ferio222
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Ejército griego Y Legión RomanaHoplita griegoEl hoplita formaba parte de la infantería pesada, el foco central de la guerra en la Antigua Grecia. La palabra hoplita (del griego ὁπλίτης, hoplitēs) deriva de hoplon (ὅπλον, plural hopla, ὅπλα), lo que quiere decir «artículo de armamento» o «equipamiento». Casi todos los griegos famosos de la Antigüedad lucharon como hoplitas, incluso filósofos y dramaturgos.Formaban parte de una milicia ciudadana armada como lanceros y con una formación de falange. La excepción de esto eran los guerreros espartanos, que eran soldados especializados, y que tenían en sus estados tierras asignadas a las clases bajas que eran quienes se encargaban de ellas.EquipamientoEl peso total de la armadura hoplita estaba entre los 22 y los 27 kilogramos. Cada hombre se hacía con su propio equipo que no era uniforme en el ejército. Como resultado de la no existencia de un equipo común, a menudo las tropas amigas no se reconocían. Un hoplita tenía una coraza de bronce que reproducía la forma de los músculos del torso, un casco de bronce con protecciones para las mejillas, más un escudo de forma circular llamado aspis o hoplon, que medía un metro de diámetro. Era un escudo hecho de madera o bronce. Era muy pesado (de 8 a 38 kg) y se extendía desde el mentón hasta la rodilla. En formación, los escudos eran superpuestos de manera que defendiesen el lado izquierdo de su dueño, y el derecho del vecino. En la cultura militar espartana, tirar el aspis de un soldado era inadmisible. Se decía «Vuelve a casa con este escudo o sobre él».Hoplita espartanoPor el contrario, los espartanos tenían el mismo uniforme y la letra griega lambda (Λ) en sus escudos, en referencia a su tierra de origen, Lacedemonia (Esparta). Cada espartano llevaba una toga escarlata, presentándose como espartano, aunque esta capa nunca se llevaba en combate. El casco corintio era el casco estándar, y El casco tracio tenía una gran visera en la frente, que además protegía la cara. Todos los cascos estaban hechos de bronce. El arma primaria era la lanza de alrededor de 2,7 m de largo llamada doru. Los hoplitas también llevaban una espada corta llamada xiphos. La espada corta era un arma secundaria, para después de que la lanza quebrase. También, si el enemigo se retiraba, tiraban la espada y el escudo, y después lo perseguían. Todas las armas y armaduras estaban hechas principalmente de bronce.El equipamiento era muy costoso, así que sólo los ricos podían permitirse ser hoplitas. Los soldados, en ocasiones, heredaban el equipo de sus padres o abuelos. Si el soldado era lo suficientemente rico, podía comprar un caballo y servir en la caballería regular, llamada hippeis, o en la caballería preparada para las escaramuzas, llamada Hippakontistai.<br>TácticasLa fuerza de los hoplitas estaba en el combate sorpresa. Los dos ejércitos chocaban con la esperanza de romper o rodear la línea enemiga. De no ser posible esto, la batalla se convertía en una serie de empujones, con la retaguardia intentando que la vanguardia penetrase en la línea enemiga. Esta maniobra era conocida como el othismos. Las batallas raramente duraban más de una hora. Una vez que una de las líneas se rompía, los vencidos escapaban del campo, seguidos por la caballería o los peltastas. Si un hoplita escapaba, en ocasiones se le obligaba a dejar su voluminoso aspis, y caía en desgracia para su familia y amigos. Las bajas eran leves, pero eran los ciudadanos de la vanguardia los más importantes y los dirigentes de las ciudades. Un hoplita en formación estaba protegido por la mitad derecha de su escudo (llevado en su brazo izquierdo) y por la mitad izquierda del escudo del hombre a su derecha. Por lo tanto, el hombre del extremo derecho de la falange estaba solo protegido a medias. En la batalla, las falanges opuestas explotarían su debilidad dirigiéndose al flanco derecho de su enemigo. Los soldados más fuertes estaban a la derecha. En una falange había una serie de filas, y los líderes de cada una de ellas se situaban en la parte derecha. Había un instructor veterano en la retaguardia manteniendo el orden. Hasta el siglo VIII a. C., los soldados luchaban "por libre", por lo que las batallas se basaban en el heroísmo. La clave