francosoab
Usuario (Argentina)

"Hay opios para el remordimiento, narcóticos que pueden acallar el sentido moral hasta dormirlo. Pero aquello era un símbolo visible de la degradación del pecado. Era un signo siempre presente de la ruina a que llevan los hombres a sus almas". "Llenó hojas y hojas de ardientes palabras de pesar y de ardientes palabras de dolor. Existe una voluptuosidad en hacerse reproches. Cuando nos censuramos, sentimos que ningún otro tiene derecho a hacerlo. Es la confesión, y no el sacerdote, quien nos da la absolución. Cuando Dorian terminó su carta sintióse perdonado". "El retrato de Dorian Gray" - Oscar Wilde Es tan divertido tener problemas. "Últimamente solo escucho tus quejas". ¡¡Pero si das para mucho más que eso!! Todo se trata de un balance; no existe lo bueno sin lo malo. Una cosa sin su opuesto. La ausencia y la presencia. Un balance, un equilibrio. Incluso la búsqueda espiritual de alguien “equilibrado” es señal de su desequilibrio y su problema, puesto que la búsqueda es solo un problema informático. Solo es un nivel diferente en la MENTALIDAD hermética. La seguidilla de estos principios a partir de la generación de un pensamiento es maravillosa porque revela la formación de la realidad, que no es otra cosa sino un estado mental. Lo interesante de poder concientizarlo es el control que ello conlleva. El “querer controlar” está mentalizado, estratificado, resuena y está polarizado, yendo y viniendo, coaccionado por una especie de moralidad, que no es sino una mentalización del ideal de realidad que es convención. Pero es allí donde falla esa mentalización. Peca de soberbia y encuentra su límite en el efecto que causa. Siempre se trata de un círculo. Y es por ello que la moral es algo flexible. Pues cualquier imposición autoritaria es falsa. Cayendo en el abismo de la inacción y la parálisis, causadas por el término de la polaridad en cierto nivel y el salto vibracional a otro, modelamos el mundo en el que vivimos. Lo transformamos. Cambiamos nuestra realidad. Uno se esfuerza y tiene cierta compasión por quienes no quieren ver. Pero no es el enojo o la frustración quien cambia el mundo. Es la aceptación, la paciencia. Paciencia no de esperar, sino de paz y cambiando desde la incondicionalidad, con amor. Hoy leí sobre el sufrimiento y el “amor”, no del incondicional sino de ese amor que llamamos “complementario”. Hoy escuché sobre el sufrimiento y el “amor”. El sufrimiento no es más que el control y el condicionamiento de nuestra moral, valores, preceptos y conceptos. Es la falta de aceptación e ignorar la conciencia. Todo ello que empieza desde abajo, termina arriba. Si comenzamos desde abajo y cambiamos nosotros es inevitable - ¡realmente es inevitable! – cambiar lo de arriba. Un voto, por ejemplo, no es un cambio. ¡Un voto es un contrato firmado anónimamente por el votante! ¡Qué cobardes, necios e ingenuos! La crisis de representatividad está en que cuando no se cumple el contrato no se sabe a quién se está perjudicando. Dentro nuestro duerme ese falso alivio, blasfemo, del anonimato. ¡Es nuestra condena! Pero quien juzga es la conciencia que ignoramos. Y mientras más la ignoramos, tratamos de controlarla y, en algunos casos, hasta pedimos consejos solo para intentar justificar nuestro autoconvencimiento. Y es aquí donde el círculo hermético de los 7 principios interrelacionados marcha. Una cosa que tapa a otra genera la realidad en la cual nos movemos inconformes. ¡Es fácil culpar a otros! Parece que esas bellas protuberancias que salen de nuestras manos, y no por nada son útiles para crear, lo son también para señalar. Hay mucho para aprender. Dejemos de arrepentirnos, culpabilizarnos y victimizarlos, cuando no somos más que víctimas de nuestra incapacidad para ACEPTAR. ¡AMÉMOSNOS al menos a nosotros mismos!
