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Autor: Horacio R. Cendra - Pais: Argentina - Ciudad: Cap.Fed. Ensayo - Género: La vida Quien dijo que no lucha por causas perdidas, es aquel que probablemente este surgiendo de las cenizas con mas vigor y mas fuerza. Se dice que la unica forma de ver el momento de mas esplendor del Fenix es cuando sus alas se despliegan desde su tumba cuando ya todos se fueron y no pueden apreciar su magnitud. Un poco Fenix y un poco Mar, no dejo de ser yo, aunque los golpes sean cada vez mas duros, mas brillante me alzo entre los cielos de mi corta eternidad, mas ajeno al dolor y mas fuerte. Pobres las almas anonimas que buscan el secreto aquel capaz de enloquecer. Tristes y malditas queriendo abatir aquello a lo que no pueden llegar. Que tan duros pueden ser los golpes que reciben las sombras? Que tan dolorosos para las sombras y que tan agotador para nosotros mismos? Una vez, mas alla de mi vista, cuando el tiempo para mi no tenia limites me senti Justo, sentia que la Verdad estaba de mi lado, ignota presea que es tan sabia que no toma partido por lucha alguna. Y hoy aqui sentado frente a una pantalla, jugando a ser Mar y sintiendome Fenix, solo soy , un poco mas sincero, un poco mas temeroso y por eso cada vez un poco mas humano. Si bien la Soledad no deja de ser mi aliada, a veces me hallo rodeado de gente. Ella aun asi puede envolmerme en su nebulosa, haciendome escuchar mis silencios,mis pensamientos, mis recuerdos, no me dejara, por que le gusto demasiado y me necesita tanto como yo a ella, esa crueldad fria y majestuosa que es la soledad, la conozco desde mis entrañas, me hipnotiza y me atrapa. La soledad somos nosotros mismos en compañia del pasado , ese que nos gustò nos atrapò y hoy quisieramos volver. Sentado en la colina de mi vida, viendo con un poco de nostalgia mi pasado y con mucho cansancio mi futuro. Disfrutando el extasis de saborear las palabras, una vez mas, sabiendo que en su abrazo podrè alejarme de esta realidad que es tan fria y tan tangible que da miedo. Sabiendo que detras de una placard, duerme la locura disfrazada, y a una distancia imaginaria de mi , lloran las lagrimas que no puedo evitar. Luchas perdidas no habra en mi camino, sepa el mundo que descubri que cada batalla que perdi es por que nunca la luche. Pero hoy mi esperanza espera y aunque deba pagar mi tardia resistencia, despues de haber flaqueado varias veces, mi camino esta mas empinado y mas rocoso, piensen algunos que lamentablemente por que justo en el momento en que mis piernas estan mas fuertes y mi cuerpo renovado despues de haber sido curtido por el calor del Sol. Y alla estas y me esperas, se que vale la pena descubrirte un poco mas, por el resto de mi vida. Aunque la Soledad me siente a su lado, y me abrace haciendome saber la lujuria de su inmensa eternidad, y aun sabiendo que no podre nunca estar sin ella, se que con el tiempo que nos queda por delante aprenderas que somos uno, y te dejaras enloquecer por el abrazo de nuestra alma solitaria. Aqui estoy cada dia, menos soy yo y mas pròximo a lo que tu quieres que sea. Mas de nadie, mas fuerte, mi energia hecha dos almas, hoy lloro, lagrimas que deberian ser mias, pero aguarda la Alegria que espera sentada en un rincon, por que su timidez no le permite acercarse. Mas de nadie, pero a tu lado, sabiendo quien eres, y con temores a que seràs. Buenas noches amigos, no piensen que ya me fui, siempre estoy aunque un poco mas lejos de vez en cuando para poder apreciar la esencia de aquello que en la cercania solo se desdibuja..... Fuente: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=234&pag=1
Autor: Ely - Pais: Argentina - Ciudad: Buenos Aires Cuento - Género: Suspenso Se cayó de la cama, todo había sido un sueño, una pesadilla o un deseo anhelado, ensuciado por el remordimiento de su conciencia. Los segundos retumbaban en su cabeza, aún cuando sabía que el reloj se encontraba muy lejos de donde él estaba. El cielo se cubrió de nubes alertando la llegada de una gran tormenta, se estremeció, el momento habia llegado, la hora que tanto habia esperado por fin se abría paso ante él. Caminó sigilosamente por la habitación esperando a que los otros finalmente se hallan ido. Estaba listo. De su media sacó una navaja y terminó de cortar el metal que lo detenía, tenía que actuar con rapidez, sabía con exactitud que a la media hora volvian los otros, y no tenia tiempo que perder. Previamente realizado lo necesario para que no denoten su ausencia, por lo menos durante unas horas, corrió la cama y se introdujo en el conducto. No tenía linterna y estaba muy oscuro, aún así siguió avanzando, muchas veces advirtió que algo le recorria los pies, las manos, u otras partes del cuerpo mas escondidas entre su escasa ropa, pero el miedo y el susto no hacían efecto ante él, soportaba cualquier cosa. No sabía cuanto tiempo llevaba ahí dentro, pero podía asegurar que hacía mas de una hora que venía avanzando sin parar. Se detuvo para tomar la última gota de agua que quedaba en su cantimplora, la cual había robado de su compañero fallecido. A pesar de no sacear su sed, siguió adelante. Las gotas de sudor le recorrían el cuerpo como lo hace la lluvia cuando baja revoloteando por las montañas hasta llegar al suelo, donde se une a las demás y olvida su individualidad. En su mente revivia todos los momentos pasados mientras continuaba por el conducto, ya no le importaba más nada, ni la insistencia de su madre, ni la infiel de su esposa... quería perder la memoria, olvidarse de todo, de todos, quería volver a nacer pero ser otro en cuerpo y alma, alguien diferente, que no tenga ni hasta la última huella de lo que el era antes, ¿podría lograrlo acaso?. Se dio cuenta como el conducto empezaba a humedecerse, la tormenta había comenzado, sabía que esto le dificultaba los cosas, pero quiso seguir igual. La humedad se convirtió en gotas y tiempo después el agua comenzó a cubrirle las rodillas. Tenía que darse prisa, pero estaba exsausto. De todas maneras continuó con el mismo ritmo con el que venía avanzando. De repente reparó que el camino comenzaba a esclarecerse, pensó que estaba cerca, se entusiasmó y se llenó de placer durante unos instantes. Salió a la luz, aunque está no era tan clara debido a la hora y a la presencia de una inmensa tormenta. Se alegro de haberse liberado del conducto justo antes de que el agua le cubriera las piernas. Se paro, sintio la lluvia que lo empapaba y el viento que hacia alvorotar los pelos que aun tenía secos. Se regozigó con tan solo pensar en lo que habia dejado atrás, volteó su cabeza y observó, empezó a reirse y tuvo ganas de gritar, pero se contuvo ante el inconveniente que podría causarle eso. Corrió libremente por el enorme espacio verde frente a sus ojos, quedando muy atrás la gigantesca mole que lo habia contenido esclavizado por más de trece años. De pronto sintió una extraña sensación, no sabía a donde ir, y por primera vez en su vida experimentó el miedo, parecía estar perdido en medio del espacio sin encontrar un lugar propio, algo que lo mantuviese estable, no queria dormir, no queria comer, no queria hablar, no sabia que le esperaba ni cuanto tardaría en llegar eso que tanto esperaba, o no. Pensó en aguardar a que algo suceda, pero estó lo atemorizó más y volvió a correr. Se mantuvo así varios minutos hasta que finalmente tropezó con una piedra. Sus ojos le daban vueltas, su respiracion se aceleraba; lo único que visualizaba era una luz... Una extraña luz blanca que poco a poco se fue convirtiendo en gris, hasta llegar a ver claramente el techo de la tortura, las paredes de su apresión... Fuente: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=34&pag=1
