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Usuario (Uruguay)

Stu Ungar (Biografía) Stuart Errol Ungar (n. en Nueva York 8 de septiembre de 1953 -- m. 22 de noviembre de 1998) fue tres veces campeón del mundo de póquer (1980-1981-1997 Campeón de WSOP) pero su vida estuvo plagada de excesos que finalmente acabaron con él: la leyenda fallecía consumido por las drogas. Para casi todos los entendidos, el mayor talento que ha dado el mundo del naipe en los tiempos modernos. Este norteamericano de padres judíos es uno de los dos únicos mortales que han logrado ganar el evento principal de las World Series of Poker (WSOP) en tres ocasiones: 1980, 1981 y 1997. En su momento fue amado por unos y odiado por muchos más, lo que no se puede negar es que es y, más que probablemente, será el jugador de poker más famoso de la historia. El bueno de Stuart demostró una habilidad innata para el gin rummy, y a base de ganar todos los torneos en los que participaba se hizo un nombre. A los 10 años ganó el primero. Era el pistoletazo de salida de una carrera de éxitos. Cuando tenía 15 primaveras su padre murió en brazos de su amante, y Stu, con su madre incapacitada por una grave enfermedad, encontró en Víctor Romano, enrolado en la familia de los Genovese, a su auténtico padrino. El mafioso, que tenía una memoria prodigiosa (se dice que podía repetir la definición exacta de cualquier palabra del diccionario) utilizaba este don divino para calcular probabilidades en el mundo del juego, y con su magisterio fue transmitiendo todas sus habilidades al joven Ungar, que se volvió invencible. La protección que le brindaban sus amistades peligrosas le valió para salir bien librado de su instinto asesino y sus malos modos en las mesas. En cierta ocasión un jugador al que había ganado le intento agredir con una silla en la cabeza: días después fue hallado muerto de un disparo. Carta blanca para Ungar, a cambio del dinero que ganaba en el gin y el poker. Con sus triunfos mantenía a su hermana y a su madre; pero lo que ganaba al gin lo perdía en los dados o cualquier cosa sobre la que se pudiera apostar. Primero se mudo a Florida; pero después acabó en Las Vegas, donde se casó con su novia de siempre y tuvo una niña. El principal motivo que lo llevó al poker y a cambiar de aires fue que su reputación en el gin rummy hizo que ya no tuviera rivales. Nadie quería jugar con él. Ungar, con su aspecto aniñado, destrozaba a sus compañeros de mesa. Una famosa noche despedazó, literalmente, al considerado número uno del momento (con su permiso) Harry Yonkie Stein. “Desde ese día nunca volvió a ser el mismo (Stein)”, aseguró uno de los que presenciaron la masacre. Tras esto, era un hombre marcado. Ungar llegaba a ofrecer determinadas ventajas a sus oponentes; pero ni así conseguían acabar con él. Una vez un famoso tramposo lo retó a jugar contra él. Ungar sabía que era un timador; pero aceptó jugar por dinero. Durante la partida, el guardaespaldas de Stu (lo llevaba por obra y gracia de sus amigos hampones para evitar que lo asaltaran) se dio cuenta de que su rival jugaba sucio. El gorila se puso hecho un basilisco y apartó a su protegido para partir por la mitad al chorizo; pero Stu le dijo que lo dejara. “Ya sé que no es legal; pero le ganaré”. Y lo hizo. Ya en Las Vegas, el gin rummy seguía siendo popular en forma de torneos. Ungar ganó o acabó entre los primeros en muchos de ellos, de tal modo que los propietarios de los casinos le pidieron que no acudiera, ya que la mayoría de los clientes rechazaban participar si lo veían. Tal es el temor que inspiraba. Los dueños veían que este alfeñique amenazaba sus negocios. Ungar afirma en su biografía que adoraba ver como sus oponentes se iban paulatinamente desmoronando, y le complacía especialmente contemplar su cara de desesperación. Un rasgo de su personalidad que nos indica su carácter despiadado, incluso sádico, en el juego y, quizá, en la vida. “Era jodidamente bello”, decía. Para concluir con su etapa de gin rummy nada mejor que esta frase de su cosecha: “Algún día, supongo