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Primer post: 27 oct 2015Último post: 30 dic 2015
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La venganza de los porteños
La venganza de los porteños
InfoporAnónimo10/27/2015

Por Luis Bruschtein El cambio de Cambiemos fue la prima donna de esta primera vuelta. El golpe de timón del electorado hacia el centroderecha deja un saldo enorme para la reflexión. Después del triunfo apabullante de Cristina Kirchner con un impresionante 54 por ciento en las presidenciales de 2011, la irrupción de las propuestas conservadoras que representan los candidatos de Cambiemos proponen un inesperado giro de 180 grados. Una fuerza política de porteños de clase alta se impuso al peronismo de trabajadores y capas medias bajas en la provincia de Buenos Aires y logró una marca envidiable a nivel nacional. Las consignas huecas de la antipolítica y la “gente común”, o las cruzadas de honestidad que nunca se compadecieron de su propia gestión en la Ciudad de Buenos Aires ganaron a una porción importante del electorado. Ni siquiera fueron las consignas de la mano dura de Sergio Masa. Hubo en esta elección un voto conservador que provino de sectores populares que ganaron en calidad de vida estos años, que también salió de minorías sexuales o de género que fueron beneficiados por este gobierno, un voto que sedujo a gran cantidad de comerciantes y empresarios que prosperaron en forma considerable en estos doce años. Capas medias que fueron rescatadas de la extinción por este gobierno se volcaron a ese discurso que esconde las viejas políticas que las llevaron al borde del precipicio. Hay un gran gesto de autoflagelación en esos sectores seducidos por un flautista de Hamelín que dijo en la campaña que estaba de acuerdo con todas las medidas que votó en contra. El problema es que esas medidas que el macrismo combatió fueron las que favorecieron a todos esos sectores que ahora apoyaron al macrismo. Pero esas medidas fueron impulsadas por la fuerza política contra la cual votaron. Se ha escuchado decir públicamente a uno de los economistas referentes de esta corriente ideológica que las paritarias constituyen una práctica fascista. Algo falló en la propuesta electoral del oficialismo si hubo algún trabajador que votó contra las paritarias. El resultado de la primera vuelta de ayer amplía el cuadro de los taxistas porteños que militan por el PRO, sin darse cuenta de que con las políticas económicas de Carlos Melconian, José Luis Espert o Federico Sturzenegger, no tendrían pasajeros para llevar. El discurso falso naif que usa el PRO con los globos de colores y el break dance en escena es tan artificial, proyecta una falsedad tan fuerte que no deja de sorprender que un sector de la sociedad pueda confundir esa ilusión casi infantil con la realidad de todos los días y no pueda darse cuenta de que allí hay un engaño, que ninguno de los que están en el escenario sonríe eternamente como lo hacen allí arriba, y que ninguno baila ni siquiera en su cumpleaños. Hay un ejercicio de credibilidad primitivo, casi infantil en la interacción entre ese escenario de bailecitos y abracitos y el público que se identifica con él. Los medios corporativos, que se especializan en relatos, instalaron que era el Gobierno el que generaba un relato mentiroso. Pero hay cosas concretas que no hace falta enumerar. Si hay más o menos pobres, lo real es que hay menos pobres que si no se hubieran aplicado las políticas del gobierno. Y se puede decir lo mismo cuando se afirma que cerraron algunas empresas, porque hubieran cerrado aún más sin las estrategias anticíclicas del Gobierno. Alguien que no ganaba nada está mejor si ahora recibe la AUH. Eso es concreto, no es sanata. Es evidente que ese relato de ilusionista sobre el Gobierno logró imponerse sobre el del mismo Gobierno que trató de apoyarse en bases concretas. En esa búsqueda de explicaciones, el trabajo corrosivo de la corporación mediática constituye sólo un aspecto. Hay también una yuxtaposición de imágenes y espejismos entre la ciudad de Buenos Aires que gestionó Macri y la provincia que gestionó Scioli. Un partido nunca se juega solo. Siempre hay un adversario que compite y las responsabilidades son compartidas cuando se gana y cuando se pierde. Pero es sorprendente que no se percibiera que el candidato conservador tuviera que reconocer todas las medidas positivas del gobierno al hacer su campaña. Reconocerlas como algo concreto y logrado y no como relato. Y que la fuerza política que encabeza votó en contra de todas esas medidas. Que el candidato que habla de respetar y escuchar ha sido el campeón de los vetos a leyes aprobadas en la Legislatura. Nunca escuchó nada. Que el candidato que habla de libertad de prensa nunca concedió entrevistas a numerosos medios que son críticos de su gestión y manejó la pauta publicitaria favoreciendo a las grandes corporaciones mediáticas en detrimento de los medios más vulnerables económicamente. O que habló de revolución educativa cuando en la CABA disminuyó los presupuestos de educación, y dice que va a construir miles de viviendas, cuando en la ciudad no hizo nada. Es probable que todo eso no le importe al que lo votó aunque lo sepa. Y que pesen más otros motivos. O que todos esos logros ya se asuman como derechos adquiridos y se visualizan nuevos problemas que los candidatos del oficialismo no han podido expresar.

