fondiudepescado
Usuario (Argentina)
Los problemas psicológicos consisten en comportamientos inadecuados que la persona emite en un entorno determinado, los cuales impiden a la persona adaptarse a dicho entorno. Cuando decimos que una persona presenta un problema no implica en absoluto que lo “tenga” como quien tiene una enfermedad o una lesión física, por ello el empleo del concepto de “enfermedad” y del modelo bio-médico en el ámbito de los trastornos psicológicos no es adecuado. En psicología un diagnóstico no supone que la persona deba recibir un tratamiento determinado que será el mismo para todas las personas que presenten dicho trastorno. Que una persona padezca, por ejemplo, depresión no nos dice nada acerca de por qué la está padeciendo ni de qué hay que hacer para resolver su problema. Lo importante es identificar la forma en que esa persona en concreto se está relacionando con el entorno en que se presenta el problema, es decir, su comportamiento. El tratamiento de una “depresión” será muy diferente si la persona la padece a consecuencia de la pérdida de un ser querido, porque se percibe a sí misma incapacitada para llevar a cabo su trabajo o porque presenta dificultades para relacionarse con los demás. Cada problema es único y también lo es cada tratamiento. Podemos nombrar, como principales problemas psicológicos que afectan a la población los siguientes: Trastorno depresivo: o Es el trastorno psicológico más frecuente. o Suele hacer mucho daño a la persona que lo sufre y a sus familiares. o Supone importantes cambios en la manera de pensar, de sentir y de comportarse. o Se caracteriza por: § estado de ánimo deprimido § pérdida del disfrute y del interés § una forma de pensar negativa acerca de la propia persona, de los demás, del pasado y del futuro § pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida § se dejan de realizar actividades placenteras y/o obligatorias Trastorno bipolar: o Se caracteriza por estados de ánimo cambiantes entre dos polos opuestos, alternándose períodos maníacos (excesiva euforia) y depresivos. o Es un trastorno biomédico. o Requiere tratamiento psicofarmacológico. Hipocondría: o Se trata de un miedo irracional y convicción de padecer una grave enfermedad que no ha podido ser diagnosticada por los médicos. o Suelen autoobservarse y quejarse con frecuencia. o Visitan a menudo a médicos y acuden a los servicios de urgencias. o Se muestran muy preocupados por su salud. Trastornos del sueño: o Cuando los problemas de sueño se producen con frecuencia y de manera persistente, pueden repercutir de manera negativa en nuestra vida, tanto en el descanso como en el funcionamiento cotidiano. o Con el tratamiento psicológico de estos problemas, se pretende mejorar tanto la calidad como la cantidad de sueño. o Puede aparece junto a otro problema más grave como la depresión o algún trastornos de ansiedad, en cuyo caso, la intervención normalmente comienza por resolver el problema de sueño, ya que así se consigue una mejoría rápida y se facilita la intervención sobre otros tipos de problemas relacionados. Adicciones: o Cuando se habla de drogodependencia, hablamos de un consumo periódico de una sustancia. Este consumo se caracteriza por: § Un deseo dominante para continuar tomando dicha droga y obtenerla por cualquier medio. § Tendencia a aumentar la dosis. § Se produce una dependencia física y generalmente psíquica, apareciendo síndrome de abstinencia cuando se retira el consumo. § Tiene efectos negativos para la persona que consume la droga y para su entorno. o Sin embargo, también podemos referirnos a las llamadas “adicciones sin drogas”, en las que no existen sustancias cuya química esté directamente relacionada con el abuso y dependencia. Una adicción sin sustancias prototípica en nuestra cultura es el juego patológico, caracterizado por una incapacidad reconocida para resistir el impulso de jugar, además del incremento de tensión previa al momento del juego, seguido del alivio y placer asociados una vez la persona comienza a jugar. Baja autoestima: o La autoestima está muy relacionada con la satisfacción que una persona tiene con respecto a sí misma y a su vida. o Una persona con baja autoestima difícilmente se sentirá satisfecha y se sentirá incapaz de conseguir aquellos objetivos que la llevarían a sentirse a gusto con ella misma. Este trastorno suele manifestarse por: § autocrítica constante de la persona a sí misma. § autoevaluaciones negativas. § Culpa. § sentimientos de inferioridad. § predicciones de fracaso. § alta frustración ante errores. § inseguridad ante situaciones cotidianas y en las relaciones interpersonales. § poca o ninguna autoafirmación ante los demas