Autor: Leandro Giraldez - Pais: Argentina - Ciudad: Santa Fe Cuento - Género: Terror Transitaba por la ruta que me llevaría a la casa de mis padres, a los cuáles no veía desde hacía un largo tiempo. Era la primera vez que iba por este camino y me pareció bueno, pues había pocos autos y podía ir ligero. El único inconveniente era que las estaciones de servicios estaban muy alejadas unas de otras, y un problema con el vehículo me significarían muchas horas de espera. Parecía una tarde que iba a ser soleada, sin embargo y sin previo aviso, comenzó a llover y un gran viento se levantó. Era tan fuerte que lograba mover el auto hacia un costado; incluso hasta tenía miedo de que me hiciera chocar con otro vehículo que venga del lado contrario. También hacía que se agiten las hojas de los árboles de tal manera que me mareaban y lograban desconcertarme. Pasaron los minutos; la lluvia se hizo más fuerte y ya no podía ver los letreros que pasaban a los costados. El manejar se me hacía cada vez más dificultoso e incluso el volante se me escapaba de las manos, como si el viento mismo condujera el auto hacia mi destino. El caer de las gotas de lluvia sobre el auto era tan intenso que no me dejaban escuchar ni siquiera el motor, entonces encendí la radio. Oí en las noticias que los vientos superaban los ciento veinte kilómetros por hora y por esto, decidí disminuir la velocidad. Creía que yendo más lento no tendría ningún problema conduciendo, pero me equivoqué. De repente un golpe seco se sintió sobre el parabrisas y un alarido retumbó, pero fue acallado rápidamente por la lluvia. El miedo me invadió, pues había atropellado a alguien. Frené y detuve el motor. Me quedé inmóvil en el auto; me pareció que pasaron unos minutos y miré hacia el parabrisas: había sangre, pero ninguna marca de un golpe... Mi mirada permanecía sobre la sangre. Parecía que la fuerte lluvia no quería que me olvide de que agonizaba alguien afuera, pues no lavaba la mancha. Abrí la guantera muy nervioso, tomé el impermeable y me lo puse. Jamás había tardado tanto en abrir la puerta del auto... tenía miedo de enfrentarme a la realidad. Ya afuera comencé a buscar a quien había atropellado, pero ni siquiera había rastros de que algo hubiera pasado allí. Estuve unos minutos recorriendo el lugar, pero no encontraba nada. ¿Podía ser que lo que atropellé se haya escapado? Regresé al automóvil y sorprendido, vi manchas de sangre sobre el asiento; pero rápidamente me tranquilicé, pues seguramente cuando abrí la puerta del auto las gotas sobre el parabrisas habían entrado. Encendí el vehículo y continué con mi camino. Me autoconvencí de que no podía haber sido una persona lo que había atropellado, pues nadie en su sano juicio estaría a merced de esta tormenta infernal ni tampoco en una ruta completamente vacía. Ya me sentía mejor, casi no estaba nervioso, pero no sabía que esto recién comenzaba... El auto se detuvo justamente cuando un aterrador rayo se disparó desde las nubes. Había combustible, las baterías estaban cargadas, el auto era nuevo... ¿Cómo es que se detuvo? Tampoco había forma de que arrancara, los intentos por hacerlo eran en vano. Me bajé del auto sin impermeable, pues no me importaba, igualmente estaba todo mojado. Logré llevar el auto fuera de la ruta y luego entré nuevamente. En ese momento decidí quedarme a dormir allí, pues ya oscurecía. Comenzaba a dormirme, pero un extraño ruido me despertó. La lluvia había parado y ya era de noche. Miré hacia el asiento trasero, pero no había nada, entonces me quedé atento, esperando otra vez ese ruido. Pasaron varios minutos y nuevamente se repitieron. Estaba desconcertado, me intrigaba saber de dónde provenían los ruidos y entonces decidí salir del vehículo. Miré el auto desde todos los ángulos, no parecía haber nada anormal, hasta que noté que del baúl un hilo de sangre se desprendió. En voz alta me dije "¿Todavía quedó sangre de lo que atropellé?" Era imposible, pues la colisión había sido de frente. Vi algo que se movió dentro del auto, y no tuve dudas, alguien estaba allí. Abrí el baúl para buscar un hacha que siempre llevaba, pero no se encontraba. Mantuve los ojos abiertos y dirigidos al coche; nuevamente vi un movimiento en el interior e instantáneamente el corazón comenzó a latirme fuertemente. Tomé un palo del suelo para pegarle a lo que haya dentro del vehículo y sin esperar, abrí la puerta trasera, pero alguien saltó sobre mí, tirándome al suelo. Lo pateé y logré verlo. Tenía el rostro horriblemente desfigurado, pero lo que más me aterró fue que en sus manos sostenía el hacha que me faltaba. Conseguí desprenderme de él y corrí hacia el campo desierto. Llegué al alambrado, pero la desesperación hizo que me quedara enganchado entre sus púas. Intentaba liberarme, mientras miraba cómo el maniático se acercaba con el hacha en sus manos. Finalmente me libré, y corriendo de un lado hacia otro, esquivándolo, llegué hasta el auto. Saqué de la caja de herramientas que allí tenía, un martillo grande y me dirigí hacia el sujeto. Me encontraba frente a frente con el maniático. Él con su hacha y yo con mi martillo. Estábamos solos los dos, sin nadie a nuestro alrededor. De un salto trató de llegar a mí, pero le arrojé el martillo sobre su cabeza y el golpe lo desplomó. Estaba inmóvil y creí que lo había desmayado. Me acerqué lentamente. Tenía una gran marca amoratada en su frente. Parecía un hombre de unos cuarenta años y estaba desfigurado, pero no era por el choque. Salté cuando vi que sus ojos se abrieron, pero parecía que no podía moverse demasiado. Me quedé observándolo un rato, esperaba que muriera. Recordé que tenía un recipiente con nafta en el baúl y entonces fui a buscarlo, pero cuando regresé, el sujeto ya no estaba tirado. Giré y miraba hacia todas partes; parecía que se había perdido o que se lo había tragado la tierra, hasta que al fin lo vi bajo el auto, y todavía sostenía el hacha en su mano. Sentía el agudo silbido del viento, el cual parecía que aconsejaba deshacerme del tipo. Entonces me agaché y tomé el hacha sin mayor resistencia, pues él ya había muerto. Arrastré el cuerpo hacia la zanja y lo rocié con nafta. Encendí un fósforo y se lo arrojé. Me quedé mirando cómo el cuerpo ardía y cada parte se chamuscaba. Era tan intenso el calor, que las hojas húmedas por la lluvia igualmente se encendían. Trataba de tranquilizarme, pero sabía que a esta hora de la noche cualquiera podía ver este gran fuego desde lejos. El cuerpo se calcinó y, con ayuda de algunas ramas, logré hundirlo en un gran charco de lodo que había unos metros más adelante. Regresé al coche y después de dos intentos, encendió. Continué mi camino. Estaba totalmente agotado y llegué a una gasolinera. Llené el tanque, pues quedaban muchos kilómetros por recorrer todavía. Transcurrió el tiempo, ya era de mañana, y llegué a un cruce, donde los agentes de Recursos Naturales estaban haciendo un control, pues en esa época, estaba prohibida la caza de algunos animales. Como pocos venían por ese camino, estuvieron un rato largo observando el vehículo, incluso revisaron el baúl y dialogaron entre ellos, mientras yo leía un catálogo que me habían entregado. Finalmente, después de diez minutos uno de ellos me dijo: - ¿Estuvo cazando? - No, ¿porqué lo dice? - Es que veo manchas de sangre en su vehículo. - Ahh... Sucede que en la tormenta atropellé algún pequeño animal, pero no le hizo daño al auto. Pasaron segundos, el agente me miró fijamente a los ojos y yo a él. Finalmente me dijo con frialdad: - Queda usted detenido. Al sentir esas palabras el cuerpo se me heló, y sólo me preguntaba para mí ¿qué sucedía?. Y en unos segundos, más palabras me destruyeron por completo: - Hallamos un cuerpo carbonizado en su baúl. FIN Fuente: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=2&pag=1
