ghost91
Usuario (México)
Hola, les comparto este pequeño texto que escribí hace un tiempo y que decidí nombrar tal y como pudieron leer en el titulo: sin nombre. Espero les guste, si me animo posiblemente vuelva a publicar más. Todos pueden comentar, pero si lo que quieren es molestar les sugiero que vayan a otro post porque cualquier comentario de ese tipo sera eliminado. En mitad del placido campo permanezco solo e inmutable, con el cálido aire del verano y las nubes de marcha noble arrullando el sueño ufano. Mi pasado ansío conocer, pero las memorias gastadas a mis deseos no pueden ceder y las voraces dudas surgidas aumentan más la inquietud. Un nombre anhelo tener, de mi vida poder recordar: un lugar al cual pertenecer y personas a quienes añorar, para así la soledad desvanecer de mi mundo inhabitado. Toda imagen por mí evocada renace ahora en la mente febril, pues la bella musa consagrada a la memoria, con paso grácil acudió ante el triste llamado. Desde el tumulto en la memoria -lugar cubierto de niebla- los recuerdos que siempre perseguía retornan, dejándome sin habla, …pero el nombre que saber exigía entre ellos no tuvo presencia. Gracias por pasar.
Hola, bienvenidos a mi nuevo post, espero la esten pasando bien. Hoy les comparto otro poema del señor Edgar Allan Poe, de los mejores que escribio, disfrutenlo. @taringauser11 @lucilabaez @lalibaez5 espero que les guste . Los cielos estaban cenicientos y lúgubres. Los follajes crispados y huraños. Las hojas marchitas y secas. Era una noche del solitario octubre, Del más inmemorial de los años. Fue cerca del oscuro lago de Áuber, En la región brumosa de Weir, Junto a la ciénaga brumosa de Áuber, En el bosque embrujado de Weir. A través de un paseo titánico de cipreses Vagaba yo en soledad con mi alma; De cipreses, con Psiquis, mi alma. Mi corazón era entonces volcánico, Como las escorias que ruedan en los ríos, Como las lavas que ruedan intranquilas En las sulfúreas corrientes del Yaanek, En los últimos climas del polo Que gimiendo mientras bajan rodando el monte Yaanek En los reinos del polo boreal. Nuestra charla había sido grave y moderada, Pero nuestros pensamientos estaban paralizados y marchitos; Nuestros recuerdos, inciertos y gastados, Pues no sabíamos que el mes era octubre Ni advertimos la noche del año (¡Ah, noche entre todas las noches del año!) No vimos el oscuro lago de Áuber (Aunque ya habíamos bajado por allí). No recordamos la húmeda ciénaga de Áuber Ni el bosque embrujado de Áuber. Y entonces, cuando la noche envejecía, Cuando el cuadrante astral señala la mañana, Al fin de nuestra senda, Un lácteo fulgor nacido Fuera del cual un milagroso creciente Se alza con doble cuerno: El creciente diamantino de Astarté Claro y con su doble cuerno. Y le dije: "Es más tibia que Diana: Flota en un éter de suspiros, Ríe en una región de suspiros: Ella ha visto que las lágrimas no se secan, Aquellas mejillas donde los gusanos nunca mueren, Y ha pasado por las estrellas del León Para señalarnos la senda de los cielos De la paz leteana del Cielo; Sube a pesar del León Brillando sobre nosotros con su mirada confiada, Sube sin temer el cubil del León, ¡Con amor en sus ojos radiantes! Pero Psiquis, levantando su dedo dice: "De esa estrella, oh mortal, desconfía: De su extraña palidez yo desconfío. ¡Oh!, ¡apresúrate! ¡No meditemos! ¡Oh!, ¡vuela! ¡Ven!, huyamos; debemos hacerlo" Aterrorizada habló, dejándome por el polvo. Todavía ellos, apesadumbradamente, las arrastraban por el polvo. Yo contesté: "Esto no es nada sino un sueño; Sigamos su trémula luz; Sigamos bañándonos en su cristalina luz; En su sibilino esplendor está brillando La Esperanza y la Belleza de esta noche. ¡Veo sus alas subir al firmamento a través de la noche! Confiémonos en su resplandor Y con seguridad nos llevará felizmente. ¡Confiémonos en un resplandor Que no puede sino guiarnos con acierto Cuando sube al Cielo en medio de la Noche!" Así calmando a Psiquis, la besé, Intenté alejar su melancolía Y vencí sus escrúpulos y tristeza; Pero estábamos parados a la