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Usuario (Argentina)

La duda de la Libertad Prólogo Desde hace mucho tiempo este tema ha sido motivo de discusión entre los filósofos, por lo cual este análisis será necesariamente acotado en comparación con los estudios de Hegel, Sartre, Harman o Kant, por nombrar sólo algunos. Al abordar este asunto, nos enfrentamos a una complejidad que no debería ser motivo de sobresalto para nadie. Es más, me parece sumamente provechoso tratar de ahondar en el tema. Al buscar información y leer, uno se encontrará en mejores condiciones de poder formar una opinión propia. “Así, conocer si somos libres o no, o mejor dicho, conocer si podemos ser libres o no, creo que es lo menos que como individuos pensantes podemos hacer.” (Anónimo) Concibo a la libertad como la capacidad de un ser de decidir entre una cosa u otra. Cuando el ser humano tenga esta capacidad, diremos entonces que es libre. Según la Real Academia Española, la libertad es la “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos” . Gracias a esta concepción, a mí no me simpatiza del todo la libertad. Cuando uno opta y decide, se arriesga a elegir mal y a equivocarse, y es esto lo que no me a gusta. El error está como una posibilidad presente en todas las cosas en las que optamos. Cuánto más fácil sería la vida si ni siquiera existiese la posibilidad de elegir mal. Quizás sea por esto que me gusta creer que no somos libres. Hace varios años que estoy realizando estudios secundarios en los que, cada vez más, se insiste en mi formación científica. Repetidamente veo como todas las ramas de la ciencia insisten en formular leyes que tratan de explicar la realidad. Cada ley, cada concepción, cada explicación nueva que aprendo, me lleva siempre a una única conclusión… No hay tal libertad. El universo todo es complejo y variado. Podríamos hacer una lista infinita de componentes en la que deberíamos dejar espacios en blanco para la inmensidad de cuestiones desconocidas para nosotros. Igualmente, hay varias cosas que podemos aseverar que existen, y una de ellas es el ser humano. Concebimos al hombre como un componente más del cosmos. Como ha evolucionado considerablemente, teniendo una capacidad que se distingue entre el resto de los seres (la razón), podemos mirarlo desde un lugar diferente. Somos seres sumamente complejos que las ciencias sociales siempre trataron de descifrar, pero todavía seguimos siendo una gran incógnita. Igualmente pertenecemos a este mundo; mundo que se rige por normas globales, y que se comporta de una forma determinada. La ciencia trata de formular leyes universales que expliquen los fenómenos naturales. Como el hombre no es perfecto, sus leyes pueden estar afectadas de error también, pero siempre tratamos que sean lo más exactas posibles, así podemos aferrarnos de ellas para aclarar y predecir la realidad. Según estas leyes, podemos considerar que los acontecimientos reales son el efecto o producto de algo que los causó. En función de las leyes, la realización de una experiencia bajo determinadas condiciones, producirá un único resultado, y si repetimos la experiencia, obtendremos el mismo desenlace. Lo que quiero decir con esto es que siempre que las condiciones iniciales sean las mismas, y la causa inicial sea la misma, el efecto será único. Mediante esta concepción causa y efecto, trataremos de brindar ejemplos sobre el determinismo del mundo para llegar desde lo más simple hasta el hombre, y ver como él también se rige por las mismas normas que los otros componentes del cosmos. ¿Qué pasa cuando empujamos un termo que está sobre el borde de una mesa? En la tierra, el termo caerá. A nadie se le ocurriría decir que esto no pasará (obviando casos particulares). ¿En qué nos estamos basando para decir esto? En leyes físicas. Podríamos citar al científico inglés del siglo XVII, Isaac Newton y en base a sus formulaciones asegurar que bajo condiciones determinadas ese termo caerá, y si volvemos a repetir la experiencia, volverá a caer, o a otros más modernos que nos asegurarán lo mismo. Por lo tanto podemos establecer una generalización. Con las mismas leyes que explicamos lo que le sucedió al termo, y quizás alguna otra más, podemos determinar lo que pasará en casos un poco más complejos. Cuando un meteoro cae en la tierra, ¿se puede predecir el efecto que tendrá? Claro que sí; podemos estimar la profundidad en la tierra en la que quedará incrustado, qué parte de él se descompondrá en la atmósfera, etc. A pesar de nuestras leyes, se puede decir que lo que sucederá ya está determinado. No hay dos posibilidades de lo que le sucederá al termo, ni tampoco las hay con lo que le sucederá al meteorito. La manera en que funciona el mundo es una sola, y sin casos de ambigüedad. Asimismo, hay una ciencia que afirma que todo es relativo. La Relatividad, justamente, formula que no se puede asegurar en un 100% el desenlace de los acontecimientos. Dicen que al ser imposible determinar la posición exacta del electrón, todo es viable. Crearon la