¿Cuál es la p... necesidad de medir nuestro progreso personal en comparación con otras personas? Lo más ridículo de todo es que muchas veces medimos tal progreso en términos que acaban reflejando cierto apego a la diferenciación social en términos de “calidad” de bienes económicamente costosos. Sentimos esa totalmente común satisfacción de creernos merecedores de cierto objeto en particular. Nuestra civilización, nuestra historia y ciertos aspectos educativos de nuestros medios de comunicación se encargaron perfectamente de transmitirnos mediante imágenes y sonido (y más importante aún por medio de la historia misma tras todo esto) esta creencia en particular, que aflora lo peor de nosotros. La responsabilidad de conocernos a nosotros mismos nos corresponde pura y exclusivamente a nosotros. Pretendemos reflejar nuestras inseguridades, nuestro egoísmo y aspiraciones personales de “ser más que otro” e imponer una especie de venganza contra el resto de la humanidad por razones que son puramente efectos de nuestra debilidad mental para entender que formamos parte de un TODO superior e interconectado. Omnipresente y eterno. El problema de la trascendencia, la trascendencia material, es algo sumamente estúpido. El problema muchas veces es querer ser recordados. Porque esa es una forma de trascender. Tal vez nuestros cuerpos no pueden trascender pero si pueden hacerlo nuestras acciones. Pues sí. Nuestras acciones nos trascienden. Un pedo que nos tiramos trasciende tanto como lo haría tener 20 millones de mansiones rodeando los lugares más paradisíacos de la tierra, 2 millones de dólares en un plazo fijo o dinero suficiente como para vivir nuestra vida, cómodos y sin trabajar, teniendo otras personas que hagan las cosas que no nos gustan. Claro… pero el dinero dura más tiempo o puede generar más cosas para nosotros que un pedo (nuestro, obvio… Ni hablar del de otro). Pero bien, es muy ridículo también pensar en eso ya que no vamos a presenciar absolutamente nada de todo lo que ocurra luego de nuestra muerte. Lo que es peor, ni siquiera podemos saber que nos pasará en los próximos 2 minutos. Entonces… ¿por qué #@$!#+ tendríamos que preocuparnos de lo que pueda pasar mañana si no podemos saber si estaremos muertos en los próximos minutos o vivos por 50 años más? No lo sabemos. Es pecar de tremendista. Todavía hoy no logro comprender porque ni con que medimos nuestra trascendencia. El problema mayor creo que está en el tipo de trascendencia que estamos buscando. Somos seres tan trascendentales como una piedra. Tal vez porque nuestra concepción del tiempo es diferente por nuestro tamaño. Ya que los tiempos transcurren de formas diferentes según el tamaño de las cosas. A lo que quisiera llegar, si me lo permite mi cerebro, es que no importa cómo; siempre seremos trascendentales. Porque formamos parte de un TODO. Esto puede sonar muy “new age” o tremendamente pelotudo, o ambos juntos, pero es cierto que nuestra materia (que en realidad es energía "condensada" y nuestra energía interactúan todo el tiempo de nuestra vida material con el resto del universo. Físicamente hablando, seríamos sistemas abiertos. Solemos pensar que cada átomo que nos compone nos pertenece. Y hablando en cierto tipo de escala temporal eso es cierto, ya que como tenemos conciencia de nosotros mismos, se templa en nuestro inconsciente esa sensación. Sin embargo, el camino lo hacemos todos juntos. Desde antes y hasta después afectamos al mundo y este nos afecta a nosotros. Es un intercambio constante. Pero al dañar el universo nos dañamos a nosotros mismos. A veces me dejan de importar los demás porque me doy cuenta de la finitud que es mi consciencia existencial. Hay una burda necesidad de sentirse famoso y recordado. Algunos mediante altruismo, puede ser. Otros por diferenciarse. Ambos son estúpidos. No tengas ninguna de esas sensaciones. Son tontas e innecesarias. Pero serán trascendentales. Afectarán la vida de otros… y lo que es obvio: tu vida.