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Retroceder nunca, Macri jamás
InfoporAnónimo10/29/2015

Retroceder nunca, Macri jamás ¿Y ahora? ¿Y ahora qué pensamos? ¿Y ahora qué decimos? Lo mismo, lo mismo que gritamos y lo mismo que sentimos todas esas veces que nos quisieron etiquetar, antes, durante y después de votar: que llegó la hora de urbanizar, que basta de topadoras para dialogar, que no existe la teoría del derrame, que tampoco existe el SAME, que las Aerolíneas son argentinas, que Barrick Gold no viole más minas, que la memoria no está tan gorda, que unos locos reprimieron a pacientes del Borda, que una inmobiliaria gobierna la Capital, que creerse una especie aria les pega mal, que estatizar tiene banca en los barrios, que no vale nacionalizar para empresarios, que Granados unifica en el espanto, que uniformados significa Monsanto, que sobran cables pelados en el cielo villero, que sobran suelos rapados en el campo sojero, que no están vigentes ni el olvido ni el perdón, que no fueron accidentes ni Once ni Cromañón, que dan orgullo los satélites al espacio, que la Ley de Medios camina demasiado despacio, que Macri nos hizo fumar un Fino, que el peor pasado ya se nos vino, que se cagó en las problemáticas habitacionales, que cerró cientos de centros culturales, que intentó erradicar las villas, que las maquilló con pinturas amarillas, que nunca más una picana, que se lo avisen a la Metropolitana, que las Fuerzas dan miedo sin control popular, que Jorge Julio López no puede opinar, que la mano dura no sirve para nada, que Berni tenía la carapintada, que los feriados de carnaval no son joda, que los Derechos Humanos no pasan de moda, que las cárceles son para tiranos, que los tiranos también son seres humanos, que no es el precipicio un cepo cambiario, que hace falta transformar el servicio penitenciario, que los James y los Stiuso no se pueden dar a la fuga, que Scioli nos debe contar qué pasó con Arruga, que la Justicia no puede ser tan parcial, que los pobres somos los presos del Poder Judicial, que los CEOs no son gobernantes, que los europeos también son inmigrantes, que reivindicamos las casas de la cultura, que las comisarías no son centros de tortura, que hay valiosos referentes en varias plataformas partidarias, que no son valientes las construcciones sectarias, que necesitamos compañeros y camaradas para gritar, que soñamos la unidad del campo popular, que un container no cuenta como escuelita, que Niembro jamás devolvió la guita, que Shoklender debería hacer lo mismo, que la política en silencio se llama cinismo, que perdemos si nos chicaneamos, que ganamos si nos encontramos, que los diagnósticos mediáticos suelen ser estafas, que el precio del gas se mide en garrafas, que la Ley de Parques Nacionales debe respetarse, que la Asignación Universal por Hijo llegó para quedarse, que hacen trampa los dueños de los casinos, que no son “empleos” los talleres clandestinos, que el Canal de la Ciudad no se puede ni mirar, que Página 12 era más lindo cuando nos hacía pensar, que no somos expertos en inflación, que no sube el precio la tapa de La Nación, que se financia con sus rosquitas, que se morfa la ganancia de los canillitas, que los machos viven delegando deberes, que nos siguen matando mujeres, que Julio Roca no pudo con Juana, que somos sangre latinoamericana, que hay saberes perdidos en las materias que no tenés, que le sobran detenidos al Código de Faltas cordobés, que la política necesita dirigentes de abajo, que mataron a Verón por salir a pedir trabajo, que somos vanguardia en diversidad sexual, que no todos somos iguales ante el cacheo policial, que los feudos de la aristocracia no se van, que no es democracia el método Insfrán, que ansiamos vivir de nuestro sacrificio, que vamos a morir en las antípodas de Mauricio, que decirle “nene vago” queda muy corto, que se metan las encuestas en el orto, que vienen batallas de muchos ovarios, que no más murallas a pueblos originarios, que las Malvinas están acá adentro, que