definición de orbital que dice que dicho electrón se encuentra en una zona determinada, pero no especifica lugar exacto. De esta manera no podría estimarse con precisión lo que pasará. No obstante dicho relativismo no es más que una consecuencia de lo que al ser humano le resta aun por conocer. Esto no quiere decir que la realidad sea ambigua, sino que tendremos que esperar hasta poder estudiar las causas del movimiento del electrón para predecir con más certeza. Hoy en día también podemos pronosticar lo que le sucederá a un organismo vivo, como una planta, cuando se lo somente a determinadas condiciones. Sabemos que con el metabolismo activado del crecimiento, la ausencia de agua resultará letal y que si es fotosintética obligatoria, crecerán en busca del sol. Quizás una persona que sigue buscando algo de qué aferrarse para sostener que el mundo no se rige de forma determinada, podría decir: “En el cerebro de los seres vivos es donde yace el elemento que origina la ambigüedad en el mundo” Ya los experimentos de Pavlov nos demostraron que el cerebro tiene poco y nada de ambiguo. Lo que él hizo fue darle de comer a un perro y simultáneamente hacer sonar una campana. Así repetidas veces hasta que el perro se acostumbró y cada vez que el hombre tocaba la campana, aunque no le diese de comer, el animal creía que iba a hacerlo, teniendo como consecuencia en el perro, la secreción de saliva. Entonces, Pavlov pudo crear un estímulo artificial predeterminando la reacción del animal. Esta reacción fue condicionada al igual que todas las otras; condicionadas por la genética, por lo que aprendieron en sus vidas y por lo que les sucede: siempre condicionadas. Quizás en otras respuestas del animal, en las que el hombre no quisiera ahondar a falta de interés, también podría predeterminarse su respuesta. Digamos, entonces, que todos los elementos del cosmos funcionan de una forma determinada; pero, ¿y el hombre? Muchos creen en la evolución. En esta teoría, podemos concebir al hombre como producto de esa evolución. El ser humano no nació de la nada, sino estaríamos negando lo que ha dicho Darwin. En este proceso, el perro ha tenido una evolución diferente. Como ambos, en última instancia, nos originamos de las mismas raíces, no tenemos tantas diferencias. Es más, la genética lo demuestra. Por lo tanto, si tomamos al hombre como un perro más complejo, ¿por qué no ver las respuestas del hombre como respuestas de un perro, pero más complejas? Ya, métodos psicológicos como el conductismo, postulan al hombre como un animalito más complejo. Que mediante tal estímulo, va a tener tal respuesta. Más allá de los resultados clínicos de esta teoría creo que sus postulados fundamentales son correctos. Podemos pensar que incluso el psicoanálisis trabaja con esa idea. Tiene preconceptos acerca de las reacciones del hombre. De otra manera no podría trabajar, porque tendría que suponer que el hombre es distinto siempre y que tiene respuestas imprevisibles y ambiguas. Nuestro cerebro, a pesar de su complejidad se rige en última instancia, entre otras, por cuestiones físicas. Nunca veremos un cerebro que no se rija por estas cuestiones, me parece a mí, ya que este es lo mismo que una mano, lo único que más complejo. El grado de complejidad no quita la posibilidad de que también se rija por las mismas normas que rigen al resto del universo. Si el hombre tiene respuestas condicionadas, si los procesos orgánicos del hombre también están condicionados (al igual que en el caso de la planta), entonces, ¿qué lugar tiene la libertad? Yo creo que ninguno. Creo que la libertad en este plano no juega rol alguno. A pesar de que el hombre es el animal más complejo y desarrollado, demuestra ciertas incapacidades. Al hombre le faltaría inteligencia, y mayores capacidades en sus sentidos, para poder abarcar todo el espectro del universo y saber y dar explicaciones acertadas a todos los acontecimientos. Supongamos que detenemos el tiempo. Sería como sacar una foto instantánea. Veremos que una molécula X tiene muchas fuerzas actuando en ella, en todas las direcciones posibles. Y si hacemos un análisis de toda la realidad, encontraremos que en todas las moléculas sucede lo mismo. Y con esa foto instantánea, y con un hombre que fuese sumamente inteligente y capaz (mucho más que el hombre real), podríamos determinar que si una fuerza va hacia un lugar determinado, la partícula sobre la cual se ejerce la fuerza, va a tener una respuesta determinada, que será que la molécula se mueva un poquito. Gracias a ese movimiento, entonces la partícula aledaña también se moverá, y como consecuencia se romperá un enlace y esto desencadenará una reacción química, etc. Y esto puede desatar el que un hombre tenga un hematoma, por ejemplo. Por lo tanto, el hematoma ya estaba predeterminado. De esta forma, podemos avanzar en el tiempo, a acontecimientos mucho más lejanos y futuros. Si pudimos determinar lo que pasará en un futuro inmediato, estaríamos obteniendo una “imagen del futuro”. Con esta imagen, podríamos deducir la “imagen” próxima a ese futuro cercano, y así sucesivamente hasta llegar a un futuro muy lejano. Por lo tanto, sería posible determinar quién será el próximo presidente de los Estados Unidos, o si Mujica también tendrá cáncer. ¿Qué planteo yo? Más allá de que el hombre no pueda saber con exactitud lo que pasará, la realidad está determinada. Concibo a dos mundos: el mundo de las explicaciones humanas, en el que el hombre tiene derecho a equivocarse tratando de aclarar lo que sucede en el otro mundo; este otro mundo sería el plano de lo real, donde los acontecimientos se rigen de forma determinada. Este determinismo nunca podrá ser esclarecido por el ser humano; solo lograremos aproximarnos a él. Creo en el destino y en el desencadenamiento de cosas, y como el ser humano también tiene un destino, no tiene libertad. Tengo un amigo, que cuando le comenté mi postura me dijo: “Bueno, yo no pienso como vos, pero voy a hacer el esfuerzo de vivir mi día a día de esta manera para ver qué tal resulta” Cuando él me contaba su experiencia, era como que se dejaba ir porque total… ¡todo estaba determinado! Hiciera lo que hiciera no iba a poder cambiar la respuesta de sus acciones en el mundo. ¿Uno puede vivir de esa manera? Obviamente sí; pero quieras que no, uno se va a ir adecuando a las concepciones normales de la sociedad. Por más que uno idealice creencias, vivir la vida diaria de esa manera, no sé si va a ser lo más cómodo. Por ejemplo, el otro día vi un científico que estudiaba los astros. Había llegado a la conclusión de que el día de mañana podría llegar a caer un meteorito en la tierra. Yo no creo que ese hombre vaya al almacén pensando en que pueda caerle un meteorito en la cabeza porque salió de su casa, sino no tendría vida. Yo quiero dejar a esta concepción, simplemente como una concepción de la realidad. Que eso sea aplicable a la vida diaria, es otra cosa. Yo lo que no quiero es contradecirme con mi ideología. Por eso quiero hacer hincapié en cuál es mi idea y determinarla bien punto por punto para que el día de mañana no hayan trastabilleos. Concretamente, ¿cuándo se pueden empezar a crear conceptos que nos toquen diariamente con esta idea de libertad? En el caso de la justicia, por ejemplo, yo tengo una postura bastante clara. Yo no creo que mi concepción de la libertad ayude a fundamentarla. Si lo que uno hace hoy en día es consecuencia de los estímulos que ha recibido durante toda su vida, así como sus antepasados (lo transgeneracional), esa persona no puede concebirse como responsable y por lo tanto, culpable. En el caso de un homicidio, podría ser que la responsabilidad sea del padre del asesino, dado que le pegaba a su hijo cuando era chico. Pero entonces, ¿también tendría que ir el padre preso? Puede ser también que la conducta del padre haya sido determinada por un desencuentro con el almacenero de la esquina, por la que quedó traumado. No fue la voluntad del padre pegarle. Y así podemos seguir hilando hasta llegar a que entonces todo el mundo tendría que ir preso, y que la responsabilidad también recaiga en nuestros ancestros. Y con esto no quiero generalizar y decir que todos los hijos de padres conflictuados con el almacenero serán asesinos, sino decir que si se repitieran exactamente las mismas condiciones en las que se desencadenaron dichos acontecimientos (cosa imposible), el desenlace será uno y solo uno. En definitiva, deberíamos juzgar a tantos que, en ese sentido, la justicia no existiría. Para mí no hay justicia por ese motivo, y también porque el hecho de castigar a alguien, no me parece que sea solución de nada. Concluyo por este motivo que no existe la justicia. Podría también opinar que no existe Dios. ¿Cuál sería el rol de Dios en todo esto si todo ha sido un desencadenamiento de cosas? Si vamos hacia atrás en el tiempo, Dios no ha jugado ningún papel; él no ha sido creador de nada. Todo lo que existe, existe por causa y efecto. Uno podría decir: “Pero bueno. Dios creó al hombre, porque el hombre es tan perfecto que no podría aparecer espontáneamente en la naturaleza.” Y es verdad, no apareció simplemente en la naturaleza, fue proceso de una evolución. Si vamos más atrás de la evolución encontramos al Big Bang, que fue lo primero de todo. ¿Qué pito toca Dios en todo esto? Podría entonces, haber “tirado la primera ficha del dominó”, haber hecho explotar el Big Bang. Podría haber puesto a toda la materia y energía junta en ese momento, y haber hecho la primer chispita que provocara la explosión. Luego todo se hubiera desencadenado de forma determinada. Y es aquí donde cabe preguntarse sobre la existencia de Dios, y lo que me surge decir casi de inmediato es: ¿quién puso a Dios en ese lugar? Podríamos entonces concebir que existe un Segundo Dios que haya puesto a Dios en ese lugar, y por ende, que existe otro ser que haya puesto a ese Segundo Dios en ese lugar. Podríamos seguir haciendo delirios de cualquier tipo, que me parece que no tienen sentido, y por eso mismo, también concluyo que probablemente Dios no exista. Gabriel Bibbó