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fedetegazo

Usuario (Argentina)

Primer post: 12 sept 2010Último post: 11 oct 2010
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La imagen en movimiento: otra forma de ver la historia.
Ciencia EducacionporAnónimo9/12/2010

A lo largo de la historia los sujetos han decidido representar la realidad en la que se encontraban a través de diversas formas de expresión: la escritura, la pintura, la narración oral, la escultura, la música y la fotografía. A finales del siglo XIX los Hermanos Lumière ofrecieron al mundo una nueva forma: el cine. Pequeños cortos, momentos de la cotidianeidad como La llegada del tren a la estación de la Ciotat o La salida de los obreros de la fábrica Lumière, maravillaron a sus espectadores. No sería sino hasta George Meliès, fundador de la primera productora, Charles Pathé y León Gaumont que este nuevo espectáculo se extendería dando lugar a la industria del cine. En un principio las exhibiciones habrían de hacerse en un salón privado para grupos adinerados, combinadas con representaciones teatrales. No obstante con el tiempo se convertiría en un arte más masivo. Se atribuye este fenómeno a un hecho puntual, un incendio ocurrido en el Bazar de la Caridad en París durante una proyección, que habría alejado a la gente rica convirtiéndolo así en un arte destinado a gente considerada de menor rango socio-económico. Sin embargo, el proceso que generara este cambio debió haber sido producto de factores más variados, como el hecho de poder ser proyectado en muchos lugares a la vez, colaborando a su carácter masivo. Sin lugar a duda, más adelante las propias salas de cine adquirirían por ello un valor fundamental para los gobiernos. Debido al bajo valor de su entrada el cine ofrecía no sólo la posibilidad de acercar estas nuevas formas de expresión, sino también una vía para transmitir noticias a través de un medio visual no escrito accesible a todos. El impacto de la imagen y el relato simultáneo daba a éstas una aparente verosimilitud mayor. Esto se observa muy bien durante la Segunda Guerra Mundial, donde antes de comenzar la función se pasaban noticias atentamente seleccionadas de “la Victoria” a la que una u otra parte se acercaba. La propia propaganda fascista o nazi pudo filtrarse de este modo. Ahora bien, nos encontramos entonces ante una forma de expresión que ofrece nuevas posibilidades, y una de ellas es la de construir, representar la historia, y lo que resulta más rico aún, acercarla a través de un medio que no sea la escritura. Claro está que, así como un historiador a la hora de analizar cierto período no puede escapar a la realidad en la que vive, el cine, como todas las artes, no sería imparcial. Es por eso que resulta interesante pensar al cine, una de las formas de divulgación más extendida actualmente, en clave histórica. Es decir que al ver una película de la Segunda Guerra Mundial, del nazismo, de la Revolución Francesa o de la Roma Imperial, no sólo consideremos el período que ahí se muestra sino también que atendamos al momento en el que ésta fue filmada. Y aún cuando una película no refiera directamente a un período histórico, muchos elementos del contexto de su creación se hallan presentes. Por ejemplo, si vemos las primeras películas norteamericanas, notaremos que la representación de los afroamericanos suele ser realizada por actores anglosajones con el rostro pintado, como en El nacimiento de una nación de D. W Griffit, película ambientada en la guerra civil norteamericana y durante el período de la “Reconstrucción” en el que muchas de las principales leyes segregacionistas fueron fijadas. Estos personajes suelen ser usados en comedias, mostrados como seres tontos, inferiores, ridiculizados constantemente. Esto no responde a un hecho fortuito, sino que responde a una política de segregación racial llevada a cabo por EEUU hasta bien entrado el siglo XX. Incluso cuando la participación de actores afroamericanos tuviera lugar en la historia hollywoodense, a menudo serían papeles humillantes como el papel de “Prissy” en: Lo que el viento se llevó (1939). Sin lugar a duda el tema del racismo en la filmografía norteamericana aún no ha sido un tema saldado en la actualidad; pero es un tema muy extenso para ser tratado en esta ocasión. El Western, género del cine norteamericano altamente difundido entre los años 30 y 50, ofrece otro ejemplo sumamente rico de la representación histórica del proceso de fundación de EEUU. Películas famosas como La diligencia (1939) de John Ford, permiten ver el peregrinar de los personajes en la lucha contra los indígenas. La demonización de éstos resulta criticable pero responde a cómo se concebía la historia de la conquista del Oeste en el imaginario de la sociedad norteamericana de la época. Si nos trasladamos al continente europeo, precisamente a la Italia de posguerra, encontramos el cine neorrealista que busca mostrar la situación social del momento, posterior al régimen fascista. Lejos de películas belicosas, este género intenta plasmar las dificultades del día a día de la sociedad italiana luego de la guerra. Encontramos ejemplos como Ladrón de Bicicletas (1948), Milagro en Milán y Umberto D de Vittorio De Sica. Intentamos de este modo acercar al lector algunos pequeños ejemplos de las múltiples posibilidades que ofrece el cine como medio altamente difundido para pensar no sólo el relato histórico, sino su propia creación. Marcha Atrás Blog

