al Norte y al Suroeste de la capital del Volga, para desencadenar desde allí una contraofensiva de pujanza abrumadora en un plazo no mayor de 45/60 días. El objetivo no era resistir en la ciudad, sino modificar la situación estratégica del Sur de Rusia, y ante todo recuperar la iniciativa. Stalin respaldó el plan, exigió que permaneciera en absoluta reserva de “sólo ellos tres”, y mostró incluso –algo poco característico de su personalidad- ciertas manifestaciones de entusiasmo. Zhukov concentró 8 ejércitos, incluyendo 4 de tanques, en el perímetro de Stalingrado, con un total de 680.000 hombres, 860 blindados pesados (T-34) y 6.500 obuses de 105 y 155 mm., además de 2.000 cohetes Katiushas. La concentración de fuerzas abarcaba 40% de la artillería del Ejército Rojo, y disponía de 45% de los blindados. El 6° Ejército contaba con 18 divisiones, entre ellas los 4 blindados del 4° de Panzers; y tenía el respaldo irrestricto de la 4° Flota de la Luftwaffe (Richthoffen), con 1.200 aviones de combate, la más poderosa fuerza aérea de la Segunda Guerra Mundial en ese momento. El 62° Ejército soviético estaba integrado en septiembre por 40.000 hombres, que en octubre, tras 30 días de combate, se habían reducido a 20.000. Al concluir el mes de lucha, los alemanes controlaban 90% de la ciudad, y los hombres de Chuikov mantenían en sus manos sólo una franja de 1,5 kilómetros de extensión sobre el Volga, de 400/800 metros de ancho. Los puntos principales de la defensa eran tres: el montículo de Mamae Turgan, la estación central de ferrocarril y el embarcadero en el Volga. Los dos primeros cayeron y fueron retomados 8/10 veces. El último nunca fue capturado por las fuerzas del Tercer Reich. El mando alemán lanzó el asalto final el 13 de septiembre, con 3 divisiones Panzer y 4 de infantería. Esa noche, cuando el derrumbe de la defensa soviética era inminente, cruzó el Volga la 13° división de Guardias (Rodimtsev), que se lanzó sobre la marcha contra Mamae Turgan y el ferrocarril, que habían sido tomadas por los alemanes, y logró recuperarlas. La 13° división tenía 10.000 hombres el 13 de septiembre, y le restaban 320 al concluir la batalla. Rodimtsev había sido el principal asesor soviético en la Batalla de Guadalajara (España, 1937), en la que fue derrotado el “Cuerpo de Voluntarios Italianos”, enviado por Mussolini. El 11 de noviembre, exhaustas las tropas y restringidas las municiones, el asalto alemán se frenó, tras 86 días de combates. El 19 de noviembre, Stalin y Zhukov desataron el contraataque soviético, a través de dos pinzas blindadas que aplastaron al 3er. Ejército rumano en el Norte, y destruyeron a las divisiones italianas y húngaras que ocupaban el flanco Sur. En 3 días, los blindados del Ejército Rojo capturaron el cruce de Kalach y cerraron el cerco del 6° Ejército. En Stalingrado fueron capturados 220.000 soldados de 18 divisiones alemanas y 2 rumanas, y 80% de la artillería de campaña del ala sur del Tercer Reich. El mando alemán inmovilizó en Stalingrado sus fuerzas de choque, incluyendo las 4 divisiones de elite de blindados; al hacerlo perdió iniciativa, y como consecuencia también la guerra. Después de Stalingrado, Hitler nunca más recuperó la iniciativa estratégica; y el hitlerismo era una construcción histórica fundada exclusivamente sobre la noción de ofensiva. Esa era su razón de ser. Volcado a la defensiva, forzado a hacerlo, su destino estaba sellado. Por eso Stalingrado fue la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial, que marcó su signo y definió su suerte; y también la del mundo en el siglo XX. Stalingrado tiene nombres propios: Stalin, Zhukov, Chuikov, y Rodimtsev. Por Jorge Castro

