freddiearts
Usuario (Chile)
Un nuevo fracaso de la élite chilena en política exterior se ha visto reflejado en la postura que el gobierno boliviano del Presidente Evo Morales ha adoptado en relación a la histórica exigencia por una salida soberana al pacífico y que dice relación con la posibilidad de una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, así como su instalación en foros multilaterales, como en el caso regional de la OEA. A partir del discurso del 23 de marzo, en el contexto de la conmemoración de la Guerra del Pacífico con Chile, que le significó una pérdida territorial que le cercenó la salida al mar, la postura boliviana ha venido tomando posiciones más duras y abarcando distintos escenarios, desde el judicial al político, sobrepasando la histórica barrera del bilateralismo, para hacer de su reivindicación un asunto multilateral, en el cual ya ha conseguido importantes declaraciones y resoluciones. Esta nueva postura boliviana viene a terminar con el progresivo mejoramiento de relaciones diplomáticas que se vivió desde finales del gobierno de Ricardo lagos y particularmente en el de Michelle Bachelet, donde se avanzó históricamente en consolidar una agenda de 13 puntos, que sintetizó de buena manera un abanico de temas bilaterales, en que se incluía el marítimo, pero que logró ser subsumido en una mirada estratégica más completa y global para una modalidad de vecindad contemporánea. La coyuntura histórica también jugó un papel importante. Se encontraban dos jefes de Estado que tenían un importante respaldo popular interno (Morales y Bachelet), que representaban miradas políticas progresistas, aunque con sus respectivas diferencias, y compartían un interés vital en potenciar las relaciones regionales que permitiese un proceso de integración, para lo cual era fundamental avanzar en los temas históricos pendientes. El Presidente Morales gozaba de una simpatía importante en la región y Chile paulatinamente asumía una responsabilidad mayor con su entorno internacional directo, aquel del cual nos habíamos alejado producto de una mirada economicista y de corto plazo que nos hizo abandonar la subregión y concentrarnos en la sola lógica del comercio internacional con las regiones más alejadas. Fueron los momentos en que nos pesó la soberbia de la élite chilena que había declarado su malestar por convivir en un barrio desagradable, sintiéndose en forma complaciente como el alumno sobresaliente de la región, a propósito de las felicitaciones de los organismos financieros internacionales y de los grandes íconos de la economía capitalista mundial. Pero como siempre la realidad es más fuerte, en forma abrupta nos dimos cuenta que convivíamos con vecinos que también tenían sus planteamientos de desarrollo, a los que podríamos necesitar y sobre todo de los cuales jamás podríamos separarnos. Volvieron a aparecer los fantasmas de las rivalidades de Chile con sus vecinos del norte, lo que se plasmó con más fuerza en la demanda territorial de Perú que hoy se encuentra en La Haya. A mediados de 2009 se presentó una propuesta por el gobierno chileno que habría satisfecho las aspiraciones bolivianas, puesto que se cumplía con el objetivo de una salida al Pacífico, la infraestructura necesaria y facilidades apropiadas para cumplir con el objetivo de una vía expedita para el comercio y las comunicaciones. Y a su vez no significaba pérdida territorial ni soberanía para Chile. Se había dado un paso histórico. Pero todo quedó hasta ahí, también pesó cierta desidia y falta de convicción en el gobierno de Bachelet para avanzar en forma decidida en una solución histórica a la mediterraneidad boliviana. Al igual que en otras materias de su gestión política y programática, se tranzó con los sectores más conservadores de la élite política y militar, que siempre han menospreciado a Bolivia. Hay que recordar que una de las máximas de la cancillería chilena, decía que la mejor relación con Bolivia es justamente no tener relaciones. El cierre dorado lo puso el gobierno de Piñera, que encarnando de mejor forma a los sectores conservadores y los intereses económicos, clausuró toda posibilidad de