que puede haber algún jugador mejor de texas hold´em no limit que yo. Lo dudo; pero puede suceder. Lo que puedo jurar es que no puedo ver a nadie nunca jugando al gin rummy mejor que yo”. En 1980 acudió a las WSOP buscando apuestas y emociones más fuertes. Ganó el evento principal, dejando en la cuneta en el mano a mano final a nada menos que a Doyle Brunson, y convirtiéndose en el campeón más joven de la historia (hasta que Phil Hellmuth lo desbancó de este honor en 1989 y ahora Peter Eastgate). Por su imagen de chavalín le pusieron el apodo de The Kid (el chico). Revalidó el título en 1981, y a partir de aquí vino una caída imparable, un deterioro progresivo que acabó en una habitación del Motel Oasis. Pero eso lo contaremos más adelante. Estaba en la cumbre de su carrera. Tenía una memoria prodigiosa y un cociente intelectual de genio. Podía seguir la pista a cada carta en un mazo con seis barajas jugando al blackjack. En 1977 apostó con Bob Stupak, propietario de varios casinos, la cantidad de 100.000 dólares a que no era capaz de contar las tres últimas barajas de un total de seis. Ganó. En 1982 la Comisión de Juego de New Jersey le multó con 500 dólares por hacer trampas en una mesa de blackjack. Argumentaban que añadió fichas a posteriori en una casilla ganadora… algo que él negaba con vehemencia. La penalización era una fruslería para él; pero si la pagaba admitía ser un tramposo; algo que detestaba. No lo necesitaba. Su memoria de paquidermo y su habilidad para contar cartas (algo legal) le permitían ganar sin utilizar malas artes. Apeló en los tribunales y ganó el caso. La broma le costó más de 50.000 dólares y, según cuenta en su biografía, el proceso le dejó tan agotado que no pudo defender su título de campeón con éxito. Su reputación le empezó a cerrar las puertas en los casinos de Nevada. Cuando le veían llegar, las mesas de blackjack se cerraban. Este fue quizás el punto de inflexión en su vida. Se divorció de Madeleine en 1986. Tuvieron una hija, Stefanie. Adoptó un hijo del primer matrimonio de Madeleine, Richie, que tomó el apellido Ungar. Pero la tragedia golpeó en su puerta salvajemente y, tras su ceremonia de graduación en el instituto, Richie se suicidó. Sus padres enloquecieron, y Stu encontró en la cocaína una vía de escape. Durante las WSOP de 1990, que jugó bancado por su íntimo amigo Billy Baxter, fue hallado inconsciente el tercer día del evento principal en el suelo de la habitación de su hotel habitual. Una sobredosis de drogas era la culpable. Aún así, y con los crupieres poniéndole las ciegas en su ausencia, acabó noveno, llevándose 20.500 dólares. Dilapidó lo ganado en el naipe en coca y apuestas deportivas e hípicas. Conoció lo que es ser millonario y arruinarse cuatro veces. El ciclo era sacar del poker y metérselo por la nariz o dejárselo en los caballos. La mayoría de sus amigos y gran parte de sus rivales afirmaban que no quería llegar a los 40 años. Uno de los primeros aseveró que lo único que lo mantenía con vida era su férrea determinación por ver crecer a su hija. Mike Sexton intento que ingresara en una clínica para desengancharse; pero Stu lo rechazaba sistemáticamente, asegurando que algunos de sus compañeros de viaje que habían estado en estos centros le decían que era más fácil conseguir en ellos droga que en la calle. En 1997 estaba sin blanca. Una vez más Baxter le financió los 10.000 dólares de la inscripción del evento principal. The Kid tenía un aspecto lamentable, con el tabique nasal carcomido por la cocaína. Sin embargo, parece que el polvo blanco no le había afectado el cerebro. Guardó una foto de su hija en la cartera y la llamaba regularmente para comentarle cómo le iban las cosas. Ungar triunfó por tercera vez y mostró a las cámaras de la ESPN la foto de Stefanie mientras le dedicaba la victoria. Partió con Baxter el premio del millón de dólares. Los medios de comunicación de las Vegas hablaron del retorno de Stu: habían pasado 16 años desde que ganó las series mundiales por vez primera. La imagen que queda de él en el