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El día que Rusia le "regaló" Crimea a Ucrania
El día que Rusia le "regaló" Crimea a Ucrania
OfftopicporAnónimo6/28/2014

El día que Rusia le "regaló" la península de Crimea a Ucrania Crónicas de la época dicen que, tras la muerte de Stalin, el líder de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov, bebió unas copas de más y decidió hacer un singular obsequio Nikita Kruschov y Joseph StalinNikita Kruschov y Joseph Stalin Todo ocurrió el 19 de febrero de 1954. La Unión Soviética, después de haber cumplido un rol preponderante junto con los Estados Unidos en la caída del nazismo en Europa, se disputaba en ese entonces la hegemonía mundial. Plena Guerra Fría, pleno sentimiento de que la bonanza socialista no terminaría nunca y de que se impondría como el nuevo orden global. Dicen las malas lenguas que ese día, Nikita Jruschov, el dirigente soviético que sucedió a Joseph Stalin tras su muerte en marzo de 1953, había bebido demasiado coñac cuando decidió que la mejor forma de honrar a Ucrania era regalarle la península de Crimea. La generosidad de Jruschov no fue casual: entre 1938 y 1947 se había desempeñado como secretario general del Partido Comunista ucraniano y había tenido una activa participación para repeler los intentos de Alemania por ingresar al territorio. Como en esa fecha se cumplían 300 años de la adhesión de Ucrania a Rusia, ese singular agasajo parecía estar a la altura. Pero más importante aún, el líder soviético no concebía –o al menos, nunca lo manifestó públicamente– que la URSS pudiera desintegrarse en algún momento. Así, ya sea por su supuesto estado de ebriedad o porque estaba embelesado con el sueño socialista, Jruschov dio pie a los trámites legales necesarios para que los 27.000 kilómetros cuadrados de Crimea fueran formalmente ucranianos. Décadas más tarde, cuando en 1991 la URSS se derrumbó, Ucrania declaró su independencia y Crimea quedó bajo la órbita del gobernó de Kiev, la decisión de Jruschov comenzó a ser calificada de "error histórico". Los años siguientes, la península procuró mantener su autonomía, instituir su presidente y restaurar su propia Constitución, pero ningún momento estuvo libre de tensión. La relación entre Rusia y Ucrania fue signada por Crimea. En 1995, Boris Yeltsin y Leonid Kuchma alcanzaron un acuerdo para que la flota rusa se instalara en la base militar del puerto de Sebastopol, que tiene una ubicación estratégica sobre el mar Negro. Dos años después, Moscú y Kiev acordaron que el primero se quedaría con tres bahías por un período de 20 años a cambio de una paga anual de 100 millones de dólares. En 2010, dicho acuerdo se prolongó hasta 2042. Crimea fue siempre pro Moscú. El 60% de su población es de origen ruso. Cuando gobernaba Stalin, los habitantes originarios –los tártaros (musulmanes turcos sunitas, en su mayoría)– fueron expulsados e implantaron en su lugar a ciudadanos rusos, que tomaron el territorio como propio. Solo el 25% es ucraniano. Por eso, cuando en febrero cayó el gobierno de Víktor Yanukovich, aliado de Vladimir Putin, los crimeos encontraron la excusa perfecta para convocar el referéndum del 16 de marzo, dado que declararon que las nuevas autoridades no los representaban. En la votación, el 96,6% optó por la independencia de Ucrania y la disposición de anexarse a Rusia, algo que Putin se apresuró en aprobar. El referéndum fue calificado de "ilegítimo" por la comunidad internacional, mientras que la avanzada militar rusa en Crimea fue duramente condenada. Hoy, en las bases militares de Crimea flamean las banderas rusas; en las transacciones comerciales, se usa el rublo; y, mientras tanto, los ciudadanos que no quieren renunciar a ser ucranianos piden al Gobierno que los evacúe cuanto antes de la península. Por Agustina Ordoqui - [email protected]

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