Autor: Tony García - Pais: España - Ciudad: Madrid Cuento - Género: Fantasía épica Una incesante y estruendosa tormenta eléctrica se cernía en aquel cielo gris y nublado. Truenos y relámpagos hicieron eco entre las montañas. Aunque prácticamente era de día parecía que estaba anocheciendo. Mi nombre es Thanatos. Yo me encontraba con mi unicornio negro, concretamente en la plaza de un antiguo anfiteatro al lado del mar. Todas las gradas de aquel anfiteatro estaban ocupadas por mis aliados que iban vestidos igual que yo. Mi vestimenta iba acompañada por una túnica negra y una capucha que me recubría todo mi rostro, pero podía ver a través de una fisura de la tela. Llevaba una espada de cobre, apretándola con mi mano derecha. Estaba a punto de iniciar un duelo contra un adversario que se hacía llamar Prometeo. Prometeo iba acompañado con un unicornio rojo. Él tenía en sus manos una espada de plata. Su vestimenta era una túnica roja que le recubría su cabeza. Dejaba su rostro al descubierto, mostrando su cara desfigurada por quemaduras que le provocaron la muerte en su anterior vida. La nariz la tenía destrozada, sobresaliendo los orificios óseos. Él estaba condenado por el Tribunal del Purgatorio a enfrentarse contra mí. Todos mis siervos se alzaron de las gradas para dar paso a mi contrincante. Entró por la puerta principal del anfiteatro a la vez que se sentían los estruendosos truenos y relámpagos mientras que la intranquilidad constante del mar hacía notable el vaivén de las olas. El unicornio rojo de Prometeo a cada paso que marcaba en el suelo hacía empolvar la arena a la vez que mi enemigo miraba con detenimiento a mis aliados en ambos bandos del anfiteatro. Con cara de total seriedad él dirigió su mirada hacia mí. Mi unicornio negro dio unos pasos hacia delante al mismo tiempo que una bandada de cuervos se alzaron sobrevolando el anfiteatro. Tanto yo como él nos detuvimos a la vez, a unos varios metros. Y yo aproveché para intercambiar una conversación con mi contrincante. Thanatos: Llegó la hora, Prometeo. - Dije alzando la voz cuando la luz de un relámpago me deslumbró. Prometeo: Yo tan sólo quiero liberarme de este Purgatorio. Thanatos: Pues antes tendrás que enfrentarte contra mí. Tu estás aquí para pagar por tus pecados que hiciste en tu vida pasada. Prometeo: Que el Destino sea quien lo decida. Al instante se sentía el cielo relampaguear y resonando en todo aquel anfiteatro. Ambos hacíamos presión con las manos en nuestras espadas. Yo ordené a mi unicornio negro que saliera a galopar velozmente contra el adversario. Prometeo hizo lo mismo con su unicornio rojo, al darse cuenta de mis intenciones. Ambos unicornios empezaron a galopar levantando la arena del suelo a cada galopada. A medida de que nos acercábamos el uno hacia el otro, en pocos segundos nos preparábamos nuestras espadas, alzándolas para arriba y así contraatacarnos mútuamente. Al encontrarnos frente a frente, los unicornios al no frenar se chocaron entre sí. Eso lo que provocó en ambos animales que estuvieron a punto de perder el equilibrio pero supieron estar firmes alzándose entre ellos. A partir de ese momento yo y Prometeo nos enzarcemos en un duelo de espada contra espada. A la vez los unicornios aprovecharon para contraatacarse entre sí, cuerno contra cuerno. En un momento mi espada rozó la cabellera de Prometeo; éste consiguió agachar su cabeza logrando esquivar mi movimiento. El duelo entre espadas continuó hasta el riesgo de golpear ambas espadas entre sí, haciendo presión la una contra la otra. Yo conseguí rematar el golpe echando afuera a mi contrincante de su unicornio. El golpe fue tan potente que él se cayó al suelo pero deslizándose y arrastrándose en la arena varios metros. Aproveché para atacar al unicornio rojo. El animal se percató de mis intenciones y se alzó para intentar atacarme con sus garras. El mío se abalanzó sobre él para impedírselo y yo le clavé mi espada de cobre en lo más profundo. Luego rápidamente saqué la espada ensangrentada de su tórax. El unicornio rojo rechinaba muy dolorosamente brotando mucha sangre hasta desplomarse muerto contra el suelo. Mis siervos me alabaron al conseguir derrotar a ese animal. Sus voces se sentían de lo más profundo de ultratumba. Prometeo contempló la escena de esa muerte con expresión de sorpresa. Él cogió su espada de plata y enfurecido se dirigió corriendo hacía mí. Al llegar él frente a frente mi unicornio se elevó para atacarlo y él se dispuso a agacharse y voltearse, pasando por debajo del animal para así incrustarle violentamente la espada contra el tórax. A partir de ese momento mi unicornio rechinaba profundamente del dolor, perdió el equilibrio y se estampó estrepitosamente contra el suelo. Yo comprobé que el animal ya estaba muerto. Me levanté y observé a mi enemigo que se encontraba a unos cuantos metros. Él se mostraba impasible y serio mientras que mis aliados le abucheaban con desprecio. El fuerte viento empezó a levantar la arena del suelo haciendo remolinos. Aún continuaban sintiéndose relámpagos, pero esa vez estaban más moderados. Nosotros seguíamos estando distanciados a unos metros pero yo me decidí a dar un paso hacia delante para hablarle a Prometeo. Thanatos: Prosigamos. - Dije alterando mi tono de voz. Los dos nos dirigimos a toda prisa el uno hacia el otro para enzarzarnos de nuevo en una lucha de espadas, cuerpo a cuerpo. Durante ese duelo yo podía sentir como los golpes de la espada de Prometeo contra la mía eran cada vez más incesantes. Podía percibir como la impotencia agresiva impregnaba el alma de mi adversario. Entonces él golpeó su espada contra la mía con tal fuerza que logró que mi apreciada arma saliera despedida al suelo varios metros. Prometeo: Arrodíllate. - Me dijo él amenazándome con su espada. Yo hice caso a lo que me decía y me arrodillé frente a él. Todos mis siervos se levantaron de sus gradas, sorprendidos de mi vulnerabilidad al no tener un arma. Él elevó su espada para decapitarme pero me di cuenta que uno de mis aliados abrió una puerta y repentinamente marchó corriendo hacia las gradas, ya que se sintió un rugido procedente de una bestia. Prometeo se giró para comprobar de dónde procedía ese rugido y cuál fue su sorpresa al ver que entre la puerta se presentaba un león de abundante melena. Él se quedó algo aturdido sin saber como enfrentarse a ese enorme animal. El león mostró su lado más irascible dirigiéndose velozmente hacia Prometeo para abalanzarse sobre él. Ambos, tanto el animal como él, se arrastraron dando simultáneas vueltas en la arena. El animal le hizo varios rasguños y cuando se disponía a devorar a Prometeo, éste le incrustó hábilmente y profundamente la espada en el tórax. Rápidamente él se apartó del animal. El león cayó al suelo, lo que hizo que la espada penetrara más en el profundo cuerpo de la bestia, acabando con su vida. Prometeo permanecía exhausto tumbado en el suelo. Intentaba ponerse de pie pero parecía que todas sus fuerzas fueron robadas por aquel león que ya descansaba en paz. Yo ya me había levantado después de estar arrodillado y me encaminé lentamente a dónde estaba mi contrincante. Thanatos: Mírate, Prometeo. Indefenso. - Dije en tono lamentable - Has malgastado todas tus energías contra ese animal. - Hice una pausa para recoger mi espada que estaba distanciada a unos metros. Cuando volví hacia Prometeo, que aún se mostraba exhausto, continué la conversa - Nuestra lucha la doy por concluida. Tienes dos opciones... Ríndete o alíate como siervo mío. Tú decides. Él, que continuaba tumbado, se giró para verme y responderme. Prometeo: Yo estoy harto de tanto sufrir. Ya tuve suficiente con el castigo que sufrí en mi pasado. - Dijo con palabras entrecortadas debido a que estaba agotado. Thanatos: Si, es cierto. Pero aún así te mereciste sufrir por lo que hiciste. Cómo titán que eras, ¿por qué osaste en robar el fuego de los dioses para otorgarlo a los hombres? Podrías haber esperado a que los hombres descubrieran la existencia del fuego por sí mismos. - Dije alterando mi tono de voz a cada palabra - Como castigo fuiste encadenado a una piedra y Zeus me ordenó enviar un cuervo, dónde día tras día te picoteaba el vientre y te devoraba el hígado. Aún así durante la noche el hígado volvía a regenerarse para que al día siguiente volviera el cuervo a devorártelo de nuevo. - Dije fríamente mientras proseguía - De todas formas fuiste liberado. Y dime, ¿por qué decidiste poner fin a tu vida como titán entregándote a un lago de fuego? Prometeo: Porque realmente perdí toda esperanza en volver a reconciliarme con Zeus. - Decía con ojos lagrimosos, mientras que poco a poco se levantaba del suelo. Thanatos: Pues lo que conseguiste era acelerar el transcurso de tu vida. Tú creaste tu propia muerte. Prometeo se acercó lentamente a mí con ojos llorosos. Se detuvo frente a frente. Me miró y me abrazó fuertemente, llorando. Todos mis