Uno de los aspectos menos conocidos de Gandhi, pero más importantes para él, es el de la autogestión de la salud: Aunque he tenido dos enfermedades graves en toda mi vida, creo que el hombre no tiene prácticamente necesidad alguna de tomar medicinas. De mil casos, novecientos noventa y nueve pueden tratarse con una dieta bien equilibrada, un tratamiento a base de tierra y agua y similares tratamientos caseros. Quien acude de inmediato al médico, al Vaidya [médico ayurvédico -el antiguo sistema hindú de medicina-] o al Hakim [arábigo, doctor o médico, en todos los países orientales, médico unani -método griego de medicina-] por cualquier molestia, no solo pone en peligro su vida, sino que se convierte en un esclavo de su cuerpo, en lugar de seguir siendo su amo, por lo cual pierde el control de sí mismo y deja de ser un hombre. Vale la pena analizar por qué escogemos la profesión médica. No cabe duda de que no se escoge para servir a la humanidad. Nos convertimos en médicos para obtener honores y riqueza. Me he empeñado en demostrar que en esta profesión no hay un verdadero servicio a la humanidad y que es nociva para todos los seres humanos. Los médicos hacen gala de sus conocimientos y cobran sumas exorbitantes. Sus preparados, que tienen un coste intrínseco de unos pocos peniques, cuestan chelines. El pueblo, con su credulidad y su deseo de librarse de algunas enfermedades, permite que lo estafen. ¿No son entonces mejores los curanderos, a quienes conocemos, que los médicos que se las dan de humanitarios? Hemos adquirido el hábito de llamar al médico por la más trivial de las enfermedades y, donde no hay médicos, se busca el consejo de simples curanderos. Vivimos con la fatal ilusión de que ninguna enfermedad puede curarse sin medicamentos. Esta creencia ha hecho más daño a la humanidad que cualquier otro mal. No cabe duda de que tenemos que curarnos las enfermedades, pero no son los medicamentos los que las curan. Y no solo son estos sencillamente inútiles, sino que a veces son decididamente nocivos. El hecho de que un hombre enfermo tome pócimas y medicamentos es tan tonto como intentar cubrir la mugre que se ha acumulado en el interior de una casa. Cuanto más se la cubre, más rápido será el proceso de putrefacción. Y lo mismo sucede con el cuerpo humano. La enfermedad o el malestar es solo la advertencia que nos hace la Naturaleza acerca de que hemos acumulado inmundicias en alguna parte del cuerpo: sin duda, sería sabio dejar que la Naturaleza la removiera, en lugar de cubrirla con la ayuda de medicamentos. Gandhi era un experimentador y promotor del crudiveganismo: Del examen del cuerpo humano se deduce que el hombre está condicionado por la Naturaleza para alimentarse solo de vegetales. Existe la mayor afinidad entre los órganos del cuerpo humano y los de los animales que se alimentan de frutos. El mono, por ejemplo, es muy similar al hombre en cuanto a forma y estructura, y es un animal que se alimenta de frutos. Yo siempre he propiciado la dieta puramente vegetariana, pero la experiencia me ha enseñado que, a fin de mantenerme en perfecta forma, esa dieta debe incluir leche y ciertos productos lácteos, como la cuajada, la mantequilla y la ghee. Esto significa un desvío de mi idea original. […] Pero estoy convencido de que en el vasto reino vegetal debe de haber alguno que, a la vez que suplante las sustancias necesarias que extraemos de la leche y de la carne, no tenga los inconvenientes de estas, ni éticos ni de ninguna otra clase. No considero necesario que el hombre coma carne en ningún lugar y en ningún clima en los cuales pueda vivir de ordinario un ser