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Sobre la formación de milicias urbanas en Buenos Aires
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/11/2010

Sobre la formación de milicias urbanas en Buenos Aires La Revolución en Buenos Aires fue de carácter esencialmente urbano. En ella se produjo una formación muy temprana de las milicias urbanas, hacia el año 1806. Estas milicias al principio se compusieron de unidades voluntarias y la elección de sus oficiales por tropa dio la posibilidad de progreso a aquellos que no poseían ni fortuna ni experiencia militar. Los criollos, teniendo en cuenta su superioridad numérica, ganaron así status y los militares oficiales, que antes ocupaban un lugar secundario dentro de esta élite y hasta de relativo aislamiento, ahora habían ascendido. Con esto podemos decir que la militarización impuso en Buenos Aires igualdad entre los miembros de la élite misma. Con una milicia urbana que les había dado a los criollos poder militar y también una organización que era independiente del viejo sistema administrativo militar, se formó un “liderazgo alternativo en la ciudad mientras que los grupos gobernantes tradicionales se veían debilitados por la crisis metropolitana”. Fue en mayo de 1810 que este liderazgo emergió. Estas milicias, sin embargo, ya no eran las adecuadas para las nuevas demandas de la guerra revolucionaria: con el aumento progresivo del prestigio del ejército, la revolución aceptó la militarización de toda la sociedad. Con la Junta al poder, las unidades urbanas se transformaron en regimientos veteranos y varios destacamentos fueron enviados al interior y, para llenar ese vacío que quedaba, se creó una nueva milicia urbana: se trataba ahora de dar alguna formación profesional a los futuros oficiales y se abrió el cuerpo a soldados, cabos y sargentos. La distancia entre oficiales y soldados, así, fue mayor en el ejército hacia 1810, que en 1806. Hacia 1811 se produce el fin de la militarización urbana. Se utilizaron nuevos criterios de reclutamiento por parte del gobierno revolucionario que apuntaban directamente al sector “vago” y “malentretenido” y para lograr mayor eficacia militar, se retornó a una disciplina más estricta. En el año 1813, el ejército urbano de 1806-1810 ya no existía (se reorganizó bajo pautas más estrictas de profesionalismo, el servicio voluntario fue suplantado por la conscripción de vagos). En relación a las movilizaciones y las adhesiones a la revolución, podemos ejemplificar en Buenos Aires a través de lo sucedido en las jornadas del 5 y 6 de abril. Una multitud – la plebe – se reunió en Plaza Mayor y luego sitió pacíficamente el Cabildo y la fortaleza. Esta gente movilizada, no estaba comprometida ni ideológica ni personalmente con los jefes de la élite revolucionaria. Una de las consecuencias de esta movilización, fue la profesionalización del ejército. Respecto a la adhesión a la revolución en Buenos Aires, la élite revolucionaria buscó apoyo en los sectores más adinerados (quienes efectivamente lo hicieron; hay que tener en cuenta que el poder revolucionario había adquirido progresivamente rasgos oligárquicos) y populares (lógicamente en éste último no lo logró). Fuente Articulo y Foto: Mariel Achille. Marcha Atrás

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