aliados se alzaron de sus gradas ante el extraño comportamiento de mi adversario. Prometeo: Aquí me tienes. Deseo salir de este Purgatorio. - Decía, alzando su mirada hacia el cielo gris - Deseo purificar mi alma para así tener otra oportunidad... que me teletransporte a mi pasado. A partir de ese momento yo le aparté sus brazos de mí porque ya sabía lo que tenía que hacer. Le empuñé mi espada de cobre contra su abdomen. Él hizo un profundo grito de dolor que provocó eco en todo aquel anfiteatro y los cuervos se espantaron. Miró al cielo entre gritos y lágrimas. Luego bajó su mirada hacia su abdomen y comprobó que sentía mucho calor y dolor. Dentro de su alma se veía como si se formara un fuego muy rojizo. Parecía como si se tratara de una combustión espontánea. Le incrusté la espada más profundamente y repentinamente las llamas de fuego en su interior se alteraron. Él gritó profundamente y comenzaron a salir de su propia alma potentes destellos de luz blanca. Yo empecé a quemarme una poca parte de mi túnica y decidí apartar la espada de él y separarme unos cuantos metros. Vi como el fuego purificador comenzó a rodearle de pies a cabeza en un santiamén. Al cabo de unos segundos el alma de Prometeo desapareció entre las llamas. El fuego purificador lo que hizo al mismo tiempo era teletransportar el alma de Prometeo hacia sus inicios como titán. Mientras, en el anfiteatro, cayó una abundante lluvia que fue propicia para apagar las flamas de la túnica roja de Prometeo que yacía carbonizada en el suelo. Todos mis siervos y yo nos dispusimos a desaparecer de ese lugar para irnos a nuestro mundo de origen, el Hades; y volver día tras día al Purgatorio por si había más almas a las que enfrentarse para purificarlas o que deseaban aliarse conmigo. F I N Fuente: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=24&pag=1
Registrate y eliminá la publicidad! Autor: Horacio R. Cendra - Pais: Argentina - Ciudad: Cap.Fed. Ensayo - Género: Amor Alguna vez escucharon eso de que las mejores historias de amor son las frustradas? Yo no creía en eso hasta que esta historia me lo dejo pensando. Una de esas historias en las que rogás que los protagonistas se queden juntos al final pero si lo hicieran la magia se terminaría sin más ni más. Obviamente no podré dar nombres, lo que se le cuenta al Mar es como una confesión, hablando de confesiones lo que les contaré habla mucho de creencias. Una vez dos seres que pertenecían a grupos que no compartían sus creencias se conocieron sin verse, y no pudieron evitar sentir una inmensa atracción el uno hacia el otro, las diferencias hicieron más notorias las cosas que tenían en común. Las ideas eran compartidas y conocer tanto de algo tan distinto no pudo dejar de interesarles, eran seres curiosos, con sed de aprender de conocer, y sobre todo de crecer. El cambio era la única norma y si estaban juntos se aislaban de todo lo demás. Pero lamentablemente todo lo demás existe y muchas veces es más fuerte de lo que creemos. Y aunque querramos con todas nuestras fuerzas impedirlo, el todo lo demás empieza a querer ser el único todo y a veces lo consigue, para mala suerte o no, de nuestros protagonistas ese fue el único todo a fuerza de presiones y desequilibrios. Ocultarse para siempre es imposible, mas cuando en todo nuestro ser comienzan a notarse los cambios de una felicidad que es mas grande que nosotros mismos, ahí empiezan los males... los de afuera que no lo pueden entender intentan destruirlo por que siempre se le teme a lo desconocido. Los problemas se hacen demasiados sobre todo para esos seres que idealizan la vida. En este caso las presiones hicieron notorias las diferencias que creían que los hacían un solo ser entre ambos, uno de ellos opto por la rebelión, idealista al máximo, creyó tanto en su realidad que aun hoy sigue creyendo que podría haberle ganado al "todo lo demás", el otro ser, sin embargo creyó más apropiada la distancia y el tiempo para que las presiones disminuyeran. Esta decisión enloqueció a su compañera que consideraba que nada podía ser más fuerte que lo que los unía, y caratuló de cobarde esa propuesta. Como se imaginarán el final fue abrupto con muchas heridas, y otras tantas lágrimas que no debían estar pero fueron inevitables. Finalmente gano el todo lo demás, el fue más fuerte que su propia realidad. Ahora me pregunto, si a esta historia la hizo inmortal que no fuera, que lo demás ganara; si gana el sentimiento, las historias mueren?? Fuente: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=240&pag=1
Autor: Horacio R. Cendra - Pais: Argentina - Ciudad: Cap.Fed. Ensayo - Género: El mundo Una vez mas buscando las palabras adecuadas, no puedo evitarlo, por que el dolor sigue en mis fragiles venas y asi reclama que lo haga existir, aunque parezca imposible pensar que pueda soportar en mi la fuerza de una soledad que es imposible resistir... Ahi esta, y es tan fuerte que este cuerpo a veces cansado solo sigue caminando por la voluntad de existir. Regreso como se vuelve a la vida despues de un largo sueño, despues de haberme sentido tan fragil e impotente. Y aqui estoy para calmar a las almas solitarias y perdidas, para aterrar a los seres omnipotentes que creen poder con todo, para sorprender a los escepticos y para convertir a los ateos con la fuerza de mis aguas, que se dividen pero no se vencen facilmente. Por que el poder del Mar puede ser cuestionado y desafiado, pero quien puede mas que palabras pronunciar contra el? quien se siente capaz de dominar cada ola y cada misterio en su profundidad? No hay mayor Nemesis que nosotros mismos. En mi caso es un pelea dura de combatir, sabiendo que cada vez que soy mas fuerte, embatire aun con mas fuerza contra mi. Con sueños tan reales como se puedan saber por que solo sabiendolos son, con palabras que calman y controlan aun al mas fuerte de los Dioses perdido en esta realidad, fortalecido,con miedos, soledades solitarias y frias, melancolias y angustias anonimas, regado con lagrimas y misterios, soportando con creces los juegos que mi mente me presenta, y los avatares que tenga la vida preparados para mi, sabiendo que no tengo mas de lo que puedo soportar y que aun mas debere fortalecer mis brazos, por que el deseo secreto de un niño jamas es denegado, y los sueños son trascendentes mientras se crea en ellos, asi como la Soledad puede convertirse en un ente tangible solo si la sentimos asi. Cada vez mas seguro de que el mundo esta ahi solo para que la mente lo traduzca a la realidad. Como presentarme una vez mas despues de tantas veces que me senti ir? como creer que no soy mucho mas que estas palabras plasmadas y pensadas una a una, unidas por un breve misterio de mi alma? Como creer que no soy mas que el fruto de mi imaginacion, viviendo lo que quiero sin saberlo? Y con tanta seguridad sabre que no controlo ni puedo con nada. Porque hay Misterios que rodean mis pensamientos, que se fortalecen conmigo cuando los oigo, por que saben que nada los hara tan reales como mis palabras creandolos. Por que tengo ese secreto de presentir con antelaciòn que es lo que va a suceder, cual Pandora esparciendo los sentires que hay a mi alrededor, mientras ellos esperan que les devuelva su pesar , sabiendo que lo ultimo que podre hallar es la Esperanza que hay en cada alma y asi iluminar por un instante sus vidas. Mas fuerte de lo que creo, sigo aca aunque silencioso, para atormentar a los que desafian a los debiles, para crear con mis palabras sensaciones que permitan caminar en este Bosque de Sonrisas Mudas ocultas entre las ramas de la Duda, sabiendo que no hay ningun Valle de Lagrimas, por que las Lagrimas son solo mias y se las llevò el viento para no dejar rastros de lo que fue una angustia sostenida por la ida de los seres que tanto amè. Postulando que la Vida no es tal si no la miramos con ganas, esperanza y fè y que la Fuerza solo existe en la medida que querramos sentirla. Tan solo estarè aqui lo que sea necesario para poder escuchar los secretos que debas confesar, y me irè cuando me pidas ese consejo que tanto esperas. Hola, otra vez... Vamos , con confianza , cuentame ...que te pasa .....