de la batalla estaba en golpearlos con el hoplon de los hoplitas y apuñalar al enemigo en la cara y en el torso. La principal debilidad de las tácticas era el limitado uso combinado de las armas, con arqueros o tropas ligeras usados escasamente. Los ilotas acompañaban normalmente a los espartanos en la batalla, montando los campamentos o haciendo tareas para los espartanos. Las formaciones y las tácticas variaban en el tiempo y en las ciudades.Uno de los primeros problemas con la formación de los hoplitas era la incapacidad de marchar recto cuando entraban en combate. Esto estaba causado por la tendencia normal de los soldados de acercarse lo máximo al vecino (y por lo tanto a su escudo) para estar bien protegidos.La Legión Instrucción y entrenamiento.Durante cuatro meses los nuevos reclutas eran sometidos a un entrenamiento implacable. Al concluir este periodo los supervivientes ya podían llamarse soldados (milites). Los que no podían resistir el entrenamiento eran rechazados.Primero se les enseñaba a desfilar marcando el paso. Luego se les llevaba de marcha, forzándolos al máximo hasta que fueran capaces de recorrer 30 km en cinco horas. Después tendrían que recorrer la misma distancia cargados con todo su equipo, que incluía armas y armaduras, utensilios de cocina, estacas para la empalizada, instrumentos para cavar y provisiones para varios días, pues al final de cada marcha tenían que levantar un campamento con terraplenes y fosos de defensa.El entrenamiento continuaba hasta que eran capaces de recorrer 24 millas (36 km) en cinco horas.En un principio los legionarios utilizaron bestias de carga y carros para transportar el equipo. Pero el célebre general Mario impulsor de grandes reformas en el ejército, les obligó a transportar personalmente casi toda la impedimenta necesaria para reducir el tamaño de las caravanas de intendencia. El equipo completo debía pesar por lo menos 30 kilos, y las armas y armaduras más de 20.Los legionarios realizaban marchas tres veces al mes durante 25 años. Este entrenamiento y capacidad de desplazamiento fue una de las causas por la que el ejército romano era tan superior a otros ejércitos. Esto era solo parte de la instrucción, puesto que el programa de entrenamiento también incluía carreras, saltos, equitación y natación. Cuando se consideraba que se encontraba en buena forma física comenzaba la instrucción en el manejo de las armas.Los reclutas aprendían a atacar a una gruesa estaca clavada en el suelo con una pesada espada de madera, y un escudo de mimbre que pesaba el doble que un escudo normal. Se les insistía que golpearan de frente, sin describir arcos con la espada, que puede evitarse con más facilidad. También se les entrenaba en el lanzamiento de pesadas jabalinas de madera contra las estacas.Una vez superado este paso, se les consideraban dignos de empuñar armas auténticas forradas de cuero para evitar accidentes, que les deberían de parecer ligerísimos en comparación con las pesadas armas de madera.EquipamientoLa túnica se realizaba en lana o lino. Consistía en dos piezas rectangulares, cosidas por los lados y los hombros y dejando unas aberturas para los brazos y la cabeza. Las había también con mangas. Se llevaba muy suelta y caía hasta las rodillas. Los legionarios se la ceñían con un cinturón (cingulum militare) del que pendía un faldellín de cuero con apliques metálicos. El cuello era lo suficientemente amplio como para sacar un brazo por él, sino se ataba al cuello por detrás para que no cayera sobre los brazos. No esta claro si estaban teñidas en rojo o eran blancas, pero parece ser que para el uso diario las teñidas darían menos problemas.La espada era corta, de borde recto y unos 40-50 cm de longitud de hoja En la República e inicios de la época imperial se llevó en el lado derecho, pero a partir del siglo II d.C. las espadas usadas por la infantería se fueron alargando y se cambió al lado izquierdo.El escudo estaba realizado con tiras de madera encoladas (como un contrachapado de tres capas dispuesta 90º una capa respecto a la otra), recubiertas de cuero o fieltro, y con unos refuerzos de metal en los bordes, y otro central para proteger la mano. Con forma rectangular y curva, pesaba unos 6 kilos y media aproximadamente 1 m de longitud. Este se agarraba por una