evento es la de un hombre prácticamente desfigurado con unas minúsculas gafas de sol tipo John Lennon. En unos pocos meses el manirroto Ungar malgastó sus ganancias: falopa y apuestas deportivas. Ante los ruegos de su hija, intento dejar la droga varias veces; pero a las pocas semanas acababa recayendo. En 1998 su mecenas particular, Baxter, le volvió a ofrecer el dinero necesario para jugar las World Series. Stu aceptó. Sin embargo, 10 minutos antes de que diera comienzo el evento principal dijo que no podía: estaba destrozado por las drogas. Los meses siguientes fueron su caída imparable a los infiernos: imploraba a sus amigos un préstamo para jugar… aunque se lo gastaba en crack. El fin llegó en su habitación del Motel Oasis en noviembre: apareció muerto con 800 dólares, lo que le quedaba de los 25.000 que le dejó de nuevo Baxter una semana antes para jugar en las mesas de límites altos en el Bellagio. Había perdido, pero no tanto. Dónde fue a parar el resto… La autopsia determino que había restos de narcóticos en su organismo; pero no en la suficiente cantidad como para originar la muerte. La causa oficial fue un fallo cardiaco motivado con el consumo excesivo de sustancias estupefacientes a lo largo de su vida. A pesar de haber ganado millones, acabó sus días en la miseria. Su amigo y compañero de mesas Bob Stupak organizó una colecta para pagarle el entierro. Stu sólo vivió 45 años; pero en ese corto espacio de tiempo se convirtió en leyenda. Único jugador que ha vencido en tres ocasiones en el evento principal de las Series Mundiales de Poker; pues Johnny Moss se llevó la primera, en 1970, por votación popular. En las Series ganó más de dos millones de dólares en premios y cinco brazaletes; en su carrera, más de 30… y murió arruinado. Ungar también se hizo con la ahora desaparecida Amarillo Slim Super Bowl of Poker en 1983,1988 y 1989. Esta competición era considerada como el segundo título más prestigioso del mundo del poker. Acabó primero en un total de 10 torneos en los cuales la entrada era de 5.000 dólares o más. Una de sus frases más celebres es: “No quiero que digan de mí que soy un buen perdedor. Enseñadme un buen perdedor y os mostraré a un perdedor”. Su competitividad era extrema, algo que en ocasiones pagaban los crupieres. Muchos de sus compañeros de naipe y antiguos profesionales están de acuerdo en que podía haber “cosechado” mucho más si hubiera sabido exprimir a sus rivales. Su estilo despiadado y asesino dejaba tocados a los pobres incautos que se sentaban a su vera. No sabía regular la partida e ir poco a poco ganando. Quería hacerlo y humillar, con lo que sembraba de sal el campo que pisaba. Mamando de las ubres de Romano y sus secuaces hay multitud de anécdotas que riegan su vida. Se hallaba en cierta ocasión esperando un vuelo para ir a jugar a Europa con algunos profesionales más. Todos menos él llevaban pasaporte. Por no tener, ni tenía número de la Seguridad Social, y si lo tuvo fue para poder cobrar su primer titulo en las WSOP en 1980. Pues bien, tras ser advertido que lo necesitaba para abandonar el país, el agente le dijo que por una pequeña cantidad podía conseguir un formulario allí mismo con el que le darían el documento rápidamente. Acostumbrado a los tejemanejes de Romano en Nueva Cork, creyó que le pedían una “mordida”, y le largó un billete de 100 pavos al funcionario. El aduanero, indignado, a punto estuvo de llamar a la policía acusándole de intento de soborno. Sus amigos pudieron calmar las aguas y todo acabó solucionándose con normalidad. Ungar tenía varios coches de lujo; pero no le gustaba conducir, y raramente lo hacía. Prefería los taxis. Los cogía desde y para ir a cualquier lugar, por muy cercano que estuviera. Sus propinas a taxistas y empleados de casino eran legendarias. Según Mike Sexton, “Stuey gastaba más dinero en taxis en un año que lo que ganaba mucha gente en ese periodo de tiempo”. Se compró un nuevo modelo de Mercedes deportivo y lo condujo hasta que se quedó sin aceite y rompió el motor. Llevó el vehículo hasta la tienda donde lo había adquirido y el mecánico le dijo que el problema era que se había quedado sin lubricante. Ungar le replicó: “¿Por qué demonios no me avisaron que había que poner eso?”