Mención honorífica del «Concurso de Cuento Corto Latinoamericano» convocado por la Agenda Latinoamericana'2004, otorgado y publicado en la Agenda Latinoamericana'2005 Desde antes de la salida del sol, una mujer de origen haitiano corría velozmente por la calzada de una importante avenida de Santo Domingo, para colocarse en su puesto de trabajo antes que llegara el chinero o el vendedor de naranja, quien le estaba disputando ese puesto ubicado debajo de la escalera de concreto armado de un enorme puente peatonal que cruzaba la importante autopista Duarte de la ciudad de Santo Domingo, la haitiana llevaba consigo una niña de piel oscura igual que ella, colgada en un brazo casi guindando, mientras que en el otro llevaba un amplio cartón lamparazo y una vieja cartera muy maltratada. Desde muy temprano procuraba colocarse en su puesto de trabajo debajo del enorme puente por donde pasaban millares de personas desde muy temprano, la mujer no era estudiada, con facilidad se podía determinar, además hablaba un pésimo español el cual nunca había estudiado, aunque lo hablaba con muchísima dificultad, pero parecía que tenía otros conocimientos que le eran más útiles, aunque estoy seguro de que tampoco los había estudiado, eran aspectos de la sociedad dominicana que le ayudaban a ejercer muy bien su trabajo, tales como: ubicarse en su puesto de trabajo mucho antes que los transeúntes estuvieran recorriendo las calles con sus recios pasos, y lo hacía con su única herramienta que tenía para laboral, la cual era la niña de la mirada perdida, una niña que aunque no era ciega lo aparentaba perfectamente, engañando así con suma facilidad a los que transitaban por el lugar, la niñita que no llegaba a los cinco años de edad era de origen haitiano al igual que la mujer que supuestamente la atendía, aunque parecía que no eran parientes una de la otra, por la forma abusiva que dicha señora sometía a esa pobre criatura, donde las duras jornadas de trabajo eran muy crueles, donde la niñita tenía que permanecer en un lugar fijo hasta más de quince horas corridas diariamente, que más que una jornada de trabajo yo diría que eran jornadas de torturas inmisericordes, porque la pobre haitianita tenía que aguantar aire, sol y sereno, donde tenía que simular muy pacientemente la ceguera que no existía en su vida, acostada siempre en el rústico suelo, encima de un cartón sucio y mal oliente, con su carita lánguida y afligida, mostrándola al publico para que no se escapara de la culpa que tenía que pagar, por haber mirado un rostro que partía el alma en mil pedazos. Esa pobre niña se tenía que mantener así en una misma posición casi por el día entero, como si estuviera frisada o petrificada, como si fuera una estatua negra hecha en honor a la esclavitud, y se mantenía así sin importar el fuerte sol que muchas veces hacía en aquel lugar, de aquellos días calientes de mi país tropical, y no eran pocas las veces que le rodaban las lágrimas por las mejillas sucias de polvo y humo, cayendo las lágrimas pintadas de negro en el asqueroso cartón, y todo por lo fuerte que le llegaban los rayos de sol, rayos que no tenían condolencia de nadie ni de nada, pero aun así ella se mantenía en su posición tranquilita, sufriendo con valor, día tras día, obligada claro está por su compatriota tutora que por cierto se veía fuerte y muy apta para trabajar, con esos músculos bien formados y con una juventud que aún no se había alejado de su vida, pero ella se sentía mejor, recolectando algunas monedas que la gente le lanzaba al caminar cuando se veían con el alma partida por haber observado de reojo a la haitianita que siempre daba compasión. Pero esos pesos, que muchas veces rodaban por doquier, eran precisamente el más grande estímulo que tenía la fuerte mujer haitiana para no trabajar, por lo cual cada día ponía mucho más empeño en su fácil trabajo y mucho menos condolencia en la niñita que ella arrastraba hasta debajo del enorme puente peatonal, niña que muchas veces estaba llena de llagas contaminadas de humo de vehículo y polvo de la calle difícil de sanar, quizás no sanaba fácilmente por el duro sometimiento a esas jornadas de castigos, que eran sumamente abusivas, donde primero tenía que aguantar el fuerte frío de las madrugadas que le hacía temblar cruelmente a la intemperie, luego el fuerte sol de un país caribeño como el nuestro que le tostaba la tierna piel a muy alto grado de calor y por último otra jornada de frío en las noches de frías brisas sin contar todo el humo que tragaba, el polvo que respiraba, la lluvia que la empapaba y un sin numero de cosas que pasaba la pobre niña de la mirada perdida sin tener doliente alguno. Ciertamente que las crisis económicas de los países subdesarrollados son una calamidad muy triste de ver y más aun de vivir, ya que los sufrimientos de esos pueblos son inimaginables por los habitantes de los países desarrollados, por ejemplo, nuestro país desde que yo tengo conocimiento siempre ha estado muy mal económicamente, pero al momento de yo escribir estas líneas estaba en una situación que mas que caótica era una situación horrible y miserable, era un caos por donde quiera, según se decía, era la situación más difícil jamás vista en todos los tiempos de la historia republicana, no dicho por mí sino por las personas entendidas en la materia, pero sin embargo nuestro vecino país de Haití, dicho sea de paso, fue el primer país negro que supuestamente consiguió su libertad (digo supuestamente porque después de eso, me parece que han sido más esclavos que nunca), con el cual nosotros compartimos la isla de Santo Domingo o La Española, ellos en ese momento estaban mucho peor que nosotros, literalmente se estaban comiendo los unos con los otros, razón por la cual estaban emigrando en masas a nuestro territorio, aunque pasaran las mil y una dificultades en un suelo ajeno, por esa y otras razones que no interesa mencionar, en el país para ese entonces había más de un millón de haitianos viviendo de manera ilegal en la patria de Juan Pablo Duarte, representando este número casi el 15% de la población total, (por cierto, Duarte es el padre de nuestra patria y luchó precisamente contra una invasión haitiana en el 1844 y en esos años había una invasión mucho menor en numero de haitianos que en el momento de yo escribir esto, pero aun así nadie decía nada y como si fuera poco las naciones “generosas” del área haciendo presiones para que entraran más haitianos, pero ellos no los aceptaban en su territorio), aunque es justo decir que un número semejante de dominicanos teníamos en la vecina isla de Puerto Rico que también llegaban allí de una forma ilegal, yéndose en yolas y en frágiles embarcaciones donde arriesgaban hasta sus vidas en el peligro de alta mar y en el muy espantoso canal de la mona, y lo hacían precisamente corriéndole a la difícil situación económica que nos habían sometidos durante mucho tiempo los políticos sin escrúpulos, sin moral y sin dignidad que siempre se habían olvidado de la agonía que sufría un pueblo desesperado. Una noche de frías brisas en la cual no le había ido muy bien a la señora que recolectaba el dinero tirado por la gente a la niña de la mirada perdida, se le acercó un hombre de una forma extraña, pero ella no se dio cuenta de eso, ya que estaba recogido todo para irse, el cartón sucio y maloliente, su cartera donde guardaba los pesos de cobre que pesaban muchísimo y por supuesto a la gallina de los huevos de oro, perdón quise decir a la niña de la mirada perdida, la haitiana se disponía