simple agarradera horizontal en el centro del escudo. Una armadura de escamasExistían tres tipos de armaduras corporales: de malla (lorica hamata, formada por anillas enlazadas), de escamas (lorica squamata), y de placas (lorica segmentaria).En las armaduras de escamas, estas se solapaban de tal manera que la armadura tenía en todos sus puntos un grosor de dos escamas. En las dos primeras la armadura era cosida a una camisa de tela que era la que le daba forma. En la de placas, estas mantenían su posición gracias a unas correas de cuero. Los cascos eran de bronceHasta el reinado de Claudio (41-54 d.C.), los legionarios llevaron la cota de malla, que entonces se sustituyó por la armadura de placas. Un siglo más tarde se implantó la armadura más flexible a base de escamas. La sandalia estaba cortada en una sola pieza de cuero duro, se cosía por detrás y se unía a una suela muy gruesa de cuero, reforzada con clavos. Modernas reconstrucciones sugieren que los clavos durarían unas 300 millas Evolución de la legiónCuando Roma solo era un conjunto de tres aldeas que cedían al ejército(al principio la legión era el nombre que se le daba a todo el ejército de estas tribus) 1000 soldados de infantería y 100 de caballería que estaban divididos en curias, y en total eran 3000 infantes y 300 caballeros.El rey Servio Tulio hizo una reforma en la que las personas más ricas eran las sustentadoras del ejército. Y el ejército se dividía en tres partes: Los ricos que podían pagarse un caballo y la impedimenta era la primera, la segunda estaba formada por ciudadanos meno opulentos y eran la infantería y por último estaban los más pobres que actuaban como auxiliares.Cuando empezó la República cambió el concepto de legión; Ya no era el ejército entero sino una unidad táctica del propio ejército. Aumentó el número hasta 4200 y se crearon cuatro grupos (sin contar la caballería de 300 jinetes):Hastati: Legionarios jóvenes que estaban en la primera línea de combate. Principes: Formaban la segunda línea y eran más veteranos que los hastati.Triarii: Los soldados más experimentados y formaban la tercera línea.Velites: Especializados en exploraciones (infantería ligera)Se creaban cuatro legiones dos por cónsul. A medida de la expansión de roma se tuvo que aumentar el numeró de legiones hasta 24.Hasta el cónsul Mario, en la legión solo formaban parte los ciudadanos romanos y él permitió que los que no lo eran pudieran formar parte del ejército y les prometía tierras, dinero y la ciudadanía romana. Esto ocurrió por no tener suficientes soldados para una campaña en Numidia en el año 107 a.C. También unifico la vestimenta de los legionarios, eliminó a los velites,elimino la división en hastati príncipe y triarii,y armó a los legionarios con la gladius hispaniensis que eran espadas cortas iberas. Creo las insignias, los estandartes y las águilas sagradas de plata.El numero de la legión aumento a 5000(+ 1000 no combatietes) unidad táctica de la legión era la cohorte. El numero en total de las legiones a veces variaba por las circunstancias distintas circunstancias del rigor de la batalla.La legión se dividía en tres líneas. La primera tenía 4 cohortes y las otras tres cada una.Cada legión la dirigía un legado (seis tribunos y varios oficiales de prestigió)sino había legado la dirigía el centurión más experimentado.Después de Octavio Augusto la legión contaba con 5.600 legionarios (todo el imperio disponía de 140 000 legionarios y 200 000 marineros y auxiliares.Algunos vídeos para los que no quieren leerlink: http://www.youtube.com/watch?v=Du4J9hyRlvUlink: http://www.youtube.com/watch?v=ZFod8gp3jssBatallas de la Antigüedadlink: http://www.youtube.com/watch?v=u2WtweGOmnIlink: http://www.youtube.com/watch?v=Y8hThVdCLpglink: http://www.youtube.com/watch?v=etUnKAzcgHI

