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"Recuerdo de Una Estrella Que Sigue Brillando Con Luz Propia..." A John Lennon, nacido en 1940, le tocó nutrirse de la forma musical que conmocionó a los jóvenes de los años cincuenta: el rocanrol. Antes que nada, Lennon fue siempre un rocanrolero. Pero, a diferencia de tantos y tantos que aceptaron consumir y arquetipizar a jóvenes rocanroleros marcadamente comerciales, Lennon se entusiasmaba con las raíces negras y campesinas del rock, y su devoción a los gruesos -Chuck Berry, Elvis Presley, Buddy Holly, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Muddy Waters, Jimmy Reed, B.B. King, Carl Perkins- lo hermanaba con unos cuantos rocanroleros ingleses que no se dejaban seducir por los oropeles de la carrera de las ratas: Paul McCartney, Eric Burdon, Eric Clapton, Mick Jagger, Keith Richards, Pete Townshend, BrianJones. . . Estos iban contra la corriente: no cedían a las fórmulas comerciales, sino que encarnaban el espíritu más virulento, desmitificador, liberador del rock: tocaban por gusto, por amor a su música, por alivianarse y alivianar al personal: eran unos perfectos gandallas del rock, que despreciaban la música de chicle que se estilaba entonces, a principios de los sesenta, cuando el rock parecía haber perdido su fuerza una vez que Elvis Presley se dejó cortar el pelo en el ejército. Lennon et al -como Bob Dylan, CountryJoe, Jerry García oJorma Kaukonen en los Estados Unidos- buscaba su propio desarrollo artístico más allá de las convenciones y las presiones de la imposición "colectiva". En Liverpool, en Londres y en Hamburgo, estos rocanroleros agredían al público, tocaban rock explosivo y acababan destruyendo literalmente su propio equipo, porque, decía Lennon, "qué otra cosa se podía hacer después de estar tocando sin parar durante cinco o seis horas?'' En ese momento no existía aún la polaridad que se establecería después entre la imagen "limpia" de los Beatles y la "sucia" de los Rolling Stones; a principios de los sesenta todos los buenos rocanroleros eran "sucios" y por tanto no podían merecer la atención de las grabadoras comerciales. Sin embargo, la perseverancia en su camino, el hecho de no traicionarse jamás a sí mismos, les trajo buena fortuna y pronto este tipo de rocanrolero demostró que en verdad era la vanguardia de una juventud, la de 1968, cuyo ánimo transformador apenas se insinuaba. Los jóvenes ingleses iniciaron la beatlemanía, la "ola inglesa", porque a través de estos rocanroleros canalizaban su vitalidad y su inconformidad ("no puedo encontrar satisfacción" cantaba Mick Jagger). Es verdad que, a través de Brian Epstein, el sistema trató de domesticar a Lennon y su grupo: Epstein les confeccionó los trajes sin solapa y perfeccionó su corte de pelo "discretamente largo": es decir: trató de fincar el éxito del grupo a través de manifestaciones superficiales. Durante un tiempo los Beatles cedieron a estos lineamientos promocionales, pero su éxito absolutamente insólito en lo esencial se debió más bien a la creatividad extraordinaria de Lennon y de McCartney y al impecable profesionalismo del cuarteto, que sin preten - siones mostraba una soltura y un don fuera de lo común para la actuación en público. Los Beatles, que en Liverpool y en Hamburgo se emborrachaban, tomaban anfetaminas, fumaban mariguana y agredían al público, durante un tiempo aceptaron la imagen "limpia" que Epstein y la EMI trataron de imponerles, pero al poco tiempo esta imagen empezó a resquebrajarse por la aguda inteligencia, el ingenio y la corrosividad que el grupo mostró. Los Beatles viajaron entusiasmados a Estados Unidos pero descubrieron la decepcionante realidad de que allá, como en Inglaterra, la verdadera música de rock, con todas sus raíces populares, era atendida sólo por unos cuantos. Estos, sin embargo, eran "pocos pero sectarios" y la explosión sicodélica que ocurrió en San Francisco y en Nueva York a partir de 1965 reafirmó los furores iconoclastas del grupo, del cual Lennon siempre fue el más avanzado. Dylan, los Grateful Dead, el Jefferson Airplane, los Byrds, Country Joe and the Fish, los Doors, Mothers of Invention, Janis Joplin, Jimi Hendrix, etc., fueron sumamente influenciados por los Beatles y los Stones, pero también influyeron a éstos, y así se generó una interrelación rocanrolera que llegó a su apogeo en los años 1968 y 1969, rezumbando en ácido lisérgico y mantras budistas. Con este estímulo los Beatles hicieron a un lado la dirección comercial, afianzaron su propia personalidad, y empezaron un proceso de autoconocimiento, que por supuesto se reflejó en su música: de las composiciones sencillas, frescas, inofensivas, de la primera fase pasaron a una música increíblemente rica; compleja, que asimilaba corrientes musicales que iban de Purcell a Stockhausen, de la música folclórica de la India al uso de todo tipo de instrumentos: revolucionaron los conceptos industriales de presentación, de grabación, de promoción y de publicidad: se abrieron a la conciencia política y social y también a las preocupaciones culturales, psíquicas, esotéricas, religiosas: modificaron sustancialmente las formas de componer letras y las acercaron a una poesía de tintes surrealistas o directa como koan zen. Lennon y los Beatles dejaron de ser manipulados por la publicidad y por la tecnología y empezaron a ser ellos quienes las utilizaban para sus propios