marchar a la parada de guagua (bus) para abordar la próxima que saliera, la cual le llevaría hasta el barrio donde tenía su casucha cobijada de zinc por toda parte, incluso las paredes eran de zinc, las ventanas selladas, sin baño o sanitario, sin ventilación alguna y con una sola puerta la cual también era de zinc, en si era sin comodidad alguna, entonces aquel hombre misterioso la detuvo repentinamente y totalmente inspirado, colocando una rodilla en el suelo y levantando su mano izquierda le recito lo siguiente: Busco en mi trópico, un amor caribe Tan caribe como la sangre, de mi raza aborigen, Que tenga piel canela, resistente al fuerte sol, Y que como en jícara, casabi de mi corazón. Que coseche en mi conuco, versos de mi Quisqueya, Y que siembre para siempre, amor de primavera, Que en mi canoa de caoba, visite a Guanahani, Y con una flor cacatica en las manos, salude la bella Haití. Que se acuerde de Caonabo, junto a su hermosa Anacaona, Y se arrope con el pasado, de Enriquillo allá en la loma, Que baile mis areitos, tocando sus maracas, Y dando sus pasitos, observe a la hermosa Habana. Que conozca los caciques, las tribus y los bohíos, Porque de lo contrario, no sabrá de lo que digo: Recuerdos que están volando, como el espíritu taino, Y que nunca volverán, a formar sus grandes tribus, Tribus que desaparecieron, junto con su honor, Y solo han quedado, tristeza, sangre y dolor, Dolor que nadie ha sentido, porque su raza se ha extinguido, Y el hombre blanco no sabe, porque aún se escucha el gemido. La haitiana con la tanta prisa que tenía no puso la más mínima atención a lo que el hombre totalmente inspirado le había recitado, además no entendía la mayoría de palabras que él pronunció en un tono muy varonil y poético, por lo tanto continuó su camino como si nada había pasado, mientras que el hombre se quedó totalmente desilusionado, con el rostro demacrado y el corazón hecho pedazos. Lo cierto es que estos paisitos subdesarrollados han estado pasando el Niágara en bicicleta y además de eso, para colmo de males, a mitad del camino se les rompió la cadena y no precisamente la cadena de la esclavitud que han tenido desde hace mucho tiempo, sino la cadena de la mencionada bicicleta. Aunque pensándolo bien estos paisitos del tercer mundo no son de un todo subdesarrollados, creo que son subdesarrollados en algunas cosas solamente, porque en otras son muy desarrollados, yo diría que demasiado, por ejemplo: en la corrupción ahí ellos son master y en la corrupción a todos los niveles, también en la injusticia social y económica ahí es que ellos son número uno, en defender los intereses de los países poderosos por encima de los intereses suyos, ahí es que ellos son expertos de verdad y mejor no sigo con esto, porque creo que me irán a censurar el cuento este. Volviendo a lo nuestro, la niñita aquella la cual tenía la mirada perdida, a pesar de todo lo que le he contado, no se sentía mal ni mucho menos, de lo contrario se sentía muy feliz con su crítico estilo de vida a la cual estaba siendo sometida, no porque le gustara el sufrimiento, sino porque su instinto infantil le aseguraba que en su patria natal (Haití) las cosas estaban mucho peor, pero la verdad era que ella prefería mil veces seguir haciendo el papel de ciega y no volver a un país que estaba muriendo poco a poco, aunque estaba consciente de que era muy crítico su estilo de vida y totalmente abusivo, pero le juro que nunca se quejaba, total no tenía con quién quejarse, porque para esos asuntos tan sencillos no hay naciones unidas, ni derechos humanos, ni nada de esas pendejadas (en si las Naciones Unidas no pueden resolver asuntos tan particulares, ni problemas de naciones tan sencillos como esos, sino problemas realmente serios, problemas de estados, por lo tanto yo creo que debería cambiar de nombre y en vez de llamarse Naciones Unidas, llamarse Estados Unidos y para que no haya confusión con el generoso país del norte, le quedaría mejor Estados Unidos II, o Estados Unidos parte atrás.) Ahora bien amigo lector, que usted cree que esa niña la cual no tenía culpa de haber nacido en una nación tan pobre como Haití estaba siendo sometida a ese maldito estilo de vida sencillamente por la cruel mujer haitiana que supuestamente la atendía y que estoy seguro no era familia de ella, claro que no, sino por un mundo lleno de injusticias, un mundo lleno de entupidas fronteras que sólo existen para someter a los paisitos subdesarrollados a perpetuas esclavitudes, donde los amos (entiéndase los países desarrollados) se desplazan sin ningún problema de aquí para allá y de allá para acá, para donde ellos quieran, sin ningunas restricciones, mientras que los esclavos (entiéndase los países subdesarrollados) no pueden moverse ni de aquí allí, ni a una esquina de su casa, quizás por las horribles cadenas que le arrastran desde hace mucho tiempo, sin encontrar formar de zafarse de ellas y que le aprietan fuertemente los pies para que estos países se sostengan por si solos. Porque en sí la esclavitud nunca ha dejado de existir, sino que le cambiaron el nombre por otro que sonara más lindo y que no estuviera muy pronunciado, pues la esclavitud ahora no es como era antes dos siglos atrás, cuando se llamaba abiertamente esclavitud, sino que su nombre ahora es mucho más sofisticado y mucho más democrático (subdesarrollo), ahora el sistema de esclavitud es mejor para los amos, porque los esclavos están bien lejos de las casas de los amos, para que no le hiedan a ellos, sí amigo lector, bien lejos, o mejor dicho botado en una finca personal de los queridos y muy generosos amos, donde allí ellos ponen un cruel capataz que en el inicio de su gestión como capataz es muy querido por los esclavos quienes democráticamente lo escogen entre ellos mismos, pero en sí solo es un títere del querido amo y un hombre por supuesto de su plena confianza (entiendas cualquier presidente de un país subdesarrollado) quien esta comprometido a mandarles sin ningún problema casi todos los frutos que producen los malditos esclavos (así nos llaman los queridos amos) y el capataz, que casi siempre al poco tiempo se convierte en un indeseable para los esclavos que en sí lo eligieron, siempre recibe algunos beneficios que los amos por su indudable generosidad le permiten coger, pero que los incrédulos esclavos casi siempre dicen que es producto de la corrupción. La niña aparentemente estaba dispuesta a quedarse estática, justamente debajo del enorme puente peatonal donde la atendía la mujer haitiana, consciente de su horrible miseria que día a día aumentaba a pesar de las moneditas que le lanzaban los amigos muy generosos que la veían sufrir, ciertamente habían muchos de los que pasaban por su lado que podían tomarla de la mano y brindarle la oportunidad de que ella estudiara, creciera y adquiriera conciencia plena del futuro que tenía que enfrentar, pero no era así, y la niña que aún tenía la mirada perdida seguía padeciendo de frío, hambre y dolor, esa niña aún estaba rodando debajo de ese enorme puente peatonal, en sí mi amigo lector, esa no era, ni tampoco es una niña cualquiera, porque no es de carne y hueso como usted puede pensar, porque no es humana, porque en sí, sólo es un retrato de un pueblo hermano, de un país vecino, de una patria descuartizada por las diferentes potencias que devastaron todo lo que había en sus pechos bien formados y que ahora esta pidiendo una mano amiga en medio un continente tan generoso y tan bueno como el nuestro, América para los americanos, esa niña lleva por nombre Haití la infeliz. José Rafael Nuñez Corona Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/cuentoscortos/articulo.php?num=003