Entre los muchos méritos que Juan Pablo II acumuló en vida y que se citaron con motivo de su beatificación no se incluyó el de haber impedido una guerra. En diciembre de 1978, dos meses después de ser elegido papa, aceptó la realización de un arbitraje entre Argentina y Chile. Su actitud detuvo la inminente guerra: la flota argentina navegaba hacia unas islas chilenas cuando recibió la orden de volver a puerto. Después del golpe de estado que derrocó a la presidenta argentina María Estela Martínez en marzo de 1976, casi todas las repúblicas de Iberoamérica estaban gobernadas por juntas militares. Las excepciones eran Costa Rica, Colombia, la República Dominicana y Venezuela, que mantenían sistemas más o menos democráticos; México, bajo un régimen de partido único, y Cuba, sometida a una tiranía comunista que todavía dura. Entre esos regímenes militares los había de izquierdas, como los de Perú y Panamá; otros que habían montado un partido civil y permitían elecciones, como el de Brasil, y otros que eran antipartidos y anticomunistas, como los de Argentina, Chile y Uruguay. Dentro de estos últimos, también había diferencias. La Junta argentina era un aliado incondicional de Estados Unidos, hasta el punto de que envió asesores a la Contra nicaragüense, y recibía asesoramiento del Ejército francés en materia de lucha antisubversiva (la misión militar francesa en Buenos Aires se mantuvo hasta 1981). La chilena, en cambio, se inspiró en el modelo represivo brasileño y asesinó a sus adversarios incluso en Washington. Mientras en la Junta argentina cada general conspiraba contra sus compañeros, en la chilena mandaba una sola persona. Expansionismo argentino La política exterior también era distinta. Las juntas peruana y argentina estaban empeñadas en armarse hasta los dientes y hacer la guerra a sus vecinos. Por el contrario, Augusto Pinochet se empeñó en hacer la paz. En esos años, en Sudamérica, la situación geopolítica más peligrosa era la de Chile: tenía contenciosos territoriales con sus tres vecinos, Perú, Bolivia y Argentina; además, un embargo de armas aplicado por Estados Unidos a instancias del senador Edward Kennedy había dejado a sus Fuerzas Armadas sin material moderno. La Junta argentina encarnó los deseos de gran parte de la dirigencia del país (incluido Juan Domingo Perón) de obtener, por las buenas o por las malas, el rango de potencia regional y expandirse. Además, con mayores riquezas, población y recursos, los gobernantes argentinos dispusieron de créditos para comprar armamento a Francia, Estados Unidos, Alemania y otras potencias occidentales. Argentina reclamaba tres islas: Picton (96 kilómetros cuadrados), Nueva (103) y Lenox (144), en el canal de Beagle, en la Patagonia, que nunca habían estado bajo su soberanía, sino bajo la de Chile, así como la delimitación de las aguas territoriales. Estaban en juego el control del paso entre el Atlántico y el Pacífico, la proyección sobre la Antártida y los recursos pesqueros y petrolíferos. Argentina no disponía de títulos para probar su reclamación, mientras que Chile había realizado numerosos actos de soberanía constatables en el siglo XIX y tenía en ellas puestos militares. Rechazo al laudo de Isabel II En vez de dejar el asunto en la ambigüedad, el Estado con menos títulos promovió una solución definitiva por la fuerza –como ocurrió con el islote de Perejil–. Sin que se conozca el motivo, el argentino Agustín Cano Lanusse propuso al chileno Salvador Allende, en la reunión que mantuvieron en Salta del 22 de julio de 1971, pedir a Isabel II un laudo arbitral. De acuerdo con el compromiso firmado por ambos presidentes, se formaría un tribunal, compuesto por cinco peritos, nombrados por Chile y Argentina, que presentarían un laudo a la reina, que ésta aceptaría o rechazaría sin modificar nada. Ambos Gobiernos se obligaban a cumplir con lo dispuesto. El 2 de mayo de 1977, Isabel II comunicó el laudo, que reconocía la soberanía chilena sobre las islas y las aguas objeto de disputa. El Gobierno argentino, de nuevo en manos militares, lo rechazó de plano. En Chile se había hecho con el poder en 1973 una junta, presidida por el general Pinochet, que mantenía la política de los Gobiernos anteriores de buscar una solución pacifica. A lo largo de 1977 y 1978 la Junta argentina, y dentro de ella los generales del Ejército de Tierra, comenzó la preparación para la guerra. Así, pactó una alianza con Bolivia, que demandaba a Chile una salida al Pacífico, e hizo ejercicios de oscurecimiento de ciudades en previsión de bombardeos y maniobras militares. La prensa argentina alimentó el chovinismo, acrecentado por la victoria en los Mundiales de fútbol; por el contrario, la prensa chilena rehusó avivar el fuego. Buenos Aires se opuso a todas las propuestas chilenas o las