golosologo
Usuario (Argentina)
Relato en PowerPoint al estilo "Elige tu propia aventura". Darle click a los mensajes subrayados para elegir una opción, no a los botones de abajo. Disfrútenlo. link: http://www.authorstream.com/player.swf?fb=0&nb=1&ap=0&pl=as&c=#dfdfdf&p=1951763_635163502016345000

El Gigante de Piedra viraba, lentamente, mirando al sol. Así, y confundiéndose en pensamientos, se divertía. Como su nombre, era un ser coloso, hecho de piedra, excepto por sus ojos mortales. También lo llamábamos Gigante, para abreviar. El pueblo que lo observaba, era más aburrido que él. Sólo los niños lo hacían interesante. Excepto yo, Sután, que justificaba mis “travesuras”. Uliza amanecía siempre con dolor de cabeza, y aumentaba al salir de casa. Mi hermana hacía casi todos los recados. Un día no pasó así... Icrán tenía que quedarse a cuidarme, mientras mamá soportaba el dolor, creyendo que se acostumbraría al ambiente. Siempre pensaba que visitar al Gigante, representante del pueblo Olbú, pararía el sufrimiento. Después de todo, nos dimos cuenta que era el sol la alergia de mamá, y siendo él tan fanático de esa estrella, lo podría solucionar. También era mago, aunque fue un error pedir su ayuda. No fue mi plan. Sólo se lo dije a mi amigo Traon, hijo de un caballero: Ojún era representante humano del pueblo, fiel al Gigante. Se lo dije, y ese día me despertó un Águila de Guerra. Esas bestias, a diferencia de las comunes, eran enormes y con mucha fuerza. Cuando me levanté, vi por la ventana a Traon en el techo vecino. No podía salir por ahí: me ubicaba en el segundo piso, y caería sobre tablas de metal, provocando ruido y hasta lastimándome. Mamá podría descubrirme, quien estaba hablando con Ojún. A pesar de ser caballero, era muy maleducado. Sabía del dolor de cabeza, y lo ignoraba con tal de sacar una conversación. Mi hermana vigilaba el primer piso. Además, ¿cómo llegó Traon a un techo sin escaleras? En ese momento no sabía hacer señas. Trataba de decirme cómo salir. Tampoco sabía de la fuerza de las Águilas de Guerra, que obviamente tenía que usar para bajar. No estaba muy seguro, pero las señales de afirmación de mi amigo, me hizo ganar confianza. Volé hasta no estar sobre tablas de metal, y caí, así no irme muy lejos, ya que no sabía girar. Fue hacia mi punto de aterrizaje, y me mostró unos papeles firmados por la realeza. ¿Podía ser por eso que Ojún hablaba con mi madre? Éramos inocentes: él sabía cosas que yo no, y viceversa. Por ejemplo, no era fácil salir del pueblo sin armas. Además él no podía: lo vincularían al padre. En cambio yo sí, porque no sabían de nuestra amistad. Fuimos a la tienda de armas. Obviamente compramos la más barata, con una rebaja del dueño Obey. No sabía si nos ayudaría a guardar el silencio, ya que se llevaba bien con el caballero, pero mantenía una fuerte amistad con su hijo. Por las calles nos despedimos. Al Gigante se lo veía desde el pueblo, junto con edificios, acompañado de personas. Cuando el guardia me dejó salir, estaba solo en un campo, con el coloso de espaldas. Por un momento me paralicé. Avancé unos pasos, y el miedo me invadió. Decidí volver, porque me criaron de manera que hagan todo por mí, y nada yo por ellos. Era algo muy egoísta, que valoraba mi vida. Giré y volví lentamente. Podría salvarme, pero del lado del pueblo, un hombre apareció. Bajó de su caballo, y no pude escaparme de él, porque era un adulto. Gritó en un idioma raro. Era la lengua del Gigante, quien se dio vuelta. Por mucho tiempo no había girado tan bruscamente como para provocar un temblor. Así, las personas se enteraban de cosas importantes. “Civil que salga del pueblo y vaya al Gigante, será castigado”. No fue del todo culpa de mi ignorancia. ¡Yo iba a volver! ¿Por qué ese maldito me llevó hacia donde no quería? Era Ojún: siempre averiguando sobre cosas que lo perjudiquen muy poco, y luchando hasta que reciban el “merecido”. Estaba averiguando mis planes. En el caballo también montaba el vendedor de armas. Por ese delator, lo supo con certeza. Pero... yo iba a volver. Iba a entregar los papeles y las armas, y me iban a regañar de manera no tan grave... Sólo le bastaba hablarle en su idioma. De esa forma logró un castigo, que no desearían ni los rebeldes.