Autor: Jiturbur - Pais: Uruguay - Ciudad: Montevideo Cuento - Género: Amor El día se anunciaba con los primeros rayos de sol que atraviesan los cristales, inundando mi habitación con un tímido color naranja. Por costumbre, intento levantarme y en ese instante recuerdo que es domingo, me puedo quedar mas, ya que es el día que dedico para mi, para darme los gustos. Ya saboreando el volver a dormirme, me recuesto lentamente, y en ese momento, con tremendo asombro veo que no estoy solo en la cama, una mujer está placidamente dormida, casi acurrucada, con su brazo en mi cintura y su manito en mi pecho. Mi mente trata en vano de entender, o recordar, si es que hay algo que deba recordar. Impactado por el hallazgo, por un momento, me quedé inmóvil hasta en el pensamiento, solo mi corazón parecía escucharse en aquel cuarto, ese mismo corazón que gritaba su deseo de que esa mujer, fuera ella, mi reina. Su cabello oscuro, lacio y medianamente largo, le cubría el rostro, su respiración suave y pausada, casi imperceptible, denotaba la profundidad de su sueño, era la imagen mas parecida a la de un ángel que pueda recordar, hasta el exquisito y particular aroma de su piel parecía angelical, un aroma que sin duda a partir de hoy reconocería entre miles. Una mezcla de sensaciones corrían por mi ser, ansiedad, curiosidad, embelesamiento, emoción, y algunas otras que se entrelazaban llevándome un poco a la confusión. Incliné la cabeza, acompañando su posición, para poder así tratar de identificar a mi anónima compañera, mientras mi mente ya había acoplado a los gritos de mi corazón, y se habían transformado en un dúo que no me dejaba razonar. Estuve unos instantes observándola, pero mi esfuerzo fue inútil, su cabello no me permitía ver, y mi ansiedad, seguía creciendo, lo único que me sosegaba era la belleza de aquella imagen. Me falto coraje para tocarla, sentí miedo de que fuera una ilusión y desapareciera, tan por arte de magia, como por el que había aparecido. Tratando de tomar un segundo para ordenar mis pensamientos, despacio me volví a recostar, pero la confusión aumento a su punto máximo, al comenzar a ver en donde estaba. Todo había sucedido tan rápido, todo había sido tan raro, que no había puesto atención en lo que me rodeaba. Aquella no era mi habitación, ninguna de mis cosas estaban ahí, era mucho mas hermosa, y decorada con un delicado gusto, se podía ver la mano de una mujer sensible en esa obra. Todo a mi alrededor había cambiado, pero yo, sentía que lo conocía, como si realmente viviera allí, como si supiera la historia de cada cosa que había en ese cuarto, incluso sabía como era el resto de la casa, sus alrededores, su vecindario, en realidad, todo parecía estar en mi memoria. Por momentos sentí la sensación de estar volviéndome loco, ya no podía distinguir lo que tenia en la memoria, ya no sabía diferenciar una realidad de la otra, parecían estar las dos corriendo juntas, como si fueran dos vidas paralelas. Respire hondo, trate de calmarme, y una vez mas, vino a mi mente la presencia de la dama misteriosa. Ahora ya podía ver la imagen total, el todo de la situación, y aunque eso, no significara que la entendiera, me gustó, me gustó estar allí, y no importó como había sucedido, era mágico, era incomprensiblemente mágico. Ya habiendo aceptado lo que pasaba como la realidad que estaba viviendo, el dúo comenzó a gritar de nuevo y esta vez también yo me adherí a aquel deseo. Lentamente, acerque mi mano hasta su cara, y con todo cuidado para no despertarla, fui corriendo su cabello, mi corazón parecía salirse de mi cuerpo, antes de alcanzar a verla cerré los ojos y desee que fuera ella, que si alguien tenia que ser, que fuera la dueña de mi alma, que aunque miles de kilómetros nos separaban, la magia lo podía solucionar, ahora, en este instante. Con ansia y con miedo, abrí los ojos, y la pude ver, la pude reconocer, y la imagen del ángel se reafirmó, mi corazón vibró, y una gran emoción inundó mi pecho, era ella, era mi reina, la dueña de mi alma, mi amor lejano, mi mas cercano amor. La magia había sido completa, no se había guardado nada, no podía creer lo que estaba viendo, pero inmediatamente comencé a disfrutarlo. Sin tocarla la observé, la contemplé queriendo grabar a fuego aquella imagen en mi memoria, todavía sentía miedo de que todo desapareciera como vino. No se cuanto tiempo la adoré con mi mirada, por que el tiempo dejo de correr cuando descubrí que era ella. Lo que tanto había soñado, lo que tanto había deseado, lo que tanto había imaginado, ahora estaba sucediendo, y una dulce paz comenzó a fluir en mi, quería que ese momento de detuviera en el tiempo, quería quedarme ahí para siempre. Pero me di cuenta, que recién comenzaba el día, y que tal vez podría seguir en aquel mundo de maravilla. Con todo el amor del mundo, acaricié su mejilla con las yemas de los dedos, casi sin tocarla, y con voz muy bajita comencé a llamarla. Sólo un pequeño gemidito, fue la respuesta que me dio, y acomodó la cabeza contra mi pecho, abrazándome mas fuerte. Volví a llamarla y esta vez si comenzó a abrir sus hermosos ojitos marrones, yo no sabía como reaccionaría ella al ver lo que estaba sucediendo. Increíblemente, me habló como si esa fuera su vida diaria, de modo que decidí olvidarme de mi vieja memoria y quedarme en esta, que lógicamente era en la que deseaba quedarme. Nos levantamos, desayunamos, y para ella no parecía haber nada extraño aquel día, yo en cambio, si bien sentía que tocaba el cielo con las manos, no podía dejar de llamarme la atención, pero no quería averiguar mucho, en realidad. Todo sucedía como siempre había deseado que fuera, inclusive aun mejor, su belleza, su frescura, y su candor, eran muchísimo mayor al que yo imaginaba. Cada vez que ella no lo notaba, trataba de observarla, de contemplar su belleza, por primera vez en mi vida me sentía pleno, solo su presencia alcanzaba para colmarme de dicha. Mientras recogía las cosas del desayuno, de tanto en tanto, me miraba y esbozaba una sonrisita, que producía un destello de alegría en mi corazón. Luego salimos a caminar de la mano, por la avenida que va hacia el mar, como todos los domingos de mañana, no entiendo como lo se, pero recuerdo que lo hacemos siempre. Durante casi dos horas conversamos sin parar, hicimos planes, soñamos hijos bellísimos, y nos quedamos mirando el mar, disfrutando de la paz que brindaba aquel paisaje. El azul intenso del cielo con las gaviotas revoloteando, que brillaban de una manera especial, bajo aquel sol de verano, invitaban a quedarse. La suave brisa acariciaba trayendo su perfume, cualquier poeta encontraría inspiración en aquel marco tan hermoso. Por momentos me asaltaba el miedo, miraba el reloj, y pensaba cuanto duraría, o sería para siempre, lo estaría imaginando, y que pasaría cuando se termine. Pero ¿por que mostrarme algo tan perfecto, si después lo tengo que perder? ¿No es eso peor, acaso? Al menos el que no lo conoció, no sabe lo que perdió, pero para mi perder esto, sería terrible. Y luego de un instante comencé a razonar, y a darme cuenta de que por juzgar la situación, había dejado de disfrutarla, y volví, y me sumergí nuevamente en el éxtasis del presente. En ese momento ella me miró y me dijo: -Te das cuenta como somos los seres humanos, cuando tenemos algo bello, inmediatamente, le buscamos los porqués, olvidando el placer de tenerlo. Quedé helado al escucharla,- como