gustavoguzman
Usuario (Argentina)
Buenas noches. Escribo otro post con una historia real que le ha sucedido a unos parientes hace ya algunos años. Ellos no saben que estoy publicando su experiencia pero espero que sepan entender. Como les contaba en un post anterior, soy de Santiago capital pero tengo familiares y visitaba muy seguido un pueblito que quiero mucho que se llama Estación Atamisqui. Este pueblo ha tenido su origen, como tantos otros, por el paso del tren y, una vez que éste ha dejado de pasar, casi se convierte en un pueblo fantasma debido al éxodo de su gente. Esta historia les ha pasado a una tía y a sus dos hijos hace ya como 20 años. Los dos hermanos (mis primos), uno, el mayor, tenía aproximadamente 18 años y la otra, la menor tenía cerca de 14 años. Ellos vivían en el lado oeste del pueblo. En una casa bastante "moderna", con paredes de ladrillo, techo de azotea (tirantes de madera y ladrillos) y con una cubierta de chapa de zinc, aljibe, etc. Un verdadero lujo para el lugar y la época. Vivían los tres en esa casa que además era bastante grande, ya que tenía varias habitaciones. Mi tía enviudó joven y tuvo que encargarse trabajar y criar a sus hijos. Una verdadera madraza. Próxima a la casa se encontraba el edificio de la usina, que en otra época alimentaba de energía eléctrica a todo el pueblo. Pero, como ya había líneas de media tensión que proveían de electricidad las 24 horas, ese edificio hacía un par de años que había quedado abandonado y en desuso. Una noche, estando mi tía y sus hijos dormidos, se despiertan porque empiezan a sentir como si alguien rasguñara las paredes de la casa pero del lado de afuera. Al principio no se alarman porque pensaban que podía ser su perro o algún perro vecino. Con el tiempo esos ruidos se hacían cada vez más fuertes y frecuentes. Las noches siguientes, empiezan a sentir ruidos como si alguien corriera sobre el techo de chapa, y a veces como si cayeran piedras sobre las chapas. Cabe aclarar que la distancia a la casa más próxima era como de 200 metros por lo que era prácticamente imposible que algún vecino tirara alguna piedra desde su casa. Cuando revisaban de día el techo nunca entraban nada. A todo esto, su perro, un muy buen guardián, no salía de la casa cuando esto ocurría, sino más bien permanecía debajo de la cama bastante atemorizado. Durante varios días les pasaban estas cosas al punto tal que prácticamente se acostumbraron a estos ruidos. Me acuerdo cuando nos visitaban en casa y nos contaban de esto y como al principio sentían mucho miedo y luego ya se volvía casi rutinario. Nosotros al escucharlos nos re-ca...mos de miedo. El problema surgió cuando ya los fenómenos se hacían cada vez más "agresivos". Aparte de todos los ruidos que mencionaba, con el tiempo empezaron a quedar a oscuras porque los focos que dejaban prendidos se apagaban, o bien las ventanas que estaban cerradas se abrían como de un golpe. Una noche, al salir y dar la vuelta por la casa observan hacia la usina y ven primero las tenues luces de velas que se colaban por las ventanas. Más tarde las luces aumentaban de intensidad y cambiaban de colores. Es ahí que asumen que había alguien (un estudiante, como le llamaban en el campo a las personas que practicaban magia negra) que era el responsable de todo lo que les estaba pasando. Al día siguiente, mi primo empieza a preguntar por el tema de la magia negra a su grupo de amigos, y ahí le comentan que supuestamente, un estudiante que recién comienza debe actuar sobre lugares y objetos relativamente próximos, haciendo al principio solo "travesuras", nada muy dañino o perjudicial. Solo pequeños trabajos que generen cierto temor a quien lo presencie. Es ese temor el que luego va a ir alimentando el poder del estudiante y de esta forma lograr cada vez trabajos más fuertes (dañinos). De esta forma mis parientes comenzaron a atar cabos y concluyeron que estaban siendo víctimas de un estudiante. El problema era como enfrentarlo. Mientras pensaban como terminar de una vez por todas con los ruidos y golpes, una noche ocurrió algo que ha sido la gota de colmó el vaso. Mientras dormían, empiezan a golpear la ventana haciéndola temblar, como si quisieran abrirla pero como tenía una tranca (una madera gruesa que atravesada y pasando por dos chapas, una en cada hoja de la ventana, impide que ésta se abra). Era como si alguien anduviera rodeando la casa y golpeando cada puerta y ventana. Hasta que llegó a una de las puertas que justo no tenía tranca y la abrieron como de una patada. Con un miedo ya incontrolable, no sabían que hacer más que rezar y esperar a que amanezca. Como el ruido seguía en toda la casa y principalmente se abría y cerraba la única puerta sin tranca, sin que se vea a nada ni nadie hacerlo. Es por eso que, utilizando una silla inclinada traban esa puerta desde el interior, esperando que de esta forma pare un poco todo. Y es aquí cuando se produce algo increíble y terrorífico. Al principio ven moverse la puerta como si quisieran abrirla sin que lo logren, hasta que algunos minutos después la silla dispuesta como traba vuela por los aires como si algo la hubiese literalmente "revoleado". Ahí sí que se querían morir de miedo, en plena madrugada, agarran lo que tenían puesto y se van caminando hasta la casa de mis abuelos a pasar la noche. Al día siguiente, mi primo le cuenta a un amigo de mucha confianza lo que les estaba pasando y que no sabían que hacer. Este amigo le dice que es inútil que trate de enfrentar a algo sobrenatural, que lo que tenía que hacer era enfrentar a la persona culpable de esto. Ya tenían una pista del lugar en el que creían que hacían los ritos, por llamarlos de alguna forma, faltaba saber quien era la persona. Esa noche quedan los dos en la casa a la espera de nuevos fenómenos, pero esta vez con linternas y armados con un rifle calibre 22. Mi tía y mi prima quedaron en lo de mis abuelos. Esta vez, al escuchar nuevamente ruidos, caminan un poco en dirección a la usina hasta acercarse lo suficiente y realizan algunos disparos a las ventanas del edificio, rompiendo algunos vidrios. Vuelven a la casa y por fin después de mucho tiempo los ruidos habían cesado. Al otro día, ya convencidos que se trataba de algún vecino/a del pueblo, empiezan a hacer correr la voz que habían descubierto a alguien practicando magia negra en la usina y que estaban dispuestos a matarlo si lo volvían a encontrar o si se enteraban de quien se trataba. En realidad, conociéndolos a ambos como los conozco, en condiciones "normales" no eran capaces de matar ni una mosca. Como el pueblo era muy chico en un par de días todos estaban al tanto de lo que había pasado y de la amenaza que habían hecho estos changos. Finalmente, y después de varias noches de guardia, rifle en mano, nunca más volvieron a escuchar ningún ruido ni nada extraño. Eso sí, lamentablemente tampoco pudieron descubrir quien era el que provocó todo aquello. Eso es todo, saludos y espero resulte de su agrado.