una solución equitativa con Bolivia, privilegió las expectativas comerciales con Perú y volvió a la histórica tensión y menosprecio al pueblo boliviano. Después de varios años de lenta y silenciosas negociaciones entre los gobiernos de Bolivia y Chile, Piñera se encargó de dilatar y evitar cualquier solución, pasando por desechar en forma total la propuesta del gobierno de Bachelet. Recordemos que hubo varias reuniones, se formaron otras tantas comisiones, se fijaron reuniones entre los cancilleres, y se prometió una respuesta para noviembre de 2010, incluso con el gobierno de Brasil como facilitador de buena fe. Solo fue el montaje de una obra que nunca fue pensada para que tuviera un final feliz. Aquí quedó una vez más de manifiesto que la tan manoseada aseveración de política de Estado en materias internacionales nada importó al momento de las definiciones, y en cambio operó lo que siempre ocurre con la actividad política y el poder, que es la instalación de los respectivos proyectos ideológicos que cada uno sustenta. Piñera dejó instalado en la retina internacional un hecho bochornoso para el Estado chileno, que justamente tiene que ver con la falta de respeto por la continuidad en las negociaciones, y el permanente engaño en las conversaciones internacionales. Muy al contrario de lo que manifestaron los medios de comunicación chilenos y algunos líderes políticos exaltados de chauvinismo nacionalista, no fue el gobierno boliviano el responsable de este nuevo lío internacional para Chile. El gobierno de Piñera nunca tuvo ánimo ni capacidad de realizar una propuesta seria. Dilató y no cumplió el cronograma de trabajo fijado bilateralmente; siguió con su retórica discursiva del llamado al diálogo, pero sin la densidad debida. Y con todo el cinismo desplegado La elite conservadora chilena una vez más frustró un acuerdo que pusiera a los dos pueblos con la mirada fija en el horizonte, desarrollando políticas de cooperación e integración y así cambiar definitivamente el paradigma de la postergación y la confrontación. El gobierno boliviano del Presidente Morales dio muestras de enorme paciencia y cordura, esperanzado en que el diálogo bilateral tuviera algún resultado viable; después de tantos años y reuniones sin logros específicos, resulta natural que aquella frustración se traduzca en nuevas iniciativas, acudiendo al derecho internacional y a las instancias multilaterales reconocidas. Es una demostración más del ánimo no beligerante con que esperan resolver su demanda histórica. Que el berrinche chileno se nutra de lugares comunes no es novedad. Es cierto que una línea continua y seria en política internacional pasa por reconocer la intangibilidad de los tratados, pero también es cierto que una política seria, afincada en los verdaderos intereses nacionales pasa por resolver las inquietudes y tensiones con los pueblos vecinos, a los cuales les fueron arrebatados territorios a través de una guerra injusta y expansionista llevada adelante justamente por intereses particulares de ciertos sectores económicos, más aún si éstas siguen perturbando una convivencia pacífica y cooperativa. Se nos pide no mirar hacia el pasado y asumir lo ya hecho como algo intocable, pero tampoco se nos permite mirar hacia un futuro de oportunidades comunes, donde los genuinos intereses nacionales no son otros que la convivencia pacífica y el desarrollo de nuestros pueblos. Espero que los sectores progresistas y de izquierda no caigan en el facilismo del llamado a la unidad nacional de Piñera para enfrentar la petición boliviana en las instancias internacionales, que por lo demás le sirve para tratar de frenar su caída en picada en la popularidad interna. Por el contrario, deberían realizar una crítica profunda al manejo de una política exterior que nos está desprestigiando en el seno de una comunidad internacional cada vez más proclive a la resolución amistosa de las controversias y nos pone en la vitrina como un país agresivo, prepotente y amenazante. Basta solo repasar las declaraciones del Ministro de Defensa, Andrés Allamand, que plantea como solución del problema la recurrencia a la fuerza. Hoy en día también se requiere una política progresista en la mirada de los asuntos internacionales, más cuando los pueblos están exigiendo paz, democracia, estado de derecho internacional, integración, cooperación y multilateralismo. Columnista invitado: Carlos Gutiérrez P. Director Centro de Estudios Estratégicos CEE-Chile