supo lo que estaba pensando. Entonces ella, sí sabe lo que esta pasando, ella siempre supo lo que estoy viviendo-, pensé, y mil ideas corrieron por mi mente, un frío me recorrió la espalda, y no pude pronunciar respuesta alguna, pero entonces felizmente prosiguió, - Por suerte nosotros no somos así, disfrutamos lo que tenemos, mira con que poco somos felices, un día de sol, un mar y solo estar juntos. El alma me volvió al cuerpo en ese instante, y con ella la tranquilidad, pero alcanzó para que entendiera el mensaje, la vida nos hace eso, siempre nos da mensajes, y casi nunca los escuchamos, ni le hacemos caso, que distinto sería todo si atendiéramos de vez en cuando los mensajes que nos da la vida, por lo pronto, yo lo escuche, y tratare de disfrutar lo que tengo hoy, el mañana, aun no esta escrito, así que quien me dice que no sea mejor. Como dos chicos bajamos a la playa y jugamos, escribimos nuestros nombres, hicimos corazones en la arena y hasta nos metimos vestidos al agua, las olas parecían entendernos, jugando con nosotros. Cuando la ropa se secó, ya estábamos mirando el atardecer, abrazados en la playa, viendo como se fundía el sol en un horizonte rojizo. Decidimos volver, y nuevamente los viejos robles de la avenida nos vieron caminar de la mano. Después de cenar nos sentamos en el patio, bajo un cielo despejado y cubierto de estrellas, me quedé extasiado mirándolas, y así nos quedamos los dos en silencio, muy juntos. De pronto algo extraño me corrió por el cuerpo, y comencé a sentirme cansado, ella lo noto pero le asegure que no era nada, que estaba perfectamente, aunque yo sabía que no era así. Pareció convencerla mi respuesta y me pidió que buscara su estrella, observe el cielo, pero no podía recordar, no recordaba cual era su estrella, y empecé a ver que tampoco ya estaban en mi memoria el lugar, ni el vecindario, quería, intentaba pero era inútil, se estaban yendo, y no podía hacer nada. Con dolor mire nuevamente las estrellas y de pronto una lanzo un lento destello y me arriesgué, - Allá, ahí está, esa es la tuya, dije confiado y expectante a la vez. - Es hermosa Sirio, verdad, cuando era chica siempre decía que era Ankhesenamon, la esposa de Tutankamon, y que cuando muriera, mi espíritu junto con el de mi amado esposo descansarían en esa estrella, en Sirio. Mi mente seguía turbada por lo que estaba sintiendo, y solo le respondí con una sonrisa, notó que no me encontraba bien y me toco el rostro y me dijo que estaba haciendo un poco de frió, me sugirió entrar pero no quise, y opto por traerme un abrigo. Casi sin darme cuenta, con la mirada perdida en la inmensidad de aquel universo repleto estrellas, comencé a hablarle a Dios, -Dios, por favor no, no permitas que termine, mi vida sería una agonía si esto se acaba, nada tendrá sentido si ella no está, permíteme seguir aunque sea un poco mas, por primera vez he sido feliz, ten piedad, por favor no me la quites ahora. Y unas lágrimas corrieron por mi rostro, lágrimas que tuve que esconder, para que ella no las viera al volver. Trataba de recorrer mi memoria en busca inútil de datos que ya no estaban, queriendo volver atrás el tiempo. Una sensación de angustia me comenzó a invadir, y cuando ella regresó le pedí que me abrazara tan fuerte como pudiera, que me prometiera que siempre me iba seguir amando, y le dije que pase lo que pase, siempre la amaría. Lógicamente ella no entendía que sucedía, y me pidió que nos fuéramos a dormir, mejor, que era tarde y hacia frío. Yo no quería, deseaba verla, observarla, adorarla y detener el tiempo en ese instante. Sentía miedo, lo que mas amaba en la vida estaba por esfumarse, y no sabia si alguna vez la volvería a ver, las imágenes de todo el día pasaban por mi mente como una película en cámara lenta. Nos acostamos, conversamos y volvimos a reírnos, lentamente el sueño nos fue venciendo y solo recuerdo que un ruido me despertó, la quise abrazar y . . . , ya no estaba., miré a mi alrededor y nuevamente era mi habitación. Me senté y observé, pero nada de ella estaba, por un momento me quedé pensando, y recordando. La añoranza y la alegria se mezclaban, trataba de recobrar todos los detalles, de atraparlos y guardarlos en mi. Y aun sentado en la cama, de pronto entendí, todo había sido un sueño, sin duda el mas hermoso sueño que pudiera existir, solo un paseo por el mundo de los deseos, pero un sueño al fin. Con la mirada perdida, me volvi a recostar, y al apoyar la cabeza, una sonrisa se dibujo en mi rostro, pues aquel aroma, ese tan especial que supe que reconoceria entre miles, estaba ahí, en la almohada. Y desde ese dia, cada noche miro a la estrella Sirio y la espero, tal vez algun dia regrese para quedarse. Debemos creer en los sueños, si queremos que estos se hagan realidad, yo se que un dia, volveremos a estar juntos, y ese dia será para siempre. FIN http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=31&pag=1
El pan es algo rico, que es fácil de hacer, y que se puede combinar tanto en una comida, como para disfrutarlo solo. Los Ingredientes: 750 gr. de harina 1 vaso de agua tibia 40 gr. de levadura para pan 1 huevo Sal Elaboración: Lo primero es que cuando usted vaya a amasar debe calentar el horno a 250 grados. El segundo paso es que en un cuenco profundo, deshacer el agua con la levadura y debes añadir el huevo, si optas por ponerle sal este es le momento de agregarla. Es el momento de añadir la harina paulatinamente, amasando de forma enérgica, de forma tal que la mas se despegue. El tiempo de amasar es de por lo menos diez minutos. Cuanto mas tiempo amases mejor queda el pan. Debes aceitarte bien las manos para poder darle forma toda la forma al pan. Tienes que aceitar bien una bandeja como para el horno. Con paños de cocina abrigar a el pan que va a estar formado en el centro. La razón es que fermentará mucho mas rápido. Debes calcular una hora o dos para que este lista. Ahora llegó el momento de que le bajes la temperatura al horno a 180 grados y pon el pan, haciéndole previamente unos cortes longitudinalmente. El tiempo en el horno es de 45 minutos aproximadamente. Fuente: http://www.elgranchef.com/2006/12/19/%C2%BFcomo-hacer-pan-casero/
Ingredientes: 6 Mandarinas 9 cucharadas de Azúcar 3 huevos 300 ml. de Nata líquida ¼ de vaso de licor de mandarina un poco de Agua un chorrito de Zumo de limón hojas de Menta un madroño Preparación: Pon 4 cucharadas de azúcar en una sartén, añade un chorrito de agua y unas gotas de zumo de limón. Pon al fuego y hierve hasta conseguir un caramelo oscuro. Baña un molde apto para el horno y reserva. Exprime 4 de las mandarinas y reserva el zumo. Ralla la parte externa de la piel de las mandarinas. Mezcla la ralladura con las otras 5 cucharadas de azúcar. Añade los huevos y bate con una varilla manual. Agrega el licor de mandarina, 100 ml. de nata y el zumo. Bate bien y vierte la mezcla sobre el molde caramelizado. Cocínalo a baño María en el honro a 175-180ºC durante unos 25 minutos aproximadamente. Deja templar y desmoldalo. Monta la nata con una batidora de varillas eléctrica. Introduce la Nata montada en una manga pastelera. Pela las mandarinas que has rallado anteriormente, sepáralas en gajos y corta éstos por la mitad a lo largo. Adorna el flan con la nata montada y los gajos de naranja. Para caramelizar un molde es importante que el caramelo sea oscuro. Si lo dejas demasiado claro es probable que al desmoldar el caramelo se quede pegado al molde y al desmoldarlo se te rompa. http://www.elgranchef.com/2008/05/12/original-flan-de-mandarina/