puerta de una tumba; Cerca de la puerta de una legendaria tumba. Y yo dije: "¿Qué lees, dulce hermana, En la puerta de esa legendaria tumba?" Y ella dijo: "Ulalume, Ulalume. ¡Es la tumba de tu perdida Ulalume!" Sentí mi corazón lúgubre y yerto Como cuando las hojas se crispaban, Como cuando las hojas estaban marchitas y secas. Y yo grité: "¡Será seguramente octubre!" Fue una noche idéntica, hace un año Cuando viajé, cuando descendí hasta aquí.. Llevando una terrible carga. ¡Aquella noche, aquella noche del año! ¡Oh!, ¿qué demonio me trae hasta aquí? Reconozco la ciénaga de Áuber Y la región brumosa de Weir; Bien conozco ahora que ésta es la ciénaga de Áuber y aquél el embrujado bosque de Weir!
Hola de nuevo y bienvenidos, les traigo un hermoso poema del señor Edgar Allan Poe, quiza el mas famoso de todos los que escribio. El post se lo dedico a @taringauser11 (espero que te guste como quedo ). Solo me queda decir una cosa: disfrutenlo. Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.” ¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.” Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos: “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.” Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más. Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?” Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!” Apenas esto fue, y nada más. Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio.” ¡Es el viento, y nada más! De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más. Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: “Nunca más.” Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.” Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.” Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica de ‘Nunca, nunca más’.” Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir graznando: “Nunca más.” En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más! Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!
![El Brindis del Bohemio [Guillermo Aguirre]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2017/06/08/wegtwe-z82QiqXKEkw.webp)
Hola, antes que nada gracias por entrar al post, hoy les comparto un poema muy hermoso del señor Guillermo Aguirre Fierro. Solo les pido que al terminar el poema lean lo que escribi al final y por favor nada de comentarios malintencionados. En torno de una mesa de cantina, una noche de invierno, regocijadamente departían seis alegres bohemios. Los ecos de sus risas escapaban y de aquel barrio quieto iban a interrumpir el imponente y profundo silencio. El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo, simbolizando al resolverse en nada la vida de los sueños. Pero en todos los labios había risas, inspiración en todos los cerebros, y repartidas en la mesa, copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo. Era curioso ver aquel conjunto, de aquel grupo bohemio, del que brotaba la palabra chusca, la que vierte veneno, lo mismo que melosa y delicada, la música de un verso. A cada nueva libación, las penas hallábanse más lejos del grupo y nueva inspiración llegaba a todos los cerebros con el idilio roto que venía en alas del recuerdo. Olvidaba decir que aquella noche, aquel grupo bohemio celebraba entre risas, libaciones, chascarrillos y versos, la agonía de un año que amarguras dejó en todos los pechos, y la llegada, consecuencia lógica, del feliz año nuevo... Una voz varonil dijo de pronto: ¡Las 12, compañeros! Digamos el requiescat por el año que ha pasado a formar entre los muertos. ¡Brindemos por el año que comienza! porque nos traiga ensueños; porque no sea su equipaje un cúmulo de amargos desconsuelos. Brindo, -dijo otra voz-, por la esperanza que a la vida nos lanza, de vencer los rigores del destino, por la esperanza, nuestra dulce amiga que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino. Brindo, porque ya hubiese a mi existencia puesto fin con violencia esgrimiendo en mi frente mi venganza, si en mi cielo de tul limpio y divino no alumbrara mi sino una estrella brillante : "Mi Esperanza". ¡Bravo!, -dijeron