. Para él comer era una actividad que le apartaba del juego, por lo que sus comidas eran relámpagos. Invitaba a todo el mundo, dejaba generosas propinas y salía como una centella del restaurante para volver a las mesas… con tapete. Cuando tenía dinero, era una de las personas más generosas que nadie pudiera conocer. Una vez estaba en racha y le pago a su compañero de fatigas en las apuestas deportivas, Michael Baseball Mike Salem, la hipoteca de varios meses. Salem no le pidió el dinero; pero Stu sabía que estaba perdiendo y por eso lo hizo. Le salía del alma ayudar a sus amigos. Sexton y Ungar se conocieron durante una mala temporada del primero. Estaba al borde de la bancarrota. Stu se encontraba jugando seven card stud con límites altos y fue al servicio. Allí estaba Sexton. Le pidió que echara una mano por él. Entre profesionales se hacía la vista gorda y se consentían cosas de este tipo. Sexton enganchó una escalera de mano; pero la jugó de forma cautelosa: no era su dinero. Cuando Ungar volvió del baño vio un bote monstruoso y su actitud hizo que Sexton jugara el final de forma agresiva y ganara un buen dinero. Stu le prestó 1.500 dólares para que fuera a otra mesa. Ganó otros 4.000, le dio a Ungar la mitad y pudo reconstruir su bankroll. Le gustaba vivir deprisa sin reparar en gastos. En poco tiempo, las carreras de caballos le hicieron embolsarse un millón y medio de dólares. Se llevo a sus camaradas a un club de strippers y pago una juerga de época: chicas, champán, habitaciones… Nunca pido nada a nadie. No tenía tiempo ni para asearse en demasía. El pelo se lo lavaban dos veces a la semana en el casino The Dunes y se lo cortaban cuando era menester. Nunca tuvo el dinero en un banco. Lo guardaba en la caja fuerte de los hoteles donde se hospedaba. Decía: “Quiere decir que no puedo ir a medianoche y coger mi pasta”. “Es ridículo”. http://www.promopoker.comyr.com/
A lo largo de más de mil años, el juego del poker ha evolucionado a lo largo de un amplio espectro de civilizaciones. Algunos atribuyen el origen del juego a la Dinastía Sung China del siglo 10, mientras que otros apuntan su comienzo al juego Persa llamado "As Nas" que se remonta al siglo 16. A través de la historia, el juego ha variado considerablemente, no obstante los conceptos básicos de la estrategia psycológica y el rango de cartas siempre han permanecido a lo largo de su evolución. La versión del juego más parecida a la que conocemos en la actualidad es el Poque, que data del siglo 17 en Francia. El juego cruzó el Atlántico con un grupo de colonos Franceses que eventualmente fundaron la ciudad de Nueva Orleans. A partir de aquí, se difundió a lo largo de la ruta del Río Mississippi durante el siglo 18 y floreció en los estado Unidos durante el siglo 19, cuando el país comenzó su expansión hacia el oeste. Por este motivo, la historia del poker se asocia muy a menudo con el "Wild West" Americano. Desde entonces, han existido tres versiones predominantes del juego: el Stud de 5 Cartas y el Stud de 7 Cartas , Texas Hold'em, Omaha y el Omaha Hi-Low. El Texas Hold'em vivió su ascenso a estado de culto durante los años setenta cuando apareció como el juego principal en la Serie Mundial de Poker. Hoy en día es el más popular de entre los tres y es jugado regularmente en las salas líder de poker, además de en los casinos del mundo entero. Sea como sea, lo cierto es que ya en tiempos muy antiguos se jugaban variantes más o menos parecidas al póker actual, tanto en los casinos o en los garitos como entre la gente de peor calaña, e incluso en los círculos familiares y en los lugares de élite, como los clubes privados de los caballeros de alto copete. Verdaderas fortunas se ganaban o perdían ante el verde tapete, con los cinco naipes del póker en la mano. Y muchos eran los que, tras una partida particularmente desafortunada, ponían fin a su vida de un