fines, que sólo se uncían a sus convicciones. Los resultados de todo esto fueron extramusicales; los rocanroleros adoptaron una actitud crítica, revolucionaria, que desafiaba desde lo esencial al sistema. John Lennon, como Dylan y Jagger, fue la vanguardia de la vanguardia: tenía la seguridad instintiva del artista nato, pero también la disciplina del especialista, y una creatividad sin límites, que rebasaba la música y que se deleitaba en el dibujo, la poesía, el humor, la ingeniería de grabación, y la dirección artística, o producción. Y también manifestó, más que nadie, su carácter subversivo cuando hizo que el mundo entero cayera en sus provocaciones; fue arrestado por posesión de drogas, recibió la medalla del Imperio Británico y luego la regresó en protesta por la posición inglesa en Vietnam y en Biafra, se casó con Yoko Ono y con ella llevó a cabo todo tipo de "eventos" en favor de la paz que brillaban por su alta capacidad imaginativa y su profunda ironía. Para entonces Brian Epstein había muerto y los Beatles iniciaron su proceso de deterioro: el grupo como tal no pudo responder al desafío de rebasar obras como Sgt. Pepper's Lonelyhearts Club Band y entró en una crisis sustancial. Las posibilidades que enfrentaba el cuarteto: volver a las raíces (el "get back" de Paul McCartney) o continuar el desarrollo artístico (la opción que Lennon propugnaba) reflejaron la colosal lucha de egos que tuvo lugar entre Lennon y McCartney, acicateados por sus respectivas mujeres, y que culminó con la disolución del grupo en 1970. Ringo Starr resultó ser quien encarnaba la imagen epsteiniana de lo "mono", lo "limpio", lo "fresco". George Harrison optó por perseverar en su religiosidad hinduística. McCartney domesticó su talento realmente extraordinario. Y Lennon tomó el toro por los cuernos: volvió a sí mismo y como los grandes artistas, hizo de su música un vehículo artístico que le permitía desentrañar sus propios laberintos personales. Esta introspección profunda lo llevó a darse cuenta de que "el sueño había terminado" y volvió al mundo profesional más cargado de realismo que nunca. Si antes Lennon se caracterizaba por no tener pelos en la lengua, su franqueza en los setenta no tiene paralelo; descubrió que "Dios es un concepto mediante el cual medimos nuestro dolor" y renegó de la magia, del 1 Ching, de la Biblia, del tarot, deJesucristo, de Buda, de Elvis, de Dylan y de los Beatles mismos. "Creo en mí", dijo, "en Yoko y en mí, y esa es la realidad. El sueño terminó ayer. Yo era el que tejía los sueños pero ahora he renacido." Poco después Lennon extendió la desmitificación de sí mismo y de la onda a la de la sociedad entera y mostró su repugnancia por los políticos estilo Nixon, neuróticos y sicóticos, por gurundangas tipo Ron Hubbard, por los prirnadonas, por los "hipócritas, miopes, azotados de criterio estrecho", y por su excompañero Paul McCartney; a cambio, planteó la necesidad de tener "un poco de verdad". Se apoyó rabiosamente en su amor generoso y desmedido por Yoko y siguió produciendo discos, que finalmente lo volvieron a llevar a otra crisis creativa, a otro callejónsin salida. Por tanto, se exilió en la calle principal, dejó de hacer discos y presentaciones y se concentró en litigar contra la burocracia de su propio país y de los Estados Unidos, que sordamente trataban de hacerle la vida imposible. Para entonces Lennon había rebasado con mucho su condición de celebridad musical y quería convertirse en un personaje revolucionario, héroe de los trabajadores en homenaje a su extracción proletaria. También despertó de ese sueño. Este año había logrado salir de la crisis y después de cinco años de silencio, de trabajo en sí mismo, regresó con su recientísimo y excelente álbum, Doble fantasía. Claramente Lennon había entrado en una nueva fase de creatividad, había "renacido", cuando la estupidez, la ceguera del alma, la personificación del mundo deshumanizado, del espíritu de los Escuadrones de la Muerte y las Brigadas Blancas, el odio a la inteligencia lo abatió a balazos hace unos días. John Lennon! A él, rocanrolero hasta el final, le podemos agradecer su contribución para que el arte popular se encontrara con el arte culto, que los jóvenes de una generación irrumpieran en el mundo con efectos que aún no podemos mesurar, que durante casi veinte años brillara en él la inteligencia, la ironía, las buenas parodias, la crítica profunda no sólo a nivel político sino también a nivel moral, religioso, sicológico: una crítica totalizadora. Lennon, como Dylan y Jagger, bien pueden ser muestras de una sensibilidad enteramente nuevas, del siglo XXI o del eón de Acuario, en la que predomina el ansia de la verdad, la franqueza en la expresión, la autocrítica devastadora, la apuesta por el compromiso total con la mujer y con la humanidad entera, por la lucha política sin aceleres: la revolución social ( "Revolution" ) y la revolución individual ( "Revolution Number Nine" ), y por la alianza con el pueblo, en el nivel de respeto: sin dudarlo ni despreciarlo, sin ilusiones, en una comunicación directa y profunda. John Winston Lennon Stanley 9 Octubre 1940 - 8 Diciembre 1980 Fuente: "Contracorriente" De José Agustín

Esto es algo bastante curioso que me ocurrió hace un rato: abrí el navegador Google Chrome el cual tiene como página de inicio google.com.mx y esto fue lo que desplegó: Creo que el browser anda \"perdido\"... Saludos!