goars
Usuario (Venezuela)
Ni separados mi pareja me busca Reconocer las faltas, con el ánimo de aprender y rectificar. Con o sin reconciliación, uno debe avergonzarse de tales faltas, como una manera de crecer y madurar. Comprometerse -con uno mismo- a erradicar para siempre tales conductas inapropiadas. A veces, herimos a los demás porque mal interpretamos sus palabras o reacciones, porque no sabemos controlar los impulsos agresivos o porque creemos que nos están engañando, mintiendo o rechazando, cuando en realidad son especulaciones mentales, es decir, así pensamos, pero nada de ello está ocurriendo. Admitir tales errores es imprescindible para recuperar nuestra serenidad. Admitir y arrepentirse no garantiza reconciliación, pero ayuda. Además las heridas que causamos a los demás, no se curan ni cicatrizan al momento de pedir perdón... necesitan cierto tiempo y un comportamiento confiable. Procura una oportunidad para dialogar sobre ello con tu pareja o ex, sin forzar fecha alguna. A veces, las demoras en estos encuentros se deben a la gravedad de las heridas emocionales que infringimos a los demás. Hay un tiempo de recuperación que debemos respetar, igual que los periodos de reposo tras una cirugía o enfermedad. Sin embargo, cuando hay amor, las probabilidades de reconciliación están latentes. Cuando hablo de amor, me refiero a aquel “que se demostraba y expresaba con acciones y afecto” (no con aquel que sólo se sentía y decía ocasionalmente... ”tú sabes que te quiero”). Es raro que tras una separación de vivienda (no de camas o habitación) las parejas enamoradas y disgustadas se mantengan indiferentes o calladas por más de un par de semanas. Ante el amor, el orgullo se empequeñece y doblega, sobre todo cuando existe el riesgo de “enfriar la relación” definitivamente. Cuando tememos perder a la pareja, empaquetamos nuestro orgullo en el bolsillo, y mostramos el deseo de salvar el matrimonio o noviazgo. Quien obra de forma contraria, y prefiere perder a su pareja, antes que perdonar y doblegar su orgullo, es porque no está suficiente enamorado. Decir lo siento Debo recalcar que el perdón se concede a la persona cuando se arrepiente, no cuando reconoce intelectualmente su falta. Hay quienes reconocen, pero no se arrepienten, y la prueba está en que reinciden. Quien realmente se arrepiente, no reincide. En el arrepentimiento hay dolor y compromiso de cambio, en el reconocimiento intelectual, no. Durante la separación de parejas no deben exigirse “encuentros” sino respetarse el desánimo y el deseo de cada quien. El silencio de aquella pareja que durante 4 o más semanas no propicia diálogo alguno es significativo. Algunos creen que “extrañar” a la ex pareja es señal de estar enamorado, y no es así. También se extraña a los familiares y amigos, sin estar enamorado. Siempre se crea un cierto “vacío emocional y afectivo” con los distanciamientos de pareja (recordemos el efecto del apego). A veces hay contradicciones tales como “claro que te quiero, no he podido dormir desde la ruptura... pero mi trabajo no me permite ir a verte ni llamarte”. Eso es una abierta contradicción, porque quien realmente está enamorado y teme perder para siempre a su pareja “mueve cielos y tierra” para rescatarla. Ningún impedimento ni obstáculo será suficiente como para impedirle recuperar a su familia, salvo que esté en otro país u hospitalizado. Durante las separaciones de pareja, debe aprovecharse para sanar esas heridas emotivas con terapia de apoyo y orientación, a fin de prevenir la repetición de los factores negativos en una próxima convivencia. La buena intención de cada pareja es insuficiente para corregir conductas problemáticas. Me arrepiento de mis faltas frente a mi pareja, me someto a terapia, y permito que ésta se recupere de la crisis matrimonial. Pero si el silencio de mi pareja (o ex) se extiende por semanas y meses, a pesar de mi arrepentimiento y rectificación... entonces debo replantearme lo siguiente... “¿que vínculos hay entre nosotros, ahora?”. Tal vez lo que queda es desamor, aprecio, respeto. No debo hacer el rol de mendigo suplicando amor, ni el rol de victimario maltratando verbalmente a quien fuera -una vez- la persona amada. El amor no es obligatorio, a fin de cuentas. Y la declaración de amor de aquella época, no constituye una mentira, ni una palabra empeñada de por vida, ni una hipoteca para siempre. Hay que asumir que de “buena fe” expresamos amor, pero que las condiciones y experiencias cambiaron, y con ellas, los sentimientos también. Todo puede variar, en función del tiempo y la manera de alimentar las relaciones de pareja. Ante las separaciones de pareja, se descubren si los sentimientos son profundos, si las heridas psicológicas son graves, sin el ego (orgullo) es enfermizo, si la pareja está dispuesta a cambiar, si hay coherencia entre palabras y acciones, si la pareja está enamorada. Durante la separación “se caen las caretas y máscaras” pues quien ama no escatima esfuerzos y sacrificios para recuperar a su pareja y su familia. Quien ama, no conoce comodidad. Agradecer no cuesta nada!!