disparo o arrojándose a un barranco o un río. Se sabe incluso de jugadores que se han jugado todas sus propiedades, e incluso a su novia, amante o esposa, en un desesperado intento por recuperarse de las pérdidas, con suerte varia, por supuesto. La historia del póker está llena de anécdotas, algunas divertidas y las más, dramáticas e incluso trágicas. En la Inglaterra de los Hannover, sin ir más lejos, durante el siglo XVIII, era frecuente que ricos caballeros confiados acudiesen a timbas ilegales, donde reunirse a jugar con caballeros de empolvada peluca y lujosa casaca, que no eran sino tahúres de rico disfraz, dispuestos a esquilmar a sus confiadas víctimas. No siempre se trataba de verdaderos truhanes de baja estofa, sino que incluso aristócratas y caballeretes con más títulos que dinero, caían lo bastante bajo como para estafar con sus trampas a quienes caían en la trampa. Incluso folletones de la época, reflejan ese ambiente, donde muchas veces, tanto en la realidad como en la literatura popular, las víctimas acababan siendo asesinadas cuando descubrían al tramposo y querían organizar el escándalo. Pero de eso no se puede culpar al póquer o a cualquier otro juego de los que se practicasen, porque lo realmente malo estaba en la gente que lo practicaba con fines lucrativos y mediante el engaño y la trampa. Otra de las épocas doradas del juego, como ya hemos dicho antes, como todo lo bueno y lo malo que ello pudiera tener, fue la del Oeste americano y su colonización. Resulta lógico que, a un mundo en formación como era el Oeste de los Estados Unidos en el siglo XIX, llegasen aventureros de toda laya, dispuestos a enriquecerse fácilmente. Las grandes rutas ganaderas y Ios yacimientos de oro o plata eran lugares idóneos para que esas gentes poco recomendables sentaran sus bases. Quienes no recurrían al robo directo, asaltando diligencias, viajeros o ferrocarriles, revólver en mano, tenían otro método menos arriesgado en sus manos: el juego. Si había casinos o saloons, como Ios Ilamaban entonces, mejor que mejor. Si no, ellos montaban su timba donde fuese. El objetivo y sus resultados eran los mismos: desplumar incautos, casi siempre vaqueros que acababan de recibir sus buenas pagas, y estaban ansiosos por dilapidarla en alcohol, mujeres y juego. Aunque había ruletas y ruedas de la fortuna en los casinos, el póker era el juego preferido de casi todos. Del póker acostumbraban a decir los vaqueros que era el único juego adecuado para hombres que existía. No les importaba que sus salarios se perdieran en ese juego pero sí importaba, y mucho, que no sufrieran las habilidades de un tramposo y éste pudiera ser descubierto. La cosa terminaba, inevitablemente, con la muerte del tahúr, de un tiro en el corazón o bien éste, si era más rápido, disparaba su derringer sobre su acusador. Muchas partidas de entonces tuvieron un final u otro, inevitablemente. Hay personajes famosos en ese período y lugar de la historia americana, que han pasado a la posteridad por su relación con el juego. AM', Frank Reno, que fue un prodigioso jugador de póker; Doc Holliday, dentista y pistolero, pero sobre todo jugador, amigo y compañero de los hermanos Earp en Tombstone, cuando el famoso tiroteo en el O. K Corral; y por supuesto, el legendario Wild Bill Hickok, pistolero y agente de la ley después, gran aficionado al póker, que precisamente habría de encontrar la muerte en Deadwood, en agosto de 1876, asesinado por la espalda cuando jugaba al póker en la trastienda de un saloon propiedad de un tal Carl Mann. El famoso Hickok fue muerto por Jack McCall, un individuo repulsivo y cobarde, que fue incapaz de enfrentarse cara a cara con el gran Wild Bill. Aunque salió absuelto de un primer juicio, en un segundo proceso fue condenado a la horca por asesinato. Bill había muerto con una jugada sin gran valor en Ias manos, pero la leyenda dijo que al morir tenía "la mano de la muerte", tal vez por fantasear un poco sobre aquel sórdido suceso que marcó el final de una leyenda hecha de actos violentos y de muerte. El propio Hickok