El científico Stephen Hawking aseguró una vez que en una entrevista con Juan Pablo II, este le solicitó textual: “No investigar el origen del universo, dado que estos temas son muy difíciles y son cosas de Dios”. Esta frase ejemplifica a la perfección lo que representó este Juan Pablo II para la Iglesia, siendo todo lo contrario a su antecesor Juan Pablo I el cual pretendía revolucionar el Catolicismo devolviéndolo a sus orígenes espirituales y haciéndola más cercana al pueblo (estaba de acuerdo con los anticonceptivos), como no podía ser de otra forma, murió asesinado a los 33 días de haber asumido. En el primer texto redactado por Juan Pablo II como papa, destaca su defensa al capitalismo con frases como: “En el orden de los intercambios, hay que dejarse guiar por las leyes de una sana competición”, calificando además a las huelgas como “la plaga del paro”. En sus 26 años, 10 meses y 17 días de pontificado, Juan Pablo II canonizó la ridícula suma de 482 nuevos santos (más de los que todos sus predecesores sumados en 500 años de historia); asimismo, formó en la lista de canonización a mil 338 nuevos beatos. Mucho se habla del apoyo del Papa al Opus Dei, pero poco se sabe que en realidad fue el Opus el que lo formó a imagen, semejanza y razonamiento. “La obra” empezó a mimarlo cuando era arzobispo de Cracovia organizándole viajes por todo el mundo. Mención aparte merece el cardenal Pietro Palazzini, ligado al Opus, quien ocupó el cargo de prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, lo que aceleró el proceso de beatificación de Escrivá de Balaguer, iniciado en mayo de 1981, apenas seis años después de su muerte. Absolutamente contrario a los abortos, métodos anticonceptivos, y cualquier otro tipo de control de natalidad, en el año 1994 las Naciones Unidas organizaron una conferencia mundial llamada: “Población y Desarrollo” la cual buscada asegurar la discrecionalidad de las mujeres para controlar su fecundidad y tener una sexualidad plena. Esto porque según estudios de la ONU: de 50 millones de mujeres que abortan cada año, una cuarta parte enfrenta graves complicaciones que las llevan con frecuencia a la muerte. Pero como el Vaticano siempre piensa en lo mejor para el pueblo(?), después de un feroz lobby por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, una conferencia mundial fracasa a pesar del consenso existente entre los miembros permanentes del Consejo. En 1978, los Legionarios de Cristo eran una congregación profundamente mal mirada dentro de la propia iglesia, esto debido a las dudas que se cernían sobre su fundador el Mexicano Marcial Maciel, un consumado pedófilo y traficante. Aquí vemos al mismo Juan Pablo II frenar cualquier intento de investigación vaticana sobre Maciel, algunos intentan sugerir que el Papa no sabía de los excéntricos gustos de Maciel, pero las filtraciones posteriores a la muerte del Papa demuestran todo lo contrario, no sólo conocía estos abusos, sino que también lo protegió escondiendo información. Pero el activismo del Papa polaco no quedó en simples declaraciones, si que era también un consumado político de pensamiento ultra conservador. Sus intervenciones constan desde ayudar a crear el movimiento demócrata-cristiano en Polonia para hacer frente al gobierno comunista, de apoyar el ex presidente de Austria, hasta defender a dictadores como Kurt Waldheim, quien sirvió como oficial nazi durante la Segunda Guerra Mundial y por supuesto, a nuestro(?) Augusto Pinochet. Sobre este ultimo caso, llegó al punto de incluso intervenir la Iglesia chilena, al promover una nueva generación de sacerdotes marcados más por la fe que por el servicio público, quitándole poder al Cardenal Silva Henríquez ferviente defensor de los derechos humanos y poniendo en su lugar al Sacerdote Jorge Medina, conocido defensor de la dictadura.