vivan Pakapaka y Encuentro, que los barras trabajan de chivos expiatorios, que la vida es un producto para los laboratorios, que los créditos hipotecarios no son para cualquiera, que podríamos ahorrar con la renta financiera, que faltan insumos en los hospitales, que siguen muriendo pibas en abortos marginales, que nuestras convicciones no están en venta, que guardamos las grabaciones de los 90, que la pasta base mata, que el cliente también hace a la trata, que no somos bienes de ningún presidente, que Clarín siempre miente, que las cloacas todavía se hacen rogar, que la conciencia no se puede enrejar, que jamás le diremos gracias al menemismo y que nunca, pero nunca… Nunca en la vida, votaríamos al macrismo.

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Artificios del diccionario macrista
Artificios del diccionario macrista
InfoporAnónimo12/30/2015

La vuelta de campana: artificios del diccionario macrista En lo que podríamos considerar una vuelta de campana de la historia nacional, el nuevo gobierno del país nos conmina a retraducir permanentemente las palabras. Cuando dicen que se acabó el cepo cambiario, hay que leer una brutal devaluación que no tardará en afectar la vida cotidiana de los argentinos, enriqueciendo a un puñado de agroexportadores, acentuando la inflación, promoviendo la deso- cupación, la desarticulación industrial, la apertura importadora y la inserción subordinada al capital financiero en la economía. Cuando dicen que van a preservar las instituciones de la República, las vulneran escandalosamente sustituyendo al Parlamento a través de un decreto de necesidad y urgencia (DNU) a partir de una interpretación abusiva de un artículo de la Constitución, con un artilugio que avergüenza aun a los constitucionalistas que los apoyaron. Estas designaciones a dedo violan la Constitución Nacional y sólo pueden explicarse por la intención de completar una Corte Suprema adicta, superando incluso a la “mayoría automática” de infausta memoria que Néstor Kirchner se propuso corregir de raíz. Cuando dicen que van a preservar la libertad de prensa, debe leerse que van a acrecentar el poder monopólico de los grandes directores de conciencia del siglo XXI, los monopolios mediáticos de la interpretación sobre el sentido de la vida. Cuando dicen que quieren respetar la ley, se apresuran a vulnerar con arbitrarios esquemas ministeriales y complicidades deshonrosas de miembros de la Corte a los órganos encargados de aplicar una ley democrática de medios de comunicación aprobada por el Parlamento y miembros de esa misma Corte, como es el caso de las intervenciones de Afsca y Aftic. Cuando dicen que van a conservar las políticas de derechos humanos aplican “la emergencia en seguridad” reprimiendo violentamente a los trabajadores de Cresta Roja. Cuando muchos de sus apologistas dicen que va a ser una derecha moderna de centro social, muestran demasiado las garras de un reaccionarismo que mal disimula vínculos con no muy lejanas dictaduras. Cuando dicen que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner subsidiaba a los ricos y castigaba a los pobres, hay que leer el modo sombrío con el que los ejecutivos de empresas privadas que hoy gobiernan el país se burlan de los gobiernos populares, no por sus deficiencias sino por enfrentar y transformar históricas desigualdades sociales. Cuando dicen que desean incorporar a las tareas públicas a argentinos de buena voluntad, se convierten en lóbregos reclutadores de conversos políticos, alcanzados por la fiebre del neutralismo de la Ciencia y la Tecnología o por la obsesión de figurar siempre en algún lugar del poder formal, como es el caso de los señores Lino Barañao y Jorge Telerman. Cuando dicen que su ideal se basa en la justicia y en las leyes, no procuran otra cosa que vulnerarlas por dentro contando con el expuesto servilismo de los jueces designados, Rosenkrantz y Rosatti, quienes se invalidan como posibles miembros de la Corte al no cuestionar el procedimiento viciado de su