humano. Sostengo que comer carne es inadecuado para nuestra especie. La dieta vegetariana no tiene precio para mí. Siento que el progreso espiritual demanda en algún momento que dejemos de matar a nuestros prójimos para satisfacer nuestros deseos corporales. Por tanto, la única base para tener una población vegetariana y proclamar el principio vegetariano es y debe ser la moral. El valor ético de los alimentos crudos no tiene parangón. Desde el punto de vista económico, estos alimentos tienen posibilidades que no ofrece ningún alimento cocido. En consecuencia, procuro obtener la generosa ayuda de todos los médicos y los legos interesados en reformar dietas. Como investigador de la Verdad, considero necesario encontrar la alimentación perfecta para que el hombre pueda mantener en buen estado el cuerpo, la mente y el alma. Creo que la búsqueda solo puede tener éxito con una alimentación cruda, y que en el reino vegetal hay un sustituto efectivo de la leche que, como todo médico reconoce, tiene sus desventajas, y que la Naturaleza no ha destinado para el hombre, sino para los bebés y los cachorros animales. No creo que ningún precio sea demasiado caro para seguir buscando lo que, a mi juicio, es tan necesario desde más de un punto de vista. Por tanto, buscaré que almas afines me den información y orientación. En Inglaterra hay muchos hombres que han hecho una dieta exclusivamente a base de frutas y que han dejado constancia de los resultados de sus experiencias respectivas. Hubo quienes la adoptaron no por cuestiones religiosas, sino de salud. Un médico alemán, llamado Just, ha escrito un tomo voluminoso al respecto, estableciendo el valor de una dieta a base de frutas con muchos argumentos y evidencias. El médico, que ha curado muchas enfermedades con esa dieta, combinándola con la vida al aire libre, llega a decir que los habitantes de cualquier país pueden encontrar los elementos de nutrición en los frutos de sus propios territorios. En este sentido, quizá corresponda que cite aquí mi propia experiencia. En los últimos seis meses he comido solo frutas -he rechazado tanto la leche como la cuajada-. Mi dieta actual consiste en plátanos, cacahuetes, dátiles y aceite de oliva, con algún que otro fruto cítrico, como la lima. Aunque no puedo decir que mi dieta sea un éxito total, un período de seis meses es demasiado corto para alcanzar conclusiones definitivas sobre un tema tan vital como el cambio total de dieta. No obstante, sí puedo decir que durante ese período he podido mantenerme sano, mientras que otros eran atacados por distintas enfermedades, y que mi fuerza física y mental es mayor que antes. Tal vez no pueda levantar cosas muy pesadas, pero puedo trabajar durante más tiempo sin fatigarme. También puedo hacer más tareas mentales y con mayor persistencia y decisión. He probado la dieta de frutas y frutos en muchos enfermos e invariablemente les ha hecho bien. Mi propia experiencia, así como los estudios que he hecho del tema, me ha confirmado la creencia de que es la mejor dieta para nosotros, los humanos. La dieta de frutas resultó de lo más conveniente. Prácticamente no cocinábamos nada, puesto que lo que comíamos, por lo general, eran cacahuetes, plátanos, dátiles, limas y aceite de oliva. En los cinco años que hice esa dieta nunca me sentí débil y nunca enfermé. También durante ese período mi cuerpo funcionó a su máxima capacidad, tanto que un día caminé más de 80 kilómetros, cuando lo habitual en mí eran 60 kilómetros en un día.5 Gandhi llevó una vida simple, confeccionaba sus propias piezas de ropa y se oponía radicalmente al maltrato de los animales:6 Siento que el progreso espiritual nos demanda que dejemos de matar y comer a nuestros hermanos, criaturas de Dios, y solo para satisfacer nuestros pervertidos y sensuales apetitos. La supremacía del hombre sobre el animal debería demostrarse no solo avergonzándonos de la bárbara costumbre de matarlos y devorarlos sino cuidándolos, protegiéndolos y amándolos. No comer carne constituye sin la menor duda una gran ayuda para la evolución y paz de nuestro espíritu. Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. Mahatma Gandhi