gabin_laplata
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Como toda buena historia tiene que empezar con el típico había una vez… …Había una vez un mochilero (al que apodaremos G. Gualdesi) que estaba cruzando la frontera boliviana argentina. Él, ya de regreso luego de un largo, largo, largo recorrido hasta el norte de Bolivia, decidió regresar a su tierra. Solo tenía 5 pesos en su bolsillo, un par de galletitas “willy’s” (o algo así), y su mochila. También tenía la certeza que en Tilcara, o en Purmamarca se encontraba su querida prima Vanesa, que como él había salido a recorrer el mundo. Es por eso que luego de caminar un kilómetro (para poder salir del pueblo de La Quiaca) se dispuso a hacer dedo en la ruta 9 cerca de un puestito de Gendarmería Nacional. El mochilero pensó que estando allí cerca de los uniformados los conductores dirían “ah, este chico no es un chorro, vamos a llevarlo al pobre desgraciado”. Pero no, sus cálculos no pudieron estar más errados, los conductores pasaban al lado de él y solo hacían señas como que iban muy cerca, o miraban para otro lado, o simplemente hacían un sórdido y seco “no” con su cabeza. Los minutos se fueron transformando en horas y el pobre G. Gualdesi ya estaba cansado y aburrido de pararse con el dedito arriba y una terrible cara de gil bonachón, como para que lo llevasen. Para colmo de males hacia un calor insoportable, incluso para la gente que vivía en esa zona. Agotado el mochilero decide abandonar temporalmente el dedo, y tomar un poco de agua para saciar su boca reseca. A lo lejos G. Gualdesi veía un grupo de ovejas, blancas como nubes, caminando del otro lado del camino. Lentamente fueron acercándose hasta donde él se encontraba, G. Gualdesi se paró rápidamente del suelo y dejó paso al grupo de ovejitas. Serian un grupito de 6 o 7 ovejas y además el macho oveja (creo que se dice carnero pero no se, para esta historia se lo llamará ovejo). Primero pasa una de las ovejas y roza con su cuerpo las piernas del joven mochilero. “Que boludas estas ovejas”, afirmó indignado G. Gualdesi pero luego de eso comenzó a notar el comportamiento extraño de los cuadrúpedos y blancos animalejos. ¡Estaban en celo! Y el pobre mochilero se encontraba en el medio de esa orgía descontrolada. El obejo, a quien no le gustó mucho la presencia de aquel ser extraño que se parecía a un camello con esa mochila en sus espaldas decidió que no quería tenerlo cerca, por lo que con su cabeza intento golpearlo. El mochilero al notar tal agresión tomó su mochila para defenderse e intentó frenar de un mochilazo el nuevo golpe que el ovejo le quiso dar. Una y otra, y otra vez el animal se abalanzó sobre el mochilero, cada vez con más fuerza. Ya el mochilero, cansado se largó al mejor estilo Rambo, a atacar a los animalitos (que parecían no ser tan tiernos como todo el mundo los pinta), agarra su mochila, corre hacia el obejo y el obejo se para en dos patas y golpea la mochila nuevamente con su cabeza. Después de eso G. Gualdesi no lo dudó, se olvido del coraje y decidio hacer lo que mejor hacen los valientes, correr. No se si los gendarmes que estaba a 100 metros de él vieron su lucha encarnizada, solo se que cuando el mochilero llegó a donde estaba Gendarmería los hombres se miraban y sonreían mucho. El obejo y su pandilla habían ganado. PARA ENTRAR A MI BLOG Y VER DEMÁS HISTORIAS DE VIAJE: www.cronicas-del-mundo.blogspot.com