admitió en una entrevista que había matado en su vida a más de cien hombres, aunque evidentemente exageraba. Eso sí, nunca mató a nadie durante una partida de póker. También en los Estados Unidos, antes y durante la colonización del Oeste, fue cuando los casinos flotantes hicieron su agosto, en los viajes a lo largo de los ríos Mississippi y Misouri. La ruleta, el faro o el póker, eran los juegos habituales a bordo. Y los que atraían por un igual a viajeros y a tahúres, con una misma finalidad: ganar dinero. Sólo que mientras los primeros difícilmente lo conseguían, los segundos eran maestros en esa ciencia. A veces no se admitían tahúres a bordo, pero sí jugadores profesionales. La diferencia estaba en que unos hacían trampas y otros no. El resultado para los viajeros era el mismo: perder su dinero. Los profesionales, sin necesidad de trampas, eran capaces de desplumar al más hábil de sus adversarios. Habían nacido virtualmente con una baraja en la mano, y su pericia con ella era tan grande como su astucia para leer en los rostros de sus adversarios. El juego no tenía secretos para ellos, y eso les hacía muy superiores en el tapete de juego. Cierto que se han forjado muchas fantasías, tanto acerca del Oeste como de los barcos de río y sus partidas de póker, pero sorprendería a muchos conocer hechos sobre el tema que Ilegan incluso a superar la imaginación de escritores y cineastas. Cuando el ferrocarril fue una realidad en aquellas tierras, también los vagones de tren se convirtieron en improvisadas timbas las más de las veces, y asimismo era fácil encontrar a jugadores profesionales, tramposos o no, en los viajes más largos, siempre con sus flamantes mazos de naipes dispuestos para el juego. No resulta extraño que muchos picaran el anzuelo, para animar las interminables horas a bordo de un convoy lento, donde el polvo y la carbonilla hacía aún más insufrible la duración del viaje. También los turbulentos años veinte iban a ser un emporio para el juego, pero en otras regiones de los Estados Unidos, mucho más al Este: Nueva York, Chicago, Atlantic City... Eran tiempos de la famosa “enmienda a la Constitución”, la celebérrima y desdichada Ley Seca, con la que el Gobierno pretendió justamente lo contrario de lo que consiguió: hacer que los americanos dejasen de beber. Es bien sabido que basta prohibir algo para que mucha gente que no había pensado antes en ello, decida probar lo prohibido. Hubo muchos más alcohólicos en el país de los que había habido nunca, y por añadidura surgió la lacra del gangsterismo . Las mafias italianas e irlandesas se hicieron dueñas del país, para producir o importar licores ilegales. El whisky, la ginebra o el ron se fabricaron clandestinamente o se pasaron a través de la frontera canadiense, y ello redundó en una pésima calidad del producto, un mayor precio y una clandestinidad que permitió a sus contrabandistas crear un enorme entramado delictivo, basado no sólo en el alcohol, sino también en el juego y en la prostitución. Los burdeles eran a la vez garitos donde se bebía cuanto se quería, y se jugaba a todo, desde la ruleta al póker. Personajes como Al Capone en Chicago o Lucky Luciano en Nueva York, se convirtieron en auténticos zares del crimen. Las bandas competidoras se enfrentaron a ellos y comenzó la guerra del hampa. Los asesinatos y matanzas estaban a la orden del día, en medio de un ambiente frívolo y despreocupado, en el que la gente rica frecuentaba los peores recintos, en busca de alcohol y emociones fuertes, mientras la pobreza se hacía más y más ostensible en las calles de las grandes ciudades. En ese clima de violencia, italianos e irlandeses luchaban por la hegemonía en el mundo del crimen, que era el gran negocio de la época. La vida parecía girar en torno al alcohol y el juego. Grandes recintos lujosos acogían a lo mejor de la sociedad, para dilapidar millones en las mesas de juego. El póker era el gran protagonista, el juego favorito, tanto de los ciudadanos de bien como de los propios gangsters. El cine nos ha dejado numerosas imágenes de