aplazó. Operación Soberanía Las Fuerzas Armadas argentinas elaboraron la Operación Soberanía, un plan de guerra total: la Aviación destruiría a su par chilena en sus propios aeropuertos, tropas y blindados invadirían el país vecino por Neuquén para partirlo en dos y la Armada ocuparía las islas reclamadas y otras adyacentes. Se ha calculado que en los primeros días de la guerra podrían haber muerto 30.000 personas en los dos países. El 15 de diciembre de 1978, el presidente argentino, general Jorge Videla, presidente de Argentina, confesó al nuncio Pío Laghi que había firmado el decreto que ordenaba a las Fuerzas Armadas la ocupación de las islas. Tanto Videla como Roberto Viola, jefe del Estado Mayor del Ejército, no podían frenar a camaradas como los generales Benjamín Menéndez, Leopoldo Bignone y Carlos Suárez Mason. En cuestión de minutos, monseñor Laghi envió al Vaticano un cable en el que pedía la inmediata intervención de la Santa Sede. Sólo hacía pocas semanas que un cónclave había elegido al cardenal Karol Wojtyla como nuevo papa: el 16 de octubre. Una guerra parada por horas Los militares argentinos fijaron el día D para el miércoles 20 de diciembre, pero esa noche una tormenta con olas de doce metros de altura descargó sobre su flota, lo que impidió el desembarco de los infantes de marina y el despegue de los helicópteros de ataque del portaaviones 25 de Mayo. La fecha de la guerra se trasladó al viernes 22 a las 22 horas. De nuevo con los buques en la mar, el almirante al mando recibió la orden de regresar a puerto: Juan Pablo II había ofrecido su arbitraje a ambos Gobiernos y el argentino había aceptado. Según ha contado Laghi, Juan Pablo II le explicó que aceptó la mediación, pese a los riesgos de fracaso, con estas palabras: "Yo no podía dejar de intervenir para frenar una guerra entre dos naciones católicas". El día de Navidad, el enviado papal, el septuagenario cardenal Antonio Samoré, viajó a Buenos Aires y empezó las negociaciones para reducir la tensión, primero con Videla y luego con Pinochet. El 8 de enero de 1979 los dos Gobiernos firmaron en Montevideo la petición de mediación al Papa y el compromiso de abstenerse de recurrir a medios militares. Campaña contra el enviado del Papa La chapucería entre los argentinos era de tal calibre, que en un mapa que enviaron desde Buenos Aires a la delegación argentina en Roma las tres islas figuraban bajo soberanía chilena. El representante argentino, el general Ricardo Etcheverry, examinó el documento y no lo presentó. Los argentinos dieron muestra de su marrullería organizando una campaña contra el cardenal Samoré: rumores sobre una amante, dosieres, visitas de periodistas y agentes a su pueblo natal en busca de trapos sucios... La angustia que se le creó influyó en su muerte, en febrero de 1983. La Junta argentina tampoco aceptó la propuesta del Papa, presentada en 1980. La caída del régimen del Proceso de Reorganización Nacional supuso la desaparición de los obstáculos al acuerdo. El Gobierno democrático del presidente Raúl Alfonsín propuso en referéndum la aprobación de la propuesta papal. La votación se produjo el 25 de noviembre de 1984. El sí obtuvo el 81,13% de los votos, frente al 17,24% del no y un 1,63% de blancos. Votó el 70,17% del censo. El 29 de noviembre de 1984, los ministros de Asuntos Exteriores de Argentina y Chile firmaron en el Vaticano un tratado de paz y amistad que sigue vigente. La testarudez peronista Sin embargo, en un último episodio de testarudez, el Senado argentino, donde los radicales y los peronistas estaban casi igualados, estuvo a punto de rechazar la ratificación del acuerdo: hubo 23 votos a favor, 22 en contra y 1 abstención. Entre la Operación Soberanía y esa firma, los generales argentinos tuvieron la guerra que buscaban en las Malvinas –aplaudidos por los civiles–, y fueron derrotados de manera vergonzosa. Sin duda, de haber estallado la guerra, se habría cumplido lo que previó Pinochet: "Una guerra de montonera, matando todos los días, fusilando gente, tanto por parte de los argentinos como por nuestra parte, y al final, por cansancio, se habría llegado a la paz". Gracias a Juan Pablo II, dos países hermanos están enterrando su hostilidad. http://historia.libertaddigital.com/la-guerra-que-evito-juan-pablo-ii-1276238984.html