designación. Cuando dicen querer ser serios culturalmente, se dedican fervorosamente a entregarles organismos públicos que han sido exitosos en su misión de popularizar el acceso al conocimiento a empresas privadas de espectáculos, como es el caso de Tecnópolis, con la obvia consecuencia de que la búsqueda del lucro reemplazará los objetivos culturales-científicos. Cuando en todo el mundo se ponen bajo riguroso examen las relaciones de las instituciones públicas con el mercado, impidiendo todo lo tímidamente que se quiera que la cultura sea una mercancía, acusan al más grande centro cultural del país de ser demasiado grande y de haber declarado la gratuidad de sus espectáculos. Cuando dicen que sus políticas van a ser firmes porque emanan de una voluntad popular que en las elecciones resultó mayoritaria, retroceden como huidizos culpables ante la sutil misiva de un gran artista de rock, ante la protesta de sus propios aliados y ante el asombro de los profesores que veían entregar la gestión universitaria a un productor televisivo. Cuando dicen que su insignia es la ley y la Constitución, y cuando redundaron en toda la prensa oficial con su fe en el armazón jurídico que todos respetamos, nombran jueces supremos de forma subrepticia y atacan con arsenal viciado de ilegalidad a un nombramiento legítimo de la Procuradora General de la Nación. Cuando prometieron cerrar la grieta inventando un concepto que interpreta falsamente la dinámica de todas las sociedades, preparan planes de emergencia en materia de seguridad que ponen a los sectores subalternos otra vez ante la trágica y falsa disyuntiva entre saqueo y represión violenta. Cuando emerge de entre sus filas una parte importante de su verdad, cual es el ataque a la modernidad democrática por parte de los centuriones de la moralidad ultramontana, sacan a relucir a sus jóvenes gerentes especializados en técnicas racionalizantes y modernas de ajustar el empleo público. Cuando comienzan a evidenciarse los reales alcances de una política de largo plazo sumamente riesgosa para la vida popular, intentan recrear el aire angelical de la campaña electoral con rápidas escenas domésticas y banales: el nuevo presidente fue el invitado estelar al programa inaugural de Susana Giménez. Cuando dicen reinsertar Argentina en el mundo, están diciendo apartarla de Unasur, Celac, Brics, y volverla a subordinar a los Estados Unidos. Este diccionario equívoco se podrá empezar a leer nuevamente con el verdadero significado de sus palabras, con las movilizaciones y nuevas respuestas democráticas que permitan que una cantidad cada vez mayor de argentinos comprenda que en vez de votar por su bienestar votó un plan que amenaza su salario en la misma medida que sigue la lógica de aumentar las tasas de ganancia de las grandes empresas, sin cuidarse de deteriorar la misma Constitución de la que dijeron ser sus cruzados. Han pasado pocos días, y muchos compatriotas ya comienzan a medir la distancia entre las promesas de felicidad para todos y las medidas de gobierno que resultan en ganancias fabulosas para pocos y brutal pérdida de ingresos para la mayoría. Nuevos compromisos nos aguardan: será necesario convertir el desconcierto en lucidez, la angustia en indignación, las afectaciones individuales y sectoriales en causa común. El masivo acto popular de reconocimiento a la gestión y al liderazgo de Cristina Fernández del 9 de diciembre, así como la movilización de miles poniéndose al hombro la campaña por el ballottage, dicen claramente que será en torno al kirchnerismo, con el liderazgo de CFK y la afluencia constante y creciente de ciudadanos, que habrá de canalizarse la oposición a la restauración neoliberal. Un frente democrático, social, nacional, popular y progresista, con ciudadanos de estirpe kirchnerista, peronista, radical, socialista, comunista y de izquierdas, nos espera para reponer la relación entre las palabras y las cosas, sin lo cual no hay vida justa en ningún país.

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