pistoleros sentados en torno a una mesa de juego, pasando enormes sumas de dólares de mano en mano, en una atmósfera densa y humeante. La realidad no distaba mucho, ciertamente, de esa ficción. Pero aunque explotado por los gangsters, el juego iba a ser de inmediato un monopolio más del Sindicato del Crimen, cuyos garitos se mantenían incólumes gracias al soborno de políticos y policías. En los Estados Unidos, existen Estados que permiten el juego, otros que lo prohíben y algunos que permiten unos y prohíben otros. Pero eso no le importaba al Sindicato. En todas partes, autorizado o no, lo hizo monopolio suyo, a través de sus armas preferidas: la violencia y el crimen. Se calcula que el juego -del que era protagonista indiscutible el póker-, facilitaba al Sindicato beneficios de hasta veinte o veinticinco millones de dólares anuales de aquellos tiempos. Aunque las apuestas de caballos les facilitasen aún más beneficios, el negocio del juego de casino era más sencillo y de mejor explotación. Incluso en Nevada, donde el juego es legal, lograron los gangsters hacerse con el monopolio del mismo. Cualquier competidor que surgiese, era inmediatamente obligado a abandonar. Y si no abandonaba, no tardaba en aparecer muerto. Es lamentable que tantas y tantas cosas relacionadas con el juego del póker resulten negativas, pero no podemos culpar al juego en sí, ni a ningún otro juego, de lo que pueda rodearle por ambición o falta de escrúpulos de quienes se relacionan con él. Al juego en sí, si le despojamos de la codicia humana o de los intereses creados en torno a él, no podemos acusarle de ser responsable de nada. Si la finalidad de una partida de póker es divertirse, intentar ganar algo, cosa muy humana por cierto, sin apelar nunca a malas artes, no tiene por qué ser considerado como perjudicial. Como en todas las cosas, lo realmente malo está en el uso que se haga del propio juego. ¿Qué tiene de negativo tomar una copa o visitar un casino? Lo malo es embriagarse o jugarse hasta las pestañas. También un medicamento, en dosis excesiva, puede matar. Lo que sucede es que, sea en tiempos antiguos, en el lejano Oeste americano, en el imperio de los gangsters o en nuestro mundo actual, el póker ofrece el mismo atractivo, idénticos alicientes. Pero en torno a él, en vez de un grupo de jugadores bienintencionados, dispuestos a pasar un buen rato jugando con sus emociones, pueden surgir los especuladores de siempre, los ventajistas sin escrúpulos que todo lo pervierten. Y eso es siempre lo peor. En el póker, y en todos los órdenes de la vida. Pero no solamente en los ambientes citados se hizo popular el juego del póker durante muchos años. En el propio Oeste, los mineros consumían también sus horas de asueto en torno a una mesa más o menos improvisada, dentro de sus tiendas de lona o de sus chozas, jugándose pepitas de oro, oro en polvo o billetes y monedas, cuando no iban a la población más cercana, en busca de provisiones o a celebrar el hallazgo de alguna vez, y se embarcaban en los casinos para jugarse los beneficios de una larga temporada de duro trabajo en busca del preciado mineral. Puede decirse que todas las profesiones más duras y fatigosas, tenían por entonces la válvula de escape del juego, para olvidar los momentos difíciles. Y que de todos los juegos, sin duda el póker era el verdadero rey. Por la misma razón, los marinos hicieron asimismo del póker la principal de sus distracciones a bordo cuando estaban libres de servicio y podían reunirse en sus camarotes o en la bodega del barco, para jugarse sus soldadas. En tiempos de los piratas, estos se jugaron muchas veces el botín obtenido en un sangriento abordaje, en una mesa de juego donde no era difícil que un perdedor creyese ver trampas donde no las había -aunque a veces sí las hubiese-, y la partida terminase con un pistoletazo que mataba al tramposo o a su acusador, según fueran las cosas. Actualmente, también los marinos, que pasan largas temporadas en alta mar, como pueden ser los pescadores o los que prestan servicio en la Marina de 'su