todos-, inspirado esta noche has estado y hablaste breve, bueno y sustancioso. El turno es de Raúl; alce su copa y brinde por... Europa, ya que su extranjerismo es delicioso... Bebo y brindo, -clamó el interpelado-, brindo por mi pasado, que fue de luz, de amor y de alegría, en el que hubo mujeres tentadoras y frentes soñadoras que se juntaron a la frente mía... Brindo por el ayer que en la amargura que hoy cubre de negrura mi corazón, esparce sus consuelos, trayendo hasta mi mente las dulzuras de goces, de ternuras,de amores de delicias, de desvelos. Yo brindo, -dijo Juan-, porque en mi mente brote un torrente de inspiración divina y seductora, porque vibren en las cuerdas de mi lira el verso que suspira, que sonríe, que canta y que enamora. Brindo porque mis versos cual saetas lleguen hasta las grietas formadas de metal y de granito, del corazón de la mujer ingrata que a desdenes me mata... ¡Pero que tiene un cuerpo muy bonito! Porque a su corazón llegue mi canto, porque sequen mi llanto sus manos que me causan embelesos, porque con creces mi pasión me pague... ¡Vamos! porque me embriague con el divino néctar de sus besos. Siguió la tempestad de frases vanas, de aquellas tan humanas que hayan en todas partes acomodo, y en cada frase de entusiasmo ardiente, hubo ovación creciente, y libaciones y reír y todo. Se brindó por la Patria, por las flores, por los castos amores que hacen un valladar de una ventana, y por esas pasiones voluptuosas que el fango del placer llena de rosas y hacen de la mujer la cortesana. Solo faltaba un brindis, el de Arturo, el del bohemio puro de noble corazón y gran cabeza; de aquel que sin ambages declaraba que solo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza. Por todos estrechado alzó la copa frente a la alegre tropa desbordante de risa y de contento. los inundó en la luz de su mirada, sacudió su melena alborotada y dijo así, con inspirado acento: Brindo por la mujer, más no por esa en la que hayáis consuelo en la tristeza rescoldo del placer ¡Desventurados!; no por esa que os brinda sus hechizos cuando besáis sus rizos artificiosamente perfumados. Yo no brindo por ella, compañeros, siento por esta vez no complaceros; brindo por la Mujer, ¡pero por Una! por la que me brindó sus embelesos y me envolvió en sus besos: por la mujer que me meció en la cuna. Por la mujer que me enseñó de niño lo que vale el cariño exquisito, profundo y verdadero; por la mujer que me arrulló en sus brazos y que me dio en pedazos, uno por uno, el corazón entero. ¡Por mi Madre bohemios! Por la anciana que piensa en el mañana, como en algo muy dulce y muy deseado; porque sueña tal vez, que mi destino me señala el camino por el que volveré muy pronto a su lado. Por la anciana adorada y bendecida, por la que con su sangre me dio vida y ternura y cariño; por la que fue la luz del alma mía y lloró de alegría sintiendo mi cabeza en su corpiño. ¡Por ella brindo yo! dejad que llore y en lágrimas desflore esta pena letal que me asesina; dejad que brinde por mi madre ausente, por la que sufre y siente que mi ausencia es un fuego que calcina. Por la anciana infeliz que sufre y llora y que del cielo implora, que vuelva yo muy pronto a estar con ella; por mi Madre, bohemios, que es dulzura vertida en la amargura y de mis negras noches es mi estrella... El bohemio calló. Ningún acento profanó el sentimiento nacido del dolor y la ternura, y pareció que sobre aquel ambiente flotaba inmensamente... Un poema de amor y de amargura. Este poema se lo dedico a mi madre, por ser mi gran apoyo durante tanto tiempo, por todos los sacrificios y pesares por los que tuvo que pasar por mi, por su cariño y por todo lo que me ha brindado, gracias por todo y por estar ahi siempre. Tambien se lo dedico a todas las madres, aquellas mujeres que han dado todo por sus hijos, aquellas que crian con amor, y a todas las que merecen ser llamadas asi, porque un solo dia no es suficiente para reconocer todo lo que ellas representan y porque ni todas las palabras son suficientes para agradecerles.