país, tienen en el póker una de sus principales diversiones, ya que a bordo suele estar prohibido el alcohol, por razones de seguridad, y por supuesto las mujeres brillan por su ausencia. En esas circunstancias, rodeados de mar por todas partes, a veces durante meses enteros, qué les queda a los embarcados, sino buscar un rato de asueto con unos naipes en la mano. Y si bien los Latinos pueden optar por el póker o los juegos con baraja española, los de otras latitudes, como británicos, norteamericanos, canadienses, australianos o franceses, pongamos por caso, se deciden inevitablemente por el póker para consumir esas horas en que no tienen nada que hacer. También en otras profesiones, como los que trabajan en plataformas petrolíferas marítimas, los fareros, los pastores y mucha otra gente que se encuentra en reducido grupo y en solitario durante largos períodos de tiempo, suelen acudir al mismo juego para paliar el aburrimiento. Puede decirse que, globalmente, en el mundo entero se juega, y mucho, al más popular de los juegos de naipes que jamás ha existido. Evidentemente, algo fascinador tiene el póker cuando se adapta de modo tan perfecto a cualquier mentalidad o ambiente, y cuando se ha conservado y se conservará durante siglos, con muy escasas variantes en su forma de jugar. Fuente: http://promopoker.comyr.com/articulos/historia.html

Surrealista la comparacion insolita que hace microsoft Microsoft se las esta dando de profesor, enseñándonos las ventajas de usar internet explorer, las cuales llegan a ser bastante cómicas, provocando la reacción de muchos usuarios de Internet que no les parece muy “neutral” la comparación que hizo Microsoft. Aqui está la página : Ventajas de usar internet explorer Es muy gracioso, yo no sé a quien pretenden engañar depiratas.net

Doyle F. Brunson (nacido el 10 de agosto de 1933) es un jugador de poker profesional quién viene jugado a nivel profesional desde hace ya 50 años. Además de ser el primer campeón de la Serie Mundial de Poker en ganar dos series consecutivamente, es un miembro del Salón de la Fama del Poker y el autor de varios libros de poker muy influyentes. Doyle Brunson, alias “Texas Dolly,” es una leyenda de los juegos de poker. Dos veces ganó el WSOP (1976 & 1977). Además Brunson ha ganado nueve pulseras de campeonatos. Fue el primer jugador que logró ganar un torneo de poker de un millión de dólares y es bien conocido por su libro comprensivo con el título “Super System”, donde explica cronológicamente su estrategia de póquer. Este libro hasta hoy tiene mucha influencia a muchos jugadores y está considerado como el manual de juego más importante. En efecto, el libro es tan popular que Brunson tuvo que cambiar su estrategia de juego porque los otros jugadores habían aprendido sus secretos a partir del libro. Nacido en Longworth, Texas, en 1933, Brunson empezó a jugar al poker cuando estudiaba en la Universidad de Hardin-Simmons en Abilene, Texas. Cuando una lesión de la rodilla terminó su sueño de jugar al baloncesto profesionalmente, empezó a ganar dinero en las mesas de poker en las que se juntaban diferentes estudiantes de la universidad. Después de haber ganado un título académico en educación administrativa, Brunson dejó su trabajo regular inmediatamente después de haber recibido su primer cheque. Esto sucedió al darse cuenta de que era mucho más rentable ganarse la vida jugando al poker que cumpliendo un horario en una oficina, a partir de ese momento se dedico a jugar profesionalmente. Por muchos años viajó por su estado nativo Texas con otros profesionales, como Amarillo Slim Preston y su mentor Johnny Moss. En un momento en que ya no se encontraban demasiados juegos en Texas, Brunson, su esposa y sus cuatro hijos se mudaron a Las Vegas. Hoy, no es solamente conocido por sus habilidades para jugar al poker en los torneos grandes, sino también por sus habilidades en los juegos de high-stake – dos mundos completamente diferentes que sólo pocos jugadores saben jugar con éxito. Fuente: http://promo-poker.net/doyle-brunson-texas-dolly