Hola, hace tiempo me anime a compartir un poema que hice y en esta ocasión les traigo el segundo, disfrútenlo y pasen un rato agradable mientras lo leen. Brilla en la noche estrellada de un helado y largo invierno, cubriendo los bosques de luz la hermosa luna plateada, adorada por seres nocturnos. Un lobo entre durmientes árboles con pies cautelosos andando, por las estrellas es cautivado. A un solitario peñasco ha llegado, recordando un distante pasado. En lo alto de la roca esculpida por centenarios de viento y de lluvia, observa el níveo paisaje bajo ella. Se vuelve, alertado por una presencia y se encuentra con una muy bella. Una mujer de alas plateadas, un ángel de mirada pura y pacífica. El lobo le saluda con respeto, el ave divina preguntas le aplica con voz delicada y armoniosa. ¿Por qué has dejado de aullar y de tus hermanos te has separado? ¿por qué la melancolía en tus ojos? Tú, quien siempre habías halagado a la luna con cantos dichosos. El lobo le responde paciente: he contemplado la soledad en mi alma, la que ahora inunda mi mente y siempre me quita la calma, a pesar de estar entre otros. A meditar me he alejado, buscando una luz que a mi alma pueda devolverle la alegría, para así encender la llama que en mi pecho hace tiempo sentía. La luz que siempre absorto mire me di cuenta que no puedo alcanzarla... la hermosa dama en lo alto... con ella no puedo estar o amarla... ni siquiera le llega mi canto. La mujer de blancos vestidos le mira, sonríe y una mano en la frente le posa. Mi amado lobo que enamorado estás, tus palabras llevadas por la brisa en mi corazón quedaron impresas. Yo soy aquella que siempre halagaste mientras mi brillo admirabas, tu tristeza me ha traído desde el éter -la dama entonces acerca su rostro- mi cariño un deseo te podrá conceder. Estar a tu lado solo te pido le contestó sin temor en la voz, mi amor para ti siempre ha sido. Lagrimas llenas de cristalina luz por las mejillas de ella bajaron. A mi lado estarás amado lobo cantándome al oído tus versos, viviendo los dos la eternidad, le dijo ella entre cálidos besos, una luz los envolvió con intensidad. Ante la primavera el frio cedió, los hielos se están derritiendo y en lo alto del cielo estrellado la luna ilumina sonriendo con una brillante estrella a su lado.

Hola amigos, les doy la bienvenida a mi nuevo post, en esta ocasión traigo para ustedes mi escrito mas reciente, que al igual que los anteriores esta acompañado de imágenes, pasen un rato agradable mientras leen. El reloj ya casi marca las doce, mis pasos oyéndose en el suelo, una pálida luz desde el cielo la oscuridad del mundo desvanece con su misterioso y blanco halo. Luciérnagas brillantes deambulando, el silencio trayéndome calma, nubes ligeras están vigilando el distante sueño de cada alma mientras el tiempo sigue marchando. La quietud llena el ambiente, cubriendo las calles de neblina, frío velo que se mueve lentamente mientras la estrella polar ilumina, y muestra la senda gentilmente. Mi paseo aún no ha terminado, por las calles camino pensante con mi ánimo aun alterado, culpa del mal sueño hiriente que pronto me había despertado Aún quedan recuerdos menores de los ornamentos dejados como ofrenda de los santos altares, que celebraron en días pasados a los difuntos con honores. Los espíritus ya han retornado a las mansiones luctuosas que la muerte les ha otorgado, cuando de las vidas hermosas el momento final les ha señalado. La medianoche sigilosa ha pasado, las sombras realizan su danza en torno de un parque iluminado, en tanto el tiempo sin prisa avanza para quien se encuentre dormido. Las calles continúan vacías, mis pasos de lejos pueden oírse, confundiéndose con débiles risas que en el aire parecen desvanecerse con las antes espesas brisas. Bajo un árbol me siento a descansar y así contemplar el clima tranquilo que de madrugada pude encontrar. Misterios en mi inquieta mente cavilo en lo que el sueño empieza a llegar. La ciudad está iluminada suavemente por la luna y su hermosa luz pálida, bajo las sombras de un árbol durmiente mientras espera la mañana cálida un gato descansa y sueña plácidamente.